– i – La partida hacia cualquier camino francés, 27 abril / 2009 [pero la ananda de Ariadna]


CUALQUIER CAMINO FRANCÉS

[pero la ananda de Ariadna]

ENTRAR

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Lo que se escucha en el audiovisual:

Son las 5h30 am. Estoy en el portal de él. Sentada en la calle, sobre mi mochila. Esta mochila que pesa aproximadamente diez kilos, y que en cuanto cerré la puerta de mi casa y di los primeros pasos me hizo dudar de mi misma y de mi propósito; si ni siquiera soy a poder con ella, ¿a dónde creo que voy? Además, me dejé olvidado el bastón encima de la mesa del estudio. Pero las llaves también se quedaron sobre ella. Pensé que no quería llevarme algo que sé de sobra que no voy a necesitar, al menos, durante más de un mes.

Le envío un mensaje. Le pido que si me abre la puerta […]

8h56min. A estas alturas del inicio del viaje ya han sucedido tantas cosas… La conductora del autobús ha sido simpática conmigo. La primera persona verdaderamente simpática conmigo en esta localidad que abandono, y de la que me alegro de irme. Adiós, adiós…

9h33min. Confitería Cortina. Son amables. Compro algo para comer: dos pinchos de tortilla y un pastel. Ya el aire se desenrarece y tengo sentimiento de dolor por la actitud de él. No ya para conmigo sino para con él mismo. Creo que es su peor enemigo.

Hay un cuadro precioso en esta esquina para fumadores. Lo firma Mª José/ 1996 (Cabo Peñas). El prado está lleno de flores. Son rosas y amarillas. Un caserío y el verde vibrante de la vegetación de la rasa costera. El caserío tiene la puerta roja y en el mar una ola…

10h15min. En mi asiento. Coche 4. Asiento 7 -A-. En diez minutos salimos hacia Madrid. Así que sería este mismo tren el que debería tomar si fuera a verte a ti para que celebráramos, mañana, tu cumpleaños. Pero yo me detengo en León. El disgusto que acarreo encima es de a órdago. De hecho me desorienté en la estación. Guardé cola para informarme. Me equivocaba y la abandoné. Para el embarque se forma la verdadera fila. Seguí a un chico que también va para Pamplona; así no tengo pérdida en el transbordo. Pero ahora, por lo menos, ya sé cómo se pueden sentir sus hijos cuando él se enfada y a qué se enfrentan. Pero no, ya no habrá más comprensión a través de mensajes. Eso se ha terminado. He borrado su número de la memoria del teléfono. Aunque sus mensajes todavía están ahí… El acto es simbólico. ¡Pobre doctor P.! ¡Con cuánto miedo vive!

Esto se mueve. El tren se ha puesto en marcha.

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Mi último trabajo de aprendizaje que puedes visualizar íntegro:
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Es uno filósofo guardando silencio

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