Ejercicio de convivencia y hábitos de albergue


Detalle de Estella

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María se ducha sola. A su ritmo, y sin permitir que (exteriormente alguien) se le impriman prisas a su lentitud. Uno cuando camina… camina con sus pies y los pies son un dominio de la voluntad y la voluntad es solar. Pero cuando mudamos de ámbito, al de nuestra higiene, por ejemplo, cualquier hábito o rutina cotidiana, comenzamos a movernos  por entre los territorios de nuestras lunas natales. Es decir: yo puede ser vertiginosa para casi todo, porque mi naturaleza solar, el arquetipo del Sagitario, lo es… sin embargo nací, en teoría, con la luna en Piscis, y eso en la praxis de la costumbre puede convertirse en el colmo de la parsimonia y la lentitud.

De hecho la mayoría de gente puede tener muchas cosas en común, y sentirlo así  y disfrutar juntos y creer que todo es maravilloso entre ellos pero las cosas se complican cuando te vas a vivir con otro y descubres lo diferentes que son los ritmos de cada uno, y hasta que punto eso genera una grave incompatibilidad. Esto no es nuevo evidentemente, y muchos lo habremos vivenciado desde la tierna edad de nuestros primeros compases en nuestros hogares biológicos.

Yo creo que las parejas de hoy en día, teniendo el Camino tan a tiro, por lo menos los españoles, antes de comprometerse en una relación de convivencia… es decir, pensar en casarse y traer vástagos al mundo… deberían pasar por esta experiencia a modo de ejercicio prematrimonial. Lo de espiritual o no ya va con los caracteres. Pero si después de cuatro semanas de Camino, decides continuar con tu pareja… es que la historia tiene visos de fructificar. Mejor esto que andar jodiéndole las vidas a los enanos, que no tienen ni la más mínima culpa.

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Viana monumental

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María se ducha sola y baja al banco de la sirga, a fumarse otro cigarrillo, con el pelo mojado. Y Navarra está allí. Y le pregunta qué le parece si se van juntos a comer algo. Y a María le parece estupendo pero antes quiere lavar la ropa. Hay sol y es la manera de asegurarse de que se seque. Y ahí viene una amiga suya; él la está esperando y la arrastra un perro. El perro es  precioso y tremendo, enorme, gigante. Es el amor de la chica, o eso dice ella. Y algún día te explicaré que yo sé mucho de eso… de gentes a las que les es más fácil abrir su corazón a un animal que a otro ser humano. Y es que tantas cosas de nosotros hablan de nuestras carencias. Y eso dicho con todas las disculpas, que para tener carencias otros se las tienen que haber ”ingeniado”… para que algún día nosotros las soportemos… En el fondo nada es perfecto, o sí, depende de ti resolver la ecuación a tu favor. A menos te importe quién fuera o fuese, y más quererte y aceptarte como seas… mejor que mejor. Si todas las raíces de la culpa son un error le busques por donde le busques los radicales. Además la amiga está cañón. Y tú ni de coña puedes competir, a estas alturas de tu climaterio, contra eso. Pero como el fondo sientes, que te da igual, porque  la Madre Naturaleza ha sido muy generosa contigo… y lo que has perdido en rotundidad de tetas y caderas… lo has ganado en misterio. Ya sabes, misterio, eso que se gastan los lugares como Eunate. Aunque tú no lo dejes entrever siempre. Aunque sólo lo dejes entrever cuando y con quien quieres… Y te presentas, y te muestras encantadora y encantada, y dices que ahora vienes y te vas a lavar la ropa, y vas a tardar lo indecible. Y ¡hombre Otmar! No te había visto, ¿tú también aquí? Es que habrías jurado que Otmar era de esos peregrinos que son tan piadosos, que se hacen toda la peregrinación durmiendo piadosamente en hostales y hoteles. ¡Qué alegría auténtica me ha dado verle! Oye, y qué buena pinta tiene ese salchichón que te estás jalando, ya veo, ya, que sigues haciéndole mucho caso a tu dietista… Y Otmar que te invita a sentarte a su mesa y a comer con él, aunque tú declinas evidentemente porque … Y ya para rematar Lola, australiana no, que fue un lapsus, Lola de Nueva Zelanda. Y menudo abrazo que nos damos, como si fuéramos primas-hermanas, amigas de toda la vida. ¿Dónde tienes a Manfred? ¿Lo estás pasando bien? Oh, eso es ma-ra-ra-villoso. Y con la ropa te entretienes una bar-ba-ridad. Porque es que era todo, perdido que se te había puesto los días anteriores, y se te quedan los brazos de retorcer y estrujar que no veas… pero igual que ahora están de cansados… luego los sentirás de fuertes.

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ARTE HABITANTE

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Es uno filósofo guardando silencio

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