De IRÚN a PASAJES DE SAN JUAN (Pasai Donibane) o primera etapa del Camino del Norte por la Costa


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<< Para la próxima vez que lo mate -replicó Scharlach- le prometo ese laberinto, que consta de una sola recta y que es invisible, incesante>>
‘La Muerte y la Brújula’, 1942

– Jorge Luis Borges –

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.2. Santuario de San Gabriel y Santa Gema en Irún
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Irún, tal vez la romana Easso, algunos estudios nos remiten a ello, se despereza mientras me dirijo a un taxista para interesarme por la dirección del Hospital de peregrinos sito en Lucas Berroa número 18. Por esa calle, al frente, la cúpula del santuario de San Gabriel y Santa Gema, iglesia de los padres pasionistas, orienta al peregrino que desembarca sin plano hasta un cruce, y al contrario que el doctor Yarmonlinsky no puedo postergar para mañana el examen de la ciudad desconocida. Esa fue la elección, que ahora fuera mañana.

<<Dies Judaeorum incipit a solis occasu usque ad solis occasum diei sequentis>>

Pero preguntando, ¿a dónde no se llega? Aunque sea a las siete y amanezca, los viandantes precisos. Poco después doy con el refugio. Fue un acierto llamar a Demetrio Grijalba (de los tres teléfonos que en Internet se facilitaban). Hice sonar el timbre y el hospitalario, en zapatillas y reclamando silencio, bajó por las escaleras a abrirme. Comenzaba a despertar a los peregrinos y les preparaba el desayuno. Conmigo, de barba y cabello canos, fue muy gentil, recordó que unos días antes habíamos hablado (de mi intención de viajar sin guía – que no es lo corriente – y de recabar informaciones a mi paso), y me facilitó una relación de albergues aunque no todos los existentes en Euskadi, sólo hasta Bizkaia. Y después de estampar el primer sello en mi credencial también el recorrido de la primera etapa. Creo que una guía es un peso del que puedo prescindir, y sinceramente prefiero seguir las flechas, ya que estoy en el Camino; de lo contrario se corre el riesgo de nunca entrar en él, y también averiguando, a las gentes que me encuentro. De hecho la experiencia resulta de lo más anaranjada, aunque hay amabilidades de todos los dulces, e incluso amargos, colores.

Ayudé a colocar los servicios para el desayuno en la mesa. Galletas, magdalenas, mermeladas, y mantequilla, recordando la parábola de los jornaleros de la viña del Señor y los denarios… El refugio funciona con la voluntad y no hay ninguna imposición de donativo.

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<<Así los últimos serán los primeros y los primeros los últimos>>

Mateo 20, 1-16

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Ocho peregrinos habían dormido o pernoctado la noche anterior en las dependencias. Lolo, asturiano de Mieres, café sólo y sin azúcar pero que prefirió algo más consistente luego… y que había conocido a Gema, malagueña, a quien la tarde anterior había orientado hasta allí mismo porque la buena moza andaba un tanto perdida. Estos que se percibía que habían congeniado, más cuatro jovencitos, más un francés… que tenía intenciones de hacer parada y fonda en Pasajes de San Juan. Primer albergue y primera sorpresa del Camino. Recién inaugurado, una semana antes. Un poco de conversación y en seguida a la calle. Bajé apurada tras el asturiano y la andaluza pero la mujer, o quizá él (por detrás), dijo: <<Vete tú primero que en seguida te alcanzamos>>. No me importó, muy al contrario, una tenía otros planes, y comencé a indagar el destino que hasta Irún, arrasado por un incendio provocado en 1936 y por eso con un casco antiguo muy diseminado, me había atraído.

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4. Emblemático kilómetro Cero sobre el Bidasoa o Puente de Santiago en Irún Hendaia
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Hay que regresar, un par de kilómetros, que luego habrá que volver a desandar, si se quiere partir desde el mítico o simbólico Km 0, en el Puente de Santiago sobre el Bidasoa. Si Francia, Hendaya, me hubiera resultado atractiva quizá me hubiera internado algo más en ella pero… en realidad la ermita, o mejor dicho, el santuario de Guadalupe y la vista de Hondarribia (Fuenterrabía), donde algún avión despegaba fue lo que cautivó mi atención; y la botella, azulada, que vivió un fuego continuo durante muchas horas, quizá las bastantes, fuego de atanor, y que sellaba un corcho rojo, cuando el arcano de los caballos se pronunció para usted… fue la primera Sonrisa mágica del Camino del Norte.

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5. Botella azul con corcho rojo sobre el Bidasoa

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Después de buscar el encuadre que encontré más idóneo, no recuerdo olor a algas alguno pero sí chillidos de gaviota, la lancé a las aguas, que colonizan la trucha y el salmón, con toda la extensión y fuerza que de sí dio mi brazo.

Así que retornar, sobre mis pies, no sin antes entrar en una gasolinera, donde una mujer muy amable me facilitó un plano de la ciudad, que me guardé y dejarme ir guiada más bien por las gentes.

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3. Escultura de Pío Baroja en la Plaza del Ensanche de Irún

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De nuevo en el paseo de Colón, en la plaza del Ensanche, junto a la estatua en bronce de Pío Baroja, reproducción a tamaño natural de una obra del asturiano Sebastián Miranda, paseante solitario con abrigo largo y sombrero, Irún no me produjo una impresión especial, tomé la carretera a Hondarribia pero antes de salir de la ciudad y conociendo, gracias a Demetrio, lo imposible de disfrutar de café alguno hasta Pasajes de San Juan, me incliné por detenerme en una cafetería, donde desayuné, ya más tranquila, con toda propiedad (dos euros dejé en el albergue de peregrinos) otro solo y una pieza de bollería.

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directo del desayuno

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Y tuve el primer disgusto del viaje; al desprenderme de la mochila también lo hice del cinturón especial (samsonite) con el dinero y mis tarjetas, que una mujer honesta me retornó. Más cabeza María -me pedí. Entonces estos monederos es mucho mejor utilizarlos debajo de la ropa que esa es la indicación y tomé conciencia de ello…

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10. Naturaleza de las marismas de Txingudi
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Eché a andar y pasé por delante de la cafetería Luna, crucé y siguiendo la perfecta señalización me dispuse a abandonar Irún. La carretera era estrecha y un coche se detuvo a mi lado, con un hombre que comenzó a hacerme preguntas; no sé por qué motivo no me gustó demasiado, y ¿de dónde vienes? y ¿a dónde vas? Pues si tú me lo permites…. No fui desagradable pero el contacto no me apetecía y sólo quería seguir caminando. ¿Con cuántos kilos? Por lo menos ocho atrás, en la Roja, y luego unos 4 más en la delantera. La carga repartida así es más llevadera pero aún faltando para acostumbrarse al peso, sin real amistad entre la compañera infatigable y yo. Fotografías y placer. Pequeños puentes artesanales o de madera, y en seguida los humedales de Jaitzubia, marismas de la bahía de Txingudi, donde esa misma mañana algunos colegiales, divididos en diversos grupos, hacían o recibían lecciones prácticas y de talante más bien inexpresivo. Los primeros ni se molestaron en responder a mi saludo.

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(las marismas y el viento)

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Estas marismas, espacio protegido y de reconocido valor ecológico, son el mejor ejemplo de medio marismeño existente en Gipuzkoa. Zona de refugio de numerosas aves de paso migratorio, el gobierno vasco aprobó un plan de protección en 1994, que se extendió en el 2001 hasta el término de Hondarribia; por otro lado, bastante deteriorado al estar ubicado en una conurbación urbana con fuerte intervención del hombre, este pasillo verde, en estado constante de regeneración, comunica la bahía de Txingudi con las laderas del monte Jaizkibel.

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8. Primeras horas de la mañana en las marismas de Txingudi

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Así comenzaba el ascenso, por pista de cemento y todo salpicado, entre los verdes más vibrantes, de caseríos o casonas coloridas, con yeguadas; y prontamente, a la hora en que el camión de la basura efectuaba el recorrido, y siempre despreocupada de la que pudiera señalar el reloj, la ermita de Santiagotxo (km 3,5), ya citada en algunos documentos del siglo XV, a principios, en la que me surtí de agua (en la fuente misma que sucede a sus pies) pero a la que fue imposible visitar en su interior. Un Santiago peregrino dentro. Y una estela en su lado norte, si suponemos que como todas las iglesias en ésta el altar también se orienta hacia el Este.

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El Camino sigue empinándose, la pista pasa a ser de tierra y no se atraganta porque se va ascendiendo con lentitud y maravillándose el peregrino con las vistas de la costa, que avanzan ser sensacionales.

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De hecho Guadalupe a mí me fascina (más de lejos que de cerca, que todo hay que decirlo; esa atracción inexplicable que se experimenta por las cosas distantes) y a no tardar demasiado lo alcanzo. Momento para disfrutar. Más agua de esta otra fuente. Contemplación de Hondarribia, aire puro, el aire ya va adentrándose en los pulmones con el olor agrio de la tierra. Hace sol y todo parece indicar que el día va a permanecer así. Leo sobre la historia del Santuario, cuyos cimientos se yerguen sobre otro anterior.

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(directo del Camino)

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La fábrica que podemos admirar es del siglo XVI, y parece ser muy transitado. En Euskadi, en seguida vamos a comprobar, que los mismos pobladores son los que andan sus surcos; andariegos sombríos pero todos encantadores y receptivos al saludo. Algún francés, estos se bajan de los coches. Yo allí ausente de prisas.

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Por fin me decido a explorar el recinto sacro y una penumbra densa me acoge. Sin embargo, aquello que busco, tal vez lo comprendería si conoce el Salas astur, no se halla tan presente como para obligarme a absorberlo sentada en sus bancos; y subo al coro, y contemplo los decorados, los murales, la virgen negra, recordando que allá donde encuentre este color oscuro hay quien dice que se nos están indicando de este modo las serpientes de la Tierra, la presencia de líneas ley.

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La MacLaine hace turbar con esto más que yo, y no demasiado lejos, del algún modo, me espera un encuentro con ella. Barcos sujetos por hilos de marioneta, nailones, se hacen palpables, como si navegaran por un imaginario mar pero que nos recuerda que este santuario es de devociones marineras.

Esta virgen negra de Guadalupe, patrona de Hondarribia (Fuenterrabia) es una de las siete vírgenes ‘beltzak’ que se albergan, o lo hacen sus cultos, en Gipuzkoa. Ignoro donde hallar las otras pero me pregunto, una vez trazados los puntos que las unen, que dibujo nos descubrirían esos enclaves, algo a investigar. Y es una talla de madera policromada que se cree perteneció a algún mascarón de proa de algún navío. La leyenda cuenta que la descubrieron dos pastores llamados al paraje por un resplandor.

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Pero hay más que ver en este lugar. Los restos de un antiguo fuerte (decimonónico), con sus escalinatas, dirección oriental, custodiadas por ”sendos castillos o fortalezas”; y ya es retomar el Camino. Bien relajada, donde pronto se nos ofrecen dos alternativas.

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Una dice que para peregrinos alpinistas y que no conociendo me descorazonó. Esta es la de la senda que habría que tomar, la que ofrece las mejores vistas, según Marian, la hospitalaria de Pasajes de San Juan, y por la cresta del Monte Jaizkibel. Seguiríamos la ruta de los torreones, más ruinas con pátina, subproducto de las guerras carlistas. Yo tomé la otra y en absoluto arrepentida.

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El Monte Jaizkibel, la estribación más occidental de los Pirineos, aunque con sólo 543 metros, es el más alto de la costa cantábrica, y la bahía de la comarca del Bidasoa, Txingudi nos alegra la vista por largo rato mientras recorremos la pista forestal, tantas veces acompañados por el sonido de los cencerros que cuelgan del cuello de caballos, imagino que de alguna raza autóctona, y de pronto por una cañada desciende un rebaño de ovejas, cortejadas por dos perros de pastoreo que me ladran a mi misma amenazadores; aunque un todoterreno también los sigue. Una gozada que retrato.

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Y ya el paisaje lo que ofrece, es un horizonte de montes en la lejanía; en concreto uno con una forma, sus crestas, de montaña insignia. Y una fuente y un primer descanso. ¿Recorrido aburrido? En absoluto.

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Va envuelto el peregrino por la belleza de los árboles. Muchos de hoja caduca nos muestran su cuerpo despojado y de vez en cuando, un olor a chamuscado, nos adelanta la quema de alguna zona del monte. Aunque parece un asunto propio de la premeditación. Quien sabe si para enriquecer más la tierra. Lejos todo ello de esa devastación que algunas veces nos encoge el alma.

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(del tramo los caballos en vivo)

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Van protestando mis pies que comienzan a doler, a pesar de haber sido entrenados y ni rastro de la otra fuente con concha de la que habla el panfleto de la etapa que me han facilitado y que mencionaba sólo diez minutos de distancia.

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A veces, algunos pasos, sobre hierros aristados, imagino que para marcar límites y dificultar el exilio de los ganados, sin cercas, nos hacen ir con cuidado y se agradecen los bastones, tan útiles en subidas como en bajadas. La tierra se muestra pertinaz.

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Ocurre que el clima se ha embravecido, la oscuridad se torna amenazadora y algunas gotas comienzan a caer mientras se alcanza un punto confuso (una aspa amarilla despista), como indicaba la lógica, pese a la cruz, hubiera debido continuar hacia delante, con capa de lluvia y equivocándome sigo un GR, que por una bajada salvaje me conduce a la carretera. Entro, pues, en Pasai Donibane por la zona industrial, exenta de cualquier encanto, y tan agotada, con las articulaciones de los tobillos tan doloridas ( el peso que soporto echa abajo las predicciones del entrenamiento físico del último mes) que me introduzco en el primer restaurante que veo y donde no tienen menú.

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<<Una ración de ostras arrancadas la misma mañana de las rocas de la bahía, dos costillas de cordero, una lubina que es un pescado delicioso, dos huevos al plato azucarados, una crema de chocolate, varias peras y melocotones, una taza de excelente café bien cargado, una copa de vino de Málaga y sidra a placer, ya que no me gusta el vino de odre. Este era mi almuerzo>>

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Así describe el novelista Victor Hugo, en su obra ‘Alpes y Pirineos’ uno de los menús que tuvo el placer de degustar en Pasai Donibane, en uno de los siete días que duró su estancia allí en la casa Gaviria (S. XVII), con vistas a la bahía de Pasaia y en compañía de su esposa Julieta Drouet en 1843.

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En mi caso, y después de salir ya aliviada del baño, tuve que conformarme con un pintxo de tortilla y otro de lomo con queso bien corrientes; poco más vi que hubiera para elegir. Y al contrario que el también poeta francés y autor de ‘Los miserables’ (1862) me sirvieron un crianza rosado (en realidad dos) porque a mi paladar le deleita el vino. Sin embargo no le hago caso alguno al peregrino, compatriota del, de nuevo, ahora dramaturgo, con el que había coincidido en el refugio de Irún a la mañana, porque conocía el hecho de que no hablaba ni una sola palabra que no fuera en su lengua nativa y me dio la impresión de ser bastante maniático y snow; así que aunque escuchaba a la camarera pelearse con su idioma a mis espaldas, en ningún momento hice amago de darme la vuelta y tratar de ayudarlos a entenderse; no fuera a ser que al final el caminante decidiera quedarse cuando me daba la sensación de que lo que intentaba era irse, puede que hasta por verme a mí allí, y sólo preguntaba por los horarios del transbordador. Aunque es cierto que eso fue después de haber tenido el lamentable gusto de ser interpelada por Andoni, que es el típico ”cretinatarra” que se piensa que todos los caminantes somos idiotas de culto, y que me informó de que en el pueblo tenían por costumbre fletar un helicóptero para aupar a los peregrinos hasta el albergue. Por lo que fuera que yo le contestase… Andoni (¡oh cielos -pensé a lo Lewisotro Andoni es que si monto un circo me crecen enanos!) no debiéndose sentir muy satisfecho con que la ingenua de turno le hubiera dado a beber de su propia medicina delante de los parroquianos allí presentes, había regresado a los cinco minutos contados y, ¿sabe usted? yo no tenía previsto darle la más mínima oportunidad de réplica; así que escribía. Por demás, de la ludopatía.

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<<Estoy en un ancho balcón que da sobre el mar. Me hallo acodado en una mesa cuadrada cubierta con un tapete verde. Tengo a la derecha, mi dormitorio. A la izquierda, la bahía. Rodea a ésta una sucesión de colinas, cuyas ondulaciones van perdiéndose en el horizonte hasta alcanzar los contrafuertes descarnados del monte Larrún. La bahía se ve constantemente alegrada con el incesante bogar de las barquillas de las bateleras. Mi casa ostenta un escudo, pero los años han borrado el blasón. Las paredes son de piedra y de un espesor de torreón. Es una casa singular pues jamás he visto otra igual. Cuando crees hallarte en una cabaña, una escultura, un fresco, un ornamento inútil te advierte que te hallas en un palacio. Desde mi cama veo el mar y los montes…>>

– VÍCTOR HUGO –

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Arrebujada en mi capa peregrina, los tobillos fríos agonizando, emprendí, poco convencida, la subida por unas escaleras hacia la calle que tenía que seguir de frente, como me aseguraron dos amables vecinas del lugar, pasaitarras, y a las que el txirimiri no alejaba de su charla.

A mi la lluvia me gusta y no me importa mojarme pero no (todavía) arrastrando, cual peregrino caracol, todas mis pertenencias encima.

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Como había accedido a la localidad de la forma equivocada tampoco había logrado ninguna perspectiva de ésta y andaba dudando pero en seguida una ermita y un extraño ”trébol” de cuatro hojas (un símbolo celta -pensé) me indicó que me encontraba frente al refugio, y donde mala era la manera de poder resguardarse; así que bajo un tejadillo estrecho me senté, disponiéndome a esperar con paciencia a que dieran las cuatro, hora elegida en Euskadi para la apertura de sus albergues a nosotros, sus lógicos usuarios. Pero poco antes de eso un sonriente hospitalario, Xatur Telletxea (616 780 362), asomó por el camino y en seguida me hizo entrar por otra puerta, donde había que dejar las botas, y después, y antes que nada, me aconsejó utilizar la ducha y lavar la ropa. En esto último no le hice caso pero las instalaciones eran estupendas.

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El sótano con los servicios y zona de amplio tendedero, el piso donde nos encontrábamos ya amigablemente con mi pelo mojado, un hueco abohardillado arriba con más literas, y yo la segunda peregrina que iba a pernoctar allí, porque la noche del sábado anterior lo había hecho un pastor protestante, que como yo misma andaba sin prisas y lo que buscaba era darle alimento a su alma.

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<<Este es un lugar magnífico y encantador, como todo cuanto tiene el doble carácter de la alegría y de la grandeza; éste rincón inédito es uno de los más bellos que yo haya visto y que ningún turista visita; este humilde espacio de la tierra y mar que sería admirado si estuviera en Suiza, que sería célebre si se hallara en Italia, y que es desconocido porque se encuentra en Guipúzcoa>>

– VICTOR HUGO –

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Salimos al exterior, ante la fabulosa vista de la bocana de la ría de Pasaia, mientras Xatur me explica que el término municipal de Pasajes con 16.056 habitantes, en la comarca de Oarsoaldea , se compone de cuatro distritos distintos; este nuestro de Pasai Donibane o Pasajes de San Juan, que es el de mayor extensión, gracias o debido al monte Jaizkibel; el del otro lado de la bahía o Pasajes de San Pedro, por donde -en teoría- continuaría nuestro caminar y en el que se localiza el muelle pesquero, que cuenta con modernas instalaciones de procesado y congelación de pescado; Trintxerpe, barrio del anterior y que a comienzos del siglo pasado era una zona principalmente rural, que con el estallido de la industria pesquera se engrandeció de manera considerable y llegó a ser conocido, incluso, a principios de los 70, como la ciudad del dolar, para decrecer a finales de los mismos y durante los 80 por la crisis que asoló a este sector; o también como la quinta provincia gallega, debido a la emigración de los años 60, y que comparte una de sus calles, la kalea Azkuene, con Donosti; Antxo o Pasajes Ancho, que en el S. XIX y hasta finales del mismo aún era una marisma pantanosa.

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(directo de aquella tarde)

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Luego Xatur continúa nombrando los puertos, como el de los relojes, el avanzado trasatlántico, el muelle de capuchinos o chatarrero; y dice que, al fondo, en Rentería, que hace muga con Pasaia lo mismo que Lezo, ya los grandes silos de coches; desde donde los siete días de la semana se fletan cinco barcos con entre mil y mil doscientos vehículos, fabricados en España, y vía Southampton, al Sur de Inglaterra.

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Y entramos a la ermita de orígenes desconocidos por una puerta románica, que se respetó cuando ésta fue reconstruida en 1758. Un recinto sencillo pero por el que Xatur, como Sanjuandarra, mostró gran cariño. La fiesta de la Santa se celebra el 26 de julio y después de la misa se reparte un caldo a los asistentes; imagino que de pescado.
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En el altar, pintado, el retablo, en un fresco verde menta, como el de estas paredes que ahora me rodean, Santa Ana ocupando la posición central; una tallada policromada que llegó a Donibane procedente de Flandes en época de Felipe II.
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Xatur me habló del reloj de la misma y del complejo (de repetir) mecanismo de contrapesos por los que se ajusta el minutero de la campana para que a la hora de escucharla siempre el repiqueteo sea el preciso, y yo mostré interés por verlo. Más adelante en el Camino me enteré de que el hospitalario esto lo había comentado con unos jovencitos que en un bar de Mendata, ya en Bizcaia, van a decirme algo así como que no debe uno entrar en tantos detalles innecesarios. ¿Ah no? ¡Curioso! Aunque yo también fui una joven poco convincente y bastante frívola, que no, <<afortunada-mente>>, todo el mundo lo es.
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Y después, y a pesar del cansancio manifiesto de las articulaciones de los pies, me vi impelida, por mi anfitrión, y con un recado para el cura, eso a mi querencia, sólo el de presentarme como peregrina, pero noté que al buen hombre, sin comprender muy bien (todavía) por qué, le hacía ilusión, a visitar bajo mi sombrero (ya daba igual entonces la lluvia, aunque Xatur acertando casi con la predicción me aseguró que no volvería a llover) esta marinera y deliciosa villa, prolongándome hasta más allá del Castillo de Santa Isabel, fortaleza en ruinas que Carlos I mandó construir para protección del puerto frente a los ataques extranjeros en 1621.
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Y, como cantábrica de alma que soy, el paseo entre salitres y espumas, lejos de cansarme más, me vitalizó e iba por dentro agradeciendo el estímulo extra que el antiguo remero combativo de trainera, quizá hasta queriéndolo, me regaló.
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Galatras Etxea. XVII. mendeko biztegi-etxea da. Portuko instalaizioek erdi ezkutuan zuten, baina une hauetan eraitsita dago etorkizunean non kokatuko den erabaki arte. Y por eso me fue imposible dar con este edificio residencial. Otras casas (etxea significa casa) que menciona el folleto que se extiende sobre mi mesa, son las Platain (S.XVI), Arizabalo (S.XVIII), y actualmente sede de la casa consistorial del municipio, Miranda de estilo renacentista y el Palacio de Villaviciosa con su fachada posterior vuelta al monte, y Jazkibel se siente monte y se hace sentir. Munoa-Camara Etxea, barroca, y de Carpín soy capaz de acordarme porque me detengo debajo de su arco y busco un ángulo desde el que tomar una imagen posible de la parroquia de San Juan Bautista, ahí -se supone que debo presentarme al cura en la misa, como de todas formas busco el interior, no me supone ningún problema; al contrario me agrada intercambiar algunas impresiones con las iglesias de los caminos.
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Y el interior ofrece diálogo de fortaleza; en seguida unos amables sanjuandarras se dirigen a mí, interesándose por mi naturaleza peregrina y me hacen llegarme hasta la sacristía, donde un hombre muy jovial, que luego me dicen la edad que parece no sostener, y me deja atónita, se muestra encantado con mi visita; que después he de enterarme que es debido a la idea de este buen cura, a quien dejaron atónito -a su vez- los de la diputación, Perico Ziparain, al suponer un problema el que hoy esté en pie el hospital de peregrinos de la ermita de Santa Ana.
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He de decir que me entusiasmó conocerle; y no por lo que nos dijimos o no delante de sus feligresas sino porque era un hombre que comunicaba entusiasmo, y quizá no siempre o no últimamente un entusiasmo aplaudido por todos. Luego me dejaron a buen recaudo del antiguo barquero, que colaboraba en la restauración del templo; San Juan se abrió al culto en 1643, el retablo del altar mayor obra del guipuzcoano Sebastián de Lekuona de hacia el año 1708, la imagen de San Juan Bautista, en el centro, y obra de Felipe Arizmendi.
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directo del barquero
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Victor Hugo se refiere al templo como ‘la escultura misteriosa’. Y a la calle de Pasai Donibane de la siguiente manera:
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<<Pasajes no tiene más que una calle. Yo la he recorrido en toda su longitud. Nada más riente ni más sereno que el Pasajes contemplado del lado de la bahía; nada más severo ni más sombrío que el Pasajes visto por la parte de la montaña. Sus casas son palacios por delante y chozas por detrás. Cuando llegáis por el mar, vuestro pecho se dilata y creéis hallaros en un lugar bucólico. ¡Oh, la dulce, la cándida e ingenua población de pescadores!, exclamáis. Pero, entrad en sus casas: entonces os hallareis ante hidalgos, respirareis el aire de la Inquisición, y veréis alzarse, al otro extremo de la calle, el espectro lívido de Felipe II’>>
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Estoy con el barquero, y es un fallo pero no me acuerdo de su nombre, él tiene muchas ganas de que yo conozca la historia de la santa que allí se venera en la vitrina, entonces no sé qué me está contando, de su cuerpo incorrupto y de cómo el asesino fue su padre, y yo cojo el cuadrillo que había allí, al lado de la santa y nos ponemos a leerlo, y eso lo hacemos juntos y yo lo grabo, y salimos juntos a la calle, Xatur ya debe de estar en su reunión, con los de la cofradía del Camino, o algo similar.
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Y yo, por supuesto no hago caso, del consejo de la cena, tengo un bocadillo esperándome y lo que no tengo es ninguna hambre, pero por si acaso regreso a la zona dónde no supe ver a la mañana, y entro en otro de los establecimientos, donde observo que si se ofrece menú peregrino, lo hago con sombrero, porque llovizna y si me lo quito voy a tener el cabello demasiado aplastado. Aunque antes fotografío al barquero en un contraluz donde el protagonista es el ocaso, al enardecerse sobre la ensenada. Y doy con el humilladero de la piedad, cercano a la casa Gaviria, llamado también de Roncesvalles, por lo que se conmemora la participación de humanos en la batalla, y hay un niño, fotografío la lancha, al niño, el muelle, el sencillo mecanismo por el que uno embarca, se desprende de una monedas, a traviesa en lancha una dársena, donde el acto se repite y el barquero desembarca a otros en el breve muelle, y todo es tan cordial que apetece. Y mientras repaso estos hechos la magdalena ya ha desaparecido de mi boca, y no lamento tener un cigarrillo a mano, los remeros son atléticos, en sepia, desde los marcos de la pared, con miradas hondas y desafiantes van henchidas las traineras de orgullo, cazadores de ballena, sudor de serlo, el sudor de la descarga en los muelles, sudor del gobierno del remo. Entonces no sospecho todavía que, a la mañana, Xatur va a contarme las exigencias que conllevaba eso, y también que la flota tenía algo más que el nombre de todos los vientos. Entonces abandono el lugar pacíficamente, y soy correspondida en esa misma longitud de onda.
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El ambiente de acogida entre los habitantes es abierto, el peregrino vuelve los ambientes cosmopolitas, tal vez algo extrañados por la hora desacostumbrada en la que se percibe al peregrino, el ayuntamiento quedó atrás, entre las casas coloristas que son emblema de postal, la iglesia del Santo Cristo de la Bonanza, me había llamado la atención desde lo alto de la vereda, con su encalado salmón, edificio que data de 1399, antigua iglesia de San Juan, <<en la fachada oeste hay una puerta de madera donde existen una serie de incisiones o tallas hechas a navaja representando embarcaciones de los siglos XVIII y XiX>>. Entonces me tiento por las mismas escaleras que había subido el mediodía, y está aquello muy oscuro y yo no me acompaño del frontal. Pero, más o menos, me siento segura de que voy por el camino bueno, y ya me maravillo de la vista que ofrece la Noche; tomo una vista nocturna y me tomo a mí y después llamo al albergue.
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Desde dentro me abre Marian, que es una tía (ella -creo recordar- lo utiliza) sensacional, la compañera de Xatur, pero atómica, mujer de gran energía y vibraciones muy positivas, madre, abuela, con su pelo corto con destellos dorados, compartiéndome sanas aventuras de sus caminos, de sus cariños, todo lo que sale de su boca, por lo menos mientras estuvo conmigo, son historias bonitas, hay nietos, hay un dibujo en la pared, en el cuarto del hospitalario, su marido, que es quien va a quedarse allí por la noche, después, antes la cena, a pasarla, con los peregrinos, le comento a ella que a mí me hace un gran favor si no se queda, porque yo no les voy a robar nada, ni le voy a abrir la puerta a nadie, o sea que pueden confiar en mí, y del Camino en parte espero eso, el silencio y la soledad de lugares que no son los míos, para que me ayuden a prepararme, a poner a más distancia de mí mis antiguos miedos infantiles, a no ampararme en otra que no sea yo, a sentir en mí y por mí esa confianza, y en esto llega un sobrino, un ser luminoso, y radiante con su suavidad y su sonrisa, y llega acompañado de un perrita, muy linda, y hablando allí de los Pirineos, y de crestear, muy de treking, y de la danza del vientre, ejercicio practicado por algunas sanjuandarras, ya se fue él, ya llegó Xatur, y yo los retrato juntos, pero Marian me anima a inmortalizar, mejor, el mosaico del Che Guevara, que alumbra la pared, y es de unos artistas locales, porque me asegura que él también fue peregrino, emigró de Argentina a Cuba para participar en la Revolución pero él creía en el amor y en el gobierno de la guerrilla y del pueblo que derroca al gobierno tirano, ¿pero quién estipula lo qué es tiranía y lo que no? Y es un inmejorable modo de decantarse en las ideologías. Así que dormimos sin crucifijos o mejor dicho, los crucifijos los guarda la ermita, cada loco con su tema y cada emblema a salvo en su sitio.
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Hay un laburu afuera, pero yo aún no sé cuál es su nombre y ni me supongo lo que significa, me recordaba a un símbolo celta, quizá la representación de alguno de los elementos, quizá la unión de los cuatro, y muy a gusto con Marian, muy a gusto cuando llegó Xatur, yo les dije que me iba a meter en la cama, porque estaba muy cansada, nos abrazamos, se fueron, yo me familiaricé con la zona húmeda, como la llaman ellos, con lo que había arriba, apagué las luces, hice una llamada, y me acosté y me quedé dormida, tranquila; me desperté a las dos de la mañana con un hambre voraz, entonces, me comí dentro de la bolsa medio bocadillo de tortilla, y abrí la lata de cocacola, y a las cuatro de la mañana me desperté otra vez atenazada por un hambre voraz, y me acabé el bocadillo, ni una mísera miaja dejé.
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Y me despierto, y lo primero que hago es ponerme en marcha…
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De los paisajes de la 1ª etapa, con el Alma de Luz Casal

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Primera Etapa:

De Irún a Pasajes de San Juan (Pasai Donibane)

y que consta de los siguientes apartes:

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De la estación de autobús de Irún al Hospital de Peregrinos de la calle Lucas Berroa en Abril 28, 2010 a las 10:18 pm

El mítico o simbólico Km O del Puente de Santiago sobre el Bidasoa en Abril 29, 2010 a las 8:51 am

Las marismas de la bahía de Txingudi o humedales de Jaitzubia on Abril 29, 2010 at 2:34 pm

La ermita de Santiago o Santiagotxo on Abril 29, 2010 at 9:24 pm

Llegada al Santuario de Guadalupe y al fuerte homónimo de Hondarribia on Abril 29, 2010 at 10:52 pm

Atravesando el Monte Jaizkibel hasta Pasajes de San Juan (Pasai Donibane) on Abril 30, 2010 at 8:49 am

A la hora del almuerzo o el ”refrigerio” en Pasajes de San Juan on Mayo 1, 2010 at 10:06 pm

El hospital de peregrinos de Santa Ana en Pasajes de San Juan (Pasai Donibane) y su hospitalario on Mayo 2, 2010 at 1:39 pm

Xatur Telletxea, voluntario de acogida, explica los diferentes distritos que componen la ría de Pasaia, el marco donde nos hallamos on Mayo 2, 2010 at 4:42 pm

La visita a la ermita de Santa Ana en Pasajes de San Juan on Mayo 2, 2010 at 10:15 pm

Las casas señoriales y la parroquia de San Juan de severa fachada herreriana on Mayo 13, 2010 at 1:30 pm

El instante de la magdalena on Mayo 13, 2010 at 3:54 pm

De las vistas nocturnas de Pasajes de San Pedro (Pasai Donibane) on Mayo 13, 2010 at 6:34 pm

De la primera noche en el Camino o sin dormir desde hace dos on Mayo 13, 2010 at 8:20 pm

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Desde:

EL CAMINO DEL NORTE

7 Comentarios Agrega el tuyo

  1. Me sentía optimista pero no apasionada aún. El ritmo del relato lo imprime el ritmo de aquel día, de los sucesos; no algarabías. Y por tanto aunque leo algunas expresiones que se podrían mejorar… dimito de hacerlo. Me siento cansada. No estoy viajando e Internet resulta desvitalizante.

  2. José María García dice:

    Interesante la prosa y construcción de las frases empleada en el relato de tu peregrinación por la Ruta Norte del Camino de Santiago. He accedido a la pàgina de forma casual buscando datos de la Travesía de Donosti a Pasajes y al final me ha enganchado tu forma de escribir. Dos tardes enteras leyendote, eso sí, he tenido que consultar el diccionario por lo menos en 6 ocasiones que tambien eso enriquece. La voz narrativa tambien bonita. Algunas fotografías explendidas.
    Un saludo,
    José María

  3. Sabes María, Internet tiene sorpresas y tu has sido una de ellas, preparando la ruta del Norte hacia Santiago para finales de junio de 2014, he dado por casualidad con tu blog y he dejado de ir marcando la senda del camino en mi cuenta de runtastic.com, para leerte y francamente me has “enganchado”, tan solo un par de líneas para agradecer tu escritura, revivo contigo tu vivencia y experimento el placer de pensar que en unas semanas tan solo, junto con mi amada y admirada esposa, que ha superado un maldito cáncer de pulmón y una metástasis en la suprarrenal derecha, y que con un sólo pulmón está entusiasmada, aunque temerosa, de emprender desde el kilómetro cero el Camino del Norte a Santiago, del cual hicimos ya 200 km. el mismo año que tu, desde Ribadeo hasta la Plaza del Obradoiro. Lo haremos con calma, tan solo unos catorce días, pero así, a base de tramos año tras año llegaremos a nuestro destino. Prometo disfrutar de tu escritura en días venideros, todo el tiempo que me permita el poco ocio que tengo.
    Gracias María…

    1. Queridos compañeros de Camino, yo mañana mismo tomo un tren, que hace un año que no vivo el Camino, para iniciar el mío del Salvador en Sahagún… pero al regreso os conozco y me intereso por vuestra historia, así que quedamos emplazados. Te diré que yo esta misma semana he firmado un contrato como voluntaria (algo incomprensible) en la AECC de mi ciudad, porque hace un par de meses, les escuché decir que todos éramos necesarios en la lucha contra el cáncer y ahí estoy :-) También que cuando yo me fui al camino francés… me fui temblando todavía por lo mismo… y en Logroño sentía que me mataban los pechos… si me los rozaba siquiera pero el Camino, dile a tu compañera que hace sí, milagros con nuestra salud… porque viajar y vivir y respirar otros aires y emocionarse y sentir… es Sanador. Un fuerte abrazo y muchas gracias :-) y muy buen Camino…

      1. Gracias María, las lágrimas afloradas han sido fruto de tus palabras y de la entereza y sensibilidad que de ellas emanan, eres especial María y así se lo haré llegar a mi compañera, esposa, madre de mis tres hijas y abuela preciosa de mis tres nietos. Esperamos tu regreso y el contacto prometido. Inés y José Francisco

      2. Os o voy a llevar siempre conmigo y aunque yo sea ‘espectro autista’… por tu misma sensibilidad me siento Hermana contigo… así que sí pero además, cuando paséis por aquí, avísame, por favor, 680684638 (sms) que yo con la Buena Gente, que pase por mi tierra, sé que me voy a sentir hermana, dinero no tengo… ninguno… sé que eso es lo de menos… ni lo quiero, ni lo necesito… aunque yo no sea un espectro social como ellos :-) Te digo, tú para mí eres: Día en que ”mi” casero dijo sí… a lo de caminar connmigo. Besos a Inés y a josé Francisco :-)

Es uno filósofo guardando silencio

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