De Wisconsin y la cuesta hasta Lorca


Rio salado

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Ya cerca del Río Salado, territorio difamado en el Liber Peregrinationis, Wisconsin, enemigo de las prisas, nos informa de que él se detiene. Pasado el punto de las ruinas de Urbe…  Luego nos contarán que lo hizo debajo de un puente (no volveremos a verlo aquel día), para tocar su mandolina; me lo enseñaron unos, con un vídeo, que lo habían grabado; en el albergue de Estella me lo enseñaron, y era tremendo verle, tan feliz, allí cantando sus canciones, tan peregrino, como sólo algunos, que ya lo son desde antes de iniciar cualquier Camino, saben serlo…  Y recuerdo de la cuesta que lleva a Lorca el ahogo. Navarra va felizmente hablándome; yo a las dos cosas no soy.

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Recuerdo de muerte en la llegada a Lorca

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El teme por su mente en el Camino. Yo, sólo, a que el físico no me acompañe; le digo que psicológicamente soy muy fuerte. El creo que ahí duda. Se confundirá mucho conmigo, con la que soy realmente y la libre, liberada y sin obligaciones, que dejo traslucir de mí en el Camino. Pero soy la misma. Quiero decir que, de excursión, a cinco kilómetros de casa y contenta por tal hecho, sería la misma. Navarra parece que apura el paso en las subidas. Yo literalmente voy, ya lo dije, ahogada. Le digo que no me espere. Pero en cuanto le pierdo de vista siento la presión de ir a perderle… Luego nos dará a los dos por misticismos pero hasta ahí yo no dudo de que fueron las hormonas y los genes los que liberaron el distrés…

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Lorca en la distancia

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Voy mirando al suelo y veo unas piedras por las que quisiera detenerme, alguna clase de silicato de color verde (actinolitas).

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Actinolitas

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Hasta cargo con una unos metros, en una mano, hasta que dolorosamente la suelto… y quizá esa era la piedra que debería haber cargado conmigo hasta la Cruz de Ferro… Pero tengo que desprenderme de mi manía de ir recogiendo patíbulos por la vida: el peso de más, en el Camino, es como una horca. Y yo no deseo jugar al juego del ahorcado. Pero también aquí me prometo volver. Pero llegar, llegar, no perder a Navarra de vista. Eso quería.

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Lorca

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Lorca, desde el siglo XIII contó con un hospital. Y su iglesia está consagrada al Salvador. Casas a un lado y otro de la calle Mayor, el trazado al que seguramente dio origen el Camino, la sirga… Navarra me dijo que me esperaba en el primer bar.

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Calle de Lorca

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Veo uno a cada lado de la calle. Entro en el que está a mano derecha, es albergue, mucho ambiente. Son poco más de las once de la mañana, y el paraguas en la mochila de Navarra me asegura que no se ha ido corriendo. Y es ese paraguas y pensar en aquellos versos de René Char:

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Dijo el poeta René Char: <<comienza a creer que la noche te espera siempre; es preciso ser el hombre de la lluvia y el niño del buen tiempo; a partir de la calabaza el horizonte se ensancha>>. Y eso fue lo que le dijo tu paraguas a mi alma, antes de llegar a Lorca.

SMS

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ARTE HABITANTE

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Es uno filósofo guardando silencio

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