Trigésimo primera jornada: SANTIAGO DE COMPOSTELA – NEGREIRA – FINISTERRE

2009 Agosto 7
by María Camino

(por reconstruir)

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- ii – Chikako Flor

- iii – Chikako Flor (o de los inicios del primer camino hacia el Finisterre)

-   iv – Chikako Flor en Negreira

- 4202 – Proximidades de la Iglesia Cementerio de Negreira

- 3581 -

- 4250 – El rito de paso de quemar Finisterre

- 4269 – Monumento al delfín en Finisterre o del significado

- 4264 – El faro de Fisterra

- 3974 – De los principios de los desalmados

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  1. 2009 Agosto 7
    María Camino Enlace permanente

    DEL DIARIO PEREGRINO QUE HE COMENZADO A LEER HOY…

    Esa mañana nos juntamos todos a ver la misa del peregrino en la catedral. Yo, particularmente, no creo en la iglesia, pero no tiene nada que ver. Incluso para un no creyente, o para un ateo, es un momento emocionante. Se trata más que nunca de una celebración.

    Ayer por la noche, tras toda la euforia, estuvimos en un buen restaurante (¡Se me había olvidado lo que era eso!) tomándonos una buena mariscada, por todo lo alto, con un buen vino blanco gallego, gozando de, como dice Esther, orgasmos gastronómicos producidos por las papilas gustativas. Y todos estábamos felices, todo el mundo reía, incluso Yama sin enterarse de los chistes de Paco alias el Sevi, hasta Eugenia con el que, en su día a día, tiene que ser un tío serio y responsable como Vicente.

    Pero no, no fue anoche, la verdadera celebración fue esa mañana, a las doce en punto, cuando la catedral estaba a punto de reventar escuchando a la gente feliz, en la única catedral viva del mundo. Fue muy bonito escuchar al matrimonio que celebraba ese día sus bodas de oro, y también lo fue escuchar las peticiones de los peregrinos en los diferentes idiomas, pero para mí el momento más emocionante de la misa y uno de los más emocionantes de mi vida, fue cuando subió al micrófono un hombre que tenía algo muy importante que contar.

    Nos dijo que en diciembre del año pasado le diagnosticaron un cáncer en los dos pulmones. Era muy grave, le dieron un par de meses de vida y su salud comenzó a empeorar rápidamente. Llegó febrero y le dieron la extrema unción. Él le pidió a Dios que le diese fuerzas para hacer el camino de Santiago, que no le dejase morir sin haber cumplido su sueño.

    Fue entonces cuando, contra todo pronóstico, empezó a recuperarse para sorpresa de los médicos y unos días antes que yo, el nueve de septiembre, empezó el camino francés. El mismo día que yo, el glorioso día catorce de octubre de 2006 terminó en Santiago, y alcanzó la gloria cuando se puso delante de ese micrófono. Nos dijo también que no éramos conscientes de la fuerza que todos nosotros ponemos en el camino cuando peregrinamos, que a él le había ayudado mucho y que siguiésemos haciéndolo. Lloré, y toda la catedral aplaudió como nunca, fue increíble.

    Después vino la despedida, en la fuente de los caballos nos dimos todos un fuerte abrazo y la pena nos inundó, sobre todo al ver llorar a Yama, porque sabíamos que su llanto era de impotencia por no poder despedirse como quería. Yo, me fui el primero, no me gustan nada las despedidas.

    El camino de Fisterra – Muxía es el único que tiene la catedral de Santiago como salida en lugar de como meta, y aunque este dato pueda parecer anecdótico (a mí me lo pareció), no lo es para nada. Porque dejar a tus espaldas la catedral de Santiago es un dolor, hace llorar. Viéndola a lo lejos eres consciente de que ya no caminas de la misma forma.

    Llegué a Negreira cruzando la preciosa cascada de un pueblo intermedio, y cruzando también bosques quemados por gente sin corazón. Negreira no es bonito, pero uno tiene tan en la cabeza Santiago que ya nada importa.

    http://ultreyaa.blogspot.com/2006/10/etapa-30-santiago-de-compostela.html

  2. 2009 Agosto 21
    La hospitalaria Enlace permanente

    DEL DIARIO DE ÁNGEL SILVENTE

    Queremos desayunar en el Hostal de los Reyes Católicos. Es un parador de turismo de primera categoría. Pero no es que estemos locos y nos queramos dejar las bielas por un desayuno. Es que allí dan de comer gratis a los diez primeros peregrinos que lleguen con una fotocopia de la Compostela. Esa mañana se nos adelantaron y nos quedamos sin nada.

    Así que volvemos al albergue a tomar algo y yo a coger mi mochila. Por la tarde saldré para Negreira camino de Finisterre. Juanen se quedará una noche más y partirá al día siguiente a Murcia.

    Mochila a cuestas entramos en el Museo de la Catedral. Hay bastante que ver, sobre todo en la parte del claustro. Es muy grande y el edificio tiene varios pisos. Es especialmente interesante la cripta bajo el pórtico de la gloria, donde están los soportales que aguantan la fachada del Obradoiro.

    Son las once y veinte. Esta vez sí que sí que llegamos a tiempo a la comida del Hostal, que empieza a las doce. Muy buen menú. La última que haría normalmente en varios días. Después no hay sobremesa. Debo marcharme a Negreira. Son unos veinte kilómetros. Allí hay un albergue según dicen.

    Llega la hora de partir. Desde este momento iré solo. Le doy un abrazo a Juanen y comienzo a caminar. Se me hace un poco duro. No es fácil dejar atrás Santiago de Compostela y menos en solitario. Tiene demasiado magnetismo. Tampoco es fácil porque la señalización es muy mala, se camina por la carretera y no hay arcén. Pero esta situación sólo se mantiene en el Concello de Santiago.

    Y allá voy. En primer término voy desconfiado. No sé lo que me encontraré. Ya no tengo compañeros que me echen una mano. Es un camino mucho más solitario y echo de menos las concurridas etapas a las que estaba acostumbrado. Pero según voy avanzando me doy cuenta de la situación de aventura a la que me enfrento. A que voy solo y soy absolutamente libre. Y voy camino de Finisterre cumpliendo así un antiquísimo rito. Una especie de necesidad interior.

    Otras veces he comparado el Camino con la vida. La infancia, la juventud, la madurez… Y Santiago es la muerte. Si, la muerte. El fin de la vida, el fin del Camino. También es la muerte por lo que decepciona, me lo habían advertido y no me lo tomé en serio, pero es así. Pues bien si Santiago es la muerte, Finisterre es la resurrección a una nueva vida. Hay cierto paralelismo. Mueres en Santiago y al tercer día, las tres jornadas que hay a Finisterre, resucitas.

    Al salir del Concello de Santiago todo cambia. Se abandona la carretera y la señalización es mucho mejor. Siempre vas subiendo y bajando. Después de una senda entre eucaliptos salgo a una pequeña carretera. Desaparecen estos árboles y hay más pastos y bosques autóctonos. Al girar una curva me encuentro un majestuoso puente románico. Bajo él fluye el río Tambre, muy caudaloso y limpio. Unos chavales se están bañando. Allí descanso un rato. Es un paraje genial. De lo mejorcito que me había encontrado por toda la ruta. A partir del Tambre el paisaje gana mucho. Desaparecen casi por completo los eucaliptos y aparece Galicia en estado puro.

    Al fin, Negreira. Lo primero de todo es comprar algo de comida. Después encontrar el albergue. Pero qué sorpresa al enterarme que el albergue está en construcción. ¿Y dónde me meto yo ahora? Voy a preguntar al Ayuntamiento, pero allí no hay nadie. Es día festivo (día de la Virgen). Una mujer en la calle me dice que valla al polideportivo, que allí acogen a los peregrinos.

    El pabellón de deportes del polideportivo está vacío. Allí no hay nadie. Esperaba encontrar a algún peregrino . Tampoco está el encargado. Fuera hay una pareja jugando con su perro. Les interrogo, pero no saben nada. Así que me marcho de nuevo al pueblo. En esto, se pone a llover. La pareja del perro me acerca al pueblo en el coche.

    Ya de vuelta al núcleo urbano, voy a una especie de casa de la juventud. Allí hay un chico que atiende el pabellón. Me voy con él. Me enseña todo y me da las llaves. En la pista polideportiva hay una moqueta para dormir. En las gradas me encuentro un folleto con información sobre el Camino a Finisterre. Me será muy útil.

    Estoy solo completamente. Ceno antes de que se vaya la luz del sol. Por la noche acojona un poco dormir en un sitio tan espacioso y aislado en soledad. Se oyen ruidos que retumban con eco. También se oye como si corriera agua por algún lado en el techo, pero no está lloviendo. a pesar de todo dormí perfectamente.

    http://www.euskalnet.net/diariosdeperegrinos/angel.silvente.htm

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