JORNADA DECIMOSEXTA: De Castrojeriz a Fromista y de Fromista a Palencia. De Palencia a El Burgo Ranero


.

Sello del abergue San Esteban Castrojeriz

.

09h08min. <<Si es que hacéis cada cosa>>, me ha dicho el tipo éste… Estoy en un bar de Fromista.

.

Desperté muy temprano. El dolor en la pierna derecha se encargó de ello. Hasta la cadera. Abductor incluido. No me hice la remolona. De todas formas una mujer se fue, aún, antes que yo. Ayer me fui  pronto a la cama. Les dejé a ellos con esa excusa. Me estuve dando masaje un buen rato. Pero sin convicción.

.

.

Recupero la cobertura en una plazuela de Castrojeriz, porque que frío es Castrojeriz. Pero que imponente. Con su colina y su castillo, y tanta riqueza monumental. Lástima no poder explorarla.  O Eternitas. Eso habla de la Muerte. Ésta es la casilla.

.

.

<<Si yo pudiera estar esta noche contigo una hora más, si yo pudiera soñar y decirte al oído un deseo secreto: encuéntrame esta noche en la tierra de lo sueños>>

– La dama se esconde –

.

Ese trocito de canción, ha sido el mensaje de Falo, para comenzar el día. Mi respuesta primera ha sido hablarle de mi proeza particular: BurgosCastrojeriz (sé que ahí he recuperado una de las jornadas que él lleva por delante de mí). Le digo también que si el físico me lo permite le alcanzaré, y que necesito su sonrisa. Incluyo amor y la esperanza de encontrarnos.

.

Charlo con un taxista que espera por peregrinos para hacerse cargo de sus mochilas. Me ofrece el mismo transporte pero le digo que eso no es para mí.

.

Me he pasado por el albergue San Esteban. Era la posibilidad de tomarse un café, y cuánto me habría gustado haber llegado ayer aquí. Estaban las estupendas hermanas de Nájera, Josefina y Angelines. Dejaban el Camino. Un autobús a Burgos iba a llevarlas después de regreso a sus casas…

.

Sombra en dirección al Alto de Mostelares

.

He comenzado a andar en dirección al Alto de Mostelares pensando que a medida que la pierna se calentase mi marcha podría ir mejor. Le he escrito a Lily un mensaje felicitándola por su cumpleaños, le deseaba que sus quince años fueran inolvidables. Y he seguido subiendo con mucho dolor. Hasta darme cuenta de que en esas condiciones no podría llegar a ningún lado. El cuerpo me estaba hablando otra vez. Así que en un arranque me di la vuelta y eché a andar en dirección a Castrojeriz. Tenía que pasarme por un consultorio médico donde fuera pero pronto.

.

O eso les dije a los que encontraba en la sirga. Por ejemplo,  a la pareja de valencianos… y a Stephany, que lo lamentó.

.

Me costó horrores alcanzar la carretera. En ese instante un extranjero se iba con su autocaravana. Le abordé por la ventanilla y me dijo que iba en dirección a Fromista. Se compadeció de mí y subí con él. Comprobé que no se llevaba muy bien con su GPS.

.

8h53min. <<Por favor, dime donde haces hoy noche para que pueda encontrarte en esta tierra>>

– SMS-

.

Al final dimos con Fromista pese a todas mis dudas y a sus vacilaciones. Entré en ese bar donde el dueño me cayó gordo, por su comentario prejuicioso e insensible, y también por su forma de orientarme. Vi que a la terraza, que estaba repleta de peregrinos, llegó aquel matrimonio que yo confundí con turistas en Cizur Menor y eso luego me hizo sentir tan azorada. Allí aprendí que para reconocer a un peregrino sólo tienes que mirar sus pies. Y más adelante sus marcas solares. La cara morena por el Este, de tanto que te azota por las mañanas en ese lado el Sol… La tez izquierda pasa a ser tu Este, y ese lado, cuando buscas la orientación perfecta, la Cruz del Sur, es tu lado más espiritual, tu noética.

Por ahí fue que miraste al Sur, cuando los trigos eran tan verdes, y el azul profundo te devolvió la imagen del Océano que tú ves, que el alma ve… Todos los sentidos funcionando, la percepción, la Razón opaca, demente el sentimiento, el vestíbulo de Dios abierto por ese costado.

.

.

2336 23372340 2348 –  23551443 2360 2366 2371

Estación de tren de EL BURGO RANERO

3671 – Del encuentro a la entrada de El Burgo Ranero (LEÓN)

.

.

Anuncios

19 Comentarios Agrega el tuyo

  1. La hospitalaria dice:

    DEL DIARIO DE MONTSE, PEREGRINA CON FAMILIA, LITERATURIZADO AL CATALÁN…

    En Sahagún desayunamos de nuevo (parece mentira como se abre el apetito caminando). Allí tuve que ponerme unas tiritas porque me notaba un no sé qué. Pero bueno, la cosa no pasó de ahí.

    En una parada técnica que hicimos (qué fácil es hacer pis para los hombres y qué complicado para nosotras, jope) divisamos dos puntitos a lo lejos, que parecían peregrinos. Lo eran. Iban a un ritmo más lento que nosotros y llegamos a atraparlos. Iniciamos conversación y nos acoplamos a su ritmo. Tomás y Carolyn (español y belga). Muy simpáticos. A Gerard se le iluminó la cara, puesto que sabe tan bien como nosotros que una de las mejores cosas que te pueden ocurrir en el camino es encontrarte con gente con aficiones similares (o mejor dicho: con gente tan loca como nosotros), así que todo iba perfectamente. Caminamos unos 12 km junto a ellos y nos paramos en un pueblo del cual no recuerdo ahora el nombre pues no tengo la guía delante. Ellos continuaron y nosotros nos tomamos unas cañas y una cocacola respectivamente. Ahí ya mis pies me iban diciendo que estaban pochos, pero tampoco les hice caso.

    Cuando quedaban apenas 5 km para llegar a nuestro destino, mis pies dijeron ¡Basta!. Me tuve que cambiar las botas por las zapatillas de deporte que llevaba como recambio y los pobrecillos ya habían adquirido ese color rojizo-morado tan poco sexy que ya conocía y estaban empezando a hincharse.

    Después del cambio de zapatillas pareció que todo volvía a la normalidad, excepto que el sol me quemaba la neurona y al poco rato dejé de ver el horizonte, porque se confundió el cielo con el suelo y me asusté mucho. Les dije que me quedaba, que me daba igual todo, que siguieran y que yo ya llegaría (me recordé a mi misma cerca de Puente la Reina y decidí que debía seguir adelante).

    Iba pensando: -otro paso más, otro paso más, otro más, otro más… pero no funcionó. Me tumbé en el suelo mareada de sol, de polvo y de dolor en los pies. Entre JS y Gerard cogieron mi mochila porque os juro que no podía con mi alma. En esos momentos yo no tenía ni orgullo ni puntillo ni nada parecido, todo me daba igual.

    Al entrar en Burgo Ranero pasaron unas niñas en bicicleta y les oí el comentario: -Mira ésta, tan pancha, y le tienen que llevar la mochila!. Juro por todos los dioses que si las miradas matasen habría dos bajas en Burgo Ranero desde el 14 de abril de 2001. Me sentí tan mal que las habría estrangulado allí mismo.

    Los últimos 100 metros que me separaban del albergue, que, gracias a los hados estaba al comienzo del pueblo y no al final como en Castrojeriz, fueron un auténtico suplicio y cuando llegué no sabía si tenía pies o ruedas.

    La hospitalera, una venezolana muy simpática, me dio un caramelo y me acarició la cabeza como si fuera un gato. Volvió mi amago de orgullo, pero me dejé cuidar. Subir a la habitación fue otra odisea, más cómica que trágica, por suerte. Me saqué las zapatillas y los calcetines y JS y Gerard se miraron como diciendo: “aquí acaba esta tercera etapa”. Creo que me dormí entonces. Pero me tenían sin comer (sólo dos tristes caramelos, el de la hospitalera y otro que llevaba Gerard y que me tomé por si lo del mareo al sol era una bajada de azúcar, una lipotimia , hipoglucemia, o comosellame)…

    Y como que a mi no se me puede tener sin comer porque araño, pues cuando desperté, y no había pasado media hora, me puse las zapatillas de la ducha (en Castilla ya me van a conocer calzada de este modo). Nos fuimos con Gerard a comprar chuches a la tienda del pueblo, que, por suerte, solo estaba a unos 30 metros del albergue.

    Del camino no hay más, pero si quereis os daré la vara con lo que sigue, aunque esto será mañana, porque no mereceis tanta tortura en un solo día.

    http://laltreblogdelarare.blogspot.com/

  2. María Camino dice:

    DEL DIARIO DE WILLIAM RAMOS

    El Cluny Espanol… etapa muy fea… 30 kms de planicie… paralelo a la carretera… luego de desayunar emprendimos el camino, el gringo y yo… La etapa era fuerte ya que era muy monotona, siempre viendo esa planicie y el ruido de los carros… son de las etapas mas feas del camino, pero a la ves todo era una ensenanza… ahi es donde se templa el acero, como dice mi hermano Alan… hay que aprender a meditar y tomar la calma… respirar hondo varias veces… tranquilizarse, relajarse, a todo se le sacaba provecho… En el camino ibamos hablando y conociendo mas peregrinos…

    recuerdo un lugar especial dentro de esas rutas, en una ocasion uno se adientra a un bosque y de la nada te encuentras con una mesa, en un lugar solitario y en ese mesa hay de todo… comida en lata, frutas, galleticas, jugos, refrescos, cafe y te… Dos personas hicieron el camino una ves y se conocieron ahi y se casaron, quedaron encantados con el camino y cada cierto tiempo, envian un dinero para que les compren comida y preparen esas mesas en senal de agradecimiento al camino y como regalo a los peregrinos… Lo unico que encuentras ademas de la comida es un diario, escrito por ella de como se conocieron y todo lo que pasaron… La gente pasa y firma en el diario…

    Me parecio muy interesante, las cosas que el camino hace por la gente… y como luego de dejar el camino, ese espiritu sigue viviente por siempre… sin duda es una experiencia transformadora… una experiencia para tu alma y tu corazon… Durante la etapa se pasan varios pueblos y tambien una ciudad que es la 1era en Leon, ahi se encuentra un monasterio que se llama San Benito, que fue habitada por monjes Cluniacenses venidos de Francia, a eso el nombre del Cluny Espanol, aunque hoy dia solo queda un gran arco de entrada…luego de el cansancio venia el descanso, por fin llegamos al Burgo Ranero, buscamos el albergue, nos dimos un buen bano, cocinamos la comida enlatada que cojimos de la mesa y luego nos fuimos a dormir… Hasta manana…

    http://porsiempreperegrino.blogspot.com/

  3. La hospitalaria dice:

    Año Santo Compostelano.
    A UNOS 600.000 PASOS (1)
    Por Juan José Alonso Escalona

    Martes 5 de agosto: Sahagún-Burgo Ranero

    En realidad la etapa podría plantearse Sahagún-Mansilla de las Mulas, lo que supondría unas 9 horas de marcha, todo un maratón. Sin embargo, consultada la Guía y saber que en Burgo Ranero había Albergue y que era de los mejores del Camino, me pareció más razonable plantear 2 etapas: una de 15 Km. aproximadamente, hasta Burgo, y otra 18 km. para el día siguiente. Salí de La Asturiana dando las 7 en el reloj de la torre de San Tirso. Crucé de nuevo, el Arco de San Benito y, enseguida, apareció la primera flecha amarilla indicándome el Camino a seguir. Es bastante impersonal este arranque del Camino.

    Pasado el puente del río Cea, lugar histórico de una de las más cruentas batallas entre las tropas cristianas y musulmanas, se sigue por la carretera en dirección a León, y llegados al cruce de circunvalación, se accede al gran andadero. El interés por el Camino de Santiago ha hecho posible el acondicionamiento de este sendero, paralelo a la pista de servicio agrícola.
    A lo largo de unos 30 Km. se han plantado árboles distanciados unos 10 m. el uno del otro y se han situado bancos a lo largo del trayecto, así como mesas con bancos de piedra en sitios propicios para el descanso.

    Dejando a mi derecha Calzada del Coto, me fui adentrando en el andadero. Por la pista de servicio agrícola pasaban camiones, tractores y coches dejando tras de sí una polvareda inmensa, que obligaba a sacar el pañuelo para taparse boca y ojos. Un pequeño martirio durante unos 4 km. Antes de llegar a Bercianos está la ermita de Nuestra Señora de Perales. Me paré para examinarla, sin tener posibilidad de entrar. En este lugar hay una gran mesa de piedra blanca rodeada de bancos del mismo material, así que descargué mi mochila y me senté para tomar un pequeño refrigerio. Al poco de estar sentado pasaron César y sus amigos. Nos saludamos y les dije que, si querían compartir unas sardinitas, para mí sería un placer. Me agradecieron la invitación pero prefirieron continuar, pues habían decidido llegar hasta Mansilla. ¡Buen camino! En poco más de un cuarto de hora llegué a Bercianos, que atravesé sin detenerme por no encontrar nada que mereciera la pena de ser visitado. Saliendo de esta población el andadero empezó a mostrar un paraje más verde que me condujo a un vallecillo, muy bucólico a esas horas de la mañana. En este punto existe otra de las áreas de descanso. Fui encontrando a lo largo del andadero hitos o mojones jacobeos. Esto ya sería muy común hasta cerca de Santiago. A lo lejos se veía el enorme silo de El Burgo Ranero, pero aún tardaría como una hora para alcanzar esta población.

    Antes de llegar, por el mismo andadero, pero en dirección contraria, venía hacia mí una joven con mochila por lo que pensé que también era peregrina. Al pasar junto a ella la saludé y pregunté cuál de los dos iba en dirección equivocada. ¿Por qué?, me dijo. Porque yo quiero ir a Santiago y supongo que tú también, le contesté. Le hizo mucha gracia mi observación y aclaró que ella no era peregrina, sino que iba de excursión. De todas formas se interesó sobre el motivo de mi peregrinar. Le comencé a explicar el porqué de mi decisión, desde dónde venía andando, cómo había pedido a Dios que me fuera descubriendo, en el silencio y soledad de mi peregrinación, en qué debía ocupar el resto de mi vida; que me señalara el camino» a seguir en mi nuevo estado de viudo. Según le hablaba se mostraba más confundida y llegó a decirme que me envidiaba. Ella no era capaz de enfocar la vida así. Dijo que, por primera vez, había encontrado a alguien que le hablaba distinto, y que todo le parecía maravilloso. Le prometí tenerla muy presente ante el Apóstol. Me lo agradeció y, dándome un beso, nos despedimos. Al entrar en El Burgo Ranero, pueblo eminentemente agrícola, pasé primero por delante de un gran frontón, donde jugaban a la pelota unos cuantos jóvenes. A continuación había una era inmensa con grandes parvas de cereales diversos. Unos pasos más allá, se encuentra el Albergue. Estaba abierto; saludé a unos peregrinos franceses, sentados a la puerta, a César, que al final había decidido hacer la etapa en dos jornadas, y a otros que acababan de llegar en bicicleta. Le pregunté a César si había visto al Hospitalero. Me contestó que no había aparecido nadie. Le dije que si estaba abierto era porque nos dejaban entrar y que, de momento, podíamos ir viendo las literas que estuvieran libres. Así lo hicimos y nos acomodamos en las que no tenían nada encima. A continuación salí para ver lo que hubiera de interés. Descubrí una Fonda en la que entré; hablé con la dueña, una señora de bastante edad, entrañable y cariñosa. Le dije que olía de maravilla lo que estaba cocinando. Me dijo que daba comidas, si quería. Le pregunté por el Hospitalero y me dijo que vivía al lado del Albergue, junto a la farmacia; que quizás ya hubiera regresado del campo. Fui hasta su casa y aún no había llegado. Me reuní otra vez con César y le comenté que la señora de la Fonda daba comidas. Le pareció una gran idea el hacer una comida en regla y allí nos dirigimos. Nos preparó una mesa muy en plan casero. Dio la coincidencia de que un amigo de César había estado, por un tiempo, trabajando en la zona y que comía en esta Fonda. La señora se puso muy contenta, porque se acordaba mucho de él. Era muy trabajador y formal, como se veía que también lo éramos nosotros. Comimos unas excelentes judías pintas y unos filetes de ternera fabulosos. Lo acompañó con una ensalada que nos supo a gloria y un poco de fruta. Tuve el gusto de invitar a César, quien me lo agradeció y dijo quedar deudor para otra ocasión. De regreso al Albergue vimos llegar al Hospitalero. Muchos de los peregrinos ya se habían acostado y estaban haciendo la siesta. A nosotros nos selló la credencial y nos dijo que mejor darle a él un donativo de 300 pts., porque si lo echábamos en la hucha, luego le resultaba complicado el cálculo. A César y a mí nos pareció que no era correcto, pero la verdad es que muchos se escapaban sin dar nada.

    Por la tarde, después de la siesta, salí a pasear por el pueblo. Vi una casa tan llena de flores que parecía un vergel. Me quedé entusiasmado mirando y la dueña me preguntó si me gustaba. Le hice tantos elogios que me pidió que pasara, porque dentro tenía un auténtico vivero. Dentro saludé a su marido, quien también quiso competir en mostrarme todo lo que él hacía. Me invitó a ir a su huerto donde tenía más frutales y hortalizas que nadie; además también tenía muchas flores. Pasé un rato muy agradable con aquellos viejucos. Les di las gracias y diciéndoles que cada día hicieran el propósito de quererse mucho más, les prometí tenerlos presentes en mi abrazo al Apóstol. Después me fui a un bar frente a las eras a tomar un café. Como hacía bastante calor aproveché para lavarme la ropa y tenderla; hoy seguro que se secaría. Después fui hacia el Frontón. Allí estaba César viendo jugar a los veraneantes. Estuvimos más de dos horas dialogando sobre todo, principalmente sobre religión. A la puesta de sol -y ¡qué puesta!- regresamos para acomodarnos en nuestras literas y esperar al nuevo día.

    http://www.biescasvignau.com/03Espanol/07.Trekking/10.CaminoFrances/Diarios/JJ.Alonso.97.03/%2010A.DiariosJuanjo.htm

  4. mx7652o dice:

    DE LA PEREGRINACIÓN DEL GENERAL LEON DEGRELLE

    ¡Uf! He avanzado cien largos kilómetros en dos días. No quisiera reiniciarlos otra vez. Es demasiado. Es muy duro. Y se sufre mucho.
    Mal descansado (¿Cuándo podré descansar bien en estas fondas?), me pongo de nuevo en marcha hacia las cinco y media de la mañana. La ciudad dormía. Pero los bellísimos hierros forjados de sus numerosos balcones (debió residir en este lugar, antiguamente, un gran artista del hierro forjado, pues, durante todo mi trayecto, en ninguna parte, he encontrado tantos y de tanta gracia) se dejaban admirar, sin que pudiera impedir que un racimo de “chicos” se pegara a mis “alpargatas”! Muy bonito arco de salida de la ciudad, grandioso. Después me sorprende un, canto desoído, de voces cristalinas, deletreando salmos. Desde el viejo caserón del convento próximo, estas imploraciones femeninas, claras, calmas, puras, se desprendían y esparcían divina y misteriosamente.
    Atravieso las ruinas de un gran convento, un puente de piedras enormes, magníficas (toda esta zona tiene muy bonitos puentes), y alcanzo la campiña, plantada de fresnos, a la salida de Sahagún.
    Estos fresnos tienen su historia, son el último jalón de la leyenda de Carlomagno, reconquistando el camino de Compostela. Aquí, él libró su última batalla: en duelos de cien cristianos contra cien sarracenos en primer lugar y durante tres veces: después, los dos ejércitos, el uno contra el otro. Pero la noche anterior al último encuentro, retoños de jóvenes fresnos nacieron al pie de las lanzas de los soldados que iban a morir. Desde entonces, en este lugar, esta fresneda renace siempre.
    Pronto me encontré más allá de los fresnos, para buscar entre los trigales la vieja calzada y volverla a retomar. Allí aún hay una idea colmada de elevadas evocaciones, pero de una realidad más. . . ¡tierra a tierra! ¡Sus sagradas grandes peñas rojas! ¡Lo que pude quejarme al golpearme con ellas! Frecuentemente esta pista, que ya no sirve más que para el paso de rebaños, es terrorífica y cansa diez veces más que un camino normal.
    Tierra igual que la de los últimos días, extremadamente monótona, haces de espigas a lomos de asnos, también viñas, pero la misma cosa, el mismo paisaje, siempre, siempre. Hacía, desde el alba, un calor asfixiante, calor de tormenta: a veces, caían incluso algunos goterones calientes. Ni una. . . choza (es cierto, ésto es como Ucrania, pero más miserable). Cada diez kilómetros aparecía una de estas aldehuelas intercambiables, todas son iguales: una calle, las mismas casas amarillentas hechas de barro mezclado con paja, o de grandes ladrillos, de simple arcilla secada al sol a la entrada de estos pueblecitos, ladrillos que no pueden ser más rústicos y que se hienden el uno con el otro una vez utilizados en esas paredes de rusticidad prehistórica.
    A medio camino había un pueblo un poco menos mísero: Burgo-Ranero. Me gusta esta palabra. Pensaba que quizá significase “burgo de las ranas”, lo cual puede ser, sobre todo porque está rodeado de charcas.
    Desde lejos, el campanario parecía llevar aún un mechón de nieve: ésto me intrigaba. ¿Sabes lo que era? Y de lejos hasta se veía bonito. ¡Los. . . . excrementos blancos de tres cigüeñas, instaladas ahí! Ello le daba, por tanto, un poco de blancor a todo este amarillo sucio del pueblo. Aquí había dos o tres casas menos sórdidas y. . . algunas flores (geranios). Por aquí (¡sólo cuenta el producto!) no hay flores: toda la calle está generalmente con el único tinte de este adobe lúgubre. Comprendo que estas gentes sean tan “brutas”. Vivir en estos pueblos debe ser espantoso. Se han hecho a ellos, están marcados por ellos.

    http://compostela2004.free.fr/mi_camino_de_santiago.htm

  5. La hospitalaria dice:

    EX ORIENTE LUX

    Al poco cruzamos el río Cea, por su puente romano- medieval, allá el Camino corre en paralelo a la carretera bajo la protección, en su tramo inicial, de una agradable arboleda que franquea uno y otro lado de la senda.

    Nos cruzamos con un pastor, y no se dieron más novedades por aquél camino casi recto, bastante agradable y que en suave pendiente avanzaba hacia Calzada del Coto.

    A las puertas de esta localidad, el peregrino se enfrenta a una encrucijada mal señalizada y peor explicada; sobre todo para alguien que, como nosotros, había perdido el plano y avanzaba con la sola ayuda de las flechas amarillas.

    Las alternativas eran dos, la primera de ellas seguía su trazado en paralelo a la carretera; la segunda cruzaba la autovía por un puente, se internaba en el pueblo y después, vaya usted a saber… Pensando que era esta segunda la más atractiva y auténtica pues entraba en el pueblo, como hacían los viejos caminos, y te separa del fragor de la carretera junto a la que marcha el otro trazado, decidimos seguir esta opción.

    Algunos días después, cuando repasamos nuestra andadura en esta etapa, descubrimos que la opción que rehusamos seguir era la del Camino Francés, que pasa por Bercianos del Real Camino, El Burgo Ranero, y Reliegos, siempre en paralelo a la autovía “Camino de Santiago”.

    Nosotros seguimos lo que se ha dado en llamar la antigua Calzada de los Peregrinos, por Calzada del Coto, aunque se trata más bien de seguir un trazado más antiguo aún como es el de la antigua Via Trajana.

    Como llevamos dicho, nosotros seguimos esta segunda opción sin saber nada de ello, pensando que marchábamos hacia Bercianos y el Burgo Ranero, donde teníamos dispuesto finalizar la etapa.

    Cruzamos el pueblo por su calle mayor, nos acercamos a visitar la Parroquia de San Esteban pero como estaba cerrada, continuamos nuestro camino

    Como ocurría a Calzadilla de la Cueza, este pueblo, debe su nombre a una antigua calzada romana llamada Vía Trajana que unía Astorga con Tarragona

    Pasamos junto a unos aserraderos, nave agraria y allí nos salió al camino un perro ladrando que nos trajo a la memoria, además del inevitable sentimiento de miedo, la suerte que habíamos tenido hasta ese momento en él puesto que no nos había saltado ningún perro cuando es comúnmente sabido por todo jacobita que:

    “tres enemigos tiene el peregrino:

    Los perros,

    El dolor en los pies,

    Y los curas”

    Sin tener que lamentar más que el susto continuamos nuestra marcha por unos extensos campos de labranza, que en otra época del año serán trigales, pero sobre todo llanos interminables.

    Cerca de tres kilómetros después cruzamos por un puente sobre la via ferrea, a lo lejos, muy a lo lejos vemos la torre de una iglesia ¿no será eso Berceanos? –pensamos. Convencidos de que así era seguimos adentrándonos sin saberlo en la dehesa de Valdelocajos, lugar de singular belleza y que durante mucho tiempo perteneció al monasterio de Sahagún, en el que se camina a lo largo de cerca de 8 kilómetros entre matorral, coscoja y la aparición de alguna que otra perdiz que oíamos entre la espesura del encinar.

    Eran tan pocas las referencias que nos encontrábamos en el camino, y tanto el sentimiento de habernos perdido que fijábamos nuestra atención en cualquier detalle que pudiera servirnos de referencia. Bien avanzado el camino cruzamos a nuestra derecha una quinta, donde un padre y su hijo jugaban entretenidos. Más adelante pasamos junto a un abrevadero abandonado que parecía una piscina ruinosa, y algún tiempo después llegamos a una especie de vaguada, donde dos mujeres parecían discutir sobre el lugar al que habían llegado las aguas con las lluvias del día anterior.

    Nos llamó la atención el aspecto de una de ellas, la más mayor, pues estaba vestida según nos pareció a la antigua usanza, cubriendo su cabeza con un pañuelo…

    – ¿A qué distancia estamos de Bercianos? – les preguntamos

    – ¿Bercianos? –se llevó la más mayor la mano a la cabeza- ¡buuuuff!, a unos siete kilómetros.

    – Ustedes han ido por la de San Roque –nos dijo la otra mujer.

    – ¿La de San Roque?.

    – No saben ustedes lo que les cantan los de Calzada –se refería a Calzada del Coto-, a los de Bercianos.

    – Pues no ¿qué les cantan?.

    – Les dicen esta jota:

    Qué contento está Bercianos

    Porque tiene mucho monte;

    Más contento está Calzada

    Con la ermita de San Roque.

    Siete kilómetros. Teníamos ya claro que aquel pueblo que habíamos creído Bercianos, no lo era, y que fuera cual fuese nos llegaríamos hasta él para descansar en algún sitio si lo había. Comentábamos recordar algo de una ruta alternativa cuando el día anterior preparamos la etapa pero poco más sabíamos.

    Casi entrando en el pueblo vimos que se llamaba Calzadilla de los Hermanillos, lo cual no era demasiada ayuda para nosotros en ese momento, pues seguíamos algo desorientados, pero sí que lo fue ver a la entrada del pueblo, a mano derecha, una la Casa de Comidas, llamada Vía Trajana, donde había algún que otro símbolo jacobeo. En la puerta, charlaban animadamente un grupo de personas al que, con las pocas fuerzas que nos restaban, nos dirigimos preguntando si estaba abierto y si nos habíamos alejado mucho del Camino de Santiago:

    – ¡Estáis en él, chicos! – nos dijo una amable mujer – y pasad, pasad si queréis al albergue, a descansar y tomar algo.

    Según nos explicó la señora el establecimiento funciona como albergue municipal de peregrinos, y además está especializado en comidas caseras, y tiene un Menú del Peregrino.

    Nos habló del Camino que debería pasar por ahí, de la vía Romana que todavía se conserva entre este pueblo y Reniegos, y que hasta hace poco eran los 15 kms. mejores conservados de Vía Romana en España, pero que está siendo destruida actualmente por las concentraciones parcelarias que se están llevando a cabo en los diferentes municipios por los que pasa.

    Según leímos más tarde esta era una de las principales vías romanas y servía para conducir el oro extraído de las Médulas; tal y como nos contaron uno de los tramos mejor conservados fue destruido recientemente por las obras de tendido de las tuberías de riego.

    Tras esta charla con la dueña del albergue, pasamos al comedor para tomar un café. Allá estaba sentado un hombre de entre cincuenta y sesenta años que, sentado tranquilamente y con esa confianza que da el sentirse como en casa, disfrutaba de unos pedazos de cecina y un vaso de vino.

    – ¿De dónde vienen los peregrinos?.

    – Del País Vasco.

    – ¿Del País Vasco?; tengo yo algunos amigos por allá…

    – ¿Ah sí?.

    – Bueno, me presentaré: soy el párroco de este pueblo…

    Durante cerca de media hora estuvimos charlando con el párroco y la dueña del albergue de diferentes cosas, casi todas ellas relacionadas con el Camino de Santiago y el modo de vida de los naturales de aquél lugar. Nosotros por nuestra parte, les contamos las vicisitudes que habíamos pasado aquellos días y el modo en que nos habíamos perdido poco antes, al pasar por Calzada del Coto.

    – No se preocupen ustedes, no es la primera vez que pasa. Precisamente hace un rato, he indicado a un peregrino italiano el modo de ir al Burgo Ranero porque él también se había perdido. –nos dijo.

    Nosotros, no pudimos evitar el mirarnos, y acordarnos del peregrino italiano que llevábamos viendo varias veces aquellos días.

    Acompañados por el párroco, recorrimos Calzadilla hasta llegar a su parroquial, -es un típico pueblo construido en tapial de adobe-, y llegamos hasta la Iglesia de San Bartolomé

    El mismo párroco nos explico que el nombre del pueblo tiene mucho que ver con la tradición jacobea, pues aquello de “hermanillos” hace referencia a los frailes menores, pertenecientes a la abadía de Sahagún, que vinieron a este lugar para asistir a los peregrinos.

    Siguió hablándonos de la naturaleza salvaje de aquella tierra, de la austeridad de los naturales del lugar, que les hace llevar una vida sobria y trabajosa, en la que no cabe otra cosa que el ahorro y la vida modesta.

    Llegamos ante la parroquia, una enorme balsa de agua la rodea casi en su totalidad. Al otro lado del edificio, dos caminos se internan al páramo:

    – es el de la izquierda –nos dijo- sigan ustedes rectos ese camino y llegarán hasta las proximidades de la estación del Burgo. Desde allá no tendrán problema.

    – Muchas gracias

    – Antes de marchar –dijo mientras apoyaba la bicicleta a una pared y rebuscaba en un bolsillo interior- les voy a dar esto –sacó unas estampas de la Dolorosa y escribió en ellas “Calzadilla (León) 31-10-05 Feliz peregrinación” entregándonoslas después.

    – Muchas gracias

    – Ahora voy a bendecirles para que tengan un buen camino –dijo- y juntando los dedos índice y anular trazó la señal de la cruz ante nosotros mientras decía –que el apóstol Santiago os acompañe en el camino.

    Impresionados, continuamos nuestra marcha por donde nos lo había indicado el párroco. Los cerca de 4 kilómetros que nos separaban de El Burgo los recorrimos todos en medio de una paramera, algún tramo estaba en obras, pero siempre en medio de la más profunda soledad, de esa que sólo produce el marchar en medio de estos paisaje amplios, solitarios y desolados.

    Recordamos que Laffi cuenta que llegando al Burgo Ranero encontró el cadáver de un romero que estaba siendo comido por unos lobos, a los que dieron caza, llegándose al pueblo con el cadáver para que en él se diera sepultura al cuerpo y alojarse ellos, se encontraron que el Burgo era un pueblo de “pastores de ovejas, que viven en esta villa, hecha toda de cabañas cubiertas de paja”. Algo muy parecido a lo que contaba de Hontanas.

    Llegando casi a El Burgo, cruzamos unas vías y de ahí al albergue, apenas quedaban 15 minutos de marcha. Curiosamente, aquél había sido bautizado con el nombre del peregrino que muchas veces ha guiado nuestro paso: Domenico Laffi.

    Entramos para sellar nuestra credencial, y allá encontramos al peregrino italiano que tantas veces habíamos visto los días anteriores. Seguramente, como ya habíamos imaginado, el mismo que fue guiado por el párroco para tomar el camino de El Burgo desde Calzadilla.

    Se lo preguntamos y así era, reímos un rato por el despiste que habíamos sufrido en ambos casos, y nos contó también que llevaba unos cuantos días de mala suerte, pues el anterior había salido de Carrión, como nosotros, con la intención de alojarse en San Nicolás, y al llegar allá agotado, y en medio de aquél aguacero, se encontró el albergue cerrado: casi se le cae el mundo encima pensando que todavía debería seguir en medio de la tormenta hasta Sahagún, y sin saber si encontraría sitio allá.

    Según dijo, al día siguiente llegaría hasta León para terminar su peregrinación, pues el año anterior la había hecho hasta Compostela desde aquella ciudad, y esta vez la había comenzado desde Roncesvalles para completar el camino francés llegando a León.

    Nosotros también terminábamos nuestra peregrinación por aquél año, y lo hacíamos ese mismo día, allá, en El Burgo Ranero, pensando en el tiempo que nos faltaba para volver a empezar, en el 2006, desde aquél lugar que ahora íbamos a dejar muy a nuestro pesar, con la mirada fija en aquello que nos esperaba para otra ocasión tras el horizonte: Santiago y Finisterre.

    http://www.exorientelux.org/

  6. La hospitalaria dice:

    LAS EXPERIENCIAS DE PACA Y SALVA…

    A las 6 y pocos minutos abandonamos este oasis que Marisa Pérez defiende en medio del Páramo. Seguimos la pista de tierra hasta Sahagún. La mañana está suspensa, amanece pero no se mueve una paja. Presagiamos un día muy caluroso. No vemos a nadie en el Camino.

    Pocos kilómetros antes de Sahagún hay un coche grande parado en el Camino. Cuando llegamos a su altura vemos, dentro de él, como un hombre y una mujer, ambos desnudos, saludan al nuevo día a su modo, sin reparar en el paso de los peregrinos. ¡Sí señor, eso es dedicación! ¡Hay que estar a lo que se está!.

    …camino, Camino de Santiago, pues toma andadero.

    Atravesando Castilla, por los “andaderos”.

    Desayunamos en Sahagún y visitamos sus bellas iglesias. A la salida del pueblo tomamos el andadero. El calor ya se nota bastante. Los seis caminantes mal contados que avanzamos por el andadero nos vemos superados por la “Vuelta Ciclista Jacobea” de cada día. La carreterilla que va al lado del andadero a veces se vuelve camino y, ni en un caso ni en otro, está transitada. Sin embargo a los ciclistas les gusta más ir por el andadero.

    A la una llegamos al Burgo Ranero. Hace mucho calor. La gente está saliendo de misa. Vamos a sellar al refugio, donde hay un ordenador (uno más) que no funciona. En el refugio un peregrino de Cádiz nos dice que nos conoce, que fue detrás de nosotros más de una hora antes de llegar a Calzadilla y que no consiguió alcanzarnos. Dice que andamos muy bien, de modo uniforme y sin mover el cuerpo. Paca y yo, agradecidos de que alguien aprecie nuestros méritos de caminantes, damos las gracias y nos sentimos peregrinos ejemplares.

    No aparece el hospitalero, por lo que nos sellamos nosotros mismos y nos vamos a buscar alojamiento en la Fonda Lozano. Comemos en el Bar El Peregrino. Siesta obligatoria.

    A la tarde, Doña Mercedes, la dueña de la Fonda Lozano, nos cuenta historias de peregrinos. Es especialmente emocionante la historia del peregrino Manuel, que hizo la peregrinación en 1993 con tres compañeros. Hicieron la promesa de repetirla este año. Manuel no la hará, pues ha muerto. De los otros dos, Doña Mercedes espera a uno que le ha prometido venir a verla. Se nota que Doña Mercedes es una experta en caminantes. Poco a poco notamos la gran cantidad de recuerdos de los peregrinos que esta mujer posee. Se ve que los revisa y relee con nostalgia. Doña Mercedes es un hito más en este Camino.

    Iglesia de El Burgo Ranero

    La iglesia de El Burgo Ranero, por la derecha al refugio.

    Damos una vuelta por el pueblo, tomamos un vino con Marisa y su padre y cenamos donde comimos, pues no hay otro sitio donde hacerlo. Vemos a un peregrino mayor y delgado que antes iba con otro más joven y grueso que decía ser actor. El peregrino mayor ya va solo, su compañero ha tenido problemas con unas ampollas infectadas. Al peregrino mayor le habíamos visto por primera vez en el bar de Hornillos, iba en compañía de su amigo y pasaron la tarde riendo y bebiendo. Ahora al peregrino mayor se le nota algo triste.

    Paca y yo no sabemos qué hacer, pues llegar hasta León mañana nos asusta. Ya veremos lo que pasa.

    http://www.atienza.info/camino/textos/Etapas32.htm

    Sahagún-El Burgo Ranero
    1-Julio-2002

    (Distancia 19 Kms. // Tiempo empleado 4 horas y 30 minutos)

    Casi son las siete cuando dejamos el Hostal Alfonso VI. Hace frío y salimos con los jerséis puestos. Tiritamos y vamos deseando que el sol comience a templar un poco el ambiente. Nos cruzamos con algún madrugador.

    – ¡Buen Camino! ¡Vaya mañana buena para andar!

    Cruzamos el puente sobre el Cea y enseguida estamos en el andadero que nos lleva, paralelo a la carretera, hasta el cruce con Calzada del Coto. Allí nos adelantan los primeros miembros de la Vuelta Ciclista Jacobea. También nos adelantan tres peregrinos franceses. Nos saludan con sus voces cantarinas. Dos de ellos son matrimonio, aunque él tiene aspecto de cura. Se despiden entre sonrisas. ¡Qué atentos estos franceses!

    Al salir del pueblo vemos un caminante con una gorra verde de John Deere, chaqueta de cuadros y pantalón de pana. Lleva también una mochila no muy grande y bastante sobada. Sentado en una piedra nos mira al pasar.

    – Aquí, fumándome un cigarro.

    Inmediatamente le cae mote. Es el Peregrino Mangurrino.

    Continuando de nuevo por el andadero llegamos a Bercianos donde se ha abierto un hostal nuevo junto al camino. Desayunamos. Ya se sabe, dos desayunos 6 euros. Menos mal que la vida no ha subido con el euro y que España va bien. También desayunan los franceses con nuevos gorjeos cantarines y más sonrisas. Le petit déjeuner, bon apetite, merci, merci, oui, oui, oui! ¡Qué educados!

    Por el andadero que nos lleva a El Burgo Ranero nos adelantan dos espigadas españolas seguidas muy de cerca por dos fornidos y rubicundos alemanes.

    – ¡Hola, chicos, buen camino!

    – Gutten morguen!

    Recordamos el calor que hacía en el 99, cuando llegamos a El Burgo Ranero por primera vez. Son casi las once y media de esta fresca mañana cuando llegamos al pueblo. El albergue abre a la una. Mientras preparan nuestra habitación en el hostal El Peregrino, tomamos un vermú y escribo un poco.

    Una vez aseados, nos sentamos en la terraza del hostal. Un hombre calvo y corpulento nos aborda. Se presenta como Don Jesús Calvo, el párroco, y se dirige a nosotros como peregrinos. Nos da una fotocopia con una poesía por duplicado de Eugenio Garibay. La poesía está, al parecer, publicada por los Amigos del Camino de Nájera. El párroco nos firma en el anverso de la fotocopia escribiendo esto:

    El Burgo Ranero

    (León)

    Feliz Peregrinación!

    Jesús Calvo

    (párroco)

    1-7-2002

    El sacerdote es hombre expansivo y hablador que nos da conversación y nos pregunta de dónde somos. Después Don Jesús se declara músico compositor y poeta. Con celeridad, gran conocimiento de causa y sin admitir dudas al respecto, nos dice que los mejores poetas de la lengua castellana son Bécquer y Gabriel y Galán. El primero de ellos es el gran genio del sentimiento; el segundo el gran genio de lo cerebral, o sea, del intelecto.

    – Claro, amigos. Esto es así. No lo dudéis. Sin embargo, a Gabriel y Galán jamás se le hizo justicia. El nunca fue uno de esos rojillos que se exiliaron como los “Llorca” y demás. Así que el pobre Gabriel y Galán está hoy en el olvido.

    También, Don Jesús, que ve en su calvicie un don divino, no duda nuevamente en ilustrarnos.

    – Dios creó portentosos cerebros, cabezas de belleza sublime. Sin embargo incomprensiblemente, de modo incompatible con tamaña belleza, a algunas las cubrió de pelo.

    Enseguida Don Jesús se levanta y se va. Antes de recorrer treinta metros se detiene con un grupo de peregrinos ciclistas. Les da la fotocopia con la poesía y les ilustra con profusión sobre la injusticia, no remediada aún, cometida contra el eminente Gabriel y Galán. El párroco es famoso en los pueblos del contorno por viajar leyendo sobre su bicicleta mientras va de un pueblo a otro en cumplimiento de su ministerio. Dicen que esto lo hace aún en los días de hielo y nieve. ¡Y todavía hay quien duda de la existencia divina!

    Son casi las tres cuando la patrona del restaurante del hostal El Peregrino nos dice que podemos entrar a comer. La patrona es mujer muy dispuesta y vivaz que no permite dudar a los peregrinos.

    – A ver, de primero ensalada mixta o espaguetis con tomate. De segundo, filete con patatas o lomo embuchado con dos huevos “pa el que le falten”.

    Comemos unos dieciocho peregrinos, sin que ninguno se atreva a rechistar al ama. Cuando terminamos nos obsequia a cada uno con una camiseta del local y un bolígrafo. Parece que hemos observado buen comportamiento.

    Resucitados de la profunda siesta, la hospitalera del albergue, que es finlandesa, se pasa por la terraza del hostal.

    – In diez minuotos, il sacristano mostrará la igluesia a peregruinos que deseen verla. OK?

    Paca y yo vamos a ver la iglesia. El sacristán es un hombre menudo y vivaz. Está acostumbrado a enseñar la iglesia a los peregrinos extranjeros. Así que se viene hacia nosotros y, mirándonos a los ojos, gesticulando, dando voces y marcando las sílabas nos dice:

    – Mu-y an-ti-guo. To-do re-cons-tru-í-do. Mu-cho di-ne-ro gas-ta-do y mu-cho ga-na-do por al-gu-nos. Vi-drie-ras muy bo-ni-tas.

    – ¿Cómo las hicieron?

    – Anda, joder, pues vino uno de León, tomo las medidas y las pusieron.

    – ¡Ah!

    Después de ver la sencilla iglesia de El Burgo Ranero, damos un paseo hasta el barrio de la estación. Allí hay otro bar, pero hoy está cerrado.

    A las ocho y media nos dirigimos a Juli, la temperamental patrona del hostal El Peregrino, y le preguntamos cortésmente si va a dar cenas o nos va a despachar con un bocadillo. Nos contesta que si lo que tiene nos vale, que nos da de cenar. Sin pensarlo nos ponemos a la mesa y damos cuenta de una ensalada, un filete con patatas y dos huevos fritos que con el postre y una botella de buen vino del Bierzo cierra el menú.

    Terminada la cena y sentados en la terraza del hostal, charlamos con Doña Juli del camino, de cuando ella fue a Santiago, de los peregrinos, de las comidas, de los venenosos que son los rencores entre la gente del pueblo, de su ayudante la chica marroquí, de eso y de lo otro y de lo de más allá.

    – ¿Cómo no iba a ir yo a Santiago? ¿Cómo no iba a ir yo donde van los que vienen a mi casa? Yo tenía que verlo y me emocionó mucho.

    Finalmente echamos cuentas con la simpática Juli. Se porta la señora muy bien con nosotros, no nos cobra los vinos pedidos fuera del menú y (como comprobamos al día siguiente) nos invita a desayunar.

    A punto estamos de irnos a la cama cuando aparece una mujer recia y madura que resultó ser la cuñada de Doña Juli. Esta señora, muy bien plantada, no siempre está de acuerdo con la Juli y le dice que en sus disputas con los del pueblo unas veces tiene razón y otras no. Supimos también por ella que un quiñón es una suerte grande de tierra cedida por un ayuntamiento o corporación para uso de alguno. Sostiene también la señora que ella, que es viuda, se las ha tenido que ver con muchos.

    – Miren los de aquí son muy brutos. Por ejemplo, si no estoy al tanto me habían hecho mujer a una hija a los once años. Claro que no fue flojo el que lo intentó. Que yo soy viuda y estoy acostumbrada a defenderme y a salir adelante.

    Terminada la tranquila velada, a la cama. Son las 11.

    http://www.atienza.info/camino/sahagun/frames.htm

    28 septiembre 2007
    El Burgo Ranero.

    El nombre de este pueblo nos había llamado siempre la atención. Fuimos a visitarlo y nos alojamos en el único hostal disponible. Hay también una fonda, la Fonda Lozano, pero nos agradó más el hostal. Una vez aseados, nos sentamos relajadamente en la terraza del hostal. Un hombre calvo y corpulento nos aborda. Se presenta como Don Jesús Calvo, el párroco, y se dirige a nosotros dando por sentado, sin lugar a duda alguna, que somos peregrinos del Camino de Santiago. Le dejamos hacer sin sacarle de su confusión. Nos da una fotocopia con una poesía de un tal Eugenio Garibay. La poesía está, al parecer, publicada por los Amigos del Camino de Nájera. El párroco nos firma en el anverso de la fotocopia escribiendo esto:
    El Burgo Ranero (León) ¡Feliz Peregrinación! Jesús Calvo (párroco) y pone la fecha.
    El sacerdote es hombre expansivo y hablador que nos da conversación, casi siempre dejando que le escuchemos, y nos pregunta de dónde somos. Después Don Jesús se declara músico, compositor y poeta. Con celeridad, gran conocimiento de causa y sin admitir dudas al respecto, nos dice que los mejores poetas de la lengua castellana son Bécquer y Gabriel y Galán. El primero de ellos, declara, es el gran genio del sentimiento; el segundo, el gran genio de lo cerebral, o sea, del intelecto. Luego refuerza sus aseveraciones con estas palabras:
    – Claro, amigos. Esto es así. No lo dudéis. Sin embargo, a Gabriel y Galán jamás se le hizo justicia. Él nunca fue uno de esos rojillos que se exiliaron como los “Lorca” y demás. Así que el pobre Gabriel y Galán está hoy en el olvido.
    Callamos, prudentemente, sobre el involuntario exilio de García Lorca al más allá. Don Jesús, sin embargo, está pletórico y nos sigue ilustrando. Ignoramos la razón, pero lo hace ahora sobre su calvicie:
    – Dios, queridos amigos, creó portentosos cerebros, cabezas de belleza sublime y deslumbrante. Sin embargo, incomprensiblemente, de modo incompatible con tamaña belleza, a algunas, las cubrió de pelo.
    Enseguida Don Jesús, tan inopinadamente como llegó, se levanta y se va raudo. Antes de recorrer treinta metros se detiene con un grupo de peregrinos ciclistas que acaban de llegar. Les da la fotocopia con la poesía y les ilustra con profusión sobre la injusticia, no remediada aún, cometida contra el eminente Gabriel y Galán. El párroco, como después supimos, es famoso en los pueblos del contorno por viajar leyendo sobre su bicicleta, mientras va de un pueblo a otro en cumplimiento de su ministerio. Dicen que esto lo hace incluso en los días de hielo y nieve. ¡Y todavía hay quien duda de la existencia divina!
    Son casi las tres cuando la patrona del hostal El Peregrino nos dice que podemos entrar a comer. La patrona es mujer muy dispuesta y vivaz que no permite dudar a los peregrinos ni a los clientes en general.
    – A ver, de primero ensalada mixta o espaguetis con tomate. De segundo, filete con patatas o lomo embuchado con dos huevos “pa el que le falten”.
    Comen unos dieciocho peregrinos y nosotros dos, sin que ninguno se atreva a rechistar al ama. Cuando terminamos nos obsequia a cada uno con una camiseta del local y un bolígrafo. Parece que hemos observado buen comportamiento.
    Resucitados de la profunda siesta, la hospitalera del albergue de peregrinos del pueblo, que es finlandesa, se pasa por la terraza del hostal.
    – In diez minuotos, il sacristano mostruará la igluesia a peregruinos que deseen verla. OK?
    Vamos a ver la iglesia a falta de cosa mejor que hacer. El sacristán es un hombre menudo y vivaz. Está acostumbrado a enseñar la iglesia a los peregrinos extranjeros. Así que se viene hacia nosotros y, mirándonos a los ojos, gesticulando, dando voces y marcando las sílabas nos dice muy despacito:
    – Mu-y an-ti-gu-o. To-do re-cons-tru-í-do. Mu-cho di-ne-ro gas-ta-do y mu-cho ga-na-do por al-gu-nos. Vi-drie-ras mu-y bo-ni-tas.
    – ¿Cómo las hicieron?, preguntamos en castellano fluido.
    – ¡Anda, joder, pues vino uno de León, tomo las medidas y las pusieron!, dijo el sacristán, ya relajado.
    – ¡Ah!
    Después de ver la sencilla iglesia de El Burgo Ranero, dimos un paseo hasta el barrio de la estación. Allí hay otro bar, pero hoy está cerrado.
    A las ocho y media nos dirigimos a Juli, la temperamental patrona del hostal El Peregrino, y le preguntamos cortésmente si va a dar cenas o nos va a despachar con un bocadillo. Nos contesta que si lo que tiene nos vale, que nos da de cenar. Sin pensarlo nos ponemos a la mesa y damos cuenta de una ensalada, un filete con patatas y dos huevos fritos que con el postre y una botella de buen vino del Bierzo cierra el menú.
    Terminada la cena y sentados en la terraza del hostal, charlamos con Doña Juli del camino, de cuando ella fue a Santiago, de los peregrinos, de las comidas, de lo venenosos que son los rencores entre la gente del pueblo, de su ayudante, la chica marroquí, de eso y de lo otro y de lo de más allá. Doña Juli nos dice:
    – ¿Cómo no iba a ir yo a Santiago? ¿Cómo no iba a ir yo donde van los que vienen a mi casa? Yo tenía que verlo y me emocionó mucho.
    Finalmente echamos cuentas con la simpática Juli. Se porta la señora muy bien con nosotros, no nos cobra los vinos pedidos fuera del menú y (como comprobamos al día siguiente) nos invita a desayunar.
    A punto estamos de irnos a la cama cuando aparece una mujer recia y madura que resultó ser la cuñada de Doña Juli. Esta señora, muy bien plantada, no siempre está de acuerdo con Doña Juli y le dice que, en sus disputas con los del pueblo, unas veces tiene razón y otras no. Supimos también por ella que un quiñón es una suerte grande de tierra cedida por un ayuntamiento o corporación para uso de alguno. Sostiene también la señora que ella, que es viuda, se las ha tenido que ver con muchos.
    – Miren, los de aquí son muy brutos. Por ejemplo, si no llego a estar al tanto, me habían hecho mujer a una hija a los once años. Claro que no fue flojo el que lo intentó. Que yo soy viuda y estoy acostumbrada a defenderme y a salir adelante.
    Terminada la tranquila velada, a la cama. Son casi las 12.
    Por cierto, a las afueras del pueblo, hay una gran charca cuyas ranas empiezan a cantar al caer la noche y no lo dejan hasta el alba. Habíamos olvidado preguntar la razón de un nombre tan pintoresco para el pueblo, pero ya no hizo falta.

    Publicado por Soros en 7:47 AM

    Etiquetas: Viajes

    http://sorozs.blogspot.com/2007/09/el-burgo-ranero.html

  7. Mía Pemán dice:

    Está muy interesante tu camino, aunque pertenezca al 2009 y mirando, y mirando veo que tienes una relación y en el número 7, has anotado una entrada que hay en mi blog… ¡¡Muchas gracias!!
    No veo que se pueda compartir, pero, me agradaría hacerlo al facebook, ya que soy parte de esta provincia por donde has caminado y vivo en ella precisamente. Me agradaría saber si puedo compartir tu enlace… ¡¡Estaría muy bien!!
    Pero, hasta no recibir contestación, no lo haré…
    Un saludo, Mía…

    1. Ay perdona, Mía Pemán, ahora mismo trato de conectar los botones de compartir… Pero sí claro, lo que tú quieras estará bien. Y muchas gracias. À bien tôt :-)

      1. Mía Pemán dice:

        De acuerdo, gracias, muy amable, ahora me pasaré por tu blog y veré si lo puedo hacer, si no… cojo directamente el enlace y lo pego en mi muro…
        Para verlo, solo con buscar por Mia Peman, lo podrás encontrar,
        Un saludo,

Es uno filósofo guardando silencio

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s