RONCESVALLES: la primera noche en un albergue del Camino, 27 de abril/ 2009


albergue de Roncesvalles 1

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Jorge me acompañó hasta el albergue Itzandegia. Tenía curiosidad por conocerlo. Olía a incienso, se quemaban barritas y uno se sentía bien dentro; quizá el mérito sea de la piedra, lo sentí acogedor, de la bóveda cuelgan impresionantes lámparas de forja. Bajamos por las escaleras hasta la sala de Internet, que también es el comedor y donde bastantes móviles se recargaban. Había una estantería con muchas cosas olvidadas (o relegadas) por otros peregrinos, y libros, un buen número. Todo muy limpio, servicios y duchas incluido. Nos despedimos ahí mismo y yo intuí que no le volvería a ver; al menos durante el Camino… El albergue se cerraba a las diez de la noche pero a las nueve y media se apagaron las luces. Me tomé un myolastan mientras me aseaba y me lavaba los dientes, y esa iba a ser la tónica. Había que dormir algo y la contractura perpetua de mi espalda (lleva conmigo casi 20 años) me procura la medicación si la necesito. Descubrí el myolastan en ”mi camino” anterior. Y su efecto es inmediato, te tumba en aproximadamente quince minutos. Pero hay que tener cuidado con él porque si abusas deja de ser efectivo. Yo llevaba un año sin tomarlo. Pensando en que algún día haría el Camino.
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Me apaño como puedo para auparme a la cama. A mi vecina de litera, con más kilos que yo, le ha costado un poco más. Ella ha venido con sus hijas y tiene un sombrero que me encanta. Dice que se lo han regalado por su cumpleaños. Mañana piensa utilizar el transporte de mochilas. Dice que se traen pocos días y que cuánto más cómodo lo hagan mejor, que no disponen del tiempo necesario para aclimatarse. Le pregunto que si le importa que me pegue a su cama mucho. Dice que en absoluto y ella hace lo mismo. A las dos nos da pánico caernos y no recuerdo más. Caigo en un sueño profundo en cuestión de minutos. Había un silencio hermoso. Parece mentira que un centenar de personas durmiendo juntas pueden lograr ese silencio entre todas. Hay una consideración por los otros que impresiona. No era esa la idea que me había hecho por las cosas que había leído. Eso sí, le he advertido a la del sombrero y las hijas que yo ronco. ¡Mujer no será para tanto! -ha sido su respuesta. Me imagino que luego habrá cambiado de opinión. Me grabé hace unos meses, por curiosidad, toda una noche. Y lo hice durante toda la noche. Ese día me dio mucha vergüenza al escucharme. Durante horas me escuché pero no le vi ninguna solución. La que seguro que no se oye soy yo, porque el que ronca duerme. Y también me fui acostumbrando a esa idea como a todas las demás: ¿acaso existe la perfección?

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Mi último trabajo de aprendizaje que puedes visualizar íntegro:
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Twitter de María Camín
[los anuncios que se vean a partir de estas líneas serán una penalización que me impone el sistema por no pagar para que se me retiren]

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Es uno filósofo guardando silencio

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