El CARLOMAGNO de Harold Lamb


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Antes de Harold Lamb yo carecía de una visión panóramica de la figura e historia de este personaje, a pesar de que lo recordaba, junto a Pipino el Breve y a Carlos Martel del temario de la escuela… Comenzó a ser una constante, en el eje del paralelo 42, al inició de mi aventura hacia Roncesvalles (Carandell mismo). Shirley McLaine, en su libro ‘El Camino’, no dejaba de mentarlo y de recordarnos su leyenda e importancia descomunal. Algunos, incluso dicen que su olor era el de la miel, si Lamb relata esto se me pasó desapercibido. Yo, la pequeña decepción que sufro, con esta novela, en realidad se refiere, a nuestro rey Alfonso II el Casto, suponía que sería de alguna relevancia en la narración pero si se le menciona en ella, sucede como con la miel, fue algo evanescente. Circulan rumores de que Alfonso casó con una hija suya… De las hijas, mujeres y prole del rey de los francos, el que llega a ser emperador, se escribe en abundancia. Sin embargo, este hecho no queda registrado, tampoco el de ninguna alianza política relevante, con el monarca astur. Hubo dos fragmentos previos, los dos interesantes de conocer, que voy a dejar aquí, para después añadir algún otro de los que mientras leía señalaba…

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HISTORIA DE LA ESCRITURA recomiendo no perdérselo, así como a los pergaminos de nuestro artista local.

De su investidura como emperador por LEÓN III

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Durante las siguientes generaciones, sumidas en penalidades, poco se escribió acerca de Carlomagno. Su recuerdo, cabe decir, se mantuvo en una suerte de clandestinidad. Pero se mantuvo. Se transmitió en las narraciones de los viajeros y se incorporó a las canciones. Los monjes de Fulda, en sus observaciones de las estrellas denominaron a la constelación de la Osa Mayor el Karlswagen, el <<Carro de Carlos>>. Los hospederos de los Pirineos señalaron una cruz de piedra como perteneciente a Carlomagno. Los cazadores de los Alpes explicaron que un venado blanco había aparecido ante el rey para mostrarle el camino hacia el este. (Pág. 327)

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Contaban las semanas que faltaban para poder dejar el bastón y las ropas palaciegas, montar y salir de cacería. Cuando pudiera tomar el camino de las Ardenas con sus cazadores, el diablo de la fiebre le abandonaría y podría dormir hasta que el sol dibujara las ramas de los árboles en negras siluetas sobre la tienda de campaña que le cobijaría. Pero antes debía reunir la asamblea de los señores y trazar los planes del año siguiente. (Pág. 309)

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Alcuino le había enseñado a razonar sobre aquellos temas. <<La memoria -apuntaba el britano- es la facultad de la mente que recuerda el pasado. La inteligencia es la facultad que permite entender el presente. La previsión es la facultad de percibir lo que ha de suceder>>.

Ante tan sabias palabras, Carlos se dijo humildemente que, para empezar tenía buena memoria. Poco a poco, y mediante un trabajo constante, tal vez llegara a conseguir cierta inteligencia.

A falta de tiempo libre durante el día, aprovechaba sus horas nocturnas de insomnio; entonces encendía el candelabro, sacaba la tabla de escribir y la pluma que guardaba bajo la almohada y se esforzaba por adquirir la habilidad necesaria para garabatear letras con sus torpes dedos. A aquellas horas de la noche, podía practicar sin que nadie le molestara.

Entretanto absorbía las enseñanzas de oído, pues le resultaba difícil entresacarlas de las páginas escritas, con sus letras embrolladas y sus ocultos significados. Si las letras resultaran claras a la vista y los significados a la mente, todo sería bastante más sencillo.

Mientras escuchaba los asombrosos relatos del erudito de Montecassino y del maestro de York, Carlos se sintió orgulloso y exultante recordando que su antepasado Arnulfo, aunque apodado el <<lobo-águila>>, había sido un valiente y osado obispo de la ciudad de Metz. Sin duda, aquel antepasado suyo había logrado cosas más asombrosas que volver a encontrar el anillo en el vientre del pez. Era posible que incluso hubiera logrado algún modesto milagro. (Pág. 124)

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Había una muchacha de 13 años y cabellos oscuros de nombre Hildegarda que había llegado temprano a la feria de la cosecha de aquel año con su noble familia suaba. Carlos se fijó en ella entre la multitud que rodeaba  a los músicos que celebraban su presencia, se desvió de su camino para saludarla y encontró su voz  tímida y agradable. Su mano, cuando la tomó entre sus recios dedos, era firme y cálida. Los ojos de la muchacha le siguieron al alejarse. (Pág. 51)

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Tras el fracaso de sus destacamentos de asalto, Carlos demostró una pobre capacidad como líder. Pidió una tregua y envió emisarios a los lombardos, ofreciendo catorce mil piezas de plata si les proporcionaban rehenes y hacían promesa de paz. Tregua y condiciones fueron rechazadas. (Pág. 62)

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Por conspirar contra el rey o quebrantar la fidelidad a él y a su pueblo cristiano, la pena era de muerte. (Pág. 143)

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Esta es la paradoja de Carlos, de Carlomagno. Por una parte, un hombre tosco a medio enseñar, que tomaba mujeres desconocidas cuando sentía deseos de ellas, que se saciaba de su carne cuando se ponía el sol tras un día de ayuno, que engañaba a sus amigos y encontraba el modo de someter a quien se le oponía. Aquél era el Carlos cazador de jabalíes, el arnulfingo. Carlos Martel no tenía su fuerza; Pipino el Breve carecía de su astucia.

Sin embargo, aquel mismo hombre honraba a su padre y a su madre, jamás blasfemaba, repartía sus posesiones, era el campeón  de <<los pobres del Señor>> y se sentía personalmente responsable de todos los seres humanos bajo su gobierno. Éste fue el Carlomagno que entraría en la leyenda.

Este dualismo procedía, al parecer, de una circunstancia muy sencilla. El poco instruido monarca franco creía a pies juntillas  en cada palabra de las Santas Escrituras. Cuando leyó las primeras palabras de la epístola a los efesios escrita por <<Pablo, apóstol de Jesucristo por la voluntad de Dios>>, se convenció de que aquella misma voluntad divina le había hecho rey. (Pág. 220)

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Señaladas hay muchas más citas pero yo creo que el lector, con éstas que dejo aquí, ya tiene bastantes referentes como para decidirse a encarar esta lectura.

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5 Comentarios Agrega el tuyo

  1. El historiador y biógrafo estadounidense Harold Lamb (1892-1962) apasionado por el mundo antiguo, recrea con rigor histórico el retrato de grandes figuras del pasado como Ciro el Grande, Solimán el Magnífico o Gengis Khan, atendiendo tanto al análisis de la época y del personaje como a la vida humana del hombre que había detrás, o, incluso, a la leyenda que crearon. La marcha de los bárbaros, HIstoria de las cruzadas y Omar Khayyan son otros de sus destacados ensayos que han logrado interesar por igual a estudiosos y lectores no especializados.

    (carátula del libro de Carlomagno)

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  2. jose ignacio dice:

    Lo del el olor a miel, desde mi punto de vista,puede
    que tenga también un lectura esóterica, a San Bernardo
    (Padre espiritual del Temple), tambien le llamaban el
    Santo «Melifluo» y Napoleón tambien llevaba en sus
    estandartes la figura de las abejas.

    La oganización social de las abejas en el mundo animal
    es lo que más se parece a la Sinarquia en el mundo
    humano.
    Tanto Carlomagno, El Temple y el propio Napoleón,
    no olvidemos que este último era «carbonaro», pre-
    tendieron una Europa Sinarquica.
    La Sinarquia, consistia en la formación del gobierno
    de los «Buenos», con tres escalas de poder: Temporal,
    Moral y por último el poder Espiritual.
    Si «rascas» un poquito por ahí, te daras cuenta de lo
    que digo, desde los gnosticos, cataros etc, hasta per-
    sonajes com Jaime I El conquistador, por cierto educa-
    do por El temple.
    Observa tambien como tienen distribuida su red social
    las abejas.
    Ojo, no confundir, con ciertos movimientos que se lla-
    man sinarquicos que lo que tienen es bastante «tufo»
    fascista.

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    1. Me gusta lo que aportas, compañero :))

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      1. jose ignacio dice:

        Cuando tengas, tiempo entra en el
        tema de la Sinarquia, pero empieza
        por los Esenios y Juan el Bautista,
        que era el verdaderamente «iniciado»

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  3. Hasta que no acabe con la filosofía (todos los filósofos) no pienso entrar en ninguna parte más. Pero acabaré, no lo dudes :)

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Es uno filósofo guardando silencio

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