Trigésimo tercera jornada: SANTIAGO DE COMPOSTELA – OLVEIROA

2009 Agosto 7
by mx7652o

(por reconstruir)

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3831 – Desconocerse en Santiago

- 3863 -

- 2711 – Pasado Vilaserio

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  1. 2009 Agosto 21
    La hospitalaria Enlace permanente

    DEL DIARIO DE ÁNGEL SILVENTE


    No tengo por qué madrugar, pero no me quiero levantar tarde. En principio esta etapa debía ser de unos treinta kilómetros. Al final haría más de cincuenta.

    Al salir del pabellón me encuentro con la niebla. A veces el sol se cuela y al final se despeja la niebla. Toda la etapa es un sube y baja por prados y eucaliptos. Principalmente se va por senda. Los tramos de carretera no tienen nada de tráfico. No encuentro a ningún peregrino. Estoy caminando completamente solo.

    Pienso comer en Maroñas, uno de los pueblos más grandes que encontraré. Pregunto que dónde podré dormir de los sucesivos pueblos (sólo existe albergue en Finisterre). Pero nadie me sabe contestar. Parece que no hay nada, así que en Maroñas lo único que hago es comprar comida y seguir caminando. Un poco más adelante cargo agua y almuerzo una fruta y unas galletas.

    A partir de ahora entro un territorio completamente despoblado. La siguiente población, supuestamente, está a unos diez kilómetros (en realidad hay más distancia). El esquema que me dieron en Santiago sobre el Camino hacia Finisterre es bastante deficiente e impreciso. Sigo avanzando por parajes cada vez más despejados. La vegetación es baja, compuesta principalmente por brezos y herbáceas. No hace nada de calor y sopla una agradable brisa. El océano se intuye cerca.

    Desde una loma contemplo el nuevo valle que voy a atravesar. Hay un embalse. A lo lejos, en lo alto de la montaña y muy lejanas hay tres chimeneas humeantes de una fábrica. No pensé que pasaría por allí. En la bajada de la loma me planteo dónde comer. Paso por una aldea muy pequeña. Un poco más adelante hay una ermita rodeada de nichos con un crucero de piedra en medio. Tengo hambre y paro a comer un poco de pan con chocolate a la orilla de un riachuelo. Pienso que es mejor ir comiendo en pequeñas dosis y caminar, que parar a hacer una comida más fuerte.

    Menos de media hora después de la comida, llego a Puente Olveira. El río Xallas pasa por allí. Nada tiene que envidiar al Tambre. Justo después está Olveiroa. Allí me dicen que tampoco hay nada para pasar la noche. La gente con la que hablo casi no sabe castellano y la mayoría de las palabras las dicen en gallego. Así que continúo. Ahora subo por una carretera muy estrecha. Voy sobre el río y después tomo un camino que sigue su curso. Tras pasar un pueblo que no aparece en mis mapas llego a Hospital. Allí sí me dicen que me pueden acoger en un pajar. Pero creo que seguiré a Cée porque hoy he quedado con mis padres y no quiero estar haciendo mucho el indio cuando ellos lleguen.

    Salgo a la carretera y paro en un bar a tomar un batido. También como unos sobaos. Un poco más arriba, por la carretera, está la fábrica que divisé algunos kilómetros antes. Enseguida se coge una senda a la derecha que baja a una ermita. La senda atraviesa una colina. El suelo está húmedo y cubierto por una densa vegetación de pequeño porte. El paisaje me recuerda mucho al Connemara (el Connemara es una bella región salvaje del oeste de Irlanda).
    Un viejo me dice que todavía queda un buen trecho hasta Cée, pero que llegaré.

    Haciendo la última subida de la jornada se me ocurre mirar hacia atrás. ¡Es un peregrino! No me lo puedo creer. Le espero. Es el francés de pelo y barba gris que salió conmigo de Roncesvalles y que durmió con nosotros en Astorga. Nunca había hablado con él. Ahora lo hacemos en inglés. Se llama Jaques y me cuenta que hace el Camino porque su mujer le ha dejado.

    La charla hace el trayecto más llevadero. Ya casi todo es bajada y hay unas espléndidas vistas de la costa. A lo lejos se ve el cabo del fin del mundo. Es la primera vez que antes de acabar una etapa estamos viendo el final de la siguiente. No tardamos en llegar a Cée. Entonces buscamos una pensión para compartir. Antes de alojarnos llamo a mis padres y les informo de la situación. Todas las hostales y pensiones están llenas. Al fin, en el Hostal Galicia, encontramos una habitación que no es cara.
    No hay prisa por madrugar esta mañana. Se nos hacen las diez para salir. No es más que un paseo, lo malo que en su mayor parte por carretera. Nada más subir a Corcubión, ya se ve Finisterre. Hay unas playas espléndidas, de arena blanca y agua cristalina. Son playas mucho más largas de lo que estamos acostumbrados en el sur.

    Qué poco nos queda ya de peregrinos. Ni si quiera sé si aún lo somos. A penas unos kilómetros más y ya estamos en el pueblo de Finisterre. A la entrada, como no, me espera mi madre y mi padre. Me acompañan al albergue. Muy nuevo y muy bien preparado, quizá sea el mejor de todos. Allí me sellan la credencial de peregrino y me dan la Finisterreta : imitación a la Compostela que acredita haber llegado al fin del Camino y al fin del Mundo.

    Ya sin mochila, seguimos Jaques y yo hasta el la punta del cabo. Son lo últimos pasos de unos ochocientos treinta kilómetros caminados. Esto se acaba, ya no hay más tierra para seguir caminando hacia donde se pone el sol.

    Desde el faro se puede bajar hasta el océano por las rocas. La brisa te da en la cara. Se acaba la tierra y empieza un mar que parece infinito y que se funde con el cielo grisáceo en el horizonte. Tiene aires de inmensidad. Allí me siento un rato a meditar. ¿qué es lo que he hecho? ¿qué voy a hacer de aquí en adelante? ¿Qué fue de esas primeras etapas con armando, allá por Navarra? ¿y Santo Domingo, que tanto me influyó? ¿y las largas etapas por la Tierra de Campos? ¿y la llegada a las montañas de León y Galicia ya con mis compañeros de clase? Todo ha quedado ya atrás.
    Desde luego algo ha cambiado en mi vida. En el Camino te vuelves duro por dentro y aprendes a aceptar las cosas tal y como vienen, pero también te haces suave por fuera y te sabes adaptar a la gente que te acompaña.

    Después de un rato meditando sobre todas estas cosas y muchas más, me pongo en pié y tomo mi bordón de avellano, ese que había sido mi fiel compañero de viaje desde los Pirineos y que en tantas ocasiones me había sido de tanta ayuda. Yo no continuaré el viaje por mar, pero él sí. Lo agarro por el extremo y batiéndolo al viento lo lanzo al océano. Aquí el mar no devuelve las cosas, las mareas y las corrientes se llevan los objetos flotantes muy lejos y no suelen retornar.

    Y así concluye mi Camino. Treinta y tres días de aventura, esfuerzo, recompensa y vida interior. Sólo me queda bañarme en la Costa da Morte, a modo de bautismo, y contemplar la puesta de sol desde el fin del Mundo, donde ninguna montaña tapa la visión del sol ocultándose en el lejanísimo horizonte oceánico.
    Este peregrino al fin puede descansar.

    ¡¡¡ULTREIA!!!

    http://www.euskalnet.net/diariosdeperegrinos/angel.silvente.htm

  2. 2009 Octubre 1

    Valoro y valoro y lo valoro antes de y ni siquiera duermo demasiado y la conclusión es que su insensibilidad tiene delito… No sólo en este caso, sino en todo lo que se avanza y se descubre. Además miente, miente desde el primer minuto y sin tener por qué. O ya sabemos por qué.

    …. (es un comentario no a ángel silvente, sino al peregrino que tiene que partir entre hoy y mañana (más bien mañana) de SJPP.=

  3. 2009 Octubre 1

    Ella se desprende del collar de su cuello. Hay dos cuarzos pero también ese símbolo de acero que el peregrino le regaló en Logroño… En un minuto llega un mensaje de éste. Dice que necesita hablar con ella después de las seis de la tarde. La ex ya ha llegado del Tibet. Él dice que tiene la necesidad de compartir una experiencia energética con ella. ¿A qué llamará experiencia energética? ¿a lo que mi maría le enseñó que lo era? Supuestamente tenía otra relación y estaba enamorado… eso dijo pero también sabemos ahora que sentía algo por esa mujer al partir de SJPP y en el trayecto a Los Arcos, afirmó tajantamente que no se sentía atraído por ella. De ahí las mentiras, de ahí todo lo inconfiable.

    La respuesta es No. Lo siento. maría no desea hablar contigo. Recuerda la roca. Rompiste su corazón y te lo dijo claro. Eres una navajero emocional navarro. Al final Aymeric Picaud…

  4. 2009 Octubre 27

    # maría dijo:
    27 de Octubre, 2009 – 3:30 pm

    si de verdad un humano puede convertirse en lobo yo le vi
    aunque no sé si sabes que el espíritu del bosque es un lobo
    no hay nada tan estremecedor como ir caminando por la madrugada gallega y que de repente de una curva del camiño se vaya materializando entre la bruma la figura de un lobo
    todos tus sentidos dicen que eso no puede estar sucediendo
    pero el lobo se concreta y ninguno de tus compañeros dice nada y viene el lobo caminando hacia vosotros y tú no le puedes quitar los ojos de encima y vas caminando hacia él y él te mira a los ojos y se detiene y tú pasas a su lado a cuarenta centímetros y hay algo dentro de ti que siente que no se quiere estar perdiendo ese momento por nada de este mundo pero también rezas para que el momento no cambie de signo y vas con alguien que no sabes si es de fiar o si al final lo será, uno de ellos y ¿a quién te parece que amenaza ese lobo o ese espíritu del bosque? sí, a ese hombre que camina tres pasos por detrás de ti y buff luis, comó te hubiera molado estar en lo que te cuento, inolvidable

    (los lobos de tus fotos no tienen la cola alzada como la tenía éste, menuda cola, un adicto a las pieles la hubiera querido para sí; además era blanco)
    http://www.elhabitatdelunicornio.net/2009/10/27/caminando-por-el-lado-salvaje/#comment-60268

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