Con las piernas un poco descansadas y con una agradable conversación continuamos por el camino. Este en los primeros kilómetros es agradable pero pasado Boente se inician otra vez los rompepiernas, hasta Arzua no se parará de subir o bajar en bruscos cambios. Se atraviesan algunos bellos bosques de eucaliptos y praderas donde pacen vacas, ovejas y caballos. Es destacable la subida desde Ribadiso a Arzúa. Durante las subidas el aliento se perdía y me costaba mantener la conversación. El albergue de Ribadiso está ubicado al lado del río y es un sitio tremendamente agradable donde en verano se puede tomar el sol en las
pradera junto al río. El único inconveniente es que está un poco aislado y no hay servicios cerca.
Toda esta etapa la hemos hecho bajo la lluvia. Ya me voy acostumbrando. En un momento dado mi mente retrocede a la primera etapa, en Roncesvalles. La noche anterior había llovido y cuando empecé a caminar en dirección a Larrasoaña pensé que esto no iba a ser lo mío. El camino lleno de barro que se pegaba a las botas, la lluvia que nos acompañó durante los 5 últmos km, las piedras que se me clavaban, mi malhumor creciente… ahí me di cuenta de lo poco sufrida que era para cosas materiales. Fue entonces cuando empecé a pensar en todas las cosas que me había deparado el destino, fue en ese momento que empecé a hacer un paralelismo con mi vida, cuando me di cuenta de que pisar barro, clavarse las piedras, mojarse, andar con el peso encima, todo ello, me estaba indicando que yo era un ser vivo, capaz de notar las sensaciones, agradables y desagradables… fue entonces cuando aquél camino empezó a adquirir un tono distinto y fue entonces cuando decidí que quería llegar al final, no por motivos religiosos, pero quizá sí por algún motivo que escapaba a mi percepción y que jamás he tenido claro. Abrí los ojos para que penetrara en mí toda la belleza del paisaje y decidí que valía la pena continuar. También fue entonces cuando decidí abrirme un poco a los demás caminantes a quienes había mirado medio enfurruñada, y cuando empecé a abrir mi mente a meditar en las etapas en las que, por lo que fuera, caminaba sola con mis pensamientos.
Pero volvamos a la etapa de “hoy”. Quien más quien menos va arrastrando su propia cruz-pies. A mi empezaron a salirme los puntitos que ya conozco, puntitos indiagnosticables por cualquier tipo de médico (incluso me los vio en su día many – oftalmólogo ) pero creo que todavía nadie sabe qué complicado mecanismo se pone en marcha en mi organismo cada vez que salgo a caminar por varios días seguidos… ¿será psicosomático?….pero de momento todavía aguanto bien. Además, sé que esta vez quiero llegar a Santiago. Sé que le he fastidiado el camino al capi varias veces, por culpa de mis pies y tengo claro que esta vez llego a Santiago, aunque sea a rastras. Beni está como un cascabel. Camina ligera y sin problemas. En mi fuero interno la envidio. Se lo digo y se ríe, no me cree. Mi envidia es sanísima, pero es. El capi, lo mismo. Parece que llevan alas en los pies. Albanel no dice nada, pero cojea. Beni se lo hace notar un par de veces, hasta que nos confiesa que las ampollas de sus pies le están martirizando. En Palas de Rey, la tarde anterior, estuvimos observando sus ampollas e intentando curárselas. Bueno… “estuvieron”. Yo los miraba con curiosidad de quirófano. Pero finalmente Albanel decide que en Melide, a 15 km del final de hoy, continuará en taxi, porque es evidente que no va a llegar a Santiago si sigue así.
El camino es precioso. Cruzamos un puente medieval “ponte velho”, por suerte para mí, que ya no llevo la “mística” del principio, más que nada porque ya estoy hartándome de la lluvia. El puente me ayudará. Charlamos, miro el paisaje, intento desviar los pensamientos negativos, pero como digo, aquella mística que me invadió favorablemente en Larrasoaña ha desaparecido, siendo reemplazada por otra, radicalmente distinta. De nuevo vuelvo a hacer mi comparación con el hilo de la vida. La infancia suele ser feliz. Una cree que lo mejor del mundo está en sus manos. Crees que los padres que te han tocados son los mejores del mundo, que la familia entera, los amigos, todo lo que te rodea es maravilloso hasta que un buen día abres los ojos y te das cuenta de que no es así. Por fortuna, siempre queda el vínculo amoroso. El amor filial, el amor paterno, el amor materno, el amor a la propia familia, que te hace seguir junto a algo que no quieres destruir porque al fin y al cabo lo has ido construyendo junto a estas personas que han sido tus compañeras de viaje hasta tu descubrimiento. Descubres que no todo es como te habías imaginado, pero decides, finalmente, continuar caminando… y continuar amando.
Es en el ponte velho, justamente, donde me planto y decido, por segunda vez desde Larrasoaña, que cualquier clase de eventualidad, sea agradable o desagradable, será bienvenida y que voy a continuar mientras pueda. Reconozco que el peso de mi mochila no ha aumentado, que me están ayudando a llevar la carga, pero aunque no ha aumentado, digamos que ha cambiado. Digamos que un tipo de peso ha sido sustituído por otro tipo de peso. Pero siempre hay un peso al que hacer referencia, siempre hay una carga que habría que eliminar. Lo malo es que a nivel consciente, esa carga puede ser tan dulce que no quieras eliminarla del todo. En fin, que hay objetos en mi mochila que no deseo eliminar y hay elementos de mi vida de los que no me quiero desprender, por nefastos que éstos sean, en ambos casos. Y luego te haces la típica pregunta.. ¿nefastos para quien?… y sigues admirando el puente donde te has plantado bajo la lluvia y haces fotos, siempre poniendo cara de foto, claro! y te preguntas a tí misma cuantas personas habrán pasado por ese puente y cuantas personas se habrán hecho los mismos planteamientos que tú al pasar por él.
Dejamos a Albanel en Melide, pues, quien se queda con nuestras mochilas, con lo cual se nos aligera el caminar. Aunque el paisaje, tal como digo, ha sido realmente digno de contemplar, la lluvia hace que los sos últimos km lleguen a hacerse eternos. Aunque siempre suele suceder así. Los últimos km siempre son los más duros, sea por el cansancio acumulado, sea por causas psicológicas desconocidas (o conocidas pero que en cualquier caso no deseo analizar ahora). Llegamos a Arzúa muy cansados. Albanel llegó hace un buen rato y nos guardó tres literas, aunque normalmente “no dejan”. Cada palo, siempre, siempre, debe aguantar su vela. Y a cada peregrino que llega le adjudican su propia litera. Pero no le fue difícil a Albanel colocar una mochila, un jersey o un saco de dormir encima de cada litera y “aguantar” hasta que llegamos los demás. De nuevo una ducha tonificante y una deliciosa comida nos devuelve a este mundo. Un descanso en la litera, un paseo por el pueblo, conversación muy agradable, algo de lectura, embobarse un rato sin hacer nada y el cansancio que nos vuelve a vencer. El sueño nos invade pronto, pues ¡los roncadores no tardan en dejarse oír!… y mis pies… bueno… mis pies… mañana sigo
Dejamos Palas do Rei a las 07:30. La mañana es fresca bajo un sol radiante y Martín se enoja porque le he perdido sus calzoncillos.
[Anoche mientras Martín dormitaba llevé nuestras ropas a la lavandería que funciona en la planta baja del albergue donde hay unas máquinas que funcionan con monedas. Abro una que estaba libre y cuando voy a echar dentro los pocos trapos que traía -dos remeritas, unas medias, y un par de calcillones-, se me apersona uno de los hermanos franciscanos a preguntarme si me molestaría compartir con él -que no trae un cobre- la lavadora ya que evidentemente sobra bastante espacio. Bueno, el hecho es que estuvimos conversando un rato mientras terminaba de lavarse nuestra ropa y luego del lavado comenzó la repartija de la ropa. - Esto es mío, esto es tuyo. Dame, tomá, gracias. - En el reparto el hermano franciscano se llevó los slip de Martín, que, evidentemente yo no reconocia como propios.] Ahora clama a todos los cielos como coño me las he ingeniado para perderle los calzoncillos, que ya solo le queda uno.
Marchamos rápido, concentrados, y ansiosos. Dejamos atrás Leboreiro, y hacemos un alto en Furelos, donde conversamos con el cura párroco local y rezamos en silencio unos minutos ante una inusual y creo que única imagen del Cristo en la cruz en el santuario de Santa Lucía. Asombra al párroco saber que hemos cruzado miles de kms. de océano para hacer este camino. Nos obsequia unas estampitas de Santa Lucia y nos despide con su bendición y deseos de bienaventuranza.
Seguimos hasta Melide donde nos detenemos a desayunar y comprar unos calzoncillos que reemplazaran los que le extravié a Martín. El camino prosigue su ruta por entre un espeso bosque donde los eucaliptos se alternan con especies autóctonas. Cruzamos un par de pequeñas localidades, Boente y Castañeda, y trepando colinas y vadeando arroyos, desembocamos en un camino que conduce a Ribadiso do Baixo, una minúscula localidad sobre la margen del río Isso. Hacemos una pausa para beber un poco de agua, quitarnos los impermeables, y descansar los pies, y luego bajamos a conocer el albergue del lugar, que asombra por su tamaño y modernidad. Proseguimos camino, Arzúa queda apenas un par de kilómetros. Entramos en Arzúa a mediodía, ya no queda sitio en el albergue y salimos en busca de una pensión. Hay fiesta en el pueblo, y en la plaza se está montando un escenario donde seguramente tocará alguna banda por la noche. Luego nos enteramos que se trata de la fiesta de los botes, una tradición joven pero con mucha adhesión de los lugareños -parece ser algo así como nuestra noche de la nostalgia-.
Conseguimos habitación a un par de cuadras de la plaza -luego de que Antonio nos birlara las que parecían ser las últimas- y planchamos hasta las seis de la tarde. Luego salimos a dar una vuelta por ahí. Consigo un teléfono público y hablo con Ana. La tarde estaba radiante y mi ánimo también.
A la noche conseguimos una mesa frente a unos de los bares de la plaza del pueblo y comimos un par de hamburguesas en compañía de Antonio -que nos acompañara con sus ronquidos desde Villafranca del Bierzo- y su familia. Nos invita a probar el Orujo, que viene a ser la versión gallega de la grappa -breve y contundente, como dijera el gran Borges- y a comprobar su insólita teoría de que “…el acohol se transforma luego en azúcar y marchas de maravillas…”. Entre orujos, escoceses -después del primer orujo nos pasamos, disimuladamente, al scotch-, bromas y conversaciones variadas, nos fuimos a dormir, un poco borrachos y felices.
Mañana partimos hasta Pedrouzo -Arca-, nuestra penúltima etapa antes de Santiago de Compostela.
Leboreiro es el primer núcleo de población de la provincia de La Coruña y no decepciona a nadie ya que la aldea tiene un encanto especial.
En la calle mayor, un hermoso cruceiro da la bienvenida al peregrino y el pórtico de la Iglesia de Virgen de la Nieves, bien merece unos minutos de atención.
Caminando hacia Melide me encontré con Penny y Ruth, ya era hora de almorzar y tenían antojo de comer pizza. Yo desde el mes pasado de Abril no había probado pedazo de pizza así que me pareció estupenda idea. Preguntamos en el pueblo y nos dijeron que la única pizzería quedaba bastante apartada del camino, pero aún así decidimos desviarnos y caminar más por un pedazo de pizza. La sorpresa fue que cuando llegamos a la pizzería nos encontramos con Sandra, Besnd y Sixt que también andaban con antojos de pizza.
Arzúa. Me hospedé en el “Hostal Rúa” a la entrada del pueblo. Por la noche nos reunimos todos para la cena del peregrino. Fue más bien una fiesta que una cena pues todos estábamos celebrando lo poco que nos falta para llegar a Santiago de Compostela.
Después de dejar la senda, por lo que doy un rodeo tonto, entro en Melide por la carretera muy cansado y con los pies doloridos, deseando llegar al albergue. Reconozco en el exterior de una pulpería las dos bicicletas que me adelantaron y veo a sus dueños en el interior. Tomo asiento y me sirven vino caliente en un cuenco y cojo alguna rodaja de pan de hogaza riquísimo y algo de pulpo. Me despido de ellos pasadas las cuatro de la tarde, ellos aún tienen tiempo de continuar hasta Arzúa mientras que yo me quedaré a dormir aquí.
Voy en busca del albergue y me lo encuentro cerrado. Tomo asiento en un banco que hay en el exterior y reanudo la lectura del Quijote a la espera de que llegue la hospitalera. Algo antes de anochecer aparece y me abre. Le pago tres euros como ayer ya hice en Portomarín, y a cambio me dan el “ticket de pago”. En el interior me hago con una cama y me dedico a la lectura del libro pues no tengo otra cosa que hacer y además lo paso bien leyendo, a la vez que descanso. Es un albergue de ciento treinta plazas y en él voy a dormir yo solo. Me acuesto temprano. Por la noche escucho algún ruido en el piso de arriba que no se de que debe ser pero tampoco me importa mucho, pienso que no tengo por qué tener miedo. Recuperado anímicamente pero con los pies en mal estado en parte por los ochenta kilómetros que he hecho desde ayer visito el séptimo cielo antes de afrontar mañana una importante etapa.
Miércoles 20 de agosto: Melide-Arzúa
Desayuné en el bar y, todo en orden, enfilé la calle abajo hacia Santa María. Allí en la plazuela hay un cruceiro del siglo XIV.
Me quité el sombrero y, como en otras ocasiones, hice mis oraciones de la mañana; luego fui a buscar a la señora encargada de la Iglesia para que me la dejara ver por dentro.
Salió por la ventana y me tiró la llave, rogándome que, cuando terminara, le dejara la llave a la señora que vive en la casa junto a la tapia de la iglesia.
Al entrar comprobé que constaba de una nave con techumbre de madera y cabecera compuesta por presbiterio recto y ábside de tambor.
Hay varios sepulcros del s.XIV y una Virgen del XV-XVI. Las célebres pinturas de la capilla justina» pueden pertenecer al s.XV y representan a la Santísima Trinidad, rodeada por los símbolos del Tetramorfos y dos coros de ángeles, los Apóstoles, destacándose la figura de Santiago, y grecas tanto en el ábside como en la bóveda del presbiterio. Realmente son muy importantes y de una gran belleza.
No me extraña que gente entendida» las haya comparado con las de la capilla Sixtina, pero yo corregiría a mi buena señora para decir que son comparables con las de la capilla Sixtina» de San Isidoro de León.
Cruzado el río Lázaro, cuyo nombre recuerda la existencia de un lazareto o leprosería desaparecido, continué por entre las casas de Carballar y adentrándome en un bosque de eucaliptos, realmente de ensueño, pasé el puente sobre el río Raído. Al salir del bosque estaban las casas de Raído.
Me desvié a la derecha para sesgar, a los cinco minutos, a la izquierda y situarme frente a las casas de Parobispo.
Volví a introducirme en otro de los muchos bosques de eucaliptos y descender hasta el arroyo Valverde.
Nuevamente en ascenso por una senda, a cuya vera, se han plantado árboles, llegué a Peroxa. El mojón 46 es un nuevo hito que alienta y hace más liviana la marcha del peregrino.
Llegado a Boente, primera población, como tal, desde que salí de Melide, pude admirar la Parroquial, dedicada a Santiago, la fuente de los Peregrinos y varias casas nobles (del señorío de los Altamira).
Hay que cruzar la carretera para iniciar la salida por las calles enlosadas. Ahí me encontré con una de mis nietas, que esperaba al resto del grupo con el coche de la Intendencia». Me ofreció un croissant enorme, le di las gracias y comiendo tan suculento manjar fui descendiendo por un magnífico andadero hasta el río Boente. Lo cruza un antiguo puente.
Como siempre lo que se baja hay que subirlo, pero en esta ocasión, la ascensión fue similar en pendiente a la de la Faba, si bien bastante más corta, unos diez minutos.
Arriba salí a un andadero arbolado, paralelo a la carretera, donde encontré el mojón 43,5. Tras otros diez minutos de marcha en el altiplano, tomé el desvío a la izquierda, que indicaba hacia Río y Pomar.
En un cruce en que desaparecen las flechas, erré nuevamente el Camino. Al fondo de la carreterilla elegida vi un coche, que hacía señales con los faros. No pensé que iban dirigidas a mí, así que continué, impertérrito, mi marcha. Entonces me di cuenta de que una señora se montaba en el coche y me hacía señas de que me detuviera.
Se acercó y me explicó que llevaba el camino equivocado, que tenía que haber cogido la carreterilla de la derecha.
Cerca del lugar donde estábamos había un sendero rural y le pregunté si por él podría enlazar más adelante con el Camino. Me dijo que sí, pero que daría más vuelta.
Le di las gracias por su interés y le prometí tenerla presente ante el Apóstol.
Me encaminé por el sendero y en una curva vi a un señor en pleno trabajo con sus vacas. Me detuve, para confirmar si iba bien para retomar el Camino.
Me dijo que sí; que abajo en Río confluían la senda y el Camino.
Era la hora del ordeño e hice el comentario de lo mucho que el ciudadano de hoy había perdido en cuanto a los alimentos frescos y naturales. Yo, continué, por lo menos debía hacer unos 30 años que no había vuelto a probar la leche natural, recién ordeñada.
Me dijo que, si me apetecía un vaso, me lo daba con mucho gusto. Le pregunté si eso era posible. Tomó una medida de acero inoxidable y la metió en un depósito del mismo metal, y me la ofreció llena.
Al primer sorbo sentí que estaba fría, posiblemente a unos cuatro grados, y le manifesté que era manjar de dioses. Él, sonriente, observaba la cara de placer que yo debía poner. Creo, le dije, que nunca he probado una leche tan rica como ésta, en el pleno sentido de la palabra. Se lo agradecí efusivamente y, así recuperado de mí sed y error -bendito error-, llegué al fondo del bucólico valle. Por la derecha apareció el Camino abandonado más arriba.
Encima y al otro lado se encuentra Castañeda, el pueblo donde los peregrinos entregaban las piedras, recogidas en Triacastela, para convertirlas en cal para la construcción de la Basílica de Santiago.
Pasado el mojón 42 en el trazado de la izquierda, crucé el arroyo Ribeiral. Por la pista me encaminé al bosque, frontal a la misma, y a su término, en descenso hacia el valle del río Iso. Allí encontré el Albergue del Camino, que visité. Lo estaban limpiando.
Creo que no existe en el Camino nada semejante. Lo conforman unas cuantas casas de piedra con servicios de todo tipo: lavaderos, secaderos, duchas y servicios en el exterior. Fogones para barbacoas, iluminación en toda la pradería, muy extensa y a orillas del río. Escaleras en la ribera, para poderse bañar, habitaciones con mobiliario rústico y un máximo de seis literas. Salas con chimeneas, comedor, sala de lectura… en fin, todo un lujo.
Si los peregrinos, allí hospedados, saben estar a la altura del nivel, que se les ofrece, la estancia en el Albergue de Ribadiso puede convertirse en un Paraíso». Mi reconocimiento a la Xunta de Galicia.
Un poco más arriba, un esfuerzo más y estaba en la carretera. Por un andadero habilitado a la izquierda, me dirigí a la entrada de Arzúa. Me encontraba a 600 m de la población. En mi marcha llegué a un descanso, decorado con banderitas y en lo alto de un mástil, pomposamente, un cartel: O Retiro». Me pareció muy acogedor y paré.
Tenían habitaciones y me agradó el trato, así que reservé una sencilla. Muy confortable, limpia y con servicio completo.
Lo único, me aconsejaron, que debía mantener cerrada la persiana, porque era época de mosquitos.
Me duché y puse cómodo. Bajé al comedor y pedí el menú; terminé probando el exquisito queso de Arzúa.
A eso de las 17,30 salí para hacer mi visita turística. Hacía todavía mucho calor.O Retiro» estaba apartado del centro de la Ciudad, como a un kilómetro.
Cerca de la Fonda hay una fábrica de brocal de pozos; de casetas de perro, y otros complementos de casas y chales, todo en piedra artificial.
Así, despacio y tratando de descubrir todo lo histórico y artístico, llegué a la Plaza. Allí se encontraban bastantes peregrinos.
Visité la Parroquial de Santiago, donde estaba el Santísimo expuesto solemnemente. Rezaban el rosario. Me quedé, y al término del mismo, una joven, que parecía de alguna orden religiosa, subió al altar y cerró el Expositor, dando por terminada la liturgia.
Entré en la sacristía para enterarme sobre la hora de Misa. La religiosa, que dirigió el rosario, dijo que se celebraba por la mañana a las ocho. Le pedí que me sellara la Credencial y me indicó que el sellado lo hacían en la casa del Párroco. Allí, una señora lo hizo.
Preguntando en la oficina de Turismo me informaron de que Arzúa tuvo fuero y derechos de portazgo para la cerca de su Concejo y fue señorío de la Mitra Compostelana.
Al sur quedan algunos restos del convento agustino de la Magdalena, con hospital para peregrinos; sólo se conserva, pero en muy mal estado, la capilla y algunos sepulcros.
De vuelta al Hostal entré a comprarme un pantalón, pero nada de lo que vi me gustó.
Por la noche, sentado en la terraza del Hostal me sirvieron la cena.
Melide es bastante grande. El albergue está a la salida. Hay una gran cola para entrar, pero al final pillamos cama. La cocina es grande y tiene de todo, pero los utensilios son pocos y están muy sucios. Hay millones de moscas y muchas caen en la comida.
Pero ¿cómo? .No, imposible. ¡Sí! ¡Sí que es! ¡ Es la señorita Marpel! ¿cómo leches ha llegado hasta aquí si ella “solo, hacía diez o quince kilómetros al día”? . No si más de eso no haría. Pero no los haría andando. ¡En coche sí !
Finalmente decido que me quedaré unos días por Galicia. Por la noche llamo a casa y a mis padres eso no les parece bien. Yo me disgusto pero después lo asumo y entiendo que tienen ganas de verme. Yo también tengo muchas ganas de verlos. Quedaremos en Finisterre y volveremos juntos.
Hice un alto en Mellide, un pequeño pueblo con un arte bastante importante, con magníficas estatuas -especialmente, un bloque de piedra de basamento, ornado con tres cabezas del siglo XII- que yacen, abandonadas en la hierba, en el exterior de una pequeña iglesia, igual que los sarcófagos que la rodean, que son de una majestad admirable.
Me levanto y echo a andar / Sin lavarme la cara / Tal vez complete un trecho / En la Gran Espiral / Con las cosas que he ganado / Y las que he perdido / Mi ceguera y mi bastón / En el camino... Si me ves dormido / Sabe el alba que si quiere yo / La espero en el camino / Y todos mis pecados / Viajarán conmigo / Hasta el más puro final / Del camino.//
De la canción la ‘Cruz de Santiago’
Lanza bien los dados
porque el juego del camino ha comenzado,
agudiza tu ingenio,
sírvete de mancias,
sírvete del tarot,
lee en el alma del bosque
adivina dónde la muerte se escondió
-MAGO DE OZ-
Pero qué es el alma, ¿un mito? ¿es inmortal? ¿pesa 21 gramos?
.
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Nosotras hemos llegado a la conclusión de que el alma es la verdad de uno pero nos encantaría conocer cual es tu opinión al respecto (aquí)
El Espacio y el Tiempo son modos mediante los que pensamos, no condiciones bajo las que existimos. El Tiempo que percibimos a través de los relojes y los calendarios es una invención que sólo concierne al hombre y a su interpretación del mundo. – ALBERT EINSTEIN -
DEL DIARIO PEREGRINO QUE HE COMENZADO A LEER HOY…
http://aig02.blogia.com/
DEL DIARIO DE MONTSE, PEREGRINA A SANTIAGO EN EL TIEMPO, QUE ME HA ATRAPADO Y QUE ELLA HA LITERATURIZADO AL CATALÁN…
http://laltreblogdelarare.blogspot.com/
DE LAS VIVENCIAS DE WILLIAM RAMOS…
http://porsiempreperegrino.blogspot.com/
DOS AMIGOS DE MONTEVIDEO QUE CRUZAN UN OCÉANO PARA RECORRER UNA RUTA MILENARIA…
http://ultreiafinisterre.blogspot.com/
http://www.juanmiguelgrau.com/camino_de_santiago
DEL DIARIO DE ZODIACO QUE LLEGA A MELIDE PERO VIENE DESDE PORTOMARÍN…
http://zodiaco.madteam.net/relatos/2008-01/dia-25:-04-12-07:-portomarin-%E2%80%93-palas-de-rei-%E2%80%93-meli/
Año Santo Compostelano.
A UNOS 600.000 PASOS (1)
Por Juan José Alonso Escalona
http://www.biescasvignau.com/03Espanol/07.Trekking/10.CaminoFrances/Diarios/JJ.Alonso.97.03/%2010A.DiariosJuanjo.htm
DEL DIARIO DE ÁNGEL SILVENTE
http://www.euskalnet.net/diariosdeperegrinos/angel.silvente.htm
DE LA PEREGRINACIÓN DE LEON DEGRELLE
Hice un alto en Mellide, un pequeño pueblo con un arte bastante importante, con magníficas estatuas -especialmente, un bloque de piedra de basamento, ornado con tres cabezas del siglo XII- que yacen, abandonadas en la hierba, en el exterior de una pequeña iglesia, igual que los sarcófagos que la rodean, que son de una majestad admirable.
http://compostela2004.free.fr/mi_camino_de_santiago.htm