Del paso meteórico por Viana y de las distintas fronteras que se traspasan


El auroro de Viana

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Ahí mismo, en la plazuela, la peregrina le espera. Viana, le parece a ella, son tantas calles hacia abajo, que se ahorra el esfuerzo de ir con él en busca de un estanco. Él no tarda en regresar y la mujer, mentalmente, anota otro lugar mágico, se lo vibran los pies, al que deseará regresar o bien sola o en otra compañía…

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La cabeza del auroro

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María piensa que Viana es hermosa, aunque su entrada lo contradiga; ya más calmada piensa, de nuevo, en que el peregrino sinceramente le gusta. Pero también en que ha descubierto en él un oído que no sabe, en verdad, escuchar…

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Ruinas en Viana

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Las ruinas, tan a propósito, les brindan la ocasión de darse un abrazo, quizá fuera allí; aquello fue bajo una bóveda circular. Él lo aceptó, porque la seguía pero envuelto en ello sintió un pinchazo doloroso. Pensó entonces en la mochila, que le clavaba los hierros en la espalda o quizá fue que el cuerpo de algo quería advertirle. Iban en busca de un café y cuando ella se quiso dar cuenta ya habían salido de Viana. Preguntaron en aquel extrarradio y alguien les guió a una boutique del pan cerca de un colegio de niños, donde ella le comunicó que no seguía adelante y él, a pesar de ser tan sumamente controlado, volvió a demostrar que el golpe había dado en el clavo.

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El Camino desde Viana

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Continuaron sí,  y a las afueras de Viana, algún kilómetro más lejos encontrarán, a solicitud de ella, una roca en el Camino donde perder dos horas, entre el humo de las flores, para reconocerse mutuamente… y es precisamente ahí, en ese punto estratégico donde ella se enamora del enclave. Nada le parece que pueda ser más mágico que  este viaje y eso le cuenta a su querido amigo el bodeguero por teléfono cuando María se decide ahí mismo a dar señales de vida en la vida abandonada.

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La primera piedra del Camino

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Dio igual lo que mi mente ideara en aquella roca… lo que mi alma apeteciera, anhelase, deseara… El deseo físico del cuerpo puede confundir a la mente. La Physis puede nublar la razón, el entendimiento y someter al alma… Pero la Physis, también puede ponerse de acuerdo con la Enseñanza, porque el Yo es tan antiguo como  el Camino… y el Camino tenía otros planes para mí, para mi Psike… Otros planes bastante diferentes de los que ego (yo), mi mente, había ideado… Así que después de que él comprobó el cariz de alarma que suponían los ladridos de aquellos perros… echamos a andar en dirección a Logroño… La marihuana, todavía presente, hacía que mi conversación fuera saltando vertiginosa de un tema a otro, de un emblema a otro, por entre  símbolos y  señales; imagino que necesitaba compartírselo todo desde mi verdad: y no estaba acostumbrada a fumar fuera del ámbito de un sofá o de una cama… Se multiplicaban los estímulos, lo visual los multiplicaba y eso que el recorrido era árido. Él, sin embargo, era mucho menos verbal que yo cuando la hierba modificaba su cerebro: las polaridades se mudaban. ¿Se tornaba más escuchante? ‘El conocimiento habla. La sabiduría escucha’. Lo dijo Jimi Hendrix.  Aún no le conocía en absoluto. Sólo esas historias que pre-fabricamos como bonitos chalets suizos, con un precio inmejorable. Soy una ganga: ¡Acéptame! Íbamos por una pista en dirección a la laguna de las Cañas y en algún momento ya nos descubrimos en otra comunidad autónoma. Alguien expresó que traspasar una frontera siempre resultaba emocionante y romántico. Sin embargo, yo no noté nada en ese sentido. Nada geográfico ni interior me lo avisó. Todo lo emocionante y romántico que había sucedido ocurrió kilómetros atrás, en aquella roca a las afueras de Viana, para mí la frontera entre los que fuimos antes y los que nos levantamos después, entre una tierra y otra, su tierra y la desconocida para ambos…el polvo pero comencé a sentir una molestia en el talón derecho. ¿La ermita de nuestra señora de las cuevas? No la recuerdo. Tuvo que pasárseme desapercibida. Sólo interesada en llegar a Logroño, o bueno quizá no tanto así, sino en que él no me dejara atrás, en que el plan original concluyera tal como fue previsto… aplacar mi deseo, el que se había despertado y me consumía. Hacer ese alto necesario en la ya tan larga castidad auto-impuesta… Iniciarle y después partir, por delante, en soledad…  Hoy sé pero también lo sospechaba en aquel momento, que el cuerpo quiso advertirme, detenerme… que el Camino me decía:  ”Así no”. No, porque no será bueno para ti, para tu espíritu, para tu paz espiritual, la de tu alma. Sólo que yo sentía que la había perdido. Sólo que no quiero decir que me arrepienta… Pero para algo tiene que servir la Enseñanza. Se quitó la mochila y me deslumbró ese gesto. Algo suyo volvía a deslumbrarme. Fue para saludar al viento, sin más motivo. Su ancestral espíritu indio se había despertado. Y me encantó: el de la comunión con la Naturaleza, el de los Principios, ese Navarra.

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ARTE HABITANTE

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Es uno filósofo guardando silencio

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