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Ortonasia:Morir con dignidad

febrero 21, 2011

Distanasia: Consiste en el «encarnizamiento o ensañamiento terapéutico», mediante el cual se procura posponer el momento de la muerte recurriendo a cualquier medio artificial, pese a que haya seguridad de que no hay opción alguna de recuperar la salud, con el fin de prolongar la vida del enfermo a toda costa, llegando a la muerte en condiciones inhumanas. Normalmente se hace según los deseos de otros (familiares, médicos) y no según el verdadero bien e interés del paciente.


La muerte, para nuestra cultura occidental, no es un tema simple de tocar; más bien es un tabú al cual sólo tangencialmente se alude sin entrar a considerar que es un proceso ineludible. Todos nosotros, antes o después deberemos enfrentarnos a esa etapa; algunos por cuestiones religiosas piensan que la vida es un atributo otorgado por la divinidad y que, por lo mismo, no está en nuestras manos el disponer de su término; por el contrario una inmensa cantidad, aún desde la fé que profesan, creen que la vida, esa condición de existir y ser conscientes de ello, es lo único realmente propio e inalienable y que por lo mismo, en determinadas circunstancias, pueden anticipadamente decidir y comunicarle a sus cercanos, hasta qué punto pueden esforzarse en mantenerlos vivos llegado el caso de que una enfermedad incurable, cruenta, inminente y próxima haga más dolorosa e inhumana su prolongación a través de maniobras y recursos, válidos cuando hay una esperanza de sobrevida pero carentes de significado cuando lo único que consiguen es alargar una agonía, muchas veces truculenta y terrible.  En realidad, lo que se prolonga  no es la vida, sino la muerte.

Pero, ¿Qué pasa cuando el paciente no está en condiciones de expresar sus deseos sobre el particular y la determinación deben tomarla otros?

En la década de los 70’s , un caso que produjo conmoción a nivel mundial y que puso el tema en el tapete, fué el de Karen Ann Quinlan.  Por un lado trás meses de estar en un estado vegetativo persistente, sus padres, católicos devotos, instruyen al personal que la atendía a que le retiren el apoyo mecánico que la mantenía con vida. El hospital se niega y deben recurrir a la justicia. En 1976, presentan su caso en la Corte Suprema de Nueva Jersey y lo ganan. Son autorizados a disponer que se retire el respirador mecánico. Sin embargo, Karen continúo respirando sin el apoyo del ventilador, siendo alimentada por medio de sonda nasogástrica durante nueve años, pesa 39 kilos y su cuerpo está estragado por las llagas producto de su postración, atrofiados los músculos. Fallece de una neumonía en 1985.

El Estado Vegetativo Persistente, está dado por las siguientes características:

1.-Ausencia de evidencia de conciencia de sí mismo o del entorno e incapacidad para interactuar con otros.
2.-Ausencia de respuesta sostenida, reproducible, propositiva y voluntaria al estímulo visual, auditivo, tactíl o nociceptivo.
3.-Ausencia total de expresión o comprensión de lenguaje.
4.-Despertar intermitente manifestado por ciclos de sueño-vigilia.
5.-Preservación de actividad hipotalámica y de tronco-encéfalo que permita sobrevivir con cuidado médico.
6.-Incontinencia fecal y vesical.
7.-Variable preservación de reflejos en nervios craneales y espinales.

Pero aún así, observado lo anteriormente descrito, quedan dudas.

En efecto: En centros de rehabilitación de EUA y Canadá se ha encontrado evidencia clínica de respuesta conciente hasta en un 43% de pacientes rotulados como en EVP. Las principales causas de error fueron atribuidas a alteraciones visuales graves o a un importante deterioro de la función motora del enfermo. ¿Entonces?

Bien. Hay muestras de una especie de consciencia residual, pero aún así, que el paciente recupere totalmente sus funciones y vuelva a interactuar y llevar una vida desligado del apoyo de máquinas y procedimientos terapéuticos es imposible. El daño neurológico, la atrofia,son irrreversibles. No hay vuelta atrás, de ninguna manera. No al menos con los actuales conocimientos científicos.

Con indudable acierto, Tomás Moro en el Libro segundo, parte tercera, segundo párrafo de “Utopía”, lo manifiesta: “Pero cuando a estos males incurables se añaden sufrimientos atroces, entonces los magistrados y los sacerdotes se presentan al paciente para exhortarle. Tratan de hacerle ver que está ya privado de los bienes y funciones vitales; que está sobreviviendo a su propia muerte; que es una carga para sí mismo y para los demás. Es inútil, por tanto, obstinarse en dejarse devorar por más tiempo por el mal y la infección que le corroen. Y puesto que la vida es un puro tormento, no debe dudar en aceptar la muerte. Armado de esperanza, debe abandonar esta vida cruel como se huye de una prisión o del suplicio. Que no dude, en fin, liberarse a sí mismo, o permitir que le liberen otros. Será una muestra de sabiduría seguir estos consejos, ya que la muerte no le apartará de las dulzuras de la vida, sino del suplicio. Siguiendo los consejos de los sacerdotes, como intérpretes de la divinidad, incluso realizan una obra piadosa y santa. “

En contraposición al caso Quinlan, en España se dió la situación de Ramón Sampedro. Marino mercante que por un accidente debió permanecer postrado, tetrapléjico, durante casi 30 años, pero consciente. En varias ocasiones, recurrió a la justicia para que fuera ésta la que lo autorizara a terminar con su vida que, a esas alturas se le había hecho una carga insoportable y que como él mismo lo decía en sus alegaciones, el vivir es un derecho, no una obligación. Una y otra vez, se encontró con una negativa, dada básicamente porque el sistema judicial no lo permitía. No se reconocía la figura de “Eutanasia Activa“. Dadas las cosas de esa manera y ante la incapacidad física de hacerlo por si mismo, decide llevar a cabo lo que se conocería después como suicidio asistido: recibe la colaboración de varios amigos para que lo ayuden en su empeño. Cada uno de ellos ejecuta un paso que, por si mismo, es insuficiente para el fin propuesto. Y lo consigue. Murió el 13 de enero de1998, al ingerir voluntariamente un veneno de rápido efecto, grabando en vídeo sus últimas palabras.

En el caso Sampedro, hay una voluntad, un empeño razonado de terminar con una existencia carente de todo significado, intolerable por el mismo hecho de la consciencia de su atroz inutilidad. No voy a entrar a calificar si Sampedro actuó bien o mal al comprometer a otros en la solución de su drama.  Lo que si es cierto, es que si hubiese aceptado la ayuda terapéutica desde un principio, habría podido al menos, recuperar la mínima movilidad para suicidarse por si mismo. Recordemos que él tuvo una lesión a la altura de la séptima vértebra cervical, que es dentro de su gravedad, la más leve de las tetraplejias y que hay personas que a pesar de ello, llevan una vida con bastantes limitaciones pero satisfactoria.

¿Qué tan seguros podemos estar de que nuestros cercanos respetarán la voluntad que hemos expresado, de no someter a nuestro cuerpo a la tortura interminable de prolongar una existencia forzada? ¿ Es el amor, o egoísmo según se mire, razón suficiente?

¿ Estamos dispuestos a que el envase que alberga nuestro yo, sea manipulado de una y mil maneras con el único objeto de mantenerlo en un estado de agonía permanente?

Todos tenemos el derecho, aún la obligación, de llevar una vida digna.  Creo que asimismo, tenemos el derecho a morir dignamente.

Hoy, como lo he venido haciendo dia por medio estas últimas tres semanas, no podré rasurarlo ni conversar con él mientras lo hago. Ha hecho un segundo coma y ahí está: intubado, con algunas vías endovenosas que lo hidratan y alimentan, asistida su respiración por una máquina. Me duele verlo reducido a lo que veo. Lo amo, además.

En una de aquellas conversaciones, pude darme cuenta que lo que más lo amargaba era tener que aceptar que desconocidos manipularan su cuerpo. Especialmente duro para él fué el tener que soportar que una enfermera le introdujera una sonda por la uretra. Sufría, no me cabían dudas.

Pero ahora no sentía, ni había manera que se enterase de que yo estaba ahí a su lado, a pesar que de vez en cuando abriera su ojo derecho y pareciera mirarme. Ya no estaba.

Los ronquidos de su dificultuosa respiración llenan la paqueña sala. Sus labios resecos y partidos vibran a cada espiración. En el tubo que entra por su boca se ven rastros de sangre, lo mismo que en la almohada. Está reducido a nada más que un esqueleto recubierto por piel. Lentamente, el calor escapa de su cuerpo. Sus extremidades están frías…

Los médicos nos han dicho que ya nada más se puede hacer, la medicina, respecto a él, ha llegado a su límite: cáncer más una insuficiencia renal severa y diabetes no permiten albergar la esperanza que alguna vez pueda salir del estado en que está. Eso si, podían mantenerlo con vida por un tiempo, no mucho, sólo algo más.

Me explican que de acuerdo a lo que se sabe, el coma en que está es irreversible. En la práctica, su mente, su identidad, se ha perdido para siempre: nunca más volverá a funcionar.

Y el estado en que se encuentra, ¿es vida?, ¿es vivir?, ¿dónde está el límite?

Con mi madre hemos conversado el asunto, ella está cansada, dolida de verlo reducido a un cuerpo totalmente dependiente de otras personas, además de máquinas, para seguir existiendo. Piensa que es necesario y compasivo dejarlo partir. Como persona con fé que es, me pide la acompañe al Templo. Allí, le pide a Dios que se haga Su voluntad.

Unos días después, hablo derechamente con los médicos y les pido consideren la posibilidad de desconectarlo de todas las máquinas que lo mantienen. Debo  firmar algunos documentos. Lo hago, pero inmerso en la duda generada por la lealtad: ¿Qué habría hecho él en mi lugar si fuera yo el que estuviese ahí?

El día 7 de Septiembre de 1995, a los 68 años de edad, fallece mi padre.

La ortotanasia  o muerte digna, designa la actuación correcta ante la muerte por parte de quienes atienden al que sufre una enfermedad incurable o en fase terminal.

Por extensión se entiende como el derecho del paciente a morir dignamente, sin el empleo de medios desproporcionados y extraordinarios para el mantenimiento de la vida. En este sentido se deberá procurar que ante enfermedades incurables y terminales se actúe con tratamientos paliativos para evitar sufrimientos, recurriendo a medidas razonables hasta que la muerte llegue.

La ortotanasia se distingue de la eutanasia en que la primera nunca pretende deliberadamente el adelanto de la muerte del paciente. La ortotanasia es la actitud defendida por la mayoría de las religiones.

Entonces, lo que queda, es que nosotros activamente decidamos mientras estemos en condiciones de hacerlo, hablando del tema sin temores ni prejuicios con nuestro círculo cercano. Ellos deberán decidir llegado el momento, asi como nosotros, cuando sea la hora, deberemos tomar la determinación cuando  alguien a quien amamos esté en semejante trance. Ninguna de las dos opciones es fácil, pero necesaria.

Fuentes:

Jennet B. The vegetative State: medical facts, ethical and legal dilemmas. New Engl J Med. 2002; 347: 1386-7.

Giacino JT. The minimally conscious state: Definition and diagnostic criteria. Neurology. 2002; 58: 349-51.

Kampfl A, Schmutzhard E. Prediction of recovery from post-traumatic vegetative state with cerebral magnetic resonance. Lancet. 1998; 351: 1763-





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4 comentarios leave one →
  1. febrero 22, 2011 1:35 pm

    Voy a enlazar tu artículo, querido amigo, a Filosofía, a Ciencia, y a tu espacio aquí.
    No lo he leído todavía.
    Voy a hacerlo ahora.
    Con voz.
    Esa lectura es la lectura, siéntete libre con ella para operar.
    Si no te importa con Lhasa y de cara a la pared.
    No existe nada que incite más a la compasión que esa voz que llora, apasionada.
    Nadie queremos abandonar la vida mientras aún sentimos esperanzas.
    Tenemos pasión por la vida.

  2. paulina permalink
    febrero 24, 2011 7:41 pm

    Hola

    Mi nombre es Paulina y soy administradora de un directorio de webs/blogs. Buen blog personal. Quisiera intercambiar enlaces. Puedo agregar tu pagina en mi directorio para que así mis visitantes puedan visitarla tambien.

    Si te interesa, escribeme al mail: paulina.cortez@hotmail.cl

    Saludos
    Pau

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