El Puente de Gares y la cena con Duke Ellington



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.El puente de Gares
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Recorremos la Calle Mayor, visitamos la otra iglesia, la de Santiago el Mayor. Exteriormente se parecen ambas (ésta también conserva la portada románica) pero aquí el interior es ostentoso. No llego ni a ver a Santiago <>, es decir negro. Porque ya vamos en dirección al Puente… Más fotografías con ellos, entre ellos, la tarde preciosa. Y un intento de lectura de mi cuaderno, de la historia que Jose Luis del Temendo me ha contado acerca de la leyenda del puente. Yo menciono lo que sé del txori. Nos entendemos bien, ellos a mí y yo a ellos pero no llegamos a hablar de guerras carlistas.
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Puente la Reina está infestada de peregrinos. Todos son amables. Y nos reconocemos y nos saludamos. Lo que reconocemos es que somos peregrinos.
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Sello de Sidrería Ilzarbe
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Les propongo tomar un vino. Ellos quieren cenar pero son las 18h30min. Al final el vino nos lo tomamos mientras charlamos animadamente de música, jazz, Count Basie, Tom Dorsey, Duke Ellington; de Aznavour y Sinatra, de libros, ha sido Kerkeling quien les ha arrastrado hasta aquí: ‘Vado a fare due passi’; de actores, autores, en la mesa del bar, porque lo del asunto del comedor aún tardará y traerá cola. El dueño de la sidrería Ilzarbe se ha operado el brazo derecho. Conmigo es muy agradable, quizá porque se alegra de que alguien le hable en su idioma. Eso dice, y que no debo preocuparme, que en cuanto salga de Navarra adelgazaré; porque es que desde que he empezado el Camino noto que engordo… Por la perra de Dolores, reconozco a la hija.
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Al final hay que decir que el dueño se ha comportado como un capullo integral con mis amigos, que estaban hambrientos, han llegado los primeros y se les ha puesto el plato delante los últimos. No nos ha servido él, ha sido la camarera, pero parecía claro que el mensaje que él le dio es que a nosotros sin prisas. Vincenzo se ha disgustado. Y por eso hemos terminado muy tarde. Al final yo también me animé a cenar el menú peregrino: Ensalada, chuleta de cerdo, natillas, 9 euros que no pagué, porque ellos se empeñaron en invitarme y por ser ellos acepté.
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Era noche oscura cuando nos recogimos. Vincenzo me regaló sus pinzas de la ropa y si no llego a negarme tajantemente… me regala también sus calcetines.
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Duke EllingtonIt don’t mean a thing (1943)

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ARTE HABITANTE

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Es uno filósofo guardando silencio

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