4127 – La hora de la cena en el refugio de Acacio y Orietta en Viloria de la Rioja
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© Acacio
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Estábamos los que éramos reunidos en torno a la mesa. Tres ollas tradicionales sobre el hule que la cubre. En una un potaje, con unas alubias más pequeñas y oscuras que la faba pinta pero de esa familia; procedían del Brasil, no recuerdo el nombre. En la otra las verduras, y en el centro el arroz. Dos jarras de vino, tabasco, -Orietta dijo que se iba a aficionar a ello- y el pan. Entonces nos pidió que nos presentáramos los unos a los otros, en nuestros propios idiomas, y que los demás tratáramos de hacer por entenderlos, por entendernos… Pero nos pidió que habláramos de los motivos de nuestra peregrinación. Supe por mí que en realidad todo es un resumen del proceso, algo muy breve que se arregla conforme a una verdad más honda, y se deja caer en un momento así, sobre una mesa. Orietta también habló, comenzó ella, si la memoria no me falla, y pude preguntarle cuando había conocido a Acacio… En el tercer camino -me dijo. Creo que era el tercer camino para la italiana pero que Acacio había caminado algunos otros más…
Entonces, primero habló Davide, el belga, luego Rita, que lo hizo en portugués, después el venerable médico y su encantadora esposa, tenían familia en España, la hija de él estaba en Barcelona. Las fotos que yo había visto eran de la nietecita. En realidad no eran familia de Orietta y Acacio, y si pudo parecérmelo fue por el trato entre Orietta y el matrimonio. Pocas veces me había sentido tan confundida como en aquel momento. El matrimonio había llegado hacía dos días, recorrían el Camino en bicicleta y estaban descansando en uno de los pocos remansos de paz que podían encontrarse… yo misma había sido testigo de como ellas dos habían pasado la tarde en el jardín, trabajando, en agradable y alegre armonía, y como él… de quién pensé: éste será el padre de Acacio… tomó su bicicleta y estuvo paseando…
Cuando fue mi turno dije sólo que yo estaba en el Camino <<porque estuve en el Camino…>> Hablé un poco (y sólo por encima, de aquella primera experiencia) y fue bonito… pero no entré en profundidades, que son las que importan y las que nos atañen, aunque toda ayuda.
Tras de mí el francés, que había llegado el último al refugio, lo hizo. Y luego a degustarlo todo, que aunque simple estaba muy sabroso. Orietta lograba una magia muy especial. Y aquella cena lo fue.
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PRECIOSO VÍDEO DONDE SE PUEDE OBSERVAR ESA MESA LLENA DE VIDA