Vigésimo octava jornada: SAN XULIÁN DO CAMINO – RIBADISO DE ABAIXO

2009 Agosto 7
by mx7652o

(por reconstruir)


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  1. 2009 Agosto 8
    La hospitalaria Enlace permanente

    DEL DIARIO DE MONTSE, PEREGRINA A SANTIAGO EN EL TIEMPO, QUE ME HA ATRAPADO Y QUE ELLA HA LITERATURIZADO AL CATALÁN…

    19-04-03
    Palas de Rey – Arzúa (28 km)

    Toda esta etapa la hemos hecho bajo la lluvia. Ya me voy acostumbrando. En un momento dado mi mente retrocede a la primera etapa, en Roncesvalles. La noche anterior había llovido y cuando empecé a caminar en dirección a Larrasoaña pensé que esto no iba a ser lo mío. El camino lleno de barro que se pegaba a las botas, la lluvia que nos acompañó durante los 5 últmos km, las piedras que se me clavaban, mi malhumor creciente… ahí me di cuenta de lo poco sufrida que era para cosas materiales. Fue entonces cuando empecé a pensar en todas las cosas que me había deparado el destino, fue en ese momento que empecé a hacer un paralelismo con mi vida, cuando me di cuenta de que pisar barro, clavarse las piedras, mojarse, andar con el peso encima, todo ello, me estaba indicando que yo era un ser vivo, capaz de notar las sensaciones, agradables y desagradables… fue entonces cuando aquél camino empezó a adquirir un tono distinto y fue entonces cuando decidí que quería llegar al final, no por motivos religiosos, pero quizá sí por algún motivo que escapaba a mi percepción y que jamás he tenido claro. Abrí los ojos para que penetrara en mí toda la belleza del paisaje y decidí que valía la pena continuar. También fue entonces cuando decidí abrirme un poco a los demás caminantes a quienes había mirado medio enfurruñada, y cuando empecé a abrir mi mente a meditar en las etapas en las que, por lo que fuera, caminaba sola con mis pensamientos.

    Pero volvamos a la etapa de “hoy”. Quien más quien menos va arrastrando su propia cruz-pies. A mi empezaron a salirme los puntitos que ya conozco, puntitos indiagnosticables por cualquier tipo de médico (incluso me los vio en su día many – oftalmólogo ) pero creo que todavía nadie sabe qué complicado mecanismo se pone en marcha en mi organismo cada vez que salgo a caminar por varios días seguidos… ¿será psicosomático?….pero de momento todavía aguanto bien. Además, sé que esta vez quiero llegar a Santiago. Sé que le he fastidiado el camino al capi varias veces, por culpa de mis pies y tengo claro que esta vez llego a Santiago, aunque sea a rastras. Beni está como un cascabel. Camina ligera y sin problemas. En mi fuero interno la envidio. Se lo digo y se ríe, no me cree. Mi envidia es sanísima, pero es. El capi, lo mismo. Parece que llevan alas en los pies. Albanel no dice nada, pero cojea. Beni se lo hace notar un par de veces, hasta que nos confiesa que las ampollas de sus pies le están martirizando. En Palas de Rey, la tarde anterior, estuvimos observando sus ampollas e intentando curárselas. Bueno… “estuvieron”. Yo los miraba con curiosidad de quirófano. Pero finalmente Albanel decide que en Melide, a 15 km del final de hoy, continuará en taxi, porque es evidente que no va a llegar a Santiago si sigue así.

    El camino es precioso. Cruzamos un puente medieval “ponte velho”, por suerte para mí, que ya no llevo la “mística” del principio, más que nada porque ya estoy hartándome de la lluvia. El puente me ayudará. Charlamos, miro el paisaje, intento desviar los pensamientos negativos, pero como digo, aquella mística que me invadió favorablemente en Larrasoaña ha desaparecido, siendo reemplazada por otra, radicalmente distinta. De nuevo vuelvo a hacer mi comparación con el hilo de la vida. La infancia suele ser feliz. Una cree que lo mejor del mundo está en sus manos. Crees que los padres que te han tocados son los mejores del mundo, que la familia entera, los amigos, todo lo que te rodea es maravilloso hasta que un buen día abres los ojos y te das cuenta de que no es así. Por fortuna, siempre queda el vínculo amoroso. El amor filial, el amor paterno, el amor materno, el amor a la propia familia, que te hace seguir junto a algo que no quieres destruir porque al fin y al cabo lo has ido construyendo junto a estas personas que han sido tus compañeras de viaje hasta tu descubrimiento. Descubres que no todo es como te habías imaginado, pero decides, finalmente, continuar caminando… y continuar amando.

    Es en el ponte velho, justamente, donde me planto y decido, por segunda vez desde Larrasoaña, que cualquier clase de eventualidad, sea agradable o desagradable, será bienvenida y que voy a continuar mientras pueda. Reconozco que el peso de mi mochila no ha aumentado, que me están ayudando a llevar la carga, pero aunque no ha aumentado, digamos que ha cambiado. Digamos que un tipo de peso ha sido sustituído por otro tipo de peso. Pero siempre hay un peso al que hacer referencia, siempre hay una carga que habría que eliminar. Lo malo es que a nivel consciente, esa carga puede ser tan dulce que no quieras eliminarla del todo. En fin, que hay objetos en mi mochila que no deseo eliminar y hay elementos de mi vida de los que no me quiero desprender, por nefastos que éstos sean, en ambos casos. Y luego te haces la típica pregunta.. ¿nefastos para quien?… y sigues admirando el puente donde te has plantado bajo la lluvia y haces fotos, siempre poniendo cara de foto, claro! y te preguntas a tí misma cuantas personas habrán pasado por ese puente y cuantas personas se habrán hecho los mismos planteamientos que tú al pasar por él.

    Dejamos a Albanel en Melide, pues, quien se queda con nuestras mochilas, con lo cual se nos aligera el caminar. Aunque el paisaje, tal como digo, ha sido realmente digno de contemplar, la lluvia hace que los sos últimos km lleguen a hacerse eternos. Aunque siempre suele suceder así. Los últimos km siempre son los más duros, sea por el cansancio acumulado, sea por causas psicológicas desconocidas (o conocidas pero que en cualquier caso no deseo analizar ahora). Llegamos a Arzúa muy cansados. Albanel llegó hace un buen rato y nos guardó tres literas, aunque normalmente “no dejan”. Cada palo, siempre, siempre, debe aguantar su vela. Y a cada peregrino que llega le adjudican su propia litera. Pero no le fue difícil a Albanel colocar una mochila, un jersey o un saco de dormir encima de cada litera y “aguantar” hasta que llegamos los demás. De nuevo una ducha tonificante y una deliciosa comida nos devuelve a este mundo. Un descanso en la litera, un paseo por el pueblo, conversación muy agradable, algo de lectura, embobarse un rato sin hacer nada y el cansancio que nos vuelve a vencer. El sueño nos invade pronto, pues ¡los roncadores no tardan en dejarse oír!… y mis pies… bueno… mis pies… mañana sigo

    http://laltreblogdelarare.blogspot.com/

  2. 2009 Agosto 9
    María Camino Enlace permanente

    DE LAS VIVENCIAS DE WILLIAM RAMOS…

    Al otro dia al levantarnos decidimos empezar el camino pero sin rumbo… no sabiamos donde parariamos… Ya que nos habiamos desviado para decirlo asi de las etapas del libro… Empezamos a caminar lentamente, admirando, disfrutando, conociendo todo lo que podiamos, ya que el final llegaba pronto… Fuimos los ultimos en salir como de costumbre, las Belgas, los demas ya se habian ido bien temprano… fue una etapa comoda… Ya desde ese momento, no habian grandes iglesias, monasterios, solamente pueblos algo perdidos, rios y mucho bosque hasta la llegada de Santiago….En realidad fue de las etapas mas bellas en cuanto a fotografias… Ya que habian una serie de mezcla de la naturaleza con los rios, que provocaban unas fotos increibles… La gente que conociamos en los pueblos mayormente viejos,algunos eran muy alegres, otros para nada alegres… otros no hablaban el castellano, solamente gallego… Durante el trayecto estuvimos viendo muchas vacas, animales, una Galicia super rural… Mujeres preciosas, simpatiquisimas… Asi continuo el resto de la etapa… Nos detuvimos varias veces a descansar y a comer… probamos platos tipicos de Galicia, como el caldo gallego, pulpo, la comida maritima…Son tremendos cocineros, mucho pescado… y siempre viendo los famosos Horreos, que son una especie de estante, donde se guardan los alimentos de los animales y cosas para la cosecha, algo muy tipico de Galicia… Estan encaramados en sitios altos, segun me explicaban era para que las ratas no se subieron y se comieran el alimento de las vacas y las cosechas…despues de un largo tramite de camino… Nos dividimos, yo en ese momento caminaba con Tomas y con Joan y decidimos parar en un albergue super especial que encontramos… Era un sitio magico… Un precioso grupo de casas de piedra, con ventanas azules y justo al lado estaba un rio con un puente medieval… El albergue muy acojedor, con una cocina, lavadora y calefaccion… Nos detuvimos ahi a esperar a los otros a ver si les interesaba quedarse esa noche…Como a la hora llegaron los demas y les encanto el lugar… Decidimos quedarnos todos ahi… y la verdad que fue una noche increible… ademas de la buena compania que teniamos… en el dia algunos nos metimos en el agua, aunque estaba congelada y durante la noche estuvimos afuera viendo las estrellas… hacia un poco de frio pero, era una noche preciosa… Queriamos dormir al aire libre, bajo el cobijo de las estrellas, pero el frio no nos dejaba, era demasiado pero igual nos quedamos hasta tarde con el grupo de amigas que conocimos, a la orilla del rio, tumbados boca arriba, hablando y mirando las estrellas… Luego a eso de las 1, nos fuimos a dormir y dormimos en el suelo, con los sacos de dormir y algunas esterillas… Estabamos tan cansados que ese suelo parecia un colchon…Duramos muchisimo para dormir, ya que estuvimos todo el tiempo haciendo cuentos, riendonos y recordando tantas y tantas cosas de nuestro camino…

    http://porsiempreperegrino.blogspot.com/

  3. 2009 Agosto 11
    María Camino Enlace permanente

    DOS AMIGOS DE MONTEVIDEO QUE CRUZAN UN OCÉANO PARA RECORRER UNA RUTA MILENARIA…

    Notas de viaje, domingo 13 de agosto de 2000.

    Dejamos Palas do Rei a las 07:30. La mañana es fresca bajo un sol radiante y Martín se enoja porque le he perdido sus calzoncillos.
    [Anoche mientras Martín dormitaba llevé nuestras ropas a la lavandería que funciona en la planta baja del albergue donde hay unas máquinas que funcionan con monedas. Abro una que estaba libre y cuando voy a echar dentro los pocos trapos que traía -dos remeritas, unas medias, y un par de calcillones-, se me apersona uno de los hermanos franciscanos a preguntarme si me molestaría compartir con él -que no trae un cobre- la lavadora ya que evidentemente sobra bastante espacio. Bueno, el hecho es que estuvimos conversando un rato mientras terminaba de lavarse nuestra ropa y luego del lavado comenzó la repartija de la ropa. - Esto es mío, esto es tuyo. Dame, tomá, gracias. - En el reparto el hermano franciscano se llevó los slip de Martín, que, evidentemente yo no reconocia como propios.] Ahora clama a todos los cielos como coño me las he ingeniado para perderle los calzoncillos, que ya solo le queda uno.

    Marchamos rápido, concentrados, y ansiosos. Dejamos atrás Leboreiro, y hacemos un alto en Furelos, donde conversamos con el cura párroco local y rezamos en silencio unos minutos ante una inusual y creo que única imagen del Cristo en la cruz en el santuario de Santa Lucía. Asombra al párroco saber que hemos cruzado miles de kms. de océano para hacer este camino. Nos obsequia unas estampitas de Santa Lucia y nos despide con su bendición y deseos de bienaventuranza.

    Seguimos hasta Melide donde nos detenemos a desayunar y comprar unos calzoncillos que reemplazaran los que le extravié a Martín. El camino prosigue su ruta por entre un espeso bosque donde los eucaliptos se alternan con especies autóctonas. Cruzamos un par de pequeñas localidades, Boente y Castañeda, y trepando colinas y vadeando arroyos, desembocamos en un camino que conduce a Ribadiso do Baixo, una minúscula localidad sobre la margen del río Isso. Hacemos una pausa para beber un poco de agua, quitarnos los impermeables, y descansar los pies, y luego bajamos a conocer el albergue del lugar, que asombra por su tamaño y modernidad. Proseguimos camino, Arzúa queda apenas un par de kilómetros. Entramos en Arzúa a mediodía, ya no queda sitio en el albergue y salimos en busca de una pensión. Hay fiesta en el pueblo, y en la plaza se está montando un escenario donde seguramente tocará alguna banda por la noche. Luego nos enteramos que se trata de la fiesta de los botes, una tradición joven pero con mucha adhesión de los lugareños -parece ser algo así como nuestra noche de la nostalgia-.

    Conseguimos habitación a un par de cuadras de la plaza -luego de que Antonio nos birlara las que parecían ser las últimas- y planchamos hasta las seis de la tarde. Luego salimos a dar una vuelta por ahí. Consigo un teléfono público y hablo con Ana. La tarde estaba radiante y mi ánimo también.

    A la noche conseguimos una mesa frente a unos de los bares de la plaza del pueblo y comimos un par de hamburguesas en compañía de Antonio -que nos acompañara con sus ronquidos desde Villafranca del Bierzo- y su familia. Nos invita a probar el Orujo, que viene a ser la versión gallega de la grappa -breve y contundente, como dijera el gran Borges- y a comprobar su insólita teoría de que “…el acohol se transforma luego en azúcar y marchas de maravillas…”. Entre orujos, escoceses -después del primer orujo nos pasamos, disimuladamente, al scotch-, bromas y conversaciones variadas, nos fuimos a dormir, un poco borrachos y felices.
    Mañana partimos hasta Pedrouzo -Arca-, nuestra penúltima etapa antes de Santiago de Compostela.

    http://ultreiafinisterre.blogspot.com/

  4. 2009 Agosto 19
    María Camino Enlace permanente

    DEL DIARIO DE ZODIACO QUE LLEGA A MELIDE PERO VIENE DESDE PORTOMARÍN…

    Desde Portomarín, la siguiente etapa va hasta Palas de Rei (24km). En cambio, parto con la intención de llegar a Melide, situada a treinta y ocho kilómetros de aquí y a tan sólo cincuenta y un kilómetros de Santiago. Hoy va a ser el único día que no llueva en toda la semana que estoy en Galicia. En un primer momento camino un par de horas junto a una carretera general, hasta llegar a Ventas de Nerón, donde por una pista asfaltada entre prados iré pasando por sucesivas aldeas ubicadas en idílicos parajes. En un momento determinado los dos ciclistas me adelantan, se sorprenden de que halla llegado tan lejos antes de alcanzarme (he partido antes de amanecer). En algunos tramos hay mucho bosque y un mar de hojas en el suelo. Lo paso algo mal en un lugar donde se escuchan disparos de algún cazador porque no es paisaje abierto como en León y asusta un poco que te puedan dar sin saber que estás ahí.

    Después de dejar la senda, por lo que doy un rodeo tonto, entro en Melide por la carretera muy cansado y con los pies doloridos, deseando llegar al albergue. Reconozco en el exterior de una pulpería las dos bicicletas que me adelantaron y veo a sus dueños en el interior. Tomo asiento y me sirven vino caliente en un cuenco y cojo alguna rodaja de pan de hogaza riquísimo y algo de pulpo. Me despido de ellos pasadas las cuatro de la tarde, ellos aún tienen tiempo de continuar hasta Arzúa mientras que yo me quedaré a dormir aquí.

    Voy en busca del albergue y me lo encuentro cerrado. Tomo asiento en un banco que hay en el exterior y reanudo la lectura del Quijote a la espera de que llegue la hospitalera. Algo antes de anochecer aparece y me abre. Le pago tres euros como ayer ya hice en Portomarín, y a cambio me dan el “ticket de pago”. En el interior me hago con una cama y me dedico a la lectura del libro pues no tengo otra cosa que hacer y además lo paso bien leyendo, a la vez que descanso. Es un albergue de ciento treinta plazas y en él voy a dormir yo solo. Me acuesto temprano. Por la noche escucho algún ruido en el piso de arriba que no se de que debe ser pero tampoco me importa mucho, pienso que no tengo por qué tener miedo. Recuperado anímicamente pero con los pies en mal estado en parte por los ochenta kilómetros que he hecho desde ayer visito el séptimo cielo antes de afrontar mañana una importante etapa.

    http://zodiaco.madteam.net/relatos/2008-01/dia-25:-04-12-07:-portomarin-%E2%80%93-palas-de-rei-%E2%80%93-meli/

  5. 2009 Agosto 20
    La hospitalaria Enlace permanente

    Año Santo Compostelano.
    A UNOS 600.000 PASOS (1)
    Por Juan José Alonso Escalona

    Martes 19 de agosto: Palas de Rey-Melide
    A las 5 de la mañana la peregrina de la litera de arriba descendió para ser la primera en arreglarse. Su compañero también bajó de la litera contigua.
    Yo estaba muy cansado, pero una vez empezada la movida matutina» es imposible recuperar sueño, así que también me levanté y salí al exterior de nuestra habitación.
    Todo el suelo del vestíbulo estaba ocupado por peregrinos, enfundados en sus sacos de dormir.
    Alumbrándome con mi linterna bajé a los servicios de la planta. Allí encontré un lavabo y retrete, que todavía estaba libre. Me arreglé rápidamente y subí de nuevo a la habitación.
    De los que dormían en el suelo, muchos habían levantado ya el campamento y preparaban sus mochilas. Algunos estaban desayunando en la cocina.
    En nuestro dormitorio ya se habían levantado todos; eran las 5,45 h. Recogí mis enseres y, tras dejar mi donativo en la hucha, me despedí.
    En la calle se notaba el relente de la noche; el aire era húmedo y más bien frío. Entré en un bar para desayunar; lo hice frugal y rápido.
    Con las oraciones de la mañana en mi boca y en mi corazón, descendí hasta el río Roxan. Delante mío iba un grupo de pequeños peregrinos, cuatro niñas y tres niños cuyas edades debían estar entre los doce y quince años. Iban equipados con sus mochilas y bastones y se les veía con una gran ilusión.
    Cerca del río se pararon para hacerse, supuse, la primera fotografía de la jornada. Como vieron que iba hacia ellos, me pidieron el que yo se la hiciera. Les dije que me pedían algo muy delicado, porque, si salía mal, se iban a estar acordando de mí y no muy bien. La que parecía mayor respondió que, de todas maneras, se iban a acordar de mí, así que lo mejor era hacérsela». No me hice rogar. Les deseé Buen Camino y continué ruta.
    A un kilómetro, aproximadamente, encontré una laguna que salvé sin mayor dificultad gracias a las piedras situadas a lo largo de la misma. Tras este obstáculo, una pista de excelente firme me condujo a San Julián del Camino. La iglesia de esta pequeña población conserva la cabecera de la primitiva construcción (x.XII) en piedra de sillería.
    Seguí por una carreterita que me llevó a La Pallota, núcleo de casas habitado y, torciendo a la derecha, por una corredoira descendí hasta el río Pambre.
    Cruzado el río, al otro lado de la pista, dejé las casas de Pontecampaña. Ahí se encuentra el mojón 61. Realmente me parecía mentira encontrarme tan cerca del final. Pero era una realidad y hasta Santiago, mojón tras mojón, me lo fueron recordando.
    Subí a Casanova. Visité el Albergue habilitado en las antiguas escuelas Mato y, bajo este mismo nombre, se le conoce. Me sellaron la Credencial y seguí adelante.
    En mi juventud y en los largos recorridos a pie, cantábamos:Entre montes y valles un caserío está…». Es más, en mi marcha por el Camino lo había venido cantando desde que entré en tierras galaicas.
    Subir y bajar por valles y montañas, entre verdes praderas y frondosos bosques, y al final de este tobogán gallego», siempre una casa o varias te dan la bienvenida y se despiden hasta la próxima. Y así, Porto do Bois, y cruzado el río Porto do Bois, Campanilla. Todo ello me condujo a un cruce de carreteras.
    Decidí encaramarme, tras un largo regate, dejando entre las dos carreteras el Refugio de Laboreiro, para llegar a esta población. En el regate me situé en la provincia de La Coruña.
    Seguí ascendiendo hasta dominar el panorama. Ahí estaba Laboreiro, Campus Leporarius (Campo de las liebres), como lo denomina el Codex Calixtinus.
    La Iglesia de Santa María es románica de transición: ábside de tambor, portada con archivoltas apuntadas y moldura de puntas de diamante sobre pareja de columnas. Su tímpano descansa en dos ménsulas con la escultura de la Virgen y el Niño y dos Ángeles. Cerca hay una casona de los Ulloa.
    Se conservan también algunos tramos enlosados del viejo Camino, un Crucero y un Puente Medieval sobre el río Seco. Tras el Puente sobre el río Seco están las casas de Disicabo, junto al mojón 56. Aquí me permití salir a la carretera para aprovisionarme de agua en un Bar que se anunciaba a la entrada del poblado. En su interior me encontré con varios peregrinos, entre los que se contaban mis nietas».
    A media hora, aproximadamente, de marcha, tomé una pista que apareció a mi derecha. Pasé por el mojón 53 y en poco más de cinco minutos cruzaba por una zona de losas, junto a las márgenes del río Furelos; allí se encuentra un albergue juvenil.
    Descansé unos minutos, sentado a la mesa frente a otros dos peregrinos, que degustaban unas magdalenas y un vaso de leche. Me ofrecieron, pero decliné la invitación, diciendo que yo acababa de desayunar hacía poco.
    Entre Furelos y Melide apenas hay separación; este último ha ido creciendo hacia el valle de Furelos por lo que, desde este punto a Melide no acierta uno a saber dónde se encuentra. Esta falsa apreciación y la dura ascensión hacen que el recorrido parezca más largo. Ya en lo alto, una flecha señalizadora del Camino me condujo a la calle principal. Aquí es desde donde comienza a apreciarse que Melide es una hermosa ciudad.
    A pesar de ser una población muy festera y de gran tránsito, tanto peatonal como motorizado, está perfectamente cuidada y atendida. Es grato deambular por sus calles, limpias y cuidadas. Conviven en perfecta simbiosis la ciudad moderna con la monumental y antigua, lo que añade un encanto más a esta población. En pocas partes se encuentran ambos términos tan armoniosamente conjuntados.
    Me llamó la atención, conforme avanzaba hacia el Campo de San Roque, un grupo muy numeroso de gente en torno a un puesto callejero. Al llegar allí pude comprobar que se trataba de un cocedero de pulpo, que preparaban y aderezaban para comer en una inmensa nave llena de mesas alargadas y bancos a uno y otro lado de las mismas.
    Pregunté si esta actividad se debía a la celebración de algún festejo local. Me dijeron que no, que todos los días del año se hacía el pulpo a la feira y que Melide era famosa por prepararlo mejor que en ninguna otra parte de Galicia.
    Al otro lado de la calle vi una iglesia románica; se trataba de la Iglesia de San Pedro, cuya fachada es del s.XII. Una preciosidad, que no quise perderme. Nada más entrar, me di cuenta de que acababan de empezar la Santa Misa. Mi alma se inundó de gozo interior. Dejé mi mochila en un rincón, junto con mi báculo y sombrero. La camisa y pantalón estaban empapados de sudor, lo que me iba a suponer una vergüenza al ir a comulgar, pero el premio era tan grande que anuló mi vanidad y orgullo.
    Al poco entraron mis nietas», que me animaron con su sonrisa.
    Después de dar gracias, me entretuve en observar la arquitectura y piedras, que esperaban una adjudicación a museo o a completar restos arqueológicos. La portada principal es una maravilla a base de cuatro arquivoltas de medio punto muy abocinadas y una moldura envolvente, muy decoradas, sobre tres parejas de columnas con capiteles de cogollos e impostas de roleos. A la izquierda de la portada se puede admirar un precioso cruceiro del s.XIV.
    Me quedaba muy poco dinero así que me detuve en un Cajero 4B y saqué lo justo para alimento y bebida.
    Me hizo mucha ilusión ver que uno de los guardias urbanos paró la circulación para que cruzara. Supongo que fue una deferencia al peregrino que yo, en ese momento, representaba; también pudo ser porque me viera tan maltrecho que le inspirara lástima. En cualquier caso, fue un gesto muy bonito que agradecí con un cordial saludo.
    En plena Plaza, donde confluyen la carretera de Lugo a Santiago, la arteria del núcleo monumental, la calle principal y otro ramal, está el Bar Estilo, en cuyo balcón principal había un letrero: habitaciones». Entré para ver si disponían de habitación sencilla. Me dijeron que sí y no lo dudé.
    Subí a ella y creo que no tardé ni un minuto en meterme bajo la ducha. Me sentó de maravilla y, a continuación, hice mi colada que puse a secar en el balcón.
    Me cambié y fui derecho a degustar el mejor pulpo a la feira». Aunque este plato típico gallego no alcanzara la categoría que le adjudicaban, sí merecía la pena integrarse en la costumbre y conducirse al modo usual. Tuve que hacer cola para que me sirvieran. Los platos de madera eran de diversos tamaños y me preguntaron qué tamaño quería; les dije que era para mí sólo. Me dieron el tamaño pequeño y lo aderezaron con aceite, pimentón y sal gorda.
    Pagué allí mismo y les rogué que me dijeran dónde podía comprar pan y vino: -Pase Ud. dentro y allí le darán todo -me respondieron. Con mi plato en la mano me introduje en la nave y busqué un hueco dónde sentarme.
    Los gritos alborozados de mis nietas» atrajeron mi atención. Me hicieron un hueco y me dijeron que no comprara nada, porque a ellas les sobraba de todo. Efectivamente, me acercaron su cestillo de pan, la jarra de vino, además de otro plato con chorizo frito. Me hicieron feliz.
    Hasta ese momento apenas habíamos cruzado frases y palabras sueltas; esta fue la primera ocasión en que departimos algo más nuestras ideas e intereses comunes.
    Tenían prisa y se marcharon, pero me dijeron que no dejara de pasar por el Albergue; ellas se iban a hospedar en él.
    Me quedé a solas con un señor mayor de Melide, quien se interesó mucho por mis nietas». -¡Qué suerte tiene Ud. con sus hijas y nietas; se ve que le quieren mucho! -me dijo. Él, por su parte, no tenía tanta suerte y me contó sus desventuras familiares. Me dio mucha pena, y le tuve que abrazar y consolar, porque se echó a llorar, con tanto desconsuelo, que a mí se me partía el alma.
    El sol picaba de lo lindo y subí a mi cuarto. Dormiría como una hora, y a continuación me dispuse para ir al Albergue. Antes, sin embargo, me dediqué a recorrer los monumentos.
    La actual Iglesia parroquial conserva la Capilla antigua (1396), cubierta con bóveda estrellada y con magníficos sepulcros del s.XV.
    En el altar mayor preside la imagen de Nuestra Señora de Guadalupe. Es en recuerdo del fundador del Hospital de Sancti Spiritus, D. Segade Bugueiro, Arzobispo de México. El Hospital linda con la Parroquial.
    Me indicaron que no dejara de visitar el Museo, instalado en la Casa Consistorial, Pazo y Concello de Melide». Estaba cerrado por lo que bajé al Albergue. Más tarde continuaría mi visita turística.
    Sentadas a la entrada del Albergue descansaban mis niñas; se admiraban de que yo siguiera caminando y no diera muestras de agotamiento.
    Entré para que me sellaran la Credencial y esperé a que una señora italiana dejara libre a la hospitalera. Me preguntó ésta si iba a quedarme; le dije que había alquilado una habitación en Bar Estilo, porque las noches anteriores de Sarria y Palas me fue imposible dormir. Necesitaba llegar a Santiago si no con las fuerzas de un joven, por lo menos con las de poder abrazar al Apóstol. Yo ya no tenía la fuerza de los jóvenes del año 48, que estuvieron casi diez días sin dormir.
    La italiana, al oírme nombrar la Peregrinación del 48, me dijo que le era muy importante hablar conmigo. Estaba haciendo un reportaje sobre el Camino de Santiago y le habían informado de que se iba a cumplir el 50 Aniversario de una magna peregrinación de la Juventud de Acción Católica a Santiago. Estaría sumamente agradecida si yo pudiera facilitarle datos de ese acontecimiento. Le dije que, con mucho gusto y pasamos a un hall donde nos acomodamos para la entrevista. Lo primero fue presentarnos: ella se llamaba Mariafrancesca Olivieri, vivía en Roma y me pidió que la llamara Franca. Yo le di mis datos y, a la recíproca, le dije que podía llamarme Juanjo; como le resultaba muy difícil la pronunciación decidió, si se lo permitía, llamarme Giovanni.
    La hice una breve reseña tanto de la figura de Manolo Aparici como de lo que recordaba de la Peregrinación. Además, prometí mandarle todos los datos a finales de año o primeros del 98.
    Al saber que yo era publicitario me habló de su hija, que era pintora y que hacía, con una nueva técnica, dibujos y retratos que a ella le parecían maravillosos. Como yo era entendido, le gustaría enseñarme algunos de los dibujos de su hija, para que le diera mi opinión. La dije que ahora iba a visitar el Museo de Terra de Melide y que luego podíamos quedar en la terraza del Bar Estilo y tomar ». Insistió en que me acompañaría, porque a ella le interesaba mucho todo lo relacionado con la historia y el arte.
    Fuimos juntos al Pazo-Concello, que ya estaba abierto, e hicimos una visita cultural. Muy interesante y muy bien catalogado; es recomendable su visita.
    Al salir, ella se dirigió a la casa donde se hospedaba, para recoger los trabajos de su hija. En un cuarto de hora estaría en el bar Estilo.
    Ocupé una de las mesas de la terraza del Bar y esperé, tomándome una cerveza; enseguida vino Franca con una carpeta. Le pareció espléndida la idea de sentarnos en ese lugar. Pidió un Bitter Kas y hablamos de todo un poco.
    Los trabajos de su hija me parecieron bastante buenos y me dieron pie para decirle que su hija tenía una gran vena artística; que la cuidara y trabajara, porque podría llegar a ser famosa.
    Como yo tenía mucho interés en visitar la Iglesia de Santa María, que una buena señora me dijo que era muy importante, porque gente entendida decían que, además de ser muy antigua, tenía pinturas de más de cien años y que decían que eran como las que estaban en la capilla justina» (?) de Roma».
    La Iglesia está a poco más de un kilómetro abajo, ya en la salida de Melide.
    Al pasar de nuevo por el Albergue, vi que aún seguían sentadas algunas de mis nietas»; les dije que iba a ver, si aún estaba abierta, la Iglesia de Santa María.
    Poco más o menos me dijeron que estaba loco; bajar para luego tener que subir un kilómetro. Les manifesté que no tenía inconveniente en que me acompañaran. Se echaron a reír y me dijeron: Buen Camino.
    Estaba cerrada y la llave la tenían en una casa blanca, que estaba al otro lado de la carretera. Crucé y no tuve la suerte de encontrar la persona encargada. Me dijeron que era más seguro buscarla mañana, ya que tenía que pasar por allí para continuar el Camino. De todas formas hice un examen desde el exterior.
    Es románica del s.XII, con dos portadas muy decoradas; la meridional de dos arquivoltas sobre dos parejas de columnas y tímpano liso; la occidental, de tres arquivoltas sobre tres parejas de columnas con capiteles historiados y tímpano también liso.
    De regreso a la Fonda paseé por calles y callejas. En una de estas, sin salida, había una Chocolatería. Me hizo ilusión y me acerqué. Pregunté si el chocolate se podía tomar con churros; se quedaron dudando un momento y me dijeron que sí, pero que tendría que esperar una media hora para hacerlos.
    Mientras, seguí dando una vuelta y vi anunciada una Exposición de óleos de un pintor novel. Estaba patrocinado por la Xunta y el Ayuntamiento.
    Lo visité despacio, ya que no tenía prisa, y charlé un buen rato con el pintor: José Manuel Quiño y Rodríguez. Me dio su tarjeta y se mostró muy agradecido por mi visita y conversación. Le animé para que no cejara en su empeño y vería cómo acababa en el Catálogo de Pintores españoles.
    Cuando llegué a la Chocolatería aún tuve que esperar un buen rato. Pidieron disculpas, alegando que hacer la masa y preparar todo llevaba su tiempo. Les dije que no se preocuparan y que mejor me sabría.
    Los churros no fueron una gran cosa, pero el detalle de hacerlos solamente para mí ya merecía un diez. El chocolate, en cambio, me supo a gloria y esta colación me sirvió de cena.
    A las 22,45 me retiré a dormir. La plaza y las calles estaban llenas de gente, pero paseaban y disfrutaban del fresco de la noche de forma civilizada. Pude dormir a gusto.

    Miércoles 20 de agosto: Melide-Arzúa
    Desayuné en el bar y, todo en orden, enfilé la calle abajo hacia Santa María. Allí en la plazuela hay un cruceiro del siglo XIV.
    Me quité el sombrero y, como en otras ocasiones, hice mis oraciones de la mañana; luego fui a buscar a la señora encargada de la Iglesia para que me la dejara ver por dentro.
    Salió por la ventana y me tiró la llave, rogándome que, cuando terminara, le dejara la llave a la señora que vive en la casa junto a la tapia de la iglesia.
    Al entrar comprobé que constaba de una nave con techumbre de madera y cabecera compuesta por presbiterio recto y ábside de tambor.
    Hay varios sepulcros del s.XIV y una Virgen del XV-XVI. Las célebres pinturas de la capilla justina» pueden pertenecer al s.XV y representan a la Santísima Trinidad, rodeada por los símbolos del Tetramorfos y dos coros de ángeles, los Apóstoles, destacándose la figura de Santiago, y grecas tanto en el ábside como en la bóveda del presbiterio. Realmente son muy importantes y de una gran belleza.
    No me extraña que gente entendida» las haya comparado con las de la capilla Sixtina, pero yo corregiría a mi buena señora para decir que son comparables con las de la capilla Sixtina» de San Isidoro de León.
    Cruzado el río Lázaro, cuyo nombre recuerda la existencia de un lazareto o leprosería desaparecido, continué por entre las casas de Carballar y adentrándome en un bosque de eucaliptos, realmente de ensueño, pasé el puente sobre el río Raído. Al salir del bosque estaban las casas de Raído.
    Me desvié a la derecha para sesgar, a los cinco minutos, a la izquierda y situarme frente a las casas de Parobispo.
    Volví a introducirme en otro de los muchos bosques de eucaliptos y descender hasta el arroyo Valverde.
    Nuevamente en ascenso por una senda, a cuya vera, se han plantado árboles, llegué a Peroxa. El mojón 46 es un nuevo hito que alienta y hace más liviana la marcha del peregrino.
    Llegado a Boente, primera población, como tal, desde que salí de Melide, pude admirar la Parroquial, dedicada a Santiago, la fuente de los Peregrinos y varias casas nobles (del señorío de los Altamira).
    Hay que cruzar la carretera para iniciar la salida por las calles enlosadas. Ahí me encontré con una de mis nietas, que esperaba al resto del grupo con el coche de la Intendencia». Me ofreció un croissant enorme, le di las gracias y comiendo tan suculento manjar fui descendiendo por un magnífico andadero hasta el río Boente. Lo cruza un antiguo puente.
    Como siempre lo que se baja hay que subirlo, pero en esta ocasión, la ascensión fue similar en pendiente a la de la Faba, si bien bastante más corta, unos diez minutos.
    Arriba salí a un andadero arbolado, paralelo a la carretera, donde encontré el mojón 43,5. Tras otros diez minutos de marcha en el altiplano, tomé el desvío a la izquierda, que indicaba hacia Río y Pomar.
    En un cruce en que desaparecen las flechas, erré nuevamente el Camino. Al fondo de la carreterilla elegida vi un coche, que hacía señales con los faros. No pensé que iban dirigidas a mí, así que continué, impertérrito, mi marcha. Entonces me di cuenta de que una señora se montaba en el coche y me hacía señas de que me detuviera.
    Se acercó y me explicó que llevaba el camino equivocado, que tenía que haber cogido la carreterilla de la derecha.
    Cerca del lugar donde estábamos había un sendero rural y le pregunté si por él podría enlazar más adelante con el Camino. Me dijo que sí, pero que daría más vuelta.
    Le di las gracias por su interés y le prometí tenerla presente ante el Apóstol.
    Me encaminé por el sendero y en una curva vi a un señor en pleno trabajo con sus vacas. Me detuve, para confirmar si iba bien para retomar el Camino.
    Me dijo que sí; que abajo en Río confluían la senda y el Camino.
    Era la hora del ordeño e hice el comentario de lo mucho que el ciudadano de hoy había perdido en cuanto a los alimentos frescos y naturales. Yo, continué, por lo menos debía hacer unos 30 años que no había vuelto a probar la leche natural, recién ordeñada.
    Me dijo que, si me apetecía un vaso, me lo daba con mucho gusto. Le pregunté si eso era posible. Tomó una medida de acero inoxidable y la metió en un depósito del mismo metal, y me la ofreció llena.
    Al primer sorbo sentí que estaba fría, posiblemente a unos cuatro grados, y le manifesté que era manjar de dioses. Él, sonriente, observaba la cara de placer que yo debía poner. Creo, le dije, que nunca he probado una leche tan rica como ésta, en el pleno sentido de la palabra. Se lo agradecí efusivamente y, así recuperado de mí sed y error -bendito error-, llegué al fondo del bucólico valle. Por la derecha apareció el Camino abandonado más arriba.
    Encima y al otro lado se encuentra Castañeda, el pueblo donde los peregrinos entregaban las piedras, recogidas en Triacastela, para convertirlas en cal para la construcción de la Basílica de Santiago.
    Pasado el mojón 42 en el trazado de la izquierda, crucé el arroyo Ribeiral. Por la pista me encaminé al bosque, frontal a la misma, y a su término, en descenso hacia el valle del río Iso. Allí encontré el Albergue del Camino, que visité. Lo estaban limpiando.
    Creo que no existe en el Camino nada semejante. Lo conforman unas cuantas casas de piedra con servicios de todo tipo: lavaderos, secaderos, duchas y servicios en el exterior. Fogones para barbacoas, iluminación en toda la pradería, muy extensa y a orillas del río. Escaleras en la ribera, para poderse bañar, habitaciones con mobiliario rústico y un máximo de seis literas. Salas con chimeneas, comedor, sala de lectura… en fin, todo un lujo.
    Si los peregrinos, allí hospedados, saben estar a la altura del nivel, que se les ofrece, la estancia en el Albergue de Ribadiso puede convertirse en un Paraíso». Mi reconocimiento a la Xunta de Galicia.
    Un poco más arriba, un esfuerzo más y estaba en la carretera. Por un andadero habilitado a la izquierda, me dirigí a la entrada de Arzúa. Me encontraba a 600 m de la población. En mi marcha llegué a un descanso, decorado con banderitas y en lo alto de un mástil, pomposamente, un cartel: O Retiro». Me pareció muy acogedor y paré.
    Tenían habitaciones y me agradó el trato, así que reservé una sencilla. Muy confortable, limpia y con servicio completo.
    Lo único, me aconsejaron, que debía mantener cerrada la persiana, porque era época de mosquitos.
    Me duché y puse cómodo. Bajé al comedor y pedí el menú; terminé probando el exquisito queso de Arzúa.
    A eso de las 17,30 salí para hacer mi visita turística. Hacía todavía mucho calor.O Retiro» estaba apartado del centro de la Ciudad, como a un kilómetro.
    Cerca de la Fonda hay una fábrica de brocal de pozos; de casetas de perro, y otros complementos de casas y chales, todo en piedra artificial.
    Así, despacio y tratando de descubrir todo lo histórico y artístico, llegué a la Plaza. Allí se encontraban bastantes peregrinos.
    Visité la Parroquial de Santiago, donde estaba el Santísimo expuesto solemnemente. Rezaban el rosario. Me quedé, y al término del mismo, una joven, que parecía de alguna orden religiosa, subió al altar y cerró el Expositor, dando por terminada la liturgia.
    Entré en la sacristía para enterarme sobre la hora de Misa. La religiosa, que dirigió el rosario, dijo que se celebraba por la mañana a las ocho. Le pedí que me sellara la Credencial y me indicó que el sellado lo hacían en la casa del Párroco. Allí, una señora lo hizo.
    Preguntando en la oficina de Turismo me informaron de que Arzúa tuvo fuero y derechos de portazgo para la cerca de su Concejo y fue señorío de la Mitra Compostelana.
    Al sur quedan algunos restos del convento agustino de la Magdalena, con hospital para peregrinos; sólo se conserva, pero en muy mal estado, la capilla y algunos sepulcros.
    De vuelta al Hostal entré a comprarme un pantalón, pero nada de lo que vi me gustó.
    Por la noche, sentado en la terraza del Hostal me sirvieron la cena.

    http://www.biescasvignau.com/03Espanol/07.Trekking/10.CaminoFrances/Diarios/JJ.Alonso.97.03/%2010A.DiariosJuanjo.htm

  6. 2009 Agosto 24

    DE LA PEREGRINACIÓN DE LEON DEGRELLE

    Hice un alto en Mellide, un pequeño pueblo con un arte bastante importante, con magníficas estatuas -especialmente, un bloque de piedra de basamento, ornado con tres cabezas del siglo XII- que yacen, abandonadas en la hierba, en el exterior de una pequeña iglesia, igual que los sarcófagos que la rodean, que son de una majestad admirable.

    http://compostela2004.free.fr/mi_camino_de_santiago.htm

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