Conversación en el Irurok de Ziortza: del Camino, la peregrinación, la conciencia y la Muerte iniciática


Continúo con aquel café que discurre con los catalanes, hemos dejado aparcado el simbolismo de su tatuaje… Yo explico como en el 2004 me veo andando, sin contarlo, el Camino Francés por vez primera. Trabajaba entonces como monitora de apoyo en el nivel deportivo de una asociación de discapacitados intelectuales; me ofrecieron la experiencia de esa semana hasta Santiago y acepté, la experiencia más gratificante de mi vida, hasta aquel entonces sí; quizá porque fue un destajo y tuve que exigirme el máximo; ensanchó mis horizontes. Les hablo de lo distinta que era yo entonces, viajando con un baúl, no entendiendo la filosofía peregrina, sintiendo que nunca sería capaz de embarcarme sola en esa aventura pero cinco años después me había preparado para ello. Les digo también que una peregrinación es algo que haces una primera vez en tu vida, y que cuando la has finalizado ya has cumplido con ese rigor, luego comprendes el sentido del Camino y si te vuelves a echar a él, por lo menos en mi caso, lo haces con otros parámetros más cabales: el conocimiento profundo de los lugares que transitas, no esa irracionalidad de dejarte arrastrar por la marea, y la mesura de ti y tu integración íntima a través de ello. Transcurren minutos donde me escucho apasionada, mencionando a Astorga, el por qué yo he situado a la Rueda de la Fortuna en ello, donde sigo dejando caer, o saltando por, diversos enclaves vitales del Camiño y del francés. Percibo eso, apasionamiento en mi relato pero sobre todo me escucho decir que en Astorga me quedé detenida, en la experiencia del camino interior, y que, por eso, más adelante… Reconozco entonces que la idea de partir hacia allí, deteniendo este tránsito por el Norte, en algún momento, había arraigado en mi psique desde el principio. Digo en esa mesa, que me ha gustado lo trabajado hasta ese punto pero que considero que todavía lo puedo mejorar. Adelanto que fue así, que logré andar exhaustivamente sobre la experiencia.

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El Camino del Norte, digo a continuación, es una experiencia siempre humana, por la persona, más que por las gentes; Natural, por todos los paisajes, las sensaciones que tienes con los ríos, con el Mar, los pasos continuos por montes, el rompepiernas demoledor, lo abrupto… el catalán añade la lluvia y confirma la dureza. ¿Y el Camino Francés, qué es? Algo preprogramado, donde la imprevisibilidad es menor porque la infraestructura, y eso es maravilloso, que no se me entienda mal, está muy elaborada -sólo que más adelante, semana por delante, tendré que contradecirme: el francés puede no ser esto que yo concluía, depende del talante de uno. Pero hemos acabado derivando en la terapia, que era lo que a ellos les interesaba, en este camino compartían una pena. Preguntan por el tanto por ciento de éxito; soy sincera, digo que muy bajo. ¿Por qué? El mío ha sido del cien por cien. Pero yo lo he puesto todo en el asador, todo de mi parte. Aposté por mí y soy mi amiga y conté con el valor inestimable de un Amigo del alma. La mayoría de la gente no es amiga de nadie porque no es amiga ni de si misma. Es bajo porque la labor de la terapia es tuya, al fin y al cabo, y tú, quizá, en el fondo, no quieras superarlo, apegado como estás a tus pensamientos circulares y a lo negativo de ti. Quizá pienses o sientas que no te mereces la felicidad y eso siempre será algo, o es probable que lo sea, inconsciente. ¿Por qué? Darte a conocer cuáles son tus enunciados vitales ocultos, aquellos que te impiden superarte es el apoyo que alguien como yo te puede ofrecer. Otra cosa es que te vaya a gustar lo que encuentres o que te vaya a ser fácil aceptarlo. A veces se necesitan meses o años pero yo en eso estoy con un sabio argumento que deja resbalar Irving Yalom en su obra ‘El día que Nietzsche lloró’. Quizá hoy no pero quién sabe si el día de mañana este conocimiento que se adquiere, aunque hoy se desdeñe, pueda ser el peldaño, que se ascienda en el futuro, hacia la curación. El viaje de la consciencia a través de la conciencia no es ningún caso reglamentando. Algún día las sensaciones que se generaron en esto que tu oído oyó y por eso tu cerebro conoció, tu yo profundo, aunque tu ego desdeñase; o que tus ojos miraron y no vieron, termina por emerger de la espiral del continuo sensorial trasmutado en certeza. ¿Qué es morir? -dices. Yo no conozco la muerte mortal, la de mi ser físico, sólo la muerte iniciática. ¿Existe un juicio final o algo semejante? No lo dudes. ¿Y tú ahora lo temes, María? ¿Tener que enfrentarte a ello de nuevo? En absoluto. Puede que en esta mesa sobre la que escribo el polvo se acumule pero mi conciencia procuro mantenerla, y en eso si soy escrupulosa, como los chorros del oro pero es que yo le he visto, y esto en verdad, las orejas al lobo.

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(Continúa en los comentarios… lo siguiente que sucede)

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10 Comentarios Agrega el tuyo

  1. Prosigo aquí:

    Uno de ellos me pide que especifique. Insisto en que yo en lo que nunca me puedo embarcar es en problemas de química cerebral, pongamos por caso esquizofrenias (aunque sí he trabajado con una… sólo que no me he dejado la piel en ello porque el Sistema no ayudó; el Sistema nunca ayuda, no verdaderamente; aunque no voy a entrar en detalles) Es decir, tú visitas a un psicólogo, o te haces tratar por él a través de Internet. Existen algunos, por lo menos que yo conozca, que trabajan así. Puede ser esto de dos formas: por medio de e-mails por los que se estipula una cantidad. Digamos cinco correos y cinco respuestas, eso supone que tú ingreses en su cuenta un importe económico que puede variar entre los cincuenta y sesenta euros, y quizá más. O bien una hora a través de mensajería instantánea, tipo messenger. Eso es algo más caro. Luego, tú le cuentas y él en unos días o semanas te va a explicar que necesitas una medicación que te ayude con tus emociones; como él no es psiquiatra y por tanto no puede recetar, recurres al protocolo de pedir cita en tu centro de salud mental, o si te lo tomas en serio derivas en un facultado de este tipo. Y en un instante te ves tomando pastillas: el psiquiatra te va a asegurar que eso es lo que debes hacer. Esto en España no se considera drogadicción y sin embargo lo es. Porque te anula, porque consumes aniquiladores del dolor emocional, y el dolor emocional eres tú, tu yo profundo, y es la herramienta más útil con la que contamos para nuestra regeneración, porque siempre nos está informando sobre el problema. Así que tú en breve dejas de llorar por todas las esquinas pero tu mente crea maia… ya te estás engañando otra vez. Y he seguido el proceso muy de cerca, hasta que el proceso me ha dolido personalmente como ser humano. Y lo he seguido a lo largo de años, conozco esa historia como si fuera la mía propia, que es el otro camino o el Camino. Y el psiquiatra te ha reconducido a donde tú no molestas a tu sociedad. Eso no te hace más feliz ni te hace sentir más realizada pero no nos extendamos en este aspecto, que se puede profundizar en el asunto y mucho. Te pongo por delante que yo no estoy titulada; lo que quiere decir que jamás me he dejado corchar. Aunque mediatizada, si he de ser sincera, si que lo he estado. Y en este diálogo yo lo percibo. ¿Por qué? Por antiguas enseñanzas que acepté como ciertas, en momentos de mi pasado, que no eran las ortodoxas, y en las que no me cuestionaba nada.

    Un día él, y de él he aprendido gran parte de lo que sé (me quedé con lo válido suyo) me dijo y por qué no te sacas el título: eres mucho mejor psicoterapeuta que nadie que yo conozca; y él era Alguien en el mundo de la psicoterapia. ¡No! No creo en ello, ni creo en que uno pueda tratar un problema recibiendo a personas que son su fuente de ingresos continuada detrás de una mesa. Ahora bien, ¿yo tengo que manipular tu conciencia? Sí. ¿Me gusta tener que hacerlo? Tranquilo, seas quien seas, me negaré a hacerlo por mucho tiempo, sólo el inevitable y a veces considero que lo inevitable es una conversación que dura lo que dura, y donde yo me hago una idea de que tú no llegas y de que ahí te quedas. Es que, en principio, no estoy nada interesada en lo que no tiene remedio, que eres tú y tu incapacidad de aceptación de la realidad alienante que has construido. Los niños, por el contrario, los jóvenes adolescentes pienso, por el contrario, que merecen cualquier oportunidad. No porque sean maleables sino porque algunos si quisieran descubrir a tiempo como ponerse a salvo y reconducir sus vidas por un sendero que sea el suyo y no ese que les están vendiendo, que están pagando el precio por el fracaso de los suyos, y encima son los incomprendidos por el mundo adulto, que los deja de lado como si no tuvieran remedio. La expresión más oída hoy en día. Sin embargo, cuando analizas el problema sabes de sobra a quién señalar con el dedo.

  2. Después de especificarles algo de esto he que comentado aquí… yo añado:

    María: Sobre todo Liberación. Estamos hablando de experiencia y del magisterio de la experiencia. Por ejemplo, tú me dices: Tengo este problema, llevo cinco años estancado en este problema. Realmente me apetece salir de ello; nos conocemos, siempre circunstancialmente. Yo no voy buscando a nadie. Siempre tiene que ser algo como el Camino.

    Pep: Que te encuentres.

    María: Yo puedo ayudarte a caminar emocionalmente, espiritualmente. Lo que no puedo dar son los pasos por ti y en la terapia es lo mismo.

    Amigo: Tenías que estar en Barcelona, no tan lejos.

    (no lo han comprendido bien, yo sólo pienso operar a través de Camino, lo demás es una perdida de tiempo, gente que sólo sabe hacértelo perder, como esa amiga)

    Amigo: ¿Cuando te implicas te cuesta mucho separarte?

    María: Te cuesta el doble vencer la inercia del otro. En realidad, comprendes que nunca tuvo intención. Si la otra persona era cobarde hace veinte años… Aquí hay una cosa muy clara, no se cambia.

    (diferente fue en mi caso; en realidad nunca he sido cobarde, sólo que tenía la equivocada idea de que para atreverse en lo físico había que contar con un compañero; y esto no es así, donde es vital el compañero es en lo psico-espiritual)

    María: Nadie cambia y las cosas no cambian. Se salvan las circunstancias, como decía Ortega y Gasset: ‘Yo soy yo y mi circunstancia y si no la salvo a ella no me salvo yo’. Entonces, lo que somos nosotros, tú, tú, siempre vas a ser tú, y eso no lo cambia nadie.

    Pep: Hasta ahí hemos llegao…

    María: Pero, pero se puede mejorar o empeorar.

    Pep: Bueno, con la edad maduras.

    (Voces que se entremezclan con falta de entendimiento, ya antes había sucedido; Pep discrepa de María; María le ha advertido antes que no la está comprendiendo… aquello era del Camino, ahora es esto que no deja de ser el mismo camino pero ha utilizado la expresión: ‘déjate de chorradas’, mal hecho en ella; el vino de la cena, imagino. Y le pregunta al amigo que edad tiene, que tiene 32 años y ella habla de la crisis de los ”cuarenta”… Los considera jóvenes, poco experimentados o hechos; menciona el podado emocional de la adolescencia, ellos no han oído hablar de eso y consideran que no es cierto; ¿cómo vas a comprender lo bastante de las fases de la existencia si todavía no has dado la vuelta a su ruedo? Pero yo percibo en esa María, aunque sigue siendo la misma que ésta que escucha, una falta de paciencia para con ellos. Pep rebate, dice que detesta sentirse encajonado, que detesta los clichés, que se lo pregunten a Biedma: ‘envejecer, morir -cuando comprende- esas eran las dimensiones de la obra’, y de ahí la falta de paciencia, a María, ahora que conoce su trascendencia, no le gusta perder el tiempo. No cierres, no cierres -le dice pero el lenguaje no verbal, puro escéptico, comienza a ofenderla. Pep no cree en la mielina, no cree que exista un podado neuronal en la adolescencia, no entiende el concepto crisis como lo representan los chinos, que es como lo comprende María, que dibujan 2 ideogramas para expresar eso: oportunidad y peligro. El peligro del momento se encuentra en la posibilidad de sucumbir a ello; la oportunidad en lograr salvar la circunstancia. Y eso es constante -dice- en ciertas etapas de la vida, ¿Una etapa? El climaterio; luego lo que tú dices -añade- madurar. Pep insiste en que no sabe por qué se etiqueta a las cosas. Será porque las cosas son ley de vida. Faltan aún cuatro minutos y veinte segundos para que María abandone, bastante airada, esa mesa)

  3. El amigo no califica como crisis a un divorcio (hay un hijo resultante de cuatro años), porque dice que su peor momento no fue aquel, y aunque María lo sitúa en el contexto que ella les viene señalando (pubertad, rondando los 13; madurez los 29; climaterio, acercándose a los cuarenta por arriba o por debajo). Eso era la negación. Porque él aquello lo rotula de alivio, olvidando el proceso que lo lleva a tomar tal resolución. Entonces deberíamos hablar de un matrimonio traumático y no de un divorcio traumático pero… María, lo que advierte es que con ellos se pierde la perspectiva; bueno y con uno mismo si no se recapitula.

    Entonces María que soy yo misma, comienza a hablar de la Luna.

    Digo que una cosa son las fases de la Luna, creciente, llena, menguante, nueva; y esas están estipuladas por considerarlo de algún modo, allí lo llamo genérico; otra cosa es el clima, las condiciones climáticas, que es lo que es impredecible. Puedo ver hoy una luna llena preciosa y yo mañana decidir salir a caminar a las cuatro de la mañana previendo que alumbrará lo bastante para ver; pero qué pasa, que salí, está nublado y no hay visibilidad ninguna.

    Trato de hacerle entender que todos compartimos unas fases como humanos: las dimensiones de la obra pero que el libreto, las condiciones particulares, son hasta cierto punto, impredecibles. Sólo que a mí, si veo un tatuaje de esas características, como las que el amigo muestra en el brazo, ya me está indicando que ahí hay una predisposición hacia algo…

    Yo por qué no me tatúo; porque valoro que será doloroso y que incluso podría infectárseme y no someto a mi sistema nervioso a un sufrimiento innecesario. Así que si este joven está enganchado en una situación donde sufre emocionalmente es porque va en busca de ello; y ahí es donde habría que descubrir cuales son los enunciados interiores que lo conminan a pasar por eso proceso y a no trascenderlo.

    Pero que el fondo de la obra es el mismo: el parlamento de la infelicidad personal.

  4. Contaré una cosa que no dije en ningún momento en esa mesa.

    Pensaba hacerme un tatuaje de labios. El labio superior nunca ha acabado de convencerme. A lo largo de los años he visto labios tatuados permanentemente preciosos, que ganan horrores aplicándoles esa técnica.

    Hace tres años pedí cita para hacérmelo.
    Me explicaron por todo lo que iba a pasar, no poder comer en no sé cuantos días, beber por paja, que si la higiene, etc.

    Me daba todo igual, yo quería ese tatuaje. E incluso me hablaron del herpes; se me advirtió que si me lo hacía y tenía propensión a ello podían extendérmelo por toda la zona.

    Que no, que no, que yo no había tenido herpes en mi vida. Y ese tatuaje iba a ser el primero y luego el que quería en el cuerpo. Pensaba tatuarme los ideogramas de la crisis en chino y mis mariposas tal vez.

    La víspera de la cita me salió una herida muy extraña en ese labio, a la mitad del lazo izquierdo, como un bultito y pensé en el dichoso herpes, que yo no sabía ni lo que era porque en mí nunca había visto ninguno. A la mañana llamé y anulé la cita y el hérpes siguió evolucionando.

    Luego, por qué tengo que creer en la magia. Porque de las cosas negativas siempre me libra la Naturaleza misma. Era una señal y lo supe interpretar y eso me dio que pensar y analicé la necesidad de los tatuajes y jamás será verdad que me haga uno.

    Sin embargo, lo del ”pearcing” en la oreja estoy contenta, aunque sufrí bastante pero cómo yo iba a tener mi azabache ahí que es dónde sé que debe estar.

    Que si no lo explico no se va a entender. Pero dejémoslo en que los radiotelescopios utilizan algún tipo de minerales para captar ciertas frecuencias, y a mí mi azabache me gusta que esté ahí. ¿Me lo volvería a hacer? ¿conociendo el resultado de todo lo que me dolió? Probablemente sí. Porque la piedra la quiero conmigo, integrada en mí.

    Pero también porque eso no es nada definitivo. Convivo con lunares, no sé si querría convivir veinte años con la misma tinta.

  5. El lenguaje no verbal del Pep sigue evolucionando… No es lo que dice con la voz. Son las impresiones que me está comunicando a través de sus facciones lo que va generando en mí un mayor nivel de agresividad verbal.

    Algunos psicólogos han estudiado esto en profundidad. Muchas problemáticas de pareja tienen relación con este tema; lo que uno emite de si mismo, aunque sus palabras no lo ratifiquen o ese diga: si no era para ponerse así. Algunos podemos controlar en cierto sentido lo que hablamos pero no somos conscientes de lo que desde nosotros no podemos evitar decir y que es el reflejo de nuestra mente y emociones.

    María: Si no eres introspectivo… Si te vas a ver la televisión y te anestesias así, o te vas de viaje y a divertirte… si no eres introspectivo…

    Pep: Hay cosas que a lo mejor me afectan y a lo mejor a ti no.

    María: Claro, claro

    Pep: Es que yo no creo que vaya a tener una crisis a los cuarenta ni se pueda predecir así.

    María: Pero no es cuarenta ni treinta y nueve, que es un momento que llega en la vida y en el que no puedes evitar mirar hacia atrás y plantearte lo que has hecho con el tiempo, lo que te queda por delante, y aquello en lo que ya no puedes volver atrás para reparar…

    (Pep habla y habla pero no se le comprende bien pero es una negativa y María dice repetidas veces Pep, Pep, Pep…)

    María: Pep, si lo hubiera pasado podrías opinar y no es una frase hecha. Yo dije lo mismo que tú hace diez años. Y luego terminé por entenderlo.

    (Y María añade, porque Pep sigue … no sé entiende bien en qué sigue…)

    María: Quien olvida el pasado se verá obligado a repetirlo.

  6. María: Entonces si no eres introspectivo, que hay gente que no lo es, y vives…

    Pep: No es que no sea introspectivo, es que…

    María: Yo hace 24 años trato con un amigo, que es un tío de putísima madre, es sano, hace deporte pero es alexitímico; o sea que el rollo de las emociones como que no va con él; entonces, picos no hace, no los puede hacer, sin embargo es que no hay ninguna introspección en él, mira hacia adelante y no mira hacia atrás, y luego como una cantinela te dice: es que siempre me pasa lo mismo con los amigos, esto y esto, y se queja; no se da cuenta de la desconexión que el tiene con los aspectos emocionales de ellos. Pero una persona es como es, no puede cambiar, eso tan básico no. Entonces si contigo no va la introspección nunca vas a lograr una perspectiva de lo que fue y de lo que se avecina.

    Pep: Me he perdido un poco ahí.

    María: Pero a ver, quien tenga oídos para oír que oiga.

    (ya aquí citando al Maestro judío)

    María: ¿Sabes? Yo que te voy a contar a ti. No nos vamos a entender en la vida

    (que al día siguiente acabaremos entendiéndonos perfectamente)

    (María en pie de ataque, el amigo hace rato que se ha callado)

    María: Tu amigo es mucho más joven que tú, puede ser mucho más crítico que tú pero es más probable que aprenda algo de ello

    Pep: Pero y tú quién eres para decir eso. Eso qué tiene que ver…

    María: Bueno, tío… chiquillo, me ha encantado, ¿vale?

    (eso ha sido al amigo y María se ha levantado de la mesa y los ha dejado ahí plantados )

  7. He de añadir aquí que yo tampoco puedo cambiar. Y que después de haberlo escuchado de nuevo, pienso que llevo razón en lo que dije.

    Este amigo alexitímico pasó por su crisis a los 43. Yo no la percibí en absoluto. Como todos los demás que lo conocemos me desconecté emocionalmente de él. Luego me contó lo de su crisis cuando yo hice la mía y tuve que reconocer que sabía mucho de ese aspecto del Camino de la Vida. Me ayudó la perspectiva que me hizo ganar.

    Fue él quien me adelantó que en las proximidades de los cincuenta sucede otro de esos baches. Eso no puedo confirmarlo hasta que en carne propia no lo experimente. Yo desde luego, pienso que no podré perder la perspectiva de lo que implica un movimiento interior como de placas continentales, como el que viví, y espero, que en los próximos que puedan darse, la experiencia me ayude a vivirlos con menos zozobra. Sabiendo que si se respira con tranquilidad y se espera, a estar fuerte para moverse, los temblores y el pánico a la muerte se superan.

  8. La salida de Guipuzcoa y la entrada en Vizcaya o de Deba a Zenarruza

Es uno filósofo guardando silencio

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