La lemniscata en los sombreros de Marsella y el desenlace del viento de la casualidad


Lemniscata

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Cuando Azucena y su amiga  escucharon lo de mi sombrero se echaron a reír ambas con ganas. Sombrero, en el mazo de Marsella, sombrero en forma de lemniscata, sólo lo portan tanto el número 1 como el número 11, un histrión y una virtud cardinal, la fortaleza, y fue posible porque a finales del siglo XVII Jacques Bernoulli modificó una elipse, curva que se define como el lugar geométrico de los puntos tales que la suma de las distancias desde dos puntos fijos, llamados focos, es una constante. Y, en contraposición, una lemniscata es el lugar geométrico de los puntos tales que el producto de estas distancias es una constante.

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Azucena vive en número 15 de la calle de la iglesia, donde la iglesia con su cementerio, es el número 18, y el albergue el 16. Y yo ayer, por fin, comienzo a poder poner tipo de algún orden, en mi idea de una Península Ibérica, que no es esa España, como hoy se quiere hacer creer, que Isidoro de Sevilla, bebiendo de Plinio y otras muchas fuentes latinas, ensalza, como mismamente hará Palacio Valdés con Avilés, a la que considera una especie de sanatorio local, en el que todo aquel que pisa, encuentra el alivio de su mal del sistema nervioso. Pero todavía necesito, como mínimo, otro día más, para conducirme yo por la historia de un territorio, que ocuparon diferentes migraciones del género <<homo>>, hasta que <<sapiens sapiens>> lo hace, lo que supondrá la extinción de la otra especie pobladora prehistórica, el <<neandertal>>. Pero este movimiento, desde principio de los tiempos del género humano, de conquista y establecimiento, y de repoblación, yo pienso que algo crucial nos está describiendo de la naturaleza de los territorios. Azucena lo que tenía eran las llaves que podían ayudarme, y ahí que se fue conmigo, yo, la verdad, lamentando mucho tener que molestarla pero a pesar de la corta distancia que hay entre la iglesia, que por nombre recibió el de San Salvador, como la de la Catedral asturiana, que aunque en su interior, que yo nunca llegué a ver, conserva imágenes de siglos anteriores, el barroco, y algunos frescos, aunque muy deteriorados, fue erigida entre los siglos XVII y XVIII, gozando de un pórtico adorable, que creo recordar que es un añadido bastante posterior… y, por tanto, como es recuerdo de dato puro, no debe hacérseme ni el más mínimo caso. Porque la única memoria que en mí es fiel es la memoria emocional. Quiero decir, que a pesar de la corta distancia que hay entre la iglesia y su casa… vinimos andando despacio, y para cuando su amiga consideró que yo ya había entretenido demasiado a su amiga… agitó su teléfono móvil para decirle que estaba sonando, que será cuando Azucena me anime a seguirla, porque de lo que está hablándome es de la experiencia de su propia peregrinación, que realizó en el intervalo de algunos años, como todos los de la cofradía, y quiere convencerme de que no debo realizar, de ningún modo, yo sola, el trayecto de Santa Marina a Llanos de Somerón, porque se cruza un monte boscoso muy solitario y abrupto, y se está cruzando ese tramo por mucho tiempo… Así que como piensa que a ella le asustaría… teme por mí y por lo que yo voy a experimentar ahí pero yo lo que le digo es que no debe preocuparse, que seguramente ella anduvo por una senda que es la que no voy a tomar yo, porque ésta es difícil de ver, a pesar de que está bien indicada, sólo que como cruza terrenos, que parecen particulares, porque hay un cercado, lo primero, y una cochera, muchos peregrinos pasan de largo, y emprenden la subida por detrás de la ermita, con lo cual el esfuerzo se hará muy pesado, porque es, supuestamente, un camino que te lleva por una cuesta muy empinada. Así que acepto su café, alegrándome porque Azucena resultará ser muy discreta, y su amiga lo mismo, y la treta para liberarla de mí, será inmediatamente olvidada, y me ofrecerá un café, que yo agradeceré mucho, más que por el café, por el rato que voy a pasar con ellas, que me resulta entrañable. Y donde voy a necesitar poner a Hubert en mi pensamiento, a Hubert como profesor, porque me encuentro sentada entre las dos, en una esquina de la mesa, y si yo algo llegué a admirar de Hubert, era la destreza con la que aplicaba su atención sobre todas las personas que estaban pendientes suyo, de tal modo que era imposible que tú eso no consideraras, que él estaba contigo en sus explicaciones al cien por cien, y que era la persona más delicada y justa. Y, ahí, puedo decirte, que sentí que yo también lo conseguía, y a pesar de ese sea mi punto flaco. Parecer relajada y mostrarme como encantadora en una situación social. Que luego es cuando llegará su marido, y por eso yo sabré que fue él quien les preguntó a ellas, quién era la que se había subido al campanario de la iglesia que, por cierto, es un hincha del Atlétic, y ha pintado el escudo con el oso y el madroño, por cuadriplicado, en la puerta del garaje. Pero qué gente más buena, de verdad que sí, que hospitalarios, que agradables y con que mirada de transparencia ambos. Que yo en cuanto él apareció no albergué ningún genero de duda, de que si alguien había podido hacer feliz a esa mujer, había sido ese hombre, de tan cacho de pan que me pareció. Y, luego, estaba el asunto de la Fiesta, que se iba a celebrar pronto, y a la que estaba siendo invitada, a acercarme yo con las asociaciones de León, que iban a recibir, y que seguro que encontraban un hueco para mí. Y que es cuando dicen que hay que conocer el pueblo, Cabanillas ese día, porque es el día en que la cofradía admite nuevos hermanos, y se celebra con escabeche, y que es una tradición ésta que ya ha cumplido más de cuatrocientos años […]

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[los anuncios que se vean a partir de estas líneas serán una penalización que me impone el sistema por no pagar para que se me retiren]

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Es uno filósofo guardando silencio

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