LEUCIPO DE MILETO EN TWITTER


Leucipo de mileto en Twitter

Si te gusta  su propuesta de vida filosófica, como yo misma, te puedes sumar a su Escuela.

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[…] Los átomos se disponen de una manera determinada y producen simulacros. Los hay en cantidad infinita y en asociaciones relativas a su forma [….] Simulacros entre simulacros. Hechos de la misma naturaleza que los sueños nocturnos, los perfumes del olivo, los colores del sol poniente […] El eudemonismo afirma la necesidad de apuntar al bienestar, la serenidad, la felicidad […]

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Pero para escuchar el completo de su doctrina, en esta lectura:

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Twitter de María Camín

[los anuncios que se vean a partir de estas líneas serán una penalización que me impone el sistema por no pagar para que se me retiren]

 

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3 Comentarios Agrega el tuyo

  1. viernes, 03 de octubre de 2014 5:54

     

    […] cuando en el caso de Leucipo me sería imposible inclinarme por ninguna actitud vital, ya que todo lo que ahora sé de él, lo sé por que su pensador lo ha argumentado objetivamente, de tal modo que lo que puede leerse en su perfil, en sus perfecto análisis, que prepara el camino hacia su escuela, y que yo constituyo, mientras estoy leyendo acerca de ello, en vez de tomar apuntes en mi cuaderno, que en algún momento futuro extraviaré… Así que ahora podemos concluir que en el mundo de Leucipo no hay otra cosa que átomos, el vacío, y los movimientos de los primeros en el segundo. Los átomos se disponen de una manera determinada y producen simulacros. Los hay en cantidad infinita y en asociaciones relativas a su forma, su orden, su distribución y constituyen la materia y la sustancia de toda realidad, sin excepción. A este vacío los atomistas lo llaman <<no-ser>>, porque en la plenitud del ser, para ellos, el movimiento sería imposible. Y en este orden de ideas la necesidad se identifica con el destino, reductible él mismo a las fuerzas que constituyen la materia. Así que las partículas indivisibles, su movimiento en el vacío, y su agregación como causa y condición de la realidad es todo lo que existe y no los dioses, que no puedan tener una existencia material. Luego se nos explica que, de todos modos, es difícil traducir del griego al francés, y que los términos eudemonismo y hedonismo, sin tratarse de la misma actitud vital, se superponen, siendo para el hedonismo el placer el bien soberano, y cuando el eudemonismo a lo que apunta es a la necesidad del bienestar, la serenidad y la felicidad…

  2. […] por el otro lado, ayer no me quedaba satisfecha, porque la mención al simulacro me parecía muy insatisfactoria, por tratarse de un concepto cuya raíz no es el latín, de donde ha sido tomada, <<simulacrum>> sino el griego y tratándose de Leucipo, el griego de Mileto, que como me informará una alumna de Enrique Dussell, había sido discípulo de Parménides. Pero <<simulacrum>>, reúne una amplia polisemia, porque está la imagen hecha a semejanza de algo o de alguien, pero también está la idea que conforma la fantasía, y también, implícita, la idea de la ficción, de la imitación, de la falsificación, y de ahí, muy posiblemente, la acción de guerra fingida o de alarma fingida pero, por último, también, el modelo, el molde.Y esta alumna de Dussell, no nos hablará ni de eudemonismo ni de hedonismo, y nos hablará, a cambio, de esta articulación, que suponía, como un codo o una rótula, o atlas cervical, la colonia griega de Mileto, entre el origen indoeuropeo y el mundo semita… Así que no sólo se trataba de cosmovisiones muy distintas, la cosmovisión frente a la relevancia de la palabra y el oído, sino también de un enfoque antropológico dualista contra un enfoque monista, que derivará en los monoteísmos… Porque de lo que va a tratarse, es de las diferentes concepciones que se tienen del cuerpo, el cuerpo mortal de los hombres, que en el universo indoeuropeo no es otra cosa que un envoltorio del alma, la porción de divinidad eterna e indestructible. Y de ahí el tratamiento que se le otorga al cuerpo en los ritos, como cuando en la India se lo quema y se arrojan las cenizas al Ganges para que se eleve, como cuando en el Tibet, lo dislocan, y en posición fetal, lo atan y lo envuelven, para que sirva de alimento a los buitres, y en este momento, por conocer esto mismo, me parece muy curioso lo que tienen que decir, al respecto de los ritos funerarios, los directores de Atapuerca…

     

    […] Y entre los semitas, parece ser que no existe tal distinción, del cuerpo como recipiente del que hay que liberar al alma. Parece ser que el cuerpo como concepto no existe pero que lo que existe, sin embargo, es el concepto de la carne: carne y espíritu. Los egipcios embalsaman los cuerpos y creen inclusive que su acúmulo de riquezas podrá mantenerse con ellos en la otra vida. Carne y espíritu, por tanto, consideran que son la misma cosa. Y aquí nos dicen que es donde observamos los troncos de los que como ramas evolucionó la filosofia de los griegos; por un lado un Platón, cuya alma regresa a contemplar el mundo de las ideas y que volverá a encarnar a través del río del olvido… que por nombre lleva el de Letho, y que es cuando se hace más sencillo vincular la verdad que Heidegger evoca, la <<Aletheia>>, a una experiencia. Y el atomista no, el atomista nos dicen que entronca con lo semita, lo que le confiere valor al cuerpo y a lo sensible, a lo sensorial y a las afecciones, y donde el cuerpo cobra el valor de ser el interprete del mundo. Como cuando yo hablo de mi organismo. Y no hablo de un inconsciente freudiano. Porque sé lo que sucede con mi organismo y por qué vivo. Y en ese sentido es interesante comprender como Freud relaciona el pensamiento supersticioso, con el pensamiento paranoico y con el pensamiento del psicoanalista, que busca la motivación en el interior. Pero hoy todavía estamos tratando de averiguar en qué consistía el <<corpus cosmológico>> de Leucipo, del que independientemente de lo que nos ha contado Onfray por el momento… se dice que escribió no sólo esa <<Gran Cosmología>> sino también otra obra que tituló <<Gran orden del Universo>> y otras dos más, que fueron <<Del Espíritu>> y <<Sobre la inteligencia>>. Pero el alma de Leucipo, ya que estos que no quieren omitir aquello de lo que a Onfray no le interesa hablar, era un alma formada por sutiles partículas de fuego. Y estos átomos de fuego era lo que insuflaba a sus cuerpos el movimiento. Y a mí sí, a mí me interesa no cononocer sólo una versión de las cosas. Y siento que por andar sobre el conocimiento y la creencia ajena, por muy extravagante que sea, no puede producirme mal alguno… Y, ciertamente, me pone muy nerviosa el hecho de que alguien me diga que tenga cuidado aquí o allá, con el pensamiento de este pensador o aquel pensador, porque es tóxico y, antes o después, me hable de libertad. Como si yo tuviera que adherirme a una doctrina […]

  3. Pero será así como alcanzaremos el tiempo de Francis Crick, que en 1976 se muda a California, al Centro Kieckhefer, de Biología Teórica, y perteneciente al Salk Institute, llamado así en honor al inventor de la vacuna de la poliomelitis, que se esfuerza, en demostrar que el alma no es un concepto metafísico, sino básicamente la actividad de nuestra conciencia. Así que estaba seguro de que al descubrir los mecanismos biológicos de nuestra conciencia, acabaría con la creencia en el más allá y ataría para siempre el alma al cuerpo, que aunque Demócrito, pensaba, pensaba como articificios del lenguaje según Onfray. Y lo que Crick descubrió, para los lectores de Nature Neuroscience, junto con Christopher Koch, es que la conciencia -si lo que leo es cierto- es <<una banal fusión de neuronas del cerebro>>. Y que como la actividad neuronal produce un campo eléctrico, la detención de ese campo eléctrico, junto con la desaparición inmediata y misteriosa de algunas estructuras cerebrales, puede justificar una pérdida significativa de peso. Algo que me gustaría poder concretar más… pero en definitiva que al morir, como escribió su amigo David Eagleman, somos materia sin chispa. Lo cual es curioso porque no deja de ser muy semejante, a lo que intuía Leucipo, acerca de un alma formada por sutiles partículas de fuego, cuyos átomos insuflaban a nuestro cuerpo el movimiento. Curioso, porque no parece mucho más esclarecedor lo que se dice ahora, que lo que algunos decían hace 25 siglos.

Es uno filósofo guardando silencio

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