De Orio a Zarautz y pasando por Guetaria a Askizu donde se pernocta o cuarta etapa literaria del Camino del Norte por la Costa


Antes de las seis estaba despierta. Me deslicé silenciosa del saco, me puse los pantalones, me calcé los zuecos, cogí la prenda de abrigo y me encaminé al cenador en busca de un primer café. Rosa y yo nos habíamos despedido la noche anterior, fue muy emotivo. Una de las cosas que me dijo tenía relación con mi sonrisa. Llego con una sonrisa a los lugares aunque no sea consciente de ello y eso me abre espacios en los otros. Pronto Isidoro entró por la puerta. Me dispuse a dejarle desayunar tranquilo, aprovechando para volver al albergue, asearme y preparar mi mochila. Cuando regresé él ya no estaba. Eran poco más de las seis y media, registré temperatura agradable, claridad y nubes. Paloma y sus amigas, las hermanas, tenían previsto coger un tren a Zarautz y salir caminando desde ahí.

.

.

Descendí por la callecita empinada, hasta reunirme con María Maestrari, de nombre, un asombro ahora, María Camino, el mismo que yo elegí, en los caños de su fuente, en la plazuela Pilliku. Me detuve a su lado y seguí la dirección de su mirada, ésta se clavaba en un balcón, quizá aquello hubiera sido su casa, sentí una emoción extraña. Permanecí en quietud o en comunión unos instantes, aún con ella. Este busto es obra del escultor Paulino Haro. Eché a andar colocándome los auriculares para escuchar las grabaciones, no por la etapa en sí sino porque había personajes en los próximos kilómetros, nacidos en estas localidades por las que transcurrimos, cuyas biografías me había preparado para conocer, pasé por delante de San Nicolás de Bari pero entonces, al fondo, ocurrió un pequeño sobresalto. Un muchacho con una piruleta en la boca, sacándosela, me detuvo.

.

El invierno de Vivaldi, Arcimboldo

y el Jardín de Neruda de camino a Zarautz

.

.

– ¿A dónde vas tan temprano? -me dijo Jon, se llamaba así. Se me echó encima. ¡Qué bien hueles! – exclamó aspirando mi aroma de la mañana. No pude evitar recordar por ese gesto aquello que le preocupó a Luis de mi cita con Rachel. <<Si tiene obsesión con los olores, cuidado. Los psicópatas a menudo presentan este tipo de características>>. El pensamiento fue intuitivo. Era otra clase de enfermo mental, un esquizofrénico -fue casi lo siguiente que me dijo. Soy peregrina y hago el Camino. No me irás a hacer daño, ¿verdad? No -me aseguró sonriendo-. No tengo tiempo. Entro a trabajar ahora. Estoy sin dormir, he estado, por ahí, toda la noche. Tenía problemas con la merca y con su madre, vivía con el padre, el padre insistía en lo mismo que yo en ese momento, que la merca no era buena para la enfermedad. Perdí algunos minutos en un diálogo, sé que absurdo y me mostró su tatuaje. Quiso que anotara su teléfono y lo hice. Puse como excusa para no darle mi número que mi móvil no era mío, que tampoco era una mentira y le hice un regalo inmaterial.
.
.
.
Al final respiré aliviada cuando me vi sobre el puente de la N-634 que cruza la ría del Oria.
.
.
.
El sol naciente, la flota pesquera del otro lado. Seguí transitando en la dirección que me señalaban las flechas y sumergiéndome entre la belleza de lo que me rodeaba y mi propia voz, un cuadro de Arcimboldo, el invierno de Vivaldi y el jardín de invierno de Neruda: <<… La Tierra vive ahora tranquilizando su interrogatorio. / Extendida la piel de su silencio. / Yo vuelvo a ser ahora el taciturno que llegó de lejos/ envuelto en lluvia fría y en campanas…//>>
.
.

.

Alimentadas las raíces de mis sentidos por mí misma para enriquecer aún más la experiencia; incluso el del humor. Fue una partida sublime. Así pasé por debajo de la A-8 y comencé un ascenso con numerosas detenciones para volver la vista atrás.
.
.
.
Ese tramo entre la vegetación como un sueño gozoso y llegaron las explicaciones de Paco sobre la localidad a la que me dirigía. De ahí luego mi obcecación, horas más tarde, con la iglesia que guardaba una tumba del Peregrino.
.
.
.
.
.
La ermita de San Martín de Ibaieta, a tan sólo 300 metros, pequeña, encalada, de entramado de madera, desviándose a mano izquierda y en ascenso, desestimados y al alcance de la vista Guetaria, la patria chica de Juan Sebastián Elcano. Esta ermita del siglo XVI ha sufrido diversas modificaciones a lo largo de su historia, en la primera guerra carlista sirvió de cuartel, lo que le ocasionó deterioros. Y al parecer en 1643, la señora de la casa solariega Ibayeta, considerada patrona de la misma y encargada de nombrar a la serora pertinente, incumplió el apóstrofe de las doce misas que debía sufragar y fue demandada por el párroco de Zarautz, que entabló pleito contra ella. En el interior una talla del santo vestido de obispo, en su fiesta se bendicen ajos, maíz, y demás simientes.
.
.
.
.
Vamos por el asfalto y Zarautz en la siguiente curva se nos muestra en toda su extensión.
.
.

.

Pienso en este punto que Zarautz no será significativo para mí y que me voy a limitar a cruzarlo pero aún tardo unos veinte minutos en alcanzar su extremo oriental, el biotopo protegido de Iñurritza, humedal encajonado entre el campo de golf y el monte Talaimendi, monte de la atalaya, el camping de Zarautz, abierto todo el año y en esta misma falda, que atravesamos.
.
.

.

Lo dicho, los indicadores no motivan gran cosa, aunque reconozco el primer nombre. Zarautz es eminentemente turística, y la analogía con la villa de Luanco parece certera. En verano recibe el impulso de más de doce mil integrantes, pasando la población de la cifra de 22.000 a la próxima de 35.000 habitantes. Fue fundada en 1237 por Fernando III, el Santo, rey de Castilla y León.

.

.

Pienso en irme pero también en tomar un café y quizá algo más sólido. Veo una cafetería en esa misma esquina, al lado de la gasolinera. El operario se muestra simpático cuando decido que el surtidor es lo que le hace falta al paisaje para retratar mis emociones. Entro en el local, son las nueve y media, me pido un café y un pintxo de tortilla. No tengo hambre y sí necesidad de echar un sobre al correo para aligerar peso, ocupo una mesa en una esquina, le pregunto al joven que lee el periódico en la de al lado por las localidades próximas, me explica que Zumaia es más grande que Deba y que quizá encuentre en ella más posibilidades de quedarme contenta, le pregunto a la camarera por la dirección de un estanco, me explica que lo tengo a menos de cincuentra metros por la otra calle, me permite dejar la mochila aparcada junto a la tortilla.

.

.

Salgo, una plaza me llama la atención, Portalier, hay una escultura en ella de Jesús Rodríguez Jauregi, ‘Sin título’, en hierro, 1994. Un hombre que en ese minuto aparca el coche me hace los honores.

.

.

Una ermita, la de San Pelayo, realizada por Belaunzaran en piedra de arenisca, en 1844, la portada es lo más especial, neoclásica; la anterior del S.XVI fue demolida a mediados del XIX; en su interior, las obras más antiguas de Hilarión Zabalza, el santo y un Ángel de la Guarda (XVii); más al fondo de esa calle una megaescultura y entro al estanco que está situado justo en frente.

.

Al frente del estanco Mariló, una señora estupenda.

.

.

Le pregunto si puedo remitirme el sobre con la dirección de su estanco por si se perdiera, en previsión de que no suceda lo del año pasado con el paquete con las sandalias de Burgos, el que envié desde Astorga, acepta encantada y cuando saco a relucir mi moleskine viajero, le he explicado que soy caminante, me habla maravillas de un diario peregrino de un pintor local, y me deja, durante unos minutos, al cargo de su negocio, para correr a su casa a buscarlo.

.

Los apuntes de un pintor peregrino: Juan Luis Mendizabal

.

Me planto en la puerta y no permito que los tres clientes que asoman pasen de ahí, son cuatro minutos sólo.

.

Dedicatoria de Oteiza en los apuntes de un peregrino

.

Mariló tiene que irse a las diez, falta nada para eso, llega una empleada a cubrir su puesto, es la hora de su gimnasia, me ofrece tomar un café después, a las doce y que dejé mi mochila a resguardo en su estanco. Estamos viendo juntas la obra de Juan Luis Mendizabal, Mendi, que yo fotografío -maravillada- página por página, pensando en que desde mis limitadas posibilidades la daré a conocer; es todo muy rápido y las imágenes de sus letras, muchas, no tienen nitidez. Me siento desbordada en ese momento, por la increíble acogida que estoy experimentando en este Camino del Norte que he emprendido. Imposible no hacerle a Mariló otro de mis regalos inmateriales. La empleada, tan encantadora como ella misma, aunque insisto, no me quiere cobrar los más de dos euros que son el importe de mi primera carta. Ha sido un detalle de Mariló, que antes de dejarme me orienta sobre cómo encontrar a Mendi, que pasea cada mañana por la playa, en una postura reconocible y con su perro, del que me asegura que estará encantado de intercambiar sus impresiones conmigo. Zarautz no ha resultado ser en absoluto las sensaciones que recibí al presenciarlo desde el Talaimendi. Eso demuestra lo equivocado que puede estar uno al emitir juicios sólo por las meras apariencias. Bien es cierto, que a otro viajero, no acostumbrado a la costa y al mar, su imponente arenal de más de dos kilómetros, conocido por <<la reina de las playas>>, el más extenso del País Vasco, y uno de los más largos del Cantábrico, paraíso de los que adoran cabalgar el mar, para muchos, aquí, todos los años, en el mes de septiembre se celebra un campeonato del Mundo de surf, debe resultar ser tierra de jauja pero yo estoy demasiado acostumbrada a arenales más bellos, e incluso en paseos más hermosos. Zarautz despertó la atracción de la aristocracia a raíz de que la reina Isabel II lo elegiera como destino de verano, lo cual fue determinante para su vocacional inclinación turística.

.

.

Cuando regreso a la cafetería observo que todos los cuadros que conforman la decoración son obra de Mendi. Tras la barra el dueño que no me mira con buenos ojos. Pido otro café y ya entonces hay hambre para el pintxo que como el equipaje y los bastones espera por mí sobre la mesa. Ha transcurrido otra hora desde las últimas notas. En el televisor una noticia me hace fijarme en la coincidencia de ese instante, se nombra a una Mariló; la segunda vez que lo escucho tal que así. A mi lado, ahora, tres jovenes vestidos con mono de trabajo, vuelve a llamarme la atención ese símbolo que parece un trébol de cuatro hojas, escribo bajo él, aquí laburu, les pregunto por el significado, no son cordiales como el anterior cliente que ocupaba su mesa, al contrario, de comportamiento bastante memo; uno responde que no tiene ni idea. Pago lo consumido, le doy las gracias a la camarera por las molestias que le haya podido ocasionar, el dueño desagradable, ella quizá su hija, y me encamino de nuevo al estanco, calle de Gipuzkoa número 51, donde me descargo de la mochila en la trastienda.

.

.

Voy de la calle de Gipuzkoa a la transversal Etxebeste, atravieso un pasadizo subterráneo y cuando me quiero dar cuenta estoy frente al Hotel – cafetería – restaurante de Karlos Arguiñano, en Mendilauta número 13, un antiguo palacete, en primera línea de playa, conocido como Villa Aiala. Desde la cocina recibo sonrisas instantáneas de quienes en ese momento me advierten desde la puerta. La esquina se corresponde con el paseo de Itsasertza.

.

.

.

En los tiempos en que todavía era telespectadora solía gustarme ver alguno de sus programas. Me caían bien hasta sus chistes y chascarrillos; con su humor, su amor, sobre todo, y su gorro, lograba ensalzar los platos y que el arte culinario estuviera casi al alcance de cualquiera. En Zarautz, dice que con cariño y lo creo, ha fomentado una escuela popular gastronómica, que aúna la modernidad con la tradición.

.

.

A mano derecha un ancla como las que engalana el museo de la peñona de Salinas. A mano izquierda unas jóvenes charlando mientras su amiga, cabeza de rastas, pasea con el teléfono pegado al oído.

.

.

Mis ojos se posan sobre un termo y un artilugio plateado que junto a un libro reposa a su lado. Nunca he tenido la oportunidad de verlo de cerca pero estoy segura de que es mate, caiguá, esa emblemática hierba guaraní que se mezcla en infusión con agua.

Me siento a su lado, lo pregunto, su respuesta es afirmativa pero desinteresada en mi persona, ¿puedo probarlo? No es nuestro, es de aquella, la peculiar individua de las rastas que sigue su conversación a distancia, ¿habéis visto a un hombre viejo de cabello blanco que pasea con un perro? Negativo, tomo, después de solicitar permiso, el ejemplar de Hermann Hesse, <<Cuentos maravillos>>, abro por cualquier parte. Transcribo:

.

<<Apenas había terminado de recorrer otra calle, cuando se vio rodeado por ruidos y alborotos de feria. En cien barracas vendedores gritones pregonaban las mercaderías, los niños soplaban en plateadas trompetas y los carniceros sacaban ristras enteras de frescas y húmedas salchichas de las enormes calderas hirvientes>>.

.

A la que pertenece el mate, ha llegado. ¿Puedo probarlo? -insisto. Me mira, es carismática y aunque no se muestra entusiasmada comienza el ritual, introduce las hierbas, lo tapa con la mano, lo coloca boca abajo, lo agita, esto se hace para que las partículas más finas no obstruyan la bombilla, que es el elemento por donde vamos a chupar lo que alguna vez me han descrito como desorbitante, le añade agua casi hirviendo del termo, me lo tiende y desde una voz áspera me dice que me limite a aspirar, que no revuelva nada. Es amargo, los taninos, se lo agradezco pero mi concepto de que el mate es una herramienta especial y socializadora se derrumba, no quieren saber nada de mí, y después de esto, tan poco dadas como yo a dejarse fotografiar, me despido y las dejo en paz. Pocos horizontes les encuentro, la verdad. ¿Será cierto el mito de que la juventud es cerrada?

.

.

Echo a andar por la humedecida arena, me detengo con un paseante, le pregunto por el nombre de la playa, dice que no tiene nombre, que es la playa de Zarautz. Mendi en sus cuadros la titula Desertu Txikian (desierto pequeño); esa es la zona en la que me encuentro.

Pero de pronto un caminante de paso ágil, de nervio o raza, nuestras miradas desde la lejanía no se eluden ni van a apartarse. Estoy buscando a un artista -cuando damos el uno con el otro. Yo soy artista -me responde.

.

.

Le he preguntado por Mendi, ha asentido y hemos arrancado a andar juntos mientras vamos a su encuentro pero por dentro yo bendigo mi fortuna, porque este es un individuo de argumentos fascinantes, un espíritu inquieto. Hay un nombre que se menciona desde los primeros compases, Jorge Oteiza, un completo desconocido para mí, se habla de la profunda huella del primer contacto con el Maestro, sólo que eso no queda reflejado sino en la espuma del mar.

.

.

Mi acompañante me guía hasta un bloque de edicios. Llama a un timbre, no ha habido suerte, para mí sí; el pintor ha salido, ha ido a cortarse el pelo, luego descubriremos por motivo de qué.

.

.

Decidimos ir a tomar un café pero lo hacemos de regreso al restaurante de Karlos, dice que es probable que Mendi éste allí.

.

.

Hemos llegado y él ha estado certero. Nos hemos sentado en la mesa de al lado, Mendi nos da la espalda, anciano de blancos cabellos, se halla enfrascado en una tertulia con tres mujeres y se le percibe encantado con su compañía. Me acerco a la barra a pedir los cafés para descubrir con disgusto, que si la simpatía del internacional Arguiñano es proverbial, la antipatía de estas camareras, que visten uniforme negro, camisa ceñida de manga corta y pantalón, aún lo es más. No me había topado jamás con algo tan estulto como esto, y me parece increíble que mostrándose él tan gentil y considerado, por lo menos ante las cámaras de la televisión, tenga por personal a la tipeja envarada que me sirve con ese talante de desprecio, y no me ha parecido ser yo una excepción.

.

.

María: ¿Jon qué?

Jon: Jon Iturrarte. De Hernani.

Por tanto hernaniarra o natural de Hernani.

Jon se ha levantado a pedir fuego. Cuando se sienta dice que no está acostumbrado a las entrevistas, que cuando venía caminando por la playa venía pensando: <<Me voy a encontrar con aquella mujer…>>

.

.

Le pido que me escriba su nombre en el cuaderno, lo que ahí figura es su letra.

María: Entrevistadora, periodista no soy… yo soy…

Jon: Somos dos personas que se han encontrado.

María: Yo soy una viajera que viaja con un cuaderno de viaje y que va conociendo al hilo de la casualidad… al entrar en un estanco, a comprar un sobre y un sello, me recomendaron que me acercara a la playa en busca de un artista, por donde él da su paseo matutino.

Jon ya ha terminado de escribir su nombre y su dirección en el moleskine. Añade su lugar y año de origen, como dice que se suele poner.

María: Gracias Jon, ¿te puedo tratar de tú?

Jon: sí, por favor se ríe con una risa bella que anima con una luz sus ojos, que hasta instantes antes me habían parecido infinitamente tristes.

María: Y ahora cuéntame lo de tu Maestro, por favor.

Jon: Era muy amigo de Mendi (el hombre que nos daba la espalda), y muy amigo mío también. Pero más que un amigo siempre tengo presente su figura, tampoco en el sentido de Maestro como excepcional sino … yo considero mi trabajo como un viaje dentro de lo que es el existir. Entonces, yo considero a Oteiza como el caminante que va por la misma senda pero va un poco más adelante o muy adelante; a veces muy adelante y tan adelante que lo pierdo. Y otras veces va muy próximo y otras veces de tanta proximidad pues nos hemos separado. Pero siempre lo he considerado como un viajero que va por delante de mí y va dejando rastros, como pensamientos escritos en un papel, hasta encuentros en momentos, en diferentes momentos de su vida y de la mía. Y esa es la consideración que tengo con él. Por eso cuando yo tenía veinte años, diecinueve, y estaba inmerso en la problemática de mi país, y estando como estaba rodeado por todas las oportunidades que puede dar el iniciarse en la violencia armada, política, pues a esa edad, después de haber pasado por manos del inspector más torturador que ha habido en la historia del franquismo, en esa coyuntura me encontré con un nombre que empezó a circular entre nuestra joven generación, ¿Has leído el libro de Oteiza? No he entendido nada, si he entendido, y al final es ese libro que va de boca en boca…

María: Una pregunta: Oteiza, ¿quienes eran sus referentes?

Jon: Las referencias de Oteiza son el contructivismo…

María: ¿Y algún nombre que yo pueda relacionar?

Jon: Oteiza es el artista que lleva el arte contemporáneo hasta sus últimas consecuencias.

María: ¿Pero Oteiza no tenía referentes?

Jon: Las referencias de Oteiza son el constructivismo vasco, el constructivismo ruso, el cubismo…

María: ¿Un Kandinsky, por ejemplo?

.

.

Jon: Kandinsky, Mondrian, Malevich pero más que referencias son encuentros que ha tenido Oteiza en el desarrollo de su trabajo. Oteiza, prácticamente… Estaba pensando en donde ubicar el interés de Oteiza por el arte y me he vuelto hacia su biografía y sus inicios… yo diría que es -yo escribo también- considero un momento fundamental del nacimiento, y él también, del nacimiento de su sensibilidad artística en un acontecimiento que tiene lugar en su infancia, que él va a la playa y se mete en los surcos que en la arena dejaba la ola, el mar al retirarse, entonces él tiene una experiencia infantil en una de esas salidas a la playa y es que se tumba en un agujero y percibe el cielo y borra todo lo que hay alrededor; es una conexión directa con el cielo como vacío. Y entonces esa experiencia y el aislarse de lo que le rodea, más adelante es una, y hay que tener en cuenta que Oteiza nace en el 1908, entonces está imbuido de todo el sentimiento trágico del existencialismo, sobre todo de Unamuno. Y ese miedo a la muerte, ese sentimiento trágico de la vida, entonces en Oteiza como algo a dejar, a soslayar. Y a través del arte él encuentra que ese vacío, en el que uno desaparece, esa es la liberación del sentimiento trágico de la vida.

.

.

Jon: Entonces Oteiza accede al arte para curarse, lo dice él en sus libros, para curarse de ese sentimiento trágico de la vida. Él está estudiando medicina, y en el momento que tiene una conexión con el sentimiento o presencia de la identificación biológica, de eso que es vivir, él se preocupa por otra estructura del ser humano como es la religiosa, filosófica, ontológica, en definitiva existencialista. ¿Y cómo superar ese sentimiento trágico de la existencia? Con el salto a través del arte, y totalmente arte contemporáneo. Trabajando el arte contemporáneo -dice textualmente- he llegado a un punto en que me quedé con las manos ”(y sin)” estatua. Es decir que es una estética reduccionista y estoy repitiendo el ejercicio que yo he hecho después. Pero todo esto que yo te estoy diciendo es mi análisis particular de su trabajo.

Jon aquí enciende otro cigarrillo.

Jon: Lo que te he estado explicando es una reducción de un trabajo que yo he hecho a través de un proyecto estético, entonces se basa en un trabajo de reducción de los elementos que constituyen la obra de arte: la masa, el volumen, el espacio y ya aquí entra el tiempo, el objeto.

María: Pero, ¿qué es arte?

Jon: Para mí arte es mediación entre hombre y mundo.

María: ¿Y qué no es arte?

Jon: Bien, no es arte cuando cualquiera de los dos elementos desvirtúan esa relación. Reincidiendo sobre la definición, arte es mediación entre hombre y mundo, en el momento en el que cualquiera de los dos elementos se desvirtúan hombre y mundo o Mundo, lo que ya no es arte… (el resto de sus palabras se lo traga el ruido presencial en el restaurante de Karlos Arguiñano)

.

Jorge Oteiza expresándose

.

Oteiza piensa que el arte debe estar dentro del hombre, que el arte no es para los museos. Habla de la conclusión del arte, de su muerte, de los cuatro tipos de hombre que éramos: la primera la prehistoria, asombros y miedos que buscan protecciones y que diviniza todo lo que le rodea, la cultura del cielo; luego viene la cultura de la tierra con los neolíticos, después Oriente y Occidente con la cultura de las religiones, y después de la primera guerra mundial los constructivismos que pensaban mejorar al hombre, la cultura de la esperanza, desaparece por una cultura norteamericana, lo que se quiera-dice, una cultura de la destrucción pero que destruye los cuatro hombres que había en cada uno de nosotros. A Oteiza lo único que llegó a interesarle al final fue la escritura poética, protegerse en un trozo de papel. Para él su dios, tan temido por algunos, es la página en blanco.

Su ecuación, donde el hombre es pastor del ser, el artista cazador del ser, ¿y qué es arte? -siempre según sus palabras- En vascuence trampa. Artista es tramposo, hacedor de trampas. ¿Trampas para qué? En la prehistoria para cazar al animal, para sustento físico pero también para cazar a Dios, cazando protecciones, cazando el ser estético.

.

María: ¿Y vivir sin la creación qué significaría para él? ¿para ti?

Jon: Para mí este es un problema que tengo ahora muy candente, porque después del trabajo que he desarrollado, con muchas dificultades, incluso en este momento sería problemático juntar obra mía, porque he trabajado muy pobremente, y después de haber terminado el trabajo al que hacía referencia antes, de Oteiza, te quedas sin estatua. Él ha hecho este viaje con la escultura, y obra fundamental en el proyecto son las cajas vacías.

María: ¿Cajas vacías?

.

HEREM

.

Jon: A ver si puedo ubicar este planteamiento. ¿Tú conoces el cuadro Blanco sobre Blanco de Malévich? Bien… Pues a partir de eso Oteiza elabora, construye, el cubo Malévich. Y Oteiza llega al cubo Malévich a través del cubismo analítico de Juan Gris. Considera el cubismo desde la perspectiva de Juan Gris, analíticamente, entonces va, con la forma elemental que es el cubo, Oteiza empieza a trabajar con el cubo hasta que lo desmaterializa, lo vacía.

María: Supongo que lo que me estás contando, cuando vea sus obras, cobrará sentido.

(Hago un inciso acá, puesto que ya fui y ya llegué más allá, para añadir que Oteiza nace en Orio, la población que yo abandono esa misma mañana, antes de llegar a Zarautz, y que ya he dejado San Sebastián atrás, desconociendo que una de las esculturas, que probablemente vi y no sé, ahora mismo, si fotografié, era obra suya, porque confieso mi ignorancia absoluta del autor, hasta este preciso instante; entonces, ¿riquezas del Camino o de andar el Camino como peregrina con inquietudes? Para ejemplo, esta muestra; lo que pretendí muchas veces explicarle a Nándara)

.

.

Y por eso le pido disculpas a Jon, porque mi comprensión va a tardar en llegar. A continuación hago una pausa para tomar una fotografía de una joven que pasea por la playa, lleva pantalones anchos y vuelve a hablar por teléfono, su cabello es claro pero lo lleva peinado en rastas. Digo: ¿Sabes que hoy probé el mate porque me dejó probarlo aquella chica que camina por allí? La joven no me había dejado retratarla, se había apartado pero yo deseaba ese recuerdo robado.

.

Jon: Entonces una vez que realicé el trabajo de llegar al vacío, a lo inmaterial en el arte…

María: ¿Y en el vacío se encuentra la plenitud?

Jon: Si al vacío le das la dimensión de absoluto…

María: ¿El horizonte es un ejemplo de vacío? Yo a veces me siento…

Jon: No, es un fragmento, es una ocurrencia, diríamos, en el sentido de que ocurre el horizonte; entonces el horizonte está ahí y si tú adoptas la perspectiva del vacío y de la ausencia de las cosas, el horizonte te marca una quiebra. Si tú adoptas una categoría naturalista de que todo está lleno de cosas, que lo está, pues entonces la perspectiva es otra diferente. Pero eso no quiere decir que todo sea relativo; el hombre tiene que elegir. Está obligado a elegir por su propia condición. Y es algo que olvidamos muchas veces. Como hay una rutina es muy agradable dejarse llevar. Dicen en el shamadi: <<Déjate llevar>> pero es que si me dejo llevar ese tranvía me va a pillar.

María: Pero es que yo entiendo el shamadi como una abstracción del Mundo, no como dejarse llevar.

Jon: Es que el shamadi es vacío también. Es vacío pero a través de una unión con una nada que es la totalidad de lo que existe. Pero qué pasa, que acontece la vida. Entonces no puedes estar permanente en esa nada y existir. Existir, arrojado fuera de… Entonces no puedes estar en el shamadi y decir qué bien… Para mí cuál es el acontecimiento o la firme actitud después de haber hecho un ejercicio de yoga. Primero estar atento al momento en que vas a salir de esa nada y vas a situarte, a aparecer otra vez en el fenómeno de las cosas y qué es lo primero que viene. Te estoy hablando dando a entender que el ejercicio de meditación es… yoga para relajarse, porque has tenido un día agotador y no va a pasar nada pero si haces un ejercicio en una buena condición es cuando ese primer pensamiento puede tener ese efecto o trascendencia o ninguno.

.


.

María: ¿Tú conoces a Rosa de Orio, la mujer que tiene el albergue de peregrinos?

Jon: No.

María: Pues si me haces caso después de hoy, acuérdate de su albergue en Orio, que es un paseo precioso, vete y dile que nos conocimos y no sé pero pienso que te va a encantar, tienes una amiga allí para hablar, porque Rosa es prácticante de esto que hablamos, yoga al menos, con esa finalidad, y creo que una conversación contigo la puede restaurar muchísimo y es una mujer encantadora.

(creo que el peregrino también a veces actúa como un vehículo, al transitar y conocer gentes, que de forma innata relacionas por sus motivaciones o maneras de ser)

Jon: Sí, sí, hay pocas personas con las que se pueda establecer contactos de interés.

(entonces vuelvo al albergue y menciono a mi “amiga”, porque es allí donde veo, veo porque se me muestra, ese tipo de relación ideal que a mí me gustaría sostener)

Jon: Entonces, por explicarte y coger el hilo otra vez, cuando yo terminé de hacer, lo que Oteiza llama el proyecto experimental para la formación y desarrollo de una nueva sensibilidad a través del arte…

María: ¿Y en qué consistía ese proyecto?

.

Conferencia de Santiago Amón sobre Jorge Oteiza

.

Jon: Bueno, cuando yo terminé, seguí los pasos propios, personales, y terminé en una unidad abstracta, en una construcción abstracta, escultórica, que contenía el vacío. Tenía el vacío incrustado en su propia condición. Entonces yo di, por terminado, de alguna manera, el desarrollo del proyecto mío (palabra incomprensible en la grabación), y más todavía en ese momento tomé como propuesta el segundo tiempo de Oteiza: Poética II. Si dividimos el ejercicio del artista en dos partes, la primera sería el propósito experimental, que es lo que él presentó en Sao Paulo en la bienal y le dieron la medalla de oro, en el 58; y entonces esa es la primera fase del trabajo, y la segunda es poética II. Donde el artista cierra la puerta del taller y sale a la vida. Ha terminado el proyecto experimental, es experimental luego racional, lógico…

.

.

(Saludos en euskera, saludo mío en mi idioma, y es Mendi, el pintor que hasta la playa me llevó, que le dice a Jon que está hecho un don Juan, a lo que Jon contesta que antes él estaba rodeado y que era a quién yo estaba buscando … Jon le explica que he visto su libro en el estanco, el de pinturas, a lo que contesto que lo he fotografiado entero, y a Mendi le parece bien, mientras que nos comparte que en unos días presentan una exposición suya; explico que he encontrado a Jon y que estoy encantada hablando con él; Mendi me pregunta que si el miércoles a las siete y media voy a estar en Zarautz para invitarme a su exposición; le explico que no, que no sé a donde llegaré pero que estoy haciendo el Camino a Santiago y Mendi dice que el libro, acerca del que se hace la exposición, es precisamente ese del Camino de Santiago; del cual yo digo que es bellísimo y que tengo todas las fotografías, eso sí, la calidad no es buena, los móviles ya se sabe, a veces te dan sorpresas bonitas y a veces te juegan malas pasadas. ¿Pero lo has fotocopiado? Le cuento que fui al estanco de Mariló, que ella al ver mi cuaderno me dijo que me iba a enseñar otro, de un peregrino, que me lo bajaba en un minuto, y algo más que se escucha y que es casi inaudible pero Jon asegura que yo se lo voy a enviar, porque por lo que sea eso Mendi no lo tiene. La exposición iba a ser en Euskera y en Castellano, con veinte dibujos… Pues quedamos en eso entonces dice Jon y Mendi ya se va, a la peluquería del pueblo, para estar presentable -dice :)) Y cuando me pregunta que a dónde voy a llegar hoy le digo toda convencida que a Zumaia pero luego, claro, no fue en absoluto así)

Jon vuelve a pedir fuego, y al regresar dice: Bueno, pues este era Mendi. Y las cosas son como son. He estado fotografiando su cuaderno de apuntes de peregrino pintor y ni siquiera imaginaba que en esa primera página había una dedicatoria preciosísima y humana del propio Oteiza.

De todas formas me sonrío porque le digo a Jon que estoy muy contenta al haber dado con él porque me parece muy rico ese encuentro en el nivel de las almas y el del intelecto y lo que me callo, aunque puede que se me note, es que prefiero seguir con él, y afirmo: Los Encuentros son los Encuentros.

.

.

Ahora entra en escena otro artista, y Jon exclama pero bueno qué pasa hoy, no sabe lo qué ocurre, y se ríe.

Poética – regreso yo al tema-. Acabó el proyecto experimental…

Jon: Y luego él mismo lo decía en sus libros. El artista cierra el taller y sale a la vida. Pero en qué actitud, ¿no?

María: Como yo ahora, que cerré el taller y me paso a la fase de la vida. Vivir, sentir, a experimentar pero de otra manera, con las sensaciones.

Jon: Ya, ya. Y entonces esa parte teniendo en cuenta en qué contexto hemos elegido como artistas o nos hemos desarrollado como artistas, no se puede quitar de mí ahora, o de pensamiento, no se puede quitar, no se puede eliminar, los elementos de compromiso político con el País. Entonces cuando el artista sale a la vida….

María: ¿Y qué dice el país para ti? ¿el compromiso político en qué reside? ¿en la nacionalidad?

Jon: Eso es lo que te quería decir, lo que a continuación viene. Entonces el artista en el campo en el que se compromete es en la de la ilustración y en el de la formatividad, de la formación, despertar, no tanto despertar una formación artística como la posibilidad de captar esa disposición artística y ofertar o hacer, con ese que se inicia en el arte el camino que tú ya has andado. Esa sería la… Y bueno el campo político tiene una dificultad muy grande para el trabajo del artista. Y es que ahora mismo yo estoy en un conflicto con el ayuntamiento. Ellos niegan el conflicto y yo digo que ha habido un conflicto; lo que pasa es que ellos tienen tanto poder que pueden hasta disimular eso, entonces no puede haber confrontación. Y luego, el problema del artista que se compromete con la sociedad está muy claro. Generalmente el político, esta misma mañana me lo preguntaba aquel… ¿Qué verá el político en el arte para tener esa actitud carroñera respecto al trabajo del artista? Y claro, el político tiene primero inclinación y después probablemente haya una frustración y al final se de una combinación de lo artístico a la sociedad. Y si encuentra al artista que se somete a ese tesoro de Ali-Babá y los cuarenta ladrones… Claro, viniendo de Oteiza y habiendo hecho el desarrollo del trabajo, esa actitud es crítica respecto a la sociedad. Y es muy crítica respecto al político. Sobre todo en la responsabilidad de que el artista se sitúa en una dimensión de formar, de colaborar, con un artista o con un sujeto que a través del arte va a influir en la sociedad. Entonces, teniendo ese compromiso encima, pues tienes una actitud muy crítica. Y por otra parte, pues tampoco te interesa, a mí por lo menos, toda esta movida de galerías, de amiguetes, de circulitos. Bueno, yo voy, como te he dicho antes, en la metáfora del viaje, yo voy caminando y me encuentro con la oportunidad que acontece a algo o que requiere o permite mi intervención artística, entonces voy y lo hago. No voy con camarillas, y de ahí la dificultad de mi trabajo. Pues lo que yo hice cuando salí del taller fue, sencillamente, en un barrio donde yo vivía en Hernani, desarrollar todo un universo mito-poético; o sea poética del mito, entroncado en el imaginario de la cultura popular vasca.

María: ¿Y ese trabajo perdura, en Hernani?

Jon: No, no queda más que el árbol desde el que yo lo inicié. No queda absolutamente nada. Incluso una escultura que yo dejé, hecha como referente o como testigo, el ayuntamiento la quitó. Había que abrir un paso para que pasaran los inválidos, y los inválidos son ellos. Y quitaron la escultura. Este es mi sino. Mi sino es que todo lo que yo tengo público está o maltratado o … Yo tengo una escultura en Gernika, en homenaje al bombardeo del 37…

María: O sea que voy a verla cuando pase por Gernika.

Jon: Pues ni idea. Ya la verás. Está en los folletos.

María: No llevo guía. Tú dime todo lo que sea que ni llevo guía ni tengo, en principio, previsto hacer demasiado caso de folletos.

Jon: Pero en Gernika si tú coges un folleto te marcarán un recorrido dentro de Gernika, en el que verás la reproducción, lamentable reproducción del Gernika de Picasso (risa). Te voy a quitar las ganas de ir a Gernika.

María: No (risa de conocimiento propio). No, eso es imposible. Porque yo soy ecuánime.

Jon: Hay un museo y ya que vas a ir puedes ir a la casa de la cultura, preguntar por mi buen amigo Ricardo ”Avanza”. Voy a ponerte … ¿Cuándo vas a Gernika?

María: Tengo ahí la lista de los albergues pero al paso que voy caminando no sé. Tres, cuatro, cinco días…

Jon (escribe): Ricardo cuida a María.

María: Genial!!! :)))

Jon: Te atenderá, aunque es posible que esté de vacaciones. Pero las personas que están allí son amigas mías.

.Editar entrada ‹ La lectora y la Magia — WordPress

María: Por lo que te he entendido hay una pena en ti, por la fata de consideración…

Jon: No, eso ha sido la crisis de este invierno. Te voy a contar un cuento de nuestra cultura popular. Se dice que el diablo, Akerbeltz, enseñaba, se supone que dentro de las cuevas y se supone que enseñanza heterodoxa, porque esas leyendas son del siglo XIII o XIV, XV, el momento en el que la iglesia estaba entrando y sobreponiéndose a las culturas de los territorios autóctonos a los que la iglesia viene. La iglesia viene y se encuentra con una cultura en Galicia, en Asturias, en todos los lugares. Entonces trata de sobreponerse y se supone que aquello que enseñara el diablo en cada época cambiaría pero bueno de todas maneras, la enseñanza del diablo sería heterodoxa, con relación a lo que se enseñaba en el sistema, la iglesia, la escuela, el estado y en donde quien fuera estuviera mandando. Y una de las localizaciones de esta leyenda es en una cueva que está en Francia, en Iparralde, en Sara, donde yo tengo una escultura. Pero en mi vida el azar, como yo voy abierto, no llevo casi equipaje, entonces, la vida, muchas veces, coges una senda y te pegas el castañazo pero otras veces ocurren cosas. Y una de esas cosas que ocurrió tiene sentido con esta leyenda. Ocurre el encuentro de fusión con una leyenda que viene, porque toda nuestra cultura es oral y oral significa inmemorial. Entonces cuando una leyenda de estas viene a ti o tú te encuentras con ella yo la tengo como un acontecer de importancia en mi vida. Y como yo trabajo en el campo de la antropología estética, yo vivo dentro de la concepción del existir con parámetros de antropología, el hombre, el conocimiento y la naturaleza del hombre, y es estética, el aparecer de las cosas, y como vivo de eso, cuando tengo un encuentro de estos me lo tomo con mucha intensidad. Entonces cuenta la leyenda, que en esa cueva de Sara, esto que te voy a contar está localizado allí, ocurrió, solían acudir en grupos de cinco o de seis o de siete, y una vez concluidas las enseñanzas del diablo, el diablo elegía a uno para que se quedara con él, y habiéndole tocado, ahora ya cito textualmente, la leyenda, recogida por el que llaman el patriarca de la cultura vasca, yo el término patriarca lo rechazo, si algo es nuestra cultura es popular…

María: Y además yo creo que el vasco es matriarcal…

Jon: No, no, nosotros somos una tribu que no acaba de encajar en ningún lugar. Los vizcaínos tenían el señorío de Vicaya, los navarros eran el reino de Navarra, y los del otro lado, Baja Navarra, Iparralde, eran los del reino de Navarra, y luego estaba… y nosotros… Entonces en esta leyenda uno, le tocó quedarse a uno, que dice Barandiarán, Axular. Habiéndole tocado al hermano de Axular quedarse, compadeciéndose éste se quedó en su lugar. Sin dar un sentido peyorativo al término compadeciéndose…

María: Para mí compasión significa sentir empatía, amor por el otro.

Jon: Perfecto, exacto. Eso te lo acentúo pero sigue la leyenda. Entonces se queda Axular y el trabajo que le manda el diablo. Es vaciar un estanque, pasa un riachuelo por allí, se supone que en algún tiempo, cuando esta leyenda se instauró, había un estanque… Pero es vaciar el estanque con un cedazo. Trabajo interminable. Entonces cuenta la leyenda que el diablo preguntaba cada cierto tiempo. Axular, ¿dónde estás? (pero dicho en vasco). Y Axular tenía que contestar <<Emen Nago>>, aquí estoy. Y claro, tanto tiempo transcurrió y tantas veces preguntó el diablo, ¿dónde estás? Y tantas respondió Axular <<Emen Nago>>, que Axular le enseñó al cedazo a contestar. Y en una de las ocasiones en las que el diablo estaba en otra estancia de la cueva, porque es una cueva enorme, y preguntó, Axular le ordenó al cedazo contestar. Le ordenó, no hay puñetas, no hay te pido, le ordenó. Entonces el cedazo contestó <<Emen nago>>, y Axular en ese impás echó a correr para salir de la cueva. Pero el diablo se dio cuenta de que el tono de voz no era el mismo, se asomó hacia la estancia central, si vas a la cueva te sensibilizas pero perfectamente, se asoma el diablo y claro, ve que Axular está llegando al lugar, entonces le lanza el tridente, y cuando Axular está en el umbral se le clava en el talón, y Axular escapa pero su sombra queda clavada en los pies a la tierra. Entonces cuando yo concluyo el trabajo de propósito experimental mío, personal, en el taller, me pregunto ¿a dónde salgo? Es decir, para mí el arte ya es una mera formalidad, formatividad. Pero al mismo tiempo yo me pregunto qué hay detrás, y a la vez estoy en la condición de que el artista ya ha cerrado la puerta del taller, ya no se juega nada fundamental para su existencia en el arte. Entonces va a salir a la vida, ¿hacia dónde salgo yo? Yo hago tres esculturas pequeñas y contesto como escultor a este interrogante. Y hago una que es un trabajo entorno al concepto del (concepto que Jon pronuncia en alemán: Lichtung) que trata Heidegger Kierkegaard y trata Oteiza.

María: Entonces, ¿Oteiza es también filósofo?

Jon: Sí, lo que pasa es que no tiene un pensamiento sistematizado; y yo en lo que te estoy contando ahora, tal vez esté cometiendo cantidad de imprudencias, como mínimo, en el tema filosófico. Lo que pasa que yo no voy a estudiar toda la historia de la filosofía para poder hablar, no, no, no. La filosofía es la sabiduría. Y la sabiduría es la del que sabe o no sabe, vivir o no vivir, se pregunta o no se pregunta. Las preguntas que atañen a la filosofía, y punto y pelota. El trivializar el saber de uno mismo es uno de los errores de esta sociedad. Y leo un libro: joder, si es todo lo contrario de mí. ¿Qué pasa? Que es tu experiencia vital. Tu experiencia vital es la que tienes que cribar en el cedazo, de tu propia vida, hasta que encuentres algo que diga: <<Emen Nago>>, aquí estoy tak tak … es el Camino.

María: Preciosa la metáfora que estás empleando (y es que lo que a mí me ha Llegado es ese Emen Nago)

Jon: Entonces, yo en ese momento, leo esa leyenda y la leo estéticamente, por eso es antropología estética, porque una vez llegados al punto en que todos los elementos están (palabra incomprensible) de una manera estética, la antropología pone el lugar, y el lugar es el claro del bosque, el <<lichtung>>, y entonces dice Heidegger que en el claro del bosque, el <<lichtung>>, que es una experiencia fantástica, ir caminando por el bosque y encontrarse con un claro; y para mí eso es una escultura, hay muchas esculturas que no es que no sean importantes para mí, pero bueno que son más o menos trabajos técnicos de como resolver problemas geométricos, matemáticos, como el espacio discurre por un plano y como puedo hacer que ese plano continúe por otro lugar; son problemas de saber técnico. Pero luego hay el estar fuera de toda normativa, y esas esculturas responden a mi ser humano. Yo hice una escultura en ese <<lichtung>> que era once palos de madera de haya, una escultura zen, once palos, trabajados como viga; yo cojo el palo redondo, lo dejo secar, le quito la cáscara, lo lijo, le doy cera para que llene bien… Once palos, y son los troncos de los árboles que han permitido que se haga el claro del bosque. La escultura anuncia lo que no está. Es una escultura que te proyecta al espacio, al imaginario. Porque si tú vas caminando por un sendero de un bosque es probable que te encuentres, antes que con el claro, con el montón que ha hecho el leñador, de los árboles que ha cortado.

María: ¿Y no existen claros del bosque porque sí? ¿en la naturaleza?

Jon: No. No, es una obra propia, totalmente, de la cultura del hombre. En nuestra cultura tienen una importancia fundamental, ontológica. En el claro del bosque era donde se juntaba el ganado que estaba suelto en el monte.

María: ¿Cuando Jon se proyecta en esa escultura, donde comienza esa escultura? ¿en qué sentimiento, en qué sensación?

.

.

Jon: No, es el claro del bosque, es la claridad. El bosque pueden ser todas las obras que yo he terminado. No es el claro del bosque sino que es el círculo del claro del bosque; más que el claro del bosque. El bosque es el elemento material que puede poner en comunicación mi idea con tu idea. Porque es el lenguaje común, el bosque. Lo que yo puedo entender por claro del bosque puede ser igual, parecido, no sé…

María: Yo voy a hablar también como creadora. Mi creación siempre empieza por una sensación que es extraña en mí, yo quiero expresar algo. Ahí empieza, que a lo mejor, lo que yo quiero expresar es una prolongación en el tiempo de meses. Pero algo me va llevando. Y entonces, hasta que lo plasmo…

Jon: Esa es otra experiencia del claro del bosque. Yo estoy hablando de experiencias no tanto fundamentales como fundamentadoras. Sientan fundamentos. Tú vas caminando de una manera aleatoria, yo suelo tomar muchas veces la figura del funánbulo de Nietzsche. El pueblo está de fiesta y Zaratustra va al pueblo. Entonces hay funánbulos y Zaratustra va a la plaza del pueblo a ver, estamos hablando de estética y de antropología, y la plaza del pueblo es el lugar donde la identidad colectiva… ¿Qué haces? ¿y qué voy a hacer? No se podía. Entonces el funánbulo comienza a caminar y cuando está a la mitad, cuando está caminando cae y se pega la leche contra el suelo y el pueblo se alborota, y se ríe. Y Zaratustra recoge el cadáver y se lo lleva al bosque. Está en vigilia con el bosque tres días, hasta que se da cuenta de que el cadáver es absoluto y es lo inevitable y abandona el cadáver. Suelo decir que esto puede servir como metáfora del trabajo del artista; yo muchas veces sé que soy un funámbulo, ¡no hay cable! Pero yo creo o sé, creo, que hay cable. Los de abajo dicen que no hay cable. Yo digo que sí. En el momento en el que dude y conceda la mínima a los que están abajo, me voy a pegar la hostia padre.

María: Te he entendido perfectamente.

Jon: Yo sé si hay o no hay. Se puede pasar. Y esas experiencias fundamentadoras… Cuando yo hice esa escultura y agrupé, agrupe no, porque yo dejo que acontezcan las cosas. Entonces, en el claro del bosque, mi cultura popular, me da a leer la leyenda de Axular. Entonces yo entro en el imaginario de nuestra cultura popular, como el hermano de Axular pero yo me compadezco del futuro, en el sentido de que me empatizo con mi país y entro en la cultura popular. Y en ese barrio donde no hay fiestas, en un trabajo de tres años, consigo instaurar todo un mundo mitológico. Pero, y esto es muy importante, este trabajo no puede ser analizado solo, aunque sí puede ser analizado pero no sólo para completar su sentido, como un trabajo de antropología, que pudiera ser por ejemplo un antropólogo que llega a un pueblo y va a hacer un estudio biológico y antropológico de qué es el pueblo, que personajes hay, que leyendas, no, no, porque cuando yo estoy haciendo el trabajo de instaurar ese mundo mitológico del niño, yo estoy caminando y viviendo la experiencia de Axular. Es decir, yo estoy en la escuela del diablo y tengo que conseguir que el cedazo, que es el niño, conteste <<Emen Nago>>. En el momento en que consigo que el niño y yo estemos en la misma dimensión, y él contesta <<Emen Nago…>>

(Estoy escribiendo esa expresión en mi cuaderno y Jon me la corrige)

Jon: Aquí estoy. Y en el momento en que el niño contesta <<emen nago>> estamos los dos en la misma dimensión. Yo puedo salir de la cueva. ¿Cómo salgo de la cueva?

María: Bueno, pues <<emen nago>>. Voy a darte otra dirección, para mi nuevo trabajo, que no empecé todavía y prefiero que sí algún día entras a verlo, me das un par de meses, que no sea lo que está hecho, porque lo que está hecho es una experiencia ya pasada, que bien, me he dejado ahí mi camino interior; va a ser un poco incomprensible porque ya sabes que todo lo que no es normativo ni se apoya en lo normativo pero yo empiezo aquí ahora, y da por hecho <<emen nago>>. Y no dudes que yo me preocuparé por buscar tu obra. Se llama <<En El Camino Del Norte>>.

Jon: ¿Esto es una dirección en Internet?

María: Sí.

Jon: ¿O sea que puedo acceder a ella?

María: Yo soy popular, soy global. De compartir. No busco publicar libros ni … para eso están las editoriales, yo no. Yo soy ésta.

.

Jon: El final es… que en el año… Podría haber varios finales. No hay un final absoluto. Cuando parece que puedes poner un final… Cuando parece que tienes un final absoluto, te das cuenta que… Esa es la gran tragedia del ser humano… que en cuanto a su mundo intelectual y a su mundo imaginario el artista es capaz de acceder a una dimensión de percibir el movimiento de todo el Universo, implicarse en él y al mismo tiempo conseguir que mediante la estática de la obra de arte, inmovilizar el Mundo. Ese instante de inmovilización es electa (o selecta, no distingo bien la vocalización), eso es así, vamos. Es un instante en el que ni estás en la obra, ¿dónde estás? Estamos hablando de microdimensiones en la física; en el intelecto esas microdimensiones son abisales. ¿Dónde está el hombre cuando la percepción viaja hacia el objeto a percibir? En ese momento de encuentro, todo está lleno sólo del Encuentro. Ni hay sujeto ni hay objeto. Ese punto es el auténtico pasillo. Y esa es la experiencia que yo he trabajado más allá de la obra de Oteiza. Yo no hablo de esto con nadie. Entiendo que me ha pasado más veces, que se han malinterpretado muchas veces mis palabras, muchas veces.

María: ¿Cómo se puede malinterpretar algo que tú estás diciendo y que…? (yo me refería a que entre nosotros media mi grabadora, para transcribir textualmente lo que él quiere comunicarme; trataba de tranquilizarlo. Pero al profundizar en el mensaje de lo transmitido, entiendo que sí puede darse a confusión; no por mi parte o creo que no pero sí por la persona admiradora de Oteiza que lea esas líneas)

Jon: Bueno, porque el que está enfrente tiene las gafas puestas. Entonces ve lo que él quiere ver. Entonces como no ve más que lo que él quiere ver…

María: Espera un segundo, un bagaje como el tuyo, yo que empiezo, me abres mundo pero para que yo comprenda el mensaje, tengo que proyectarme, no sólo en este momento sino que tengo que ir a la obra misma de Oteiza, a empaparme de ella, porque…

Jon: Sí, eso es cierto, además te va a enriquecer.

María: ¿La escultura es cómo la creación de la música?

Jon: Sí pero la distensión de la tensión creativa es más fácil en la música que en la escultura.

María: ¿Tú eres músico también?

Jon: Me hubiera gustado pero no. En absoluto, yo trabajo con silencio absoluto.

María: ¿Y hay un músico en tu vida?

.

.

Jon: Bueno de juventud. Jimmy Hendrix, Janice Joplin y toda esta gente.

María: ¿Y algún clásico?

Jon: No, me relaja Chopin. Yo no me puedo volcar en la música, porque no soy un hombre… Yo accedo a través del espacio, no a través del tiempo, que marca la música. Yo accedo a través del espacio.

María: Claro, que es mi dificultad.

Jon: Yo compaginé en seguida con Oteiza porque el primer día que estuve con él, tenía yo diecinueve años, y después de un montón de peripecias, era inaccesible, encima sembraba el miedo; osea se oían cosas como <<Te puede mandar a tomar por el culo al minuto de estar con él, te sientas y te dice: SE ACABÓ, FUERA. Te manda la mierda y…>> Se contaban un montón de historias. Entonces eso retraía un montón a los jóvenes, hasta que al final, como éramos unos lanzados, porque cuando teníamos veinte años éramos incontenibles, entonces si hay que ir se va y si nos manda… que nos mande y ya está. Y la primera vez que yo le conocí, porque claro yo iba a ser arquitecto, tenía desde siempre una sensibilidad poética pero bueno, parece que de padre contratista pues el hijo arquitecto. Arquitecto de una manera que yo no entendía, no articulaba pero bueno hasta que conocí a Oteiza, dejé la arquitectura, que en mi filosofía era construir casas Le Corbusier para los trabajadores…

<<… Dejad

que se fusionen los metales

tolerad las alquimias que

por lo demás os dejan libres

de castigo

Es por la puerta de las

pupilas abiertas por donde las miradas

cruzadas han podido conducir al

acto fulminante de comunión:

«El ensanchamiento de los grandes

silencios»…

La mar vuelve a descender

a lo más bajo de la marea para

poder subir de nuevo a tiempo.

Un tiempo nuevo se ha abierto

una etapa un plazo un relevo

Así no nos quedaremos

sentados junto a nuestras vidas.>>

– El poema del ángulo derecho –

Le Corbusier

Jon: … como no podía ser menos, y catedrales.

María: ¿Y qué piensas del alguien como Hundertwasser?

Jon: No sé quién es.

.

colaborando con Vogue

– La Ecuación de HUNDERTWASSER: NATURALEZA + BELLEZA = FELICIDAD –

.

María: Te lo tengo que presentar.

Jon: Entonces, cuando accedes al arte, todo lo que conoces del arte es lo grande, lo monstruoso, monstruoso en el sentido de grande, potente, Miguel Ángel, ahí aparece Giacometti, Picasso pero Picasso es un viva la virgen, entonces le da lo mismo hacer cerámica, que coger el manillar de una bicicleta y hacer unos cuernos de cabra…

.

María: Voy a hacer otra pregunta: En el escultor existe el espacio pero ¿también existe el color?

Jon: No, el espacio no existe en el escultor; el escultor habita en el espacio. El color es una vibración del espacio. Es espacio en si mismo es una fracción, en un último término es una fracción y en una primera impresión es un habitáculo que te rodea, que ocupan las demás cosas pero en ese paso del absoluto, del concepto abstracto espacio como lugar, hálito, es una vibración del color, es una vibración de luz. Kandinsky. Los impresionistas y Kandinsky. Pues te llega todo eso, lees el libro de Oteiza… A mí particularmente, lo tuve que leer siete veces, no entendí casi nada, de lo que hablaba de arte. No sabía ni quién era Malévich, nada. Pero teníamos apasionadísimas discusiones cuando teníamos diecinueve años: el arte, Oteiza, Chillida, ¿esto de qué va? ¿qué quieren decir? ¿qué no quieren decir? .

.

.

María: Por ejemplo, ‘El Elogio al horizonte’, lo ves, yo la primera vez que lo vi no sucedió nada pero qué pasa, que estuve debajo del espacio y lo que creaba el espacio con el sonido, y ahí fue donde me cautivo, Chillida. Sin embargo, cuando estuve en San Sebastián, no fui a ver el ‘Peine de los vientos’, directamente, sabía que tenía una cita con él pero la cita llegó rozando la medianoche. Porque en Chillida yo buscaba la fuerza del sonido.

Algo dice entonces Jon de Bach y Chillida, que no soy a distinguir bien pero luego…

Jon: Incluso tiene obra dedicada a Bach.

Entrevistador: .-¿Cómo sería su homenaje al tiempo?

Chillida: -Es muy difícil meter el tiempo en un libro, pero he hecho un libro homenaje a Bach y cuando pasas las páginas tienes la sensación de que el tiempo está funcionando. Bach y la mar son mis maestros, nunca diferentes, pero nunca siempre iguales.

.

.

María: La incomprensión con la política es evidente cuando él quiere vaciar una montaña…

.

.

Jon: No, yo eso no… Cuando yo estaba haciendo la escultura de Guernika, estaba caliente el tema de Tindaya, y yo me manifesté públicamente, por lo que tuve un problema con el alcalde de Gernika, tuvimos una pelotera… No, yo me manifesté públicamente contra el proyecto de Chillida e incluso haciendo mi escultura, puse en una pancarta grande, que decía textualmente ¡Ai ene! Es una expresión vasca que quiere decir ¡Ay dios mío! Es un dolor de compasión, un saludo en euskera y un cálido abrazo de Marimeta a la princesa Tindaya. Mari es nuestra gran diosa. Pero con la expresión de ¡Ay dios mío! ¿qué te van a hacer?

.

en directo la voz de Jon Iturrarte en este momento

.

Jon: Entonces cuando yo estaba haciendo mi escultura, es un sitio de Marimeta, que es la meta de hierba que en Asturias también tiene forma cóncava, de bóveda de catedral, para almacenar la hierba… ¿Qué hacen en Asturias cuando cortan la hierba?

María: La hierba la ponen en balas.

Jon: En vez de la mierda esta de los papeles higiénicos que hay ahora, verdes y blancos y negros. Pues aquí tradicionalmente se ponía en una meta. Entonces mi escultura de Guernika es <<Marimeta>>. Tiene forma de meta y dentro de la escultura, que es la acción del bombardeo, ladrillos rojos y tal pero dentro de ese ladrillo rojo de esa concavidad, hay una pequeña escultura, invisible, inaccesible, para nadie, que es en si misma el homenaje al bombardeo de Gernika, son un montón de ladrillos rotos, puestos, amontonados, que imaginativamente, cuando me preguntan qué quiere decir, pues yo, por dar una imagen accesible a todo el mundo, suelo decir que en el instante en que se para el bombardeo alguien en Gernika hace un montón con los escombros y vuelve a empezar. Y ese volver a empezar permanente corresponde a Mari. Da tres vueltas en sentido antihorario para entrar en el territorio mítico de Mari.

María: Siempre las doy (es cierto, en robles, en tejos, en tumbas).

Jon: Además el lugar te invita, accedes, es una entrada, un jardín. Bueno, pues lo de Tindaya, y me manifesté públicamente contra el proyecto de Chillida y dio la casualidad de que claro, por su enorme poder…

María: ¿Y por qué un Chillida…?

Jon: Chillida quiere hacerse.. Chillida tenía un sueño, megalómano, que era hacerse una tumba gigantesca, faraónica, y tuvo la desgracia Fuerteventura de encontrarse con políticos interesados en un megaproyecto de estos, y nada, la montaña se vacía, y además una montaña que corresponde con… yo siempre he dicho cualquier artista que en este momento entre en el arte abstracto se va a encontrar con Oteiza, es ineludible; el artista que entre en la abstracción geométrica se va encontrar con Oteiza tanto por sus propuestas estéticas como por sus formas materializadas, y esto le ocurrió a Chillida.

.

María: ¿Y por qué un Chillida atraviesa fronteras y por qué un Jon no?

Jon: Primero porque no he podido acceder a hacer una exposición porque tengo que gastar estos millones de pesetas que yo no tengo, para ir a la calderería, poner mi escultura en un hierro oxidado, hacerla en la calderería que me va a costar ciento cincuenta mil pesetas, después echarle un chorro de arena para que tome un tono de óxido, que me va a costar otras cincuenta mil y juntar diez piezas, y voy a una galería y el de la galería me va a decir puesto esto lo pagas tú y me tienes que dar el cuarenta por ciento, y entonces ya estoy en tres millones y no puedo acceder a eso. Entonces cojo los tubos de papel higiénico y los voy cortando o viene un nieto, Aita y coge la cuter y empiezan a cortar y nos lo pasamos como dios.

María: ¿En tu familia has encontrado comprensión profunda?

Jon: Sí, yo tengo tres nietos que son de mis hijos. Y hemos hecho un trabajo ahora y … Y yo he tenido esa suerte porque si no no estaría aquí. Yo lo he tenido muy claro, yo sobrevivo porque encuentro los ojos de mis nietos. Y encuentro la mirada de mis nietos y vivo cuatro días. Y a los cuatro días me voy a esperarlos cuando van a la escuela…

María: ¿Todos los nietos se quieren igual o hay alguno especial?

Jon: No, son muy pequeños, yo les quiero a los tres igual. En este momento por lo menos no, son niños, de seis, cinco y el otro no ha cumplido aún el año….

.


.

María: ¿Y cuál de ellos es como un continuador?

Jon: La niña, tiene más mundo, es más sensible.

Y se llama Alba.

Jon: Alba es más sensible e insiste más en la expresión del dibujo… Pero bueno es muy difícil, están sometidos a un mundo muy duro. Entonces, yo precisamente, trato de enriquecer y abrir su imaginación a la dimensión de lo mágico, de lo que no se cree. Porque cuando les cuento algunas cosas, miran a su madre y le dicen: Mamá, no, ¿verdad? Pues ya llegará el momento en que entiendan que eso que yo les cuento pasa y ya pero todavía no. Pero en la medida en que yo me siento gratificado porque no puedo acceder…. En el mes de diciembre he tenido un enfrentamiento brutal con este ayuntamiento porque yo trataba de ocupar un espacio que no se ocupa, a pesar de que hay un director de cultura y a pesar de que hay mucho político y mucho técnico barato, que en definitiva es triste, inculto, y yo me pregunto ahora, después de esta experiencia, porque nunca había entrado contra este ayuntamiento, yo me pregunto cuando estas personas dicen ¡bah me voy a presentar a concejal! ¿Qué piensan?

María: Yo pienso que piensan en el poder.

Jon: Yo pienso que es un auto… un narcisismo mal entendido. Pero nada, está descartado ya.

María: ¿Te parece bien que vayamos a ver tu plaza de juegos?

Jon: Bueno, ¿quieres ver una escultura de Oteiza?

María: Claro, pero te cuento mi problema. Y es que a las doce he quedado en pasarme por el estanco de Mariló donde me espera la mochila, para tomar con ella un café. Y Jon no ve en ello ningún inconveniente y abandonamos el bar de Karlos Arguiñano, que la verdad, con las camareras que tiene allí, da igual que sea un lujo por estar delante de la playa porque que señoritas tan desagradables- insisto, sí.

.
Hemos dejado la playa atrás, se escucha algún agur, Jon dice que una de las cosas de las que se ufana el pueblo de Zarautz es la de contar con tres esculturas de Oteiza, malísimas añade, pero no malas en el sentido de que sean malas esculturas sino que dentro de lo que es la obra de Oteiza no son especialmente significativas. Pero sirven para hacerse una idea de lo que yo antes había señalado sobre la dificultad de captar lo que habíamos estado hablando y en ese sentido las esculturas Jon supone que iban a ayudarme.

Jon: Además el enfrentamiento con el ayuntamiento ha venido a raíz de la colocación de una escultura de Oteiza.

Jon se opuso a la manipulación de la que la escultura estaba siendo objeto. Yo le voy contando que cuando me dirigía a dejar la mochila en el estanco, es cierto que había visto una mole escultórica a cierta distancia pero que quizá por el peso de ese momento no me desplacé hacia ella, en esa dirección nos movíamos. A pesar de ser llamada por algo que en realidad no eran los ojos, si puede explicarse así. Está mal decirlo, porque ciertamente después de esa mañana me sentía muy ignorante pero Oteiza no era nadie para mí, ni siquiera un nombre. Y me da la sensación de que a la mayoría de nosotros, no pueblo vasco, nos sucede lo mismo. Sin embargo Chillida es diferente. Ha sabido ser diferente. Lo cual no quiere ser peyorativo.

María: ¿Y por qué el vasco es amable con el peregrino?

Jon: No lo sé, quizá el sentido de amabilidad nace del sentido de receptividad. Ese sentido de receptividad sin duda alguna se da, creo yo, por la importancia que tiene para el vasco el espacio que él habita. La casa. Pero claro, estamos hablando de tópicos que la cultura contemporánea desdice totalmente. Yo te puedo decir uno de los tópicos: el vasco es noble. Y hay montón de hijo de putas vascos que…

Yo tengo que hablar de lo que he vivido a lo largo de un camino francés y la experiencia que estoy teniendo aquí. Entonces yo no puedo dejar de sorprenderme, porque desde que pongo los pies en este país, lo único que recibo es amabilidad.

Jon: Pues has tenido muchísima suerte. Y quizás aparte de eso que te digo, que pienso yo que puede ser así, que el vasco está muy unido al lugar que habita, entonces siempre es un sentimiento de receptividad y el que pasa o el que viene como no se va a quedar porque ahí cambiaría totalmente la película pues hay un sentimiento de amabilidad. El vasco es elegante. Tiene un comportamiento social elegante; entonces es amable, receptivo. Cuando el que viene se va a quedar la película cambia y eso es una experiencia mía, personal. Yo sé que el vasco en su casa es muy de su casa, y la casa es muy de él…

(se dice algo más pero prefiero no transcribirlo por temor a equivocarme)

Jon: O sea que has tenido suerte de encontrar. Yo no, no sabía que tú estabas de viaje pero tienes suerte si te has encontrado con personas… hace más agradable el viaje. Ya de por si es duro el viaje y encontrarse con dificultades más.

María: Todo el tiempo me está sucediendo, que tampoco sé si es general o ha sido a mí y conmigo.

Jon: No, has tenido suerte, es que caminas con un ángel de la guarda iluminado y de alguna manera pues te va seleccionando buenas paradas de viaje. Vamos por aquí…

Los pájaros trinan inundando el sonido de la grabación. Son algunas cosas que cuando uno ya no percibe al regresar se deslizan por el olvido, quizá junto con el sonido de los propios pasos. Escucho ahora el ruido de coches al transitar, el que penetra por la ventana.

Hemos alcanzado la plaza que hay detrás de la ermita de San Pelayo, donde se localiza la primera de las esculturas de Oteiza. Muy compacta -observo.

.

.

Jon: Sí, son maclas. Podría ser…

.

.

La escultura tiene pintadas, pregunto qué actitud toma el ayuntamiento ante eso. Pero Jon defiende el que los niños las pinten, a él le parece bien, que hay que dejar al niño vivir, expresarse. Dice que luego es un poco de pintura, se pinta, cuesta cuatro duros, una cena de los políticos y ya está, que lo importante es la libertad para el desarrollo creativo. Yo en esto no puedo estar de acuerdo del todo o tengo mis dudas al respecto. Y ahí quizá caigo en la cuenta de que me sumo en una de mis primeras contradicciones.

Jon: Lo que no se puede hacer es castigar ni coartar al niño. Tú coges un cubo… Mira nos ponemos aquí y aquí puedes ubicar un cubo, ¿no? La cara superior, lo lanzas hasta este vértice…

María: ¿Un cubo en movimiento?

.

.

Jon: No, no. Es un cubo al que después se empiezan a aplicar cortes, a quitar. El trabajo del escultor no es poner, sino es quitar. Miguel Ángel también decía lo mismo.

María: Liberaba el espíritu contenido en la materia.

Jon: Decía, yo veo pasar el bloque de mármol y veo la escultura que hay dentro. Lo único que hago yo es quitar lo que cubre la escultura. Pues esto es una condición invertida a la que el artista parece que pone todo.

María: Yo para mirar esta escultura necesito recorrerla.

Jon: Hombre, claro. Las esculturas se encuentran en el espacio, hay que mirar alrededor de la escultura.

María: Y aunque no conozco la otra parte me la puedo imaginar (pero que yo sepa eso no llego a demostarlo; como habría sido el caso de alguien que se animara a dibujarla antes de recorrerla).

Jon: Bueno, ese es un defecto inicial; no preveas.

.

.

María: No, pero ya he comprobado que es como me la imagino. Ahora para sentir la escultura, éste es el punto de la escultura para mí. Donde la escultura dice algo. Ahora bien, qué es lo que me está contando. No sabría decirlo (entonces eso casi demuestra que no la estoy sintiendo o que esa forma en concreto no habla un lenguaje de sentimiento, sino conceptual). Acércate a ella, por favor, Jon.

Jon: Oteiza aquí hace un trabajo de una estética reduccionista, que yo también trabajo. Entonces desarrolla una serie de obras en torno a un mismo tema o concepto, o una misma problemática. No hay una obra única, sino que desarrolla ese trabajo en series. Este es un trabajo que él llama, y yo creo que es muy acertado, híbridos, que son obras de arte que no tienen una autenticidad, rigor o pureza, con una estética normativa. Es una obra que cumpliría una fórmula matemática pero no acabaría de cuadrar con la fórmula matemática. Y entonces esta es una escultura híbrida entre la parte de los cuboides, cubos de cortes rectos, y los cuboides redondos o esféricos, que son las incidencias de concavidad. Entonces es la macla con dos, tres cubos cuboides que se acoplan. Oteiza coge el <<Blanco sobre blanco>> y lo hace escultura. Y lo sitúa en el espacio. El gran problema del artista como yo, que trabaja la abstracción geométrica y en esa proximidad al vacío es que quisiéramos que las esculturas estuvieran en el aire. Porque veo la escultura como un cuerpo autónomo flotante, no puesta en el suelo. Esto ya es antropología estética, ya la materia se asienta. Estas son intuiciones que estudiando la obra de Oteiza uno llega a tener. Lo que pasa que estamos rodeados de tópicos, de mierda, de puñetas. Y esta obra, por ejemplo, no es de las más destacadas de Oteiza. Es una fase de un híbrido. Si son diez esculturas ésta sería la trece, catorce.

Ahí digo bien, porque esa idea si la he captado. Me sucede a mí cuando empiezo a experimentar variaciones con las fotografías, en color, en matices, en formas que a veces muto. Introduciendo intersecciones que no figuran y que añado.

Allí digo bien, porque pregunto: Pero ¿él creó la escultura para la Plaza?

Jon: No, no, no, esta escultura forma parte de una obra que hizo él en los años sesenta. Entonces, querían tener una escultura de Oteiza aquí, y hay que tener en cuenta que la fundación Oteiza ya estaba instituida, toda la obra de Oteiza queda bajo la dirección de la fundación y al ser una obra secundaria dejaron que se hiciera en Grande. Son así. Hay obras de Oteiza que la fundación nunca dejará o mucho dinero se tendrá que pagar para que sean obra pública. Y esta obra, por ejemplo, Oteiza no cobró, la regaló. El ayuntamiento pagó la realización, nada más.

María: ¿Y dónde estás tú? ¿dónde está aquí tu plaza de juegos?

Jon: Pues en la otra punta del pueblo.

María: Osea que la veo en dirección allí.

Jon: Sí. Y esta escultura tiene un título… Oteiza decía los títulos de mis esculturas son vagos, porque él a esta escultura la puede llamar <<Composición con tres maclas desde el cuboide Malévich>>, por ponerte un ejemplo; no sé cómo se titula. Dentro del trabajo analítico del escultor del espacio y el volumen y oye, luego hay una escultura en homenaje a Mallarme, otra homenaje a Velázquez, y otra a no sé quien. Luego esta escultura pues homenaje al bersolari.

María: ¿Al?

Jon: Al bersolari

(para mí la primera noción que voy a tener de esta figura que va a tener el poder de fascinarme y la obra que contemplamos ha sido fabricada en hierro galvanizado)

Jon: El bersolari es nuestro poeta popular, del euskera. Pero esta es una plaza idónea, por ejemplo. El bersolari se pone allí, de pie, con un micrófono, y hay dos o tres, que van a competir con él, improvisando. Entonces hay una persona que marca el tema y marca la rima. Entonces, los dos o tres bersolaris que compiten pues en razón de esa rima van componiendo sus versos, y uno dice una cosa, el otro le contesta, y ellos sólo improvisan. Entonces esta escultura, bueno para mí es un añadido, homenaje al bersolari, la escultura está mirando para allí, el bersolari miraría para aquí. Bueno, es muy muy antropomorfa; una vez sabiendo a quién se dedica pues ya empieza uno a buscar el hueco frontal donde todo, por correspondencia inmediata, sitúa al bersolari, la cabeza. Ese es el maltrato del escultor. Por muchos problemas que tenga una obra de arte en el taller del escultor, son una broma alrededor de los que se va a encontrar, o alguno nos encontramos, cuando ya sales de allí y dices la obra va al espacio público. Entonces sí que empiezan los problemas pero de verdad. Y esta escultura la hicieron así y la pusieron así, bien tratada porque Oteiza estaba en vida. Incluso el día de la inauguración estaba aquí (Oteiza muere en el 2003); en silla de ruedas, ya mayor, noventa y tantos años. Pero estaba aquí, con los políticos sacándose la correspondiente foto, ¿no? Pero la que se ha puesto ahora, Oteiza ya estaba muerto, entonces es una escultura que Oteiza donó al restaurante donde solía comer. Estaba viudo, vivía solo, le cuidaba una señora, muy bien cuidado, por cierto, por la señora que vivía en frente. Entonces, muy a menudo, yo he comido cantidad de veces con él, en un restaurante que está ahí; entonces Oteiza la escultura la donó al restaurante. Solía decir muchas veces, después de comer estupendamente, le encantaba el marisco y tenía dinero para pagárselo, pues siempre solía terminar con ¡Jo! Ahora yo echaría la siesta aquí. La siesta aquí, la siesta aquí. Entonces hizo una escultura, también entresacada de ese cuerpo o concepto de obras secundarias, híbridos…

María: ¿Cuál es la obra más significativa de Oteiza?

.

.

Jon: Podría haber dos. En el plano figurativo <<Los apóstoles de Arantzazu>>.

María: ¿Que está en?

Jon: En Arantzazu. En Oñate. Arantzazu es como Monserrat, como vuestro Covadonga. Eso en cuanto a escultura figurativa. A nivel popular, a nivel social. Y luego a nivel de abstracción las <<cajas metafísicas>>; aunque para mí la obra más o una de las obras fundamentales es el <<Par móvil>>, que yo le ayudé a ponerlo, a colocarlo.

.

Jon: Tiene una historia increíble esa colocación de escultura. El <<par móvil>> son dos semi-circunferencias, semi-círculos, de chapa, ensamblados el uno con el otro, en tal número de proporción que es el número de oro, por el que empujas la escultura y empieza a andar. Y en unas condiciones cero, de gravedad, en el que el impulso que tú das permanecería constantemente…

María: ¿Cómo un movimiento pendular?

Jon: No, como un movimiento giratorio. Pero una vez concluido el primer ciclo de movimiento ya siempre sería el mismo movimiento. Es el par móvil que colocamos en Tolosa, donde mataron al primer militante de ETA, y es un homenaje a la revolución permanente, y ahí nos enfadamos Oteiza y yo.

María: ¿Por qué?

Jon: Porque sí, porque con Oteiza enfadarse era síntoma de que bueno, ya se había cumplido. A pesar de que pudiera doler él provocaba cortar la… Yo la experiencia que tengo de interpretar mi enfado con el de otras personas que ha ocurrido y … Oteiza se enfadaba con todo el mundo, un tópico pero bueno, vamos a dejarlo así.

María: ¿Y Jon, se enfada?

Jon: No, ahora yo tardo mucho más. Oteiza era muy impulsivo. Muy muy impulsivo, además como tenía cierta autoridad e independencia económica para trabajar, para vivir, para disfrutar, para viajar, para estudiar, como tenía esa independencia absoluta económica, pues muchas veces era un espectáculo. Provocaba el espectáculo. Y este país pues asistía al espectáculo. Oteiza tenía también sus toques dalinianos. En otro sentido, con otras características, de otra naturaleza pero era esas extralimitaciones sociales. Pues tenía cosas de esas, y había épocas en que cortaba esa amistad, cortaba la relación. Bueno depende de qué nivel, cada cual tenía trato con Oteiza pues sabrá en qué punto se rompió la cuerda y quién y por qué. Yo tengo respecto a mí y respecto a otras personas que he visto cortar. Oteiza, ya te digo que yo he comido con él numerosas veces y hemos comido para disfrutar los dos solos, en invierno y con el restaurante vacío, disfrutar de la comida, disfrutar del trato, disfrutar de la amabilidad de las personas que nos asistían, cocineros, camareros, y he comido con él en situaciones concretas de establecer una cita con arquitectos o con políticos, y acabar a las seis de la tarde, ya solos en el restaurante y acabar aquello como el rosario de la aurora. Y bueno, cuando pusimos esa escultura que nadie la quería poner. Un poco parecido o podía ubicarse dentro del compadeciéndose de su hermano se quedó, ¿no? En el momento en que todos le dejaron solo y nadie le quería poner… la ciudad de Tolosa… Aquí había una pugna imbécil y la sigue habiendo a nivel de concejales, a ver quién tenía más esculturas en la calle, si Tolosa o Zarautz. Ha habido un concejal aquí que se ufanaba de que en Zarautz había más esculturas, además de las de Oteiza. Estupideces. Entonces la ciudad de Tolosa, puso en marcha un proyecto de ubicar esculturas en la calle. Concretamente, no sé si desde el principio del plan, ya estaba establecido qué tipo de artistas porque a mí me negaron la oportunidad, yo ya sabía que me la iban a negar pero como Oteiza insistía, insistía, insistía, pero para no desviarnos, tuvo la idea de colocar la escultura y uno de ellos era Oteiza. Y la de Oteiza era la primera que se quería poner como para abrir el período de tiempo en el que se habrían de ubicar las otras cinco o seis, ¿no? Pero claro, también había una conveniencia política de artistas que querían que Oteiza fuera el primero para asentar sus propias esculturas a la sombra de las esculturas de Oteiza. Y yo que conozco muy bien a Oteiza, he conocido muy bien a Oteiza, por comidas (frase ininteligible y que sigue así:) levitar, con esa escultura, que creemos que no toca el suelo. Y le he visto en calzonzillos, entonces el trato con Oteiza había de ser… sólo cabían dos opciones, la absoluta solidaridad, y recalco el término absoluto, quería decir sin condiciones. Como yo le escribí en una carta: <<Te he sido leal hasta la extenuación>>. O la otra era con absoluta frivolidad pero no cabían términos medios, porque Oteiza siempre tenía una carta en la manga. Tú creías que estaban todas las cartas en la mesa de la jugada y él tenía una carta guardada que iba a ser la carta del momento de radicalidad absoluta. O sea si tú querías aparentar o querías jugar con algo que, con un tema que Oteiza se estaba tomando con absoluta seriedad, y tú estabas jugando en un juego hipócrita, donde asentías a sus ideas, y a sus planteamientos pero pero con una ¡Ahg! ¿No?, como qué divertido, con los artistas se está como dios. ¿Entiendes? Pues vamos a visitar al artista. Y si tú creías que esto era así… pues la carta iba a salir de la manga e iba a caer en la mesa e iba a caer como un puño, y se hablaba el trueno Oteiza y esas cosas. Y bueno, cuando cuando Oteiza hizo ya la escultura en la calderería, de este tamaño, pero no tiene nada que ver con esta, para ponerla en el espacio público… Claro, dentro de la ciudad de Tolosa pero a las afueras, dentro de ese territorio, está el lugar donde mataron al primer etarra. La guardia civil, montan un control de carreteras, y el cuarto o quinto coche van dos chicos de… y estamos hablando del año 68. Uno de ellos es el número uno de su licenciatura en económicas en Deusto (no entiendo bien lo que Jon dice a continuación pero añade) sería la consecuencia lógica de llamarles algarrobos. Entonces, estos se ponen nerviosos. Es un control de los que ahora serían irrisorios, porque eran dos motoristas. Los de ahora son brutales. Y cuando el guardia civil se asoma al coche. ¡Pum! Disparan. Y lo matan. Luego se bajan del coche, por supuesto, echan a correr, y por el monte llegan a un cruce de carreteras, a nueve kilómetros del lugar en el que han matado al guardia civil. Entonces, allí, en ese lugar que es Tolosa, por una pared, un acueducto de agua, le cogen a uno de ellos, al Txabi Etxebarrieta, que era poeta, y (algo que no vuelvo a entender -le o se): conocido, personalmente. Y entonces allí lo acribillan, sin contemplaciones. Al otro lo cogerán al día siguiente porque consigue… Se separan, y el otro accede a otro pueblo y el cura le echa una mano, lo esconde en el confesionario, debajo del banco, la guardia civil entra al pueblo, pone el pueblo patas arriba y lo encuentra. Bueno, a Txabi Etxebarrieta lo matan allí y entonces Oteiza saca la carta: ¿Queréis que mi escultura esté en el espacio público de Tolosa? Primero hay que poner ésta donde mataron a Txabi Etxebarrieta. ¿Entiendes? Y todo dios aquí en plena movida de terroristas no. ETA es una y no tener la honradez intelectual de decir: No es verdad esto. Todo lo que dice Zapatero y lo que está diciendo Rubalcaba es una vergüenza.

María: Perdona, yo no veo la televisión ni sigo la política.

Jon: Nos están metiendo a todos en el mismo saco. Entonces no podemos poner una escultura…

María: Un homenaje a un etarra.

Jon: Entonces Oteiza que tiene dinero y no necesita poner la escultura porque tienes otro escultor como son los otros que están presionando al ayuntamiento, que venga, que venga, porque claro, el colmo del asunto es que la escultura que va a ir a la calle, de Oteiza, está hecha. Está en una calderería. Pero claro, Oteiza va a la calderería, coge el libro de cheques y dice: ¿cuánto vale esto? Tanto. Esta escultura no sale de este espacio hasta que yo lo diga. Y santas pascuas. Y a quienes se lo tiene que decir, dice: y hasta que se ponga la escultura de Txabi Etxebarrieta no saldrá la otra. Yo no tengo prisa, y me importa tres cojones el millón de pesetas que me ha costado. Como él decía: yo bajo al taller, cojo una escultura y gano diez millones de pesetas.

María: Así que era un hombre de principios radicales.

Jon: Sí, sí, ya te he dicho. Y entonces que no la ponía y que no la ponía. Todo el mundo que nadie la quería poner, que nadie se atrevía, ni los pelotas, ni pelotillas, ni amiguitos, ni palmadita en el hombro, hubo quien tuvo que ingresar en una policlínica con una cardiopatía que le dio, yo estaba presente, un escultor de estos de fama y … Claro, le dio una cardiopatía porque era el que más quería que pusiera Oteiza porque la segunda era la suya.

María: Claro.

Jon: Y Oteiza que no. Hasta que un día me llama por teléfono y me dice: ¿me ayudas a ponerla? Y el tercer día la pusimos. Lo mismo que hay artistas que se ganan el respeto peloteando. Pues yo me he ganado el respeto pero nadie me quiere ver ni en pintura. Porque pasaba la ertzaina, pasaba el alcalde de Tolosa, pasaba todo cristo y allí estábamos él y yo, la grúa y el albañil

María: ¿Y entonces, lo que motivó vuestro enfado?

Jon: Pues después Oteiza era una persona bastante influenciable.

María: Las doce. Tenemos que ir al estanco a por mi mochila

.

.

Jon: A pesar de ser como era, era bastante maleable. Influenciable. Y como era un apasionado tomaba decisiones, muchas veces, inmediatas. Se calentaba, la tomaba y lo que era muy difícil era luego recular. Si la decisión que había tomado o el comportamiento manifestado de acuerdo con él, lo que le costaba un montón era recular. ¿Pues qué pasó? Pues que le calentaron la cabeza en alguna comida y … Yo he comido con muchos bocanegras, ¿entiendes? Gente que viene a comer con Oteiza y viene a hablar mal de otra persona.

María: Ya

Jon: Y a los dos meses comes con esa persona y habla mal del que se ha ido antes, o de otro. Solíamos salir de la comida y …

María: Ya, pero ¿y por qué? Yo cuando encuentro a una persona así no quiero estar, no lo puedo evitar. ¿Y por qué Oteiza se quedaba?

Jon: Porque disfrutaba. Le dejaba hablar al otro y cuando ya…

María: Lo de la carta – sonrisa-. No se me olvida, no se me olvida.

Jon: Mi mayor valor es que yo he aprendido a aprender.

María: Mira, yo te voy a dar una carta también. En serio, en serio.

Jon: ¡Joder! Es que no sé.

María: Al azar, te voy a dar una carta al azar – sonrisa-.

Jon: ¿Qué es del Tarot?

Jon: No sé el simbolismo del tres de bastos. Y esto es… ¿Es el ermitaño? ¿La casa?

María: No tiene un simbolismo ahora mismo sin mi viaje.

Jon: ¡Ah!

María: Pero es este momento, que me estás contando, porque me surgió, dártela. Guárdala, por favor. Pero bueno, en recuerdo de que me conociste -sonrisa. Es mi carta. Yo también soy muy explosiva como Oteiza.

Y vamos hacia el estanco de Mariló y dejamos atrás al Bersolari de Oteiza.

Nos encaminamos juntos al estanco de Mariló pero ya era tarde, no eran las doce como yo creía, sino la una, sólo que mi reloj estaba atrasado porque me había olvidado de cambiar la hora el día anterior. Así que Mariló, yo sintiéndolo mucho, no podía tomarse ese café; pero cuando regrese a Zarautz será lo primero, eso indudable, que quiera remediar.

Recogí la mochila y me despedí de ambas, Mariló y la amable empleada del estanco, y Jon y yo seguimos charlando de lo sucedido en el pasado.

Me contó que hubo una placa. La placa era en homenaje al guardia civil muerto por el etarra Etxebarrieta… Me olvidé de echar a andar la memoria en los primeros tramos de nuestro paseo, un poco contrariada por el fallo de mi cabeza, la hora y Mariló, que continúa inmediatamente así; pero suponga que eso formó parte del dejarse influenciar de Oteiza por el entorno social. Una manera de querer compensar a todos, a los habitantes del país herido y partidario de la violencia armada, y al resto de los ciudadanos…

Jon: … una cruz y un texto. Yo la dejo en una pequeña bodeguilla que tenemos en casa. Y cuando viene mi hijo con la moto… la ve, sube a casa. Y aita, eso ¿qué es?

María: Aita es papá.

Jon: Aita es padre.

Jon: ¿Eso qué es? ¿qué está allá abajo? Porque en casa sabe como… Tenemos una manera de pensar. Y le tengo que explicar yo a mi hijo, porque está esa placa del guardia civil, abajo, y por qué yo la voy a poner, por no cuestionar el sentido de lealtad hacia Oteiza. Cogemos la placa, ponemos la lectura (dudo de si Jon dice esto textual), recibo la carta. Y al día siguiente de recibir la carta intento hablar con él. No está aquí. Yo conozco si está por como está la persiana levantada, y si no está no está levantada. Entonces está bajada pero al final localizo la ventana levantada y no quiere estar conmigo. Yo cojo un mazo, de estos de albañil, cojo un taxi, me voy a Villabona, y agarro la placa del guardia civil y le pego cuarenta mil hostias. Traigo un cacho, me voy donde la mujer que le cuida, y le digo: Toma, esto se lo das a Jorge. Y no traje la escultura, la otra (el <<Par móvil>>, el homenaje a la revolución permanente), porque no encontré un camionero con pelotas, porque yo sabía como estaba puesta porque yo la puse, y sabía como tenía que hacer para que una grúa de un camión, la levantara, traerla aquí a su casa…. A fuerte amistad y a fuerte lealtad, fuerte e inquebrantable ruptura. Se acabó.

María: Ya, pero son los principios los que estaban en juego.

Jon: Exacto. Era un choque de trenes y el choque de trenes…

María: Eso es inevitable. El criterio…

Jon: Pues eso. Te he contado algo que sabe muy poca gente.

María: Pero, ¿esto lo puede saber la gente o no?

Jon: Sí, me han pedido a mí muchas veces de la fundación Oteiza que escriba… Yo conozco muchas cosas de Oteiza que no han trascendido públicamente o que han trascendido de una manera manipulada incluso. Totalmente invertida. Pero yo hay cosas que… Esta sociedad es frívola, superficial, está castrada. La violencia nos ha desgazado (creo que utiliza esa expresión, no se precisa bien) a todos y el miedo está metido en el país, hay un reparo al ser…

María: Pero, ¿y es que el miedo no es una herramienta muy interesante como control de masas?

Jon: No, el nuestro es un miedo…

María: ¿Creado por el odio?

Jon: Es un miedo que psicológicamente…

María: ¿Qué opinas de la Paz? ¿Es una utopía?

.

.

Jon: Debe ser un estado cojonudo. De satisfacción y de felicidad. Ahora si hablamos de paz social…

María: Pero, ¿es que la paz no tiene que empezar por uno mismo?

Jon: No.

María: ¿Cómo va a haber paz social si la gente no está en paz consigo misma?

Jon: (su tono deja de reflejar indignación como cuando me ha descrito el incidente de la placa que amartillea y la respuesta de Oteiza y se vuelve hacia dentro en busca de alguna respuesta, por eso sus primeras palabras surgen de un balbuceo interior que no se transmite con nitidez) Yo puedo estar en paz conmigo muchas horas al día y el día que no estoy en paz estoy jodido. Pero no pienso más allá de… Yo sé que las circunstancias de no-paz de los demás no son las mías, entonces hasta que no haya un mutuo respeto de las condiciones de no-paz sé que mi discurso es absurdo y me callo, y trato de comentar con las personas que están alrededor mío y punto. Sigo en la lucha política, porque yo a mis hijos les hablé desde muy jóvenes de qué iba el tema. Y eso que yo estaba en lo que llamábamos la izquierda radical pero precisamente porque mi experiencia era muy fuerte, me preocupé de que ellos tuvieran las ideas muy claras, desde muy jóvenes.

María: ¿Tus ideas?

Jon: Sí pero las ideas de uno tienen referencias. Y entonces una referencia es el padre de cada uno, y otra referencia, ineludible, para un vasco, es la violencia. Son relaciones, con componentes, de un joven vasco como para no tener la responsabilidad de … Mira esto es así, ahora haz lo que quieras.

(yo comencé a caminar el camino de la paz interior, cuando comencé a cuestionarme que ideas eran esas que mi padre biológico, padre violento, aunque no vasco, había introducido en mi cabeza, y comencé a cuestionármelo, sobre todo, como referente pero es algo que en ese instante no le planteo a Jon, dado que su tono, ha dejado de ser el del diálogo escuchante y se ha transformado en el de la apología…)

Jon: Y ahí nos enfadamos Oteiza y yo.

María: Pero bueno, ¿y cuánto dolió?

Jon: No, no, yo no…

María: ¿La ruptura no duele?

Jon: A mí no y a él tampoco. No, a mí no porque a partir de ahí empezó un período de declive y de senilidad.

María: ¿Siempre había sido…?

Jon: Siempre había sido tan buena persona pero el ego del artista es como un elefante.

María: Me gusta la metáfora.

Jon: Cuando el artista hace de su ego un elefante que actúa en un espacio llamado circo, y que está ocupado por muchos espectadores, pues hay un momento en el que el artista va a perder el control del elefante o va a perder la noción de no sé que… cuando domó al elefante, cuando fue a buscar al elefante, un montón de anécdotas y todo quedará en base al aplauso. Entonces, cuando una persona tiene la facultad, el poder, de montar el circo él, de llevar a los espectadores él pues acaba haciendo un poco lo que quiere, lo que le da la gana. Está fuera del bien y del mal.

María: Ya, omnipotencia.

Jon: Está fuera del bien y del mal. Entonces la crítica se vuelve estúpida y nace la ironía, nace la falta de sentido del ridículo, la auto… ¿cómo te diría yo? El no ser acorde contigo mismo. No sé qué te voy a decir yo… A Oteiza le ingresan en el hospital con una neumonía, que me he enamorado de la enferma y no sé qué y no sé cuántos… Y la enfermera le pega un viaje de cuatro millones de pesetas. ¿Entiendes? Y sale de allí y qué ocurre. Que eso lo dice un tornero, de la misma manera que Oteiza que está ingresado en el hospital y que tiene la suerte de tener una enfermera amable y se enamora de ella y no trasciende a los periódicos. Pero si lo dice Oteiza y llega a manos del periódico se pone en letras grandes.

María: Sí, claro, es un titular.

Hemos llegado Jon y yo al monasterio de las carmelitas descalzas y le pregunto si es aquí donde debo visitar la tumba del peregrino desconocido. Me asegura que no. Y el ruido de la calle de Zarautz vuelve a tragarse la calidad de nuestra conversación hasta que…

Jon: Una escultura preciosa de él, el <<Vaciado de la esfera>>, una escultura relacionada con la ingravidez, con el <<Par móvil>> (ruido que hace inaccesible las palabras)… Además las esculturas de Oteiza, si las ves, giras alrededor de ellas, son pequeñas, un tamaño de un acceso muy sutil, tenía la oportunidad de convertirla en un monstruo descomunal de estos pero la ponen delante del ayuntamiento de Bilbao

María: Osea que allí voy a ver otra escultura.

Jon: Todo el mundo: ¡Ahhhhh! El ayuntamiento de Bilbao: <<Ya tenemos un Oteiza>>. Y los demás diciendo: ¡La ha cagao! La dimensión cósmica de la escultura de Oteiza es el cielo, la abuela madre. Y la escultura grande lo tiene escrito él: <<Cuanto más grande es la escultura más enano es el artista>>. ¿Y qué está haciendo ahora el enano? Bueno, ese periodo, gracias a dios, vino después de enfadarnos.

María: ¿Y tú crees que algún día las esculturas de Oteiza estarán flotando en el aire?

Jon: No.

María: ¿A pesar de los nuevos descubrimientos?

Jon: Si llega el momento de la ingravidez de la materia.

María: Es que ese momento ya llegó. Pero no sé cuánto necesitan para fabricarlo.

Jon: Pero es que en esto es una meditación que se puede hacer y que para el escultor… pero no es que tenga la ingravidez de la materia, porque ya no estamos hablando de esculturas.

María: Tú dijiste -cuando estábamos delante del homenaje al bersolari- la escultura para estar en su elemento tendría que estar suspendida en el aire. Y yo te digo que ya se puede hacer.

Jon: Pero si acto seguido, y teniendo en cuenta los parámetros de la estética de Oteiza, de cara a la escultura, como es el espacio vacío, desaparecería hasta la propia materia de la escultura; la materia primera de la escultura ya no es el material. Oteiza esto lo ha hecho en el espacio concreto. En la ciencia de hoy sería una vibración ultrasónica perceptible sólo… ayer vi en televisión que han convertido la sustancia del ADN en imagen, quien dice que las vibraciones no puedan ser captadas también por imagen, como son en determinadas dimensiones de la materia y de la ciencia, quien sabe que no pueda llegar un día a materializarse, a hacerse visible… yo siempre lo he dicho, el mejor ordenador sería el que capte todos los pensamientos de una persona, que al final de la noche pueda, no describir… no, no, vas andando, vas viviendo y vas recogiendo toda tu experiencia, eso sería fantástico. Se puede llegar a tener un día, esa sensación del imaginario, o de la imaginación, ¿no? Pero ya es otra cosa, ya la materia no es una materia sólida, que tiene que llegar a llamar a una escultura caja metafísica. Ya no existe la palabra metafísica. Y Oteiza llega al límite y tiene que nombrar la materia metafísicamente porque se le ha acabado la escultura.

María: Es muy complejo.

Jon: Claro, y ahí que estudiarlo, y todavía hay mucha más profundidad de la que… Yo estoy haciendo una lectura de Oteiza, otros hacen otra. Es un manantial. Y esto, pero bueno, es otra otra cosa diferente. Es como la música tonal y la música atonal. Una es la música del ruido, del sonido, y la música del silencio. Son una antinomia que … Refiriéndose, la escultura es un cuerpo sólido que ocupa un espacio. Y por ocupar un espacio, interviene en el tiempo. En el momento en que la materia de la obra es grave, es un ser vivo, si pudieras traducir la energía de un árbol, por ejemplo, a un ordenador, ya ha desaparecido…

María: Es una entelequia.

Jon: No, es electrónico. La materia de esa percepción es electrónica. Es otra cosa, es otra materia, es otra….

Le pregunto aquí si el edificio que vemos es la parroquia que busco.

.

.

Jon: No, es el convento de franciscanos. Y el Camino de Santiago iba por aquí. Y aquí había un crucero, ahí delante de la parroquia, que estaba aquí y luego lo cambiaron allí, y ponen aquí una reproducción…

.

.

Y ya hemos llegado a la siguiente escultura de Oteiza, la <<Estela a Madoz>> en piedra de Markina.

.

María: Ejemplo de tolerancia, comprensión en un pueblo acogedor – y leo algunas palabras en euskera que Jon no me traduce.

Jon: No sé quién era el Madoz este. No conozco al personaje, creo que era una persona importante del pueblo de Zarautz pero no sé. Llega un momento en que Oteiza trabaja con tizas.

La obra es de 1970. Pascual Madoz fue un político del siglo XIX, nació en Pamplona pero tras regresar de París amnistiado, fijó su residencia en Barcelona, Zarautz fue la localidad que eligió para sus veraneos. Existe una obra en dieciséis tomos a la que se conoce por su nombre: Diccionario geográfico-estadístico-histórico de España y sus posesiones en Ultramar.

<<Laboratorio de Tizas>> es un periodo culmen en la vida de Oteiza. No sólo la tiza formó parte de ese lenguaje reestructurador, donde enfoca con una mirada crítica su teoría de los ciclos de creación; también la madera y la hojalata.

.

.

Jon: Esto son prismas rectos. Entonces, trabaja con prismas rectos, con tizas. Y sustituye espacios multiplicadores de un espacio original. El día que yo le conocí a Oteiza, te estaba explicando antes que conoces a Miguel Ángel y a Giacometti, y a tanta gente pero cuando yo conozco a Oteiza y voy a su casa, me hace bajar, donde está trabajando, al sótano de la casa, un taller, muy pintoresco todo, está trabajando allí con su máquina de escribir, que era ”una tanqueta”, y me fijo, en una estantería pequeña, hay un grupo pero muy numeroso de pequeñas esculturas, hechas, por ejemplo el <<Par móvil>> de hierro donde mataron al etarra pero yo he visto esa escultura hecha con dos tapas de lata de conserva. Y cuando veo…

María: ¿Cómo si fuera un boceto?

Jon: Exacto. Y es que yo percibo esa escultura con diecinueve años y todas las pequeñas que están hechas con latas, lo percibo como la auténtica realidad de la escultura en el espacio. Y es mi punto aleph, de Borges. Y cuando yo vi aquellas latas de conserva pegadas dije: ¡joder! Yo voy a a ser escultor. Fui a mi padre y le dije: ya no quiero ser arquitecto.

María: Escúchame una cosa. Yo no conozco a Oteiza, tú me hablas de él pero a mí me parece mucho más interesante conocer la obra de Jon.

Jon: No hay mucho que conocer.

.

Nos movemos…

Jon: Ahí está la parroquia y ahí estaba el convento, lo que pasa que el convento ha crecido un montón. Luego el Camino de la Costa por ahí…

María: ¿Tú eres caminante?

Jon: Claro pero tengo que tener cierta prevención porque tuve un derrame cerebral. Perdí un montón de facultades físicas. Y con eso hay que tener mucho cuidado. Yo he jugado a fúbol, he jugado a pelota…

.

.

María: Bueno, esta parte de Zarautz me gusta. ¡Ay que bonita! Un segundo… pero y tú, tú llenas la foto…

Jon: No, no, a mí no me gustan las banderas.

María: No es por eso, es por presentar el pueblo en general. Los rincones del pueblo.

Jon: Ya, ya pero yo no salgo entre banderas.

María: Soy ácrata pero me creerás que no he visto las banderas, ¿eh?

.

.

Jon: Y ésta es una torre preciosa.

María: Impresionante.

Jon: Es muy bonita, además está restaurada… Pues ésta era una de las zonas de la Gipuzkoa ingobernable.

María: Torre Luzea. ¿Y éste quién es?

Jon: Un bersolari popular, de aquí de Zarautz, gran bersolari. Y esta casa era la del señor de Zarautz, cuando Gipuzkoa era ingobernable. Esto estaba organizado administrativamente por los parientes mayores, que eran los dueños de tierras y casas. Y residían en una casa, nosotros castillos no tenemos. Casas-torres.

.

.

María: Fortificadas.

Jon: Vivían dentro, el ganado vivía con ellos, y la costumbre de la casa era la costumbre de cualquier casa vasca. No tenían ejercito, eran siervos. Y esta era la casa del señor de Zarautz. Estaba todo esto limpio pues miraba al mar. Y luego al lado de la parroquia, está la casa, cuando Gipuzkoa es anexionada a Castilla, el palacio de Narros, ya es un palacio, que ya tiene, digamos, la potencia de emisario del Rey. Porque claro, los parientes mayores, cuando lucharon entre ellos, de dieron cuenta de que … Pues no sé en qué años se anexionó Gipuzkoa a Castilla pero en el 1200 aquí hubo unas guerras que duraban la hostia, porque además no ganaba ninguno, porque no podía ganar. Porque eran doscientos contra doscientos. La aniquilación era quemarle las tierras o el caserío o … y tampoco era un ejercito profesional. Porque eran siervos que vivían en las casas, que a requerimiento del dueño en algún conflicto los contrataban o se los llevaban, y punto. Y cuando Guipúzcoa iba hacia Castilla, en la guerra de Castilla-Navarra y pierde, desmochan todas las casas torre. Ignacio de Loyola se alía a Navarra. Entonces, cuando gana Alfonso, no sé qué, de Castilla, manda desmochar la última planta de todas las casas-torres de todos los nobles que…

María: Que era como decir: estáis ultrajados.

Jon: Cortados. La supuesta auto-cracia del vasco, autonomía del hombre vasco, queda cortada, al cortar la última planta, y verás muchas casa torre que no tienen ese final, que tienen tejado. Aquellos que habían servido a Navarra contra Castilla.

Jon me explica ahora que estos señores domeñaban kilómetros y kilómetros y kilómetros…

.

.

Jon: Porque aquí no hay otro hasta Itziar, y en Deba habría otro. Y por otra parte hasta Lazkano; señor de Lazkano, también muy famoso. Y San Sebastián no tiene esta parte de historia porque era un pobladito de pescadores. San Sebastián, cuando emigran los franceses, vienen a San Sebastián, y cuando el amigo Wellington arrasa San Sebastián…

.

.

Jon: Y ahí se inicia la nueva historia de San Sebastián. San Sebastián sale de las murallas y empieza a crecer como ciudad. Y éste es un frontón popular del pueblo, aquí nacen los pelotaris. Hay un gran pelotari que dice que a los chavales de ahora mucho polideportivo y poco frontón. Aquí el frontón del pueblo es el lugar de congregación de toda la chiquillería. Ahora ya el abanico de opciones es más amplio pero hubo un tiempo en que la opción era ésta.

Y vamos en busca de la tercera de las esculturas de Jorge Oteiza en Zarautz.

.

.

María: Yo voy a escribir de ti y si la gente lo lee que te busquen, ¿dónde te buscan? ¿en la playa, dónde yo te encontré?

Jon: Paseo todas las mañanas, al mediodía pero sí, todos los días ando cinco kilómetros. Este es el ayuntamiento.

María: ¿Y  el nacimiento de tus nietos influyó en la creación de tu plaza de juegos?

Jon: No, porque tengo experiencia en el juego. Lo decía Schiller: <<El juego es la más alta expresión del ser humano>>. Colocaba el juego un peldaño más arriba que el arte. Como que el arte tiene una parte de juego pero que luego la intencionalidad… Esa es la diferencia que hay.

.

.

Jon: En el arte hay intencionalidad y en el juego no. Y esa es la escultura que Oteiza le cedió al dueño del restaurante. Y el ayuntamiento, por eso tuvimos la pelotera que no quiero explicar porque es un asunto denso y muy … Y aquí puedes percibir lo que te decía también de la otra. Y esto es un cubo que tiene un corte… Es una mitad de un proyecto que está sin acabar.

María: ¿Cómo se llama?

Jon: Esta escultura <<La siesta>>.

Aquí Jon tampoco quiere aparecer, como cuando no quiso hacerlo con las banderas que figuraban en la plaza de la marquesina o quiosco musical.

Jon: Esta escultura se genera en una reflexión sobre el cubo de Malevich, y en una obra que es el <<Blanco sobre blanco>> de Malévich. Y el cubo, y los cuboides que luego hace él y vacía. Y esto son la asociación o yuxtaposición de dos… Sin acabar de…

.

.

María: Bueno, pues yo voy a sentar a quien tengo que sentar, que es a la roja. ¿Te parece bien? Y el restaurante era éste, ¿dices?

Jon: No, no, el restaurante estaba allí. Esto es un agravio.

María: ¿Lo que hice es un agravio?

.

.

Jon: No, es un agravio mezclar, para justificar el proyecto…. Esto es el cuadro rectángulos rojos de Malévich.

María: ¿Estos son los rectángulos rojos de Malévich?

.

HEREM

.

Jon: Para justificar, ¿entiendes? Para dar expolio a que vamos a traer aquí, y lo que pasa es que cuando el dueño del restaurante, que tiene el restaurante al final, se va del restaurante, y éste viene… le dice el dueño: llévate la escultura.

María: ¿Pero eso puede pasar con el arte, hoy en día?

Jon: Claro, y entonces el ayuntamiento busca la oportunidad de poner aquí esta escultura. Y le dicen: tráela, ya la ponemos nosotros. Entonces como la escultura es pequeña ponen dos triunfales…

.

Hemos llegado a Langako Plaza.

.

.

María: Pero Jon, aquí hay colores.

.

.

A la caminante le gusta lo que fotografía, desde aquí y desde allá, subida en un banco. Y luego se pone a jugar con su plaza. Todo huellas. Y ahora pregunto, ¿qué está expresando eso?

.

.

Jon: El niño viene a la plaza y se encuentra con esto. Yo le pongo una indicación pero no hay una normativa, el niño puede empezar desde donde le de la gana. He visto a los niños jugar con el círculo negro, y jugar con una pelota a pegar. Y aquí le haces otra propuesta pero luego tiene que tomar decisiones, y tiene que tomar la decisión que le de la gana a él.

María: Tomar decisiones. Eso que ya no saben hacer, casi, ni los adultos.

.

.

Jon: Pero todo el esquema que trae, de seguir por ejemplo el color rojo, llega aquí y el esquema yo se lo he roto. ¿Cuál es el juego? Crear el juego, imaginar el juego, elaborar un esquema de juego. Romper ese esquema porque sí.

María: O sea que tú vives por aquí.

Jon: Sí, yo vivo aquí. En el número 3. Y aquí era una plaza con piedrita de esta pequeña y cuatro columpios. No era más que eso. Yo te pongo un ejemplo, después de que en 20 años no había niños en esta plaza, empieza a haber niños. Nietos de las personas mayores que viven aquí. Entonces llamamos al ayuntamiento que tiene que quitar las piedrillas porque hay niños y se pueden herir. Entonces viene el ayuntamiento, quita los columpios, echa el cemento y se va. Y viene el artista detrás y pinta los juegos. Y esto es la poética II, el artista al servicio de la sociedad para el desarrollo de la creatividad y de la imaginación del niño.

María: Pues te voy a decir la verdad, yo que no soy una entendida de arte siempre me va a convulsionar más algo que concita mi mundo interior que… A mí Oteiza no me va a parecer interesante por una escultura suya si tú no me hablas de él

(otra cosa es que ahora, ya después de escuchar al propio Oteiza, me haya Enamorado; vamos me apasiona su personalidad, y entiendo perfectamente que él sí que concite todo tipo de criterios y opiniones a su alrededor)

.

.

Jon: Los niños intentan coger no las pisadas sino las cruces, porque de alguna manera hay una resonancia, a flor o algo aprensible. Luego esto genera una co-participación de la madre y el niño para crear el juego. Pues el niño muchas veces se queda parado y está esperando que la madre que está aquí, fuera del juego, le aliente o le diga algo. Y entonces se crea una participación que no hay en un columpio. Aquello era amarillo y lo pinté de gris, para que el niño se meta debajo y se sienta acogido, el espacio gris. Porque con el amarillo va a salir rebotado.

María: Pero el gris es el color de la indiferenciación.

Jon: En la metafísica de Oteiza, en la teoría de la percepción, el gris es el color de la receptividad. El niño, cuando llueve chirimiri, o cuando está nublado, está a gusto porque encuentra que el espacio gris le acoge, le recibe, le aisla.

María: A mí dame nubes y nubes bajas.

Jon: Yo cuando hicieron eso ahí (los jardines de la siesta), pinté una pared gris como protesta, es espacio metafísico gris, lo reivindiqué, ante una manipulación que estaban haciendo de una obra de un artista. Pinté de gris, pinté de verde, sobre el verde… el verde es un color tópico de frontón, y sobre el verde pinté la sombra del árbol, el crecimiento del árbol, con todas las estaciones del árbol y sobre eso pinté el gris. Como lo que queda detrás del gris. Bueno, vino el ayuntamiento y me lo pintó de verde, otra vez.

María: Tienes una discípula, en el sentido de que esta idea si me siento capaz de realizarla y que es…

Jon: Es muy elemental. Llega fácil

.

.

María: Es alegre. Mira he hecho muy pocas cosas con la pintura en mi vida pero una de las cosas que he hecho es pintar las huellas de las manos, en las camisetas; no sé es lo primero que tienes y me parecía un recurso, cuando aflora algo que quieres expresar.

Jon: Oye, ¿vas a comer?

María: Me voy a ir a comer por ahí, sí.

Jon: No sé que hay pero espera.

María: Pero, ¿no es una molestia?

Jon: que no, que no, no creo.

(me quedo sola y le digo al ”amigo invisible” que me acompaña, es decir a usted: <<Como me ha gustado, aquí he encontrado algo, sí>>)

Ya estamos en su casa, comiendo. Su mujer Esther me cede su plato porque no esperaban invitados y Jon se ha presentado conmigo; aunque ella a eso dice que no es así, que se ha levantado tarde y no tiene hambre. Y hemos continuado charlando animadamente:

.

.

Los mamurrak son cuatro personajillos de la mitología vasca, de los que a veces se ha dicho que toman forma de insecto, los cuatro genios elementales; cada uno representando uno de los elementos: el agua, el fuego, el aire, la tierra. Y existe una tradición que dice que si uno en la Noche Mágica o la noche del fuego, la del solsticio de verano, el día de San Juan, se acerca a eso de la medianoche, con un alfiletero que debe dejarse abierto al sereno, en contacto con las raíces de un espino albar y regresa al alba, habrá logrado capturar dentro a estos duendes que durante todo un año concederán mágicamente cualquier deseo que uno pueda desear. O bien protegen, ayudan y obedecen en todo a su amo. Y éste, entonces, aseguran que puede llegar a realizar verdaderos prodigios.

Pero abstenganse aquellos que no quieran prolongar sus decrepitud, porque la juventud no la conceden ni el vigor asociada a ella. Y si uno padece enfermedad no lo dejan expirar hasta ser liberados. También se les puede pedir que le traigan a uno agua en un cedazo; así que al parecer al lógica impone sus limitaciones. O eso dan que pensar algunas narraciones relacionadas con esta leyenda.

.

el fuego a partir del minuto 3:30”

.

Después de este interludio mitológico tuve que retractarme. Le explico a Jon: Te dije que yo no hacía arte; pero de algún modo, durante los últimos años de mi vida, he comenzado a trabajar en lo que llamo cultivos espirituales, el último tuvo una construcción de unos cuatro años, lo fui fotografiando, formó parte íntegra de mi expresión y trabajaba con velas, y desde la creación dentro de una pecera, de la playa, en la introduje rocas, arena y madera, luego una parte la mojaba, etc… fui construyendo algo dentro. Pero también enterré en ello una ayalga, que en este caso era una quiastolita, y fue formándose como una montaña, con colores, porque hubo épocas aciagas o de crisis, y el negro formó parte de ello, y dices: ¿y todo ello para qué? No sé, lo hizo el instinto, o el instinto supersticioso, quería robar algo, a la quiastolita, el salvoconducto del viajero entre el pueblo celta, la flor, otros piensan que es una cruz, yo estaba más imbuida por lo natural de la naturaleza y su semejanza con los tréboles de cuatro hojas, signo relacionado con la suerte o la buena fortuna, y antes de partir hacia este camino, el impulso de recuperar esa ayalga fue el más fuerte, sentí el momento y el equinocio de la primavera fue el día elegido, así que me fui a una playa, la playa forma parte de mi historia y de la historia de la pecera o el cultivo y hay una obra en Candás, que es puerto marino, <<El conjuro a la mar>> y que es bastante impactante y me gustó…

.

.

Así que me fui con mi cultivo, y aunque había llovido era en ese mediodía un día soleado, encendí el fuego, tuve precaución de encenderlo de una manera determinada, y en ese instante deseé algo y el deseo se materializó, un caballo había sido y por la playa hacia mí corría un jinete. En aquel momento comenzó a levantarse una borrasca tormentosa sobre la playa pero de dimensiones espectaculares, y desapareció toda la vida que había sobre ella, la vida humana, llovió torrencialmente durante más de una hora, y afirmo que torrencialmente porque aquello tenía las proporciones de un diluvio, me separé de los teléfonos que llevaba encima en un intento de no atraer a los rayos, me pareció que los teléfonos podían ejercer de atractores de la tormenta, y recé, sí, o algo pedía, vivir, poder seguir viviendo porque tenía la impresión de que podía ser fulminada… y también porque el fuego no fracasara en el intento pero a pesar de toda el agua de los cielos, no se apagó y al final tuve que apagarlo yo (me quedó claro que en lo de hacer hogueras soy bastante concienzuda o eficaz). Y la obra está en cómo la fui fotografiando, como se fue creando y cómo destruyendo, cómo liberé la quiastolita, la ayalga en ella enterrada, y ahora te enseño como me concedió la flor de su diseño interno, que ya no encontrarás en esta piedra mineral que cuelga de mi cuello.

.

.

María: Este es un cuaderno de viaje pero un cuaderno de viaje que no va a ser para mí, es un cuaderno que va a estar en la bodega donde vamos a ir a comer, si es que visitáis mi ciudad.

Jon: Bien, sí esto es incorporar el arte a tu experiencia de vida.

María: Sí, es que tiene que ser así. Y sé que hay algo de rito en ello…

Jon: Es que del rito ha venido la fijación de los modelos de cultura que tienen los diferentes pueblos, y eso es lo que estaba leyendo precisamente, y en el momento en que el rito pierde la referencia con la trascendencia, con lo sagrado, con la Naturaleza, con lo que sea, los pueblos empiezan a debilitarse culturalmente pero a una velocidad increíble; y acaban siendo los pueblos superficiales que son ahora.

María: ¿Y a quién estás leyendo?

Jon: A un profesor universitario…

Jon se dirige a su biblioteca diciendo que faltan libros y que tiene libros por medio país (que habrá prestado). Y pone en mis manos la obra de Luis Álvarez Falcón mientras yo le pregunto por Cencillo, del que no ha oído hablar, asegurando qué es raro que él compre o se lo pueda permitir, porque los últimos tiempos no han sido como para … pero éste es de los pocos que realmente dice algo interesante. A continuación menciona a Walter Benjamín y a Heidegger, yo enuncio alguna pregunta desde mi ignorancia, y Jon responde que Benjamín, y que esa es la escultura que él le vendió a … (no termina de precisarlo)… murió en Portbou (se suicidó en la frontera hispano-francesa)… fue un final trágico, porque venía el hombre desde Alemania, huyendo de los nazis, con la maleta llena de escritos, llegó a Portbou, pasó la frontera (y aquí hago una de mis desconsideradas intervenciones para tomar el título del libro de Falcón) con la intención de pasar a Portugal y … (otra de esas intervenciones sin consideración por las palabras del otro, que me tengo que corregir como sea, para comunicarle a Esther que vamos a dar ese masaje en su pie; el que le da problemas y quiero copiar esas líneas, que son las que se reflejan aquí de <<Realidad, Arte y Conocimiento>>, y ahí se queda en el aire eso que Jon iba a contarme y que seguro que era interesantísimo de conocer)

.

<<El demudado olvido de la condición clásica ha terminado por obviar la problemática conceptual que existe en el origen del discurso moderno del Arte>>.

Luis Álvarez Falcon

<<Realidad, Arte y Conocimiento>>

(la deriva estética tras el pensamiento contemporáneo)

.

Cuando los hijos de Jon, primero uno, con el nieto más pequeño, y luego el segundo, muy guapos los tres, llegaron fue esa la hora de levantar el vuelo. Jon me acompañó.

.

.

Pasamos por delante de la ermita de Santa Marina, erigida por segunda vez en 1932, la anterior lo había sido en los inicios del siglo XVII, con pináculos laterales.

.

.

Y alcanzamos la Casa-Torre de los Zarautz, de carácter defensivo, últimos del siglo XIV y principios del XV, campanario adosado en el XVIII, anexa, a la parroquia de Santa María, donde yo me había hecho a la idea, mientras me dirigía a la localidad y escuchaba la grabación de la lectura de la guía de Paco Nadal, de que hallaría tal cosa como la tumba al peregrino desconocido y por tanto mi cita ineludible.

.

.

La Casa-Torre, desde el año 2002, acoge en su interior el Museo de Arte e Historia de Zarautz, un archivo histórico desde el siglo X y el museo de Bellas Artes, nace por inciativa del ayuntamiento. Son las 16h20min en ese momento.

.

.

Ahí fue donde me encontré con Lee Giove, el californiano que había cenado con nosotros en el albergue de Rosa, estaba sentado, modosito, en un banco, me alegré de verlo, era un joven my enfático, él también pareció contentarse gran cosa de verme a mí, y donde Jon y yo nos despedimos.

.

.

La iglesia parroquial de Santa María la Real se comienza a edificar a principios del XVI pero parece ser que ha sufrido profundas transformaciones a lo largo de los siglos. Me dirijo lo primero hacia el sepulcro, primer error; es decir, aquí resposan los restos del consejero de Carlos IV de Castilla, conocido como el impotente, fascinantes los hechos en torno a su segunda esposa, hijo de Juan II y hermanastro de Isabel la Católica pero el caballero al que nos referimos fue Lope Martínez de Zarautz, y no ningún peregrino desconocido. Y si se conoce así a este enterramiento, como de <<los peregrinos>> o del peregrino es porque labrada en él hay una venera, símbolo del Camino de Santiago, quizá acreditativa de que el mismo realizó la peregrinación y el escudo del linaje de los Zarauz-Gamboa, tracerías diversas y animales heráldicos.

Pensé en sentarme unos minutos con Lee o en desquitarme de la mochila en un banco, había, ahora, una mujer, de corta estatura, frente a él, que cuando me acerqué a ellos me espetó altanera y desagradable: ¿Y tú qué quieres? Despedirme de mi amigo -le respondí anonadada. Pues hazlo -apartándose como si una fuera un perro sarnoso. Al día siguiente, cuando le vuelva a ver, le preguntaré -lo primero- por ella y Lee se mostrará bastante remiso a contestarme con normalidad; es decir, lo hizo <<azorrando>> -me di cuenta ahí. Era una guía. Sólo eso me dijo, que Zarautz o su iglesia puede tener a honor, todavía ésta más desustanciada que las camareras tras la barra de Karlos Arguiñano. Sentí coraje en ese instante, lo mismo que lo había sentido en el Alsa que me había conducido hasta Irún, por motivos diferentes pero en el fondo el mismo motivo: la incompetencia humanitaria de la raza humana. Sólo que…

.

.

Sólo que cuando salgo a tomar aire del exterior, no sigo deambulando por el recinto, me han quitado las ganas, de admirar santo cristos y retablos, y he olvidado mencionar el asentamiento arqueológico, en esta zona descubierto, cuyos restos han significado un avance en el conocimiento de la población vasca de la Costa, que ofrece vestigios desde la edad de hierro, un amable poblador se dirige a mí, de inmediato lo reconstituyente, para sugerirme que en vez de continuar mi andadura, por el itinerario oficial que siguen las flechas, mejor haría en transitar, esos escasos kilómetros, por el incríble paseo marítimo que une Zarautz con Guetaria.

.

.

El Palacio de Narros (S. XVI), la marea alta, con su encantada habitación azul, nos despide. Este edificio de estilo castellano fue rehabilitado en el XIX, época en que se le añadieron sus dos pabellones laterales, la leyenda inscrita en el escudo <<Zarauz antes que Zarauz>>, suponen que confirma la existencia de un linaje anterior a la creación de la Villa, con un patio acristalado y jardín de orientación inglesa, la reina Isabel II residió aquí lo cual atrajo, desde entonces, a otros insignes veraneantes. Acerca del asunto del encantamiento de su salón, se nos remite a la noche de San Bartolomé, 24 de agosto, donde los ojos de las pinturas que adornan sus paredes se mueven y goznes, alaridos y cadenas fantasmales se dejan escuchar: ¡Cómo me gustaría poder encerrarme en esa estancia -en tan emblemática fecha- para comprobar la realidad de estos rumores! En 1572 un hugonote (cristianos protestantes de doctrina calvinista), un inglés que escapaba de la matanza de los franceses, y esto lo recoge el jesuita Luis Coloma, que también fue huésped de esta casa señorial, en uno de sus cuentos (1912), naufraga su cuerpo maltrecho en la playa, donde estando al cuidado de los marqueses o de sus médicos, que sin embargo no logran hacerlo sobrevivir, muere, alma en pena, renegando de la extremaunción católica y acusando a sus protectores de haberle causado un envenenamiento.

.

.
.
Voy caminando fotográficamente y en medio del paisaje marino aparecen ellos que dialogan y me sonríen y eso termina por conjurar la mala baba de la guía de la iglesia en Zarautz. Comparto con ellos unos minutos de charla y dos caladas de amistad, acordándome primero de usted, por el cabello de uno de ellos, que en breve tiene que irse, porque a las cinco entra a trabajar, y sigo adelante embelesada por la belleza y la bondad de las gentes y del clima templado y calmo.
.
.
.
Tendrá razón Oteiza al declarar que el gris es sinónimo de receptividad.
.
.
.
.
En este paseo de tres kilómetros de longitud encontramos diversas esculturas, alguna retrato en el vídeo documental, y también una línea fronteriza, que me hace recordar, aquella semejante entre Bustio y Unquera, pienso aquí en Paco, del que soy lectora fiel, con intensa gratitud, porque reconozco que si no llega a ser por sus preferencias, a la hora de elegir un Camino, esa tarde yo podría haber estado en cualquier otra parte de España o Portugal, y me habría perdido esa mañana, la mañana que me convulsionó. Y en esas sensaciones andaba cuando de pronto el integrante de una pareja que iba en dirección a Zarautz se dirige a mí, la mujer sigue andando, que contemplo extasiada la mar, y me pregunta: ¿Eres peregrina? Porque claro, podía dudarse, con todo el equipo encima. Él lo había sido, un tipo encantador, sociable como tantos peregrinos; si es cierto que se experimenta algo emocional, un vínculo entrañable, cuando se encuentra uno, frente a frente, con otro caminante porque se ha sido o se piensa en serlo, la percepción selectiva comienza a funcionar a partir de ahí, y nos ponemos a intercambiar impresiones y él lector de Paco no es pero sin su guía no se fue al Camino, y además disfruta de conocer el hecho de que tiene una bitácora donde se le puede seguir, y me promete dejarle un comentario de mi parte. Yo pensando en que como no daba señales de vida… quizá usted, sin necesidad de que yo se lo advirtiese, me encontraría por ahí si es que me buscaba. Ingenua que a veces es una. La observación astral debe dejar poco espacio para circunstanciales lecturas en Red. Ella de nombre Isabel o María Jesús, eso lo recuerdo a medias, no quiso posar junto a él, aunque se lo pidió insistentemente.
.
.

.

Otra leyenda relacionada con Zarautz, y por lo tanto de la tradición, cuenta que la Nao Victoria, una de las cinco embarcaciones que iniciaron la vuelta al Mundo y la única que la concluyó (1519 -1522), fue construída en sus astilleros, que se cree estaban situados en el lugar que hoy ocupan los jardines del <<Palacio de Narros>>, y que alcanzaban el mar por un canal llamado <<río cavado>>.

.

.

A cargo de la Nao y la aventura el portugués Fernando de Magallanes, que muere en 1521, en Filipinas, durante una revuelta con los indígenas, poniéndose al mando de la misma Juan Sebastián Elcano, nacido en Guetaria en 1476 y que no conocía la ruta de regreso.

.

<<… En Guetaria las muchachas eran arañas
entre las redes de pescar.
Tejían una red infinita
mientras nos veían pasar…//>>

.
Carlos Martínez Rivas

.


.

De los 17 nombres que completan la lista de los supervivientes en la temeraria expedición: cuatro eran grumetes, tres pilotos, uno sobresaliente, ocho marineros, aunque uno de ellos también hacía funciones de barbero, Nicolás el griego, más Hans de Aquisgrán, que recibe el extraño título de petrolero, en la grabación que aquí escucho, descansando los pies en un banco frente al <<Ratón de Guetaria>>, nombre pareidólico del Monte San Antón, que hasta el siglo XVI había sido isla y no tómbolo.

.
<<En el principio eran las especias…>> comienza así su relato, ‘Navigare necesse est, Stefan Zweig; para hacernos comprender, a continuación, que en el siglo XV  << un saco de pimienta vale más que toda una vida humana>>, y que detrás de la época de los Descubrimientos, impulsando la epopeya, estaban, ya de aquella, cómo no, el consumo indiscriminado y los comerciantes.

.
Todavía muy tranquila marco el número de teléfono que me encuentro en la hoja con la lista de albergues, puesto que se especifica que esa es la fórmula. Me responde una mujer que no quiere saber nada de mí, con la que tardo en hacerme entender, y que me facilita otro número de teléfono móvil pero anteponiéndome que será difícil que pueda dar con una cama, que lo mejor será que pruebe en Zumaia, y es cuando caigo en la cuenta de que estoy a punto de quedarme sin batería. Horrorizada, pongo pies en polvorosa, porque no sé cuántos kilómetros me quedan aún por delante.

.

.

Había comenzado a descender por la rampa del paseo que recorre la recoleta playa de Guetaria, Malkobe, cuando por instinto me giré y me dirigí a él, con la esperanza de que pudiera orientarme con la dirección que había de tomar para llegar al albergue municipal de Askizu. Se llamaba Jon, el tercero del día, y había andado el Camino. Le expliqué mi problema, no poder servirme del teléfono y quizá que me ayudase a localizar una pensión barata donde pernoctar. Pero Jon tenía una personalidad afable, tranquilizadora, y tuvo ese efecto sobre mí desde el primer minuto; me aseguró que no debía preocuparme y además, me dijo, que como era yo la visitante me iba a invitar a tomar un café; eso a pesar de que él sólo había salido a correr. Lo de mi fortuna con estas buenas gentes y su hospitalidad me asombraba; me sentía como bendita.

.

.

A la entrada de Guetaria nos recibe el Monumento a Juan Sebastián Elcano, donde yo en vez de un mascarón de proa, obra del escultor Victorio Macho, autor del Cristo del Otero, veo a Niké, la alada diosa de la victoria. En su interior un cenotafio, pudiera ser, fue un paso rápido, curiosa mole en forma de pirámide truncada proyecto de Aspiroz y Aguirre, conmemorativa del IV centenario del regreso de Elcano.

.

.

Descendemos por la calle Nagusia (Mayor), la iglesia gótica de San Salvador, edificada en piedra de arenisca y declarada como monumento nacional, nos espera al fondo.

.

.

Sus orígenes datan del siglo XIV, luego habrá sucesivas ampliaciones pero será durante el XVI y XVIII cuando se trabaja en la estructura que podemos contemplar hoy, y eso al margen de las numerosas reparaciones que sufrió en el XIX debido a los destrozos que causaron en ella, y no sólo en ella, las guerras carlistas. Con respecto a esto llama la atención, cuando se conoce, la historia de la sillería de su coro:

”’Hacia 1560 recibió la sillería del coro tallada por Andrés de Araoz en su taller de Aya. Estaba formada por «veintitrés sillas sobre las que estaba el Apostolado con el Salvador en medio, algunos santos de buen relieve y adornados de animales, ángeles y sirenas correspondientes por su traza a la plenitud del arte plateresco; aquella sillería del coro que costó 1.402 ducados con 299 maravedises fue, tras arrasar los carlistas la villa el 1 de enero de 1836, utilizada por los soldados británicos de la Legión de Lacy Evans ¡para cocinar el rancho!»”’

José Berruezo, Historias de Guipúzcoa.

.

.

Una de sus dos torres está desmochada, la Norte o denominada también como Torre de la inquisición y que es la más antigua. Un rayo se encargó de ello, en 1760, tan sólo cinco años después de haber sido culminada. Pero la fundación de Guetaria, plaza fuerte y villa defensiva, nos remite a los anales de 1209 y a Alfonso VIII. A Zarautz por Zarautz puede que no pero a Guetaria por Guetaria sé que desearé regresar.

Jon es muy suyo a la hora del retrato en la calle, se queja del contraluz al que le expone el ángulo solar y al final logra que me de la vuelta y me gusta lo que capta.

En el pórtico de San Salvador, lo que parece una lápida pero ni él ni yo leemos en latín como para poder aventurar lo que se nos comunica. ¿Es la tumba de Elcano? No -me asegura. No sabe dónde fue enterrado, que lo fue en el Pacífico.

.

.

Mi asombro al ascender por su presbiterio elevado; digo que es la primera iglesia que veo en cuesta, así de vulgar lo mío. Coincidimos al comentar, él de forma reciente con una compañera suya, lo agradable que es la gente en el Camino de Santiago, la salud de los encuentros. A Jon le encanta lo sobrio. San Salvador de ventanas ojivales no se siente recargada, lo que provoca una luz muy peculiar y diáfana entre lo oscuro; la energía que transpira es densa, profunda y misteriosa, incita al recogimiento más sublime, cuerpo de tres naves divididas en tres tramos cada una. Me señala lo curioso que es la presencia de la virgen de Guadalupe, me explica que él estuvo en México, en Guadalupe, y que allí la patrona no es una escultura al uso sino un cuadro; e insiste en la sobriedad pero sobre todo en la grandeza de este monumento religioso a tenor de las dimensiones de un pequeño enclave como es Guetaria.

.

.

Cuando abandonamos el recinto, ha sido un instante mágico y precioso, Jon me traduce la placa que conmemora el hecho de las primeras juntas generales, que se reunieron aquí para constituir el territorio histórico de Guipúzcoa.

<<Las juntas generales, el 6 de junio de 1397 se reunieron en el coro de esta iglesia y aprobaron el cuaderno de ordenanzas de las hermandades de Guipúzcoa. Es la ordenanza de las juntas más antigua que se conoce, y fue así como se constituyeron la organización de las instituciones del territorio histórico>>.

Esta placa es de 1997 y la placa que conmemora, por tanto, el 600 aniversario.

.

Le pido a Jon que continúe leyendo en euskera. Percibo a través de él las primeras impresiones de una lengua que resuena con fuerza en mi interior.

.


.

Se escucha el repiqueteo solemne de las campanas, y a media lectura me uno yo en la parte que sigue:

<<Tras la fundación en 1209, hacia princpios del siglo XIV, el canal fue colmatado y las aguas encauzadas en una gran atajea que discurría por el subsuelo. Parte del antiguo canal se convirtió en una prolongación de calle Nagusia. A su lado se erigió un conjunto señorial integrado por una torre y otros edificos anexos.

A partir de mediados del siglo XV los Zarautz procedieron a ampliar progresivamente la Torre en altura, transformándola así en un palacio>>.

.

.

Por debajo de la iglesia transcurre una estrecha calleja o pasadizo subterráneo, donde la calle Mayor, que se dirige al puerto, toma el nombre de la Katrapona. Aquí una pequeña capilla de pescadores, la ermita de la Piedad, como una gruta, nos acerca a la tradición de la limosna y el deseo. Me cuenta Jon que su padre, nacido en Guetaria, su madre de Zarautz, cuando comenzó a ir a la mar con tan sólo diez o doce años, como otros arrantzales, tenía la costumbre de echar aquí una pequeña moneda para pedir una buena pesca a la virgen.

.

.

Aquella tarde los barcos no se habían echo a la mar, porque aún siendo temporada de anchoa, sobre esa hora suelen zarpar, a la noche, para regresar al amanecer con la anchoa fresca, la veda abierta después de cinco años de clausura, habían iniciado una protesta por el tema del cupo.

.

.

Guetaria es un importante puerto de la pesca actual de bajura y ésta siempre ha sido la principal fuente de ingresos para los guetaitarras.

.

.

El lugar donde nos encontrábamos se llama ”Arzapea” o ”Artzapea”, que biene a significar, Jon no lo sabe exactamente y no distingo su pronunciación, debajo del risco. Oteábamos los horizontes, desde ahí, con clima benigno, y se esperaba un temporal, se puede distinguir la costa francesa y, por las noches, vislumbrar sus luces. El cabo Higuer, los montes más lejanos los de Navarra, y desde Higuer, Jaizkibel, Igueldo, el monte Kukuarri, Talaimendi, lo que hemos venido recorriendo desde hace días…

La nueva cofradía tiene una estructura metálica, que es el habitáculo donde se hace el hielo, y llama la atención porque es metálico y se distingue desde la distancia, entonces jocosamente se le llama ”gukebai”, porque si en Bilbao tienen el Guggenheim, aqui ”gukebai” que significa <<nosotros también>>, tenemos algo parecido; un poco de humor vasco. Jon es socarrón.

.

.

Había ido a pedir nuestras consumiciones a la barra, ya me había asegurado que si la batería me dejaba tirada podía utilizar su teléfono. Me puse en contacto con el número que la persona que me había atendido previamente me facilitó pero Margerit, la mujer que ahora me responde, me comparte amable que hay plazas de sobra porque el refugio está por completo vacío, y quedo en volver a llamarla cuando inicie la subida, puesto que ella es la encargada de abrirlo pero para eso tiene que desplazarse hasta allí. Sólo que Jon, mientras estaba en la barra, famosa Guetaria por sus restaurantes y pescados, se había puesto en contacto con el teniente alcalde y bastante enfadado creí entenderle, aunque la conversación se desarrolló en euskera, que si todos estaban haciendo un esfuerzo por sacar las cosas adelante, lo que no podía consentirse es que a un peregrino se le diera una respuesta así. Luego charlaron durante unos minutos de otros asuntos del trabajo, hasta que Jon le pidió a su interlocutor que aplazaran esa conversación puesto que yo estaba a su lado. Jon pertenecía al ayuntamiento de Zarauzt, y no dejaba de ser curioso para mí haber terminado por estar pasando la tarde con <<la otra parte contratante>> del dilema del Jon escultor. Me recordará eso a aquello que me criticaban desde mi infacia: <<Tú vas con los de la feria y vienes con los del mercao>>. Por mi parte experimentándome radiante con los dos pero, ahí sí, escindida del conflicto; no en contacto, de nignún modo, con mi hemisferio racional. Yo creo que a veces las circunstancias te sitúan de uno u otro lado pero que por encima de las circunstancias siempre estamos las personas, o por lo menos, es lo que deberíamos intentar.

.

.

Jon escribió algunas notas e hizo un dibujo en mi cuaderno. Me contaba que en enero comienza la temporada de sidra y que los manzanos para producirla se hallan en la zona de Astiarraga, y que la típica cena de sidrería del País Vasco, sobre todo concentrado en estas coordenadas de Guipúzcoa, suele ser tortilla de bacalado, bacalado con pimiento verde y chuleta. Y de postre queso de Idiazábal con dulce de membrillo, y todo eso regado de sidra. Sólo que normalmente uno se tiene que levantar a por la sidra, tiene que ir a la barrica, a escanciar, no se echa desde una botella, y hay sidrerías en las que la gente todavía tiene que cenar de pie, no se cena sentado. Y además que Pepita Embil, la madre de Plácido Domingo, que era cantante de zarzuela, y Balenciaga, el diseñador de moda, cuya fundación mantiene aquí un museo, habían nacido en Guetaria.

.

El Camino según Jon

.

Pero la luz tenía los minutos contados y Jon, más consciente que yo, me instó a ponerme en marcha, porque si no podría perderme lo que me describió como un espectacular ocaso o perderme yo misma en la oscuridad. Cuando nos levantamos señaló una casona próxima y dijo: <<Mira, si  tuviera algún día bastante dinero la compraría. Y ahora vamos que con algo tendrás que hacerte tú si esta noche quieres cenar>>. Se hizo cargo de mi mochila y subió Nagusia arriba indicándome que me esperaba en la plaza. Entré a aquella tiendecita y cargué con dos latas de cola, algún dulce y chocolate. Cuando me disponía a esperar mi turno, en la no poco abundante fila, la comprensiva dueña me hizo pasar por delante de sus clientes sin que nadie planteara objeción alguna y me atendió a mí la primera. Media barra de pan, dos lonchas potentes de jamón natural y también un queso muy rico de barra. Más atenciones imposible.

.

.

Y primero no lo veía, llevaba las lentillas bastante desenfocadas pero luego me di cuenta de que había llegado casi a su altura, sólo que estaba acompañado. Por Andoni Aristi, al que me presentó como alcalde del pueblo y que me cayó fenomenal. Guetaria tiene un alcalde atractivo y simpático. ¿Y qué, el domingo vas a tocar? ¡Ah! ¿Pero tú tocas? Por el pueblo mismo, creí entender que el txistu, que es una flauta de tres agujeros que se sirve sólo de una mano, mientras que la otra se acompaña de la percusión.

.

GUETARIA.NET

.

Lo que no llegué a imaginarme que el alcalde, además de txistulari, también era un danzante. Aquí puede observársele en el ejercicio de ”la levitación”. Vamos que a mí no me importaría nada, y esto se lo digo en confianza a usted, que este buen mozo me brindara un aurresku, donde la mujer no baila sino que es bailada. Leo que los saltos tienen una función recreativa y ceremonial, que abren y cierran los bailes y señalan los momentos fuertes de los días de fiesta. <<La danza es para los vascos patrimonio de todos>>. Ahora bien, a cambio yo le regalo un irrintzi, grito de alegría o guerra, utilizado por los pastores para comunicarse de montaña a montaña.

Pero nos pusimos en marcha. Jon fue de nuevo tan gentil de hacer por mí esa llamada que yo tenía pendiente. <<¿Y no te sientes incómoda, porque aunque estés tú delante hable con los míos en mi lengua? Es que es difícil de evitar, es lo que te sale>>. En absoluto -fue mi respuesta-. Si cada vez que lo haces me está gustando más y más tu lengua. Jon me dijo que todavía tenía unos cuarenta y cinco minutos por delante, y nos despedimos ahí, advertida de que a partir de este punto comenzaría a encontrarme con los viñedos del txacoli.

.

.

La Guetaria que dejamos atrás es un núcleo de 2400 habitantes, incluidos los cuatro barrios rurales que lo componen. Eizaga, Meagas, San Prudencio y Askizu, hacia donde el caminante marcha en ascenso, en el término más occidental del municipio, cuenta con unos 100 vecinos.

.