Ellos tuvieron que adaptarse a mi paso, mi pie me comenzó a molestar un poco después de todo un día sin molestias. Con el voltaren que me proporcionó Carlos y el orujo conseguí llegar hasta Ponferrada. Seguimos respetuosamente el camino y este en la entrada a Ponferrada nos dio una vuelta increíble hasta que nos llevó al albergue.
Nos ubicaron en la misma habitación de cuatro. Tras ducharnos y descansar un rato nos dimos un paseo breve por Ponferrada. El monumento más significativo de Ponferrada es su castillo, ahora siendo reformado. Fue en 1178 cuando pasa a depender de la Orden del Temple, por una donación de los reyes leoneses. Los monjes templarios se encuentran una pequeña fortaleza que fue en su origen un castro y posteriormente una ciudadela romana. Ellos la amplían y mejoran como defensa del Camino de Santiago, estando acabada en 1282.
El Castillo que hoy conocemos es el resultado de una larga serie de ampliaciones, reformas y añadidos que van desde la primera cerca de la planta cuadrada de principios del siglo XII, hasta las últimas zonas construidas a finales del siglo XV y principios del XVI.
Posteriores incorporaciones, como las caballerizas en 1848, y las numerosas reformas llevadas a cabo desde principios del siglo XX, han contribuido a la complejidad del conjunto, tal y como lo conocemos hoy en día. Los escudos y blasones de quienes lo ocuparon y contribuyeron en su construcción son prueba de sus diferentes etapas. Tremendamente cansado me metí en la cama antes de las diez de la noche. Me dolían las piernas pero la tendinitis la tenía prácticamente superada. El estado de ánimo era mucho mejor que hace 24 horas, el tobillo aunque me molestaba un poquito me permitía caminar. Me despedí de mis compañeros de habitación, ellos querían madrugar y a las 5 de la mañana ponerse en marcha. Uno de ellos quería llegar hasta Vega de Valcárcel y el otro llegar hasta el Cebreiro. Ambas opciones muy fuertes para mi. – Kilómetros.- 30
Etapa corta para recuperarse del esfuerzo de la subida a la Cruz de Ferro y para preparar la dura etapa del Cebreiro que se subirá mañana. A las cinco de la mañana me desperté con el ruido de mis compañeros, pero en cuanto marcharon volví a caer en los brazos de Morfeo y hasta las 7 de la mañana no volví a despertar. Preparé mi mochila y marché enseguida para evitar estar rodeado de gente. El albergue estaba casi lleno.
La salida de Ponferrada se me hizo tediosa y aburrida. Dándome la sensación que marean al peregrino para que conozca un poco más la ciudad. Como muy obediente seguí las flechas amarillas paseándome por los campos de Columbrianos, Fuentes Nuevas y por fin Camponaraya. No hay nada especialmente hermoso y que merezca la pena para este recorrido. A consejo seguir la carretera que lleva directamente a Camponaraya por una acera nada molesta, ahorrando de 3 a 4 quilómetros.
Fui todo el recorrido solo y aproveche en Fuentes Nuevas para desayunar un buen bocata que me levantará la moral un poco decaída. El cansancio hace efecto sobre la moral y el día de ayer había sido duro. También me encontraba solo y no encontré a nadie con quien entablar conversación.
Con este estado de ánimo llegue hasta Camponaraya, un pueblo que se recorre por su calle principal, que coincide con la carretera. La salida se hace por un camino que asciende hasta un puente por encima de la autovía. Desde aquí se inician cuatro agradables quilómetros hasta Cacabelos. Las vides nos rodean y nos abandonan durante un buen rato los coches y el ruido del extrarradio de una ciudad como Ponferrada. El día estaba claro y se podía respirar profundamente los olores de la primavera.
Dos quilómetros antes de Cacabelos se llega al cruce de una carretera secundaria y desde ahí se sigue por el arcén estrecho de una carreterita que nos lleva a la entrada del pueblo. Cacabelos se recorre por la calle de los Peregrinos hasta el puente sobre el río Cua. Se puede destacar la ermita de San Roque, donde hubo un hospital de peregrinos en la edad media. También se puede destacar el santuario de la Virgen de las Angustias. En un bar paré a tomar una cerveza que reparará el calor que ya empezaba.
Y dicho esto …
El domingo, día 8 de septiembre, después de desayunar y despedirnos de todos, partimos hacia Ponferrada, donde lo habíamos dejado la última vez. Y partí contenta, por lo que dejaba atrás. Y partí triste, por lo que dejaba atrás. Y estaba feliz, por lo que estaba previsto y estaba a la vez triste, por lo que estaba previsto.
Ponferrada-Villafranca del Bierzo
22,4 km
Caminamos aproximadamente 4 horas. La primera etapa fue “normal”. Demasiado asfalto. Paramos a desayunar por segunda vez en un pueblo llamado Cacabelos. A partir de ahí me sorprende gratamente encontrarme de nuevo con camino de verdad: viñas y árboles frutales: manzanos y perales, cerezos, nogales…
Entramos y nos topamos de frente con una pareja de novios tomándose fotos, en fín, este país es así. Sobrepuestos de la impresión, lo recorremos a placer.
Subimos y bajamos escaleras labradas en la piedra, nos detenemos a otear por las almenas, nos imaginamos resistiendo el asalto de furiosos sarracenos o realizando místicas ceremonias y ritos olvidados.
Disparamos las cámaras casi contra todo. Imaginamos las ceremonias relatadas por algunos y muchas otras que nadie contó jamás. Descubrimos algunas murallas derruidas, pozos oscuros donde no se ve el fondo, entradas a túneles escondidos y cerrados por pesadas rejas de hierro herrumbrado. Buscamos indicios de inexistentes criptografías escondidas en la piedra o de geométricas formas de granito reveladoras de arcanos misterios ya perdidos.
Dejamos atrás el castillo y buscamos el albergue donde sellar nuestras credenciales. Volvemos al hotel, nos duchamos y salimos a procurarnos la cena. Finalmente damos con un Bar-Restaurant detrás de la muralla oriental del castillo. Tomamos la única mesa disponible, ordenamos la cena y nos morimos de frío esperando unos platos que para cuando llegaron ya habíamos perdido el apetito. Además, la comida era bastante mala y el vino era peor. Pagamos y nos retiramos del lugar, ateridos de frío y decepcionados de las bondades de la cocina local y de las inexistentes cualidades de los vinos del Bierzo. Volvemos al hotel, cada uno a su habitación. Me acuesto y al rato suena el teléfono. Es Martín recomendándome un documental sobre el Yeti. Corto. Enciendo el televisor de la habitación y paseo por varios programas hasta dar con la documental.
Me llegan los sonidos apagados del jolgorio que se armó en la planta baja del hotel, y adivinen qué, es la fiesta de los tortolitos del castillo. ¡Vivan los novios !
Comentario al margen: jonito me comenta que le han entrado unas ganas de meterse de rondón en la fiesta, que no se aguanta, que sólo lo detiene lo rídículo que quedaría de pantalones cortos y botas de trekking entre tanto smoking. En fin, que muchacho este…Me duermo soñando con el Shasquash y su errante vagabundear por los bosques de Norteamérica.
Me desperté a las 06:15, dí un par de vueltas en la cama y me levanté unos minutos más tarde. Me duché, armé la mochila, contesté la llamada de Martín asegurándose que no durmiera de más, y bajamos a pagar el hotel. Cerramos la cuenta y partimos camino a Villafranca del Bierzo, a unos 20 kms. de Ponferrrada. La mañana estaba fresca, con las primeras luces del amanecer tiñendo todo de un color anaranjado. Para no perder la costumbre de los viejos tiempos de Navarra, volvimos a errar el Camino, hasta que unos peregrinos más diestros que nosotros, nos alertaron de nuestro error (marchaban en dirección opuesta). Los primeros kilometros se hicieron muy amenos, entre pintorescos pueblitos de campaña (Columbrianos, y Fuentes Nuevas). El aire comenzó a ponerse más cálido, la mañana estaba radiante, y entre bromas del Sasquash y comentarios del camino, llegamos a Campo Naraya donde nos detuvimos a desayunar. Campo Naraya, pueblo más grande que los anteriores y con menos encanto, nos regaló una preciosa salida del lugar, entre medio de huertos, vides y altas pasturas verdes. Retomamos la senda peregrina a las 10:15. El desayuno no pesa en el estómago, aligera las piernas y alegra el espíritu. Continuamos el camino y una hora y poco después entramos en Cacabelos, que con su calle del peregrino, su ermita de San Roque, sus pintorescas balconadas, y los restos de un milenario hospital de peregrinos se ha ganado el corazón de los viajeros a Compostela desde mucho tiempo atrás. Citado en el Codex Calixtinus de Picaud, el enclave fue reconstruido por el obispado compostelano en el siglo XII. A la salida, luego de cruzar un puente de piedra sobre el río Cúa, nos topamos con el santuario de la Virgen de las Angustias, con su sólido pórtico barroco, que para variar esta cerrado. Nos quedamos con las ganas de conocerlo, y es que según la guía, dentro del santuario se conserva una imagen del niño Jesús jugando a los naipes con San Antonio de Pádua.
Data del siglo XII. Vinculado a la orden monástica de los monjes guerreros del Temple.
Próximo al castillo de los Templarios, se encuentran la Basílica de Nuestra Señora de la Encina (Patrona del Bierzo) y la iglesia de San Andrés, donde se presenta la exposición “Yo Camino” de la Fundación Las Edades del Hombre. Tuvimos la suerte que estábamos a tiempo para ver la exposición, así que decidimos disfrutar de ésta bella exhibición de arte, historia y teología narrativa del Camino de Santiago. Mientras disfrutábamos de las obras y material audio visual en diferentes galerías y capillas, ocurrió algo muy emotivo. De repente me encuentro a Mercedes llorando y entristecida. Traté de investigar que le ocurría, pero Mercedes no paraba de llorar. Así estuvo llorando por un largo rato hasta lograrse desahogar. Mercedes, estando en una de las capillas, vio algo que le trajo recuerdos de su padre, recientemente fallecido. Fue muy lindo que me tuviera la confianza para llorar, desahogarse y compartir conmigo ese momento tan íntimo.. Aparentemente, por su ocupada vida profesional que ha llevado en los últimos años y viviendo apartada de su familia, en sitios como Japón, Inglaterra y otros lugares, pienso yo que aún le faltaba más por llorar a su querido padre. Creo que este fue uno de los motivos de su Camino. Es muy común entre los peregrinos preguntarse cual es el motivo que los trae de peregrinacion por casi un mes, lejos de la familia, caminando y pasando dolores, y con la incertidumbre de cuando y donde dormir y comer al día siguiente. Una de las razones del Camino de Mercedes era obvia, su padre. Saliendo de la exposición le dije a Mercedes que era su momento de caminar sola, meditar y reflexionar, como nos ocurre a todos en el Camino. Mercedes me entendió y agradeció mi gesto. Antes de despedirnos le pedí que nos tomaramos una foto, por si acaso era la última vez que nos veíamos. Pues conociendo la dinámica del Camino, es muy común que un “hasta luego” se convierta en un “adiós” para siempre.
Después de despedirme de Mercedes, estuve paseando y conociendo esta histórica y bella ciudad templaria de Ponferrada por un rato. Abandoné Ponferrada bajo la lluvia, cruzando el puente sobre el río Sil, camino hacia Villafranca del Bierzo.
Meditando hacia Villafranca del Bierzo pienso que en el Camino nunca estamos solos. Podemos empezar solos, pero siempre terminaremos acompañados en Santiago de Compostela. Hay quienes vienen en pareja o grupos, y el Camino los separa por horas o días, pues las distancias y bellezas naturales que encontramos en nuestro entorno son propicias para meditar, reflexionar, rezar y orar en la soledad, pero siempre sabiendo que tarde o temprano, estamos acompañados, por alquien que va al frente o atrás de nosotros. Lo he podido comprobar durante la últimas semanas de Camino, cuando en varias ocasiones me levanté temprano para ser el primer peregrino en salir caminando del albergue y siempre encontrarme a otro peregrino que había empezado a caminar antes que yo durante la madrugada. Lo mismo cuando en varias ocasiones salí tardísimo de un hotel para empezar a caminar, pensando que yo era el último peregrino en el Camino, pero siempre habían otros que venían atrás. En el Camino nunca somos los primeros, ni los últimos, se camina a todas horas del día y jamás estamos solos aunque así lo creamos.
Me acomodé en la Hospedería Convento San Nicolás el Real, antiguo convento jesuita enclavado en el centro de esta población. Este convento fue fundado a principios del siglo XVII, siendo un modelo del barroco-jesuitico. En su iglesia, de orden toscano, ocupa un lugar de honor el Santísimo Cristo de la Esperanza, patrón del Bierzo.
Después de acomodarme en el convento, decidí salir a conocer el pueblo. Encontré un ciber café y aproveché para chequear mis correos. Me dio mucha alegría encontrar un correo de Mary Carmen que a continuación reproduzco:
Hola ¿que tal Juan Miguel ?
Soy Mary del camino de Santiago, estuve cenando con Luis y contigo en Burgos ¿ te acuerdas?, espero que esteis bien y sigais disfrutando del camino; Después de dejaros en Burgos estuve 3 dias con Alexandra, la Brasileña, y estaba muy bien, luego nos volvimos a separar. Yo ya en casa, llegue hasta León y tenia que volver. Me ha encantado conoceros , espero que acabes tu pagina web, que yo visitaré. Te he mandado la foto que nos hiciste y tambien un salmo para el camino por si te sirve de ayuda para tu pagina.
Si ves a Luis lo saludas de mi parte. Un abrazo muy fuerte. Mary
Salmo para el Camino
A ti, Señor, presento mi ilusión y mi esfuerzo;
en ti, mi Dios, confío, confío porque sé que me amas.
Que en la prueba no ceda al cansancio,
que tu gracia triunfe siempre en mí.
Yo espero siempre en ti. Yo sé que tú
nunca defraudas al que en ti confía.
Indícame tus caminos, Señor, enséñame tus sendas.
Que en mi vida se abran caminos de paz y bien,
caminos de justicia y libertad.
Que en mi vida se abran sendas de esperanza,
sendas de igualdad y servicio.
Encamíname fielmente, Señor.
Enséñame tú que eres mi Dios y Salvador.
Recuerda, Señor, que tu ternura y tu lealtad
nunca se acaba; no te acuerdes de mis pecados.
Acuérdate de mí con tu lealtad,
por tu gran bondad, Señor.
Tú eres bueno y recto
y enseñas el camino a los desorientados.
Encamina a los humildes por la rectitud,
enseña a los humildes su camino.
Tus sendas son la lealtad y la fidelidad
para los que guardan tu alianza y tus mandatos.
Porque eres bueno, perdona mi culpa.
Cuando te soy fiel, Señor,
tú me enseñas un camino cierto;
así viviré feliz y enriquecerás mi vida con tus dones.
Tú, Señor, te fías de mí y me esperas siempre.
Tú, Señor, quieres que sea de verdad tu amigo.
Tengo los ojos puestos en ti
que me libras de mis amarras y ataduras.
Vuélvete hacia mí y ten piedad,
pues estoy sólo y afligido.
Ensancha mi corazón encogido
y sácame de mis angustias.
Mira mis trabajos y mis penas
y perdona todos mis pecados.
Señor, guarda mi vida y líbrame de mí mismos.
Señor, que salga de mi concha y vaya hacia ti
y que no quede defraudado de haberme confiado a ti.
Indícame tus caminos, Señor, tú que eres el Camino.
Hazme andar por el sendero de la verdad,
tú que eres la Verdad del hombre.
Despierta en mí el manantial de mi vida,
tú que eres la Vida de cuanto existe.
De regreso al convento me encontré con Enrique el canario, un peregrino muy alegre y simpático, al cual le gustaba dormir las manañas y era de los últimos en salir de los albergues. El decía que no era de “caballero” salir a caminar tan temprano en las mañanas. Desde ese día lo bauticé el “Caballero Español”. Fuimos a cenar al restaurante del convento y charlamos mucho sobre nuestra peregrinación. Me comentó lo feliz que estaba, pues nos quedaban pocos días para llegar a Santiago de Compostela y estaba extrañando mucho a sus hijos y señora. Cenamos como Caballeros Españoles en este excelente restaurante del convento. Aquí adjunto una reseña del restaurante.
El restaurante a la carta de La Hospederia Convento de San Nicolás el Real, se encuentra enclavado en un lugar privilegiado dentro del convento: en uno de sus claustros y cuando el tiempo acompaña en su patio de estilo renacentista.
Aquí el viajero disfrutara de la cocina típica del Bierzo en un marco incomparable: un convento del s. XVII, donde sé aúnan arte y gastronomía
En nuestro restaurante podrá degustar los excelentes productos de la mesa berciana, destacando el botillo, como plato emblemático del Bierzo, que aunque es sabido que es plato de pobres y ricos (al estar al alcance de cualquier bolsillo), tradicionalmente se dice “que es manjar de obispos y reyes”, ò el príncipe de la cocina berciana por su sabor, calidad y carácter: El pimiento o las empanadas, cuya existencia en el Bierzo es conocida desde el S. VII, por el monje berciano San Fructuoso y que puede ser de mas de veinte clases, destacando entre ellas la de Batallón y la empanada de Cristo.
También son de destacar en nuestro restaurante las excelentes carnes bercianas, el pulpo o el bacalao entre otros platos.
Entre nuestros platos de inspiración monacal, podrá degustar nuestro famoso Revuelta de las Dos Clausuras, los Filetes al infierno, la ensalada del arzobispo o los Medallones de Bacalao como los prepara el Diacono, entre otros.
Para finalizar y así ganar las Indulgencias Plenarias, probara nuestro Licor de la Bendición y las Cerezas de la Perdición.
Después de despedirme de Enrique, recibí una llamada de Sandra y Besnd, quienes aún estaban caminando desde Cacabelos. Querían que les investigara si aún quedaban plazas disponibles en el albergue o en algún otro lugar. Mi habitación tenía otra cama disponible, asi que se la brindé para que pasaran la noche. Me alegré de volver a verlos y poder compartir con ellos en Villafranca del Bierzo.
El descenso hasta Molinaseca (580m), de unos quince kilómetros de longitud y cerca de mil metros de desnivel, se hace pesado e interminable debido en parte a que es más largo que el sendero. La sinuosa carretera nos marea, estamos cambiando de rumbo constantemente; me recuerda a las etapas de montaña de diferentes vueltas ciclistas. El único pueblo que cruzamos es El Acebo, de casas de piedra con tejados de pizarra. Hace un tiempo, sus habitantes quedaron exentos de pagar impuestos al rey a cambio de colocar ochocientas estacas que ayudasen a marcar el camino a los peregrinos. Observamos un monumento en forma de bicicleta erigido en honor a un peregrino alemán que murió en este lugar. Santiago camina a un ritmo más lento por lo que de vez en cuando hago paradas para no separarme mucho de él. Al llegar a Molinaseca tiene los pies doloridos por las botas de alta montaña que lleva puestas. Según me cuenta, no son suyas, sino de su hermano, un alpinista que ya ha hecho algún cinco mil como el Elbrus y está planeando el ascenso al Aconcagua. A través de un puente románico atravesamos el río Meruelo, donde gozan de una playa fluvial en verano. Un cartel indica que no se debe saltar desde el puente debido a la poca profundidad del invento. Atravesamos el bonito pueblo por una calle peatonal en la que hay varios turistas, se nota que hemos dejado atrás las montañas y su soledad.
Los ocho kilómetros que restan hasta Ponferrada los hacemos por una acera junto a la carretera. Se hacen muy pesados por el cansancio acumulado. Vemos de lejos la ciudad pero tenemos la sensación de que nunca llega. Cansados alcanzamos el albergue de peregrinos San Nicolás de Flüe. Un señor mayor llamado Evaristo nos atiende; debemos depositar un donativo en la hucha. Dejamos los trastos en la habitación y una amiga de Santiago (Yasmín) nos lleva en su coche a comer a un lugar llamado “Cubelos, casa fundada en 1880”. De primero nos sirven un caldo de berza que le sienta bien al exhausto peregrino. De segundo me ponen algo de pollo mientras que ellos optan por pulpo con patatas. Ellos se decantan por vino mientras que yo me bebo una CocaCola. La cuenta es de treinta y ocho euros y sólo me dejan aportar diez. En la farmacia Santiago se compra algunas cosas para los pies, y Yasmín nos lleva al albergue donde descansamos hasta las 18:30 que comienza la misa del peregrino. Se trata de la tercera y última a la que asisto en mi Camino; anteriormente he estado en la de Roncesvalles y en Los Arcos. Ante la iglesia llena de gente mayor, el cura nos llama a los dos y nos bendice: vierte un líquido sobre nosotros mientras dice algunas cosas que lee de un papel.
Llamo a casa para comentar a mis padres que me sabe mal regresar habiendo andado tan pocos días después del largo viaje de venir hasta aquí y el que me espera de vuelta, pero que por otro lado no estoy disfrutando del Camino sino que lo estoy pasando mal. Hoy es el tercer día que tomo el jarabe que me recetaron y el primero que como en ese período de tiempo. Caminar hoy con Santiago seguramente me haya ido bien porque su ritmo es mucho más lento que el mío, por lo que al ir más relajado que habitualmente debo de haberme cansado menos, aunque me hallo muy cansado. Eso sí, después de haber comido me encuentro con más fuerzas. Afronto con poco entusiasmo el hecho de tener que caminar mañana hasta Villafranca del Bierzo. Por otro lado, mañana es Nochevieja y quizá no tenía que haberme ido de casa después de lo que me está sucediendo aquí. La etapa ha sido más larga de lo que pensábamos, por lo que no hemos comido hasta las cuatro. Santiago se ha ido a acostar muy cansado y sin cenar. Yo ceno por primera vez desde que salí de León, a la vez que converso con Evaristo (el hospitalero). Me cuenta su experiencia cuando hizo el Camino Portugués sin saber el recorrido, ni donde iba a dormir, ni si iba a encontrar algo de comida. La gente le acogía e incluso le daban de comer y le ofrecían dinero según me dice. Unos cuatro peregrinos también duermen hoy aquí, y están cenando por su cuenta. No tardo mucho en ir a acostarme yo también, con el deseo de descansar plácidamente. También me acompaña la incertidumbre del no saber como acabará esta escapada al Camino.
De Ponferrada se podría decir que fue un asentamiento de astures y romanos. En el siglo XI se convirtió en lugar de paso obligado para los peregrinos gracias a su puente sobre el río Sil. Un siglo después la Orden del Temple construyó un importante castillo. Al cabo de nueve siglos Santiago y yo amanecemos aquí un treinta y uno de diciembre. Es una inicio de etapa atípico debido a las molestias que tiene Santiago con sus botas de alta montaña. En ese sentido, primero esperamos en una cafetería con la esperanza de que abra una tienda de deportes que no lo hace. Más tarde, en una zona de comercios esperamos a que abra otra. Aprovecho para comprar agua mineral y caramelos de eucalipto en un supermercado Dia cercano. Santiago se compra unas botas de trekking más adecuadas que las que lleva puestas y preguntamos por la oficina de correos. Nos la encontramos cerrada por ser treinta y uno de diciembre, por lo que parece que no va a poder enviar sus botas a casa hasta el próximo año.
Entre una cosa y otra, abandonamos la ciudad cerca de las doce del mediodía. Caminamos junto a una carretera con mucho tráfico rodado (N-IV) cuando observamos al otro lado una agencia de envíos postales. Cruzamos por el peligroso paso de peatones, donde ha habido diferentes atropellos trágicos según nos cuenta un trabajador de la agencia. Envía hacia su casa las botas de montaña, un jersey y un libro que ha leído en el viaje hasta Astorga. Habla con el transportista sobre un negocio consistente en instalar placas fotovoltaicas en parcelas de terreno para obtener energía del Sol, así como de la situación económica del país. El saco de dormir que ha llevado en el exterior de la mochila ahora le cabe en el interior. En la báscula compruebo que mi mochila tiene una masa de 9,2kg y la de Santiago no llega a 9kg. Del peso se podría decir que es aproximadamente noventa Newtons.
Hemos tomado la carretera porque un habitante nos ha dicho que el camino que va por la central térmica es mucho más largo. Sólo hay unos veintitrés kilómetros de etapa por lo que en principio no tenemos mucha prisa pese a haber salido tan tarde. Caminamos siempre por el arcén de una carretera sin ver el Sol pues hace unos días que el cielo está nublado. Además, en esta parte del Bierzo suele haber una densa niebla como sucede en los alrededores de Vic. En Cacabelos, pueblo reedificado en 1108 tras ser destruido por un terremoto, entramos en un bar a comer. Reconocemos a dos peregrinos extranjeros que están acabando una gruesa tortilla de patatas y nos sentamos con ellos. Yo me pido también una ración de tortilla de patatas mientras que Santiago se pide un menú. Salimos los cuatro en busca de un supermercado, donde el manchego compra unas uvas y los dos belgas cava y alguna cosa más. Son vegetarianos, por lo que no les ha hecho gracia que Santiago les diga durante la comida que por Ciudad Real se caza mucho y que él también lo hace.
A Ponferrada se llega muy cómodamente, vamos cuesta abajo, y además son los primeros kilómetros de la jornada. Una vez más mis ineludibles y frecuentes necesidades biológicas me hacen retrasarme. Directamente opto por quedar con ellos en Cacabelos porque quiero ver el castillo de Ponferrada y otras cosas interesantes de la ciudad. Pero Ponferrada me decepciona. El castillo templario es genial, pero es muy temprano y está cerrado. El resto de la ciudad no tiene encanto. Es más grande de lo que yo pensaba y también más moderna. Al pasar por el refugio de peregrinos pregunto por Armando. El día anterior debíamos habernos visto con él. Pero ya casi le doy por perdido. Me planteo seguir yo solo hasta Villafranca. Voy bastante fuerte y así a lo mejor pillo a Armando.
Saliendo de Ponferrada me encuentro a los demás. Ellos también coinciden conmigo en continuar hasta Villafranca, pues las condiciones de esta día son buenas y así acortaríamos la siguiente etapa que es bastante dura ya de por sí.
La salida de Ponferrada es cuesta arriba y voy a un buen ritmo. Solo Ana me sigue. Gonzalo y Juanen tampoco van mal y pronto nos reunimos todos en Camponaraya para almorzar. Juntos continuamos hasta Cacabelos. Ahora me arrepiento de no haber entrado en Prada a Tope. Un bar, o taberna o lo que sea, en el que dan a los peregrinos que por allí pasan vino y empanada. Quizá hubiera merecido la pena quedarse allí. Parece un pueblo acogedor y además eran las fiestas.
Ayer por la tarde dije largamente adiós al majestuoso castillo erigido sobre roca, por encima de su río de agua negra y de los viejos arcos románicos de las plazuelas de Ponferrada. Había bebido un trago, entre dos duchas, en una vieja cava romana admirable, un “bodegón”, como se le llama, tal y como los peregrinos debían antaño conocerles. No había más que proletarios del terruño. Una escalera tenebrosa. Una minúscula claraboya por la que pasaba un poco de luz. Unos toneles fabulosos. Cubas lustrosas. Algunos pellejos. Muy bonito todo, muy típico y pintoresco.
El hotel estaba francamente bien, sin salirse de un precio normal. Toda la noche ha llovido.
La bajada a Molinaseca con hielo en las umbrías. En el pueblo turistas y más turistas. Nos detenemos a tomar unas fotos y un café en el mismo bar que visitamos durante el Camino. De allí a Ponferrada. No paramos, seguimos a Cacabelos. Esto de “Prada a Tope” un éxito oye. Pero a Paca y a mi no nos gusta. Nos parece un McDonald al estilo del Bierzo y aunque la cadena se hinche a ganar dinero y se extienda por España y dé cinco mil puestos de trabajo y…, no nos gusta, no nos gusta y se ha “terminao”. De las mesas a las tejas todo es falso en “Prada a Tope”. Eso sí, da dinero.
Son más auténticos los bares y tabernas de Cacabelos a los que sólo van los del pueblo. Además, aparte del refugio de peregrinos, hay habitaciones limpias y económicas en “El Molino”. El Molino, calefacción y agua caliente, está en el Camino de Santiago y casi en el centro del pueblo. Doble sin baño 2600 ptas. Bastante aceptable.
De Cacabelos volvimos a Guadalajara el día 7, para no coger la caravana y poder disfrutar del camino de vuelta. Dejamos para otras ocasiones el resto del Camino.
Me levanto y echo a andar / Sin lavarme la cara / Tal vez complete un trecho / En la Gran Espiral / Con las cosas que he ganado / Y las que he perdido / Mi ceguera y mi bastón / En el camino... Si me ves dormido / Sabe el alba que si quiere yo / La espero en el camino / Y todos mis pecados / Viajarán conmigo / Hasta el más puro final / Del camino.//
De la canción la ‘Cruz de Santiago’
Lanza bien los dados
porque el juego del camino ha comenzado,
agudiza tu ingenio,
sírvete de mancias,
sírvete del tarot,
lee en el alma del bosque
adivina dónde la muerte se escondió
-MAGO DE OZ-
Pero qué es el alma, ¿un mito? ¿es inmortal? ¿pesa 21 gramos?
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Nosotras hemos llegado a la conclusión de que el alma es la verdad de uno pero nos encantaría conocer cual es tu opinión al respecto (aquí)
El Espacio y el Tiempo son modos mediante los que pensamos, no condiciones bajo las que existimos. El Tiempo que percibimos a través de los relojes y los calendarios es una invención que sólo concierne al hombre y a su interpretación del mundo. – ALBERT EINSTEIN -
DEL DIARIO PEREGRINO QUE HE COMENZADO A LEER HOY…
http://aig02.blogia.com/
DEL DIARIO DE MONTSE, LITERATURIZADO AL CATALÁN…
http://laltreblogdelarare.blogspot.com/
DE LAS VIVENCIAS DE WILLIAM RAMOS…
http://porsiempreperegrino.blogspot.com/
DEL DIARIO DE DOS QUE CRUZARON UN OCÉANO Y ANDUVIERON LOS PIRINEOS….
http://ultreiafinisterre.blogspot.com/
DEL DIARIO DE DOS QUE CRUZARON UN OCÉANO, Y ANDUVIERON POR LOS PIRINEOS…
http://ultreiafinisterre.blogspot.com/
DEL DIARIO DE JUAN GRAU, PEREGRINO DE MIAMI…
http://www.juanmiguelgrau.com/camino_de_santiago
DEL DIARIO DE UNO DE LOS HOMBRES QUE MÁS ME GUSTAN ANDANDO Y NARRANDO PERO QUE AQUÍ SE SIENTE ENFERMO…
http://zodiaco.madteam.net/relatos/2008-01/dia-20:-30-12-07:-foncebadon-%E2%80%93-ponferrada/
DIARIO DE ÁNGEL SILVENTE
http://www.euskalnet.net/diariosdeperegrinos/angel.silvente.htm
DEL ESCRITOR LUIS YAÑEZ
http://luisyanezabelaira.blogspot.com/2009/05/ponferrada-16-04-2009-presentacion-un.html
DE LA PEREGRINACIÓN DE LEON DEGRELLE
http://compostela2004.free.fr/mi_camino_de_santiago.htm
La bajada a Molinaseca con hielo en las umbrías. En el pueblo turistas y más turistas. Nos detenemos a tomar unas fotos y un café en el mismo bar que visitamos durante el Camino. De allí a Ponferrada. No paramos, seguimos a Cacabelos. Esto de “Prada a Tope” un éxito oye. Pero a Paca y a mi no nos gusta. Nos parece un McDonald al estilo del Bierzo y aunque la cadena se hinche a ganar dinero y se extienda por España y dé cinco mil puestos de trabajo y…, no nos gusta, no nos gusta y se ha “terminao”. De las mesas a las tejas todo es falso en “Prada a Tope”. Eso sí, da dinero.
Son más auténticos los bares y tabernas de Cacabelos a los que sólo van los del pueblo. Además, aparte del refugio de peregrinos, hay habitaciones limpias y económicas en “El Molino”. El Molino, calefacción y agua caliente, está en el Camino de Santiago y casi en el centro del pueblo. Doble sin baño 2600 ptas. Bastante aceptable.
De Cacabelos volvimos a Guadalajara el día 7, para no coger la caravana y poder disfrutar del camino de vuelta. Dejamos para otras ocasiones el resto del Camino.
http://www.atienza.info/camino/textos/historias.htm#rememorando