13 kilómetros de desoladora nada hasta la llegada a Los Arcos


Google maps a Los Arcos

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Ahora van solos y eso lo explica todo. Cerca de 13 kilómetros que a tantos se le hacen eternos y donde la mujer escucha  una  primera mentira que va a resultar definitiva, pero eso será en el balance final, y que se concierta bajo un árbol umbroso (único diría yo) donde ellos se detienen a que ella le esparza, por las mejillas, el pecho y el cuello, crema con elevada protección solar (es porque él es un cuerpo plagado de lunares).

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Paisaje de esa zona de Navarra

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El Camino se hace duro bajo tanta calor, y al final la que tira de los dos es ella, más silenciosa (le explica que se le está cerrando la voz), y donde una a una las confidencias se desgranan y se suceden cada vez más cercanas.

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**Es como te lo conté… ahora ya lo sabes; un día tras otro fui uniéndome en espíritu al espíritu de ese sacerdote; caminando con él, memorizando*,  no con el intelecto, sino con el alma misma, cada instante visual del Camino por el que él había peregrinado; imaginándome que le buscaba a través de los libros de los peregrinos, sus huellas, en las iglesias de las que tuviera referencias a través de sus ojos, como una prestidigitación,  de su mirada que se posó de una determinada manera, como en Eunate... Hasta El Acebo,  aquel confesionario donde su Camino había finalizado abruptamente, y donde me imaginaba que él habría dejado alguna pista importante de su paradero, de su testimonio, al menos eso. Y donde él, el Padre Rodrigo Valdez me aseguraba que encontraría tres compañeros de Camino, pasado el collado de las Antenas, un báculo, una cruz, su brazo… Dios, él, su hijo… Entonces Dios era la dualidad, las direcciones cardinales, el sentido… Pero una noche, una de esas noches en que yo programaba modificar mi cerebro (a través del uso terapéutico de la marihuana, sí) ante determinada imagen del Camino surgió la Duda. ¿Y si el Camino no me gustaba? O peor, ¿y si yo no le gustaba al Camino y me expulsaba de él?  Para mí significaba todo, desde hacía tiempo, qué pensaría, entonces, lo ángelico/ El Lobo, de mí… Me fui aquella noche a mi cama y llegó el Viento. Ese viento que no sé si tú has sentido bajo tus botas alguna vez. Y la ilusión del miedo, de eso que hemos estado hablando, se apoderó de mí. Estallé en la crisis, en la primera de ellas… No fueron muchos días, pero fueron los bastantes como para descubrir que un ”Cambio de Conciencia”, el mismo que yo le aseguraba a L. (un compañero) que estaba a punto de suceder… no es algo que muchas personas, quizá, estén capacitadas para soportar en Soledad… Y me alcanzó  así, a través de una duda temible que se adentró en mí, y  a través de aquella imagen, la misma que tú puedes ver, ahora, aquí… conjugada quizá con la noción de los perpetuos doce kilómetros de los que ya había oído  hablar a algunos peregrinos a través de sus propios diarios narrados…   Pero qué sucedió realmente en ese trayecto, ¿lo que tanto temí y me asustó? Aquella árida soledad, la soledad en que podría llegar a descubrir que no era capaz de sobrevivir a la Soledad… que no era nada ante el Camino, ¿sólo alguien inválido? El mayor temor de cualquier ser humano… enfrentarse a su desvalimento, enfrentarse ineludiblemente.  En absoluto. Por eso te digo que es un ejercicio masoquista presentir lo que sucederá, porque todo podría ser así, como imaginaste… desbordada la imaginación hacia lo peor… y eso daría igual, no te capacitaría más, para sobrellevarlo, el haberlo temido e imaginado, al contrario. Y pensarlo más magnífico de lo que resultará… Eso es lo que has estado haciendo casi toda tu vida y luego por eso te decepcionas siempre con la realidad, sea esta la que sea… tu cumpleaños, las navidades, el resto de tu vida…

Sin embargo a mí me  ha sucedido lo Inesperado, yo voy caminando al lado de Navarra, mi primer compañero, compañero del alma y de camino en el Camino, con ese sentimiento. Bajo un sol de justicia pero encontramos alguna sombra bajo la que mirarnos a los ojos muy de cerca…  y nos encontramos a nosotros mismos a través de nuestras confidencias. ¿Te habló alguna vez el viento bajo tus botas de esa forma en que es la propia Vida la que te está besando en la boca? Parece que me intuyeras…

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desolación

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Ondulaciones y más ondulaciones en el horizonte por el que tan cansadamente se avanza. Las riojanas cruzando campo a través por delante de ellos; parada de las buenas mozas para comer (hacen muchas paradas para lo mismo), parada de ellos para aflojar aguas y sentarse bajo unos pinos donde él se lía un cigarro; se van dando el relevo, unos y otros, evitando su mutua compañía sin terminar de evitarla. Puede ser que Los Arcos no aparezca nunca, y no se escuchan las campanas. Al final…

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– Toma, bebe

– ¿Y tú?¿tienes para ti?

– Lo que tengamos lo tenemos los dos, ahora somos un equipo, ¿no?

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Los Arcos

* Fuente

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Los Arcos se le aparece al caminante de repente. Se puede decir que en ningún momento lo ve en la lejanía, hasta que se encuentra ya dentro de ella. Cuando llegamos, bastante agotados por el calor y el tedio de ese tramo, encontramos a su entrada un local para peregrinos en el que había maquinas expendedoras de agua. Allí decidimos tomarnos un pequeño descanso.

– Diario enlazado –

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Y ellos lo mismo. Hablando y hablando, ahora es ella la que parece haberse soltado, y le descubre una personalidad mental que de tan abierta resulta hasta apabullante.  Luego, ya metidos en las calles, se dirigen a un albergue, el  primero, pero el olor que se respira en él, una mezcla de cilantro y algo rancio que se cocina, mor de la penumbra y escasa ventilación, no les convence a ninguno, y pasan por delante de la iglesia en busca del municipal.

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Plaza de Santa María en Los Arcos

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A mano derecha, pasado el puente, puente de peregrinos sobre el Odrón, frente a un prado.

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ARTE HABITANTE

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Es uno filósofo guardando silencio

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