El papel de los emperadores romanos en el Catolicismo


Puente de Alba de origen medieval

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Dice en el Teatro Crítico de Oviedo, en la presentación de una desconcertante obra sobre las batallas de Roncesvalles, el sacerdote, historiador y arqueólogo, Vicente José González García, que triste es el sino de los héroes, que porque son valientes los canta el pueblo y porque los canta el pueblo, les quitan la vida los eruditos; y un poco, si se quiere, como a él mismo, que en los últimos años, ha visto como su trabajo sobre el Castillo de Gauzón, en la década de los setenta, se denostó y, sin embargo, se le está adjudicando todo el mérito de las excavaciones a los profesores que, en los últimos tiempos, merodean, verano tras verano, por la colina. Bien, yo ya tengo una idea de lo sucedido con los ostrogodos, en algún momento fueron vencidos por los lombardos, que también eran una confederación germánica de estructura tribal y que, al mismo tiempo, será vencida por el pueblo de los francos. Pero los francos, para ese momento, se han convertido a la ortodoxia cristiana, creo, que esto para mí todavía es un tremendo lío, porque con Clodoveo I, nieto de Meroveo, el rey que desciende de un dios o un monstruo marino y da nombre a la dinastía <<merovingia>>, todo el pueblo franco pide ser bautizado junto a su rey. Así que sólo es posible optar por una solución ahora, que es recorrer la historia, a partir del instante, en que las figuras de los emperadores se convierten en trascendentales para esta religión y sus grandes ramas. Constantino, que llegará a ser investido como santo, y a pesar de que sus súbditos experimenten tal temor ante él que ni siquiera se atrevan a tocarlo, cuando ya se encuentra en estado cadáver, es quien pone fin a la persecución, como ya explicamos, legalizando su consumo, mediante el <<Edicto de Milán>> (313), lo que dará lugar a un cristianismo niceno, porque existirá un <<credo niceno>>, y que es al mismo tiempo el Constantino de Estambul, la antigua Constantinopla, a donde el mismo traslada la capital del Imperio Romano. Y donde morará Simeón el Estilita, que es donde se encuentra el antiguo Bizancio, bajo el moderno Estambul. Sólo que entre el 361 y el 363, Juliano el Apóstata, al que se le impuso esta religión cuando era niño, no experimentando creencia alguna, sino hasta el descubrimiento de los poemas homéricos, lo que quiere es volver a instaurar el paganismo grecorromano, y que sólo constituirá un breve paréntesis, en el que el acoso al cristianismo retornará. Pero con Teodosio I, y el <<Edicto de Tesalónica>>, en el año 380, la ecuación se invierte, y ahí lo que finaliza es la libertad de culto de la que el mundo romano había disfrutado desde siempre, convirtiéndose el cristianismo católico en la única religión lícita y, por tanto, la religión oficial, con su característica de <<consustancialidad>>, es decir, Jesús el hombre, el hijo del hombre, el hijo de Dios, es de origen divino. Y Teodosio había nacido en Hispania. Pero estas líneas no reflejan el conflicto verdadero, ni exponen los hechos de la masacre de Tesalónica, son frías como una estadística. Porque hay que dirigirse, ahora, a Justiniano, que procedía de una familia analfabeta de Servia, y que según el Procopio, de la historia secreta, se había enamorado de una joven lujuriosa a la que doblaba en edad, Teodora, su emperatriz que, al poco de ser representada en el <<arte musivario>> de Rávena, morirá de cáncer, y a la que Justiniano seguirá amando, pienso que desmedidamente, hasta el final de sus días. Justiniano, que vive entre el 483 y el 565, quiere rehacer el Imperio Romano desde el Hipódromo de Constantinopla, es un restaurador pero ya no habla latín, habla griego oriental, y a su general es a quien ayuda el padre de Clodoveo el Merovingio, a conseguir su propósito. Así que tal vez ese viajero al que se lo escucho, que Roma no cayó jamás, sólo se hizo más pobre, esté en lo cierto. Porque él lo que asegura es que eso es algo que se inventaron los papas, aunque este es el hombre que me paseó por la isla de Mármara, hablándome de sus canteros y, por lo tanto, me sería bastante difícil no creerle. Así que ahora ya cuento con unas ligeras nociones, no sólo acerca de cómo Pablo de Tarso consiguió imponerse sobre los otros cristianismos, con qué propaganda ideológica, sino también quienes fueron los que decidieron subirse al carro de su historia. Bizancio, cuando abdica el último emperador del Oeste, pierde la mayor parte de las provincias europeas pero sólo durante un siglo. Y Bizancio es determinante para Córdoba, que lejos de sentir como Hispalis, la actual Sevilla, se alía con él resistiéndose a los visigodos. Yo, a los <<Emperadores>> de mi juego los veo romanos, porque no se separan nunca de sus águilas imperiales […]

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[…] A las 11h, el tren de Renfe que a mí me había acercado algunos días antes hasta Sahagún, se cruzaba conmigo en dirección a Asturias. Y a las 11h03min. yo alcanzaba el Puente de Alba que da nombre al pueblo que nos encontraremos algo más adelante, y que se dice que ahora es casi un barrio de La Robla. Pero este es un puente medieval, de aquella de paso obligado, donde se cobraba el correspondiente <<portazgo>>, y leo que a su amparo debió prosperar el caserío que se menciona a partir del siglo XIV vinculado a la parroquia de Santa Colomba. Que un portazgo es como un peaje ahora, que yo no lo noto cuando viajo en alsa pero imagino que mucha gente sí […]

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[los anuncios que se vean a partir de estas líneas serán una penalización que me impone el sistema por no pagar para que se me retiren]

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Es uno filósofo guardando silencio

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