El síntoma


Millas, como psicoanalista, toma el síntoma como un modo de satisfacción pulsional. Que es como debo enfrentarlo yo, qué goce satisface -debo preguntarme- mi pulsión por la muerte. Yo como sujeto, no obligado a mantenerse ordenado, impulsado a la libre asociación.

Sigue importándome, por supuesto, ver a la gente a través del televisor perder sus casas porque el barro se las arrebata y el anuncio del desarme de ETA pero no el juicio a Más ni que Podemos no quiera que el canal público emita la misa dominical. También que IU no tendrá apoyo suficiente para sacar adelante la ley de la eutanasia.

¿Importa o no importa el diagnóstico? Millas dice que no es lo mismo ubicarse ante un sujeto neurótico, histérico-obsesivo, que ubicarse con un sujeto esquizofrénico, o uno paranoico o erotómano, o una psicosis ordinaria.

Millas deja claro que no se puede saber anticipadamente los efectos de la ”intervención”. Y que pensar el síntoma no es lo mismo que pensar el trastorno. Un trastorno es una conducta anómala pero anómala porque la estamos midiendo desde un lugar arbitrario.

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Es uno filósofo guardando silencio

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