Descubriendo nuevas formas de ver las cosas [13. 05. 2014]


El alma está en el genoma

.

La doctrina oficial dice que la consciencia radica en el cerebro, pero hay al menos dos indicadores empíricos que la discuten (entre otras clases de argumentos). El primero son las experiencias, ya de dominio público, de deslocalización de la conciencia (epigenética) y de comunicación a distancia (por ejemplo, con los glóbulos blancos). El segundo, las investigaciones sobre hidrocefalia (recogidas, entre otros, por David Darling en “After Life: in Search of Cosmic Consciousness”), en las que se ha demostrado que el hecho de que haya agua donde debería haber cerebro no afecta necesariamente ni a las facultades intelectuales ni a la experiencia subjetiva. De una gran variedad de temas relacionados con la historia de la consciencia, sus mitos y sus mentiras, sus funcionarios y sus visionarios, escribe Gary Lachman, divulgador de calidad, aparte de exguitarrista de Iggy Pop -lo que acredita sin duda su criterio-, en “Una historia secreta de la consciencia” (Atalanta, traducción de Isabel Margelí).

Sobre estos temas, ni que decir tiene, hay mucha tontería y mucho cuarto milenio, lo que impide por lo general separar el grano de la paja y suele invitar a no dar carrete en estos asuntos. Pero también es cierto que el conocimiento académico acerca de los tales es tan riguroso y honesto como el de un vendedor de mantas zamoranas. El materialismo de andar por casa   -en zapatillas de felpa y bata guateada- es lo que se lleva ahora mismo como enfoque en estas cuestiones atravesadas de ambigüedad.

El caso es que a principios del XX ya se había consolidado una tendencia en el pensamiento científico sobre el valor que había que conceder a los llamados hechos internos o experiencias subjetivas y sobre la discusión de que no formaran parte de la realidad de la ciencia. Entre los señeros de esta corriente están Richard Bucke, William James, Alfred N. Whitehead, Henri Bergson y, por supuesto, Carl G. Jung.

Por un lado, se encuentran las experiencias derivadas de los llamados estados alterados, en los que el sujeto se enfrenta a cierto tipo de cosmovisiones que no sólo modifican momentáneamente su concepción de lo real, sino que instalan en la mente una nueva forma de ver las cosas. Estas metamorfosis, por lo demás, discuten que entre la mente, los sentidos y el mundo haya una sola clase de relación. El problema no es descubrir nuevos mundos, sino descubrir nuevas formas de verlos. Por otro, está comprobado que el comportamiento propio del cerebro es sintético, es decir, trata de conducir la cantidad de información recibida, grande y azarosa, a una forma significativa, con lo que crea visiones reducidas, aunque absolutamente necesarias para la supervivencia. Si el cerebro es sintético, la mente tiende a lo universal y, en consecuencia, hay facultades o estados en los que somos capaces de percibir la realidad en toda su manifestación. A esto se le ha llamado de muchas maneras, delirio, misticismo, éxtasis..., pero el caso es que se trata de una conducta no infrecuente de nuestra mente.

En resumen, ¿es posible que nuestra consciencia habitual del mundo exterior no sea sino una especie de alucinación modelada por estímulos procedentes de los sentidos y reciclados por el cerebro?

*Fuente: ALEJANDRO GANDARA

.

enlazado a: LA CONSCIENCIA Y LA CONCIENCIA

.

.

.

[los anuncios que se vean a partir de estas líneas serán una penalización que me impone el sistema por no pagar para que se me retiren]

Anuncios

Es uno filósofo guardando silencio

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s