El camino a Markina-Xemein


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Hay que avanzar hasta que se toma una pista ancha de grava y que proviene -dicen- del Alto Urkaregi. Dan así nuestros huesos con el caserío Amulategi, los míos cansados, topo, antes o después, con un desvencijado banco, de madera raída, que sirve a mi propósito y comienzo a sentirme fastidiada con las aleatorias nociones de las guías; sí, porque yo hubiera preferido que nada hubiera despertado en mí una expectativa que iba a fragmentarse.

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Cuando no lo esperas, otra ascensión abrupta, esto tras descubrir que te quedan apenas sorbos de agua y que tendrás que racionarla porque dudas, evidentemente, a estas alturas, de cualquier información que te hayan suministrado. ¿No era todo sencillo y en bajada? ¿un agradable paseo? Y esto no te sucede cuando nadie te ha vendido motos, aceptas lo que existe. Además un perro blanco armiño, de no poca envergadura, ha empujado la verja de ese otro caserío, la ha abierto y se dirige hacia ti, que en esas horas no sabes ni qué pensar ni como reaccionar, después de los últimos choques étnicos con el fenómeno animal. Pero no, éste es más bien sociable, mueve la cola y diríase que hasta sonríe; aunque yo, por si acaso, no me animo a dirigirle la palabra, me hago la loca, no vaya a ser que despierte una rabia que minutos antes hubiera sido inconcebible hasta para él. Tuve la sensación de que era un guardián con psicología.

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Ante la primera visión de Markina-Xemein, en lontananza en el fondo del valle, una se esperanza, no comprende todavía que lo peor está por acontecer, en cuestión de terrenos y territorios por lo menos, o al menos para unos tobillos destrozados. Y que contento de bastones. Si Deba apabullaba, tal vez porque era cemento y la suela patinaba por él, Markina me descorazona, he agotado el agua y voy muerta de sed. Trabajan los brazos soportando el esfuerzo del cuerpo, escarpado el descenso como pocos que se recuerden pero trastabillando , el asfalto más agudo dolor que la pista, se les está viniendo abajo, cuarenta y cinco minutos después alcanzo los lindos arrabales de la población. Kilómetro 22.

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*Estimado visitante o lector, esta entrada forma parte de un conjunto más amplio y de una experiencia terapéutica. Si has dado conmigo remitido por alguna amistad o bien porque la casualidad te guió hasta mí, te recomiendo que lo visites por si pudiera ser de tu interés. El enlace al que yo personalmente te remito es el siguiente EVOLUCIÓN, donde te dirijo unas palabras.

** Si te encuentras dentro de La lectora y la Magia, hallarás este Camino íntegro en la pestaña que aquí figura como Vía Evolución. En otros apartados de esta bitácora existen experiencias anteriores relacionadas con el Camino a Santiago o milenaria peregrinación por la ruta de las estrellas. Además de otros apartados en las diversas pestañas cada uno con sus particularidades, donde el contenido global de la misma ha sido o esta siendo listado.

*** Puedes igualmente plantear cualquier pregunta o duda en los comentarios, sea esto porque hayas llegado aquí en busca de algo, y no hayas sido capaz de dar con ello, o sea porque la inquietud te ha surgido aquí mismo. A veces me encuentro en el Camino y no en el albergue virtual, de todas formas regreso. Gracias por tu atención .*)

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