Del Albergue Municipal de Zubiri al bar donde vamos a comer, 28 de abril, 2009


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El Zubiri del Puente de la Rabia

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Atraviesas el puente llamado de la rabia. Pero si sigues hacia Larrasoaña, unos seis kilómetros más, no tienes que hacerlo. Yo no podría seguir. De todas formas ese día el albergue de Larrasoaña está siendo fumigado.
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La iglesia de Zubiri

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Doblas al final de esa calle, hacia la derecha, algunas casonas antiguas, la iglesia y ya has dejado el refugio privado atrás, y caminas por lo qué es Zubiri, una calle como aquella, una en la que viví hace casi veinte años pero todavía ésta de Zubiri con mucho menos encanto.
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La calle de Zubiri

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Algunas casas a este lado de la carretera, algunas más al otro. Has andado como unos cien metros y llegas a lo qué es el albergue municipal, que antes de serlo fueron las antiguas escuelas.
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Otros peregrinos te dicen que te quites las botas, que las dejes afuera para no poner el barracón perdido de barro y que te busques una litera dentro. No está el hospitalero. Hay dos barracones. Sólo uno está abierto. Cuando ese se llene se abrirá el otro.
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Interior del albergue de Zubiri

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La fortuna -te lo parece- no puede ser mayor. Una en una esquina y duerme tranquilizadoramente abajo. El compañero de la litera próxima agradable. Estoy aquí intimando -les dice a sus amigos. El intercambio es sencillo pero yo ya sé que no vamos a intimar. Salgo al exterior. A lavar las botas en la fuente. Si tuviera un cepillo -me comenta alguien- podría ir al río, que allí es sencillo…Con las manos, lo hago. La fuente dispara agua y los pantalones arremangados hasta el muslo y hasta el muslo perdidos de barro. Siento ahí, en esa postura forzada, que la rodilla ha sufrido. No es seguro que mañana pueda volver a caminar.
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Coger tus cosas, irte a las duchas, las duchas están fuera, en otra edificación, frente a baños y duchas el tendedero. Olvidar algo, tener que dar dos o tres vueltas. La cabeza que no rige, el cansancio físico que después de todo tiene sus efectos. Ducharme, duchas comunitarias como de colegio. A este lado la de las mujeres, sin cortinas. Una joven francesa a mi izquierda se afeita las piernas. Me admira su maestría. Ella dice que en lugares así hay que aprovechar. Al final se corta y sangra y no deja de sangrar. Deduzco por su comentario que en el futuro cercano podré encontrarme con cualquier cosa.
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Llega Mari Carmen. Es de Zumalacarregui. Es una mujer dicharachera y muy amistosa. Lavamos juntas la ropa y el agua tarda en dejar de ser del color del chocolate. Me cae estupendamente. Me presenta a sus compañeros de viaje. La idea del Camino fue suya pero ellos se le unieron y se fueron entusiasmando todos.
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Le doy un masaje a Txomi en los pies, con viks vaporub, sus ojos mansos y dulces me lo agradecen. Es bonito, hay comunicación de la que espero satisfacerme. Sus compañeros de peregrinación son como ella, encantadores y me uno a ellos para comer. En ese momento me he inclinado por la relación. Estoy acostumbrada a comer sola y suelo disfrutar mucho de ello, pero en ese momento siento que me inclino por la relación.
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Sello de Zubiri
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El hospitalero ha llegado. No parece muy comunicativo, es extranjero. Pago la estancia y él pone el sello en mi credencial. Me informa de que no hay libro de peregrinos. Me extraña. Aunque quisiera no podría escribirle a Lily lo que quiero contarle…
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Mis nuevos amigos si van contándome, por la calle desértica, el incidente de por la mañana. Arantxa pierde sus gafas en Roncesvalles. Hace y deshace la mochila varias veces. Una hora han estado esperando a que ella encuentre sus gafas. Las gafas no aparecen y por eso han salido tarde. Todo son risas y sonrisas entre ellos. Sonrisas y algarabía. Están felices por sentirse unidos en la aventura. Felices como chiquillos. Y tú sabes, de inmediato, que el grupo es tan perfecto, la unión entre ellos, que nada podrá romperla. Lo que dudas de ti en ellos lo sabes. El sol tiene fuerza. Es probable que la ropa tendida y empapada se seque.
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Entramos en el bar que vimos abierto. Bar Bassari (caserío). Menú caro y escaso, se podría decir: once euros. De todas formas, en los tres lugares que se puede comer, la gasolinera, el bar del polideportivo y éste otro, se han puesto de acuerdo en lo del precio. ¡Menuda estación de peregrinos! -piensas y te planteas si no te habrás embarcado en otra cosa que no sea un tour turístico. En Zubiri, capital del valle de Esteribar, esa es la sensación que te acoge.
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Allí un matrimonio que ellos conocieron. Ella infiltrada en rodilla, viaja en autobús. Conversación banal y agradable. Tú pasta, tú pollo, tú macedonia. Ellos menestra, y unos carne o pollo, unos macedonia o yogur. Los Compañeros también están allí: Cefe y su amigo. Se dan cuenta ellos de mí. Se han arreglado y ahora parecen habitantes de ciudad. Llegan otros peregrinos que se sientan al fondo. Intuyo problemas… hay algo en su actitud que yo no traigo. Tomamos el café en el polideportivo municipal. Ahí puedo fumarme un cigarrillo y donde estamos no. Su amabilidad es manifiesta porque hacia allí vamos y ellos no son fumadores.

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Mi último trabajo de aprendizaje que puedes visualizar íntegro:
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Twitter de María Camín
[los anuncios que se vean a partir de estas líneas serán una penalización que me impone el sistema por no pagar para que se me retiren]

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Es uno filósofo guardando silencio

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