Despoblado del señorio de Guenduláin […] y Zariquegui, última población de este lado de la sierra del Perdón


Guenduláin
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Despoblado del señorío de Guenduláin, las ruinas de un antiguo palacio y las de la iglesia parroquial de San Andrés. Y ahí existe un primer momento maravilloso. El Sol despertando al Este cubre de luz los campos verdes hasta transmutarlos en dorados. Y es eso un resplandor de una belleza cegadora. Y una siente a su alma o que es su alma misma. Porque hay que tener en cuenta que para el pueblo lenape (los delaware) el alma reside en el corazón y se la llama imagen, reflejo, fenómeno visible sin materia corporal. Y en África del Norte las creencias hablan de una experiencia en la que el alma puede irse del cuerpo en forma de abeja o mariposa, pero siendo lo más frecuente que lo haga como ave. Y un pájaro, la alondra de la mañana, en ese árbol de tronco musgoso y magnético, entona un aria de una forma deliciosamente sublime, y la Ópera (Prima) es el Mundo, la Naturaleza, y al lado del árbol solitario y místico hay un banco, que aprovecho para disfrutar del espectáculo de ese instante mágico y terrenal, mientras me como un plátano. Me embriago, me embargo pero me alimento, algo tan poco necio como eso. Y la inmortalidad es esa sensación de regocijo íntimo que experimento.
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el primer banco de la etapa
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Y ese compatriota, Silo, viene y me reconoce pero yo a él tardo en ubicarlo, y le saludo sonriente pero no hago amago de irme con él. Es en la fresca soledad donde sucede lo que busco y lo que me atrapa.
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Pamplona a lo lejos
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Y sigo subiendo pero me doy un montón de vueltas para retener la Pamplona que dejo a lo lejos, suspirando en la brisa de la memoria.
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El Belga
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Y un belga murió, y un cementerio, y se alcanza Zariquiegui y eso ya son las primeras estribaciones del Ato, y si el crismón de San Andrés era original o tenía tintes, tampoco hay un café que me detenga.
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San Andrés de Zariquegui
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Y se asciende poco a poco, por entre árido matorral y aulaga. Ya ando cerca de coronar cuando Rosario, el siciliano, que pone una cara así como de contento y sorprendido al verme, en realidad ya soy otra, trae tras de sí a Geo (el valenciano) y a Dominique (el francés), más algún otro que se les ha unido, y les dejo pasar, sabiendo, que con esa buena marcha, es improbable que se detenga en Puente la Reina, y que ya no volveré a verle, y que eso me da igual, y sigo subiendo y disfrutando, y de repente el viento, el viento, fuerza elemental, que pertenece a los Titanes*, lo envuelve todo, y a mí, que no me habían enseñado aún a saludar al viento, pero que no ignoro que cuando el viento aparece en los sueños… anuncia que se trama un acontecimiento importante; un cambio va a surgir*. Un hombre me estaba esperando, uno de esos ”ángeles”, que hay en el Camino: seres no mitológicos, sólo bondadosos. Un hombre que me ofrece una chocolatina.
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Estribaciones de la Sierra del Perdón

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ARTE HABITANTE

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Es uno filósofo guardando silencio

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