El timbre


Hubo un incidente en el box de Urgencias que recuerdo bien. Fue la tarde del 25, recién ingresada, con las contenciones no sólo en el tronco sino en los brazos y las piernas. Fue después de que me cogieran la vena y me suministraran un medicamento con el suero que debía hacerme orinar. ¡Orinar, qué terror me producía! Pues bien, me pusieron el timbre cerca de la mano, por si necesitaba pedir ayuda. Pero comenzó a sonar solo. Volvieron a colocármelo y la historia se repitió. Yo era consciente de que no lo había  pulsado pero pedí que me lo retiraran porque no quería que pensaran que lo hacía a propósito. Y, cuando ya no lo tenía conmigo, volvió a sonar. Lo que al menos las convenció de que al menos yo les había estado diciendo la verdad. Evidentemente, desde mi estado psicótico esto no tenía problema para encajarlo, cuando hoy sí: ¿quién pulsaba el timbre?

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Es uno filósofo guardando silencio

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