Ayer recorrí, maravillado, Santiago durante cuatro horas, acompañado de un joven escritor, poeta de esta extraordinaria “ciudad de la piedra”, que ha conservado una formidable unidad; el conjunto de la ciudad es monumento nacional y nada puede modificarse. No existen escaparates de relumbrón ni reclamos publicitarios. Por todos lados hay enormes edificios medievales, pequeñas rúas con baldosas de piedra de un metro o metro y medio. Por la noche, todo es en esta ciudad mágico, poderoso, misterioso, iluminada, como antaño, por viejos faroles de gas, hábilmente “electrificados”. Un paseo de locura.
Santiago, lunes, 23 de Julio de 1951.
Carta 32
Ayer fue una jornada maravillosa. Mis amigos, acompañados del pintoresco poeta-anarquista local, me han llevado a realizar una gran excursión. En primer lugar, por las montañas, inmensa sinfonía en verde, nada más que verde, del verde oscuro de los abetos y los bojes al verde dorado de los pastos. Bellos cruceiros, como en Bretaña. Viejos “Pazos” -palacios-, bastante austeros, pues la piedra oscurece y reverdece bajo la lluvia, pero a los bellos soportales del XVIII, completamenmte rodeados de follaje, las masas de agua les da un negro brillante. Esta región tiene un castillo-fortaleza. Hemos subido hasta ahí (¡es agradable hacerlo en un buen vehículo!) y a la cima de las montañas más altas, desde donde se divisan paisajes prodigiosos. Desde lo alto de estas rocas fabulosas, gris claro, se ve, de un lado, bajo las inmensas nubes, la evolución de las gigantescas montañas; del otro lado, el Océano Atlántico, con sus bahías azules, orladas de blanca arena, de grandes islas verdes. Hemos ido por la orilla de la playa durante mucho tiempo; hemos atravesado coquetos pueblos pequeños muy viejos, para llegar al estuario donde desembarcó Santiago y donde, más tarde, su cuerpo fue transportado en la famosa “arca” de piedra. Encantador anacronismo de la escultura del siglo XVI, que recuerda aquel suceso prodigioso encuadrado en el. . . Toison de Oro (¡otra bella aventura!) y sobre la cual, en la pequeña bandera que flamea sobre la barca de piedra, está marcada. . . ¡La Cruz de Borgoña! ¡Fueron nuestros borguiñones los que realizaron tal hazaña!
Regresamos a lo largo del río que remontó la barca. Callejeamos por las rúas antiguas. Se podría deambular durante quince días por esta pequeña villa, la más “densa” que he conocido, toda irregular, con sus arcos, sus soportales, sus puertas labradas, sus luces, sus sombras. Todo aquí tiene, intensamente, un alma.
Santiago, martes, 24 de Julio de 1951.
Carta 31
Ayer fue una jornada verdaderamente apasionante.
Por la mañana visité con el poeta, que me recitaba -en las callejuelas exactamente iguales, con sus losas, su mugre, sus gallinas y polluelos, a como eran las de la Edad Media, poesías en gallego de la época, los vetustos conventos y los viejos barrios. Comida en común en un pequeño restaurante popular: platos regionales (por aquí se cocina divinamente).
Para después de almorzar, mis amigos me habían conseguido una invitación del más famoso arqueólogo de la comarca, un canónigo colosal que durante cuatro horas me ha mostrado el antiguo palacio de los Arzobispos, del Siglo XII, algo absolutamente inaudito como atmósfera; es el monumento número uno de la arquitectura civil en España; en él se conjugan gravedad, simplicidad de las estatuas, nobleza, poderío; después me ha descubierto, y hecho abrir, las puertas más enormes y más secretas para hacerme acompañar, por otro canónigo (es toda una ceremonia), al famoso. . . Codex Calixtinus, maravilla de frescor, con una escritura espléndida y con obras maestras de miniaturas (siglo XII), en un estado sublime, conservado también celosamente. De hecho, ésta es mi última jornada, pues mañana será el gran espectáculo, fuera de serie, con cien mil gallegos presenciando y participando en las ceremonias fastuosas de la Catedral (algunas horas), la danza de los gigantes ante el Santísimo Sacramento, el mercado (todos los animales. . . y las gentes de esta tierra). Ya en sí mismo, ésto será, al parecer, formidable.
Carta 34
Festividad de Santiago, Miércoles, a media noche.
Carta 35
Mis últimas horas en Santiago tocan a su fin. Corro, vuelo. El corazón se me oprime en el pecho, pues esta ciudad es formidable, estas fiestas me han cautivado el alma y tengo mis sentidos llenos de una gran melancolía por tener que irme. ¿Cuándo volveré otra vez por aquí? Esto es el fin del mundo. . . Acabó, sin duda, para siempre, mi gran alegría peregrina. . .
Gran fiesta nocturna, el día 24, delante de la Catedral, fue fantástica: fuegos artificiales grandiosos y muy significativos: una mezquita que se enciende a los pies de las torres y sucumbe, entre los múltiples deslumbramientos, ¡ante la Cruz! Cien mil personas presentes; por todas partes andan las bandas de “gaiteiros” tocando sus gaitas, las ancianas venerables rezan bajo el Pórtico de la “Gloria”, otras mujeres pasan portando su gran cesta sobre su cabeza.
En esta mañana he participado, durante tres horas, de los oficios divinos, con una pompa verdaderamente oriental, con el “botafumeiro”, incensario fabuloso, izado por los “tiraboleiros” y lanzado con fuerza y acompasadamente, oscilando de un lado al otro, a lo ancho de la Catedral (¡sesenta metros tiene el crucero!), esparciendo en ese ambiente irreal el aroma inefable y sublime del incienso. La ofrenda del “voto” (mil ducados) al Apóstol fue presentada por el Delegado del Gobierno y refrendada por el señor Arzobispo de la ciudad, etc. . .
Jueves 26 de Julio de 1951. Mediodía.
Arranco. No sabes cómo tengo el corazón de dilatado al tener que irme de aquí. He comulgado esta mañana en la cripta ante el altar donde se encuentra el sepulcro. De nuevo, he participado de la admirable Misa Mayor. No me decidía a salir, no podía, sentía el ánimo atribulado y no hallaba las fuerzas para reemprender la marcha, mi regreso.
Me levanto y echo a andar / Sin lavarme la cara / Tal vez complete un trecho / En la Gran Espiral / Con las cosas que he ganado / Y las que he perdido / Mi ceguera y mi bastón / En el camino... Si me ves dormido / Sabe el alba que si quiere yo / La espero en el camino / Y todos mis pecados / Viajarán conmigo / Hasta el más puro final / Del camino.//
De la canción la ‘Cruz de Santiago’
Lanza bien los dados
porque el juego del camino ha comenzado,
agudiza tu ingenio,
sírvete de mancias,
sírvete del tarot,
lee en el alma del bosque
adivina dónde la muerte se escondió
-MAGO DE OZ-
Pero qué es el alma, ¿un mito? ¿es inmortal? ¿pesa 21 gramos?
.
.
Nosotras hemos llegado a la conclusión de que el alma es la verdad de uno pero nos encantaría conocer cual es tu opinión al respecto (aquí)
El Espacio y el Tiempo son modos mediante los que pensamos, no condiciones bajo las que existimos. El Tiempo que percibimos a través de los relojes y los calendarios es una invención que sólo concierne al hombre y a su interpretación del mundo. – ALBERT EINSTEIN -
DE LA VIVENCIA DE WILLIAM RAMOS…
http://porsiempreperegrino.blogspot.com/
DE LA PEREGRINACIÓN FINALIZADA DE LEON DEGRELLE
Carta 31
Ayer recorrí, maravillado, Santiago durante cuatro horas, acompañado de un joven escritor, poeta de esta extraordinaria “ciudad de la piedra”, que ha conservado una formidable unidad; el conjunto de la ciudad es monumento nacional y nada puede modificarse. No existen escaparates de relumbrón ni reclamos publicitarios. Por todos lados hay enormes edificios medievales, pequeñas rúas con baldosas de piedra de un metro o metro y medio. Por la noche, todo es en esta ciudad mágico, poderoso, misterioso, iluminada, como antaño, por viejos faroles de gas, hábilmente “electrificados”. Un paseo de locura.
Santiago, lunes, 23 de Julio de 1951.
Carta 32
Ayer fue una jornada maravillosa. Mis amigos, acompañados del pintoresco poeta-anarquista local, me han llevado a realizar una gran excursión. En primer lugar, por las montañas, inmensa sinfonía en verde, nada más que verde, del verde oscuro de los abetos y los bojes al verde dorado de los pastos. Bellos cruceiros, como en Bretaña. Viejos “Pazos” -palacios-, bastante austeros, pues la piedra oscurece y reverdece bajo la lluvia, pero a los bellos soportales del XVIII, completamenmte rodeados de follaje, las masas de agua les da un negro brillante. Esta región tiene un castillo-fortaleza. Hemos subido hasta ahí (¡es agradable hacerlo en un buen vehículo!) y a la cima de las montañas más altas, desde donde se divisan paisajes prodigiosos. Desde lo alto de estas rocas fabulosas, gris claro, se ve, de un lado, bajo las inmensas nubes, la evolución de las gigantescas montañas; del otro lado, el Océano Atlántico, con sus bahías azules, orladas de blanca arena, de grandes islas verdes. Hemos ido por la orilla de la playa durante mucho tiempo; hemos atravesado coquetos pueblos pequeños muy viejos, para llegar al estuario donde desembarcó Santiago y donde, más tarde, su cuerpo fue transportado en la famosa “arca” de piedra. Encantador anacronismo de la escultura del siglo XVI, que recuerda aquel suceso prodigioso encuadrado en el. . . Toison de Oro (¡otra bella aventura!) y sobre la cual, en la pequeña bandera que flamea sobre la barca de piedra, está marcada. . . ¡La Cruz de Borgoña! ¡Fueron nuestros borguiñones los que realizaron tal hazaña!
Regresamos a lo largo del río que remontó la barca. Callejeamos por las rúas antiguas. Se podría deambular durante quince días por esta pequeña villa, la más “densa” que he conocido, toda irregular, con sus arcos, sus soportales, sus puertas labradas, sus luces, sus sombras. Todo aquí tiene, intensamente, un alma.
Santiago, martes, 24 de Julio de 1951.
Carta 31
Ayer fue una jornada verdaderamente apasionante.
Por la mañana visité con el poeta, que me recitaba -en las callejuelas exactamente iguales, con sus losas, su mugre, sus gallinas y polluelos, a como eran las de la Edad Media, poesías en gallego de la época, los vetustos conventos y los viejos barrios. Comida en común en un pequeño restaurante popular: platos regionales (por aquí se cocina divinamente).
Para después de almorzar, mis amigos me habían conseguido una invitación del más famoso arqueólogo de la comarca, un canónigo colosal que durante cuatro horas me ha mostrado el antiguo palacio de los Arzobispos, del Siglo XII, algo absolutamente inaudito como atmósfera; es el monumento número uno de la arquitectura civil en España; en él se conjugan gravedad, simplicidad de las estatuas, nobleza, poderío; después me ha descubierto, y hecho abrir, las puertas más enormes y más secretas para hacerme acompañar, por otro canónigo (es toda una ceremonia), al famoso. . . Codex Calixtinus, maravilla de frescor, con una escritura espléndida y con obras maestras de miniaturas (siglo XII), en un estado sublime, conservado también celosamente. De hecho, ésta es mi última jornada, pues mañana será el gran espectáculo, fuera de serie, con cien mil gallegos presenciando y participando en las ceremonias fastuosas de la Catedral (algunas horas), la danza de los gigantes ante el Santísimo Sacramento, el mercado (todos los animales. . . y las gentes de esta tierra). Ya en sí mismo, ésto será, al parecer, formidable.
Carta 34
Festividad de Santiago, Miércoles, a media noche.
Carta 35
Mis últimas horas en Santiago tocan a su fin. Corro, vuelo. El corazón se me oprime en el pecho, pues esta ciudad es formidable, estas fiestas me han cautivado el alma y tengo mis sentidos llenos de una gran melancolía por tener que irme. ¿Cuándo volveré otra vez por aquí? Esto es el fin del mundo. . . Acabó, sin duda, para siempre, mi gran alegría peregrina. . .
Gran fiesta nocturna, el día 24, delante de la Catedral, fue fantástica: fuegos artificiales grandiosos y muy significativos: una mezquita que se enciende a los pies de las torres y sucumbe, entre los múltiples deslumbramientos, ¡ante la Cruz! Cien mil personas presentes; por todas partes andan las bandas de “gaiteiros” tocando sus gaitas, las ancianas venerables rezan bajo el Pórtico de la “Gloria”, otras mujeres pasan portando su gran cesta sobre su cabeza.
En esta mañana he participado, durante tres horas, de los oficios divinos, con una pompa verdaderamente oriental, con el “botafumeiro”, incensario fabuloso, izado por los “tiraboleiros” y lanzado con fuerza y acompasadamente, oscilando de un lado al otro, a lo ancho de la Catedral (¡sesenta metros tiene el crucero!), esparciendo en ese ambiente irreal el aroma inefable y sublime del incienso. La ofrenda del “voto” (mil ducados) al Apóstol fue presentada por el Delegado del Gobierno y refrendada por el señor Arzobispo de la ciudad, etc. . .
Jueves 26 de Julio de 1951. Mediodía.
Arranco. No sabes cómo tengo el corazón de dilatado al tener que irme de aquí. He comulgado esta mañana en la cripta ante el altar donde se encuentra el sepulcro. De nuevo, he participado de la admirable Misa Mayor. No me decidía a salir, no podía, sentía el ánimo atribulado y no hallaba las fuerzas para reemprender la marcha, mi regreso.
http://compostela2004.free.fr/mi_camino_de_santiago.htm