Trigésimo séptima jornada: CASTROJERIZ – VILLALCÁZAR DE SIRGA

2009 Agosto 7
by mx7652o

(por reconstruir)

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- 4277 – De la Población de Campos de Ovidio y la partida… (andadero en dirección a Villovieco)

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  1. 2009 Agosto 7
    María Camino Enlace permanente

    DEL DIARIO PEREGRINO QUE HE COMENZADO A LEER HOY…

    Castrojeriz – Frómista. 27-04-2003

    A las 6 de la mañana me desperté en una habitación un poco cargada. No me atreví a levantarme pues el hospitalero nos había dicho expresamente que no lo hiciéramos hasta que las luces se encendieran a las siete de la mañana. También es cierto que todavía era oscuro y estaba tremendamente cómodo en la cama. Es increíble que durante el camino puedo dormir sin ningún problema de 8 a 10 horas, mientras que en casa es difícil que duerma más de seis y media. Recordé todo lo ocurrido en el día anterior y tuve un especial pensamiento en Mateo y en su madre. ¿Dónde habrían llegado? Lo más probable es que nunca lo sepa. Esto es una realidad diaria del peregrino, conoces gentes que ayudas o te ayudan y luego desaparecen, normalmente para siempre, pero en tu recuerdo prevalecen en el tiempo.

    Con estos pensamientos se llego a las siete de la mañana, donde una música gregoriana invita a levantarse a los peregrinos. Tras un rápida ablución bajé con la mochila para empezar el camino. En la puerta el hospitalero nos invitó a desayunar en la cocina. Este gesto se agradece, pues la mayoría de los días hay que conformarse con alguna que otra galleta y algo de zumo. El hospitalero tiene una imponente barba cana y un vozarrón que impone, pero se nota que la bondad se extiende más allá de su ser. Mi experiencia con estas personas con voces de tenor es que ladran mucho, pero esconden una gran bondad, y este no iba a ser una excepción. Tomé un vaso de café, una manzana y unas magdalenas, acompañado del resto de peregrinos.

    A las siete y 20 comencé la marcha acompañado por Miguel, Javier y por dos peregrinos maños, Antonio y Fernando. Estos los acababa de conocer. En seguida salí a campo abierto por un camino muy bien marcado que se dirige directamente a un puente y después a una cuesta que parece dura desde la lejanía. Se trata de la cuesta de Mostelares.

    Antes del puente ya habían marchado por delante Miguel y Antonio. Yo me quedé con Javier y un poco atrás venía Fernando. La cuesta es tremendamente brusca pero apenas dura 25 minutos. A Javier le costaba subir y le fui marcando un ritmo lento pero constante, haciéndole indicaciones que redujera el paso y que entre paso y paso realizara una respiración. También le indique que no se fijara en la parte alta sino solamente se concentrara en el siguiente paso. Así conseguimos pasar la cuesta sin mayor inconveniente.

    Arriba se tienen unas vistas magníficas y es necesario aprovecharla pues en muchos días no volveremos a tener una subida de este tipo. Arriba se quedó Javier descansando y yo marché por la meseta donde un aire fresco revitalizaba el ánimo. La ampolla del pie me molestaba un poco, pero podía soportarlo sin mayor impedimento, estaba todavía fuerte.

    En la bajada, también bastante brusca, podía divisar la Tierra de Campos con sus llanuras. Delante podía ver a Miguel y a Antonio que a su vez se habían separado. Paso a paso y con la mente muy despejada fui cruzando diversos caminos hasta que llegue a la fuente del Piojo y después a una carretera comarcal que dirige a la Ermita gótica de San Nicolás.

    Esta es una ermita-albergue en la que en el verano hospitaleros italianos de la orden de Malta dan cobijo a los peregrinos. Es un edificio robusto al lado del Puente Fitero. En esta época todavía está cerrado, por lo que no tuve ocasión de visitarlo.

    En el puente se termina la provincia de Burgos y comienza la de Palencia, esta me acogerá durante los próximos días. El puente Fitero fue mandado construir por Alfonso VI.

    Aquí es importante rememorar la belleza del camino burgalés. Se inicia en Redecilla del Camino, se atraviesa los Montes de Oca llegando a la espiritualidad y misticismo de San Juan de Ortega. Luego se da un paso por la prehistoria en Atapuerca y por la historia con el gótico más puro en la Catedral de Burgos. Y todo ello con la acogida cariñosa de todas sus gentes.

    Con estos pensamientos atravesé el Puente medieval sobre el río Pisuerga. Enseguida se tuerce a la derecha y por un camino se llega Itero de la Vega.

    Fue fundado como pueblo de behetría (antiguamente, población cuyos vecinos, como dueños absolutos de ella, podían recibir por señor a quien quisiesen) por Fernando Mentález, el conde contemporáneo de Fernán González que fundó Melgar de Fernamental en la provincia de Burgos. Aparece citado en el poema de Fernán González como uno de los vértices del triángulo que fue el primer condado castellano: Peña Amaya al norte de la provincia de Burgos, Villafranca Montes de Oca al este de la capital e Itero de la Vega al oeste.

    El cuerpo ya estaba cansado y necesitaba un reposo, así que busque un bar donde reponer fuerzas. Encontré a mis compañeros que estaban reposando en una mesa a la puerta de una tienda-bar. Quitándome las botas y tomando una apetecible coca charlamos sobre el tramo recorrido. Eran las 10 de la mañana y el día amenazaba calor, ni una sola nube se distinguía.

    A las 10 y media reemprendí sólo el recorrido. Este se inicia por un camino parcelario muy recto y perfectamente definido. En la lejanía se ve un pequeño collado al que llegue después de pasar el Canal del Pisuerga. En este tramo coincidí con un grupo de peregrinos de la Asociación de Burgos. Estos estaban haciendo el camino los fines de semana. Era un grupo de unas 50 personas que habían empezado en Itero de la Vega y que llegarían hasta Frómista.

    Los fui adelantando pese a llevar yo mochila y ellos ir descargados. Con algunos de ellos charlé y compartí las incidencias del camino. Estas asociaciones permiten mantener las infraestructuras de señalización y albergues. Al mismo tiempo agrupan a todas aquellas personas que han quedado prendadas del camino y son un medio de que compartan su experiencias y esperanzas.

    Con estos amigos superé el collado y en una recta de tres o cuatro kilómetros llegamos a Boadilla del Camino, fueron dos horas muy agradables y en buena compañía.

    En Boadilla del Camino es más que destacable su famoso y bellísimo Rollo Jurisdiccional, este monumento representa el lugar donde se impartía justicia a los reos, dándoles de latigazos cuando correspondía. Este acto tan macabro no resta belleza a esta columna decorada del siglo XV.

    Al lado se encuentra una hospedería privada donde aproveche para refrescarme y descansar un rato. Eran las 12 y media de la mañana y ya había recorrido unos 20 kilómetros. La ampolla del pie empezaba a molestar bastante, aproveche el descanso para cambiar de calcetines y refrescar los pies.

    A la una reemprendí el paseo. A poca distancia se llega al canal de Castilla que será mi acompañante hasta el final de etapa. Esta fue una obra faraónica de la ingeniería civil. Se inició en el siglo XVIII por el marqués de la Ensenada, para transportar el grano desde esta Tierra de Campos hasta el puerto de Santander. Los desniveles se salvaban por esclusas y las barcazas eran tiradas por mulas, así el Canal con unos cinco metros por encima del nivel del suelo y con un ancho de unos 10 metros permitirían un transporte masivo. La obra quedó inconclusa con un recorrido de más de 200 kilómetros. Actualmente sus aguas sirven de canal de riego a las huertas circundantes, también se están haciendo recorridos turísticos. Aprovechando sus aguas es posible ver multitud de aves que lo utilizan de criadero y para beber.

    Con un dolor cada vez más fuerte y haciendo un par de paradas para reposar fui llegando a la esclusa de Frómista y posteriormente a este fantástico pueblo. Digo esto por que desde la lejanía es posible ver las tres obras maestras de este pueblo fantástico venido a menos. Tiene tres iglesias a cual mejor. Una del siglo XI, otra del XIII y por último una del XV. De todas ellas destaca la iglesia de San Martín, uno de los más brillantes ejemplos del románico español.

    Después de disfrutar de una primera vista de San Martín me dirigí al albergue, donde me recibió una hospitalera que me ubicó en la planta superior. Tras una reconstituyente ducha y de una pequeña colada fui a comer a uno de sus múltiples restaurantes junto con los maños, Antonio y Fernando. Estos son compañeros de trabajo que todos los años dedican una semana para realizar el camino. En esta ocasión empezando en Burgos quieren llegar hasta León.

    Con la barriga llena la siesta fue imprescindible.

    Me desperté con el ruido de los peregrinos que iban llegando, muchos de ellos eran los mismos con los que había estado en Castrojeriz y otros que venían desde Hontanas. Para evitar el bullicio salí a conocer las maravillas de esta población junto con Miguel.

    Visitamos las tres iglesias y quedamos anonadados por la hermosura de San Martín. Después nos sentamos en una terraza tomando una apetitosa cerveza mientras que departíamos con los sucesos del día.

    A las ocho y media nos juntamos los cinco que habíamos empezado el día para hacer una cena comunitaria a base de embutidos y frutas que aportamos entre todos. Estas cenas son muy satisfactorias para relacionarnos y vivir un poco más el camino.

    Esta jornada ha sido variada y amena, desde mañana el camino empieza a ser mucho más austero y monótono. La llanura nos acompañara de forma cruda durante las próximos días, y se añorarán las subidas y bajadas. Nuestros ojos no tendrán el límite y no habrán montañas que nos hagan perder la línea de horizonte.

    - Kilómetros.- 24,9.

    La noche pasó en un suspiro. Muy temprano empezaron a oírse ruidos de plástico y movimientos de peregrinos madrugadores. A las 6:30 decidí levantarme pues ya era imposible seguir en la cama con tanto ruido.

    En seguida me preparé y con una pequeña molestia en el pie derecho debido a una hermosa, en cuanto a tamaño, ampolla. Estaba “gorda” e inflamada.

    Pese a estas condiciones me era posible todavía andar con soltura y sin demasiado dolor. Estas dolencias son debidas a los excesos, ayer como primer día había andado casi 40 kilómetros, lo cual para un primer día es excesivo para mi. Las ansias de estar en el Camino me hicieron alargar demasiado la etapa.

    Nada más salir busqué un bar para tomar café y encontré uno que estaba recién abierto y que todavía estaba limpiando. Amablemente me sirvieron un tazón de café con leche y dos magdalenas.

    Ya con la barriga llena y la cabeza despejada comencé el paseo. Este es por un andadero perfectamente marcado, paralelo a la carretera. Así es durante los 20 kilómetros de la etapa. Sólo se despista el andadero en los pueblos. La mayoría del mismo es llano y resto. Solos los poyos que marcan el camino rompen la rutina.

    Entre dos luces pase el puente sobre la autovía e inicie el camino. Se podía palpar la amplitud de la llanura, se distinguían muchos kilómetros a la redonda.

    Aunque no había sido el primero en levantarme si fui el primero en iniciar la andadura, así que no tenía a nadie por referencia.

    Como entretenimiento de mi mente me dediqué a contar cuantos kilómetros hacia por hora. En este tramo es muy sencillo, sistemáticamente cada kilómetro hay un poyete con la distancia. Llegué a la conclusión que mi paso era de 5 kilómetros a la hora.

    Ante esta monotonía la cabeza volaba en pensamientos y recuerdos. La rememoranza de momentos y lugares es inevitable cuando la soledad nos acompaña, el único elemento que distorsiona es la cercanía de la carretera. Yo intenté centrarlos en sitios felices y positivos que me dieran buenas sensaciones. Conseguí durante muchos tramos que mi cuerpo estuviera en el camino pero mi mente vagara por los senderos del recuerdo y de mi historia. El tiempo se me abrevió cuando me olvidaba de donde estaba.

    Sólo la llegada a pueblos como Población de Campos me apartaba del andadero durante unos centenares de metros y me hacían despistarme de los pensamientos. Este pueblo tiene un albergue municipal en las antiguas escuelas. No es demasiado utilizado al estar tan cerca de Frómista, algo menos de 4 kilómetros. La distracción de este pueblo apenas de duró 5 minutos, el andadero de tierra y las piedrecitas blancas continuaron.

    En esta población es posible escoger una variante que aleja de la carretera durante 6 kilómetros. La ampolla de mi pie empezaba a protestar así que decidí continuar pegado a la carretera.

    Pasé por los pueblos de Revenga de Campos, Villarmenteros de Campos y por último Villalcázar de Sirga. Aquí hice la parada para almorzar enfrente de la Iglesia de Santa María la Blanca. Este es un impresionante templo románico con ampliaciones góticas. Me fue imposible visitarlo, como me suele suceder en numerables ocasiones en el Camino.

    Eran las diez y poco de la mañana cuando realicé esta parada para reposar mi dañado pie y alimentar el cuerpo con un fabuloso bocata de tortilla.

    En esta parada estuve cerca de una hora, la ampolla se había reventado y la piel levantado. Cuando volvía a calzarme cojeaba ostensiblemente y tenía un serio dolor.

    http://aig02.blogia.com/

  2. 2009 Agosto 8
    La hospitalaria Enlace permanente

    DEL DIARIO DE MONTSE, LITERATURIZADO EN CATALÁN…

    Castrojeriz-Frómista

    18-10-2000 – 25 km, aprox.

    En la mañana que despunta, un murmullo lejano llega a mis oídos. Paso de estar profundamente dormida a un semidespertar que se va acentuando con el progresivo aumento de volumen del murmullo. Es muy agradable. ¿Qué está pasando? Aguzo el oído mientras intento desentumecer, por debajo del saco y de la manta, los músculos de mis piernas y pies. El suave murmullo va tomando forma. Es un canto. Es un canto profundo. Es un canto que me ayudará/nos ayudará a desperezarnos totalmente, pero con la sensación de que algo maravilloso nos espera. Es otra forma de despertar, absolutamente diferente del despertador a que estamos acostumbrados, y en ese contexto, es sensacional. Canto gregoriano. Alguna lengua viperina nos comentó ayer que Restituto, el hospitalero, ex yuppie con el mismo tanto por ciento de mala leche que de buen corazón, despertaba a la gente cantando él mismo. Lo cual me hizo pensar en los minaretes desde los que los sacerdotes marroquíes despiertan a la gente para que recen de cara a la Meca, a las 5 de la mañana. Pero no. Restituto pone un compact y lo maneja con tal delicadeza a partir del parámetro “volumen” que te hace sentir casi que estás en los cielos, suspendido de una nube (y os aseguro que no apetece salir de ella)…
    Nos obsequia con café con leche y galletas (JS y yo damos cuenta de un paquete entero) y nos despedimos de él (a mi me da tres besos “a la francesa”). La impresión de la noche anterior con respecto a este hombre no fue muy buena para mí y eso que le caí en gracia y me trató como a una reina. Pero se comportó muy mal, bajo mi punto de vista, con una señora noruega que llegaba en bicicleta. Pero no voy a criticarle. Sus razones tendría para comportarse con ella de la forma en que lo hizo… ya que con nosotros fue de lo más agradable.
    Mis pies estaban mejor,o eso pensaba yo, no me sentía las piernas (pero poco importaba, pensé). Agarramos las mochilas y… ¡a la calle!.

    Qué bonitos son los Campos de Castilla (tengo que releer a Machado) JSalvador me cuidó ese día como si fuera su estrella. En realidad llegué a creerme que lo soy (si, efectivamente, lo soy).
    Voy a saltarme aquí un párrafo de mi diario que es demasiado íntimo, aunque todos podeis comprobar que estoy abriendo mi alma en cada una de mis historias. Simplemente, corroboro, durante la caminata de este día, con un dolor de pies ya absolutamente declarado que hace que, frente al canal de Castilla (qué preciosidad visual), tenga que cambiar las botas por las zapatillas de deporte, corroboro, decía, la suerte que tengo de vivir con este hombre.

    - No creo que yo tenga fuerzas para continuar, le comento a JS. No sé lo que tengo, pero si es una alergia, a fe de Dios que no son los calcetines ni las botas ni las zapatillas de deporte. ¿Serán las gramineas de Castilla?
    - Serán!, por eso no vamos a discutir
    ¡Pero no eran!
    En Frómista me pongo a escribir, JS hace otro tanto, el artista también, los franceses, que ya nos han pillado de nuevo, Oscar, otro grupo de franceses pero con una mala leche de narices, Judith, Agustín… están “todos” (bueno, todos no porque los que perdimos en Burgos no están y de los 4 brasileños de ayer, solo quedan 2)…
    Escribo y escucho a Mercedes Sosa, la hospitalera de Frómista es melómana como yo… dios santo…

    “Gracias a la vida, que me ha dado tanto…” las lágrimas vuelven a hacer su aparición (creo que he nacido con un grifo en la nuca). No puedo controlarme, los sentimientos me desbordan, sentimientos de fatiga y dolor, combinados con sentimientos que no puedo reproducir aquí. Me odio a mi misma por no poderme frenar, allí, delante de todos… dejo lo que estoy haciendo y me voy al lavabo, para tratar de solucionar el líquido problema. Creo (sólo creo) que nadie se ha dado cuenta. Ahora ya sí que estoy deseando marcharme a casa,volver a la normalidad.No puedo más, no podría continuar. Los pies ya no me caben en ningún tipo de zapato. Voy con las zapatillas de la ducha y así me paseo por todo el pueblo, con la ayuda de JS, porque yo sola no puedo. Se impone el sentido común y decidimos que hay que ir a urgencias.

    Frómista-Carrión de los Condes
    19-10-2000

    A las 8 de la mañana, cuando salimos del albergue, nos dirigimos directamente al ambulatorio. Allí la doctora que me recibe, nada más verme los pies y las piernas me dice que aquéllo no es una alergia. Es lo que en términos médicos se denomina una “vasculitis”, es decir una rotura de capilares, según dice, producido por un sobreesfuerzo y por un exceso de peso. Me dice que debo dejar de andar y que haga reposo (juas)… Los casi 20 km que nos separan de Carrión de los Condes se me antojan como un calvario, pero ella me prohíbe tajantemente que los camine.

    - Toma el autobús y en cuanto puedas, descansa con las piernas en alto. Cuando llegues a tu casa, habla con tu médico de cabecera. No te receto nada porque es sólo cuestión de reposo y ver luego el por qué te ha sucedido esto.

    -Vale.

    JS continuá solo, caminando además bajo la lluvia, mientras yo me quedo en el albergue hasta que “me echan”. Todos los albergues cierran sobre las 9 de la mañana, puesto que hay que hacer la limpieza correspondiente, así que cojo mi mochila y me dirijo al único bar que hay abierto, justo enfrente de la parada del bus. La gente me mira raro ya que voy equipada como una montañera/caminante total, pero con un detalle que realmente llama la atención: las chanclas que utilizo normalmente para la ducha.

    http://laltreblogdelarare.blogspot.com/

  3. 2009 Agosto 9

    DEL DIARIO PEREGRINO DE RAÚL, CAMINO DE SANTIAGO/ 08

    Bueno, hoy muy sorprendido por esta noche de sueño. He dormido mejor, pero sigo despertándome mucho, aunque esta noche cada vez que lo hacía me daba cuenta de que estaba agarrado a la almohada…¿Extraño algo o a alguien?.
    Todos despiertos a las 6′45h. Desayuno en la cocina: magdalenas, café con leche, galletas, bizcochos… Por la voluntad (yo le dí 1 euro, cada vez me gusta menos esta gente que quiere hacer negocio a costa de los peregrinos…Debemos de llevar un cartel que dice: Peregrinos millonarios…No se dan cuenta de que debería de ser al contrario: austeridad, escasez, echar de menos…
    Me despido del anfitrión, y me voy derechito al monasterio de Santa Clara, a las afueras de Castrojeriz. Misa a las 8′30h.
    Me encuentro dentro con una señora que deja su bici apoyada en la pared. Magísima. Me cuenta que una vez jubilada ha vuelto a vivir a su pueblo.
    Entramos. Al rato llega el cura. Únicamente seremos 2 personas, más las monjas detrás de la reja y frente al 2º altar.
    El servicio es corto, sin sermón, pero al comentarme la señora del pueblo, como anécdota, que en la orden hay dos novicias jóvenes de sudamérica, viendo toda la escena, las mayores junto con las jóvenes, pienso en la ayuda de estas últimas a la congregación, en todas las mayores…me produce tanta ternura por el buen fin que podrán hacer dentro de la comunidad que las lágrimas me llenan los ojos. Otra vez Señor la ayuda desinteresada a los demás…¡Me encanta!.
    Me gustó lo que vi. En el momento de dar la ostia, a la izquierda del altar se abrió una ventana que es por donde el cura entrega la ostia y el cáliz a las monjas que desean comulgar…En ese momento recuerdo que ya vi esta escena en otro convento de clausura: en Carmona, con José Juan de párroco…
    Luego, cuando termina la misa, me acerco a la sacristía para hablar con el cura. La otra señora se despide diciéndome que ha pedido por mi y por mi camino…
    El cura, ya mayor, al principio extrañado ante mi entrada dentro de la sacristía, pero luego cercano. Estuvimos un rato hablando sobre la fe. De como (según él) la fe se ha perdido mucho. Le comenté como me había gustado verle arrodillarse al entrar en la iglesia, y de como yo había pensado en que aún tengo mucho orgullo por no arrodillarme y pedir disculpas al Señor (como él bien dijo: ¿no pedimos perdón a un amigo o familiar cuando hacemos algo “mal”?). Según este cura, yo no lo hice, porque nadie lo hace ya, y al no verlo, uno pierde la costumbre. Porque no hay fe verdadera ni respeto por lo santo y sagrado (el templo), palabras de él.
    Hablamos de las comuniones. De como la iglesia no está a favor de como se hacen hoy en día, (bodas incluido).
    Del tiempo de las misas…Hablé de como yo hoy voy por gusto, que me llena, que me recuerda el camino a seguir, que me conecta con Dios…Y en ese momento este cura comenta que se ve que yo tengo “hambre”…y algo encendió dentro de mi porque otra vez las lágrimas vinieron a mis ojos…
    Nos despedimos y seguí mi camino. Al salir del monasterio sí pensé en ello y me dije: Sí Dios…¡Tengo hambre!…Y estoy aquí para servirte…
    Eran las 9′30h. Cielo nublado. Ningún peregrino más. Todo el camino para mi.
    Cojo el camino de salida de Castrojeriz y empieza a lloviznar…que no moja pero poco a poco va calando cintura para abajo.
    El camino recto y ya veo la montaña que tengo delante: Alto de Mostelares…Parece alta, pero subiendo no es tan duro. Eso sí…El viento y la lluvia quieren vencerme pero varias veces me digo: ¡No vais a poder conmigo!….Y continuo…
    Los primeros 5 km bien. Una vista muy bonita del valle. Una vez subida la cima, más frío, lluvia…Luego bajada y al final antes de llegar a Puente Fitero (el río Pisuerga) el límite con la provincia de Palencia.
    Empiezo a notar las ganas de llegar a algún pueblo, sentarme y tomar algo caliente.
    En Hero de la Vega, en unos de los bares del pueblo, me atiende una chica con acento de la zona y muy parlanchina. El bar está lleno de fotos de festivales rock que la juventud organiza para recaudar fondos para países de África.
    Té+bocadillo de chorizo: 3′40 euros.
    Sigo mi camino…ya sólo 8′1 km hasta Boadilla del camino. Pero no paro. El albergue municipal(3 euros) pero apenas nadie…las duchas con candado y el pueblo sin ningún interés. Hablo con los del bar y me recomiendan que vaya hasta Frómista.
    Sigo 6 km hasta allí.
    Hoy todo el camino pensando. Pidiendo. Planeando…
    Voy definiendo mi futuro-presente:
    - Estudiaré Asesor de Imagen (2 años). Siento que tengo mi vena crítica que estaría bien explotar…¿potencial?…
    - Aguantaré con el paro hasta casi el final de la prestación.
    - Viajes: Madrid, Roma, Expo…¿?
    Si llegan las ayudas de la reforma de Vistalegre, puede que mire un visado para La India…Después de esto creo que ya estoy preparado para La India. 1 mes, viviendo, comiendo, disfrutando, aprendiendo…
    Pedía al Señor de que me ayudase.
    Que me tiene que salir todo eso…
    También soñando, se me ocurrió crear en la Ruta de la plata, una casa/acogida de peregrinos…
    Me sentía tan bien soñando, planificando…Aclarando…Estaba confiado sabiendo que nunca me faltará nada. Me sentía pleno, feliz…
    Hablaba con Dios diciendo que quería ayudar a los demás…y que me tiene que echar una mano.
    De repente en Boadilla del camino me encuentro con Maxim y Yon Ha…Un ratito de charla y a seguir mi ritmo…Ellos van más lento.
    Llegando a Frómista empezó a llover bastante…Vaya chaparrón.
    Me instalo en el único albergue de la ciudad: el municipal, junto a la iglesia de San Martín (magnífica).
    A tope de peregrinos…que no sé como corren tanto. Ya todos instalados…se notaba desde hacía horas. Precio: Caro…7′50 euros= noche + desayuno= 2 sobaos+café con leche+1 zumo de brick pequeño).
    Un robo. Sin estufas, sin cocina para los peregrinos…Se nota que quieren hacer el verano…
    Una vez instalado la sensación es de frío.
    Hablo con Carmen (la hospitalera) y me dice que no hay estufas, que ha pedido al ayuntamiento para que instalen una chimenea… Que ya hubo una estufa pequeña y que los peregrinos ponían ropa a secar… Y que la quitó.
    Sigue la lluvia. Decido lavar la parte baja de mi pantalón marrón…Agua más negra nunca vista…
    Estando en el salón/comedor/sitio de lectura…Un frío…La verdad es que con esas temperaturas y sin estufas…No lo entiendo…
    Hago unas compras y a la casa de la juventud a mirar los mails.
    Cena en Casa Marisa, frente al albergue. Una casa de huéspedes. 9 euros= sopa de fideos+pollo al ajillo con patatas+flan casero…Ni bien ni mal. Sencillo.
    Decidido: Mañana viernes pasaré el día en Palencia. Está a media hora de Frómista.
    Por la noche entablo conversación con un madrileño (Julio) que estuvo en el ejército del aire ¡16 años! y ahora un poco perdido…Buen chaval…
    Se nos une Juan, un chaval que se dedica a las terapias alternativas: reiki, cuarzos, flores de Bach…Y encima ve ángeles, duendes…¡y muertos!.
    Al subir a la habitación Julio me comenta que él es un poco escéptico con todo esto…

    NO TE PIERDAS:
    Itero del Castillo:
    Itero del Castillo es el último pueblo burgalés antes de cruzar el Puente Fitero sobre el río Pisuerga y entrar en Palencia. El puente tiene siete ojos (tuvo once) y es de estilo románico. La ermita de San Nicolás a la izquierda del Camino son los restos de un hospital del siglo XIII que la Confraternitá di San Jacopo di Perugia ha recuperado. Itero del Castillo es un pequeño pueblo de 140 habitantes que antiguamente estaba fortificado y que defendía la frontera del Condado de Castilla. Tiene un castillo del siglo XIV.

    Puente Fitero:
    El Puente Fitero sobre el río Pisuerga es el último territorio burgalés. El puente tiene siete ojos (tuvo once) y es de estilo románico. La ermita de San Nicolás a la izquierda del Camino son los restos de un hospital del siglo XIII que la Confraternitá di San Jacopo di Perugia ha recuperado.

    Itero de la Vega:
    Se abandona el antiguo Condado de Castilla, cruzamos el Pisuerga y entramos en Tierra de Campos. Este pueblo, Itero de la Vega, es el primero de Palencia en el Camino de Santiago. Poco antes de entrar en Itero de la Vega se levanta la Ermita de la Piedad (s. XIII) que conserva una hermosa talla de Santiago Peregrino. La iglesia parroquial de San Pedro -portada gótica- , de los siglos XIII y XIV, tiene un archivo. También hay palomares construidos en piedra, adobe y teja.

    Boadilla del Camino:

    Este pueblo de casas de adobe blanqueadas con cal y de tejado árabe con bastante inclinación llegó a contar con 1.345 habitantes (actualmente 215) y tres iglesias. En la plaza que hay detrás de la Iglesia de Santa María (s. XV-XVI) -pila bautismal de estilo renacentista- se alza el mejor Rollo de Justicia de Castilla, una columna tallada en el siglo XV en estilo gótico tardío. El rollo simbolizaba el poder jurídico en la comarca y en él eran encadenados los reos antes de ser juzgados por el corregidor.

    Frómista:
    Permaneció en tierra de nadie muchos años tras la invasión musulmana, parece tener su origen etimológico en Frumesta, vocablo latino que significa cereal, que por cierto abunda mucho por estos lugares.
    Edad Media
    Frómista en su esplendor
    Esta época es tiempo de plenitud para Frómista. Alrededor de 1066, según la referencia que se ofrece en el testamento de la Reina Doña Mayor, se funda el Monasterio de San Martín con su iglesia románica. En 1118 la Reina Doña Urraca, dueña de monasterio, hace donación de éste y de su jurisdicción a los monjes benedictinos de Carrión. Desde el siglo XII hasta el siglo XV, Frómista estuvo dividida en dos jurisdicciones distintas: por una parte, el señorío eclesiástico que poseía el Abad de Carrión sobre el barrio de San Martín, y por otra, el señorío civil que ejercían los señores de Frómista sobre el resto de la villa. Entre estos últimos, destaca Gómez Benavides, que en 1427 consiguió unificar ambas jurisdicciones, al añadir el barrio de San Martín a su señorío, y en 1436 fundó el Monasterio de Nuestra Señora de la Misericordia, de monjes benedictinos.

    Por otro lado, a finales de la Edad Media, en tiempos de los Reyes Católicos, hay que situar una obra de arte de gran importancia: el retablo de la iglesia de Nuestra Señora del Castillo. Las obras maestras del arte medieval en Frómista, así como los hospitales que tenía para los peregrinos, son fruto del Camino de Santiago, la gran ruta cultural y espiritual, que une España con el Occidente cristiano.
    En la Frómista medieval aparecen los tres motivos que más fama han dado al pueblo: San Telmo, el milagro y los judíos.

    Pedro González Telmo (1185-1246)
    Conocido hoy como San Telmo, fue figura destacada del siglo XIII, y es invocado como patrono de las gentes del mar.
    Era sobrino del obispo de Palencia, quien le orientó hacia los estudios eclesiásticos. Fue nombrado canónigo y, estando vacante la dignidad de deán, fue promovido a ella por el Papa a instancias de su tío.
    Habiendo tenido noticia de la consecución de este puesto, Pedro se dispuso a celebrar su elección. Encontrándose en la Plaza Mayor de Palencia, quiso hacer caracolear a su caballo para excitar la admiración del público y conseguir su aplauso. Se lanzó pues, a toda brida; pero el caballo se encabritó en medio de la carrera, dio un paso en falso y tiró al jinete en un lodazal. Los espectadores celebraron la caída con gritos y burlas, y el joven y elegante deán quedó avergonzado por un momento. Pero reaccionó súbitamente y con voz potente exclamó:
    “-¡Cómo! ¿Este mismo mundo, a quien yo tanto quería agradar, se burla ahora de mí? Pues bien, también yo me burlaré de él. Y desde ahora, vuélvole la espalda para llevar una vida mejor.”
    Así fue como determinó servir a Dios con tanta y más atención con que antes había servido a su vanidad. Ingresó en el convento de Santo Domingo (San Pablo) y allí permaneció durante tres años. Posteriormente, predicó en el norte de España llegando a Tuy (Pontevedra), donde murió en 1296.

    Los Judíos y El Milagro
    La comunidad judía
    Los judíos estuvieron presentes en Frómista desde siempre, debido a que Fernando I, dada la necesidad de repobladores, y por su justa fama de hombres hábiles, industriosos y activos, les concedió muchas facilidades para su establecimiento en Palencia. Además, durante el reinado de Alfonso X, el número de judíos se vio incrementado con los que huían del Al-Andalus perseguidos por almorávides y almohades. La comunidad judía de Frómista llegó a tener unas doscientas familias (1000 personas) a finales del siglo XV, que conformaban aproximadamente la cuarta parte del pueblo. La expulsión de los judíos en 1492 supuso una sangría demográfica y económica muy considerable.
    El Milagro
    Un hecho de singular importancia acaecido en 1453 otorga al priorato de San Martín nueva fama, y el sobrenombre de “Villa del Milagro” a Frómista.
    Un tal Pedro Fernández de Teresa pidió dinero prestado a un judío llamado Matudiel Salomón. Vencido el plazo, no devolvió el préstamo, y el judío le denunció a la autoridad eclesiástica, que le excomulgó. El hombre, como se vio excomulgado, pagó los dineros al judío, pero no se preocupó de confesarse y aclarar su falta. Cayó Pedro Fernández gravemente enfermo y pidió confesarse con el cura de San Martín, Fernández Pérez de la Monja, quien acudió a administrarle los últimos sacramentos.
    Cuando el párroco quiso darle la Forma, ésta se hallaba adherida a la patena con tal fuerza que no pudo separarla. Perplejo, el sacerdote preguntó al enfermo si había ocultado algún pecado o si acaso estaba excomulgado. Acordóse Pedro de lo sucedido con Matudiel y se lo explicó al sacerdote, quien le absolvió y le dio a comulgar otra Forma. Después, Pérez de la Monja tomó la Forma del Milagro, tal como estaba en la patena y la colocó en custodia en San Martín.
    En la casa en la que acaeció el suceso se guarda la estola del sacerdote, ya deshilachada, y a la puerta aún se puede ver la llamada “piedra del milagro”.
    Siglos XVI y XVII
    La decadencia
    Comparados con la época medieval, los siglos XVI, XVII y XVIII son tiempos de decadencia. El régimen señorial pesaba sobre los pueblos, y no es extraño que la mayor parte de las gentes de tierra de Campos mostrara simpatía por el movimiento comunero. Sin embargo, el ejército comunero se hacía gravoso allá por donde pasaba. En 1521, a su paso por Frómista los vecinos se vieron obligados a pagar 250 ducados de oro para librarse del saqueo. La expulsión de los judíos, las pestes y otros desastres aceleraron la decadencia de la villa. Hacia 1591, en tiempo de Felipe II, Frómista tenía 521 vecinos, la mitad, aproximadamente, de los que había tenido cien años antes. A mediados del siglo XVIII la población había descendido a 217 vecinos. No había industrias ni apenas actividad comercial; la agricultura, exclusivamente de secano, era muy poco productiva; los árboles eran escasísimos y una de cada cinco casas estaba arruinada.
    Siglos XVIII a XX
    Inicio de la recuperación
    Aquel panorama desolador comienza a cambiar cuando, a finales del siglo XVIII, se construye el Canal de Castilla. En 1773 el Canal alcanza Frómista, construyéndose cinco esclusas, cuatro de ellas unidas mediante el mayor salto de agua de toda la ría. El Canal supuso una animación moderada de la economía, propiciando el regadío, el transporte y la aparición de fábricas de harina.
    La llegada de la modernidad
    Durante la primera mitad del siglo XIX la población aumenta, y se estabiliza en torno a los 1500 habitantes. Hacia 1865 llegaba a Frómista el ferrocarril del Norte. Fue otra oportunidad para el pueblo, que tal vez no se aprovechó debidamente, a causa de la mala situación económica en toda la región.
    Frómista ha tenido que superar en el siglo XX las crisis que hicieron presa en toda la España rural. La población actual es de unos 1000 habitantes. Sin embargo quedan motivos de esperanza vinculados a los dos caminos legados por la historia. El Camino de Santiago hace de Frómista etapa obligada para los amantes de la cultura. El camino de agua, el Canal, con las acequias para los nuevos regadíos, ofrece posibilidades para una agricultura más intensiva y variada, con mejores expectativas de producción.

    http://micaminodesantiago2008.blogspot.com/

  4. 2009 Agosto 9
    María Camino Enlace permanente

    DE LA EXPERIENCIA DE WILLIAM RAMOS…


    San Bol hasta Puente fitero
    Nos despertamos al otro dia alrededor de las 10:30 o 11:00 Am ya que la noche anterior estuvimo tomando vino, cantando, hablando y nos acostamos bien tarde… Comenze a caminar con los jippies, estuvimos todo el tiempo hablando, contandonos cosas etc… Era una etapa dura, pues si queria completarla completa andaba alrededor de los 38 kms… Una tremnda planicie, todo llano, donde se veia siempre ese horizonte tan lejano que solo creaba espectativas de llegare o no llegare… Habia una vista muy buena, como siempre mucho verdor y hacia mucho sol pero la temperatura estaba buena, digamos unos 25 grados… Los jippies se quedaron en un pueblo a unos 14 kms de San Bol y yo decidi avanzar hasta el pueblo siguiente ya que era temprano, avanze unos 11 kilometros mas que dentro de los mismos vi el monasterio que Alan me habia hablado, segun el me contaba, tuvo de las noches mas especiales en ese sitio, ya que es como un monasterio perdido que tiene mucha magia y esoterismo ya que fue fundado en 1095 y todavia se conserva, toda esa historia vivient… A eso de las 6 PM encontre una especie de iglesia bien pequena donde se daba refugio a los peregrinos…entre a la iglesia y tome un sorbo de cafe, el proximo pueblo estaba a unos 3 kms pero estaba algo cansado lo cual decidi quedarme en la iglesia para sentir algo nuevo… Los hospitaleros eran Italianos, un senor ya mayor, otro hombre y su hija… La hija era preciosa, una Italiana de ojos claros de 23 anos, muy simpatica… Me quede en la iglesia y conoci 3 senoras mas, dos de Surafrica y otra de Canada… Tenian mas de 55 anos sin embargo, tambien habian empezado el camino desde Francia, tenian un animo y una fuerza increible… Hize muy buena relacion con la Surafricana, una mujer muy dulce, increible persona… Se llama Ann Marie… esa noche en la iglesia tambien cuenta como de las mas especiales para mi ya que aun conservan tradiciones que se hacian al principio de las peregrinaciones… Osea, en esa misma iglesia en la edad media habia antes construido un hospital y en senal de bienvenida le lavaban un pie al peregrino… Aun continuan con el ritual y antes de preparar la cena, hicieron la ceremonia, nos lavaron el pie a cada uno y se repartian unas bendiciones… La cena la preparo la misma chica Italiana, muy buena por cierto… Luego de cenar, nos quedamos hablando, su padre es fotografo y me ensenaba unos calendarios hechos por el etc… Mi camara para ese dia estaba algo danada por la caida de la noche anterior, pero habia un senor que conoci dos noches anteriores, otro Italiano, se llamaba Giuseppe, me regalo una camara desechable y entonces con esa camara pude tomar algunas fotos de ese dia y los 3 dias que seguian… Fue muy agradable esa noche pues dormimos dentro de una iglesia, son cosas que se ven poco… Pero la verdad que estuvo muy bien, muy confortable, una cena muy buena… y un buen recibimiento… Buenas noches…Al otro dia como de costumbre fui el ultimo en despertar, aunque ya no me despertaron como siempre lo hacian… En los albergues siempre me despertaban los que limpiaban y siempre era con muy mala cara… ya que los peregrinos debian abandonar los albergues alrededor de las 8:00 como mucho… Yo siempre me quedaba dormido y los que limpiaban se molestaban ya que ellos tenian que dejar las sabanas y todo listo hasta la llegada de los proximos peregrinos… siempre terminaban hechandome de mala manera.. Esta ves fue diferente… Siento unas manos que me estan moviendo y a la ves diciendome Buon giorno ( Buenos dias ) cuando abro los ojos veo esta sonrisita en frente de mi, era la Italiana hija del hospitalero… me dice William eres el ultimo, todos se han ido… y yo ahh si, ya voy, no te preocupes… Me levanto… Me alisto y voy y me despido de cada uno, el senor mayor Italiano me va un beso de despedida, sin duda me cojio mucho carino, era un senor muy docil y humilde… Me explicaron que el puente que habia unos 300 metros de la iglesia, en la edad media se decia que el que lo cruzara y mirara hacia atras era una senal de mala suerte y decian que el que mirara no llegaria hasta Santiago de Compostela… Decidi llevarme de ellos y cruzarlo sin mirar a ningun lado… Era un puente impresionante, completamente medieval… una arquitectura increible… Luego de avanzar ya unas horas caminando, tome unas cuantas fotos con la camara desechable a unos lagos que se veian, unos paisajes bien bonitos y un increible dia soleado… Luego me encontre caminando con la senora de Surafrica y con Giuseppe, caminamos juntos hasta el proximo albergue… no sabia donde iba a parar esa noche, ya que estaba entre el medio de una etapa no terminada, entonces decidi pernoctar en el sitio que me coja el cansancio y asi fue… Durante el camino conoci mas gente, una Canadiense, un Aleman y un grupo de americanos… Hasta manana..

    http://porsiempreperegrino.blogspot.com/

  5. 2009 Agosto 17
    María Camino Enlace permanente

    DIARIO DE JUAN MIGUEL GRAU, PEREGRINO DE MIAMI…

    Itero del Castillo.

    Puente de Fitero, mandado a levantar por Alfonso VI, sobre el río Pisuerga. “Pons Fiterei” del Codex Calixtinus, era el límite entre los reinos de Castilla y León.

    Frómista. Iglesia de San Martin.

    Perteneciente al monasterio del mismo nombre, que un incendio destruyó en el siglo XV. Es sin duda uno de los edificios más bellos y más significativos del románico Europeo. Fue fundada por Doña Mayor de Castilla, viuda de Sancho III de Navarra y su construcción se inicio en torno al 1066.

    Iglesia de San Pedro
    Comenzó a costruirse en el siglo XV en estilo gótico y recibió su forma definitiva en el siglo siguiente. Posee una torre rotunda, sumamente maciza, formada por cuatro grandes cuerpos. Destaca su portada renacentista diseñada por el maestro Escalante hacia el año 1560.

    Fortaleza de Santa María del Castillo.

    Localizada en la parte más alta de la villa, fue realizada siguiendo el estilo gótico tardío, su planta presenta tres naves separadas por pilares y cubiertas con bóvedas. Son interesantes sus portadas renacentistas. Su más valiosa joya era un retablo, modelo políptico, integrado por 29 tablas de clarísima influencia flamenca, cubiertas por doseletes góticos. Fue robado en 1980 y recuperado en 1981 en Bruselas.

    Capilla del antiguo Hospital de Peregrinos de la Orden de San Juan de Jerusalén, en Población de Campos.

    Villalcázar de Sirga

    Iglesia de Santa María La Blanca

    Iglesia de la Orden del Temple. Templo románico de transición con sus torres y majestuosos pórticos de excepcional riqueza escultórica. Mucho arte por destacar en su interior, pero es quizás el impresionante sepulcro del Infante Don Felipe su joya más preciada. Diversos milagros se atribuyen a la Virgen Blanca de Villasirga. La curación de un peregrino alemán que estaba paralítico, despertó una gran devoción entre todo el mundo peregrino.

    Después de un dia muy largo y de haber caminado muchas millas decidí pernoctar en el Hostal Infanta Doña Leonor. Fue un dia de mucha soledad, pero excelente para reflexionar, meditar y rezar. Me preparé para mañana comprando pan, queso, jamón, vino y frutas para poder adelantar lo más posible y no tener que parar en ningún restaurante durante el dia.

    http://www.juanmiguelgrau.com/camino_de_santiago

  6. 2009 Agosto 19
    María Camino Enlace permanente

    - Diario de JUANJO ALONSO, Agosto/ 1997 -

    Eran las 6′30; estaba amaneciendo. Me cargué la mochila y con el sombrero, el bordón y la medalla de Santiago en el pecho, salí al exterior. Resti me dijo que tenía el aspecto de un auténtico y veterano peregrino. Luigi, por su parte, me recomendó que fuera pendiente de las flechas amarillas, indicadoras del Camino. Nada más salir advertí en la pared de enfrente la primera de esas señales. Me paré para atarme mejor las botas y, estando en ello, me dio alcance otro peregrino, que también pernoctó en el Albergue. Nos presentamos. El se llamaba Oscar y también empezaba el Camino en Castrojeriz. Mientras nos dirigíamos a la primera prueba, la subida de Mostelares, 1.400 mts de continua ascensión, me hizo el comentario de que él sólo haría el trayecto hasta Carrión. Otro año vería de continuar hasta Santiago. Fuimos juntos hasta Frómista. Nació una sincera amistad.

    Coronado el alto de Mostelares, como a unos 3 kms encontramos la fuente del Piojo. En una pequeña plataforma había una mesa de piedra y unos bancos a la sombra de unos árboles, recientemente plantados; allí descansaban una parejita de jóvenes a quienes saludamos. El nombre de la fuente me dio pie para decir: seguro que el agua de esta fuente se sube a la cabeza. Al chico le hizo tanta gracia que se atragantó con el bocadillo que estaba comiendo. Aligerados de la mochila, bebimos agua hasta encharcarnos; estaba muy fresca y era muy fina. Entonces vi llegar a Luigi, que venía sofocado en busca mía. Me explicó que estuvo esperándome en el Albergue para venir de compañero conmigo, y además quería regalarme la Tau de San Francisco, porque yo era peregrino de verdad. Al decirle Resti que yo me había marchado, él apretó el paso para cumplir lo prometido. Le di un fuerte abrazo que le emocionó y los tres juntos reanudamos nuestro caminar.

    A poco más de un kilómetro apareció la Ermita de San Nicolás, del siglo XIII. Es hermosa la imagen de Santiago Peregrino que se venera en su interior. Allí se encontraba un pequeño grupo de italianos, enviados por su obispo de Peruggia, para atender tanto a los peregrinos como al mantenimiento y conservación de la ermita. Es preciosa. Aquí oí hablar de un peregrino alemán que hacía el Camino a caballo; le llamaban Freddi. Le fui viendo por el Camino hasta Astorga, donde perdí su rastro.

    Cruzando el Pisuerga hicimos de una tirada casi 11 kms, hasta Boadilla del Camino. El sol era muy fuerte y llegamos escasos de fuerzas y con mucha sed. A la entrada hay una noria manual, que, haciéndola girar, te recompensa con una riquísima agua fría. Bebimos y llenamos nuestras botellas para el resto de la etapa; aún quedaban 5 kms. y medio bajo un sol asfixiante.

    En Boadilla hice un breve recorrido para admirar el bellísimo Rollo jurisdicional de piedra, gótico de finales del siglo XV. La Iglesia parroquial, dedicada a la Asunción de Nuestra Señora, posee un retablo renancentista con pinturas de Juan Villoldo (siglo XVI), rematado por un Calvario gótico del XIV. A Pedro de Flandes, Juan de Cambray y Mateo Lancrin se atribuye el retablo mayor realizado hacia el año 1548.

    Luigi se adelantó con otros más jóvenes. Oscar se detuvo porque se le habían comenzado a hacer ampollas en los pies; me quedé con él. Se cambió de calcetines y calzado y decidió continuar. Ahora andábamos más lentos; él me pidió que yo siguiera a mi ritmo, pero me negué. Poco a poco fuimos avanzando hasta llegar a la orilla del Canal de Castilla. La humedad y los mosquitos hicieron más penosos los 4 últimos Kms.

    Desfallecidos, agotada el agua de nuestras botellas, abotargados por el intenso calor, logramos llegar al Albergue de Frómista. Allí estaba Luigi, sus compañeros y otros para mí aún desconocidos, todos descalzos, tumbados por el suelo, sin resuello, para darnos la bienvenida. El Albergue estaba cerrado.

    Despojado de mi mochila me tumbé sobre un banco de madera. Las avispas zumbaban a nuestro alrededor. Me dieron de beber, cosa que agradecí con toda mi alma, ya que no me quedaban fuerzas ni para andar los diez metros que me separaban de la fuente de la Plaza.

    El Hospitalero llegó a las 14′45.
    Tumbado sobre mi litera, estuve esperando turno para ducharme. Sólo había una ducha y éramos más de 30. Así que opté por visitar, una vez más, la joya románica de San Martín. Luigi me acompañó para escuchar mis comentarios, y visitamos también la de San Pedro. Unas jóvenes peregrinas me pidieron que les dejara seguir mis explicaciones, a lo que accedí con sumo gusto.

    En la de San Pedro se celebraba Misa a las 18 horas y me quedé con Luigi y las chiquitas. El aspecto de Luigi inquietaba a unas señoras, que se encontraban detrás de nosotros. Sus comentarios se cortaron cuando vieron que también él se acercaba a comulgar. Salimos, y después de invitar a todos a unos refrescos, volví al Albergue. Logré ducharme pasadas las 7 de la tarde.

    Luigi y yo dimos un paseo y busqué una cabina para hablar con mis hijos. No pude contactar ni con Yago, ni con Juanjo. En nuestra casa tampoco había nadie; así que decidí llamar a casa de Rafa. Se puso su madre, simpatiquísima, a quien rogué que transmitiera a todos que me encontraba bien y que al día siguiente iría a Carrión.

    Buscamos un Mesón para cenar y lo hicimos en uno muy próximo a la carretera de Carrión.

    La habitación en la que dormí esta noche constaba de 3 literas (6 camas); encima de la mía se acomodó Oscar, enfrente Luigi y en la de arriba la hija de la pareja que ocupaba la tercera litera. Pasé mejor noche que en Castro y, a eso de las 6, me levanté para asearme el primero, si bien lo tuve que hacer en un pequeño servicio que había en la planta baja. Luigi me ayudó a empaquetar de nuevo el saco de dormir; yo no era capaz.

    Como en el Albergue no daban desayuno, Luigi y yo salimos prácticamente de noche. Por recomendación suya no me puse las botas, sino las deportivas, porque haría mejor el trayecto. Más tarde me di cuenta de que no fue acertado, pues me dolieron mucho los pies.

    Antes de llegar a Población de Campos, a mi izquierda pude ver la Ermita de San Miguel, de una sola nave del siglo XIII. Cercana al puente hay otra Ermita, la de Ntra. Señora del Socorro, del siglo XII.
    Según iba amaneciendo eran más insistentes los ataques de los mosquitos, fenómeno éste que tiene que sufrir todo peregrino entre las 7 y las 9 de la mañana, principalmente por los sembrados de Castilla y al borde de los caminos y carreteras.

    No habíamos desayunado y empezábamos a sentir hambre. Ni un solo establecimiento abierto. Al cabo de 7 Kms llegamos a Villovieco. A su izquierda queda Revenga de Campos. Cruzamos el río Ucieza y enfocamos a Villarmentero de Campos. La Iglesia de San Martín estaba cerrada por lo que no pudimos contemplar su maravilloso retablo plateresco del siglo XVI, obra de Francisco Giralte.

    Aún no se divisaba Villalcázar de Sirga, y estando cerca unas señoras del lugar, les preguntamos si íbamos en buena dirección. Con una sonrisa un tanto picaresca nos dijeron: sigan todo recto y como a unos 7 Kms. lo encontrarán. ¡Siete kilómetros! Dios mío, si ya no podíamos con nuestra alma… Dejamos de hablar y procuramos marcar un ritmo de marcha en fila de uno (Luigi me dice que espere, pues necesita aligerar el peso de su cuerpo). Por fin, a eso de las 9, llegamos en Villalcázar de Sirga. Había un bar abierto frente a la iglesia de Santa María la Blanca. Entramos y pedí que nos pusieran pan, queso, vino y café con leche.

    Desayunamos con verdadero apetito. Pagué y nos dirigimos a la Iglesia, que ya estaba abierta al público.
    Antes de entrar me quedé maravillado al contemplar la riqueza escultórica de sus arquivoltas y frontis con el Pantocrator, Evangelistas, Profetas… Su construcción corresponde al siglo XIII, entre religiosa y defensiva. Aquí, la Sirga o Camino, disponía de dos Hospitales, encomienda del Temple, para defensa y acogida de los peregrinos. Su nombre hace mención a este origen: Villalcázar de Sirga.

    La Iglesia consta de 3 naves y cubierta de crucería. A la derecha se puede ver una de las capillas en la que se encuentran varias imágenes de la Virgen; una de ellas se dice que es la que inspiró las Cantigas de Alfonso X el Sabio. En el mismo lugar están los sepulcros, en piedra policromada del siglo XIII, del Infante Don Felipe, hijo de Fernando III el Santo y de Doña Leonor Ruiz de Castro. En el Presbiterio se puede admirar un magnífico Retablo del siglo XVI con pinturas, sobre tabla, del Maestro Alejo, en las que se narran escenas de la Vida de Cristo, completándose con diversos Santos. En el centro se venera una imagen de Nuestra Señora con el Niño en brazos, del siglo XIII. El Calvario del remate es del siglo XIV.

    Después de admirar con detenimiento los otros retablos e imaginería, salimos para reemprender el Camino. En la puerta, el amigo Oscar me hizo entrega de una postal del monumento visitado. Todo un detalle.

    http://www.biescasvignau.com/03Espanol/07.Trekking/10.CaminoFrances/Diarios/JJ.Alonso.97.03/%2010A.DiariosJuanjo.htm

  7. 2009 Agosto 21
    La hospitalaria Enlace permanente

    DEL DIARIO DE ÁNGEL SILVENTE

    Nada más salir de Castrojeriz hay una fuerte subida a una colina. A pesar de la rampa, disfrutamos de la ascensión por ser la última en mucho tiempo. Detrás de ella empieza la Tierra de Campos: una interminable llanura de estepa cerealista que no termina hasta que se llega a León. Desde lo alto de la montaña contemplamos el paisaje desolador. Es como si fuéramos marineros que van a partir en un mar de tierra. El Camino a partir de aquí se hace rectilíneo, inhóspito, sin sombra, sin un punto de referencia que delate el avance, solitario ; pero también se hace aquí el Camino más interior que nunca, místico, un reto a superar y una situación óptima para hacer retiro, meditación y oración.

    Y sin pensarlo más nos “hacemos a la mar”. Ahora si que hace calor. Pero eso sí, nunca un calor comparable al sol murciano. No hay ni una sombra aquí, ni un solo árbol. Pero ya cerca de la provincia de Palencia encontramos una fuente, la del Piojo. Allí han plantado unos árboles que aún no dan mucha sombra y hay unos bancos y unas mesas de piedra. Terminamos al fin con la morcilla y el queso. En esto, llega por allí un hombre mayor que bebe agua y nos cuenta lo buena que está. Pronto llegan los dos vegetarianos extraños de Alicante. Estos si que van a su bola.
    Los tres empiezan entonces a hablar de metafísicas trascendentales y similares rollos. En esto, el viejo, que estaba hablando del sacerdote del pueblo exclama: “¡pues a ese cura que le den por culo!”. Al oír esto, los vegetarianos se escandalizan. Sin decir nada la mujer coge sus cosas y se larga. Entre tanto el calvo barbudo vegetariano le da la vara al viejo explicando que eso no se puede decir , “porque el culo es para cagar” y otra serie de capulladas. Mientras tanto, el abuelo, que dijo aquello sin ánimo de ofensa ni intención pide perdón muy arrepentido de que se hayan enfadado tanto por algo tan simple. En fin, qué vamos hacer con esta gente tan rara…

    Tras un corto descanso reemprendemos la caminata muy suavemente. Justo antes de abandonar la provincia de Burgos, está el refugio de Puente – Fitero. Es una antigua ermita. Lo regentan unos italianos de la orden de Malta. Es gratuito, incluida la comida y se respira un buen ambiente. Pero debemos continuar. A tan solo unos metros cruzamos el Pisuerga, caudaloso pero sucio, y entramos en la cuarta provincia del Camino: Palencia. En Itero de la Vega llamo a Natasha. No está. Lo único que entiendo al hablar con su madre es “Natasha no, Natasha no”. No tengo muy claro que vaya a venir al final. Si bien me hace ilusión su visita, cierto es que limita bastante mi camino hacia Finisterre. Pero la verdad es que animaría mucho las últimas semanas del verano.

    Nuestro final de etapa es Boadilla del Camino. Hasta allí hay ocho larguísimos kilómetros de sol y trigos. Los últimos kilómetros se hacen realmente interminables. Se ve la torre de la iglesia, pero nunca, nunca se alcanza. A demás una pegajosa nube de mosquitos ronda nuestra cabeza, metiéndose en nuestra boca, nariz y ojos. Ya es algo tarde y el sol se acuesta sobre el horizonte marcando el lugar donde yace el apóstol.

    Al fin llegamos a Boadilla. A la entrada hay una fuente que funciona accionando una rueda. El agua es muy fresca. El pueblo es pequeño. En la plaza, detrás de la iglesia hay un rollo gótico, curioso poste de piedra tallada donde encadenaban a los reos antes de ajusticiarlos.

    El albergue es nuevo, aunque no tiene cocina. Allí están Borja y Natalia. Sería la ultima vez que los viéramos, pues se marchaban en Frómista. En la tienda – bar del pueblo nos aprovisionamos y cenamos un plato de lomo con patatas que devoramos más bien que degustamos. Nunca había comido con tanta ansia. El marido de la mujer que regenta el bar es un poco lento de reflejos. Nos mete a comer a un patio interior muy fresco y nos dice: “a esto aquí lo llamamos el patio”. Pues muy bien, pues como en todas partes ¿no?. Nos hicimos unas risas durante la cena con esta anécdota. También nos reímos con el agua que nos sirvió para beber, completamente turbia pero potable. Nunca había bebido un agua así.

    Comenzamos temprano esta etapa. A las 7:30 el sol aún no ha terminado de salir. Nosotros sí. Hoy será un día caluroso y una jornada nada agradable, caminando casi todo el tiempo junto a la carretera.

    Nuestros primeros pasos hasta Frómista discurren junto al Canal de Castilla. Esta obra hidráulica del siglo XVIII pretendía unir las capitales castellanas con el puerto de Santander para así transportar el grano en barcazas tiradas por mulas. La obra nunca llegó a su fin, principalmente por la aparición del ferrocarril. Aún así existen 207 kilómetros de canales que hoy se usan para el riego. Al llegar a Frómista hay una cuádruple esclusa por la que cruza el Camino. Allí nos encontramos a Gustavo, que viene de Puente – Fitero. Caminaremos los tres juntos el resto del día.

    En Frómista únicamente paro para sacar dinero. El sol empieza a apretar e interesa completar los veinte kilómetros que nos separan de Carrión lo más pronto posible. Y nada más abandonar la carretera nos encaminamos por el andadero de peregrinos que discurre junto a la carretera. Al menos no tenemos que ir por asfalto.

    En la Población de Campos tomamos un desvío por camino hasta Villarmentero de Campos. A la salida de ese pueblo existe un área recreativa ideal para el descanso del peregrino con una gran sombra. Se nos hace inevitable parar. Pero pronto hay que seguir.

    Atravesamos entre campos interminables de cereal lo más deprisa posible hasta Villalcázar de Sirga. En principio nos interesa pasar lo más rápidamente posible por esta localidad para no llegar muy tarde a Carrión, pero la imponente iglesia de Santa María la Blanca nos obliga a hacer un alto. Este es otro de esos lugares místicos del camino. Según las Cantigas de Alfonso X, los peregrinos que volvían enfermos de Santiago, sanaban al rezar a esta Virgen. Nosotros, a parte de admirar el esplendor artístico del conjunto, también aprovechamos la parada para hacer oración y soñar con Compostela.
    Al salir de Villalcázar nuestros pies se mueven ya automáticamente hacia Carrión. Aprieta mucho el calor.

    http://www.euskalnet.net/diariosdeperegrinos/angel.silvente.htm

  8. 2009 Agosto 22
    María Camino Enlace permanente

    “O Frómista en cuya plaza se haya una estatua de San Telmo natural de esta villa, patrono de los navegantes, curiosamente a cientos de kilómetros del mar”

    http://luisyanezabelaira.blogspot.com/2009/05/ponferrada-16-04-2009-presentacion-un.html

  9. 2009 Agosto 24

    DE LA PEREGRINACIÓN DE LEON DEGRELLE

    Pequeñita es la noche en la pintoresca Castrojeriz (los peregrinos franceses habían transformado gentilmente este nombre por el de “Quatre-Souris” -cuatro sonrisas-). ¡Han servido la “cena” a las doce menos veinticinco de la noche! ¡Estaba muerto! Después, van y vienen con dos o tres tareas de paso, así hasta las tres. Y a las cuatro, me levantaba. . .
    La siguiente etapa era dura, tenía por delante un trayecto de 35 kilómetros. Hacía calor, pesado. Por la noche, grandes tormentas relucían en la lejanía. Esta tierra caliza reverbera asombrosamente con el sol y el calor.
    Al principio, abandono la carretera para retomar el viejo camino que tanto me gusta y subir, por una pendiente muy pronunciada, a lo alto de la planicie. Es que esta tierra no es una llanura como otra cualquiera. Es exactamente un paisaje marino (toda la piedra calcárea erosionada es marina), una gran llanura con hondonadas profundas, que no son, como en los océanos, más que montañas al revés. De pronto, la llanura se hunde, se desciende al fondo de un pico vuelto. Las grandes depresiones que forman lo que se denomina la meseta de Castilla, no es más que una enorme erosión, como el mar vacío, como el mar hueco cuando sus olas ondulan; aquí, en su lugar, son los trigales de oro pálido los que se cimbrean a la dulce caricia del viento semejando el oleaje marino.
    Desde lo alto (¡lo que he sudado!), la vista era muy bonita: se dintinguía el castillo de Castrogeriz, encaramado sobre el cerro desnudo; se admiraban las grandes extensiones blancas y verdes, y de nuevo, a la derecha, lejos, pero destacando magnificamente su blancura al alba, eran dignos de ver los grandes montes negros ¡siempre ellos!, con sus largas palomas blancas reposando en sus nieves eternas.
    Por tanto, de cuando en cuando, en los viejos cantos de la calzada milenaria, a veces casi intacto aún -este hecho divertido, estos cien metros de la grandeza romana, súbitamente desaparecido entre las amapolas y los trigales-, avanzo durante una docena de kilómetros, guiado por mi caluroso compañero, el sol. Luego, he llegado a un pueblo “jacobita”, con su infaltable gran iglesia bamboleante-Itero-; he seguido por un bonito y sombreado vallejo con numerosas fuentes, y he alcanzado el gran río Pisuerga, que forma una amplia bahía (largo como el Mosa), conservando todavía los pilares(¡hay once!) de un puente milenario descrito ya en el pintoresco Codex Calixtinus.
    Después, no hay otra opción que dejarse llevar; en un plano, más allá del puente atravesando el agua, entre centenares de álamos, estaba posado un encantador y alegre molino rojo; más los trigales, algunos viñedos, pocas flores, pero la tierra, aquí, se ha vuelto marrón, tierra de trigo, muy rica, a pesar de los pueblos miserables circundantes, edificados con adobe, nunca enjalbegados. Sólo las iglesias, enormes, construidas sobre potentes contrafuertes, salvan la monotonía de estas aglomeraciones sin brillo, ricas, pero austeras. Aquí se trabaja duro la tierra, pero se vive muy por debajo de sus posibilidades, como los auvernantes o los normandos.
    ¡Qué sol! Sentía que me freía de todas formas, como si el camino fuera una larga sartén. Me duele mucho el talón izquierdo (los tendones) en cada final de etapa. Pero ésto se pasa después de una hora de parada y descanso. Tengo que hacer un alto, y aquí estoy, en Frómista. ¡Qué nombre mas bonito para una tierra de candeal! Pero su entrada no puede ser más lamentable: precediendo al pueblo de nombre tan atractivo, una fábrica con grandes esclusas, entre las aguas hediondas de lanas lavadas; también, una estación de trenes: ¡por todos los dioses, qué cosa más fea las estaciones! ¿Quién ha sido el idiota que ha inventado los ferrocarriles? En seguida, el pueblo, piojoso, incluso siniestro, a pesar de su plaza de soportales, con las columnas de madera o de piedra, pero en el que se ha conservado, milagrosamente intacta, una de las más bellas iglesias románicas que pueda haber en España. La belleza más simple, la más pura, sin complicaciones, sin aderezos; aunada la belleza de la piedra con la belleza de la línea, luciendo sus capiteles, limpios como si hubieran sido cincelados ayer, en los que se representan escenas de la historia sagrada y también escenas mitológicas; el capitel del pilar derecho del coro representa a una pareja de jóvenes, varón y mujer, desnudos, deslumbrantes; nunca había visto, en una iglesia, una precisión tal en el realismo anatómico. Era perfecto, hasta en sus más mínimos detalles, igual que un croquis, desde un anfiteatro, para estudiantes. Y ésto, a tan sólo tres metros del altar.
    Como paradoja, el periódico local de hoy informa, bajo el enfático título: “¡Muy bien, señor Gobernador!”, que una señorita de Alicante, de la que se publican nombres y apellidos, para “deshonrarla” y desmerecerla, ha sido condenada a 15 días de arresto y encarcelada ¡por haber lucido un traje de baño “indecente” en la playa! ¿Entonces, la bella muchacha, con sus senos tan bien torneados y con tanta naturalidad, del coro de la iglesia de Frómista?
    Realmente, este problema de la carne en la Edad Media, me parece cada vez más misterioso. En el exterior de esta iglesia, entre centenares de esculturas admirables que sostienen el tejado, las hay del estilo de Puente la Reina, absolutamente eróticas. Una de ellas representa a un hombre sentado, sosteniendo. . . la Cruz, con las piernas abiertas y con el sexo llegándole hasta las rodillas, tan grueso como el antebrazo del personaje esculpido. Es de una actitud absolutamente impúdica. Y ahí está. Durante siglos, no se ha escandalizado nadie, y tampoco ninguno de los millares de peregrinos de los más diversos países que por aquí pasaron; los niños juegan por debajo, sobre las baldosas, nada les llama la atención; y los curas lo pagaron y, antes de pagarlo, con toda seguridad lo habrán mirado. ¿Estas gentes eran “naturales”, o exteriorizaban así, bajo los tejados, los complejos pre-freudianos, imposibles de reprimir? ¿O es que nosotros hemos perdido el sentido de la naturaleza, de lo natural, o será que ahora estamos tan llenos de complejos?
    En cualquier caso habría que publicar un extraño y original libro sobre el desnudo en la arquitectura religiosa. Provocaría seguramente graciosas marejadas.

    Estoy rendido. Verdaderamente, esta tarde, ya no puedo más. No por causa de la carretera y de los kilómetros: yo los salvo, cada jornada, con el alma en gozo. Pero estas “fondas” me matan. Todas son malas, horrorosas. Es imposible dormir en ellas por causa del ruído infernal contínuo, de los “brutos” que deambulan de un lado a otro en el corredor, imposible también comer en ellas algo que sea conveniente. Ni una sola vez he podido dormir una noche entera, aún corta, de un tirón, tan conveniente. En ningún sitio me han ofrecido un plato que fuera apetitoso. Son de un desagrado que dan ganas de llorar, el eterno huevo frito, glauco, pringoso, insípido, con el trozo de torrezno igual que un cuero viejo, nunca preparado con un mínimo de sentido culinario. En estos tugurios, donde vegetan por algunas pesetas diarias el pálido pequeño maestrillo raquítico o el viajante apurado y el turista que paga el doble o el triple, las habitaciones son sórdidas. No hay agua corriente (en ninguna parte), sólo una triste cubeta, con una jarra roñosa llena de avisperos. Y aún así ¡si había cuartos! Estos, a menudo, son tres, pequeños: el de hoy, el mío, de dos metros por dos metros, no tenía ni siquiera una ventana: se ilumina y se. . . airea por un pequeño tragaluz que da a una minúscula cocina y. . . sobre un servicio. ¡Todo junto! Intento, a pesar de ésto, acostarme a dormir un rato la siesta. Completamente imposible. En la “Taberna” doce o quince bebedores (es el mercado) vociferan, a medida que van soplando, a cual más alto. Tienenpuesta, además, una radio-cacerola que vocifera locamente.
    ¿Cómo podré, Dios mío, tener mañana fuerzas para proseguir, haciendo este calor infernal, en esta tierra desnuda como la mano, sin un mísero matorral donde descansar cinco minutos a su sombra, los 50 kilómetros de la etapa? Después de los 55 kilómetros del día siguiente, cada tarde me lleno completamente de algodones las orejas: pero el jaleo puede más que el algodón.
    ¡Y pensar que es necesario recorrer 30 ó 40 kilómetros, para alcanzar tales tabernas! Región austera, donde nadie viaja, ni gasta. La “copita” cuesta 30 céntimos. Pero es una raza brutal, sin ninguna clase (nunca se ve gente “bien”: todas las personas son pequeños propietarios, obsesionados con la ganancia, a la que sacrifican todo) y ni siquiera son alegres: se vocifera, se dan alaridos, pero no se canta. He leído en una de las “tabernas”un cartel con la siguiente inscripción: “se prohibe cantar”. Se desquitan desgañitándose sin límite.
    Después de una noche casi en blanco, al alba he dejado Frómista y su inolvidable iglesia románica. Sería preferible y hasta necesario recorrer el camino a 4 kilómetros diarios para que los finales de etapa fueran fructíferos.
    Esta etapa ha sido razonable: 25 kilómetros y es por ésto por lo que mi agotamiento de hoy me asusta: ha sido a través de los trigales sin fin, casi como en Beauce, si no fuese porque estamos en una ancha meseta: estoy a 871 metros de altitud a mi derecha : mañana, a 969 m. Es una tierra que parece rica, pero sus pueblos son sórdidos. La “mezcla” del sur es alegre, porque es blanquecina. Aquí se compone de tierras amarillas y marrones, mezclada con paja segada: es de aspecto sucio, color de orín revuelto. Incluso el tahonero trabaja con la paja picada (ésto es normal, dado que el campo está lleno de ella): he visto a uno, ponerse en cuclillas delante de su horno, cuya boca parecía una fragua, arrojando al fuego, con la mano, sin dar nunca término a esta tarea, puñados de estos resíduos. Los silos también son extraños: completamente redondos, enormes y bajos, coronados por un palomar y una galería de pequeños “remates”, que resultaban atrayentes en medio de este paisaje tan agreste, eran la única cosa original, pero las paredes, de una mezcla de barro y paja, se desmoronan: por todas partes el mismo aspecto sucio, tosco, pobre, triste.
    Hice, a seis kilómetros antes de llegar a Carrión, una parada llena de interés: me he detenido a admirar la enorme iglesia dedicada a la Virgen de Villalcazar.
    Toda esta ruta mística que estoy recorriendo no es más que una cascada de santos sorprendentes, de milagros fascinantes, de héroes admirables.
    Pero, en fin, todo ésto era al ir. Los miles de enfermos, iban avanzando de prodigio en prodigio: cada etapa tenía para ellos su verdadera “especialidad” y se mantenían por la callada esperanza de ver operarse en Santiago el milagro personal de su curación. Pero ¿y cuando no había sanación? El pobre epiléptico, el sufrido pobre leproso, el sarnoso, el sordo, el ciego, volvían con el corazón atribulado, hecho polvo. Era entonces cuando se producía el milagro de esta Virgen de Villalcazar, que curaba al regreso de la peregrinación. ¡Hallazgo genial, si no fuera un hallazgo santo!Sobre este prodigio hay diez historias maravillosas, entre ellas, la de la francesa que enloqueció al regreso y la del alemán que se quedó ciego en el camino, que, después de dos semanas que llevaban de regreso, con su fe intacta, se vieron sanados de repente.
    Tendría que contar muchas más cosas graciosas al respecto.
    Hoy, sobre las casas de adobe. Se levanta siempre sobre ellas la enorme mole de esta iglesia, cuyos dos pórticos están ornados de figuras simpáticas (un adorable flautista, que destaca sobre los demás, pues los peregrinos tenían sus músicos, y entre ellos la flauta bucólica tenía prioridad), del arte más genuino, más profundo, del comienzo de la alta Edad Media. Encima del pórtico, hay un doble friso con los Apóstoles y la Virgen debajo, Dios en lo alto, el Todopoderoso, majestuoso, grave. Pero dudo mucho de que todo, pronto, no se caiga al suelo, pues uno de los dos arcos, el de la izquierda, está completamente suelto: uno se pregunta, ahora, cuál es el milagro para que aún se mantenga.
    He querido visitar el interior (aunque lo esencial está en el exterior). Pero no hubo nada que hacer. Es un “monumento nacional”, por tanto. . . En casa del párroco -ausente-, la asistenta, una vieja peonza, se pasa cinco minutos preguntándome, con la puerta cerrada, quién era yo. Después, entreabrió la puerta, protegida con una cadena, para decirme que el cura se había ido llevándose la llave. Mentira: estas llaves son grandes como jamones. Pero yo era un hombre. Entonces ¡tenía miedo!
    Tendrías que ver este pueblo: en la esquina de las casas, ocho, diez mujeres (no se veía de ellas nada más que la cabeza, sobresaliendo de la pared), me acechaban, me espiaban. Me preguntaba si estaba en Tombuctu o en Europa.

    http://compostela2004.free.fr/mi_camino_de_santiago.htm

  10. 2009 Agosto 27
    La hospitalaria Enlace permanente

    EX ORIENTE LUX

    Salimos del pueblo cruzando una carretera y al poco el camino nos lleva a la vega del Odra. Allá el peregrino ve ya a lo que va a enfrentarse a continuación: la célebre cuesta de “Mostelares”, nombre que alude a los haces o mostelas que se hacían con las plantas que cría el reseco y calizo terreno y que luego servían para hacer fuego en los hogares del lugar. La ascensión, si se inicia el día en Castrojeriz puede ser poco más que un fuerte desayuno, pero si, como fue nuestro caso, ya se tienen algunos kilómetros a la espalda, la cuesta puede impresionar al peregrino cuando se ve frente a ella.

    De cualquier manera, subimos mejor que peor en medio de una fuerte ventolera, que nos empujaba de un lado a otro del camino como si hubiéramos detenido nuestro paso en Castrojeriz para visitar alguna de sus bodegas. Al coronarla, merece la pena echar una ojeada desde este mirador a lo que se ha dejado atrás; el pueblo y la vega del Odra. Hay un monumento al Camino con unos bancos en el que se puede parar uno a descansar. Por el oeste, más allá del páramo que se extiende ante nosotros, puede divisarse la vega del Pisuerga y la llanada de los Campos Góticos.

    En aquellas alturas nos encontramos con un grupo de caminantes que, como nosotros, descansaban de su ascenso, disfrutando de las hermosas vistas que ofrece el lugar. Ellos nos contaron que existe un itinerario alternativo para los ciclistas o quienes se ven incapaces de subir la cuesta, bordeando la meseta por Castrillo Matajudíos. Este pueblo, además de poseer un nombre más que curioso –su origen parece que ha dado pie a mil y una fábulas-, es conocido –o, mejor dicho, debería ser conocido-, por ser el lugar de nacimiento del más ilustre ciego español, el músico del Renacimiento Don Antonio de Cabezón, organista de la corte de Felipe II, a quien acompañó por toda Europa. En la iglesia de dicho pueblo se conserva la reliquia de la cabeza de Santa Úrsula, que un elector palatino regaló a nuestro músico en Heidelberg en 1549.

    Tras esta interesante conversación nos despedimos de nuestros nuevos amigos y continuamos la marcha por un camino que transcurría a lo largo de aquella meseta. Después hay un descenso y se pasa junto a la Fuente del Piojo, lugar que, como su nombre indica, empleaban peregrinos, bestias y ganaderos para su despioje.

    Más adelante llegamos a lo que fue, según dicen, la aldea de Puente Fitero. Allí se encuentra el albergue de San Nicolás en una ermita gótica restaurada gracias a los desvelos de la Confraternitá de San Jacobo de Perugia, que ha encontrado en este lugar de Castilla La Vieja, un refugio de silencio y recogimiento donde encomendarse al servicio del peregrino.

    De hecho, el espíritu protector de San Nicolás de Bari, titular de la ermita y hospital, para con los caminantes sigue evidenciándose. Es fama lo bien que acogen a los peregrinos los Caballeros de La Orden de Malta, que se encargan de su cuidado y de quienes se cuenta que, siguiendo costumbres tan piadosas como antiguas, continúan lavando con sus propias manos los cansados pies de los peregrinos que se alojan allí.

    No tuvimos oportunidad de comprobarlo, pues cuando pasamos por allá estaba cerrado. Unas peregrinas que esperaban a la puerta nos dijeron que no abrían hasta una hora después; demasiado tiempo para nosotros que contábamos con coger el autobús de regreso a Castrojeriz dos horas más tarde en Itero de la Vega.

    Continuamos nuestro camino y nos encaminamos hacia el río, el Pisuerga, que en aquél lugar es atravesado por un imponente puente que marca la frontera entre las tierra de Burgos y Palencia. En tiempos fue el límite entre el Reino de Castilla y el de León. De ahí que sea llamado el puente de la Mula (por motivo de ser muga o mojón de la primitiva Castilla). No hace falta recordar que esto haría del lugar punto de continuas disputas entre las gentes de ambos reinos.

    Al llegar al medio del puente, detuvimos por unos instantes nuestro paso para disfrutar de las vistas que desde allá se nos ofrecían: las aguas bajaban claras y cristalinas, reflejando con su brillo la luz del sol, como si en su fondo descansaran miles de estrellas. Acompañados por el suave rumor del río, perdimos la noción del tiempo, la vegetación que crecía a un lado y otro de él se movía suavemente al son de la corriente y el aire.

    Continuamos la marcha y lo primero que encontramos tras pasar el puente fue una enorme señal que nos daba la bienvenida a la Provincia de Palencia, de ahí a mano izquierda, seguimos por un camino muy agradable que bordea el Pisuerga hasta llegar a Itero de la Vega.

    Nos detuvimos en un albergue que había en el pueblo. Era una casa privada bastante grande que la regentaba una familia que, por su acento, parecía de origen gallego. Desde el principio fuimos acogidos con gran amabilidad; al preguntarle si podíamos comer algo, la dueña nos condujo al comedor, que era una habitación convencional que daba a la calle con sillas y mesas como las de la terraza de un bar. Comimos unos bocadillos de tortilla de jamón y charlamos animadamente con la amable señora que lo regentaba. Al irnos nos regaló unos higos y unas manzanas por si, según nos dijo, nos habíamos quedado con hambre. Según nos contó la dueña, acababan de abrir este año y nos puso el sello que, por cierto, era muy bonito.

    Al salir, todavía tuvimos tiempo de detenernos en un bar para tomar un café y preguntar por la parada del bus. Al hacerlo, el camarero y los que con él hablaban nos miraron con extrañeza.

    - ¡Pero si hoy no hay autobús!.

    Como vieron que nos resistíamos a creer lo que nos decían, no por desconfianza sino por pura necesidad de que fuera cierto, se limitaron a indicarnos que debíamos salir del pueblo hasta una especie de caseta que se encuentra en un cruce en la carretera de Frómista.

    Allá, a pie de carretera, en medio del llano y expuestos a un terrible frío pasamos cerca de una hora sin que hubiera señal alguna del autobús que se anunciaba para hoy en la página de información de transportes de las Juntas de Castilla y León.

    Hacía ya bastante tiempo que tenía que haber pasado y ni rastro, nos hubiéramos quedado de muy buena gana a hacer noche en Itero, pero habíamos dejado nuestras cosas, y teníamos una habitación reservada en Castrojeriz, por lo que el regreso era obligado… No nos quedó más remedio que llamar a un taxi y esperar su llegada en medio de aquél gélido viento.

    Media hora después, nosotros ya llevábamos allá casi dos, llegó el taxi a recogernos. Afortunadamente, el conductor era un hombre amable, acostumbrado a tratar con peregrinos, y con un buen repertorio de anécdotas con las que deleitarnos en nuestro camino de regreso a Castrojeriz.

    Hablamos del auge que está experimentando el Camino en los últimos años, de cómo son cada vez más los grupos que hacen su peregrinación con un autobús de apoyo y acompañados de un guía que les va explicando las cosas de los principales lugares por los que pasan y, si son extranjeros, hace las veces además de traductor. Le contamos el caso de los alemanes que nos encontramos a nuestro paso por Lorca y Estella. El nos habló de una señora alemana que se extravió de su grupo en el camino y la acompañó en su búsqueda hasta que dieron con ellos en Frómista.

    - Desde entonces, todos los años me manda de su país una bonita postal el día de navidades y otra el día que se perdió –nos dijo.

    Llegando ya a Castrojeriz nos contó también la historia de un ex drogodependiente que encontró una vez haciendo el camino en cumplimiento de una promesa que hizo cuando se decidió a dejar la droga.

    Coincidimos en pensar que, hasta cierto punto, esa historia nos trae al recuerdo las que se cuentan en algunas Cantigas o en crónicas y leyendas medievales, donde se narra los trabajos de aquellos peregrinos que marchaban a Santiago en agradecimiento por su milagrosa curación tras una grave enfermedad.

    Mientras veíamos ya el pueblo a lo lejos, bañado por la tenue luz del atardecer, que daba a todo el conjunto de casas, iglesias y castillo una tonalidad anaranjada, dimos en pensar que al fin y al cabo en las cosas que importan –en las del espíritu-, habíamos cambiado más bien poco desde aquellas antiguas peregrinaciones: necesitamos vivir en movimiento, manifestar físicamente cualquier mudanza en nuestra vida, y sentir además que lo hacemos para ganar algo que nos permita aportar nuestro pequeño grano de arena a la gran montaña de la trascendencia.

    Aunque algo cansados por la jornada anterior, comenzamos aquél día con bastante ánimo: esta iba a ser una de las etapas más cortas de todas las que habíamos hecho -apenas 14 kilómetros-, y sobre un terreno que, en apariencia, no nos iba a suponer demasiados esfuerzos. Efectivamente, nada que ver con nuestra kilometrada del día anterior…

    Salimos de la parada de autobuses de Itero de La Vega una mañana clara e igual de ventosa que la anterior. Eran las 7.45 y, a pesar de haber amanecido ya, frente a nosotros había una enorme luna –que parecía casi llena-, dando la impresión de no querer desaparecer de ese cielo que ahora que había llegado el día, era azul y limpio.

    Nuestro primer camino discurría entre campos verdes y de labranza. En ellos se evidencian los primeros rocíos y lluvias del otoño que lo llenan todo de verdor, brillo y pequeñas balsas de agua. Es tierra de grano que antes era, según cuentan los del lugar de vid, hasta que la famosa filoxera acabó con ella.

    No tardamos en pasar junto a la aldea de Fompedraza que permanecían a nuestra izquierda silenciosa, casi en ruinas y abandonada, como sumida en el recuerdo de su pasado. No se puede evitar pensar en que todo aquello, en algún momento, estuvo lleno de vida y generaciones enteras tuvieron su inicio y su fin dentro de los modestos recintos que ahora son ruinas. En ellas quedaron para siempre disueltas en el paso del tiempo sueños, anhelos, tristezas, alegrías, etc…

    Al poco, continuando la senda que atraviesa la llanura, se llega a un pequeño alto; desde él, la vista es inigualable y la sensación que le procura al caminante más aún: a su espalda deja mesetas y peñascos, horizontes limitados por la presencia solemne de montañas y riscos. Aquí no hay nada de eso, estamos a las puertas de la tierra de campos, los legendarios campos góticos, cuya extensión interminable es difícil de traducir en palabras; no se trata de un fenómeno físico sino de una profunda sensación de quietud lo que llama la atención del caminante.

    Desde ese alto, se ve a lo lejos Boadilla del Camino como si fuera un algo diminuto y silencioso, perdido apaciblemente en aquellas inmensidades. Un camino serpenteaba suavemente hasta él, y de allí se dividía en otros más que se perdían cada uno en su propia lejanía, buscando pueblos o aldeas en las que detener su marcha.

    Al poco de continuar nuestra marcha, y sin haberlo visto casi hasta encontrárnoslo delante, se acercó a nosotros con la mano extendida en ademán de estrecharla con la nuestra un hombre enjuto, mayor, vestido con un chubasquero verde, de pelo blanco y llevando un sombrero lleno de chapas y un cartelito que decía “Alejandro Sandoval Ortega el amigo del peregrino”.

    - Buenos días tengan ustedes amigos –nos dijo.

    - Buenos días

    - Soy Alejandro Sandoval, el amigo del peregrino.

    - Encantados –le dimos nuestros nombres-.

    Tras este curioso saludo inicial, Jandro –que es así como le gusta que le digan-, comenzó a explicarnos su vida y el porqué de estar ahí saliendo al paso de los peregrinos, que no era cosa de locura ni aburrimiento, sino de algo más profundo.

    Si llegan a decírselo hace algunos años, Jandro ni se lo hubiera creído. Hasta entonces, había pasado casi toda su vida plácidamente, viviendo de su trabajo en una capital castellana, sin que nada le sobrara, ni nada le faltara; es más, él siempre se enorgullecía de lo que tenía, y decía no necesitar nada más.

    Eran su mayor riqueza su esposa, con la que llevaba ya muchos años casado, una hija y un pequeño nieto, que había sido el colofón a sus humildes aspiraciones. Era su alegría, su vida misma.

    Pero llegó el día en que descubrió que, a pesar todo, podía quedarse sólo: su amada mujer murió, y la casa en la que había compartido tantos años de amor y complicidad, se le llenó de sombras cargadas de recuerdos… Tenía que marchar, huir, pero no junto a su hija como un viejo molesto que termina por ser una carga. No.

    El iría a otro sitio, más lejano en el tiempo: a sus orígenes…

    Jandro había nacido en un pueblo de Tierra de Campos. Allá conservaba la casa de sus padres, en la que podría vivir con toda comodidad haciendo unas pocas reformas. Aunque su hija pareció resistirse al principio, terminó por acceder, es más: le mandó acompañado del pequeño nieto, sin que quedara claro ahí quien era el que iba a hacerse cargo de quién.

    El caso es que los primeros meses pasaron sin pena ni gloria. Mientras Jandro entretenía su tiempo entre paseos, alguna que otra reparación de la casa y charlas con los vecinos, su nieto se iba haciendo poco a poco a la vida en aquél pueblo.

    Cuando no tenían nada mejor que hacer, se juntaban los dos en la recocina de la casa, y mientras uno se entretenía mirando la televisión, el otro gustaba de asomarse a la ventana de la casa a ver quién pasaba delante de ella. Se hacian compañía el uno al otro sin interferirse, con total independencia.

    Estaban en esto una tarde, cuando el nieto le dijo señalando al exterior:

    – !Jo, cuantos peregrinos pasan todos los días por el camino, abuelo!

    Al oirlo, sin saber explicar muy bien porqué, Jandro sintió la necesidad de abandonar aquella vida de encierro. Quizá fuera porque estaba acostumbrado a comunicarse con los demás, a tratar con gentes de todos los tipos y eso, ahora más que nunca, era lo que necesitaba…

    - Seguro que a ella -pensó-, no le hubiera gustado que me quedara el resto de mi vida sin hacer nada, esperando la muerte.

    Jandro se decidió a abandonar su soledad, a recorrer los caminos que rodean el pueblo -y los que están más allá del horizonte-, para conocer a todos esos forasteros que pasaban un día tras otro por delante de su casa.

    Apagó el televisor, tomó una pequeña agenda que le habían regalado en una caja de ahorros, y salió con ella al camino a pedir a todo el peregrino que se encontraba que le escribiera una dedicatoria. ¿Qué mejor manera de romper el hielo y entablar una conversación?, ¿no era sino una forma de acabar con su soledad?.

    Han pasado cuatro años desde entonces, y son ya más de un millar las personas que han ido dejando su estela en los cuadernos de ese curioso y amable personaje. Cuando aborda al peregrino lleva siempre una sonrisa y la mano extendida, lo detiene unos minutos para contarle alguna anécdota de quienes pasaron antes que él, y después lo despide pidiendo que nunca se le olvide…

    Nosotros, claro está, no fuimos menos, y cuando nos llegó el momento apuntamos nuestro nombre en su libreta y prometimos además escribirle una postal desde San Sebastián una vez que regresáramos. Todavía tuvo tiempo de contarnos un par de divertidas anécdotas más sobre los que pasaron por ahí antes que nosotros, hasta que vio en la lejanía que se acercaba otro peregrino, y tras despedirse de nosotros marchó hacia él.

    Continuamos hacia Boadilla y poco antes de llegar, se paró una furgoneta de la Junta de Castilla y León dedicada a atender a los peregrinos. Por la ventanilla asomó una chica joven que tras preguntarnos amablemente si todo iba bien, nos saludo y se marchó a continuar con su trabajo.

    La iglesia parroquial de Nuestra Señora de la Asunción preside el caserío de Boadilla del Camino, pueblo de unos 200 habitantes que resulta ser una pequeña sorpresa para el caminante: es un lugar muy agradable, con frescos arbolados, tranquilo, rodeado pequeños canales y riachuelos, y cuenta además con un rollo de justicia que es sin duda alguna uno de los más bonitos de Castilla.

    La picota, que también así le llamaban a esas columnas, da testimonio de la independencia jurídica de la que gozó este lugar desde tiempos de Enrique IV, a finales del siglo XV. Con sus más siete metros de altura, uno intenta imaginar cómo se impartía justicia a los reos, o cómo estos eran encadenados a ella mientras esperaban su traslado a alguna prisión; cabe imaginar que en muchas ocasiones eran apedreados o agredidos por los mismos vecinos del pueblo…

    Estas columnas no era sino la representación física de la justicia del rey, y en agradecimiento por la merced otorgada, estos pueblos dedicaron muchos esfuerzos y dineros en hacer de la suya la picota más bella y lujosamente adornada.

    La de Boadilla es de forma octogonal, descansa sobre cinco escalones y está profusamente engalanada con molduras, rosetas y conchas de claras referencias jacobeas. Sobre el fuste descansa un gran capitel formado por dos bandas decoradas con cuatro cabezas de leones, junto a otros motivos vegetales, figurillas humanas y algunos animalillos de carácter fantástico.

    Boadilla, como hace presumir su nombre, fue también un importante punto de acogida de peregrinos, y parece ser que hubo en este lugar un hospital fundado por Antonio de Rojas, Obispo de Palencia y Arzobispo de Granada.

    Frente al rollo y a la hermosa parroquia de La Asunción vimos un albergue al que entramos, sin pensárnoslo dos veces, con la intención de tomarnos un café y alguna magdalena si nos la ofrecían; empezábamos a tener hambre y el aire de la mañana nos había destemplado un poco.

    Al pasar a su interior quedamos maravillados por su espléndida calidad: el albergue contaba con piscina, hierba bien cortada y un aspecto general muy agradable. Allá nos atendieron dos jóvenes que, por su acento, parecían argentinos y que además de ofrecernos un delicioso desayuno, charlaron con nosotros amigablemente durante un buen rato.

    De Boadilla salimos atravesando un tramo de camino a cuya izquierda se erigía una hilera de árboles que regala al peregrino con una agradable y fresca sombra. Después del descanso en el pueblo y aprovechando el aire, nos movemos lentamente, con la gozosa pereza de quien no tiene prisa ni un largo camino por delante.

    A poco, nuestro recorrido se une en paralelo al Canal de Castilla, dándonos la oportunidad de caminar junto a una de las obras de ingeniería más importantes de Castilla. Hay quien dice que en este punto del ramal norte del Canal, donde coincide con el Camino de Santiago, se cruzan la fe y la razón: es sin duda una curiosa mezcla…

    Esta obra fue idea de aquellos ilustrados idealistas, que soñaron con comunicar la meseta Castellana con los puertos de Cantabria, por medio de una serie de canales, que facilitase las exportaciones del grano y lana. Pero los retrasos, paros en su ejecución –las obras se prolongaron durante cerca de un siglo-, los continuos problemas económicos, y la aparición final del ferrocarril, dejó a la a la soñada empresa a medio hacer y sin su principal razón de ser.

    Del proyecto inicial quedan ahora 3 de los cinco ramales, algunos molinos, esclusas y otras dependencias del canal. A pesar de no ser terminado, sí que fue empleado durante mucho tiempo por barcazas que eran acarreadas por parejas de mulas que las arrastraban por los llamados “caminos de sirga”, justo en los bordes del canal.

    Estas barcazas podían transportar la misma cantidad de grano que treinta carretas de bueyes, lo que hizo que hacia 1.860, época de mayor esplendor, llegara a haber cerca de 400 de ellas recorriendo los tres ramales del Canal de Castilla. Se continuó utilizando como medio de transporte hasta 1.956, año en que quedó simplemente como canal de regadío.

    Caminamos en paralelo al canal, disfrutando de ese gran regalo que es para los sentidos sentir el aire fresco en la cara mientras se camina, escuchar el sonido de los juncos de la orilla moviéndose al son del viento y contrastar el verdor exuberante de la vegetación ribereña con el amarillo profundo de la tierra que se extiende tras ella.

    Así continuamos hasta llegar a las puertas de Frómista. Allá nos encontramos con el mayor salto de agua del Canal de Castilla, compuesto de 4 esclusas -las números 17, 18, 19 y 20-, que ofrecen un precioso espectáculo al peregrino. Cruzamos por el pequeño puente de una de las dichas esclusas al otro lado del canal, y nos detuvimos a disfrutar durante un rato del maravilloso espectáculo que nos ofrecía el lugar.

    De Fromista hay poco que decir que no se sepa: villa legendaria en el universo Jacobeo, fue antiguamente conocida como Fromista del Camino y, según dicen, procede su nombre del latín Frumentum que quiere decir trigo, algo que abunda por estas tierras que, según parece, ya le dio fama en tiempos de la romanización.

    Poco a poco fuimos acercándonos hasta la Iglesia de San Martín, nuestro destino en esta etapa del camino, pasando por las calles de los Franceses –en clara alusión a su origen jacobeo-, y la del Milagro –referida en este caso al que tuvo lugar en aquella iglesia, según dicen, allá por el siglo XV-. Parece ser, según cuenta la tradición, que el pecado de un penitente que deseaba comulgar impidió al clérigo desprender de la patena la Sagrada Forma que iba a suministrarle. Tras reconocer su indisposición para recibir el sacramento, el pecador confesó sus faltas y, tras ser absuelto, pudo entonces comulgar.

    Cuando uno llega hasta el templo de San Martín no puede sino sentir una doble sensación: por un lado la admira por su belleza románica casi tan perfecta; por otro, no puede si no recordar que dicha “perfección” no es debida sino a la polémica restauración a la que se le sometió para recuperarla del estado ruinoso en que se encontraba cuando fue declarada Monumento Histórico Artístico en 1894. Se llegó en ella a tales extremos de pretendido purismo que se eliminaron todos aquellos elementos que no correspondían a la construcción inicial y se “perdieron” algunas de sus piezas originales.

    De cualquier manera, sigue siendo un deleite visitarla, y aún más cuando se trata de finalizar una etapa de nuestro camino; entramos al interior y el encargado de su custodia no sólo selló nuestras credenciales, sino que nos invitó a pasar al interior a visitar el templo:

    - Pasad dentro –nos dijo-, descansad y reponed vuestro espíritu: vosotros que venís desde Roncesvalles, sabréis que aquí habéis llegado a la mitad de vuestro camino.

    Todavía no había amanecido cuando nos acercamos a la Iglesia de San Martín en Frómista, lugar donde finalizamos la anterior etapa y comenzábamos ésta. Como el recorrido de aquél día no parecía extremadamente complicado –apenas 19 kilómetros marchando sobre terreno llano-, decidimos empezarlo con calma, y tomarnos antes un café que nos ayudara a combatir el relente de la mañana.

    El lugar que elegimos para ello era un bar del que no recuerdo su nombre y del que sólo puedo decir que estaba dentro del pueblo, en el mismo camino. Cuando entramos había ya en él algunas personas tomando algo y mirando como adormecidos el televisor que daba las noticias desde un rincón del establecimiento. Pedimos dos cafés y en silencio nos entretuvimos en observar todo aquello que había a nuestro alrededor.

    En eso, entró una joven peregrina Belga a la que al poco abordó uno de los hasta entonces adormilados parroquianos del lugar, dándoselas de amable e interesado por su peregrinación: ella que no sabía nada de español y no quería resultar descortés con el lugareño…; él que no conocía otro idioma, y quería mostrar a la forastera vaya a saber usted qué virtudes del nativo del lugar…; y todos los demás que observábamos con cierta hilaridad el espectáculo que se nos estaba ofreciendo… Viendo que a pesar de la barrera idiomática, la joven peregrina sabía manejárselas muy bien por sí misma, decidimos abandonar el lugar y comenzar nuestra marcha.

    Al salir vimos que había comenzado a amanecer. En esta época del año lo hace más tarde que cuando comenzamos el camino, y eso es algo que se nota. El cielo parecía estar claro, cosa que nos alegró, pues los días anteriores había llovido casi sin interrupción y esto nos tenía algo preocupados. Estaba de un azul muy hermoso rizado por unas finas nubes de un intenso color naranja que hacían de aquella amanecida, mientras salíamos ya de Frómista, un espectáculo de ensueño.

    A uno le venían a la memoria aquellos versos con los Homero abre el canto VIII de La Iliada:

    “La aurora, de azafranado velo, se esparcía por la tierra,

    cuando Zeus, que se deleita con el rayo, convocó la asamblea

    de los dioses en la cima más alta del Olimpo, lleno de riscos…”

    Salimos de Frómista en dirección a Carrión por un andadero que discurrirá durante toda la etapa en paralelo a la carretera PA-980. Al poco, pasamos junto a un crucero en cuya base se representa, en una de sus caras, la cruz de Santiago sobre una concha y bajo ellas la fecha “MCMLXV”. En aquél lugar dejamos, como amigos que somos de cumplir con todos los ritos de paso, unas piedras, como antes parece ser que habían hecho muchos otros, a la vista de la cantidad de ellas que se apilaban en aquél lugar.

    A los tres kilómetros de marcha, tras apenas caminar 40 minutos, llegamos al primer municipio: Población de Campos. Antes de entrar en él, nos encontramos a la izquierda del camino con la ermita de San Miguel Arcángel, un hermoso conjunto rodeado de árboles y de una fuente. Es una pequeña edificación de claros orígenes románicos, dotada una única nave y en cuyo interior debe haber una imagen anónima de San Miguel Arcángel del siglo XVIII. Nosotros no pudimos verla, ni visitar su interior, pues cuando llegamos allá estaba cerrada.

    Camino del interior de pueblo nos encontramos un árbol en el que alguien, presumimos que un peregrino, dibujó con un cuchillo la imagen de un templo que asemejaba en algo al de Villalcazar de Sirga, pero bien podía querer representar al mismo parroquial de Población de Campos, al de Santiago o a ninguno en particular.

    Atravesamos el interior de Población de Campos, llegándonos hasta la ermita dedicada a Nuestra Señora del Perpetuo Socorro, cerca de la salida del pueblo. Esta se encuentra como hundida a un lado de la calle, y nos trajo a la memoria el efecto que producen los tell o las ciudades construidas a base de adobe de Oriente Próximo. Cuando se derruían sus edificios, se alisaban las ruinas y construía de nuevo encima, elevando cada vez más el nivel del suelo.Obtenido de «http://enciclopedia.us.es/index.php/Tell»

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    Volviendo a la ermita, parece ser que no es sino parte de la desaparecida Iglesia de San Pedro, perteneciente a la Orden de San Juan, posteriormente llamada Orden de Malta, a cuyo señorío estuvo adscrita esta localidad, llegando a ser cabeza de la Bailía de las Nueve Villas de Campos al organizarse la demarcación de encomiendas y bailías.

    Al salir del pueblo hay un puente en el que se le ofrece al peregrino la posibilidad de elegir entre dos itinerarios: continuar paralelo a la carretera que nos conduce hasta Villalcazar de Sirga por Revenga de Campos, o seguir la pista paralela al río Ucieza hasta Villalcázar de Sirga, pasando antes por Villovieco, para unirse a la anterior en Villarmentero de Campos.

    Aunque esta segunda es menos utilizada, es también la que corresponde, en parte, con el trazado más antiguo. Lo de en parte es porque inicialmente no pasaba por Villasirga –como sí lo hace ahora-, sino que continuaba por Villovieco y Arconada hasta Carrión.

    Decidimos continuar por la vía clásica, que en este caso no es la más antigua, y atravesando el puente del rio Ucieza, marchamos en dirección a Revenga de Campos.

    Continuamos por el andadero paralelo a la carretera, jalonado cada tanto por mojones que señalan el camino e impiden que los coches se cuelen en él. Como es habitual en este país, tan dado a los comportamientos antisociales y vandálicos, a muchos de los mojones les falta la loseta que los adornaba con el símbolo del Camino de Santiago. Es de imaginar que serán ya unos cuantos los hogares de gentes que viven o han pasado por aquí que se adornan con uno de estos símbolos jacobeos.

    En Revenga de Campos coinciden el Camino de Santiago con lo que en los últimos años se han dado en llamar la “Rutas de Carlos V”, pues fue una de las localidades de paso y pernocta de Carlos V en su primer recorrido por tierras castellanas, cuando tenía diecisiete años. Todavía permanece en pie la casa donde dicen que se constata documentalmente la estancia del Emperador aquella noche.

    Caminamos por la calle principal, la Calle de los Franceses, que hace también las veces de carretera general y Camino de Santiago, hasta encontrar un bar en el que se nos ocurrió parar a tomar un café y descansar un rato. Al entrar no había más que una joven de aspecto bastante abandonado y ajeno a lo que había a su alrededor, sentada en una esquina de la barra mirando a la ventana. Entramos, la saludamos y no obtuvimos ni el movimiento de una de sus cejas como respuesta.

    El bar estaba en total silencio; no había nadie en la barra, y no se nos daba ni razón ni apariencia de que lo fuera a haber en algún momento. Hicimos algo de ruido hablando alto para ver si alguien aparecía y nada; esperamos algo de tiempo, que aprovechamos para visitar el baño, y nada; volvimos a hablar alto, mirando esta vez a nuestra convidada de piedra por si pudiera decirnos algo: parecía que ni respiraba. Lo único que se oía dentro era el zumbido monótono del congelador. Nos fuimos como habíamos entrado.

    Más o menos a la mitad de la calle que cruza el pueblo, a mano derecha, dimos con la iglesia de San Lorenzo, a la que nos acercamos para intentar visitarla. Estaba cerrada, pero llamó nuestra atención un curioso obelisco que había frente a ella y ante el que nos detuvimos a leer lo que decía; estaba labrado en sus cuatro caras, y en una de ellas se decía:

    “Illmo. Sr. Dn. Batolome Amor murió en 11 D Dmbre. de 1867”

    En otra de las caras dice:

    “Dobla mortal la rodilla ante esta tumba elebada de un Gral. D Castilla la esposa aquí esta enterrada”

    Bartolomé Amor, que es a quien se homenajea aquí junto a su esposa, fue hijo de éste pueblo y sobresalió durante La francesada por defender la ciudad de Palencia de las tropas invasoras francesas. Combatió junto a Porlier y levantó diferentes guerrillas en Alava, La Rioja, Burgos y Soria con las que se destacó en diferentes combates. Como ocurrió a muchos de su generación, debió huir de España tras el fracaso del Trienio, y regresó para servir a las órdenes de Isabel II durante la primera Guerra Carlista y ocupar posteriormente el cargo de senador del reino.

    Nos entreteníamos en esas cosas, cuando los bocinazos de un coche nos sacaron de golpe de nuestra abstracción. Su propietario parecía estar llamando a los vecinos del pueblo desde una calle próxima al lugar donde nosotros estábamos y que conserva aún el nombre de José Antonio Primo de Rivera. El que tales ruidos hacía parece ser que era el panadero, no pudimos verlo bien desde donde estábamos, pero de inmediato se arremolinó a su alrededor un nutrido grupo de lugareñas que trataban y reían con el comerciante como si se conocieran de toda la vida.

    Al poco, una mujer acompañada de un niño pequeño se acercó a la puerta de la iglesia, sacó del bolsillo un manojo de llaves y abrió el enrejado del atrio y después la puerta:

    - ¿Se puede entrar a visitar el interior? –nos apresuramos a preguntarle.

    - Sí claro, pasen.

    Mientras la mujer cogía su material de trabajo y comenzaba con el barrido del templo, el niño que la acompañaba corría de arriba abajo por la nave de la iglesia en silencio, como queriendo disfrutar de sus juegos sin resultar irrespetuoso.

    En lo que veíamos, nos pareció que la Parroquia de San Lorenzo era una edificación barroca. Su interior, bastante sobrio, consta de una sola nave que se erige sobre un crucero. Hay también un retablo mayor dorado y una talla de San Lorenzo que, según nos dijo aquella mujer, debía ser del siglo XVIII.

    A Revenga se le ve orgullosa de su estatus jacobeo. Prueba de ello es el tesón con el que defienden dicho título aprovechando cualquier ocasión para sacarlo a relucir. No en vano miran con cierto recelo esa ruta alternativa que se ofrece al peregrino a su salida de Población de Campos y que les deja al margen del paso de los peregrinos.

    - Quieren sacar dinero a los peregrinos y hacer negocio con ellos, por eso se inventan ahora otras rutas que quieren quitarnos lo que siempre ha sido nuestro –nos dijo en Frómista una hija de este pueblo con la que tuvimos la oportunidad de charlar.

    La Peña local “El Fardel” también se muestra militante en estos asuntos, y reivindica que se oficialice el paso del camino por ese lugar: “no queremos rutas alternativas” manifiestan.

    En Revenga, cada uno a su manera, todos parecen haberse tomado el asunto muy en serio y a modo de homenaje, el herrero local, Ángel Abad, realizó hace pocos años una escultura metálica representando a un peregrino, y que poco a poco parece ir convirtiéndose en un icono más del camino.

    Entre Revenga y Villarmentero la marcha es breve y parecida a lo que llevamos hecho de etapa. Poco antes de entrar en el pueblo encontramos a nuestra derecha un sencillo crucero, como abandonado en medio del campo, que recuerda la leyenda de las reliquias de San Martín de Tours.

    Según nos contaron, los restos del santo desaparecieron de la ciudad francesa de Avignon, cuando estaban amarrados a un mulo para ser transportados a otro lugar, y misteriosamente –milagrosamente, según nos corrigió nuestro interlocutor-, aparecieron en el mismo lugar donde ahora está el crucero.

    De ahí la mula se llegó hasta el pueblo y entró en la iglesia, a la vez que las campanas del templo comenzaban a sonar como si alguna mano invisible las volteara. Los vecinos del lugar, atónitos por tan misteriosa aparición, se quedaron observando a esa mula que cargaba un gran bulto sobre el lomo.

    Pero a esta no debió acomodarle la iglesia de Villarmentero, y al poco tomó el camino que le condujo hasta la iglesia de San Martín de Ribas de Campos donde ahí sí, decidió dejar en depósito tan preciada carga, para que se conservaran como se hace aún hoy según afirman, las reliquias de San Martín de Tours.

    Agradeciendo a nuestro interlocutor tan prolija y entretenida explicación, nos despedimos de él y continuamos nuestro camino para entrar en Villarmentero de Campos. Lo primero que nos sorprendió de este pueblo fue el bar-terraza que hay a su entrada, y en el que se acoge al visitante con música Gregoriana; según se ve acabando de llegar al pueblo, y todavía mediatizado por la visión del crucero ante esa solemne llanura y los influjos de la leyenda, uno que oye cada vez con más claridad dicha música, se siente embargado por una sensación un tanto mística.

    Pero leyendas y músicas aparte, si hay algo que sorprende al caminante en su visita a Villarmentero es su templo parroquial de San Martín de Tours que, a pesar de su modesta fábrica, cuenta en su lado sur con un pórtico cubierto adornado con un bello artesonado de madera sin pintar del siglo XV. De mayor calidad es el artesonado de la misma época que cubre el presbiterio de esta iglesia de una única nave, y que si el peregrino tiene la suerte de encontrar el templo abierto, es una visita totalmente recomendable.

    Cuando regresábamos del templo hacia el camino, nos alcanzó un peregrino italiano que parecía haberse despistado y nos preguntó por la dirección que había que tomar para llegar a Villasirga.

    Continuamos la marcha hacia nuestro destino, como llevamos haciendo toda la etapa, en paralelo a la carretera de Carrión. Por el andadero no es raro cruzarse con hombres y mujeres del lugar que, en una dirección u otra, emplean el camino de peregrinos como lugar de paseo o desplazamiento entre pueblos. Esto da un sabor agradable y especial a la travesía.

    Villasirga no estuvo inicialmente en el camino de peregrinación a Compostela, ya que desde Frómista a Carrión se pasaba, en un principio, por la cercana villa de Arconada, donde existía un importante hospital fundado por el conde Gómez Díaz en 1047. Con el tiempo, la ruta se modificó debido especialmente a la fama de la imagen de la Virgen Blanca, que convirtió a la localidad en uno de los centros marianos más importantes del Camino.

    En la popularidad del lugar y de la imagen de la virgen blanca, no tuvieron que ver poco los milagros que se le atribuían y que fueron recopilados por el Rey Sabio de Castilla Alfonso X, en 12 de sus Cantigas:

    “Esto ocurrió en aquél tiempo

    en que la virgen comenzó

    a hacer en Villasirga

    milagros, por los que sanó

    a muchos de enfermedades

    y a muertos resucitó…”

    Actualmente no queda claro cuál de las dos imágenes que existen dentro del templo es aquella a la que se refieren las Cantigas y que fue en su época venerada por milagrosa.

    También existen dos representaciones de Santiago, una de las cuales está en el retablo a él dedicado y que nos lo muestra doliente, caminando con un libro en una mano, un bordón en otra y la calabaza ceñida a la cintura. Pero lo que además puede llamar la atención del curioso, es el sello de fábrica que su autor, el escultor renacentista palentino Juan de Valmaseda, imprimía a todas sus obras como marca diferenciadora: tenía como costumbre esculpir a muchos de sus personajes con un dedo del pie hacia arriba y este Santiago no fue una excepción.

    Y es que la monumentalidad y riqueza de la iglesia de Santa María, lejos de quedar fuera, en lo que ve el visitante según se va acercando a Villasirga, es mayor y produce más deleite al peregrino que gusta de estas cosas en su interior.

    Aún a pesar de todo lo dicho hasta ahora del lugar, al visitante le parecerá seguramente que son los dos sepulcros que hay en su interior las joyas más impresionantes que custodia el templo. Y no le falta razón para ello. Si el peregrino tiene la oportunidad de acercarse a ellos o de observarlos desde las verjas que los custodian con unos prismáticos, podrá recrear su vista en un precioso conjunto de relieves policromados que van describiendo los ritos funerarios medievales.

    Pero no nos detengamos más aquí, que no pretendo hacer de esto una guía de viajes, si no más bien ir anotando el testimonio de nuestra peregrinación para mantener vivo en el recuerdo lo que nos ha ido aconteciendo.

    Como todo hay que decirlo y conviene no callar nada, aun cuando ello no sea algo bueno pero sí cierto, diremos que es fama que en esta iglesia, a pesar de su magnificencia, la persona que se ocupa de mostrarla a los visitantes está las menos de las veces, ya que las más está ausente ocupándose vaya usted a saber de qué particulares. En aquella ocasión, que llegamos como peregrinos, y en otra visita que hicimos como turistas al lugar unos meses antes nos ocurrió eso mismo.

    El caso es que tras disfrutar en solitario el interior del templo y sellar por nosotros mismos la credencial, nos acercamos al bar que hay frente a él para tomarnos un café.

    - ¿Y ustedes desde dónde vienen? – nos preguntó el dueño del bar.

    - Desde Roncesvalles, aunque no lo estamos haciendo de tirón; aprovechamos días de fiesta y vacaciones para ir haciendo el camino poco a poco… -le explicamos lo que ya habíamos repetido en diferentes ocasiones.

    - Pero por lo que veo no es la primera vez que vienen por aquí

    - Solemos venir con alguna frecuencia, aunque esto ha cambiado un poco, ¿no? –dijimos refiriéndonos a la horrible y destructiva obra de “restauración” que se ha hecho del atrio de la iglesia.

    - Bueno, parece ser que estaba aquello que se caía…

    Nos despedimos de nuestro contertulio y al salir del local vimos que en una mesa descansaba frente a un café el italiano que habíamos visto desorientado en Villarmentero.

    Continuamos nuestra marcha con la intención de unirnos al camino a la salida del pueblo. Antes, pasaríamos junto a otro templo, esta vez profano por ser del buen yantar, que nos trae a la memoria uno de los personajes más emblemáticos de los últimos tiempos del Camino y que desgraciadamente ha fallecido en fechas recientes a los 83 años de edad.

    Me refiero, claro está, a Pablo Payo Pérez, mesonero mayor del Camino de Santiago, y uno de sus embajadores desde los dos mesones que regentaba, donde nunca faltaron unas sopas de ajo para los miles de peregrinos que hicieron un alto en su caminar para alcanzar el jubileo Compostelano. En memoria de Pablo se ha levantado a la puerta de su mesón una estatua conmemorativa en la que se le representa sentado a una mesa, dispuesto a recibir en su compañía a todo aquél peregrino que pase ante su puerta.

    De él queda en todos los que le hemos conocido un buen recuerdo que ahora deben mantener sus hijos, sin dormirse en la confianza en la que han vivido protegidos hasta ahora por el saber hacer de su padre. El tiempo hablará…

    http://www.exorientelux.org/

  11. 2009 Agosto 28
    La hospitalaria Enlace permanente

    Un autocar para junto a la iglesia. Sus ocupantes son ciegos. Cada uno, con su bastón blanco y un acompañante, entra a la iglesia. ¿Qué sentirán los ciegos dentro de esta iglesia?. Algo han de notar cuando les traen. Pienso, no sé por qué, que todos somos ciegos en el vientre de nuestra madre.

    http://www.atienza.info/camino/textos/Etapas32.htm

  12. 2009 Agosto 29
    María Camino Enlace permanente

    DEL DIARIO DE UN MISIONERO JAVIERANO

    El camino en fuerte subida nos permite ver un paisaje espectacular. Los campos están en todo su esplendor, y flores rojas, amarillas, azules, rosas… le dan un encanto aún mayor que me recuerda la frase de Jesús sobre los lirios del campo, y no resulta difícil comprender de dónde sacaba Van Gogh la inspiración para algunos de sus cuadros.

    “¿Por qué os preocupáis del vestido? Mirad cómo crecen los lirios del campo, no se fatigan ni hilan; pero yo os digo que ni Salomón en todo su esplendor se vistió como uno de ellos. Pues si Dios viste así a la hierba del campo, que hoy es y mañana se echa al fuego, ¿no hará más por vosotros, hombres de poca fe?” (Evangelio de San Mateo 6,28-30).

    Contra lo que dicen las guías, en Itero de la Vega hay tiendas, así que nos hemos cargado de comida desde Castrojeriz sin necesidad.

    Entre Itero y Boadilla adelantamos a uno de los varios peregrinos que hacen el camino con su burro. Y sentimos que nuestro honor está a salvo llegando antes que el burro a nuestro destino.

    En Boadilla del Camino nos alojamos en el albergue municipal, que ocupa el edificio de las antiguas escuelas. Los servicios y duchas están bastante descuidados. Nos explican que la señora que se encargaba de atenderlo murió hace poco. Ahora se limitan a limpiarlo, pero no a su manutención. Lo mismo pasa con la iglesia: el señor que tenía la llave murió hace poco y ahora los vecinos no saben ni quién tiene la llave (creen que la tiene sólo el cura) ni cuándo se abre la iglesia. En toda la tarde no se abre, así que nos quedamos sin verla por dentro. Por fuera, una placa recuerda que en Boadilla del Camino nació Nicolás de Bobadilla, uno de los primeros compañeros de San Ignacio cuando fundó la Compañía de Jesús y también uno de los designados para ir de misionero a la India. Pero al caer enfermo Nicolás, San Ignacio tuvo que cambiar de planes y enviar a San Francisco Javier, hoy patrón de las misiones.

    La tarde resulta aburrida porque Boadilla no ofrece nada y llueve a ratos, la única actividad se percibe en los bares. Al menos en la pared exterior del albergue hay una pantalla interactiva de turismo palentino que nos da datos de Frómista y Carrión de los Condes.

    Amanezco lleno de granos causados por una pulga o por una araña (o por una legión de ellas).

    Lluvia suave y pertinaz al inicio del camino. Parece que escapamos a grandes chaparrones, si es eso lo que anuncian los negros nubarrones que dejamos atrás.

    Enseguida encontramos el Canal de Castilla, el camino va paralelo al canal hasta entrar en Frómista. Me encanta ese tramo, con el agua y la suave lluvia que nos acompaña.

    Vemos por fuera la iglesia románica de San Martín de Frómista. Una maravilla que no podemos ver por dentro porque tendríamos que esperar más de una hora y nos quedaríamos fríos después para continuar. Hay quien dice que cuando la restauraron la transformaron bastante. En todo caso, es un placer estar ante un monumento así.

    El camino discurre por pueblos agradables en los que se han preocupado de preparar áreas de descanso con fuentes. Gracias. No hace calor al inicio, pero hacia mediodía sale un fuerte sol. Óscar había encontrado su ritmo de marcha y se nos había adelantado, pero al llegar a las proximidades de Villalcázar de Sirga nos lo encontramos sentado en el suelo, con la mochila a un lado, diciendo que no puede dar un paso más porque le duelen mucho los pies. Llevamos tiempo oyendo las campanas de la iglesia que suponemos anuncian la eucaristía a las 12 (es domingo), así que se nos ocurre participar en esta eucaristía y ya veremos después lo que haremos según las fuerzas que tengamos. Al ir hacia la iglesia vemos que el albergue abre a las 13, buen horario porque si no estamos en condiciones de seguir tampoco nos harán esperar mucho para ducharnos.

    La iglesia de Villalcázar es una maravilla, mezcla de varios estilos según las reformas que le fueron haciendo a lo largo de los siglos. Dicen que fue un centro templario

    http://www.euskalnet.net/diariosdeperegrinos/antonio.serrano.insausti.htm

  13. 2009 Agosto 30
    La hospitalaria Enlace permanente

    ÍTERO DEL CASTILLO
    San Nicolás
    o el refugio
    de los peregrinos del Camino
    A principios de los años noventa y desde hacía casi un siglo, la ermita de San Nicolás de Itero del Castillo era un edificio en ruinas; cuatro paredes en las que no descansaba ni tan siquiera la cubierta. Eran las ruinas de un antiguo hospital de peregrinos que a su vez formaban parte de una iglesia más importante que se extendía por toda la finca. La propiedad del inmueble correspondía al Arzobispado y allí tuvo que dirigirse el estudioso italiano Paolo Caucci cuando conoció el lugar. El catedrático de la Universidad de Perugia y presidente de la Confraternita di San Jacopo, perteneciente a la institución académica, desveló su proyecto de convertir la ermita en albergue de peregrinos. Consiguió la cesión del uso por parte de las autoridades eclesiásticas y subvenciones para materializar la iniciativa. Las obras de reconstrucción y acondicionamiento comenzaron en 2003 y dos años más tarde el albergue de San Nicolás recibió a los primeros peregrinos. Cuenta con un máximo de doce plazas y está abierto de mayo a octubre. El promotor de la idea también compró un solar adyacente donde se encuentran ubicados distintos servicios como los aseos y las lavadoras. El recinto está gestionado por socios de la Confraternitat, que regresan a Itero cada año para mantener vivo el espíritu del Camino de Santiago. Todos los 20 de julio se celebra una romería y se abre la iglesia al culto.

    http://www.diariodeburgos.es/noticia.cfm/Provincia/20090301/cuando/culto/da/paso/cultura/BF1C761D-1A64-968D-59AF92C8940F049F

  14. 2009 Septiembre 6
    La hospitalaria Enlace permanente

    DE LA EXPERIENCIA DE ZANJAS PROFUNDAS

    … cortesía francesa que no se volvería a repetir en ningún sitio del Camino, salvo en dos albergues parroquiales, en los cuales el precio era la voluntad. Al respecto he de decir, que uno, por muy ateo que sea, no es gilipollas y no deja de reconocer los valores de (y asociados a) ciertas manifestaciones religiosas. La tradición hospitalaria del Camino donde mejor se mantiene es, precisamente, en estos sitios: nos tratan mejor, con más cariño, y además los albergues suelen ser edificios antiguos, se respira un ambiente más auténtico. Difícilmente parte de la voluntad que dejemos va a ir a parar a la Iglesia, pues los hospitaleros, gente voluntaria, también come, y come de lo que dejan los peregrinos, que por otro lado tampoco es mucho; el albergue necesita mantenimiento, etc. Es más, si uno realiza una ruta de peregrinación conviene intentar imbuirse de ese espíritu místico que tanto critica alguno de mis lectores; si no recuerdo mal en este mes he asistido a 4 misas enteras y una homilía, aparte, por supuesto, de entrar en casi todas las catedrales, iglesias y ermitas que encontraba a mi paso; también me quedé con las ganas de asistir a una misa con coro en un pueblo perdido de la Rioja (creo) y a la de la catedral de Burgos, que se hacía en la capilla Barroca. Lo que más me interesa de una misa es la homilía y las lecturas de los evangelios y otros textos, es decir, aquello que cambia un poco de una misa a otra; el resto es igual, y habiendo estudiado 8 años en los Salesianos me sé de carrerilla todos los rezos, contestaciones al cura, etc. Yo, como ateo, ni contesto ni me persigno -sí, se dice “persignar”, no “presignar”, pues se trata de hacerse el signo (de la cruz) alrededor (per) del cuerpo, no “antes de” (pre); antes ¿de qué?-, o sea no contesto en voz alta, pero como me sé toda la cantinela, ésta se canta sola por dentro. Bueno, un día me tuve que persignar: fue el día que me dieron la bendición del peregrino a mí solo, a orillas del Pisuerga, en la ermita de San Nicolás de Beri, no le iba a hacer el feo al hombre, que se había ataviado con capa de la fraternidad de “algo del Camino”; además fue un momento muy emotivo. Claro, todo esto se lo conté, por hablar de algo y llegando a Santiago, a uno de los pocos peregrinos españoles que hacía el Camino por motivos devotos, lo cual era, para él, una llamada interior que me hacía Cristo, Dios o el Espíritu Santo. El personaje en cuestión también era para echarle de comer aparte, bueno, de comer y de dormir, porque al parecer (yo no tuve la desgracia de padecerlo) sufría de apnea del sueño y lo suyo no era roncar, era rugir, era tronar, era insufrible. Era un católico practicante, pero lo interesante era que practicaba las buenas obras (visitar a los enfermos, mayores, ayudar al prójimo, es decir, era buena persona, para lo cual uno no necesita ser creyente, por supuesto, pero si ser creyente ayuda a alguien a ser buena persona, pues vale… Solo habría que derrocar al Vaticano en pleno y poner al frente a Jon Sobrino, Leonardo Boff, Gutiérrez Merino y otros de la misma onda.

    Según él, comprendía perfectamente que fuese ateo, pues había estudiado en los Salesianos, gente que no sabe transmitir la fe, la gente que más daño a hecho a la Iglesia. Lo cierto es que este hombre anda un poco a caballo entre el protestantismo (tanta oración y tanta vivencia interior) y el catolicismo (que lo que propone es un modelo de convivencia, político, pues). Pero efectivamente: los Salesianos nacieron como movimiento educativo para incorporar a los hijos de los obreros y clases desfavorecidas, en primer lugar, dentro del sistema productivo capitalista, en segundo lugar, dentro de la ideología católica.

    Y todo esto sin desayunar.

    http://rossanova.blogspot.com/2007/09/camino-santiago-vi-el-profesor-molay.html

  15. 2009 Septiembre 18
    María Camino Enlace permanente

    Al dia siguiente con las primeras luces nos preparamos para acometer la temida cuesta de Mostelares,corta ;pero con un considerable desnivel, a apenas dos kilómetros de la salida del pueblo y donde dias atras perdio la vida un peregrino austriaco, que por desgracia no será el único en un corto espacio de tiempo.

    Eduardo,hospitalero y dueño del albergue “En el Camino”,nos recibe con su sonrisa de siempre.La mañana del día siguiente sera una fecha dificil de olvidar tanto para él como para todos los que esa noche pernoztamos en su albergue;un peregrino,quizás hastiado de las mezquindades de los caminos terrenales,decidió enprender el único y auténtico camino,el solitario camino “de las estrellas”.Cuando sus compañeros le fueron a despertar,la decisión ya había sido tomada.No tengo la menor duda del que el Apostol sería su compañero en esta última etapa.
    Con el mal sabor de boca,propio de la situación,emprendemos camino hacia Villalcazar de Sirga.

    http://vivenciasdelcamino.blogspot.com/search/label/2009%20Un%20final%20inesperado

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