Una lección de ética antes de alcanzar Viana


iGLESIA DEL SANTO SEPULCRO EN TORRES DEL RÍO

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Le explica a la mujer, que ya es desasosiego puro, que de las pocas cosas que le han recomendado no perderse, una de ellas es el enigmático monumento de ese lugar. Y le propone que lo visiten juntos. Es ahí cuando ella dice sí y que se va adelantar a esperarle. Pero no lo hace, da un paso  hacia dentro, la luz alumbra, y mira hacia la guardiana que, sentada tras una mesa, sin poder evitarlo le resulta  desagradable o cúlpese de ello a sus ojillos malevolentes; malas sensaciones o energías las que allí se experimentan canalizadas; en esa duda, ella que alza los ojos para decidir si merece o no la pena pagar el euro o quedarse a esperarle, y la otra que, en un gesto tajante y miserable,  la deja en la oscuridad. Así que sin haber intercambiado palabra alguna se va y echa a correr como si lo que  la persiguiera fuera el mismo diablo.

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Saliendo de Torres del Río

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Todo el tiempo pensando en esconderse  de él y dejarlo ir, sin detenerle, por delante.  Pero mira a su alrededor y en kilómetros no encuentra un lugar a propósito, y no mira atrás porque no quiere mostrar debilidad pero…

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De Camino a Viana

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En algún recodo, como dos puntitos, les distingue al fondo del barranco; el navarro va con Thomas y si siguen juntos ella entiende que no va a darle alcance. Su propia respiración la ahoga y se toma un descanso (para fumar) en una de esas bajadas por las que ha, literalmente, volado; sabe que en el descenso, y cuando se apura, pocos serían los capaces de alcanzarla. Para sorpresa suya, llegan la madre y el carricoche con el niño, desde el albergue de Zubiri no les había visto. Un anciano alemán de mirada bella y mansa, que reposa allí mismo, es tan dulce con la criatura que le regresa, a la peregrina, las ganas de llorar. Si no lo estuviera viviendo no se lo creería. Ella, que lo ha aguantado estoica todo… desde la muerte de su propio abuelo… o quizá fueran las circunstancias. ¿Es esto debilidad?

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Viana al alcance de la vista

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Al final, ya cuando creía no poder más, de ahogada que iba en las subidas,  da con la carretera… la necesidad fisiológica le hace perder dos o tres minutos que son los que él, que no ha dejado de perseguirla con la vista y con el alma, aprovecha para darle alcance.

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Lecciones de ética al borde de Viana

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Es de ese llegarse juntos hasta Viana de donde él concluye que la peregrina es altamente ética, altamente espiritual pero excesivamente emocional y sensible: <<Ya sabes cómo es la vida>> – dice. <<Deberías aceptarla>>.  ¿Aceptar el qué? -garganta que se ahoga de indignación- ¿Las conductas de linchamiento de esos que os llamáis a vosotros mismos cristianos? ¿Las burlas de los peregrinos católicos que venís al Camino a no tener ni gota de tacto y a congratularos los unos a los otros por lo bien que os lo montáis al estar más delgados y que eso os valide para despreciar  a quien jodidamente tiene muchas grasas de más? <<Lo que podemos hacer -entonces argumenta el navarro- es hacernos sus amigos nosotros para compensarlo>>. No, no, perdona -le va a sacar de dudas. Yo no tengo porqué forzarme a ser especialmente agradable con nadie porque los demás le hagan de menos. Yo tengo que actuar desde una ética. Ética real no fingida. Es decir, no ser más amable; insistir sólo en no ser una bestia parda. <<María, si sigues apretando el paso así no puedo seguirte. Tienes razón pero me parece que te lo tomas demasiado a pecho>>.

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ARTE HABITANTE

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Es uno filósofo guardando silencio

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