Vigesimo séptima jornada: PORTOMARÍN – SAN XULIÁN DO CAMIÑO

2009 Agosto 7
by mx7652o

(por reconstruir)

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- Enviados: cerca de Gonzar (LUGO)

- 4025 – De las vacas a la altura de Ligonde

- 4331 – Del paso por Eirexe

- 4339 – Del paso por Lestedo (LUGO)

- 4346 – La historia de Valos a Brea (LUGO)

- Enviados: desde un restaurante de Brea (LUGO)

- 35213576 -

- Enviados: desde San Xulián do Camiño (LUGO)

- Enviados: desde el Albergue Abrigadoiro (SAN XULIAN DO CAMIÑO)

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  1. 2009 Agosto 7
    María Camino Enlace permanente

    DEL DIARIO PEREGRINO QUE HE COMENZADO A LEER HOY…

    Inicie el recorrido solo atravesando con las primeras luces el pantano de Belesar sobre el río Miño. El día estaba con niebla y hacía fresco. Con la bruma el pantano era un poco fantasmagórico pero muy agradable a la vista. Desde aquí se inicia un ascenso continuo durante los próximo 10 quilómetros. Hay momento que se encuentra uno rodeado de un bosque pero la mayoría se hacen por un andadero pegado a la carretera. Bastante pesado.

    Después de la etapa larga de ayer me costó bastante coger el ritmo y poner la cabeza a pensar para evitar que el cansancio me agobiara. Muchas veces no es el cuerpo el que está cansado sino que es la cabeza la que dicta el estado físico. Si estás en una agradable conversación o disfrutando de un paisaje espléndido tu cuerpo no chilla por el agotamiento, pero si estamos aburridos o teniendo pensamientos negativos, ¡qué cansado estoy!, ¡no puedo más! o ¡cuantos quilómetros llevo!, se nos hacen eternas las distancias y aprovechamos cualquier resquicio para sentarse y compadecernos de nosotros mismos. Algo de esto me paso hasta Ventas de Narón.
    Me paré en Gonzar a tomar un café y poco después en Hospital de la Cruz me senté en un banco. No podía con mi cuerpo. Estaba desfondado, cada paso era un esfuerzo importante.
    Cuando atravesé la nacional 540 y llegue a Ventas de Narón mi estado de ánimo cambió. Quizás la subida terminó, quizás empecé una conversación con unos canadienses y mi cabeza se entretuvo, o ¡vaya usted a saber!
    El caso es que mejoró mi estado de ánimo, también el día se había despejado y empezaba a hacer calor, cosa que mi cuerpo agradeció.

    Pasé sin detenerme por Ligonde y Eirexe pero este día desafortunado me deparaba una sorpresa más. Una de las cinchas de la mochila cedió y se descosió, quizás por llevarla demasiado apretada. El caso es que tuve que parar a realizar la reparación oportuna. Estaba en una bajada de una carreterita segundaria. Me senté en el arcén y con la aguja y un hilo de nylon comencé el remiendo. Me pasaron un montón de peregrinos que me miraban con extrañeza por la situación. Menos mal que el sol calentaba y no pasaban apenas coches. Media hora larga estuve parado remendando la mochila.
    Con la esperanza de haber hecho un buen trabajo y deseando que no me pasarán más cosas hoy continué hasta el siguiente bar donde reparé mi sed con una cerveza.
    Hoy había salido a las 7 de la mañana y eran la una larga y sólo había hecho 15 quilómetros, así que apreté un poco el paso y a las dos y media de la tarde llegue al alto del Rosario donde en un restaurante aproveche para comer un reconstituyente chuletón que remendara mi espíritu y mi ánimo.

    La verdad es que fue una excelente comida acompañada de su orujo correspondiente.
    A las cuatro reinicie el camino acompañado de un peregrino panameño que era la primera vez que veía. Iba despacio y no tenía prisa en llegar a Santiago. Decía que para él terminar el camino era volver a su realidad diaria, cosa que le amargaba bastante. Este camino había sido un sueño y un paréntesis de los problemas familiares y laborales. Mencionaba que el camino quedaría impreso en su cabeza para siempre como un lugar donde obtuvo la paz y la tranquilidad durante todo un mes.
    Con estas conversaciones llegamos a Palas de Rei, él se quedó en el albergue y como había tenido tan mal día decidí ir a una pensión a dormir y descansar lo máximo posible. Tras la ducha la siesta fue inevitable.
    A las siete de la tarde salí a dar una vuelta por el pueblo. Primero me acerqué a la iglesia de San Tirso a que me sellarán la credencial y pude observar la portada románica.
    Después yendo por la calle principal me encontré a Everson. Un brasileño que conocí en la bajada del Acebo y que le había perdido de vista desde hacía unos días. El había ido por Samos y estaba entusiasmado de la belleza del monasterio.
    Nos sentamos en una terraza a tomar una cerveza y en eso aparecieron una pareja de peregrinos gallegos, Alba y Tes, con la que compartimos conversación y experiencias camineras hasta la hora de la cena.
    Everson es vegetariano estricto, no toma tan siquiera huevos, y tuvo ciertos problemas, como nos explicó cosa bastante habitual, para encontrar algo que comer que se ajustara a sus creencias, en fin, tomó una ensalada con arroz y fruta. Los demás dimos buena cuenta de unas raciones de pulpo y lacón.
    A las 10 de la noche estaba en la cama pensando que este había sido un día duro y deseando que llegara mañana para que mejorará la suerte.

    Me levanté temprano y emprendí el camino con mucho más ánimo que el día anterior. Era una mañana fresca y el cielo estaba despejado, el tiempo me ha respetado durante todo el recorrido.

    Al poco de partir encontré un peregrino que llevaba un paso vivo. Me junté a él y la conversación fue fácil y fluida. Se llamaba Miguel, era de Burgos y había partido de allí tres días después que yo. Sus etapas eran largas y su estado de forma excelente. Me contó sus expectativas de futuro y sus ilusiones. La peregrinación lleva a los caminantes a comunicarse abiertamente, no teniendo en cuenta el poco tiempo de conocimiento. Yo creo que las muchas horas caminando en soledad y conversando con uno mismo, llevan a que cuando se encuentra a un ser humano en una situación similar se produzca una auténtica confesión. Se juega con la ventaja de que el interlocutor es imparcial y no participa en la vivencia por lo que se va a poner siempre de nuestra parte.

    Con este paso fuimos por el sube-baja constante que las tierras gallegas imponen. Pasamos por aldeas como San Xulian

    http://aig02.blogia.com/

  2. 2009 Agosto 8
    La hospitalaria Enlace permanente

    DEL DIARIO DE MONTSE LITERATURIZADO AL CATALÁN….

    18-04-03
    Portomarín – Palas de Rey (24,3 km)

    Nos levantamos sobre las 7, desayunamos y a las 8,30 ya estamos caminando. Nos llueve todo el camino y compruebo que tampoco está tan mal eso de caminar bajo la lluvia. A mi, caminar bajo la lluvia siempre me había gustado, pero en plan lúdico. Es decir: chapotear por los charcos con aquellas botas de goma que llevábamos “antes”, llamadas katiuskas, en honor a “katiuska”, la rusa de la zarzuela (o no) sentir cómo las gotas de agua se deslizan por el pelo y se introducen por el escote del jersey,entran frías y van adquiriendo calorcillo a medida que resbalan por la piel, sentir como se va empapando el pelo poco a poco, hasta pegarse totalmente a la cabeza, abrir la boca e intentar beberme la lluvia… todo esto era/es encantador, pero para un ratito y sabiendo que la ducha se encuetra a pocos pasos.

    Eso de andar casi 25 km con la mochila al hombro y las botas llenas de barro me parecía – como digo en alguno de mis diarios de abordo del camino que algunos de vosotros ha leído- un acto un poco gratuito. Pero la vida es así y el camino se parece mucho a la vida: algunos días llueve y tienes que arrastrarte por el barro con tu mochila a cuestas. Y así fue. Pero fue muy agradable.

    A momentos mi mente se evade totalmente de mis tres compañeros de viaje y el entorno hace que me sienta absolutamente en otro mundo. En estos momentos llego, incluso, a mezclar en mi mente todos esos personajes que me he ido creando en mi mundo virtual,tan real, por otra parte, y recuerdo a Arare y a Billow, intentando situar la aldea Infamia en medio de esos bosques que voy pisando. Swingg es, quizá, la más parecida a Montse, siendo todas ellas, la misma. Y me entretengo en elucubraciones y fantaseo y mi mente vaga de un extremo a otro y mis pensamientos recorren de nuevo mis vivencias pasadas e intentan, incluso, adivinar mis vivencias futuras. Constato que caminar bajo la lluvia con tres compañeros entrañables puede llegar a ser una especie de terapia.

    Hay una especie de acuerdo entre los cuatro, un acuerdo no verbalizado en ningún momento, una especie de solidaridad implícita en el mismo acto de caminar. Hablamos de todo y de nada, comparamos nuestras vidas e incluso las de nuestros hijos, en una comparación absolutamente benévola, ¡es increíble lo diferentes y lo iguales que somos los humanos dentro de nuestra diversidad!

    Llegamos al albergue y tras una ducha – esta vez el agua está caliente- nos disponemos a descansar un ratito. Este refugio está muy bien. Hay gran cantidad de plazas, no recuerdo el número exacto, pero aun así, el número de caminantes es superior al de literas, por lo que algunos, sobre todo aquellos que hacen el camino en bicicleta, acabarán, esa noche, durmiendo en colchones en el suelo. Algunas anécdotas nos hacen aumentar el buen humor que ya por nosotros mismos destilamos, como por ejemplo observar a un caminante bastante viejito, que va solo, increpando a dos jovencitas extranjeras que pretenden dormir juntas en la litera de encima del buen hombre. Vale que son jóvenes, monas y delgaditas, pero claro… una litera es para una sola persona y el hombre no está dispuesto a recibir el impacto de dos cuerpos – por muy buenos que estén esos cuerpos- en plena noche y en plena cara. La maniobra es graciosa, porque las dos niñas acabarán durmiendo juntas en la litera que le cambian a un guapo irlandés vegetariano que se come los pimientos como si fueran manzanas. Aparte de esto, una de las niñas sacó de su mochila, cual lámpara de Aladino, toda una colección de modelitos varios y variados que una piensa… ¿cómo demonios se las arregla para llevar “tanta ropa” ahí dentro? y se los anduvo probando a ver cual le quedaba mejor, en un improvisado pase de modelos encima de una esterilla de las de hacer abdominales en el gimnasio… para acabar, tal como había empezado, con los mismos jeans llenos de barro por la parte de los tobillos. ¡Pero tuvo su gracia!

    A todo eso, mis tres compañeros de fatigas intentaban dormir… no recuerdo que lo consiguieran demasiado. Salimos, más tarde, a pasear por el pueblo, a cenar… y otra vez en plan gallinas, a las 11 en casa! (¿de qué me suena a mi esta frase si no veo la tele nunca?)

    http://laltreblogdelarare.blogspot.com/

  3. 2009 Agosto 9
    María Camino Enlace permanente

    DE LA VIVENCIA DE WILLIAM RAMOS…

    El conteo regresivo a empezado… cada dos kilometros encuentras una senalizacion que te indica cuantos kilometros quedan hasta Santiago de Compostela… Esa etapa de ese dia segun el librito era de 40 kilometros, pero decidimos hacerla hasta un sitio que se llama Palas de Rei que esta a 32 kilometros de Portomarin… La verdad que las ultimas etapas eran las mas bellas, nutridas de mucho verdor, de mucha paz, naturaleza… Seguiamos encontrandonos con mas y mas peregrinos…ya que en los ultimos 100 kilometros es donde mas gente hay. Se cruzan 7 pueblos hasta llegar a Palas, dentro de lo cuales habian algunos casi inhabitados…Aun recuerdo en un pequeno pueblo que entramos y decidimos pararnos a comer algo… Era un pequeno restaurant, atendido por las hijas de los duenos… Muy guapas… Dos gallegas simpatiquisimas… Ayudaban con el negocio de la familia, pasamos un rato muy agradable, ya que hablamos con ellas.. las grabamos con la camara de Hugo y estuvimos un rato agradable juntos… Luego comimos, descansamos y seguimos la marcha… Durante el camino empezamos a ver gente que habiamos conocido al principio y que nos habiamos distanciados, entre ellos estaba Michael, el actor de Hollywood con su pareja… y otros muchachos mas de Estados Unidos y Canada…tambien nos juntamos con Mike y Mohammed, el Americano y el Iraqui.. que siempre estuvieron con nosotros durante las noches y en la comida…tambien en esa etapa conocimos mas grupos de estudiantes… Recuerdo a mi querida amiga que aun nos escribimos que estaba en un grupo de su colegio, la inolvidable Mar…Eran un grupo de Valencia que hacian los ultimos 100 kilometros, comparti con ella y sus amigas, y caminamos un buen trecho juntos…Fueron etapas muy buenas ya que fue cuando mas roce tuvimos con los demas… Cada 50 metros aparecian personas nuevas, aun recuerdo algo un hecho que tambien paso en esa etapa, resulta que nos paramos a descansar en un area de descansao y conocimos un grupo de Belgas que estaban comiendo algo y tenian una botella de vino blanco, entonces ellas no tenian sacacorcho y vienen donde mi y me dice que si alguno de nosotros teniamos uno a lo que le respondo que si, que yo tenia sacacorcho y que podia destaparle la botella..Bueno, cuando tomo la botella entro mi sacacorchos con mucho cuidado y en el momento que voy a extraer el corcho lo saco y la botella roza con el filo de la mesa y se me ha explotado en frente de las chicas… Eso fue como un Boom!! Los muchachos lo oyeron y salieron para alla a ver que habia pasado, jajaja aun recuerdo ese dia, estaba como que viendolas como uyy diculpame y ellas gritando! Noo!!! no me quedo mas remedio que reirme y decirles que ya les compraria otra… fue un momento embarazoso pero a la ves le saque provecho, ya que al decirle que les compraria otra, se aprovecho para un segundo encuentro por la noche y asi compartir… Asi fue, en la noche cuando llegamos al albergue, nos juntamos, compramos otra botella y nos pusimos a jugar cartas hasta tarde… Estuvimos hablando muchisimo sobre su pais, a que se dedicaban cada una, etc… Eran 5 y habian ido solas a hacer el camino y decian que le encantaba… … Luego, descansamos cada quien se bano, ceno y luego nos fuimos a dormir… Ya quedaba poco para nuestra llegada, dos noches mas y por fin al esperado Santiago de Compostela…

    http://porsiempreperegrino.blogspot.com/

  4. 2009 Agosto 11
    María Camino Enlace permanente

    DOS AMIGOS DE MONTEVIDEO QUE CRUZARON UN OCÉANO PARA CAMINAR UNA RUTA MILENARIA…

    Notas de viaje, sábado 12 de agosto de 2000.

    Dejamos Portomarín temprano en la mañana. Antes de las seis ya estábamos en camino, bajando las empinadas calles de la ciudad e internándonos en el bosque gallego luego de cruzar la carretera. Es de noche, falta aún casi una hora hasta que amanezca, y marchamos alguno pasos detrás de un grupo de peregrinos españoles. El bosque está oscuro y en silencio. La débil luz de la pequeña linterna ilumina apenas a unos pocos pasos de distancia, puede oirse claramente el crujir de la gravilla del sendero bajo nuestras botas. Toda la mística del bosque gallego nos llega en la fresca briza del cierzo nocturno, que parece susurrar fragmentos olvidados de secretos aquelarres y queimadas, de ritos de otros tiempos y de otras gentes. La marcha se disfruta a pesar de la oscuridad.

    Con las primeras luces del amanecer, llegamos a Gonzar. La oscuridad del bosque ha dejado paso a estáticos bancos de espesa niebla que se diseminan por doquier. Martín se detiene un instante a fotografiarlos y seguimos camino. Pasamos algunas aldeas pequeñas, dejamos atrás CastroMayor, Hospital de la Cruz, Ventasde Narón y Ligonde. Nos detenemos en una breve pausa a la sombra de un bosquecillo de eucaliptos, bebemos algo de agua, liamos un par de pitillos, y reemprendemos la marcha.

    A la salida de Ereixe -iglesia en gallego-, nos topamos con el famoso cruceiro de Lameiros, una cruz de piedra que jalona el Camino desde 1670. Seguimos la marcha y poco antes de mediodía entramos en Avenostre, a unos dos kilómetros de Palas do Rei. Media hora más tarde estábamos haciendo fila en las puertas del albergue de Palas. Dejamos nuestras mochilas en la fila y nos sentamos a la sombra a ojear unas postales que compramos en una fuente del Camino. Luego de conseguir cama y ducha, salimos del albergue en pos de nuestro sustento.

    Luego de ir y venir varias veces por la calle principal de la ciudad en busca de una pizzería inexistente, terminamos en un bar a pocos metros del albergue donde dimos buena cuenta de una picada de mariscos y un par de cervezas. una vez satisfechos nuestros estómagos, la siestecilla reparadora que se me hizo un poco más larga de lo habitual…, me desperté a las ocho cuando ya era de noche. Afortunadamente el albergue no cierra las puertas hasta la medianoche. Dimos algunas vueltas por el lugar, conversamos con otros peregrinos, cenamos, y al sobre. Estamos a unos 67 kms. de Santiago. Mañana partimos hacia Arzúa, en una etapa de algo más de 28 kms. que nos dejará a apenas tres jornadas de Santiago. En el albergue se respira la euforia de los peregrinos, se siente en el aire un no se qué Compostelano…

    http://ultreiafinisterre.blogspot.com/

  5. 2009 Agosto 18
    María Camino Enlace permanente

    DEL DIARIO DE JESÚS GRAU, PEREGRINO DE MIAMI…

    Desayuné con Sandra, Besnd y Sixt en Portomarín. Salimos caminando los cuatro hacia Gonzar, hoy nos toca una etapa fácil de 24.5 Kms.

    Me encontré con Ruth y Penny, caminamos juntos parte de la etapa.

    Hermosa construcción tradicional gallega, situada al pie del Camino de Santiago. En otros tiempos era la vivienda de los sacerdotes que oficiaban en la parroquia de Lestedo. Con anterioridad se dice que era hospital de Peregrinos.

    Iglesia de Avenostre.

    Sandra, Besnd y Sixt se hospedaron en esta casa rural llegando a Palas de Rei, yo decidí continuar camino hasta llegar al pueblo, para así poder ir a misa en la noche.

    Nuestra Señora del Perpetuo Socorro

    Patrona de Palas de Rei (Lugo)

    Oración

    Santísima Virgen María, que para inspirarme confianza habéis querido llamaros Madre del Perpetuo Socorro.

    Yo os suplico me socorráis en todo tiempo y en todo lugar; en mis tentaciones, después de mis caídas, en mis dificultades, en todas las miserias de la vida y, sobre todo, en el trance de la muerte.

    Concedeme , oh amorosa Madre, el pensamiento y la costumbre de recurrir siempre a Vos; porque estoy cierto de que, si soy fiel en invocaros, Vos seréis fiel en socorrerme. Alcanzadme, pues, la gracia de acudir a Vos sin cesar con la confianza de un hijo, a fin de que obtenga vuestro perpetuo socorro y la perseverancia final. Bendecidme y rogad por mí ahora y en la hora de mi muerte. Amén.

    Iglesia de San Tirso.

    Me hospedé en el “Hotel Casa Benilde” localizado en la Calle del Mercado en pleno Camino de Santiago. Paseando por el pueblo me encontré con Carmen y un peregrino español amigo de ella en el Albergue de Palas de Rei. Aprovechamos y fuimos a cenar al lado del albergue, en la “Pulpería A Nosa Terra”. Después de la cena fuimos a misa de 8:00 PM en la Iglesia de San Tirso.

    http://www.juanmiguelgrau.com/palas_de_rei

  6. 2009 Agosto 20
    La hospitalaria Enlace permanente

    Año Santo Compostelano.
    A UNOS 600.000 PASOS (1)
    Por Juan José Alonso Escalona

    Lunes 18 de agosto: Portomarín-(Sexon)-Palas de Rey
    La ventana de mi habitación daba al embalse, justo por encima de la gasolinera. Ver amanecer sobre una panorámica, como la que estaba contemplando, era un privilegio. Pero no debía entretenerme demasiado, ya que la etapa de este día era fuerte y el calor iba a ser muy recio.
    Una vez todo en orden, me dirigí a la Taberna para liquidar mi cuenta. Eran las 6,45 h y, aún, estaba cerrada. Hacía bastante fresco y no era bueno sentarse, así que decidí llamar a la puerta. Inmediatamente se asomó José a la ventana y bajó a abrirme.
    Le pedí disculpas por haberle hecho madrugar tanto y me dijo que todo lo contrario, que le perdonara, pero es que ayer se acostó muy tarde y se le olvidó poner el despertador. Dijo que entrara y que me prepararía el desayuno.
    A las 7,30 atravesaba el puente para empezar por donde había acabado. Al llegar al final del mismo tuve la duda de si ir por la derecha o continuar por la carretera a la izquierda. Esto último me pareció más lógico, ya que a la derecha no había un rastro definido de camino ni de carretera.
    A eso de las 8 empecé a preocuparme debido a que no existía ninguna señalización ni indicación que me orientara sobre dónde me encontraba ni hacia dónde debía dirigir mis pasos. Mi marcha en solitario, sin más compañía que los ladridos lejanos de algún perro, sin encontrar casa, aldea o pueblo donde informarme, me iba confirmando en la idea de que, nuevamente, me había equivocado. De todas formas, ya había hecho un buen tramo de camino, unos tres kilómetros y aún tenía la esperanza de que apareciera alguien o algún poblado a no mucho tardar.
    La carretera subía en pendiente muy pronunciada; era más bien una pista asfaltada. Iba metida entre bosque muy denso; a mi izquierda, a través de algún claro, veía al fondo el embalse. Tenía la sensación de estar dando la vuelta al mismo.
    Entre la maleza notaba agitarse la vida. El camino subía y bajaba en interminables curvas, que impedían la visión de lejanía para poder orientarme.
    Al cabo de una hora y media, la zona boscosa de mi izquierda se aclaró y pude comprobar que seguía por la ladera del monte que bordeaba el embalse. Con esta información visual pensé que estaba dando la vuelta al embalse y retornando a Portomarín, pero por la otra orilla. Adopté una actitud estoica y decidí continuar hasta tener mayor certeza de mi situación. Aún estaba en este razonamiento, cuando vi, al final del embalse, algo parecido a una aldea o pueblo. Puedo asegurar que la alegría dio alas a mis pies y, en menos de diez minutos, me encontré ante la primera de las casas de Sexon, así me pareció que llamaban al poblado.
    Me acerqué a una señora, que estaba tendiendo ropa en una terraza. Se llevó las manos a la cabeza, cuando le pregunté por dónde podía ir a Santiago. Me dijo:por aquí, desde luego, que no. Debe volver sobre sus pasos y, aproximadamente, a unos 3 km coger una pista a la izquierda, que le llevará hasta una bóvila y, por detrás de ésta, saldrá a la carretera C-535».
    Reacio en desandar todo lo andado, todavía insistí en preguntar si no habría otra opción menos dura. Al decirme que no, di las gracias y volví por donde había venido.
    Pedí la ayuda a mi Santo Ángel y lo acepté, viendo en ello un castigo a mi orgullo y presunción. Debía haber preguntado, ante la duda, en lugar de haber confiado en mi lógica.
    Al llegar al cruce, que me había indicado la señora, justo en ese momento llegó ella en coche y me confirmó que esa pista era la que debía tomar y que, hasta hacía poco, por ella pasaba la auténtica ruta jacobea. Repetí mi agradecimiento y, con optimismo, emprendí la subida.
    Tal y como me había indicado, encontré la bóvila y la carretera en un punto muy próximo al de arranque de esta etapa. Es decir, me encontraba casi en el mismo punto de partida después de tres horas de marcha dura y difícil.
    A pesar de ello me sentí con bastante ánimo y energía, previendo un final bonito y feliz.
    Antes de llegar a Gonzar hay una fuente en un ambiente fresco, rodeada de árboles. Descansé unos minutos y reanudé la marcha.
    La siguiente población, Castromayor, la encontré como deshabitada; algunas gallinas y en un pequeño corral una niña tendiendo ropa; la saludé y se metió corriendo a la casa. Recuerda un poco a las pallozas del Cebrero, pero más sucio y descuidado. En este entorno no esperaba ver una iglesia románica, pequeña pero bellísima. La salida de Castromayor se hace remontando una fuerte pendiente. Desde el alto se puede contemplar quizás la más extensa panorámica que tiene Portomarín.
    A dos kilómetros se anuncia un Refugio, entre Hospital de la Cruz y Ventas de Narón. A él me acerqué; se ha construido en la antigua escuela y está al borde de la carretera Lugo-Orense. El mojón 77 sitúa al peregrino en la salida del pueblo Ventas de Narón.
    Ahora me encontraba a lomos de la sierra Ligonde; a mi derecha se veía una gran antena de comunicaciones en todo lo alto.
    Empecé a descender suavemente y en el mojón 75, pasé por el grupo de casas que forma Prebisa.
    Abunda la vegetación y el arbolado propio de esta sierra. En un cuarto de hora me planté en Ligonde, capital del municipio.
    Causa muy buena impresión por los vestigios del pasado y la importante extensión urbana. En mi paseo peregrino pude recrearme con la visión de una casa señorial con escudos nobiliarios de los Ulloa, los Traba, los Montenegro y los Varela; con el cruceiro y el templo de Santiago de Ligonde. Este templo dependía de la Orden de Santiago. De la primitiva edificación sólo queda el arco toral y una piedra labrada, situada en la parte baja, cerca de la puerta lateral. Estos restos son románicos del XII o posiblemente anterior.
    Al salir, hay un parque natural que invita al descanso; no obstante, yo continué bajando a un vallecillo por el que transcurre el arroyo Ligonde.
    En esta etapa las poblaciones se encuentran a muy corta distancia las unas de las otras. Así, nada más cruzar el Ligonde, me encontré en Eirexe y en poco más de media hora en Lestedo.
    El recorrido desde Eirexe a Lestedo se hace muy cómodamente y el paisaje es muy abierto. El único inconveniente era el calor que, a esas horas y llevando más de cinco horas de camino, se hacía sentir sobre mis espaldas. Me encontraba totalmente empapado en sudor. Así que, entre ambas poblaciones, y antes de llegar a Portos, me paré en una especie de Fonda habilitada en lo que debió ser un establo.
    Dentro, sobre unos troncos, había un tablero que hacía de mesa, y unos tablones al rededor que hacían el oficio de bancos. Un humilde cartel decíaMenú de peregrino». Entré y una señora me atendió con sencillez y agrado; un perro se acercó y se tumbó bajo el banco. Una encantadora niña, de unos seis añitos, me saludó y preguntó si iba a comer. Le dije que sí y su madre, desde la cocina, la llamó para que no molestara. Le dije que no sólo no me importaba el tenerla conmigo, sino que me hacía ilusión poder hablar con ella.
    Toda la comida estuvo preguntando: -¿Desde donde vienes? ¿Eres peregrino? ¿Vas andando? ¿Cuántos días llevas de camino? ¿Vas solo? ¿No tienes miedo? ¿ Me dejas ver ese libro? -era la Guía, que dejé encima de la mesa- ¿Has estado aquí, en este bosque y no te ha dado miedo? -señalando una de las fotografías. Bueno, era encantadora.
    Una de las veces, en que le dije: -Sandra, dame el salero. Se quedó atónita, mirándome fijamente. -Cómo es que sabes mi nombre? Tú lo sabes todo. Solté una carcajada y ella, todavía mirándome como si fuera un profeta, empezó a sonreír, para terminar riendo abiertamente.
    Su madre salió a regañarla. Le dije que hacía mucho tiempo que no lo había pasado tan bien como en este rato de conversación con su hija.
    Cuando ya vio que me ponía la mochila para irme, volvió a preguntarme cómo era que sabía su nombre. Yo, acariciándola, la dije que se lo había oído a su madre; se quedó un poco pensativa y, al final, me dijo que la diera un beso. Pregunté a su madre si le parecía bien y se lo di. Me acompañó hasta la carretera y se quedó diciéndome adiós con la mano hasta que dejé de verla.
    Reconfortado con esta paradiña, llegué a Valos. Desde aquí la ruta cambia de dirección y por Lamelas, otra agrupación de casas, coroné, en paralelo con la carretera N-547, el alto del Rosario. En poco más de cinco minutos tomé contacto con las primeras casas, tipo urbanización residencial, y pasado el Polideportivo y el Campo de Fútbol en el que hay un albergue juvenil, entré en Palas de Rey. Esta etapa es de unos 23 kilómetros, pero, a causa de mi error, había caminado nueve kilómetros más.
    Bajé hasta el Albergue, situado en el centro, en la Plaza frente al Ayuntamiento. Dentro estaba la Hospitalera; en la puerta había un grupo como de unos quince peregrinos esperando turno.
    Entré para decirla que yo buscaría cama en alguna pensión para dejar sitio a otros que pudieran necesitarlo más que yo; sólo quería que me sellara la credencial.
    La hospitalera me pidió que me sentara en el banco corrido del vestíbulo y que no se me ocurriera marcharme. Yo más que nadie tenía derecho por mi edad a la acogida. No me dio lugar a réplicas.
    Al poco vino un joven que me dijo que le siguiera. Me abrió una sala de cuatro literas, aún no asignadas, y me dijo que ocupara la que más me gustara. Me enseñó el baño y me pidió que lo dejara limpio y seco después de ducharme. Le dije que esa era mi costumbre.
    Limpito y aseado bajé a ayudarla. Me dijo que ya estaban ocupadas y asignadas todas las camas. Ahora vería cómo acomodar al resto de peregrinos, que seguro llegarían y a los que habían avisado de su próxima llegada.
    Entraron cuatro ciclistas pidiendo cama; les comentó la imposibilidad porque todo estaba completo, pero ellos exigían que se les diera espacio porque tenían tanto derecho o más que los de a pie. -En eso -dijo la hospitalera- no estoy de acuerdo, porque para vosotros es más fácil hacer 10 kilómetros que al que llega con los pies destrozados y que le supondría hacer dos horas más de camino.
    Había allí una señora que salió en favor de los ciclistas diciendo que para ella el esfuerzo que tienen que hacer los ciclistas era muy superior al que hacen los peregrinos de a pie, y que, por esa misma razón, creía que tenían preferencia sobre estos.
    Los ciclistas, al verse apoyados por la señora, se crecieron y del diálogo pasaron a los insultos, palabrotas y blasfemias. Yo me levanté para poner paz.
    Al verme mayor y que con voz serena les pedía, en primer lugar educación ya que nadie les estaba tratando mal, y en segundo lugar respeto hacia todos los que allí estábamos, principalmente hacia la responsable del Albergue, quien, desinteresadamente, atendía no sólo a los que hoy habíamos llegado, sino a cientos de peregrinos que se albergaban al cabo del año, guardaron silencio. Es más ­continué-, si alguien debía conocer la normativa por la que se rigen los Albergues del Camino era ella, que había recibido un cursillo de formación antes de ser nombrada Hospitalera.
    La señora quiso reemprender la discusión, pero la actitud de los ciclistas había cambiado y tan sólo deseaban que les dieran información: si se esperaban, qué posibilidades había de hacerles un hueco».
    La hospitalera les dijo que muy pocas, pero que, de acuerdo con los que iban a dormir en el suelo, se buscaría un espacio. Al final decidieron marchar a Casanova o Laboreiro (4-6 km).
    Me sellaron la Credencial y subí a la Parroquia de San Tirso. Allí me encontré con mi peregrino de Sarria, a quien unas piadosas mujeres» le habían hecho una cura milagrosa. Nos saludamos con gran afecto y él, muy feliz, me dijo que ya estaba seguro de poder llegar a Santiago.
    Como la iglesia estaba abierta, entré a preguntar si habría Misa. Tuve el gozo de que, también este día podía seguir contando con la fortaleza de la Eucaristía.
    A continuación fui a una tienda para ver si me podían arreglar el Cassio que compré en Mansilla. El sudor del brazo se había introducido y se paró. En un Bazar cercano me lo arregló un señor muy amable, que no me quiso cobrar nada; como tenían calcetines, le compré un par.
    Di una vuelta por el pueblo, para descubrir los vestigios de su antigüedad. Tan sólo vi unas casas con escudos que tenían aspecto de mansión palacio y poco más. Al mirar el reloj, me di cuenta de que se había vuelto a parar. El relojero me dijo que tenía humedad y que era muy difícil secarle totalmente.
    Le pregunté si tenían alguno parecido, y me dijo que los tenían idénticos y de varias marcas. Le pedí uno igual al mío y, cuando le fui a pagar, me dijo que eran 925 pts.
    Al ver que me extrañaba, me comentó: -supongo que este fue el precio al que compró el suyo -Le dije que la señora de Mansilla me había cobrado 1.850 pts. Se sonrió y me enseñó la tarifa. Le pagué y le agradecí todas las atenciones que había tenido conmigo.
    Subí de nuevo a la Parroquia para que me sellaran la Credencial, porque me había dicho la hospitalera que tenían unos sellos muy bonitos. Me pusieron tres distintos.
    Como ya faltaba poco para la Misa, salí fuera para esperar la hora. Allí estaba mi amigo peregrino con el presidente de la Asociación Riojana de Amigos del Camino de Santiago. Me lo presentó y me pidió que fuéramos a tomar unas cervezas. Yo le dije que me iba a quedar a Misa; entonces, añadieron, que me esperaban en el bar, que hay al lado del Albergue.
    La Iglesia de San Tirso parece ser la mencionada en el Caelicolae de Alfonso III (873) y que sobre ella se edificó la Parroquial de San Tirso. Sólo queda una portada con dos archivoltas de medio punto, asentadas en dos parejas de columnas cuyos capiteles están decorados con estilizados vegetales; su antigüedad puede ser del s.XII.
    Por la noche cenamos juntos y, después de dar una vuelta por la plaza y calle principal, me fui al Albergue a descansar.
    No pude dormir en toda la noche por el frío y por el calor. Me explico: en la litera de arriba había una peregrina, que no hacía nada más que abrir de par en par la ventana, por la que se colaba un vientecillo frío y húmedo de mucho cuidado. Entonces yo cerraba bien el saco de dormir, y resultaba que el calor era excesivo. Abría mi saco y cerraba con disimulo un poco la ventana; a continuación la vecina la volvía a abrir de par en par. Así toda la noche, amén de un excelente roncador a mi izquierda.

    http://www.biescasvignau.com/03Espanol/07.Trekking/10.CaminoFrances/Diarios/JJ.Alonso.97.03/%2010A.DiariosJuanjo.htm

  7. 2009 Agosto 21
    La hospitalaria Enlace permanente

    EL DIARIO DE ANGEL SILVENTE

    A partir de Portomarín, la senda no será tan encantadora como lo había sido hasta ahora. Nada más salir hay una cuesta muy empinada que para colmo termina en la carretera. Al menos hay un andadero. Sale el sol y el paisaje cambia mucho. Hay menos vegetación y menos verdor. Empieza a hacerse larga la etapa. Hay que seguir deprisa hasta el final.

    En Hospital sólo queda sitio en el suelo, pero bueno. Al poco de llegar yo aparece Mari, una mujer de unos cuarenta y tantos años que es de Barcelona. Tiene mucha vitalidad y sufre el síndrome del Camino, igual que yo: le ha tomado tanto el gusto a esto que no puede dejarlo. Ella también viene de Roncesvalles. Después aparece Sonia. Otra chica de Barcelona, de unos veintisiete años. Es muy guapa pero parece muy triste. Después sabría porqué. En el albergue está también Elías, su amiguete abandonó en Sarria y ahora él continúa solo.

    La siesta es imposible por la cantidad y voracidad de las moscas. Hoy debo llamar a Natasha y quedar con ella al fin. Pero me da una mala noticia. No vendrá. No le conceden el visado. Me da bastante rabia. Ya me había hecho a la idea de que vendría e incluso tenía planes. Tengo mucha estima por ella. Así que cuando le cuelgo, me paso el resto de la tarde escribiéndole una larga carta. Es una pena. Pero bueno, hay que ver las cosas del lado bueno. Con esta nueva situación se me quitan las prisas por volver. ¡Qué pinto yo en Mazarrón ! Lo mío es el Camino. Me planteo hacer el Camino de vuelta o algo así, o ir a Padrón o a Vigo. Por otro lado también tengo ganas de ver a mi familia. No sé, ya veremos. Lo que me pasa es que no quiero abandonar este tipo de vida.

    Salgo cuando aún es de noche. Juanen ya lleva andando un buen rato. Al poco de salir alcanzo a Sonia. Va muy lenta. Es muy misteriosa. Intento hablar con ella, pero no sale ninguna conversación, así que la dejo atrás. Amanece. El paisaje es abierto y salvaje. Me gusta. Encuentro a Mari. Ella me cuenta lo que le sucede a Sonia. Resulta que su novio murió hace dos años. Estaban muy enamorados y ella cayó en una gran depresión. Estuvo a punto de suicidarse y aún no se ha recuperado del todo. Nadie de su familia sabe que está haciendo el Camino. Supongo que lo hace buscando alguna luz en su vida. Mari me pide que si la veo que me relacione con ella para que por lo menos esté distraída y piense en otras cosas. Me planteo esperarla y hacer con ella la etapa, pero al final me hago caquita y no voy. No sabría de que hablar con ella.

    Elías, que viene por detrás, va muy rápido y nos pilla en el crucero de Lameiros foto, uno de los puntos interesantes de la etapa. Elías es programador y Mari es óptica. Seguimos juntos hasta Palas de Rey y allí nos separamos. Entonces aparece Juanen y almorzamos. Juanen sigue. Yo me entretengo mandando la carta a Natasha. El rato que voy solo hasta encontrar de nuevo a mi compañero voy pensando en si volver a casa después del Camino o retrasar mi vuelta unos días.

    http://www.euskalnet.net/diariosdeperegrinos/angel.silvente.htm

  8. 2009 Agosto 24

    DE LA PEREGRINACIÓN DE LEÓN DEGRELLE, 1951

    No existe palacio del Rey en Palas del Rey, a donde he llegado apenas en dos horas, cocido, mojado, extenuado, encantado.
    No había podido dormir en el agujero negro y nauseabundo del bonito pueblo de Puertomarín. ¡Tuve la sensación de estar en una tumba! Además de no poder habituarme al asfixiante olor del “retrete” pegado a mi puerta. A las seis de la mañana dejaba el admirable valle, todo blanco por la niebla, después de haber contemplado detenidamente, una vez más, a los músicos de piedra, de viola y de gaita, del pórtico principal de la antigua iglesia de los Caballeros; los dos bellos arcos negros del puente viejo y la capilla de Santiago, bajo la cual, más allá del agua, pasaban los peregrinos; los espolones de los pescadores de anguila, el agua matizada de blancura, de piedras y de nenúfares, y las dos casas señoriales en ruinas. El camino ascendía, durante trece kilómetros, por un paisaje cada vez más desolado de landas cubiertas de brezos y, sorpresa, de abetos. La bella niebla, amiga tan íntima, tan profunda, de las ideas, especie de halo que las envuelve y protege y que espera hasta que ellas se desvanezcan, me acompañaba. No he vuelto a encontrar, más que en lo alto de los montes, sobre los grandes cerros del cerco de montañas, al sol, un sol pesado, traidor, bochornoso.
    Quise, por última vez, adentrarme, atravesando los valladares, rocosos y montañosos, por el antiguo camino de los peregrinos, dando tumbos durante muchos kilómetros y pisando y pateando los miles de cantos rugosos de su cama encastrada, semejante a la de un torrente. Los caseríos que encontraba a mi paso son sórdidos, sumergidos como están en el estiércol, aunque ennoblecidos de cuando en cuando por los viejos escudos ennegrecidos que campean en sus fachadas. Es casi imposible entenderse con los lugareños, pues muchos de ellos son pastores y segadores que no hablan más que su “gallego”natal, el galaico, una especie de portugués modernizado, pero entreverado con toda clase de giros castellanos deformados, que pareciera que no se puede expulsar más que masticando silex con fuerza. Y después de tan intrincado y abrupto camino y de la tortura impuesta a mis martirizados pies a través de estos pedregales, finalmente me he extraviado, aunque manifiestamente equivocado por un campesino, que, sin ninguna duda, tomándome por un sombrío portador de toda suerte de maleficios, me hizo, ya a las afueras del poblado y ante la bifurcación que presentaba la senda, tomar por la del extremo opuesto a la que debía haber tomado, quien, con una extraña socarronería y a pesar de estar ya lejos, aún lo seguía afirmando, tal vez para convencerme mejor, a gritos y haciendo grandes aspavientos; lamentablemente, lo que debió ser sentirse liberado de la posible influencia maligna que pudiera alcanzarle con mi persona, no lo entendí así, sino que lo atribuí a un exceso de celo en sus indicaciones y que tomé por signos de verdadera cortesía, y así fue cómo, dejándome impresionar por su falsa amabilidad, desvié mi camino y tomé por el que me alejaba de mi destino y que me supuso tener que hacer un rodeo de siete u ocho kilómetros por landas desecadas, abrumadoramente silenciosas y solitarias, soledad y silencio apenas rasgados, muy raramente, por el trino seco y agreste de algún pajarraco que silbaba más que cantaba, cruzando raudo el firmamento.
    A través de las veredas, al tun tun, acabé estas inesperadas vicisitudes encontrando una carretera. Estaba seguro de que era la del “Apóstol”. Despues de dos o tres kilómetros, por fin pude ver un poste indicador que contenía solamente el nombre maravilloso: A SANTIAGO. Me he quitado el pañuelo que me sirve de sombrero, saludé al santo de mis sueños y me senté, feliz, embriagado por la emoción, al pie del viejo poste, vislumbrando ya el final de mi andadura, que de donde estaba no distaba ya más que dos “leguas”, sólo dos leguas.
    Debí de trotar mucho tiempo hasta alcanzar Palas del Rey, la anteúltima etapa que me había asignado. Aquí, después de algunas horas, me sentí otra vez en plena Edad Media. He deambulado, como un niño encantado, entre el gentío que había acudido al mercado mensual. Todo era idéntico a lo que debieron ver en su camino, en días semejantes de tiempos idos, los polvorientos peregrinos. Campesinos con los bustos como reproducidos conforme a las miniaturas de los Libros de Horas, avanzan, nobles, vestidos con blusones, junto a sus bajas carretas, de ruedas macizas, chirriantes. Otros mantienen a distancia a sus toros y sus terneros. Viejas completamente melladas, están sentadas, tocadas con su manteo rojo, de paño grueso, sobre la vestimenta negra, o acodadas sobre la paja, junto a sus cerdos rosados. Las monturas de los caballeros están pavonadas con bonitas y ricas coberturas, con grandes trazos negros, rojos, verdes, amarillos entretejidos. Los huevos están amontonados, igual que prodigiosos frutos claros. Todas las frutas del terruño tienen también colores diversos: brevas verde dorado, manzanas rosadas, cerezas húmedas, ciruelas claudias amarillo verdoso. Toda una callejuela está dedicada a la venta de pan, donde se ofrecen grandes hogazas grises, retorcidas en lo alto, en copete, como si tuvieran un moño. Sobre la cresta, el extremo más alto de la explanada, está la vieja fuente, junto a la que espera pacientemente un bonito animal castaño claro. Los gorrinos, abajo, se mueven en las cajas. Se venden, sobre bancos de madera, los pulpos violetas después de haberles pescado en enormes cubetas de cuero, donde se cuecen como en una colada de obispo.
    Lo más bonito, humanamente mirado, es el muestrario de todos los aperos sencillos que se ofertan, esos útiles que ayudarán al noble, al sencillo y gran trabajo en los áridos viñedos: las navajas, finas y largas como medialunas, que se cubren con una capa de paja antes de entregársela al posible comprador; las guadañas, doradas y negras; las sogas, los cebos para el pescado; los grandes cestos, con los bordes amarillos, trenzados en cuadrados; las cribas que darán su pureza al trigo de los rubios campos. . . Nunca puedo dejar de mirar con sentimiento emocionado estos elementales enseres, que son la base de la vida campestre y el símbolo del esfuerzo del hombre.
    La raza es grave, como ya lo debía ser hace diez siglos; raza laboriosa, áspera, austera. Miraba con interés a una de las campesinas que vendía sus frutos: cada vez que llevaba a término una venta, escondía el producto de lo vendido, por encima de sus rodillas, en la faltriquera de sus gruesos refajos (¿refajos de lana?) Otra, sentada sobre la paja, junto a sus cochinillos, contaba sus perras chicas, una por una, como si se tratase de monedas de oro. A cada pieza que pasaba se veía que reflexionaba, recelosa tal vez de la veracidad de lo recaudado. Estas mujeres -pocas son guapas- tienen un porte de cariátides. Las he visto, derechas como álamos, llevar sobre sus cabezas las cajas de frutas, aún dos veces más largas que ellas, con una soltura, una naturalidad y una nobleza que impresionaban. Son por aquí muy numerosas las mujeres que tienen los ojos gris- azulado y la piel fina agradablemente pintada con graciosas pecas, herencia de sus abuelos Celtas, hermanos a su vez de los Irlandeses y de los Bretones.
    Por aquí y por allá, había un charlatán arengando a una muchedumbre “naif”, que escuchaba en éxtasis. Otros tocaban la guitarra, como en el pórtico de Puertomarín. Numerosos sacerdotes -sin lugar a dudas, todos los curas de la región- daban vueltas, empinaban el codo en los cafés y no quitaban el ojo de las muchachas. . . Pensaba en la clerecía picante que pagaba los policromados de los antiguos escultores. . .
    Una sola cosa era moderna: el autobús o coche de línea. Pero, aún así, no dejó de hacerme gracia ver la natural disposición de los ancianos viajeros que ocupaban estos autobuses, autocares por demás brincadores y saltarines, acostumbrados a los ajetreos impuestos por las imperfecciones de los caminos, pues éstos estaban divididos por una barrera, que separaba así, a un lado, la gente campesina, mujeres con sus pañuelos liados a sus cabezas, varones con sus blusones, todos con las miradas vivaces, y al otro lado, viajaba el ganado, espantado, curioso, mugiente, compartiendo todos de este modo el mismo vehículo. Viven en común en el autobús igual que en sus grandes casas de piedra, ¡hogar y establo!
    Todo esto me apasionaba de tal manera que más tarde, después de que hayan transcurrido algunas semanas, hasta dudaré de que haya tenido lugar: un choto, que no tenía ninguna gana de ir de excursión entre los lugareños, rompió el ronzal que lo amarraba y arremetió, en una imitación atávica de sus hermanos de lidia, de frente, buscando topar en alguien su libertad recobrada. . . ¿Qué trasero podría parecerle más amable que el mío?Yo, inocente, soñaba, siendo espectador de está insólita escena. No tuve ni siquiera tiempo de reírme de la actitud de la multitud que parecía querer hundirse, con la cabeza por delante, entre las cestas de cerezas, para pasar desapercibida ante la desenfrenada carrera del ternero. Recibí de parte de su mullido testuz, un topetazo en zona muy poco gloriosa ¡que me ha agrietado en forma de estrella la nalga izquierda con un espléndido “cardenal” violeta! Afortunadamente el toro era joven, no tenía más que unos pequeños cuernos muy limados. Fue más pintoresco que trágico. Esto me divirtió mucho. Pero el sitio elegido por el eufórico animal me produjo una cierta confusión. Me consuelo pensando que pudo haber elegido un sitio aún peor. . .
    La moral es buena. Tengo ahora el trasero claramente más molido que los pies. Por eso, todos estos días estoy realizando etapas de sólo cuarenta kilómetros ¡bajo un sol que se hace ecuatorial desde las ocho de la mañana! Solamente las primeras horas de la mañana son relativamente frescas. Pero todavía se me hace necesario, cada mañana, hacer un acto de voluntad para levantarme al alba.
    ¡Cuando recibas esta carta, estaré llegando a Santiago! Espero con tanto fervor este momento, coronación de un viaje místico, que todos mis otros sentimientos también vibran.

    http://compostela2004.free.fr/mi_camino_de_santiago.htm

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