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¿Y qué dice la Filosofía de la Ciencia? (Diferencias entre conceptos, functores y perceptos)

enero 17, 2011

<<La lección de anatomía>> Rembrandt

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Proseguimos con el asunto. Porque una cosa es lo que pueda opinar una profana, o una ignorante, además contaminada por un paganismo supersticioso, como pueda ser yo…  Y  otra cosa muy distinta es que los autores de ¿Qué es la filosofía? nos hablen de las diferencias, propiedades, o incluso de las incompatibilidades, entre un campo y otro…

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<<El objeto de la ciencia no son los conceptos, sino funciones que se presentan como proposiciones dentro de unos sistemas discursivos. Los elementos de estas proposiciones se llaman functores. Una noción científica no se determina por conceptos, sino por funciones y proposiciones. Se trata de una idea muy variada, muy compleja, como ya se desprende del empleo respectivo que de ella hacen las matemáticas y la biología; sin embargo esta idea de función es lo que permite que las ciencias puedan reflexionar  y comunicar. La ciencia no necesita para nada a la filosofía para llevar a cabo estas tareas. Por el contrario, cuando un objeto está científicamente construido por funciones, un espacio geométrico por ejemplo, todavía hay que encontrar un concepto filosófico que en modo alguno viene implícito en su función. Más aún, un concepto puede tomar como componentes  los functores de cualquier función posible sin adquirir por ello el menor valor científico, y con el fin de señalar las diferencias de naturaleza entre conceptos y funciones.

En estas condiciones, la primera diferencia estriba en la actitud respectiva  de la ciencia y la filosofía con respecto al caos. El caos se define menos por su orden que por la velocidad infinita a la que se esfuma cualquier forma que se esboce en su interior. Es un vacío que no es una nada, sino un virtual, que contiene todas las partículas posibles y que extrae todas las formas posibles que surgen para desvanecerse en el acto, sin consistencia ni referencia, sin consecuencia (Ilya Prigogine e Isabelle Stengers, Entre le temps et l’eternité, Éd). Es una velocidad infinita de nacimiento y de desvanecimiento. Ahora bien, la filosofía plantea cómo conservar las velocidades infinitas sin dejar de ir adquiriendo mayor consistencia, otorgando una consistencia propia a lo virtual. El cedazo filosófico, en tanto que plano de inmanencia que solapa el caos, selecciona movimientos infinitos de pensamiento, y se surte de conceptos formados así como de partículas consistentes que van tan deprisa como el pensamiento. La ciencia aborda el caos de un modo totalmente distinto, casi inverso: renuncia a lo infinito, a la velocidad infinita, para adquirir una referencia capaz de actualizar lo virtual. Conservando lo infinito, la filosofía confiere una consistencia a lo virtual por conceptos; renunciando a lo infinito, la ciencia confiere a lo virtual una referencia que lo actualiza por funciones. La filosofía procede con un plano de inmanencia o de consistencia; la ciencia con un plano de referencia. En el caso de la ciencia, es como una detención en la imagen. Se trata de una desaceleración, pero también el pensamiento científico  es capaz de penetrarla mediante proposiciones. Una función es una Desaceleración. Por supuesto, la ciencia incesantemente promueve aceleraciones, no sólo en las catálisis, sino en los aceleradores de partículas, en las expansiones que alejan las galaxias. Estos fenómenos sin embargo no hallan en la desaceleración primordial un momento-cero con el que rompen, sino más bien una condición coextensiva a la totalidad de su desarrollo. Reducir la velocidad es poner un límite en el caos por debajo del cual pasan todas las velocidades, de tal modo que forman una variable determinada en tanto que abscisa, al mismo tiempo que el límite forma una constante universal  que no se puede superar (por ejemplo una contracción máxima). Los primeros functores constituyen por lo tanto el límite y la variable, y la referencia representa una relación entre valores de la variable, o con mayor profundidad la relación de la variable en tanto que abscisa de las velocidades con el límite>>. P. 117, 118.

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<<La primera diferencia entre la filosofía y la ciencia reside en el presupuesto respectivo del concepto y la función: un plano de inmanencia o de consistencia en el primer caso, un plano de referencia en el segundo. El plano de referencia es uno y múltiple a la vez, pero de otro modo que el plano de inmanencia. La segunda diferencia atañe más directamente al concepto y a la función: la inseparabilidad de las variaciones es lo propio del concepto incondicionado, mientras que la independencia de las variables, en unas relaciones condicionables, pertenece a la función. En un caso, tenemos un conjunto de variaciones inseparables bajo una <<<razón contingente>> que constituye el concepto de las variaciones; en el otro caso, un conjunto de variables independientes bajo <<una razón necesaria>> que constituye la función de las variables (…) >> P. 126

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<< Diríase que la ciencia y la filosofía siguen dos sendas opuestas porque los conceptos filosóficos tienen como consistencia acontecimientos, mientras que las funciones científicas tienen como referencia unos estados de cosas o mezclas: la filosofía mediante conceptos, no cesa de extraer del estado de cosas un acontecimiento consistente, una sonrisa sin gato* en cierto modo, mientras que la ciencia no cesa mediante funciones, de actualizar el acontecimiento en un estado de cosas, una cosa o un cuerpo referibles>>. P. 127

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<<La lógica es reduccionista, y no por accidente sino por esencia y necesariamente: pretende convertir el concepto en una función de acuerdo con la senda que trazaron Frege y Russell. Pero, para ello, es preciso primero que la función no se defina sólo en una proposición matemática o científica, sino que caracterice un orden de proposición más general como lo expresado por las frases de una lengua natural. Por lo tanto hay que inventar un nuevo tipo de función, propiamente lógica>>. P. 136

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<<Resumiendo, haciéndose proposicional, el concepto pierde todos los caracteres que poseía como concepto filosófico, su autorreferencia, su endoconsistencia y su exoconsistencia (…) Los actos de referencia son movimientos finitos del pensamiento mediante los cuales la ciencia constituye o modifica estados de cosas o cuerpos. También cabe decir que el hombre histórico lleva a cabo modificaciones de este tipo, pero en unas condiciones que son las de la vivencia en las que los functores se sustituyen por percepciones, afecciones y acciones. No ocurre lo mismo con la lógica: como esta considera la referencia vacía en si misma en tanto que mero valor de verdad, sólo puede aplicarla a estados de cosas o cuerpos ya constituidos, bien a proposiciones establecidas por las ciencias, bien a proposiciones de hecho (Napoleón es el vencido de Waterloo), o bien a meras opiniones (”X cree qué…”). Todos estos tipos de proposiciones son prospectos de variables de valor de información. La lógica tiene por lo tanto un paradigma, es incluso el tercer caso de paradigma, que ya no es el de la religión ni el de la ciencia, y que es como la recognición de lo verdadero en los prospectos o proposiciones informativas.  La expresión docta ”meta-matemática” poner perfectamente de manifiesto el paso del enunciado científico  a la proposición lógica bajo una recognición. La proyección de este paradigma es lo que hace que a su vez los conceptos lógicos sólo se vuelvan figuras, y que la lógica sea una ideografía (…) De todos los movimientos incluso finitos del pensamiento, la forma de la recognición es sin duda la que llega menos lejos, la más pobre y pueril (…) La propia lógica permite a veces que los conceptos filosóficos renazcan, ¿pero bajo qué forma y en qué estado?  Como los conceptos en general han hallado un estatuto pseudocientífico en las funciones científicas y lógicas, la filosofía recibe como legado conceptos de tercera zona, que no son tributarios del número y que ya no constituyen conjuntos bien definidos, bien circunscritos, relacionables con unas mezclas asignables con unas mezclas asignables como estados de cosas fisicomatemáticos. Se trata más bien de conjuntos imprecisos o vagos, meros agregados de percepciones y de afecciones, que se forman en la vivencia en tanto que inmanente a un sujeto, a una conciencia (…) Si el mundo de la vivencia es como la tierra que debe fundar o sostener la ciencia y la lógica de los estados de cosas, resulta claro que hacen falta unos conceptos aparentemente filosóficos para llevar a cabo esta primera fundación. El concepto filosófico  requiere entonces una ”pertenencia” a un sujeto, y ya no una pertenencia a un conjunto. No porque el concepto filosófico se confunda con la mera vivencia, incluso definido como una multiplicidad de fusión, o como inmanencia de un flujo al sujeto; la vivencia sólo proporciona variables, mientras que los conceptos tienen que definir todavía auténticas funciones. Estas funciones sólo tendrán referencia con la vivencia, como las funciones científicas con los estados de cosas. Los conceptos filosóficos serán funciones de la vivencia, como los conceptos científicos son funciones de estados de cosas; pero ahora el orden o la derivación cambian de sentido puesto que estas funciones de vivencia se convierten en primeras>>. Pág 136 a 143

GILLES DELEUZE y FÉLIX GUATTARI

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El Abecedario de Gilles Deleuze.

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R de Resistencia 1/2

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R de Resistencia 2/2

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enlazado a:

MANUEL GUZMÁN PASTOR, doctor en bioquímica y biología molecular, catedrático de UCM Terapia con cannabinoides -

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4 comentarios leave one →
  1. enero 17, 2011 3:53 pm

    Richir: Le reprocho a Deleuze una cierta despreocupación y una falta de rigor filosófico que la fenomenología sí puede aportar.

    Marc Richir
    Filósofo belga especializado en fenomenología
    http://www.lne.es/oviedo/2010/10/19/gente-supiese-filosofos-desterraria-isla-desierta/982212.html

    • enero 17, 2011 3:55 pm

      Sobre el juicio de Richir sobre Deleuze. Me parece que (con todo respeto) se le olvida la definición de “rigor” filosófico dada por Husserl: saber estar en la “cosa” misma (no apartarse de ella; que es algo muy distinto de la “exactitud”, con lo que a veces se confunde “rigor”). Y Deleuze sabía estar en la cosa misma como ninguno. Lo que quizá cabe reprocharle a Deleuze (y se le reprochará siempre) es que haya sido “demasiado” creativo, demasiado creador. Foucault dijo una vez (algo que Deleuze tomó como una broma), que “un día el siglo será deleuziano”. Ahora lo sabemos: no se refería al siglo XX, sino al siglo XXI (o quizá al XXII, ya veremos..).

      MARIO TEO RAMÍREZ

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