Por Valdizarbe o el Valle de Izarbe, a Uterga y a Muruzabal


Valdizarbe o Valle de Izarbe

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Y ya ante la visión del valle de Valdizarbe, empiezo a acelerarme toda y a descender sin esperar por nadie. Feliz, feliz, feliz. Bajada donde sufren las rodillas de cualquiera –eso dijo el de la chocolatina-, el terreno es muy pedregoso, aunque no las mías. Olvidado queda el desliz de antes del Alto de Erro. Me siento fantástica, estupenda. Ya el recelo se ha quedado atrás. El recelo son las alturas. Y he andado un trecho, a buen paso hasta que de pronto, un peregrino con sus bastones, delante, su paso me resulta familiar, que se vuelve a mirar atrás, se pone muy contento y grita mi nombre: ¡María! ¡María! Es Franz, el alemán. Me parece increíble que el joven tímido y taciturno de la mañana de Trinidad de Arre me esté dando ese tremendo abrazo con tanta alegría. El primer abrazo del Camino y el primer amigo consolidado del Camino. Ese ha sido el sentimiento que me ha preñado de entusiasmo. Y esas son las líricas auténticas que deseo encontrarme. Los estallidos viscerales que responden a una mandado emocional e interior. Lo infalsificable.

Franz, ha pasado la noche en Guenduláin o en las cercanías, en una casa rural. Y vamos andando juntos hasta que él dice que María corre mucho. Yo voy hacia adelante, parones, hacia atrás, un arroyo, un pequeño puente, le espero.

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uterga

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Encinas o chaparros y la Virgen de Uterga. Es una virgen blanca, hermosa, Uterga es el pueblo próximo pero ella está en el Camino. Hay un hombre que permanece junto a ella. Cuando nosotros llegamos se aleja unos pasos, hacia una huerta que hay justo en frente. Yo veo algo que siento deseos de coger (que no robar). Es una piedra de un profundo azul, está a sus pies, del lado derecho. Sería la piedra que más tarde dejaría en la Cruz de Ferro. Lo sentí así, aunque me costara desprenderme de ella o precisamente por eso… Es que no lo sé. Para el momento de la Cruz de Ferro yo ya llevo algo dentro de mi mochila… y lo guardo desde bastantes meses antes de venirme al Camino. Pero la presencia del guardián, la piedra era tan llamativa que se habría dado cuenta, hace que me quede con las ganas de llevármela conmigo. Le saco una fotografía a Franz mientras me lo pienso y me lo pienso, incluso lo de hablar con el hombre y explicarle lo que me ocurre. Una piedra te pertenece cuando la piedra te llama o te dice algo. Pero eso les habrá sucedido a todos los ladrones de piedras preciosas del Mundo –me imagino. No, no, a mí no se me ocurre ponerme a rezar en cuanto veo a una Virgen. A mí lo que se me tiene que ocurrir es como pensar en saquearla.

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la virgen de Uterga

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Existe entre el alma y la piedra una relación estrecha. La sibila transporta una piedra consigo y se sube a ella para profetizar*.

Un refugio, en Uterga mismo, donde se puede tomar algo. Entramos pero a Franz no le convence mucho y decide seguir. Geo, el valenciano, está dentro. Ya los de el grupo de Rosario le han dejado colgado, ya no podía seguirlos. No tiene buena cara. Esta mañana debe estar sufriendo físicamente. Dice que le duele un tobillo. En el exterior veo como se da reflex en él. Yo aferrada a mis magdalenas y por fin a la cafeína. ¡Oh, sorpresa! ¿Otmar, cómo no me dijiste que estabas ahí? No te había visto ¡Hombre, si estás comiéndote un fantástico bocadillo! Ya veo que le haces mucho caso a tu dietista… ¡Menuda ignorancia la mía! El dietista tenía razón. Ya puedes forrarte de lo que quieras, en el Camino, que terminas por quedarte como lamido. ¿Otmar te vienes?
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Pero Otmar sigue con su bocadillo y consultando su guía. Me siento con él y le hablo de Eunate. Entra Silo, nos saludamos. Se me hace un poco raro porque me había sobrepasado en la cuesta del Perdón y no he vuelto a verlo pero yo sólo pienso en Eunate. Estoy muy contenta porque precisamente hacia ella voy. Pero mi entusiasmo no parece entusiasmar tanto a Otmar, o al menos no tanto como para hacerle dar un rodeo.
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MURUZABAL
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Me voy sola y llego a Muruzábal. No está nada claro por donde se desplaza uno a Eunate. Aunque reconozco la fachada de esa pared, hoy en obras… Un coche, un joven se baja de él. Me dirige mal. Eso lo sé. Sé que por dónde me señala llegaría a Obanos… Entonces, más adelante, a la derecha, una mujer joven. Carmen, de Bolivia. Otmar es educado al pasar, y se detiene y si no se va inmediatamente, con lo que escucha, es por deferencia a mí. La niña interior acaba de manifestarse en esa calle… Carmen y yo llevábamos un buen rato conversando. Ella es evangelista, trata de evangelizarnos a todos. Yo estoy sentada en el suelo, entrando en la reconocida sensación de euforia, y no me pienso mover de ahí hasta que alguien me haga el favor de indicarme como llegar a Eunate. Para Carmen sólo cuentan las escrituras, ni siquiera conoce la existencia de Eunate. Dice que lleva meses trabajando en esa casa, a dos kilómetros de una de las joyas del románico, pero no sale de las escrituras. Otmar llega a enrojecer, por el tono beligerante de la evangelista. Entonces la niña interior, que es lianta, por suerte o por desgracia, se apiada, lo libera de la cortesía que lo mantiene sujeto al asfalto y lo deja partir. Para Carmen Dios es perfecto pero los homosexuales eran para ella una aberración. ¡Qué lástima de persona tan equivocada! Los biólogos andan encuestando a los genes para averiguar el por qué de la conducta homosexual pero hoy en día se conoce la existencia de las relaciones homosexuales en múltiples especies: acuáticas, aéreas, terrestres… El sexo con fines reproductivos no es el único motivo ni en el reino animal. ¿Volvemos al principio del placer? Entonces, mi niña, tan beligerante como ella, que le espeta a la evangelista: A ver, hablas y hablas de las escrituras y de las escrituras, pero ¿tú le has visto a él? No -responde la otra. Bueno, pues cuando le veas como yo le vi, cuando te otorgue su semblante, entonces puedes plantearte hablar en su nombre… Pero ese, hasta que Otmar no se va, es un momento muy bonito de mi Camino. Único, diría; entonces una mujer que sale a su puerta y puedo preguntarle… Por ahí. Enseguida la verás… Claro, ella sabe. De todas formas antes de irme pude ver al viejo y malencarado amo de la chica… Ella era su sirvienta y no creo que su vida allí fuera muy agradable; aunque me dijo que lo era, que desde que había podido escapar de su país su vida se había transformado…

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ARTE HABITANTE

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Es uno filósofo guardando silencio

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