Séptima jornada: LOS ARCOS – LOGROÑO

2009 Agosto 7
by María Camino

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torres del Rio en Navarra

© Zodiaco

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(por reconstruir)

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- Anotaciones de madrugada en el exterior del albergue municipal de Los Arcos (NAVARRA)

Anotaciones de los Arcos a Logroño

- La pregunta de la roca ”a medio camino” entre Viana y Logroño

- 4611 – Desde una roca a las afueras de Viana y sólo hasta entrar en la Rioja

- Carta al amante

- Mujer en Logroño, tras la ventana…

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  1. 2009 Agosto 7
    María Camino Enlace permanente

    DEL DIARIO PEREGRINO QUE HE COMENZADO A LEER HOY…

    Día 7 Los Arcos – Logroño (11/10/2002)

    Dormí espléndidamente y aguanté en la cama hasta las 7:30. Cosa que me impuso ir con gente todo el camino.

    Desayuné en el albergue, croissant recién hecho y café con leche. En seguida cogí la mochila y emprendí la ruta. Hoy era más tarde y se notaba en la luz ambiente, el día anterior había andado más de una hora cuando amaneció y hoy ya lo había hecho. Después de dos días nublados hoy estaba despejado y el aire era puro y la mañana resplandeciente. El espíritu lo tenía elevado y el tiempo ayudaba a caminar después de dos días de lluvia.

    El camino era llano y blanco y se podían ver las montañas nevadas por los dos últimos días de temporal. Esta llanura permitía ver a los peregrinos a lo largo de los Km. que separaban de Sansol. Al poco rato adelanté a Danny y pese a que intento la charla conmigo continué andando, no me apetecía la charla tan temprano, quería disfrutar de la mañana maravillosa.

    Un poco antes de Sansol me alcanzó David, el vasco. Con el que estuve desayunando en Torres del Río, y que sería mi acompañante durante toda la etapa. Allí nos encontramos con un paisano que nos habló de los problemas de los pueblos y de las envidias entre sus habitantes. Este personaje me lo volvería a encontrar en Logroño y me hizo un favor importante, más adelante lo contaré.

    David se metió entre pecho y espalda un bocata de jamón y yo un café con leche, no tenía ganas de comer.

    Sobre las 10:15 salimos para dirigirnos a Viana. Aquí comienza un constante sube y baja de vallecitos. La primera subida y tal vez la más fuerte es la de la ermita de Nuestra Señora del Poyo. Posteriormente se sube a Cornava y por último se sigue un camino paralelo a la carretera.

    David y yo fuimos adelantando a gente. En las cuestas yo iba más despacio y se alejaba, pero en el llano le alcanzaba. A mitad del mismo nos encontramos al catalán de Bañolas ayudando, o ligando que uno nunca sabe, con una francesa que se dejaba querer. Ella estaba lesionada en el tobillo y él la acompañaba. Posteriormente alcanzamos a los otros 2 catalanes que estaban cogiendo almendras que se habían caído de unos árboles. Con ellos estuvimos un rato sentados y por fin en el tramo paralelo a la carretera se hizo el gran sprint. David, Enrique (el madrileño) y algún otro empezaron a apretar el paso y yo por detrás a seguirles después de que la última rampa se me atragantó un poco. El único que se resistió a ser alcanzado fue David pero al entrar en Viana se equivocó de camino y yo se lo indique desde la distancia, entonces me esperó y entramos juntos en este magnifico pueblo navarro. Viana tiene unos edificios espléndidos y con unas vistas sin iguales sobre Logroño, aunque el sea el último de Navarra.

    David y yo después de visitar Viana y esperando la llegada de Emilio y Mariana, con los que había quedado David, nos fuimos a comer a Casa Pitu, donde comimos magníficamente. Al final de la comida llegó el catalán de Bañolas del que nos despedimos pues él se quedaba en Viana y al día siguiente marchaba a casa desde Logroño. También nos despedimos de los otros dos catalanes. Las despedidas en el camino son dolorosas aunque no se contacte muy bien con la gente, cuando esta marcha es como si algo se acabara. La otra vez ya sentí la soledad pero esta vez la he sentido todavía más pues me he despedido de más gente.

    Después de comer marchamos al albergue donde nos despedimos de Mariana que terminaba el camino y de Emilio que quedó en alcanzarnos en Nájera. David y él quedaron en verse por la mañana en Logroño e ir juntos.

    Mariana es una muchacha de una mirada encantadora de la que es muy fácil enamorarse. Es tierna y afectuosa. Apenas la había tratado dos ratos y en mi corazón creó chispa. La proporcione mi e-mail y veré si escribe. También comprendo perfectamente que Emilio se quedara prendido de ella y con un comentario continuo de su amor por ella ( 24/11/02 todavía continua).

    El albergue era pequeño y formado por literas de 3 lo cual era tremendamente agobiante. Pero el entorno donde se encuentra, al lado de una antigua iglesia y con unas vistas magníficas.

    David y yo sobre las 4 marchamos hacia Logroño. Aunque son sólo ocho kilómetros que se realizaron en menos de dos horas, se hizo muy pesado, eran 6 Km. más que los días anteriores y eso se nota. Las entradas a las ciudades aunque el albergue esté al principio se hacen siempre pesadas. Los polígonos industriales y las carreteras después de todo un día pateando es agotador.

    En Logroño se llega rápidamente al albergue cosa que se agradece. Pero estando registrándonos al coger la mochila una de las costuras del tirante se descosió. Esto me obligó a después de ducharme y lo más rápidamente posible encontrar un zapatero. Vacié la mochila y tras preguntar a la hospitalera, que no conocía ninguno, me dirigí a la calle. Iba a preguntar a los policías municipales cuando de repente encontré al paisano de Torres del Río con su mujer y una amiga. Le pregunté y me llevaron a una tienda de marroquinería donde un dependiente encantador cosió y remacho los 2 tirante para que no se volvieran a romper. Me costó sólo un euro. A veces las cosas que más valoramos son las que menos cuestan.

    A la vuelta al albergue volvía montar la mochila y me esperaba David para ir a tomar unos vinos. Dimos una vuelta con una pareja de vascos, él muy alto y ella muy menudita pero con una sonrisa maravillosa. Se nos unieron consecutivamente otro vasco Luis Fernando y posteriormente Emilio, Mariana y Enrique. Cenamos de tapas y a las 21:45 estábamos en el albergue. La zona de tapas de Logroño es como las calles de alrededor de la Puerta al Sol. Lleno de bares con tapas.

    El albergue estaba formado por literas con maderas de separación. Era un poco agobiante por el poco espacio pero las maderas de separación daban una cierta independencia que se agradecía. Cobraron 3 euros sin derecho a desayuno. Había sido un día agotador pues desde las 8 de la mañana apenas me senté una hora para comer. (28 Km).

    http://aig02.blogia.com/

  2. 2009 Agosto 8
    La hospitalaria Enlace permanente

    EL DIARIO DE MONTSE, PEREGRINA CON HIJO PEREGRINO, LITERATURIZADO EL CATALÁN…

    LOS ARCOS – VIANA

    Día número siete
    Hoy es mi santo. Jamás pensé que pasaría el día de mi santo del año 2000 caminando 21 km bajo la lluvia.
    Etapa durísima, debida principalmente a esa lluvia que ha comenzado a caer durante la noche y que ha convertido los caminos en auténticos barrizales. Si te encuentras el barro cuando ya estás metido, tienes que apechugar, pero ir directamente a meterte en él nos pareció un acto un poco gilipollas, la verdad, así que lo hicimos todo por carretera.
    Mientras caminaba pensaba en mil cosas: todo lo que dejé atrás y que en breve recuperaré, mis estudios tardíos, nuestros otros hijos, la comodidad de nuestra casa, miro hacia atrás y descubro a Gerard llorando:
    -¿Qué pasa, hijo? quieres que llegando a Viana nos volvamos a casa?
    -No, mamá. No sé por qué lloro. Me parece que estoy haciendo algo inútil. Tengo frío. No soporto esta situación que parece que hemos buscado.
    Me alarmo.
    Y él continúa hablando. En un niño de 13 años parece raro que se haga estas reflexiones.
    -Pienso que un día acabaré el camino con vosotros. Quiero llegar a Santiago y no sé por qué. Y tal vez cuando sea mayor y tenga hijos, haga este mismo camino con ellos- JSalvador y yo alucinábamos.

    Nos paramos a un lado de la carretera, y siempre bajo la lluvia, le dimos un masaje con Voltarén en su rodilla hinchada. Le pasé mis pantalones impermeables, puesto que él no había ni querido que le compráramos unos, alegando que “no molaban”. Entró en calor y seguimos durante las casi dos horas que nos separaban de Viana.
    ¿Sabeis que los coches jamás tienen en cuenta a las personas que van a pie?
    ¿Sabeis que los camiones pasan por tu lado y levantan una polvareda (de agua) que te empapa más que la lluvia que cae?
    ¿Sabeis que aquél día se me hizo eterno el camino?
    Llegando a Viana, por suerte, el cariño de la hospitalera, una mujer de mediana edad que nos acogió con simpatía. Sólo habíamos llegado nosotros. Más tarde llegó el grupo de franceses y los italianos. Agradecí la ducha caliente como nunca. Y nos fuimos a comer los tres, sintiendo que, una vez más, algo imprecisable nos había unido.

    Desde Viana hasta Logroño creo recordar que hay unos 15 km. Los hicimos casi saltando. Después de la lluvia del día anterior, la verdad es que aquello era como salir a jugar al patio.

    En Logroño nos despedimos de los italianos, que seguían hasta Navarrete. Nosotros teníamos previsto pasar el día en Logroño y dormir allí.

    Llamamos a Marga, Alejandro y Héctor y nos hicieron ir a su casa. Fue tremendo: comimos por un tubo (patatas a la riojana y un lomo con pimientos que estaban de rechupete). Por la tarde nos enseñaron Logroño, ciudad que no se nos hubiera ocurrido pisar si no hubiera sido porque estaban ellos. Tiene razón many: muchas veces tenemos unos prejuicios sobre los lugares que no conocemos que nos hacen perdernos verdaderas maravillas. Nos encantó Logroño. Nosotros, que somos “de pueblo”, no estamos acostumbrados a que las cigüeñas aniden en nuestros campanarios y alucinamos viendo la cantidad de nidos y haciéndoles fotos. Conocimos todo el arte arquitectónico que tienen allí (que es mucho), cenamos a base de vinos (o cocacolas, según correspondiera)y tapas, lo cual fue muy divertido y supimos que allí teníamos unos amigos más.

    El albergue, precioso.

    http://laltreblogdelarare.blogspot.com/

  3. 2009 Agosto 8
    La hospitalaria Enlace permanente

    HE DADO CON ESTE PEREGRINO EN ESTE RELATO… MUY ESPECIAL ME HA PARECIDO…

    Hoy es mi último día de la primera parte de mi sueño. Lástima que haya tenido que ir rápido en algunas ocasiones, hoy va a ser lo mismo de nuevo. Me levanto a las siete y media de la mañana, ya que del refugio hay que salir antes de las ocho. En el albergue, creo que todos son extranjeros, excepto una catalana y una andaluza, que han dormido en mi habitación. Cuando todavía no ha amanecido, salgo a caminar, coincidiendo con éstas dos peregrinas. Veo la compleja torre de la iglesia de Santa María, con luz, en la oscuridad. Durante los primeros instantes del Camino, paso al lado de un cementerio, en el cual hay una frase ya mítica para mí, que leí en un libro del Camino de Santiago : ” yo que fui lo que tú eres, tú serás lo que yo soy “. Cementerio, 1849.

    El refugio en el que he dormido, está a las afueras de la ciudad, a mano derecha una vez pasado el puente. Los hospitaleros ayer sabían que faltaba alguien por llegar, es decir, yo, porque se lo dijeron los dos que me adelantaron en los campos mientras deambulaba cojeando en medio de la nada y bajo la lluvia.

    La gente que he visto en el albergue, ha sido diferente a la habitual, ya que ayer hice dos etapas en un mismo día. Los que me iban acompañando, habrán dormido en Estella. Aquí me han dicho que llegaron a ver al chico de Madrid el día anterior, aquel al que lconocí en Roncesvalles, y que salía a toda prisa para intentar llegar a Logroño en 4 días. Me dicen que en Estella se volvió para Madrid, estaba claro que no le iba a dar tiempo.

    A la izquierda está la ermita de San Blas, en donde antiguamente había un hospital para enfermos contagiosos. Al santo se le atribuye, entre otras virtudes, la curación de la peste, y se cree que su devoción entro en España gracias a peregrinos que venían a Santiago desde algunas regiónes de Europa en las que se guardan reliquias del santo.. En Pamplona, al otro lado del puente de Santa Magdalena, se cree que es posible que hubiera un hospital para enfermos contagiosos.

    Al lo lejos se ven dos pueblos. El siguiente pueblo, Sansol, es visible desde el comienzo. Hay dos mesas de madera para hacer picnic. Camino por una pista ancha entre viñas y cultivos. Hay una especie de cabaña de pastor. Me adelanta un mejicano. El suelo está embarrado, de las lluvias de ayer.

    Se cruza un riachuelo por un puente, llamado puente del Vado. A la izquierda y a lo lejos, hay unas montañas rocosas. Un cartel, dice algo parecido al que vi ayer : ” está pasando por las inmediaciones del hospital de peregrinos de Melgar, en la actualidad desaparecido, que fue regentado por la Orden de San Juan de Jerusalén, fundada en 1099, acogiéndose al principio benedictino de hospitalidad, expresado en… ” ( continúa como el de ayer ).

    La pista acaba en la carretera local que va de Sanson a Desojo, entonces tomo hacia la izquierda. Veo como la carretera se dirige a Sansol. Por ella, entre cultivos, me voy acercando poco a poco. La iglesia del pueblo destaca mucho, por su anchura y por la altitud del campanario. Bajan varias personas por la carretera paseando desde Sansol. Entro al pueblo, y abandono el Camino, que pasa por el albergue, para ir a ver la iglesia.

    Es una iglesia barroca del siglo XVII dedicada a San Zoilo , debido a que Sansol fue encomienda del Monasterio de San Zoilo de Carrión de los Condes, lugar en el cual están las reliquias de dicho santo. Desde su puerta, veo abajo, a vista de pájaro y muy bonito, el cercano pueblo de Torres del Río.

    Siguiendo las indicaciones, por un corto y duro descenso, llego hasta el río Linares. Lo cruzo por un puente, y llego a Torres del Río. Arriba se ve el pueblo que acabo de abandonar, Sansol, Paso por la escuela, y voy a ver el famoso Santo Sepulcro, y en el su interior me ponen un sello en la credencial. El monumento, completamente románico del siglo XII, tiene un cuerpo central de planta octogonal, un torreón adosado en forma de cilindro, y una linterna rematando la cúpula del cuerpo principal, que servía de faro para los peregrinos. Es sus capiteles hay una imagen del Descendimiento, y otras imágenes llamativas. También hay un crucifijo gótico del siglo XIII. En el interior, la gran cúpula peraltada sugieren una inspiración musulmana, y se asemeja a la Mezquita de Córdoba.

    El origen de la iglesia no está muy claro, parece que debe de relacionarse con la Orden del Temple, ya que su planta es muy similar a la del Santo Sepulcro de Jerusalén, cuya custodia era a cargo de los Caballeros del Temple. Otras hipótesis la relacionan con la Orden del Santo Sepulcro , o al Monasterio de Irache, que en el siglo XII tenía su máximo esplendor. Por el pueblo están las dos españolas del albergue, me despido de ellas, y me dirijo rápidamente hacia Logroño, ya que con esta tranquilidad no llego para coger el autocar del mediodía…

    Al lado de la iglesia del Santo Sepulcro he estado hablando con un hombre extremadamente anciano. Cuenta cosas sobre el pueblo, parece que está ahí para ver pasar a los peregrinos. Entre sus historias dice que había un hombre en el pueblo hace tiempo que nunca iba a misa, y cuando vino la guerra, se puso en la entrada de la Iglesia del Santo Sepulcro, y decía que para destruir la iglesia, primero tendrían que matarle a él. Le digo al señor, que a ver si nos vemos otra vez que vuelva, y me dice que no cree, yo le digo que sí, parece que no le quede mucha vida por delante con la edad que tiene, pero nunca se sabe, ojalá me lo vuelva a encontrar algún día y me cuente alguna otra batallita. En el pueblo hay otra iglesia que no visito, la de San Andrés.

    Voy caminando por los campos , siguiendo las indicaciones. Paso cerca del cementerio. El paisaje no es plano, la pista va entre colinas que albergan cultivos mediterráneos. Tras una subida llego a una carretera , a lo lejos una gran ciudad, debe de ser Viana, o Logroño. Paso junto a la ermita de la Virgen del Poyo, del siglo XVI y con una talla gótica de dicha virgen. Una leyenda dice que la virgen fue hallada en este lugar, y ésta no se dejo llevar a otro lugar, de manera que tuvo que construirse un templo aquí para albergarla. Ahora viene un descenso llamado de mataburros.

    Caminando rápido, adelanto a algunos peregrinos. Uno es de París, otro es de México, éste último me ha adelantado antes, a la salida de Los Arcos, cuando yo iba con un ritmo tranquilo. Dice que le gusta mucho España, y que me tome una cerveza en las Ramblas de Barcelona de su parte . Adelanto a un peregrino que va exageradamente cargado, como una burra.

    Paso junto a unas ruinas, que son un antiguo asentamiento romano, llamado Cornava. Cornava era una de las ocho aldeas que en el año 1219 constituyeron Viana. Veo una rana muerta boca arriba. Viana está a 19 kilómetros de Los Arcos, pero ya la tengo delante. Voy caminando por el arcén de una carretera grande, hacia Viana, que está ahí pero que nunca llega. Más lejos, y a la izquierda, está Logroño. El final de esta etapa suele ser Viana, y no Logroño. Dejo la carretera para ir por un camino por su izquierda, en paralelo, y luego de nuevo a la carretera, que sigue siendo una larga recta. Finalmente, entro en Viana, y bebo en una fuente, tengo muchísima sed. Son las 12:25, cuando por un arco entro en el casco antiguo de la población. Hay un supermercado Dia%, y me compro una bolsa de patatas Matutano con sabor jamón…

    Mientras voy comiendo las patatas, paso por la gran iglesia gótica, llamada de Santa María, construida entre los siglos XIII y XIV. Se está celebrando una boda. Veo una plaza con fuente, el Ayuntamiento y otra iglesia. Salgo del casco antiguo tras cruzar bajo el Portal de San Felices. A las 12:45 salgo de la ciudad. Es una ciudad con bastantes monumentos, que recuerdan un pasado glorioso debido a su actividad mercantil y jacobea. Camino entre cultivos pequeños, son huertos. Más adelante, camino por una carretera que va entre viñas y olivos, que se dirige a la ermita de la Virgen de Cuevas o Trinidad de Cuevas, barroca del siglo XVII. Llego a la zona de la ermita, está ajardinada, tiene árboles, y mesas de picnic. Aquí estaba la aldea de Cuevas, otra de las ocho aldeas que en año 1219 dieron origen a Viana. En el siglo XIII, aquí había una iglesia perteneciente a un convento de trinitarios, orden benemérita en la asistencia a los peregrinos.

    .Logroño se ve cerca, pero el Camino parece que no se dirija a esa ciudad. El tiempo se me echa encima, he hecho algunos trozos corriendo para ganar tiempo y me vuelve a doler la rodilla bastante. Es un no parar de cambiar de camino, finalmente aparezco en un camino cementado de color rojo, y éste parece que se aleja de la ciudad. Se pasa cerca de fábricas, cerca de viñas, pero el núcleo antiguo sigue sin aparecer. Aparecen más monumentos con una concha metálica adherida. A la derecha se ve un pueblo llamado Oyón , y detrás de él montañas rocosas y molinos de viento, en la lejanía, que ya los llevo viendo desde hace rato.

    El camino cementado rojo comienza a hacer cuesta arriba, hasta que comienza a descender, punto en el que veo Logroño al otro lado de la colina. Hace mucho sol. Al final de la bajada, una mujer que tiene un tinglado montado delante de su casa, para sellar a los peregrinos la credencial, y de paso pedir la voluntad. Dice que en Torres del Río solo han dormido tres personas. El primero que llega desde los Arcos, soy yo. En el sello pone ” Felisa, higos, agua y amor “.

    Paso cerca del cementerio, y el color rojo del cementado va perdiendo intensidad, a la entrada de la ciudad. Hay un monumento de tres pilares con una especie de átomo metálico. Cruzo el llamado Puente de Piedra sobre el río Ebro. El río es ancho, y el puente, que es carretera también, largo. Es un puente construido a finales del siglo XIX, que ha sustituido al anterior, medieval. El puente medieval fue mandado construir por el Rey Alfonso VI, uno de los mayores impulsores del Camino, y llegó a tener doce arcos y tres torres defensivas, debido a la importancia estratégica del lugar. Incluso fue reparado por Santo Domingo de la Calzada, y posteriormente por su ayudante y discípulo San Juan de Ortega.

    Tras pasar el puente, girando a mano derecha accedo a la Rúa Vieja, calle paralela al río, en la que se encuentra el albergue de peregrinos. Llego al albergue, y entro, son las 14:55 . La hospitalera de Logroño me sella la credencial, y le digo que no me quedo a dormir, que me tengo que ir corriendo a la estación de autobuses ya que en menos de media hora sale el autocar hacia Barcelona. Me dice que ella también está haciendo el Camino de Santiago a tramos, igual que yo, y que la estación no está muy lejos, por lo que si me doy prisa me dará tiempo. Me da un mapa de la ciudad, me indica por donde ir, y sin problemas y con prisas, llego a la estación y compro el billete del autocar.

    Tras mucho correr, me ha dado tiempo a llegar. Un autocar salía a las dos y pico, otro a las tres y pico, y el otro pasadas las doce de la noche, y no es plan de estarme en una ciudad desconocida hasta esas horas para luego viajar toda la noche en autocar, de esta manera, a la hora de cenar ya estaré en Badalona, alejado del Camino de Santiago?

    http://zodiaco.madteam.net/relatos/2006-04/2006-04-06-camino-de-santiago-:-los-arcos–navarra—-logrono/

  4. 2009 Agosto 9

    DEL DIARIO DE RAÚL, CAMINO DE SANTIAGO 2008

    Aunque sigo despertándome por la noche, esta vez no ha habido ronquidos, lo que ha hecho que haya dormido mejor pero me he despertado mucho…Ya me empiezo a replantear que no será un mes de mucho dormir…
    También el madrugar de los demás, en “silencio”, no me ha alterado el sueño como ayer, que estaba como enfadado, con prisas y que no entendía nada…¿Será que los demás también nos contagian con sus neuras, prisa, etc…?.
    Hoy al levantarme me he dado cuenta de que me costaba, pero empezar el día a las 6′25h. era una buena hora. Además el movimiento de los demás no deja que me vuelva a venir el sueño…Lo que me replanteo: ¿Para qué se levantan tan pronto?. En verano, puedo entenderlo: calor, mejor la fresca de la madrugada para andar, llegar pronto al albergue y coger sitio…pero en Abril…¿?
    Después de desayunar, a eso de las 8′15h. puesta en marcha para la etapa de hoy.
    Ahora son las 14′30h., comiendo el menú de Casa Armendariz (en Viana) por 10 euros=Alubias blancas+calamares en su tinta…que al final eran chipirones, + flan con almendras.
    Esta primera mitad del recorrido muy bien. Estoy asombrado…Han sido unos primeros 7′6 km de un tirón, tomándome un café con leche en Torres del Río donde hay una iglesia románica preciosa.
    Pasando junto a ella ya venía a mi encuentro Ofelia (no es broma, además de tener el mismo nombre que la secretaría del jefe de Mortadelo & Filemón, tenía unas redondeces muy parecidas). Ella es una de las 2 recaudadoras/voluntarias del pueblo que por 1 euro (ellas dicen la voluntad, pero puedes ver un cartel dentro que dice esta cantidad) puedes ver la iglesia por dentro.
    Pero merece la pena: De forma octogonal, pequeñita, con bancos de piedra junto a las paredes (o sea: 8 bancos), con un interior sencillo (entre árabe y mudejar). Su cúpula interior impresionante. Toda ella muy bien conservada, que según Ofelia, copia de una de Jerusalem.
    Saliendo me encuentro con Ángela, la peregrina coreana…que es un encanto, siempre sonriendo, siempre que parece que está muerta de cansancio…Pero que no es verdad…
    Marcha hacia Viana.
    Los primeros 3 km han marchado por caminos de barro, pero cuando me he encontrado el primer cruce con la N-111, no lo he dudado: o seguir por tramos de barrizales en pendiente o ir más cómodo (aunque la experiencia del barro, también me ha gustado…Uno se siente tan vulnerable, tan confiado, tan atento).
    Hoy estaba bien. Todo el tiempo en silencio: Bueno, al principio pensando en un mantra: JESÚS, para calmar la mente…luego en silencio. Y me ha gustado…No como otros días: conversando conmigo mismo y criticando, siendo poco complaciente…Creo que fueron los primeros días donde la limpieza de mente se materializó…y ahora, todo más en su sitio, va siendo más armónico y tranquilo…
    Hoy no me ha pasado como en los 12 km de la última etapa de ayer. Estos 18′5 km han ido muy bien. En silencio, genial, disfrutando de la llovizna, del paisaje, de la experiencia…Creo que viene el truco para distancias monótonas y largas…Veremos Viana-Logroño.
    Luego una sorpresa. Cuando creí ver Viana a lo lejos, consulto el plano y me digo: Pues si esto está a 3 km parece un poco lejos…Doblo una montañita y la verdadera Viana surge a 1 km ó 1′5 km…¡La mayor sorpresa y felicidad de todo el camino…!.
    Ya llegaba sin esperarlo…¡Una preciosa vista!. Creo son los pequeños regalos de no esperar nada.
    Llego a Viana, pregunto por correos y Voila!: 4′315 kgrs que envio de un golpe para Bcn. Asombrado de nuevo. La mejor idea por ahora que he tenido.
    Me he desprendido de casi todo (mirar lo que me quedó en la fots). Ahora siento la mochila más liviana…No tengo ni idea lo que pesará, pero que gozada.
    Libros, guía, pijama, lamparita prestada, cargador de pilas (de la antigua cámara), cables, toalla, cubiertos, cremas…Ya me apañaré.
    Ahora sí que llevo lo imprescindible. Únicamente comprar esta tarde en Logroño un librito y una crema para el rostro protectora del sol.
    Y estoy encantado por la cámara de fotos nueva. Me va a dar mucho juego…Bien por lo nuevo.
    Bueno y por fín Logroño en la distancia.
    Los últimos kms parecían interminables, pero nada que ver con lo de ayer. El recorrido Viana-Logroño, prácticamente de un tirón. Ya la mochila no me pesa apenas. Pesa, pero es muy llevadero. Supongo esto ha propiciado el hacer estos 11km finales de un tirón…Aún me asombro conmigo mismo y mi aguante…Yo, un chico de ciudad. En verdad, este era mi momento para hacer el Camino de Santiago.
    Llegando a Logroño me he encontrado a Ángela, la coreana. No quería que nos hiciésemos una foto…pero la quería tener de recuerdo…Aún recuerdo el momento en que nos conocimos la primera noche en el albergue de Pamplona: Ella cocinando una sopa coreana…y yo riéndome por las caras que ponía cuando la probaba…Sí, no le gustaba nada (al día siguiente me dijo que la había tirado)…
    Llegamos juntos al albergue, una ducha (por separado) y a ver la ciudad…Que ¡Oh! decepción: No vale mucho.
    Mandar unos mails, cenar unos crêpes con manzana cocida, cocinados por Maxim, el canadiense (de Quebec) junto con una chica alemana y Ángela, la coreana (a todos ellos los vería más veces a lo largo de mi camino).
    Un día, en definitiva, magnífico. Tranquilo. Creo que fácil, o muy bien llevado.
    Y mañana puede que descanse en el pueblo intermedio: Navarrete. Dependerá de como lo lleve. Creo que toca un descanso bueno. Veremos como es el pueblo…y de como lleve el primer tramo de la etapa.

    NO PERDERSE:
    En Torres del Río:

    En este pueblo se encuentra una de las joyas arquitectónicas del Camino: la iglesia del Santo Sepulcro (s. XII). Románica de planta octogonal y bóveda califal, formada por ocho arcos es un símil del templo de Jerusalén. Fue capilla funeraria aunque existen dudas sobre su vinculación con la Orden del Temple como la de Eunate. Para muchos estudiosos es el mejor ejemplo de adaptación de los conocimientos islámicos por los constructores cristianos.

    En Viana:

    Viana es el último pueblo de Navarra en el Camino de Santiago. Fundado por Sancho el Fuerte en 1219 mediante la agrupación de pequeñas aldeas con el fin de defender Navarra de Castilla. Llegó a tener hasta cuatro hospitales de peregrinos. Viana presenta un casco urbano amurallado repleto de mansiones palaciegas. De sus monumentos destaca el monasterio gótico derruido de San Pedro, el Ayuntamiento barroco y la iglesia de Santa María de estilo gótico, mezclado con renacentista donde destaca el altar Mayor de un barroco riquísimo. De los personajes de Viana César Borgía es el más famoso de todos, el hijo del Papa Alejandro VI que fue cardenal, príncipe, guerrero, libertino y exponente de hombre del Renacimiento, llegó a Navarra huyendo de Nápoles y murió al año siguiente en un lance de espadas con el conde de Lerín. Su tumba se puede visitar. Viana dispone de tiendas y buenos restaurantes.

    En Logroño:

    La segunda gran ciudad del Camino Francés, a la que debe su desarrollo y estrategia urbana, se nos presenta tras acceder por el puente de piedra. Logroño es fundamentalmente una ciudad de servicios con una afamada red comercial. Su Casco Antiguo está repleto de bares (calle Laurel, Mayor, Mercado) y tiendas (Portales) con un buen ambiente hospitalario. Sus dos edificios religiosos más famosos son la iglesia de Santa María del Palacio (s. XII) con su cúpula piramidal y la concatedral de Santa María la Redonda con dos torres gemelas barrocas de estilo riojano y su portada de estilo rococó. El lugar emblemático de Logroño es el espolón con sus bellos jardines repletos de gente charlando sin prisa, todos ellos bajo la majestuosa estatua del general Espartero con su caballo y sus atributos.

    http://micaminodesantiago2008.blogspot.com/

  5. 2009 Agosto 9
    María Camino Enlace permanente

    DEL DIARIO DE WILLIAM RAMOS, ALGUIEN QUE ME ENCANTA COMO VIVE SUS COSAS. MUY LINDO .~)

    Un continuo sube y baja, una etapa con una dificultad media, 28 kilometros en total… Ahi ya estabamos en otra comunidad de Espana que se llama La Rioja, ahi se dejaba atras lo que era Navarra, se pasaban algunos pueblos que nisiquiera tenian ningun tipo de servicio, tuvimos que fragmentar la etapa en dos, pues no aguantabamos el cansancio y yo debido a mi mal calzado, y todo el peso que llevaba en la mochila, fue cuando me comenze a sentir molestias en mi tobillo, me estaba empezando un tipo de desgarre muscular, ya que no llevaba botas como es lo debido, llevaba unos tenisitos Pumas bajitos incomodisimos para caminar, y una mochila con mucho peso… Tuvimos que dejar la etapa en un pueblo que encontramos luego ya de caminar unos 21 kilometros, el pueblo se llamaba Viana…pero, todo sucedia por una razon, hasta entonces fue la noche mas especial que tuve… dormimos en una iglesia y era donativo, osea, pagabas solamente la voluntad, lo que quisieras dejar, sin embargo te daban comida gratis y en la noche se invitaba a una especie de misa de peregrinos, luego de la misa el sacerdote se reunia con todos y empezaba a hablarles del camino, realmente mensajes muy buenos, te hablaba del verdadero motivo de la peregrinacion, la verdad que me vino muy bien su pequeno discurso. Recuerdo todavia una experiencia en el pueblo, estabamos tomando un cafe los alemanes y yo y se me acerca un senor mayor, de una edad digamos 70 a 80 anos… En ese mismo momento se le sale una lagrima y me dice hola, ustedes son peregrinos… Me transmitio un sentimiento profundo, algo extrano realmente que no sabria como describir pero a la ves senti mucha nostalgia, estuvimos conversando y al final le estreche la mano y le dije que me sentia orgulloso de haber conocido al mas grande de todo Viana, al cual me dijo, no se si el mas grande, pero si se que el mas viejo si!!! Seguimos compartiendo con otros peregrinos Austriacos y otros Australianos… Eran una pareja de esposos, ya entre 40 y 50 y misteriosamente, habian perdido todo, el dinero, la casa, el trabajo, digo misteriosamente, por que desconosco el motivo y no me atrevi a preguntarlo… Me lo conto el senor Aleman que caminaba conmigo… y ellos hacian el camino para pensar que hacer con sus vidas, pues pretendian empezar una vida completamente nueva, habian decidido irse a Inglaterra y empezar desde 0, dicen que el camino los habia ayudado muchisimo a fortalecerse y a tomar una buena decision…La noche fue especial, pues fue la primera ves que dormia dentro de una iglesia…Ya era mi ultimo dia con los Alemanes, puesto que ellos habian empezado el camino en Alemania y ya tenian 3 semanas caminando y tenian que volver a sus respectivos trabajos… desde Viana hasta Logrono, solo quedaban 10 kilometros… Logrono es una ciudad grande dentro del camino, la segunda gran urbe despue de Pamplona… Durante los 10 kilometros fueron un martirio total ya que tenia una tendinitis en el pie, los tendones inflamados… No podia caminar, pero igualmente hacia el esfuerzo pues no queria parar… Me sentia malisimo, no podia creer lo que estaba sucediendo… Por mas que intentaba, cada ves se volvia peor… estuve orando, pidiedole a Dios que me ayudara a seguir caminando pues uno de mis propositos principales de mi viaje a Europa fue hacer esa peregrinacion y pensar que no podia seguir caminando,que estaba debil, era una sensacion muy extrana por que no podia comprender por que Dios me hacia pasar por eso…Fue cuando empeze a entrar en razon y empezar a comprender que todo sucedia por una razon que mas tarde luego comprendi, pero en el preciso momento no te das cuenta y lo unico que haces es peliar contigo mismo y sentirte mal… El senor Aleman que no podia dejar de sufrir con mi dolor, decidio antes de tomar el tren para Francia, comprarme un par de botas… por mas que le insistia que no, me llevaron con ellos hasta una tienda y me compraron un par de sandalias deportivas de montana de 130 Euros… Realmente no sabia como agradecer y no dejaba de sentir admiracion, ya que solo teniamos 4 dias conociendonos y simplemente por ver que estaba mal y que necesitaba un calzado me los regalo sin esperar nada a cambio… El unico trato que se hizo fue que me pidieron que cuando termine el camino y empezara a viajar por Europa tenia el compromiso de irlos a visitar a su ciudad que se llama Colonia… Ese fue el unico trato… me senti muy agradecido y algo avergonzado, pues no podia concebir que pagaran 130 euros por mi… Pero por mas que hable, no queria que le reembolsara ni nada, simplemente que los visitara y asi fue… Luego de la despedida, decidi quedarme en Logrono y descansar para ver si la inflamacion bajaba y seguir caminando… Al otro dia me levante y emprendi el camino solo, pero era imposible… solamente consegui llegar hasta el proximo pueblo que estaba a unos 13 kilometros, el pueblo se llamaba Najera, ahi si ya desisti, mi pie estaba totalmente inflamado, no podia dar un paso mas…Me tire en pleno bosque, me sentia derrotado, arruinado, no podia creer que realmente tenia que parar de caminar… fueron lagrimas de sangre… me detuve a pensar en todas las cosas… y a cuestionarme a mi del porque sucedia eso!! Sin entrar mucho en detalle, fui a un hospital pequeno en el pueblo y no me querian atender gratis, me pedian 80 Euros por consulta, vaya sanidad de Espana… entre a un bar y pedi un cafe, comenze a hablar con el jefe y le explique lo que pasaba… El senor no podia creer que no me habian atendido, en el momento que empezo a tirar todas las maldiciones del mundo, diciendo que para que diablos el paga impuesto, cuando a un peregrino que necesita atencion le estan cobrando 80 euros por verle un pie… Termino el mismo llevandome hasta Logrono en su carro, para buscar un Centro medico que yo habia contactado gracias a un seguro medico que tenia… La consulta fue un lio… tuve que dar 200 mil vueltas y con mi pie que no podia dar un paso… y tuve que caminar unos 8 kms aproximadamente en la ciudad pues ellos me pedian que un papel, que esto, que lo otro… Luego de ser atendido, me diagnosticaron tendinitis y me mandaron a reposar 5 dias… Estuve 3 dias en Logrono, quedandome en una iglesia… atendido por dos senoras, me trataron muy bien… me daban comida, espacio en el suelo para dormir, pero, no podia pedir mas… Las ayudaba en lo que podia, ayudaba a los peregrinos que se quedaban en la iglesia… Me llamaban The Sick Pilgrim!! tambien habia un sacerdote que me daba la vuelta… estuve los 3 dias leyendo unos libros que el me regalo y dando vueltas en la ciudad y comiendo Kebabs dia y noche…a los 3 dias al ver que el pie seguia igualito, decidi hacer lo que debi haber hecho desde el primer dia… Llamar a mi salvador ” El Mitico ” y desde que hable con el me dijo, mitico, vengase para aca, aqui usted sabe que tiene su casa y todo… Coji mi mochila le deje algo de dinero a las senoras y me fui a la estacion de autobuses… -Un ticket por favor… -donde senor?… -Para Madrid…

    http://porsiempreperegrino.blogspot.com/

  6. 2009 Agosto 10
    María Camino Enlace permanente

    EXPERIENCIA PEREGRINA DE DOS AMIGOS QUE CRUZARON UN OCÉANO PARA PEREGRINAR UNA RUTA MILENARIA…

    Notas de viaje, miércoles 02 de agosto de 2000.

    Me despierto 03:30.
    El inglés ya se levantó. Da un par de vueltas, arma sus petates y se larga media hora más tarde
    Seguí durmiendo.
    Me despierto 05:30.
    La gallega está despierta también y desde la cucheta de enfrente me mira y me dice:
    - Pues, y el tío este, ¿ ya se ha marchao ? ¿ A que hora se largó ?.
    - Y yo que sé, a las 04:30 o algo así…
    Se bajó de la cucheta, se vistió, armó sus petates y se largó detrás del inglés, o no, no sé.
    Seguí durmiendo.
    Me despierto 06:00. El albergue está casi vacío. Martín duerme.
    Doy un par de vueltas en la cama, con cuidado porque estoy en la cucheta de arriba (¿comenté ya que Martín siempre me garronea la cucheta de abajo?) y me levanto, bueno, en realidad me bajo.
    Me visto. Martín duerme. Armo la mochila y doblo el sobre de dormir. Martín duerme. Voy al baño, me lavo la cara, me cepillo los dientes y me peino. Martín duerme. Vuelvo al baño y hago pipí. Martín duerme.
    Lo pateo suavemente. Sigue durmiendo. Lo pateo más fuerte. Sigue durmiendo. Sacudo la cucheta con ganas.
    Murmura algo, se da una media vuelta, y sigue durmiendo.
    Bajo las escaleras, entro en la cocina del albergue y preparo café. Subo a la habitación y ¡aleluya!, se ha levantado. Vuelvo a bajar, preparo el desayuno, y espero unos minutos. No baja. Subo a buscarlo y está encerrado en el baño. Vuelvo a bajar, espero, tomo café, tiro el café, limpio el enchastre, me sirvo otro café, espero, subo a buscarlo, sigue en el baño, vuelvo a bajar, espero, tomo café (con cuidado), espero, y finalmente aparece, con esa cara de felicidad de quien se ha quitado un peso de encima. Desayunamos, y salimos al Camino a eso de las 07:20.

    El cielo está nublado y se siente un poco fresca la brisa de la mañana. Retomamos el camino, a la salida del pueblo por un sendero de gravilla rojiza que corre paralelo a la ruta y lentamente comienza a adentrase en unos interminables (para quien anda a pie) campos de girasoles que se alternan de tanto en tanto con jóvenes vides de hojas verdes. Tomamos fotos, caminamos, tomamos fotos, caminamos, caminamos, caminamos, hacemos un alto en un recodo del camino, dominado por un pequeño bosquecillo de pinos, buscamos una sombrita y aprovechamos para tomar agua y liarnos unos pitillos.

    La parada dura unos escasos diez minutos y reemprendemos la marcha. A las 11:30, Viana se deja ver por primera vez desde lo alto de una loma, estamos cerca, a unos dos o tres kms. y media hora más tarde entramos en la ciudad. Realmente caminamos rápido, cubrimos unos 20 kms. en poco más de cuatro horas. No se resintieron nuestras lesiones, aunque sentimos el cansancio de la marcha, sobre todo en los pies, que luego de unos veinticinco mil pasos comienzan a quejarse. Llegamos totalmente trasnpirados, bajo un sol radiante que brilla implacable a 38 Cº. Decidimos quedarnos en Viana, Logroño está apenas a un par de horas de marcha, pero no queremos abusar…
    El albergue está muy prolijito, situado en lo alto de la antigua muralla y a pocos pasos de una plazoleta sobre el borde mismo de la muralla, y al lado de las ruinas de lo que antiguamente fuera la Iglesia de San Pedro.

    Viana es una ciudad hermosa.
    Antiguamente una importante ciudad fronteriza entre Castilla y Navarra, de casco amurallado y mansiones palaciegas, supo albergar nada menos que a César Borgia, cardenal, príncipe, guerrero, hijo del papa Alejandro VI y libertino exponente de la Europa del renacimiento, que halló refugio en Viana huyendo de la prisión napolitana y un año más tarde la muerte, en un lance de espadas con el Conde de Lerín. Sus restos encontraron un último refugio bajo las losas de la portentosa Iglesia de Santa María, mucho más catedral que Iglesia. Siglos más tarde, mis incrédulos pies peregrinos pasaron sobre el lustroso mármol negro y blanco con letras en bronce de su tumba al entrar en la imponente Iglesia de Santa María…
    Luego de la visita a la Iglesia de Santa María, buscamos lugar en una de las mesas de un bar que daba sobre la plaza del pueblo, y bajo la refrescante sombra de un parasol multicolor, despachamos algún bocadillo y un par de cervezas generosamente servidas. De camino al albergue, pasamos por una oficina de turismo donde nos interesamos por algunos folletos de Castilla y de Navarra que finalmente nos serían obsequiados por nuestra condición de peregrinos. La funcionaria, una alegre riojana, nos informaría además que recordaba haber registrado a varios peregrinos uruguayos en los últimos meses. Maravilloso.

    Una vez de vuelta en el albergue, Martín se “agostó” un rato, y yo me puse al día con mis apuntes. Ahora me rompe para que deje de escribir y vayamos a comprar la cena.
    Vamos a comprar la cena y cerca de la plaza encontramos un autoservicio, donde nos procuramos algunos elementos para la cena y el desayuno. Maíz, pepinillos, zanahorias, arvejas, aceitunas, champiñones, un par de latas de sardinas, jugo de naranja, agua, pan, jamón, queso y leche, todo por unas mil trescientas pelas (algo así como 70 pesos uruguayos). Desandamos el camino de vuelta al albergue soportando (yo) estoicamentente las protestas de mi amigo por los ingredientes elegidos para la cena.
    Cenamos en compañía de dos madrileños y un catalán, con los cuales conversamos un buen rato, sobre España y América luego de la cena.
    Mañana el camino es fácil, corto, y rápido, así que probablemente nos levantemos a las 7:00 u 8:00.Nos acostamos a las 22:00 y creo que ambos nos dormimos casi enseguida.

    Notas de viaje, jueves 03 de agosto de 2000.

    Nos levantamos algo tarde, a las 7:30 o algo así (a las ocho te fletan del albergue). Nos vestimos, armamos las mochilas, desayunamos y salimos para Logroño acompañados de una fresca brisa matinal. Lo que es peregrinos, ya no quedaba ni uno. Luego de un par de horas de un agradable y fresco paseo matinal por caminitos vecinales que se habrían paso entre plantíos de girasol y maíz, dimos con el puesto de Doña Felisa, que a sus ochenta y muchos años sigue regalando al peregrino que se detiene frente a su cobertizo de madera y paja, higos, agua y amor. Felicia, una peregrina de otros tiempos del Camino, estampó su sello en nuestras credenciales y nos despidió con una sonrisa y el conocido “buen camino, peregrino”. A Martin casi se lo lastra el perro de un vecino de Felisa, que nos salió al paso enfurecido – el perro – y que arrugó al ver que no iba a ser uno sino dos los bordonazos que le iban a caer arriba del lomo.

    Entramos en Logroño bordeando la rivera del Ebro y atravesando el Puente Viejo, que sustituye al original del siglo XI construido por Santo Domingo de la Calzada sobre doce arcos de piedra. Este, ni tan imponente ni tan viejo, se nos presentó como primer digno acceso a la ciudad, (atrás habíamos dejado unos feos carteles con señales de tránsito y el gris cemento de la ruta de Mendavia que da acceso a la ciudad), y nos condujo hasta la rúa Vieja, la calle primigenia del burgo medieval de la ciudad. Por sobre los tejados de la ciudad despuntaban las torres barrocas de Santa María La Redonda, catedral de Logroño y la aguja piramidal de la cúpula de Santa María del Palacio.

    Deambulamos por la rúa vieja hasta detenernos en una plazoleta a desayunar unos bocadillos. Yo doy buena cuenta de nuestro pan de cada día, mientras Martín revuelve frenéticamente todas sus pertenencias en busca de sus lentes de sol. Ha estado toda la mañana echándolos de menos, y protestando por lo que considera una pérdida irreparable.
    - Es que no están… tengo el estuche …[ Martín siempre guarda todo dentro de estuches, bolsas, paquetes, etc.]
    - Pero los lentes nos están …-
    - Revisaste bien ? – le pregunto como un angelito, y me fulmina con una mirada llena de irascible mal humor.
    - Ta’ bien, no te calentés … -
    Revuelve el fondo de la mochila.
    - Por que no comés tus bocadillos y luego más tranquilo revisas todo otra vez.-
    Vuelve a fulminarme con la mirada.
    - Claro, para vós es muy fácil, vos tenés tus lentes.-
    Forcejea con las correas de la mochila.
    - Mhum. – le contesto.
    Tomo un buche de agua de su cantimplora.
    - De última te comprás otro par y listo.-
    Tomo otro buche de agua.
    - Claro, claro, todo muy fácil. Te comprás otro par y listo…
    Pone la mochila patas para arriba.
    - Y además me tomás toda el agua…-
    Escarba los bolsillos de la mochila.
    - Pero yo no quiero otro par, quiero los míos…
    - ¿ Te ayudo ? – aventuro tímidamente.
    - Los perdí, los perdí, no están, los perdí…-
    - Martín, vos nunca perdés nada, los habrás cambiado de lugar…-
    - ¡ De lugar ! – me mira como si fuera un extraterrestre de antenitas verdes.
    Sigue escarbando su mochila.
    - ¡De lugar ! ¡Insólito! ¡ Ahora resulta que yo nunca pierdo nada ! -
    - Y sin embargo tengo el estuche… ¡Pero los lentes no están! ¡No, están…!
    - ¿ Estás seguro que no están, revisaste bien, estuche grande, lentes pequeños…? -
    Ahora su furia es incontenible, me mira, alza la mano en que tiene el blando estuche de gamuza.
    Lo agita delante de mis ojos.
    Vuelve a agitarlo y me dice:
    - ¡NO ESTÁN !- vocifera como un orate.
    Mete los dedos dentro del estuche, como para demostrarme irrefutablemente la reverenda estupidez de mi pregunta, al tiempo que exclama – Já, ahora resulta que no sé revisar … – , y el par de lentes se desliza sobre la palma de su mano.
    Me mira con inquina, abre la boca atinando la defensa imposible. Se calla. Mira sus lentes, mira su estuche, masculla algo ininteligible, guarda los lentes, guarda el estuche y descarga unos feroces mordiscones sobre su bocadillo matinal.
    Bueno, qué muchacho este… [y que divertido]
    Finalizado el desayuno, y reposados los ánimos, armamos nuevamente nuestras mochilas, tomamos los bordones, y caminamos en dirección al albergue.

    Llegamos temprano al albergue, demasiado, está cerrado hasta las 14:00. De todas maneras nos reciben las mochilas y ya sin peso que cargar, recorremos un poco el casco viejo de la ciudad. Es una ciudad bonita, más de lo que nos habían advertido, sin ser una maravilla se deja recorrer y admirar. Se encuentran rincones de esos que invitan a quedarse sentado un rato largo. Luego de algunas vueltas damos con la plaza del pueblo y nos detenemos a comer alguna cosilla en un bar de la plaza, frente a la catedral de Santa María la Redonda. Conversamos lánguidamente durante una hora o algo así.

    La primer etapa del camino ha terminado y no nos ha ido tan mal después de todo.
    Atrás quedaron el desánimo y la preocupación de Zubiri y de Pamplona. Nos sentimos más que bien, hasta un poco melancólicos por no poder seguir nuestro camino a pie. Mañana comienza la etapa en autobús, que en un par de días deberá llevarnos por León, Burgos, y Ponferrada, a 205 kilómetros de Santiago.
    Atrás dejamos algunas de las jornadas más bonitas y emocionantes del camino. Lugares y sitios que dejaron su profunda huella en nuestras asombradas retinas y en nuestros felices corazones. Lugares como Saint Jean, los Pirineos, Roncesvalles, el Bosque del Erro, Zubiri, Pamplona, Puente la Reina, Estella, Los Arcos, Villamayor de Mon Jardín, y Viana. Mañana quedará atrás también Logroño.
    Fueron apenas 185 kms. en vez de los 287 kms. previstos desde Montevideo, pero pudo haber sido mucho peor. Bastante poco nos costó la impune inconsciencia de nuestras planificaciones originales. Fueron nueve días inolvidables, de cansancio, dolores, lluvia, viento, y sol implacables. Nueve días de libertad, de camino, de montañas y valles, de bosques y praderas, de emociones íntimas y compartidas. Nueve días de felicidad, de historia universal y personal, de búsquedas y encuentros, de sorpresas, de esfuerzo y de placer.
    Nueve días pisando el Camino, el del Apóstol, el nuestro, el de todos los peregrinos…

    Una sombra desmesurada sobre los adoquines me saca de mis cavilaciones, es una cigueña planeando sobre su nido en lo más alto de las torres de Santa María la Redonda. Hay varias, muchas diría yo, y son todo un espectáculo estos pájaros de patas altas y pico largo. No las había en Viana, al menos no vimos ninguna, pero aquí se ven por todas partes. Casi no se ven palomas en la plaza, que deben sentirse muy disminuidas con el tamaño de sus vecinas. Realmente parecen unos bichos muy capaces de cargar con un niño desde París…

    Desandamos el camino hasta el albergue, y nos encontramos con una terrible cola de fatigados peregrinos. Finalmente nos asignaron una enorme habitación con 16 cuchetas.

    Nos bañamos y salimos a dar una vuelta y a tomar algunas fotos. Como dato sobresaliente, encontramos un CyberCafé (¡aleluya!) y pudimos enviar y recibir mails de origen muy diverso (chamita, el gordo, los muchachos, varias y sucesivas arengas electrónicas instando a una partida de cartas, el nono, reproches del Peluca hacia Jorge, de Quique hacia Jorge, De Jorge hacia todos los demás, reclamos de bebida no paga, etc. en fin, lo usual.). Juan Martín se enzarzó algunos minutos en una especie de ping-pong de correo electrónico con su novia.
    Luego de algunas horas volvimos al albergue a tomar un tour guiado por la ciudad y así conocimos la historia de San Bartolomé, de su Iglesia (SXII) y de las sucesivas fortificaciones de la ciudad.

    Mas tarde, alrededor de las 19:00 fuimos a cenar a un coqueto bar sobre la plaza del pueblo y volvimos al albergue. Son las 21:30 y hay que dormir hasta el día siguiente, me pongo a escribir hasta que anónimas manos me bajan la llave de la luz…

    http://ultreiafinisterre.blogspot.com/

  7. 2009 Agosto 17
    María Camino Enlace permanente

    DEL DIARIO DE JUAN MIGUEL GRAU, PEREGRINO DE MIAMI….

    Sansol fue encomienda del Monasterio de San Zoilo de Carrión de los Condes, como su nombre atestigua. Su iglesia parroquial, templo barroco del siglo XVII, está dedicada al Santo Mártir Cordobés, Zoilo, cuyas relíquias junto con las de San Félix, se guardan en el Monasterio de Carrión.

    Viana, última localidad de Navarra, fue fundada por Sancho VII en la frontera con Castilla, con fines evidentemente defensivos, estuvo cercada de muralla y los restos actuales de ésta revelan su condición de plaza fuerte y fronteriza. Su monumentalidad se manifiesta en la abundancia de palacios y grandes casonas, todas ellas con escudos nobiliarios. La iglesia de Santa María, es un edificio gótico, cuya construcción se inició poco después de la fundación de Viana por Sancho VII “El Fuerte”, en el siglo XIII y concluída en el siglo XIV. Son visibles las reformas hechas con posterioridad

    Después de un día muy largo y una fuerte caminata pernocté en un magnífico hotel de Viana llamado “Palacio de Pujadas”. Gracias a Dios pude dormir bien y reponerme para cruzar al día siquiente hacia La Rioja y dejar atrás la comunidad autónoma de Navarra.

    Llegando a Logroño se encuentra el puesto de Doña Felisa, ahora atendido por su hija María, una encantadora señora que recibe a todos los peregrinos que llegan cansados, ofreciendoles agua, jugos, frutas y golosinas. Doña Felisa se ha convertido en una tradición peregrina en los últimos años y todo peregrino que por allí pasa siempre se lleva de recuerdo el sello y cariño de Doña Felisa. Allí obtuve la vieira con la cruz de Santiago, la cual es parte del atuendo de todo peregrino.

    El peregrino hace su entrada en Logroño por el gran puente de piedra, construido sobre el caudaloso río Ebro. El actual puente, levantado a finales del siglo pasado, sustituyó al medieval, mandado a construir, según refiere la crónica de Alfonzo VI, por éste gran Rey, uno de los mayores impulsores del Camino. De la importancia estratégica de éste puente en el Camino, nos da idea el hecho de que fue reparado por Santo Domingo de la Calzada y posteriormente por su ayudante y discípulo San Juan de Ortega. Llegó a tener 12 arcos y tres torres defensivas. Los origenes históricos de Logroño se pierden en referencias poco fiables, el hecho cierto es que fue recuperada del poder musulmán en el siglo X por Sancho Garcés de Navarra y Ordoño II de León, a partir de cuyo momento no pasó de ser un insignificante asentamiento agrícola. Logroño comienza a cobrar importancia a finales del siglo XI, cuando Alfonso VI, después de arrasada la población por el Cid en 1092, manda a construir el famoso “puente de piedra” con intención de crear un núcleo de población capaz de defender el estratégico paso sobre el rio Ebro. Por ésta razón le concede un ventajoso fuero.

    Un día muy especial y lindo al dejar atrás la Comunidad Autónoma de Navarra y entrar en la Comunidad Autónoma de La Rioja. Llegué el Sábado 5 de Mayo a Logroño, descubriendo que los albergues de peregrinos estaban llenos y que todos los hostales, pensiones, residencias y hoteles estaban a capacidad debido a varias bodas y bautizos que se estaban celebrando ese fin de semana. Un hospitalero francés del “Albergue de Peregrinos de Logroño” nos recomendó acudir al Padre José Ignacio Díaz, párroco de la iglesia “Santiago el Real” para que nos ofreciera orientación en donde pasar la noche. El Padre José Ignacio nos atendió y abrió las puertas de su parroquia, y nos pidió que regresáramos después de las 10:00 P.M. una vez que concluyeran las ceremonias de esa noche. Resultó perfecta la propuesta pues así tuvimos toda la tarde y noche para conocer Logroño y deleitarnos de la gastronomía regional. Los logroñeses estan orgullosos de contar con numerosos restaurantes, todos de gran calidad. Además el “picoteo”, una de las costumbres que más atraen a los visitantes, nos permite disfrutar de los pinchos más suculentos y variados. Aunque los bares se reparten por toda la ciudad, la calle Laurel ha sido tradicionalmente la zona de “picoteo” por excelencia. En sus bares se puede encontrar toda clase de platos típicos como embuchados, champiñones, pimientos rellenos, choricillo asado, setas a la plancha, etc. y siempre acompañados de un buen tinto riojano. Después de caminar y conocer todo Logroño, nos dirigimos hacia la iglesia Santiago el Real donde el Padre José Ignacio nos dejó pernoctar en su parroquia esa noche. Fue una noche muy especial pues jamás había dormido en una iglesia y aún más especial llevando el nombre del Apóstol Santiago.

    Iglesia parroquial de Santiago el Real. Según la tradición, ésta se levanta sobre otra mandada a edificar por Ramiro I, tras su legendaria victoria de Clavijo. Todos sus motivos ornamentales están consagrados al Apóstol, empezando por la fachada meridional, barroca, que nos presenta a Santiago en sus dos grandes versiones iconográficas. “El Matamoros”, una impresionante estatua del Santo (siglo XVII) a lomos de un brioso semental, y “El Peregrino” situado debajo del anterior. El retablo mayor también está dedicado a Santiago, con una talla del siglo XV, junto a la Virgen de la Esperanza, que es la Patrona de la Ciudad. Es una talla sedente, de estilo gótico del siglo XIV, que fue salvada de un incendio en el año 1500. Al final de la prolongación de la Rúa Vieja, aún se conserva la puerta muralla por donde salían los peregrinos.

    Iglesia Catedral de Santa María de la Redonda. Gótica del siglo XV con dos esbeltas torres gemelas, que fueron añadidas posteriormente en el siglo XVIII, así como el retablo de la portada occidentaL

    “Leyenda de Clavijo”

    Una época de paz se vivió durante los reinados de Aurelio, Silo y Mauregato. Fue éste último el que para mantener esa paz y conservar intactas sus tierras, acordó con los musulmanes el pago cada año de cien jóvenes doncellas. El Rey Ramiro I, hacia el año 844, decide acabar con un pacto tan vergonzoso, negándose a hacer entrega del tributo acordado. A consecuencia de ello se libró en las inmediaciones de Clavijo una cruenta batalla entre las tropas musulmanas de Abderramán II y las cristianas muy inferiores en número. Transcurridas las primeras refriegas de la batalla, los cristianos son severamente castigados y precisan buscar refugio en el monte Clavijo. Allí pasan la noche en espera de un amanecer que a buen seguro habría de ser el último por la superioridad del enemigo. Ante este panorama, el rey pasó la noche dedicado a la oración, en espera de alguna ayuda divina, cuando se le aparece el Apóstol Santiago y le dice que mande a sus hombres a luchar sin miedo, pues él luchará a su lado. Así fue, al amanecer las tropas cristianas capitaneadas por Santiago montado sobre un caballo blanco, se avalanzan sobre los musulmanes y al grito de “Santiago y cierra España” consiguen una heroica victoria.

    http://www.juanmiguelgrau.com/camino_de_santiago

  8. 2009 Agosto 20
    La hospitalaria Enlace permanente

    DIARIO DE ÁNGEL SILVENTE

    Los Arcos – Logroño

    Día 6
    22 de julio
    27,9 km.

    A las 5:00 nos ponemos en pié. Es aún de noche. Estamos un poco lentos de reflejos a estas horas y hasta las 6:30 no nos ponemos definitivamente en marcha. Según amanece se aprecia que el cielo está cubierto. Será esta circunstancia un factor muy beneficioso para nuestro caminar pues no hay sombra en esta etapa.

    Pronto llegamos a Sansol. Allí, en lo alto del pueblo, junto a la iglesia hay una excelente vista de Torres del Río, el siguiente pueblo de la ruta ,a tan solo unos cientos de metros. Tras el ya ritual de mirarnos los pies y tomar unos sobaos (Martínez, por supuesto) empezamos a bajar a Torres. Hay allí una capilla octogonal, la del Santo Sepulcro que se usa de oratorio y batisterio y que está emparentada con la ermita de Sta. María de Eunate. Sellamos en este peculiar lugar y continuamos la marcha hasta Viana. El sube y baja hasta esta localidad marca nuestros últimos pasos por Navarra.

    Viana se ve ya desde unos kilómetros antes de llegar. Al fondo a la izquierda se intuye Logroño. La entrada a Viana parece prometer poco. Sin embargo según se alcanza el centro vamos entrando en el casco antiguo y se recupera el sabor añejo de los pueblos de esta parte de Navarra. A demás están en fiestas. Por la mañana ha habido encierro y está a punto de comenzar el desfile de gigantes y cabezudos. El bullicio de la fiesta es más patente en la plaza de la iglesia. Hay gente que asa pescado en la calle, otros que abarrotan los bares, bandas de música y en definitiva todo lo necesario para una buena fiesta de pueblo. La iglesia, dicen, es muy bella en si interior pero se está celebrando el culto y no podemos entrar. De entre toda la gente aparecen Eva y Estrella. Arancha no está porque ha tomado el autobús a Logroño por un problema con una ampolla. Continuaremos con ellas lo que queda de jornada. Justo cuando vamos a emprender la marcha una mujer se queda sorprendida de nuestras calabazas. Charlamos un poco con ella. Es gallega y está haciendo el Camino en coche y en sentido contrario. Nos habla sobre el fin del Camino en Finisterre y el rito de renovación que simboliza. Con sus palabras me empiezo a plantear más seriamente no concluir mi camino en Santiago.

    El tramo que nos queda aparentemente no debe presentar ninguna complicación sin embargo llevamos ya veinte kilómetros caminados y el factor sicológico de los últimos kilómetros de una etapa juega en contra nuestra. No se por qué exactamente pero los últimos kilómetros de una etapa siempre son los peores. Quizá es que se subestimen, quizá sea la ansiedad o yo que sé. Lo cierto es que los últimos kilómetros de una etapa suelen hacerse eternos. La cosa es que en los días anteriores los tramos finales habían sido de unos cinco kilómetros. Ahora son diez kilómetros.

    Nuestros pasos dejan atrás Viana, y con ella Navarra. Sin reparar en ello y con los pensamientos fijados en terminar la jornada seguimos caminando. Navarra ha sido la tierra que ha encauzado nuestros primeros pasos y nos ha visto nacer como peregrinos. Muy lejanos quedan en nuestra mente los hermosos bosques del Pirineo, San Fermín o el Puente de la Reina.

    Logroño no aparece. No vemos cual es nuestra meta del día y el desánimo se va apoderando de nuestro espíritu. Armando va algo mal con los pies y le cuesta seguir el paso del grupo. Definitivamente se queda atrás. Las chicas continúan. Yo lo espero un buen rato. Yo no es que vaya como una rosa, pero él está realmente tocado. Sin embargo a base de coraje sigue adelante. Logroño está ya muy cerca en distancia, pero lejos de nuestra vista.

    Ya enfilada la bajada final y con la ciudad a un tiro de piedra nos encontramos con la señora Felisa, la del “agua, higos y amor”. Es una mujer ya anciana, de aspecto desaliñado y pobre. Vive junto al camino en una casa vieja y algo cochambrosa, pero pasa la mayor parte del tiempo en un tenderete donde atiende y sella a los peregrinos. Nadie se le escapa, hasta tal punto que en Logroño se sabe si un peregrino ha llegado andando si tiene el sello de la Felisa. Si no es que ha cogido el autobús o el coche. Cuando alguno se pierde, comprueban si ha pasado por la Felisa y ha dejado su firma en el libro. Con el libro de peregrinos y una piedra que esta señora arroja a un cubo por cada caminante o ciclista que pase, la hija de la Felisa hace recuento de cuantos peregrinos pasan por allí cada mes, en invierno o en verano.

    Después de haber firmado y sellado, el aspecto de miseria de la señora y un plato con monedas encima de la mesa nos conmovió a dar limosna a esta “pobre” mujer. Después, echando cuentas, dedujimos que no debía ser tan pobre. No se le escapa ni un peregrino y si cada uno le da algo de limosna la suma total no es nada despreciable. Algún tiempo después nos dirían que la “pobre” Felisa posee varios pisos en Logroño y también en Roma, pero ¿quién puede saber realmente esto?

    Al fin se produce la llegada a la ciudad. La entrada es una de las más bonitas a una ciudad del Camino. Se cruza el imponente Ebro (imponente al menos para alguien acostumbrado al Segura) por un puente de piedra . Por este mismo lugar han pasado millones de peregrinos a lo largo de la historia. Enseguida enfilamos la Rúa Nueva trazado histórico del Camino y a muy pocos llegamos al albergue. Quizá esta circunstancia de encontrar el refugio al comienzo del casco urbano haya hecho que le tenga un especial cariño a esta ciudad (en casi todas las ciudades grandes el refugio suele estar saliendo del núcleo urbano y frecuentemente en lo alto de una cuesta).

    Es un albergue nuevo, muy bien cuidado y acogedor. También es más barato que los de Navarra. No tardamos en instalarnos y salir para comer. En principio la idea era ir de vinos y tapeo, pero ya son las tres pasadas y ese tipo de bares están cerrados. Armando está hecho polvo y se queda acostado. Yo me voy con las pucelanas. Encontramos un bar donde dicen que se come bien. El menú incluye varios platos a elegir, todos muy buenos. Arancha y Eva me convencen para que pruebe los cayos. No lo volveré a hacer, desde luego no son lo mío. Sin embargo Eva, muy servicial como siempre, me cambia su plato.

    Por la tarde no me apetece dormir la siesta y me voy con Arancha a dar una vuelta. Damos un paseo por los jardines del río. Nos pasamos un par de horas hablando sin parar de nuestras vidas como si fuésemos personas de absoluta confianza. Por un momento me paro a pensar qué hago yo en una ciudad a una porrada de kilómetros de mi casa hablando con una persona que apenas conozco de unos días. Pronto comprendo que eso también es parte del Camino.

    Ya pasada la hora de la siesta Armando vuelve al mundo. Salimos a comprar provisiones y a ver un poco la ciudad. También vamos a correos a enviar un paquete de cosas que no necesitamos. Yo envío los cubiertos, el plato, algo de ropa interior y una camiseta. No llega al kilo y no se de qué más deshacerme. Visitamos la catedral. Por fuera no dice gran cosa. El interior, sin ser una maravilla, no está nada mal. Lo que más me llama la atención es el ambiente de recogimiento que invita a la oración. La gente que hay allí va a rezar. Prácticamente no hay turistas. En un rincón está la imagen de San Mateo, patrón de Logroño. En otro lateral, una hermosa talla de la Virgen con el Niño. Faltan algunas obras, sobre todo referentes a Santiago, porque se exponen en Compostela con motivo del Año Santo. Cerca del albergue está la Iglesia de Santiago. No podemos verla porque está cerrada. En la misma plaza se encuentra la fuente de los Peregrinos. En el suelo de esta plaza hay dibujado un juego de la oca con referencias a localidades del camino. No será la última vez que encontremos relaciones entre el Camino y este juego.

    La cena de ese día hacemos ligera y a pesar de disponer de una completa cocina no estamos muy animados a guisar nada. Hay que irse pronto a la cama. Mañana toca otra etapa de las largas hasta Nájera.

    http://www.euskalnet.net/diariosdeperegrinos/angel.silvente.htm

  9. 2009 Agosto 22
    María Camino Enlace permanente

    “O el Brujo de Bargota”, clérigo nigromante de Viana de Navarra, que un día voló a Madrid a ver una corrida de toros”.

    “O el Juego de la Oca, perfectamente señalado en el pavimento de la Plaza de Santiago en Logroño, cuyo origen es totalmente iniciático, y en el que nos da las pautas a seguir para las etapas del Camino de Santiago”

    http://luisyanezabelaira.blogspot.com/2009/05/ponferrada-16-04-2009-presentacion-un.html

  10. 2009 Agosto 24

    DEL PEREGRINAJE DE LEON DEGRELLE

    Hoy ha sido una jornada dura. Una caminata de 35 km. Estaba bastante inquieto; a las seis horas de la madrugada, he partido.
    Desde el principio, sol. Estaba seguro. Había consultado en el mapa la primera localidad que atravesaría: Sansol. El mundo está lleno de contradicciones ¡debía hacer sol!
    Estaba detrás de mí, dibujando delante y precediéndome mi estilizada sombra con la cabeza alargada, como las viejas esculturas romanas de los pórticos. Me gusta mi sombra, no me molesta y me hace compañía.
    Al cabo de dos horas llego a Torres del Río. Lugareños “brutos”, no hay manera de conseguir (lo había pedido en dos casas) una taza de agua caliente para prepararme un café. Todos me miran, con ojo avieso. He debido ponerme de nuevo en marcha con el estómago vacío. Pero la parada en este pueblo y el entretenimiento valieron la pena, pues posee una sorprendente capilla, llamada del Santo Sepulcro, octogonal, con una “linterna de los muertos”encima. Existe otra, de este tipo, cerca de Puente la Reina, y una tercera en Francia. Son las únicas que quedan de la Alta Edad Media. Se cree que eran capillas funerarias, pero esto permanece en el misterio.
    ¡Con belleza, con gracia! A pesar de una horrible puerta de hierro y. . . de los árboles de varios metros, plantados en el tejado, que me han retenido mucho tiempo.
    Enfrente, otro pueblo ocre, edificado en el pico de la roca.
    Entonces¡se comprende que los bípedos desafiantes me importen un bledo!
    Esta es la palabra: desafiante. Os miran de reojo, de soslayo. La mitad no responde al saludo. Dejan a sus perros que salten a vuestras piernas, sucios animales ladradores con grotescos collares cubiertos de grandes pinchos, para evitar ser mordidos en el cuello por los lobos.
    El perro se te lanza encima. El campesino no le regaña. Antes de ayer una de estas sucias bestias me arrancó un trozo de mi impermeable. ¿Dónde están los dulces y divinos Rubio y Churri?
    Al fin, hallo un pequeño lugar solitario donde una joven gentil me ha calentado el agua (en el frente una encantadora taca, la primera que he visto colocada en España). La chimenea era muy grande y, a pesar de ello, la taca, relativamente pequeña, estaba perfectamente destacada.
    Pocas personas en el camino. Es notable lo poco que se anda en esta tierra. A veces, un autocar haciendo un ruído espantoso y apestando toda la carretera, durante cinco minutos, con su fuel-oil. Otras, un taxi, saltarín, lanzando explosiones, asomando por las ventanillas diez o doce cabezas rudas, coloradotas, entusiastas. Esto era todo.
    Era mi último día en Navarra. La tierra se alargaba. Ya no había bosques sobre los “montes cenicientos”. Dos o tres abetales de risa. Por todas partes, viñas, trigo, avena ya madura, y hacia el sur, a lo lejos, la enorme cadena montañosa de la ribera derecha del Ebro, negro, como los de aquí, con enormes excremencias blandas; catedrales fabulosas, como estalactitas gigantes de desmesuradas grutas y desaparecidas. Una blancura muy brillante delimitaba lo más alto de las montañas con el cielo. Creí, durante mucho tiempo, que la luna allí se había rezagado. Pero no, era un nevero; y además, aparecen por ahí por decenas.
    A mi derecha, la larga línea de montes navarros grisáceo-blanquecinos, con las vetas violetas, todavía me acompañaba. La carretera subía, volvía a bajar, pero nos deslizábamos hacia el valle.
    Finalmente, a las dos y media de la ytarde (había partido a las seis de la mañana) alcanzaba la última población de Navarra (que recorrí completamente, de punta a punta), llamada Viana.
    Tú sabes que Navarra y Castilla lucharon fanáticamente durante dos siglos. Fue desde aquí y desde Logroño, enfrente, a nueve kilómetros, detrás del río(el Ebro), donde se batían.
    Viana, ciudad extraordinaria, situada en lo alto, sobre el último monte navarro, con su recinto amurallado, repleta de palacios con amplios aleros de madera tallada, con formidables puertas claveteadas de bronce (¡y con clavos sublimes!), llenos de hierros forjados, enormes, suntuosos; pero todos estos palacios están abandonados, en un deterioro lastimoso. En los bellos porches, se curte el cuero, se meten carretadas, o, lo que es más frecuente, están vacíos, nadie los habita. ¡En lo alto del altar de la Iglesia de San Pedro, con sus tres cuartas partes demolidas, un encantador Santiago caracolea sobre un caballo completamente blanco, destacándose sobre un cielo muy azul, para empezar!
    He recorrido emocionado todas estas entrañables calles, como millares de peregrinos lo hicieron antes; después, he reanudado el camino. Enfrente se encontraba, pues, el enemigo, Logroño (que los peregrinos franceses traducían, con humor, “le Groin” -el hocico-, la jeta del adversario), al acecho; detrás del gran río iluminado, de aquí y de allá, por acantilados rojizos caprichosamente tallados casi en “conchas”. Los montes más próximos, detrás de la ciudad, eran aún más impresionantes. De Logroño, escondido en el follaje, se divisaban los campanarios rojos y la luz azul-verdosa del gran río. Me fantaseaba imaginando a los centinelas vigilando la planicie desnuda donde no se izaban más que algunos abedules y algunos cipreses. Me imaginaba la emoción de los peregrinos cuando traspasaban las murallas y descendían hacia este nuevo territorio, con una moneda nueva, y cuyos habitantes tenían la fama de ser personas malvadas.
    Atravesé cojeando (pues me salió una nueva ampolla, cada vez más protuberante, en la planta del pie izquierdo, y me valgo de las astucias de los Sioux para que no se me reviente)los nueve kilómetros que separan a estos dos bastiones. El sol calcinaba. Estaba extenuado, pero, aún así, cantaba. Y al fin, llegaba a la ciudad, magnífica al visualizarla; detrás, el agua mugiente; una ciudad ya más cercana, con campanas en las torres de las iglesias, completamente engalanadas de motivos arquitectónicos, del Renacimiento, o con decoraciones mudéjares, en ladrillos, con un admirable alto campanario puntiagudo, piramidal, de 45 metros de altura (Santa María del Palacio), contrastando con tantas torres fortaleza, rechonchas, admiradas a través de la vieja Navarra guerrera.
    Pero la ciudad no vale lo que las villas navarras. Ciudad muy rica, cuna del vino de la Rioja, tan abundante y tan famoso. Cuando una ciudad se hace rica, se transforma en fea. Aquí, ni uno solo de los viejos portones romanos o góticos, como yo los había visto, alineados a cientos, bajo sus viejos blasones, en las estrechas callejuelas de Puente la Reina o de Estella(mi lugar preferido). La ciudad es, o de un lujo chillón y anónimo, o sórdido. Pero le quedan las iglesias; la de Santiago, en primer lugar, flanqueada, a veinticinco o treinta metros de altura, de un fantástico Santiago que abarca toda la anchura de la calle, obra descomunal y manierista, sombrero gran siglo, estandarte, cola del caballo tallada como una columna, alfanje, todo sobre un vigoroso corcel semental cabalgando por encima de las cabezas de los moros, seis veces más grandes que al natural.
    ¡Ah! ¡Cómo canto y qué encanto!
    Estoy asado (¡con tanta solana he llegado a ponerme violeta, de tal manera que ahora estoy moreno, y comprendo entonces por qué los negros son negros!). En el pueblo, una fonda modesta, pero gentil, ofrece una bella vista sobre la llanura castellana. Quedo un poco decepcionado al examinar la primera iglesia. Pero a las seis de la tarde hice el gran descubrimiento: la Iglesia de San Juan. Había llamado, en la calle desde lo lejos, a un joven sacerdote, con una buena cara risueña, fresca, abierta. Me ha hecho visitar todo: la iglesia, de un gótico primitivo muy puro, y el claustro, y subir al campanario; después (aún tenía fuerzas), hemos examinado las antigüedades apiladas en las traseras de la sacristía.
    Desde Estella no había visto ni al más modesto anticuario. Nada. Ni en Logroño, ni en Burgos. ¡Qué raza desconocida! Pero Castrojeriz me tentaba. Cavilando en que se habían derribado recientemente dos iglesias, la de Santiago y la de San Esteban, estaba seguro de que allí debía haber “vestigios” interesantes. Evidentemente, los he descubierto, guiado por mi pequeño vicario, en la trastienda de la sacristía. He puesto a un lado tres piezas de madera: dos de ellas, estatuas, de mediano espesor, de 80 cm de alto, talladas en madera policromada, del siglo XV, intactas, espléndidas; y la tercera, un grupo admirable de pequeños personajes, también en madera policromada, de 50 cm de ancho, 25 de largo y 30 de alto, de una nobleza y de una autenticidad sublimes, e intacto, como las dos estatuas.
    Me retiro a dormir, para poder ponerme en camino mañana a las 5, pues tengo treinta kilómetros por delante y el calor es, desde temprano, realmente agobiante. Esta gran aridez me gusta, en su despojo, es asombrosamente espiritual. También me gusta el sol. He ahí a cinco mil años, le pido a Dios, fuerza, belleza, continuidad.

    http://compostela2004.free.fr/mi_camino_de_santiago.htm

  11. 2009 Agosto 26
    La hospitalaria Enlace permanente

    EL CAMINO DE EX ORIENTE LUX

    De Los Arcos a Sansol el camino vuelve a sumergir al peregrino en un mar casi interminable de trigo. Antes de abandonar el pueblo, se pasa ante el cementerio en cuya puerta se anuncia a todo el que pase por ahí eso de

    “Yo fui lo que tu eres, tu serás lo que yo soy”.

    Más alegría para el caminante, por si no ha tenido bastante con la compañía de sus pensamientos en la travesía anterior. Más aún si encima descubre la cruz de una difunta tirada de cualquier manera a un lado del camino, sin que nadie se preocupe de, por lo menos, devolverla al interior del recinto del camposanto. Uno piensa en lo desagradecidos que podemos llegar a ser con aquellos que ya han dejado de poder darnos algo.

    Para entonces, ya estamos algo cansados del sol, de trigales, de caminar; lo que peor se lleva en este último tramo es comprobar que a uno le hacen dar más vueltas de lo que debiera, para llegar a un punto que se ve enfrente durante largos kilómetros.

    Sansol. Nombre tan llamativo y curioso lo debe al santo Cordobés Zoilo, muerto hacía el año 300 en las persecuciones de Diocleciano, y al lugar en el que se conservan sus reliquias –Monasterio de San Zoilo de Carrión de los Condes. Cuentan que correspondió a éste, como abanderado de la expansión Cluniacense en la Península, la fundación del pueblo en el que ahora estábamos.

    Sin detenernos demasiado en otros menesteres, dedicamos nuestros primeros pasos dentro del pueblo a la búsqueda de una fuente en la que refrescarnos tanto interior como exteriormente. Dimos con ella sin salirnos del camino, a mano izquierda en una especie de parque pequeñito y umbroso, en el que un grupo de peregrinos, que parecía hablar portugués, disfrutaba de las delicias del lugar, tumbados sobre la hierba, mirando asomarse al cielo por entre las ramas de los árboles mientras conversaban perezosamente.

    Repuestas nuestras fuerzas, y viendo tan cerca ya nuestro destino, nos animamos a dedicar un tiempo a recorrer las calles del pueblo y acercarnos hasta la parroquial. Desde ella, como desde muchos puntos del pueblo, se tiene una inmejorable panorámica de la vecina Torres del Río, llamada antaño por algún cronista Torres de Sansol, cosa que si se hiciera actualmente a buen seguro que repartiría a iguales partes gustos y desazones pues, por lo que nos contaron, y como es habitual en localidades vecinas, existe una fuerte rivalidad entre los de ambos pueblos.

    El caso es que cuando uno observa Torres, dejémoslo así, desde Sansol, lo hace con la misma facilidad que se observa la fotografía aérea de una localidad, en la que de una mirada puede hacerse uno su propia imagen de lo que es el pueblo.

    Lo primero que llama nuestra atención, como no podría ser de otra manera, es la Iglesia del Santo Sepulcro, obra que como su gemela de Eunate muchos se han apresurado a atribuir a los templarios… Como no quiero pecar de lo contrario, es decir de “desatribuidor de templarios”, sólo diré que no existe ninguna documentación que confirme aquella tésis, y sí alguna que la relaciona con el cercano Monasterio de Irache.

    Sobre sus características, y lo maravilloso de su fábrica, no voy a aportar nada que, seguramente, no hayan dicho numerosas guías y que no haría sino terminar de aburrir al lector. Callo por lo tanto y seguimos a lo nuestro.

    Desde esas alturas Sansolinas se aprecia lo irregular del trazado de Torres, que descansa en suave descenso al pie de la ladera de una colina que llega a su fin bajo las aguas del Linares. Ante esta visión, uno disfruta imaginando ver, desde ese mismo lugar, a la Iglesia del Santo Sepulcro en medio de la noche, haciendo de faro y guía al peregrino extraviado. No sería más que una luz tenue en medio de la oscuridad, casi en el fondo de una vaguada, iluminando débilmente y de amarillo, una torre, cuya luminosidad va extendiéndose a su alrededor en gradación cada vez más oscura, hasta llegar hasta el negro silencioso de la noche que lo inunda todo.

    Es lo mismo que, como en otros lugares cuentan que hacían las campanas de Puente La Reina, una luz similar en Santa María de Eunate, y seguramente, otras tantas cosas que ahora mismo desconozco pero que, a medida que avance en el camino, iré teniendo noticia de ello y compartiré, como no puede ser de otra manera, contigo, paciente y generoso lector.

    http://www.exorientelux.org/

  12. 2009 Agosto 26
    La hospitalaria Enlace permanente

    Continuamos nuestro camino y al poco nos alcanzó un peregrino, con el que ya habíamos coincidido en diferentes ocasiones a lo largo de la mañana. Era un hombre como de unos cincuenta años, delgado, de aspecto sanguíneo, nervioso y con un paso firme y rápido.

    No recuerdo de qué modo, pero empezó a hablarnos de los templarios y el camino de Santiago, mi tema, asegurando, como es costumbre, que todo era obra de ellos y en todo hay que buscar un significado oculto, iniciático gustan de decir.

    Entre fuerzas telúricas, orientaciones hexagonales premeditadas y mensajes de allende los siglos, recorrimos sin llevarle la contraria algún que otro kilómetro. Al fin y al cabo, no era el caso de abrir un debate en medio del campo riojano, y además todo esto se compensaba con la simpatía de nuestro compañero de camino.

    Afortunadamente, a medida que avanzábamos en nuestra marcha, la conversación fue tomando otros derroteros y comenzamos a hablar de las relaciones tensas que existen siempre entre pueblos vecinos; la que debe haber entre Torres del Rio y Sansol, fue la que motivo la conversación. Según nos contó, era de Cuenca y allá, en un pueblo cuyo nombre no recuerdo nos habló de una calle en la que en tiempos existía un odio visceral entre los que habitaban en un lado y los del otro, que se veía reflejado en todas sus manifestaciones colectivas: celebraban distintas fiestas, no se casaban entre ellos y acudían a diferentes parroquias…

    http://www.exorientelux.org/

  13. 2009 Agosto 26
    La hospitalaria Enlace permanente

    DEL CAMINO DE EX ORIENT LUX

    Salimos de Torres del Río a eso de las 6.45. Todavía no había amanecido. El pueblo soñaba adormilado entre las últimas sombras de aquella noche. Había una tranquilidad absoluta. Las paredes de la iglesia del Santo Sepulcro parecían respirar con la placidez de un niño dormido. Frente a nosotros, en lo alto, se erguía espectral y majestuosa la silueta de Sansol.

    Al pasar junto a uno de los albergues del pueblo, se rompió aquél silencio: un grupo de alemanes, parecían una o dos familias casi al completo, se disponían a iniciar la marcha en medio de una escandalera que ellos mismos provocaban con sus risas, voces altas y gritos de ánimo.

    - ¿Será ese el albergue clandestino? –pregunté a mi compañera.

    Cuando finalizamos la etapa anterior, fuimos a dar con nuestros cansados, hambrientos y sudorosos cuerpos en “La Pata de Oca”, donde sus amables propietarios nos dieron de comer un generoso menú, del que disfrutamos mientras escuchábamos lo que nuestro anfitrión charlaba con un peregrino que se había apostado en la barra a tomar una cerveza.

    El tema central de la plática era la picaresca del camino, lo que hacen algunas personas para sacar provecho de la ruta jacobea. Según dijo, tal es el caso de aquellos que, sin ningún escrúpulo, se acercan a los pueblos y ciudades del camino, en los que hay fiestas –puso como ejemplo Pamplona y San Fermines-, y simulando ser concheros se hospedan en los albergues. Contó que, para dar más veracidad, algunos son capaces de hacer la etapa que pasa por su destino, llevando una credencial que sellan al salir, y así cuando llegan tienen hasta el documento que prueba que son peregrinos.

    Fue después cuando pasó a explicar que hay también albergues que definió como “clandestinos”, por no estar debidamente legalizados ni asegurados, por lo que si ocurre algún accidente el peregrino está expuesto a no recibir ningún tipo de cobertura.

    Y algo así debió de pensar de nosotros nuestro anfitrión, a juzgar por lo que nos cobró por el “menú”. Pero bueno, el trato tan amable, la conversación, la satisfacción de ver lo bien que educaban a sus hijos que nos atendieron solícitamente bajo la guía atenta de su padre, nos disuadieron de manifestar cualquier tipo de desacuerdo.

    Pero volvamos al camino. Tras rebasar el albergue que ha motivado este retorno a la etapa anterior, salimos del pueblo en dirección a la Ermita del Puy. Cuando llegábamos a ella, el día iba amaneciendo con una luz muy azul, muy bonita, que mezclada con el verde de las vides y alguna que otra higuera, daban una tonalidad muy cálida y agradable al ambiente.

    El tramo que desde la Ermita del Puy llega hasta Viana es de algo más de dos horas de marcha por caminos que suben y bajan continuamente, a veces polvorientos y otras pedregosos, a ratos caminando junto a la carretera; pero, a pesar de ello, no se hace excesivamente duro al peregrino.

    Un sendero que corre por entre una especie de corrales nos lleva, tras cruzar una carretera, a la última localidad Navarra que va a visitar el conchero: Viana. Este carácter fronterizo ha estado siempre muy presente en la historia del lugar, de hecho fue fundada por Sancho VII el Fuerte de Navarra a principios del siglo XIII, con el fin de asegurar la frontera del Reino frente a Castilla. Para ello, otorgó el Fuero o “Privilegio del Águila”, llamado así por estar sellado con este signo real, en el cual ofrecía a sus pobladores todo tipo de franquicias y exenciones.

    Cuentan que la convocatoria Real no tardó en acogerse con éxito, y en poco tiempo gentes de las más variadas procedencias vinieron a habitar la nueva población. En ella se hicieron famosos, y muy útiles para el peregrino como gente de paso que era, los cambistas instalados en su judería, que canjeaban a todo aquél que se dirigía al reino vecino su moneda Navarra por la castellana.

    Viana tiene en su historia más de un motivo para sentir orgullo de su pasado. Uno de ellos es, sin lugar a dudas, la institución del Principado de Viana por Carlos III “el Noble”, para su nieto y tocayo, en 1423. Seguía con esto la costumbre de los reinos occidentales europeos de dar un título al heredero de la Corona: Delfín en Francia, Príncipe de Gales en Inglaterra, Príncipe de Asturias en Castilla… Aunque no dio mucho tiempo a hacerse uso del título en cuestión, su memoria y la del primero que lo ostentó han quedado unidos de forma inequívoca en la memoria histórica de los navarros.

    Entramos en el lugar siguiendo el trazado que marca el camino, hasta llegar a una plaza que la llaman del Coso. La última casa que hay antes de salir a la plaza, llama notablemente la atención del caminante por el enorme y espectacular escudo que luce. Según nos contaron, se trata del Palacio de los Goñi familia principal donde las había en Viana, con asiento en las Cortes y cuyos ancestros un genealogista bien pagado o con ganas de complacer, hizo remontar hasta el mítico Teodosio de Goñi, el que fue salvado por el Arcángel San Gabriel en Aralar de las hambrientas fauces de un dragón.

    La casa debía estar adornada en mejores tiempos con una fachada cubierta de hermosas columnas. Cuentan que la importancia de estos Goñi era tal que gozaban de “derecho de asilo”, consistente en que si cualquier fugitivo o malhechor perseguido por la justicia llegaba a tocar una en concreto de aquellas columnas, inmediatamente podía refugiarse o quedarse bajo la protección del dueño de la casa e impedir que la justicia actuara sobre él.

    Seguimos nuestro camino. Al poco llegamos a la Iglesia de Santa María, donde volvemos a dar con otro de los motivos que hacen de la historia de éste lugar algo apasionante: una placa de mármol blanco, colocada en el suelo frente a la puerta del templo, en la que se dice

    “César Borgia generalísimo de los ejércitos de Navarra y Pontificios. Muerto en campos de Viana el XI de marzo de MDVII”.

    César Borgia, hijo del papa Alejandro VI, es un personaje clásico del renacimiento europeo. Cuando entra en la historia de Viana, había huido recientemente del castillo de la Mota de Medina, en donde lo tenía prisionero Fernando el Católico, llegando a Navarra en diciembre de 1506, donde se hizo cargo de las tropas del rey de Navarra, su cuñado, don Juan de Labrit.

    Casi inmediatamente, César Borgia pone sitio a Viana, decidido a rendirla por el hambre. Pero en la cerrada y tormentosa noche del 12 de marzo de 1507, los beamonteses consiguieron abastecer de víveres a sus partidarios sitiados. Enterado de ello, Cesar montó en cólera, y tomando una pequeña escolta, salió en dirección a Mendavia en busca de aquellos que había llevado el alimento. Pero en un lugar llamado “la Barranca Salada” fue sorprendido por las tropas enemigas y muerto de una lanzada. Ironías de la vida, a él se le atribuye la frase de

    “Lo que no ha pasado a mediodía puede pasar por la noche”

    Fue enterrado en el presbiterio de la iglesia de Santa María de Viana, en una tumba muy lujosa de alabastro, hoy desaparecida, en donde el rey don Juan mandó labrar un epitafio que decía:

    “Aquí yace en poca tierra

    el que toda le temía

    el que la paz y la guerra

    en su mano la tenía.

    Oh tú, que vas a buscar

    dignas cosa de loar

    si tú loas lo más digno

    aquí pare tu camino

    no cures de más andar”.

    Poco tiempo después, incorporada Navarra al Reino de Castilla, el obispo de Calahorra, desafecto a la causa que defendió Borgia, mandó sacar sus restos a la calle, justo ante la puerta principal de la iglesia, para que los “pisase” todo el mundo. Esa es, como ya habrá adivinado el astuto lector, la dichosa placa de mármol que tanto nos había entretenido.

    El irónico destino que acompañó en su final a Cesar Borgia se quedó con nosotros mientras nos alejábamos del lugar, y con él en nuestro pensamiento entramos en una tienda de recuerdos que hay frente a la portada de la iglesia de Santa Maria. La idea era comprar un par de pines que representan al famoso águila real del fuero de Viana, uno para mi y otro para un amigo que gusta de estas cosas.

    El caso es que estábamos en eso de pagar, cuando no pude reprimirme de preguntar a la dependiente que tan amablemente nos estaba atendiendo, sobre si realmente está hay enterrado, donde la placa, el famoso Cesar Borgia.

    - Si, ahí está, para que lo pisen bien… -dijo no sin cierta sornilla.

    Afortunadamente, se podía apostillar, el espíritu de los pueblos, pragmático por necesidades de supervivencia, tiende a relativizar todo, a convertir lo serio en burla, a reírse de uno mismo en primer lugar, y a transformar la épica en una jota impregnada de una irónica visión de la actualidad:

    Dicen que Borgia murió,

    en la Barranca Salada;

    hoy seguro caería,

    en la variante de Viana.

    Después de tomar un café junto a la tienda antes mencionada e intentar, infructuosamente, sellar nuestra credencial en el albergue del lugar, decidimos continuar nuestra marcha sin entretenernos más: teníamos por delante aún mucho camino y los numerosos encantos de Viana nos estaban entreteniendo demasiado tiempo.

    Una senda entre casas de labor, huertos y chalets, seguida de una pista asfaltada, nos lleva tras algo más de media hora a la ermita de la Virgen de las Cuevas, patrona de Viana. Allá nos detuvimos a hablar con dos paisanos que charlaban plácidamente en un merendero que hay junto a la ermita.

    Continuamos nuestro camino y al poco nos alcanzó un peregrino, con el que ya habíamos coincidido en diferentes ocasiones a lo largo de la mañana. Era un hombre como de unos cincuenta años, delgado, de aspecto sanguíneo, nervioso y con un paso firme y rápido.

    No recuerdo de qué modo, pero empezó a hablarnos de los templarios y el camino de Santiago, mi tema, asegurando, como es costumbre, que todo era obra de ellos y en todo hay que buscar un significado oculto, iniciático gustan de decir.

    Entre fuerzas telúricas, orientaciones hexagonales premeditadas y mensajes de allende los siglos, recorrimos sin llevarle la contraria algún que otro kilómetro. Al fin y al cabo, no era el caso de abrir un debate en medio del campo riojano, y además todo esto se compensaba con la simpatía de nuestro compañero de camino.

    Afortunadamente, a medida que avanzábamos en nuestra marcha, la conversación fue tomando otros derroteros y comenzamos a hablar de las relaciones tensas que existen siempre entre pueblos vecinos; la que debe haber entre Torres del Rio y Sansol, fue la que motivo la conversación. Según nos contó, era de Cuenca y allá, en un pueblo cuyo nombre no recuerdo nos habló de una calle en la que en tiempos existía un odio visceral entre los que habitaban en un lado y los del otro, que se veía reflejado en todas sus manifestaciones colectivas: celebraban distintas fiestas, no se casaban entre ellos y acudían a diferentes parroquias…

    Por lo que nos contó, algo tenía que ver con la producción de vino, aunque, eso si, a escala pequeña. También nos dijo que anteriormente había hecho el camino desde Astorga, aconsejándonos entre otras cosas que cuando llegáramos a O Cebreiro acometiéramos la etapa empezando con el puerto, para hacerlo frescos y con las fuerzas que son necesarias para superar esa etapa.

    Estos y otros consejos nos estuvo dando cuando ya llegamos casi a las puertas de Logroño, justo ante la casa de Doña Felisa, otro de los personajes míticos del camino, cuya memoria tras su fallecimiento se mantiene en el mismo sitio en el que ella recibía a los peregrinos con “higos, pan y amor”, tal y como reza el sello que todavía se estampa en la credencial de quien allá se detiene.

    Fue ante la casa de Doña Felisa donde nuestro amigo de Cuenca se despidió de nosotros; no quería detenerse hasta llegar a Logroño y, además, llevaba un ritmo de marcha más rápido que el nuestro, lo que hacía que llevara un buen rato forzando el suyo para caminar a nuestro par charlando. Todo un detalle digno de agradecer, como tantas cosas que nos van pasando en el camino.

    Según nos íbamos acercando a Logroño, vimos a lo lejos la famosa aguja gótica piramidal de Santa María del Palacio. A su alrededor, se extendía todo lo que en su época sería la ciudad medieval con su estructura claramente Jacobea, alargada en torno al camino y articulada en diez barrios con sus respectivas iglesias provistas, algunas de ellas, de hospital u hospedería.

    Santa María del Palacio fue llamada así por tener su origen en la donación que Alfonso VII de Castilla, «el Emperador», realizó de su palacio en 1130, al canónigo Giraldo, para que en él erigiera la primera fundación de la orden del Santo Sepulcro en el reino castellano.

    Cruzamos el famoso puente de piedra que da paso a la ciudad sobre las aguas del Ebro. Estos peregrinos no están acostumbrados a ver ríos de tales envergaduras, y la oportunidad que entonces se nos ofreció, junto al deseo inconsciente de detener nuestra marcha un instante, nos detuvo a mitad de su recorrido a entretenernos en la observación del paso perezoso de las aguas, el aire reflexivo de algún pescador que vigila su caña distraídamente o las aves que parecen casi rozar la superficie con sus alas buscando, imagino, algo de alimento.

    Uno termina por no escuchar a los vehículos que cruzan ese mismo puente, ni las conversaciones de quienes pasan a su lado; el aire, ese aire fresco que a medida que avanza el día va apagándose, y corre todavía ligero por el cauce del Ebro, se adueña de nuestros sentidos…

    Pero hay que seguir caminando. Entramos en la Rúa Vieja y sin apenas detenernos nos llegamos hasta la Iglesia de Santiago donde al entrar tuvimos la fortuna de coincidir con un coro que estaba ensayando su repertorio para una boda. Nos sentamos tranquilamente en uno de sus bancos y dedicamos un buen rato a disfrutar de la música y de la visión del interior de la iglesia.

    Mientras uno camina por estas calles, no puede evitar recordar que en esta ciudad se celebró, a principios del siglo XVII, el famoso Auto de Fe de 1610, seguramente el más famosos que llevó a cabo la Santa Inquisición. En el se procesó a cuarenta mujeres, procedentes de Zugarramurdi (Navarra), doce de las cuales fueron condenadas a la hoguera.

    En la Calle Barriocepo nos detuvimos a tomar un café, tras lo cual seguimos hasta la torre de Revellín, testimonio de lo poco que queda de las antiguas murallas de la ciudad. Cuentan que fue en ese punto donde tuvo lugar lo más duro del sitio al que se vio sometido Logroño por las tropas francesas en 1521. Una leyenda peregrina dice que su puerta está perfectamente orientada a Santiago, pero eso ya es más cuestión de fe que de otra cosa.

    http://www.exorientelux.org/

  14. 2009 Agosto 27
    La hospitalaria Enlace permanente

    En Cornava, Paca y Salva, como legionarios romanos beben agua y se fotografían (los pobrecillos) el uno al otro.

    http://www.atienza.info/camino/textos/Etapas32.htm

  15. 2009 Agosto 28
    La hospitalaria Enlace permanente

    DEL DIARIO DE UN MISIONERO JAVIERISTA

    Al final quedamos en vernos con Ángel en Logroño. Tomaremos el autobús, Mario en Sansol o Torres del Río. Yo quiero caminar algo más y tengo interés por ver Viana, así que me adelanto a Mario y hacia allí encamino mis pasos.

    Atravesamos valles bordeados por colinas que ostentan en sus cimas restos de castillos y fortificaciones militares. Esos castillos ya no sirven porque los enemigos de antaño no lo son hoy y porque las técnicas militares han cambiado. Todo un ejército de “extranjeros”, de potenciales enemigos en el pasado atraviesa también a pie esos valles. Es uno de los encantos del camino: la internacionalidad, que puede conllevar el establecer lazos de amistad con personas de otros países y culturas. En este sentido el camino se convierte en una oportunidad para el conocimiento mutuo y la armonía entre los diferentes, una de las bases para la paz.

    Pero la ruina de los castillos, ¿significa que somos menos belicosos y tenemos una mentalidad menos militarista? No lo parece a juzgar por las estadísticas: el comercio de armas sigue siendo uno de los grandes negocios del planeta, los gastos militares aumentan cada año y los conflictos armados siguen en muchos lugares. En concreto en España el Ministerio que más dinero recibe en los presupuestos es el de Defensa, y eso que el gasto militar real es mucho mayor que el del solo Ministerio de Defensa porque mucho de ese gasto se esconde en partidas de otros Ministerios. España ha fabricado y vendido minas antipersona con todos los gobiernos de la democracia, y en nuestro país se siguen fabricando bombas de racimo, aunque por fin van a ser prohibidas y esperemos que España acate este acuerdo.

    Veo el horario de autobuses en Los Arcos y ahí me doy cuenta de que tengo que apretar el paso si quiero ver Viana antes de que llegue el autobús. De hecho hago el resto del camino en menos de dos horas, a toda prisa, adelantando peregrinos, bajando las cuestas corriendo, contento por verme ágil pero a la vez dándome cuenta de estar perdiendo mucho: el camino no está para ser devorado ni poseído, sino para ser vivido y tomar conciencia de cada paso dado.

    Al final de una subida se llegan a ver tanto Viana como Logroño, y esa visión resulta engañosa porque ambas ciudades parecen estar muy cerca entre sí y a poca distancia de quien mira. Viana defrauda a la entrada por las nuevas urbanizaciones que están construyendo: casas adosadas que más bien parecen colmenas.

    El autobús llega y en él está Mario, como previsto. No nos importa nada hacer los kilómetros que quedan hasta Logroño en autobús porque esta ciudad nos recibe con barrios de casas anónimas. Sin embargo, las amplias avenidas que atravesamos desde la estación de autobuses hasta el albergue nos gustan.

    Nos alojamos en el albergue municipal, adonde ya ha llegado Ángel. Como a veces llueve algún chaparrón y lavamos ropa optamos por secarla con la secadora del albergue, pero esta secadora es muy lenta y poco eficaz, lo que causa una buena cola de personas esperando. Mi tarde en Logroño se pierde ante una secadora… o eso pienso yo, porque mientras esperamos los que estamos allí charlamos, aunque sólo sea por pasar el tiempo y no aburrirnos. Yo hablo sobre todo con una francesa muy simpática, de Bretaña, que hace el camino con su hija. Lo que yo he considerado como un tiempo perdido ella me ayuda a leerlo como una oportunidad de encuentro con ella y con los demás. De hecho, en la etapa siguiente nos saludaremos caminando y ya no nos volveremos a ver en el resto del camino, pero ese tiempo pasado ante la secadora ya no ha quedado en mi recuerdo como un gran aburrimiento, sino como un encuentro.

    En muchos momentos a lo largo del camino, por estos encuentros y desencuentros, voy a recordar un cuento del escritor argentino Julio Cortázar titulado “La autopista del Sur”. En él, Cortázar describe un enorme atasco a la entrada de una gran ciudad. El atasco dura varios días y las personas así atrapadas salen de sus coches y saludan a los otros, van confraternizando, conociéndose… hasta que de forma inesperada los coches pueden volver a moverse, primero lentamente, luego con más velocidad, y cada carril tiene un ritmo distinto, tanto que esas personas encontradas fugazmente no van a poder encontrarse otra vez al llegar a la ciudad. Las amistades que se han trenzado quedan así interrumpidas, quizá para siempre. Así termina el cuento de Cortázar: ” y se corría a ochenta kilómetros por hora hacia las luces que crecían poco a poco, sin que ya se supiera bien por qué tanto apuro, por qué esa carrera en la noche entre autos desconocidos donde nadie sabía nada de los otros, donde todo el mundo miraba fijamente hacia adelante, exclusivamente hacia delante” ¿La vida de la ciudad que decía Joao?

    Es sábado por la tarde, víspera del domingo del Corpus Christi, y vamos a misa a la iglesia de San Bartolomé, románica y cercana al albergue, y además la única donde se celebra la eucaristía a la hora en que terminamos con la secadora. Me gustan las iglesias románicas, y me gustan más cuando hay vida en ellas, cuando se celebra la liturgia porque para eso están hechas.

    http://www.euskalnet.net/diariosdeperegrinos/antonio.serrano.insausti.htm

Referencias & Pingbacks

  1. EL MAGO RIDER-WAITE EN EL CAMINO DE LA PRIMAVERA DEL 2009 « Le Mat Chemin

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