Quinta jornada: PUENTE LA REINA – ESTELLA

2009 Agosto 7
by María Camino

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05h00min… Despierto y ya estoy aquí, en este salón naranja, escribiendo… Dos peregrinos ya se han ido y yo me he tomado el primer café. Noto molestias en la zona de la muela del juicio.

Despedida de los sicilianos. Abrazos. Vincenzo me dio su tarjeta. Mucha afectividad y sincera. Yo ayer le escribí algo en especial para que Verónica, su hija, cuando la visite el 7 de mayo, se lo traduzca.

07h0omin… Ya me he tomado dos cafés y ya he estado escribiendo en la sala y salgo y desayuno café y un pastel en una confitería. Es la Calle Mayor. Voy sola y precisamente no voy sobrada de fuerzas. No será un buen día en lo físico. No como el de ayer, que sí lo fue. Cruzo el Puente, que maravilla, y abandono Puente la Reina. Con Sol.
Giro a la izquierda y cruzo la carretera. Tomo un desvío… Dos peregrinas van delante de mí, son jóvenes, italianas o francesas; no sé por qué pienso que españolas no; las sobrepaso, no lo eran, españolas no. La pista discurre por entre sembrados y comienza a molestarme el empeine del pie izquierdo. Me aflojo esa bota. Son muchos kilómetros por delante y esa no es una buena señal. Aunque ya he decidido que si voy sufriendo… me quedaré en Lorca.

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El Arga anda cerca, también la carretera. Al soltar la bota ha mejorado algo el dolor del empeine pero sigo notando molestias. Dejo atrás la depuradora y comienzo el ascenso. Hay barro y matorral y cómo me cuesta el ascenso. ¿Llegaré alguna vez a Castilla? Ancha es Castilla, dicen y más llana. Y ya voy siendo sobrepasada por algún peregrino. La tónica será esa. Cuando se suba mis pulmones me dejarán atrás… De repente escucho voces, voy tomándomelo con calma. Prisa tampoco hay. ¡Eh, pero si es Wisconsin! ¡qué alegría! – experimento. Wisconsin, algo rubicundo, ya lo dije, algo cautivador, tiene aspecto de ángel.

Viene con otro niño. Éste está muy bueno. Yo los veo así, como niños. Hombres jóvenes pero niños. Para mí sí. ¡Hola, yo me llamo María! Y le tiendo la mano. No, no, me saca de dudas. Si ya nos conocemos. Coincidimos ayer en Eunate. Flipo. Sí, en ese momento sí: Flipo. Es el guaperas de Cizur Menor y no lo he reconocido. Ha sido como si no lo hubiera visto nunca. Esto ya es grave en mí. ¡Que sorprendida me he quedado! El asombro me puede…

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Andamos juntos unos metros. Pero pronto la realidad inspira mis siguientes palabras: ¡Iros, iros, que aquí no se espera por nadie y yo ya me voy quedando! Y se van. Y yo subo dándome la vuelta. Hago parones, respiro hondo y pierdo la vista al fondo. <<Caminante, no hay camino, se hace camino al andar. / Y al volver la vista atrás se ve la senda que nunca se ha de volver a pisar>>. No, yo quería regresar, a Roncesvalles, más lejos, a Pamplona, a Puente la Reina… a vivir otras tardes y mañanas distintas, a conocer más, más profundamente, y Machado alguna vez debió pensar en Serrat para que le brotaran esos versos. Son inseparables de su canción…

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Dice esta guía peregrina, que consulto ahora y que no me llevé conmigo: <<Al salir a un camino se encuentra la indicación del asentamiento de Bargota (habitado hasta el siglo XI, Encomienda de la Orden del Temple y después  Hospital Sanjuanista>>

Pues bien, al salir a ese camino yo me los encontré a ellos. Tranquilamente sentados. Por lo menos a Navarra. Voy a llamarlo así. Fumamos un cigarro juntos y arrancamos. Él liaba su tabaco. Y ya a partir de ese momento nos vamos a convertir en inseparables. Por lo menos, durante los próximos días…

La guía continúa diciendo que un pequeño tramo marcha sombreado por robinias y aliantos. Navarra y yo queríamos un café. Él dijo que por las mañanas nunca tomaba nada, sólo un café y una bebida energética. Íbamos en dirección a Mañeru, y más que participar de la conversación yo les escuchaba. Al paso por Mañeru no tuvimos suerte, todo estaba cerrado. Las ocho de la mañana de un sábado de mayo, y yo había encontrado, aunque no lo sabía todavía, el tercer emblema del cañamo del Camino… Navarra acababa de explicarle a Wisconsin que yo llevaba mi nombre cosido a la mochila… ¿A ti te habrán dicho muchas veces que tienes voz de radio, verdad? A Navarra le fascinaban los templarios y decía de sí que era un caballero escapado de aquellos tiempos, aunque era un soñador que quería escribir un libro sobre la sabiduría del Camino -otro de esos- pensé. Y encima tenía esa voz, como de radio…

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Recuerdo perfectamente mis pies de esos momentos, de ir mirándomelos mientras ando unos pasos por delante de ellos. Los suficientes para no perder el hilo de lo que se dice, los bastantes para decirle a Navarra: en llano soy rápida… Fuimos por entre campos sembrados de cereal, vid y olivo… Fuimos y en Mañeru observo que tuvimos que salir por la calle Forzosa… ¿Salimos a un cementerio? Se habla ahora, ellos lo hacen, de Montejurra. Navarra lleva la voz cantante. Montejurra significa carlismo.

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Los sucesos de Montejurra tuvieron lugar el 9 de mayo de 1976, en los inicios de la transición, durante la romería anual que desde los años cuarenta del siglo XX los carlistas seguidores de Javier de Borbón-Parma realizan en el monte navarro de Montejurra.

En en transcurso de la romería, el denominado búnker franquista, que aún controlaba los resortes del Estado y los sectores ultraderechistas del carlismo, agrupados en torno a Sixto de Borbón-Parma, hermano del pretendiente carlista Carlos Hugo y enfrentado a él, preparó una operación violenta contra el Partido Carlista y los seguidores de Carlos Hugo para promover la “entronización” de Sixto como líder del carlismo. En dicha operación, en la que tomaron parte también mercenarios neofascistas italianos y argentinos, grupos armados de partidarios de Sixto de Borbón abrieron fuego de forma premeditada, sin que mediara provocación, contra los participantes en la romería. Resultaron muertas dos personas (Ricardo García Pellejero y Aniano Jiménez Santos), y hubo varios heridos.

Los responsables de las muertes fueron identificados, pero gracias a la Ley de Amnistía, fueron puestos en libertad en 1977. En 2003 la justicia española reconoció a Ricardo García Pellejero y Aniano Jiménez Santos la condición de víctimas del terrorismo.

- información WIKIPEDIA -

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Y tú preguntas: ¿Compostela o Finisterre? Y tanto Navarra, como Wisconsin, responden al unísono Finisterre. Y tú ya sabes, por sus convicciones, que has dado con dos que sienten y piensan semejante a ti en ese aspecto. Y ese ideal es el que te anima a quedarte con ellos. Un primer sentimiento de Unidad.

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cirauqui

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Y seguimos, vamos, ahora, hasta Cirauqui. Cirauqui sobre un promontorio, cerro rocoso, uno de los pueblos, del Camino que, desde mi visión romántica en el sofá, más me ha impactado. Y voy hablándoles de la calzada romana… Ellos como si no llevaran guía. Yo que, en realidad, no sé que en estudios realizados niegan esta información. Son caminos rurales, empedrados a partir del siglo XVIII (o eso leo).

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Pero entonces, ¿y la estela? Cirauqui, etimológicamente, es nido de culebras. Cirauqui que en cuanto lo diviso me desborda de emoción, y en el que Navarra se nos dispara el paso por la puerta del Arco. Ni misas para la iglesia o el patrimonio cultural, Navarra y yo sólo empeñados en tomarnos ese café. Así que adiós a la portada ojival y al polilobulado de San Román… Pero que tampoco aquí se puede. Uno de máquina, en el estanco, lo de estanco creo que también es un decir, y eso, en cierto momento, ya no satisface ninguna gana. Ya arrancamos y me despido con pena de la estela, que estaba ahí mismo. Una mirada que es como un suspiro pero los pasos no se detienen.

Entre cipreses vamos dando los pasos siguientes, y qué bonito es todo. Puente ”romano” sobre el arroyo Iguste… Vamos andando y el sol nos turra. Yo hablo de la humildad y de la necesidad de sentir que me doblo, o de esa realidad que ahora experimento debido al peso de mi mochila pero de la humildad que es sentir que me doblo… La conciencia de que sólo te tienes a ti mismo para ayudarte. Y aún así el esfuerzo que sea necesario para hacerlo. Entonces, yo amiga de la mochila.

Y eh aquí que Wisconsin se detiene. Todos lo hacemos, Wisconsin para sacarse unas piedras y Navarra para colocarse mejor las compresas, un remedio que Maribel Roncal le ha enseñado para caminar más cómodo con sus botas. Y habla de sus heridas, con las que llega a Cizur Menor, y que están en sus talones, y del ángel que ha sido esa mujer para con él… En fin, María, ¿deberías haberte tomado esa disensión de pareceres como una señal?

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De Lorca

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Ya cerca del Río Salado, territorio difamado en el Liber Peregrinationis, Wisconsin, enemigo de las prisas, nos informa de que él se detiene. Pasado el punto de las ruinas de Urbe… Luego nos contarán que lo hizo debajo de un puente (no volveremos a verlo aquel día), para tocar su mandolina; me lo enseñaron unos, con un vídeo, que lo habían grabado; en el albergue de Estella me lo enseñaron, y era la leche verle, tan feliz, allí cantando sus canciones, tan peregrino, como sólo algunos, que ya lo son desde antes de iniciar cualquier Camino, saben serlo… Y recuerdo de la cuesta que lleva a Lorca el ahogo. Navarra va felizmente hablándome; yo a las dos cosas no soy. El teme por su mente en el Camino. Yo, sólo, a que el físico no me acompañe; le digo que psicológicamente soy muy fuerte. Él creo que ahí duda. Se confundirá mucho conmigo, con la que soy realmente y la libre, liberada y sin obligaciones, que dejo traslucir de mí en el Camino. Pero soy la misma. Quiero decir que, de excursión, a cinco kilómetros de casa y contenta por tal hecho, sería la misma. Navarra parece que apura el paso en las subidas. Yo literalmente voy, ya lo dije, ahogada. Le digo que no me espere. Pero en cuanto le pierdo de vista siento la presión de ir a perderle… Luego nos dará a los dos por misticismos pero hasta ahí yo no dudo de que fueron las hormonas y los genes los que liberaron el distrés… Voy mirando al suelo y veo unas piedras por las que quisiera detenerme, alguna clase de silicato de color verde (actinolitas). Hasta cargo con una unos metros, en una mano, hasta que dolorosamente la suelto… y quizá esa era la piedra que debería haber cargado conmigo hasta la Cruz de Ferro… Pero tengo que desprenderme de mi manía de ir recogiendo patíbulos por la vida: el peso de más, en el Camino, es como una horca. Y yo no deseo jugar al juego del ahorcado. Pero también aquí me prometo volver. Pero llegar, llegar, no perder a Navarra de vista. Eso quería.

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Navarra se hendía en la Naturaleza. Se subía literalmente por las paredes del Camino y frotaba, delicadamente pero con vigor, sus manos contra las plantas aromáticas: la lavanda y el tomillo. Luego te las ofrecía. Le vi hacer ese gesto multitud de veces. Y ese gesto me hacía desear ser planta para ser  resfregada contra sus manos.

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Lorca, desde el siglo XIII contó con un hospital. Y su iglesia está consagrada al Salvador. Casas a un lado y otro de la calle Mayor, el trazado al que seguramente dio origen el Camino, la sirga… Navarra me dijo que me esperaba en el primer bar. Veo uno a cada lado de la calle. Entro en el que está a mano derecha, es albergue, mucho ambiente. Son poco más de las once de la mañana, y el paraguas en la mochila de Navarra me asegura que no se ha ido corriendo. Y es ese paraguas y pensar en aquellos versos de René Char:

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Dijo el poeta René Char: <<comienza a creer que la noche te espera siempre; es preciso ser el hombre de la lluvia y el niño del buen tiempo; a partir de la calabaza el horizonte se ensancha>>. Y eso fue lo que le dijo tu paraguas a mi alma, antes de llegar a Lorca.

- SMS -

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Pero, ¡qué maravilla! ¿Están sonando las Variaciones Goldberg? Me pido un café, ya baja él, viene del baño, ya subo yo. Estamos a la puerta. Lo de su bebida isotónica a la hora del café queda patentado. Ya ni un sólo día faltará eso en mi cantimplora. Eso con mucho hielo. Pasan peregrinos pero no se ve venir a Wisconsin. De repente, uno que parece muy amigo suyo. Me lo presenta y el amigo dice: ¡qué chicas tan guapas hay en el Camino! Primero María y ahora…

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Sello de un albergue en LorcaEs cierto, el Camino está preñado de mujeres guapas; porque aunque no lo seamos… todas nos sentimos muy contentas de estar allí, donde nos encontramos, y eso se transparenta en nuestros rostros, que se embellecen de alegría. Pero a parte, ese hombre tiene razón, el encantador militar: el Camino está lleno de mujeres guapas. Escribo unas líneas en mi cuaderno, y disfruto por unos momentos todavía de las Variaciones Goldberg… arrancamos.

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Ahora somos de nuevo un trío. Luego me enteraré que ellos se conocieron en San Juan Pie de Puerto. Y ese era el motivo de que los asimilase a tan amigos…
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Chalo me comenta que me llamo y soy como otra que ha conocido en el Camino: María de Asturias. Ella casada con un canario. Yo de mí, por lo menos a esas alturas y para él, voy a callármelo todo. Pero no, no la he visto, y el bolso llevarlo así, como lo llevo, es ciertamente incómodo. Hoy que me lo he cambiado de lado, para que no me molesté tanto en la cadera, y por eso voy sujetándolo debajo del brazo; llevo demasiadas cosas dentro de él y pesa horrores. Y con ellos es volar. Vamos raudos y yo, mientras el Camino no se lance cuesta arriba, lo llevo. Y voy como si fuera en piragua, moviendo el palo igual, y algo de impulso me provoca. Menudas pintas que arrastro. Y así hasta aquella tumba. No dice cual fue el motivo de la muerte pero suponemos, por dónde se encuentra, que o el corazón o un atropello. Eso elucubramos Este tipo de recordatorios funerarios también se constituyen como hitos del Camino. Recuerdo que lo contaba en su libro Jorde Sanchez… A veces los coches asustan. Y el río Iranzu y hay gente remojándose en él. Y yo en el puente bromeo con Navarra: <<Si tú me aseguras que me cubre me tiro>>. Pero no era tanta broma. Percibo la tensión sexual. Nada que tenga que ver con su amigo, que me cae estupendo pero sí todo con él. Y como galopamos. Y yo ya sé que no quiero perderlo de vista. Y se supone que vamos hasta Ayegui, lo que Maribel Roncal le ha recomendado a Navarra. No me detengo en la Asunción de Villatuerta, ni lo hacemos en la ermita de San Miguel. Aunque sí en una fuente pero eso ya será llegando a Estella, y antes el militar y yo tenemos que tener el incidente con los niñatos del coche. Sobre todo yo, que soy la del enfrentamiento y ellos bastante insultantes. Navarra siguió adelante, ni cuenta se dio. Pero, desde luego, con más ganas de tocarle las narices a los peregrinos ese día no creo que se quedasen… Acostumbrados a un enfrentamiento de miradas no estaban, eso lo pueden jurar. El militar pensaría que lo hacía porque iba con él y me escudaba en eso. No, no, una que hay cosas que no puede evitarse. Luego me sorprendería mucho al enterarme de que él era militar, precisamente recordando ese momento. No sé, piensas en un militar y piensas en alguien despótico, inconteniblemente violento, y nunca en alguien tan prudente y tan callado, que igual por eso son las virtudes militares… Esa mierda de juicio que son los estereotipos. Y los niñatos se fueron pero para cuando se fueron yo ya tenía el hígado y el bazo vueltos del revés.

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Fuente en Estella

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Así que la fuente y el descanso frente a ella estuvieron bien. Una estrella de ocho puntas. Algunas fotografías que nunca llegaré a ver. Y eso que el militar me toma la dirección de correo electrónico para enviármelas. Sin embargo, ahí ya descubro quién es María, la asturiana; nada que ver conmigo. Ellos una pareja encantadora, y yo una borde individualista, que no tiene ninguna intención de dejar de ser precisamente eso: una borde individualista, aunque de buenas a primeras, por el talante social, es lo que menos parezca. Ellos peregrinos de largo recorrido, ya llevan caminando más del mes y vienen de Le-Puy-en-Velay, el inicio de la vía podensis. Y también conozco a las de Logroño, dos amigas o hermanas montañeras, que llevan hasta guantes, todas equipadas, con equipo de montaña, y yo que voy más bien hasta escasa y me estoy licuando con el sol.

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Hay un asunto que no he mencionado. Navarra es un amante de los perros. Con todos los perros que nos hemos encontrado se ha detenido, a decirles algo, a acariciarles. A mí me gustan los animales, todos los animales: caballos, perros, focas, nutrias, gorilas, gatos, incluso, menos las cotorras que me sacan de quicio, los pájaros… Cuando era pequeña quería tener un perro, por supuesto, como casi todos los niños. Pero me conformé con patos, con grillos y angelitos, que ya sé que son insectos… Pero a Navarra le gustaban sólo los perros…
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Levamos anclas… y por fin pasamos ante la iglesia del Santo Sepulcro. A toda velocidad: <<Da igual, Navarra, no te preocupes, yo ya sé que luego tendré una cita con ella>>. Y el militar que nos deja para buscarse una pensión. Está pensando en el futbol. Esa noche hay partido y él quiere verlo. Dice que por eso necesita una pensión. A mí lo primero (o casi) que me asegura Navarra es que él siente que tiene poco que ver con los hombres en general.

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Y entonces, cuando pasamos por delante del albergue municipal, el que está situado en la calle de la Rua y a cargo de la Asociación de Amigos del Camino de Santiago en Estella… nos intercepta el otro navarro, al que un compañero de trabajo había adelantado hasta la Villa en coche, y nos comunica que el albergue está genial, que hay plazas todavía (cuenta con 114), que nos quedemos y Navarra decide no seguir hasta Ayegui (craso error hubiera sido), y cuando Rafael, el hospitalario, nos pregunta al extenderle las credenciales: ¿Venís juntos? Navarra responde con un sí tajante, cuando yo iba a decir lo contrario y me rompe.
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Me rompe algo difícil de precisar… y mucho más adelante descubriré lo que era… Poco acostumbrada que está una a tener que confesarse lo sola que anda y se siente andando, y sin que esto conlleve un matiz de desengaño o desesperación. Porque para qué se vive una crisis (que comporta una evolución de la consciencia) si no es para que las alacenas del coco no almacenen amarguras inconvenientes. Pero él dijo aquel sí y esa afirmación, de compañeros de Camino, comienza a transformarlo todo. No sé, el aspecto de Navarra, sus facciones, promete altos niveles de testosterona, y la voz, aunque hay terciopelo en ella, y el olor es un aroma suave y dulce , herbal, muy rico, sin que lo identifiques como tal, ya eres parte de la telaraña en la que va a envolverte su ternura y vulnerabilidad.

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Sello del albergue de EStellaAsí que nos dan dos literas superiores pero pegadas una a la otra, la 29 y la 31, y yo pienso que si vuelve a darme el mismo miedo a caerme, que en Roncesvalles, puedo preguntarle a él, con toda tranquilidad, si le importa que me pegue mucho a su cama, igual que hice con la mujer del sombrero

María, la asturiana, duerme abajo, suyo, y su compañero, Juan Manuel, de mí. Y estos si les conoces te encantan porque se les ve una pareja maravillosa, y se percibe en ellos que se hacen muy felices estando juntos. Pero tú, ¿estás pensando en el lobo en ese momento? Pues no. ¿Y en qué piensas? En que hay una larga cola para la ducha pero que a ti no te importa, y en que sabes que María y Juan Manuel se conocieron en Londres y se enamoraron, porque te lo ha contado el militar. ¡Como vuelan las noticias! -te contesta ella. De verdad que es encantadora. Se la ve sana mires por donde la mires, y a su pareja ídem. Tú que ya te has conseguido tu camita, como la llamaría ricitos de oro, y en vez de sus cerditos, te han acostado al lado de un chico guapo. Y ya sabes su edad pero te sigue pareciendo muy joven, y salís juntos a fumaros un cigarro, y alguien te toma el pelo, y tú que eres muy inocente, porque siempre tiendes a hablar en serio, y por eso a ser de confianza, ni te das cuenta; aunque, para lo que te inquieta. Y Navarra te dice que hace no demasiado estuvo paseando por esa calle, y tú miras a los balcones del albergue y ya ves como se van coloreando con toallas que se secan, y la calle es estrecha y podrías pertenecer a ella desde hace casi mil años. Navarra entonces tenía una relación, y ya ha comenzado a sincerarse contigo. Entiende que te supone maravillosa, lo ha escrito en su cuaderno. Y tú no lo sabías pero lo sospechabas, porque ya has decidido que vas a ser realmente comprensiva y maravillosa con él. De todas formas, siempre lo eres.

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Y a ti, por su tono, ya te está dando así como pena, es decir, que Navarra, además de ponerte, te conmueve. Y las puertas se te están abriendo más, sin querer o queriendo, porque no puedes evitarlo, y yo creo que eso es el Camino, pero como estrenas sentimientos… Y eso es lo importante. No sabes que Navarra es de esos que se han currado mucho los papeles de si mismos, todavía no te imaginas como funciona su mente, le encuentras tan natural, tan masculinamente natural, que no puedes imaginarte que lo que te dice: <<Yo tengo la sensación de conocerte desde antes>>. O,<<¿tú crees en el destino>> Son frases ensayadas de guión cinematográfico, que Navarra va a poder repetir muchas veces a lo largo de su vida, resultando siempre tan convincente como la primera vez, porque ya lo sabes, el carisma es eso, ”esa magia tan especial”, algo que se puede practicar y luego si la Naturaleza ha sido generosa contigo… dotándote de talentos y atractivos… qué suerte vas a tener. Sobre todo conmigo, que no te voy a cobrar ningún precio por este ensayo… aunque estamos hablando sólo de lo que tú vas a pagarme… y no de lo que a partir de ahora… yo te deberé.

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Y me da igual sí, me da igual no escribir un buen camino, a partir de ahora… me da igual porque lo importante es haberlo vivido y poder aprender tantas cosas a partir de ahí…

Y entra él en la ducha, y cómo le deseo ya a esas alturas. Un par de días más tarde Navarra me confesará que a él le sucedía lo mismo. Y somos los últimos. Y él ha tardado y yo no me he precipitado a seguirle, espero, espero paciente a que salga. Pero se le ve fregar el suelo con auténtica disposición. Eso sí, Navarra gana y no pierde con la toalla enrollada a la cintura y el torso al descubierto. ¡Que bello ejemplar de homo sapiens! Y hasta me parece un calco de alguien que hace no mucho fotografié.

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esquina de gijón

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Y claro, algunos hombres, también ellas, se preguntan: ¿Y qué es lo que le veis al Camino? Bueno, pues muchas cosas de estas también se ven. Un erotismo que ni de coña tienes en tu casa. No todo son ronquidos e incomodidades. También hay premios, como éste, en el nivel de la convivencia. Además podrías estar durmiendo con alguien durante un mes pero ningún peregrino se espera que eso signifique luego, a la larga, un compromiso. Y así también se aprende a convivir.

No sé cuántos somos pero hay dos baños a un lado de la sala, que son sólo eso, dos baños con lavabo y espejo. Y del otro dos duchas, que son eso mismo, sólo duchas con lavabo y espejo.

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María se ducha sola. A su ritmo, y sin permitir que (exteriormente alguien) se le impriman prisas a su lentitud. Uno cuando camina… camina con sus pies y los pies son un dominio de la voluntad y la voluntad es solar. Pero cuando mudamos de ámbito, al de nuestra higiene, por ejemplo, cualquier hábito o rutina cotidiana, comenzamos a movernos por entre los territorios de nuestras lunas natales. Es decir: yo puede ser vertiginosa para casi todo, porque mi naturaleza solar, el arquetipo del Sagitario, lo es… sin embargo nací, en teoría, con la luna en Piscis, y eso en la praxis de la costumbre puede convertirse en el colmo de la parsimonia y la lentitud.

De hecho la mayoría de gente puede tener muchas cosas en común, y sentirlo así y disfrutar juntos y creer que todo es maravilloso entre ellos pero las cosas se complican cuando te vas a vivir con otro y descubres lo diferentes que son los ritmos de cada uno, y hasta que punto eso genera una grave incompatibilidad. Esto no es nuevo evidentemente, y muchos lo habremos vivenciado desde la tierna edad de nuestros primeros compases en nuestros hogares biológicos.

Yo creo que las parejas de hoy en día, teniendo el Camino tan a tiro, por lo menos los españoles, antes de comprometerse en una relación de convivencia… es decir, pensar en casarse y traer vástagos al mundo… deberían pasar por esta experiencia a modo de ejercicio prematrimonial. Lo de espiritual o no ya va con los caracteres. Pero si después de cuatro semanas de Camino, decides continuar con tu pareja… es que la historia tiene visos de fructificar. Mejor esto que andar jodiéndole las vidas a los enanos, que no tienen ni la más mínima culpa.

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María se ducha sola y baja al banco de la sirga, a fumarse otro cigarrillo, con el pelo mojado. Y Navarra está allí. Y le pregunta qué le parece si se van juntos a comer algo. Y a María le parece estupendo pero antes quiere lavar la ropa. Hay sol y es la manera de asegurarse de que se seque. Y ahí viene una amiga suya; él la está esperando y la arrastra un perro. El perro es precioso y tremendo, enorme, gigante. Es el amor de la chica, o eso dice ella. Y algún día te explicaré que yo sé mucho de eso… de gentes a las que les es más fácil abrir su corazón a un animal que a otro ser humano. Y es que tantas cosas de nosotros hablan de nuestras carencias. Y eso dicho con todas las disculpas, que para tener carencias otros se las tienen que haber ”ingeniado”… para que algún día nosotros las soportemos… En el fondo nada es perfecto, o sí, depende de ti resolver la ecuación a tu favor. A menos te importe quién fuera o fuese, y más quererte y aceptarte como seas… mejor que mejor. Si todas las raíces de la culpa son un error le busques por donde le busques los radicales. Además la amiga está cañón. Y tú ni de coña puedes competir, a estas alturas de tu climaterio, contra eso. Pero como el fondo sientes, que te da igual, porque la Madre Naturaleza ha sido muy generosa contigo… y lo que has perdido en rotundidad de tetas y caderas… lo has ganado en misterio. Ya sabes, misterio, eso que se gastan los lugares como Eunate. Aunque tú no lo dejes entrever siempre. Aunque sólo lo dejes entrever cuando y con quien quieres… Y te presentas, y te muestras encantadora y encantada, y dices que ahora vienes y te vas a lavar la ropa, y vas a tardar lo indecible. Y ¡hombre Otmar! No te había visto, ¿tú también aquí? Es que habrías jurado que Otmar era de esos peregrinos que son tan piadosos, que se hacen toda la peregrinación durmiendo piadosamente en hostales y hoteles. ¡Qué alegría auténtica me ha dado verle! Oye, y qué buena pinta tiene ese salchichón que te estás jalando, ya veo, ya, que sigues haciéndole mucho caso a tu dietista… Y Otmar que te invita a sentarte a su mesa y a comer con él, aunque tú declinas evidentemente porque … Y ya para rematar Lola, australiana no, que fue un lapsus, Lola de Nueva Zelanda. Y menudo abrazo que nos damos, como si fuéramos primas-hermanas, amigas de toda la vida. ¿Dónde tienes a Manfred? ¿Lo estás pasando bien? Oh, eso es ma-ra-ra-villoso. Y con la ropa te entretienes una bar-ba-ridad. Porque es que era todo, perdido que se te había puesto los días anteriores, y se te quedan los brazos de retorcer y estrujar que no veas… pero igual que ahora están de cansados… luego los sentirás de fuertes.
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La amiga ya se había ido cuando María regresó al lado de Navarra y ambos se echaron por la calle Rua adelante. A mano izquierda había un local. Entraron y preguntaron. El dueño dijo que imposible, que eran las tres y media, que el comedor estaba a rebosar, que…. Y a María todas las objeciones le parecieron muy comprensibles pero ella tenía auténtica hambre, sabía que fueran a donde fuera, a esas horas, iban a estar en las mismas, y estaba dispuesta a suplicar. Una especie de súplica que es una mezcla de capacidad de convencimiento y que no te importe ser un poco comediante, y a pesar de que el barbudo se mostró sólido y dijo una vez no, y dos… como María no pensaba darse por vencida, y había una mesa libre allí mismo frente a él… y sobre todo ella le estaba prometiendo que serían rápidos y que no acabarían los últimos.. aceptó servirlos.

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<<En estado terapéutico me comprometí con él al secreto terapéutico antes de que los espagueti con tomate frito de comercio llegaran a la mesa, o quizá era lasaña vegetal. Mi pelo, yo con el pelo suelto, lo metí en el plato y él se inclinó ante mí y Mee (así bauticé a su alma) dulcemente me lo sacó del plato. Me lo aparté y seguimos hablando, yo le escuchaba, hacía preguntas, como y cómo era el sexo con ella, malo, siempre malo, con sus mujeres. A él le pareció muy bueno lo que comía, yo tragué con dificultad pero tragué… Eso hice. Me preguntaba en ese instante qué tal se comportaría su sexo conmigo. No tuve ninguna duda. Él tenía algo deliciosamente vulnerable que yo quería sanar>>.

- Carta al amante -

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Las manos de Manuel

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La amiga había quedado en pasarse a la hora del café. En seguida se presentó. Antes del segundo plato. María se fijó en las manos de la amiga y los dedos de la amiga comenzaron a contarle sus secretos. María sólo vería otras manos así en el Camino, las de Manuel… Es decir, en todos los dedos uno o más anillos…

Cuando María tiene catorce años utiliza uno o dos anillos pero un día lee en un libro el significado de esos anillos y jamás vuelve a utilizarlos. Sus manos siempre sin anillos, salvo aquella vez que…

La amiga está verdaderamente interesada por Navarra, sin embargo los ojos de Navarra, siempre profundos, no se apartan de los de María. Al día siguiente le dirá que ella, la amiga, no le atrae. Probablemente era una de esas mentiras piadosas que se dejan caer para favorecerse uno en una situación dada. Probablemente no, lo era. Pero María recuerda como Navarra hace hincapié exacto en esa afirmación e incluso el lugar del Camino donde sucede: <<No sé por qué pero no me siento atraído por ella>>.
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<<Y entonces, bebiendo vino, el vino se me va por el otro lado y me hace un daño bestia en la tráquea, y por poco me ahogo. Años hacía que no me sucedía algo así, y fue estando con ellos dos. ¿Acaso era una señal?>>

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Y María sí, se tomó el café, y después de escuchar bastantes historias de ”ángeles”, que van detrás de las personas, y de perros que en realidad no ladran a las personas sino a esos ”ángeles” que acompañan a las personas, y de participar en el asunto de los espíritus, las energías y las casas, y sobre todo comparar esos avatares que son las piedras y los cuarzos, porque … bueno, los caminos del señor son inescrutables y el de María zumbó por ahí. ¿Que si yo creo en el Poder? Hombre, no puedo no creer en algo que he percibido pero… Pero el caso es que María paga la minuta, le dice a Navarra, que ya arreglarán cuentas, que no se preocupe, se despide de la amiga, tomando nota del doloroso atragantamiento y se va… fiel, a lo que se le promete al dueño del bar que hace rato que los está mirando con cara furibunda. Pero no, María no, María, en realidad, no toma partido por ninguna mitología, la cristiana incluida. María entiende que las mitologías pertenecen a la infancia de la humanidad y que la casta sacerdotal ha jugado siempre que ha podido con la ignorancia de los hombres, que lo mediático, proceda de donde proceda, no le gusta, y que María busca siempre el equilibrio, aunque disfrute del encanto de la Magia.
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La amiga de Navarra había sacado su propio saquito del bolso, y en el guardaba varios cuarzos, uno rosado, una amatista, el protector de amor, creo que un ojo de tigre, unas cinco piedras… Y sólo por ese detalle, el apego compartido por las piedras, saqué la conclusión de que la amiga me gustaba… Era una mujer poderosa con una personalidad poderosa, y también una mujer muy bella. Giré hacia el lado derecho de mi misma y me detuve frente al cristal de una tienda de antigüedades…

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Puente en Estella

*link: El blog de los Pereda – Miguez

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(por reconstruir)

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La Naturalidad. Tuve que pensar en el párrafo de Psique, el de C.S. Lewis, ahí, para dormirme, delante de él, y saber que iba a roncar, en ‘Mientras no tengamos rostro. Y me dije eso: las cosas que más nos avergüenzan son las que no nos podemos evitar.

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- NOTAS DE PUENTE LA REINA A ESTELLA

- Terceras anotaciones del Camino

El puente de Puente la Reina (LUIS CARANDELL)

- i – Conversaciones con el Lobo y el peregrino del Camino

- ii – Conversaciones con el Lobo y el peregrino del Camino

- Capítulo cerrado con Lasaña

- Carta al amante

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  1. 2009 Agosto 7
    María Camino Enlace permanente

    DEL DIARIO QUE HE COMENZADO A LEER HOY

    Día 5 Puente la Reina – Estella (9/10/2002)

    La noche había sido lluviosa y empezó el día cayendo agua. Me puse el pantalón de agua, las polainas y el poncho. Comencé a caminar junto a José a las 8:00. Preferí ir acompañado en un día tan desagradable. Esta etapa la tengo marcada como terrible del año pasado, en ella mi estomago estaba fatal y lo pasé muy mal. Este año no iba a ser diferente, de otra manera pero también fue horrible.

    Después de un par de kilómetros se inicia la subida por un camino tremendamente embarrado. Con todos los bártulos encima y con los pies en el barro, se resbalaba constantemente y más de una vez estuvimos cerca de terminar en el barro. Es apenas un kilómetro pero tremendamente duro con el barro. Nos decidimos a ir a la carretera durante otro kilómetro. Yo estaba dispuesto a realizar la etapa por la misma pero José prefería continuar por el camino, le daba miedo la carretera. Así que volvimos y entramos en Mañeru donde nos alcanzó Emilio y Adolfo, con los que hicimos el resto de la etapa.

    Después de parar un poco en la plaza de Cirauqui continuamos por la calzada Romana y el puente hasta Lorca, donde paramos a tomar una coca cola en el bar de la salida del pueblo, este estaba cerrado pero al tener una máquina pudimos parar un poquito.

    En Villatuerta entramos en la iglesia donde ya no estaba el abuelo del año anterior (había fallecido) y una señora le sustituía en las explicaciones.

    A las 13:00 llegamos al albergue y tras dejar los bártulos en el cuarto y de darme una buena ducha me fui solo a comer a la plaza del pueblo. Llovía en abundancia. Pude comer una ensalada y una paella prefabricada. En un restaurante vacío. Después tomé un café y volví al albergue a acostarme un rato. De la entrepierna me encontraba mucho mejor. Descansé un par de horas. Después me levanté y escribí las postales a los amigos.

    Mientras que escribía el grupo de 3 catalanes y David decidieron hacer una paella para todos. Yo les ayudé desde las 8 hasta las 10, primero a hacerlas y después a recoger. Fueron 27 comensales que pagamos 3 euros por persona (hubo algunos que no pagaron). Se tomo ensalada, paella, galletas y licor de manzana o avellana todo regado con vino.

    Los extranjeros fueron felices y desde ese momento fuimos más populares los españoles.

    Cuando toca trabajar la gente se hecha para atrás y prefieren que se les sirva. Apenas 4 personas trabajamos para el resto. Miguel y Alex, los dos catalanes, David y yo.

    Durante esta cena conocí a María y a Mariana. María era muy agradable y trabajadora y terminaba ese día su aventura, y Mariana es muy simpática y algo más retraída, esto en el primer momento me confundió y me dio pie a unos sueños fuera de lugar. Emilio se enamoró de ella y es una historia que hoy 24 de noviembre de 2002, que es cuando estoy escribiendo, todavía está desarrollándose, siendo yo el confidente de Emilio. A estas chicas las conocí cuando llegue a Cizur, las indique el camino al refugio pero ellas decidieron continuar a Uterga ya que acababan de comenzar en Pamplona. Ambas también ayudaron a recoger la paella de Estella.

    A las 10 de la noche estábamos en la cama dispuestos a dormir. Después de todo el día en compañía tomé la decisión de hacer la siguiente etapa solo. Me dormí pensando en María y Mariana y un poco enfadado por la falta de consideración de la gente del albergue. Les habíamos pedido 30 minutos más para recoger tranquilamente, pero no accedieron.

    Hubo un hecho que no me gustó de la hospitalera. Cuando ya teníamos la comida en la mesa esta fue a la presidencia y marcando una tendencia religiosa, bendijo la mesa como si ella hubiera sido la organizadora obviando que previamente ya la habían bendecido en varios idiomas los comensales.

    Me fastidia la gente que aprovecha el esfuerzo de los demás para promulgar sus ideas. Ella no se quedó a la cena pero 3 hospitaleros se apuntaron al festín sin haber colaborado y sin pagar. Pese a todo este esfuerzo cuando se les pidió 30 minutos más se negaron en redondo. Sólo están dispuestos a recibir y no a dar. Los peregrinos organizamos y ellos se aprovecharon de la situación para impartir doctrina y cenar. Este refugio siempre me deprime y me aísla, quizás sea por la masificación.

    Por cierto por el desayuno cobran 2 euros y este consiste en café con leche y galletas o biscuit con diferentes tipos de mermeladas. Me parece un poco caro. Este albergue en definitiva no me gustó por lo masificado e impersonal.

    Total 21 kilómetros. Puente la Reina – Mañeru fue horrible por el tiempo pero mi estado físico estaba en mejores condiciones que el año anterior.

    http://aig02.blogia.com/

  2. 2009 Agosto 9

    DEL DIARIO DE RAUL, CAMINO A SANTIAGO 2008

    6′00h- Diana. Curiosamente, ya todos los demás del cuarto levantados…¡Cómo le gusta a la gente madrugar!. Con la hora adelantada, a las 8h ya es de día.
    Desayuno, ya aseado…¡Qué sueño!…
    Otra vez noche de despertarme. RECOMIENDO COMPRAR (sino se tienen ya) unos tapones para los oídos…No silencian el tema, pero lo mitiga.
    Ronquidos…muchos, de Iñaki (el chico de Pamplona que vivió 20 años en Bilbao).
    A las 8′20h he empezado mi andadura. Estoy maravillado: He pasado por Mañeru y llegado a Cirauqui (pueblo de subidas, con puerta de iglesia mudéjar) de una tirada. En total 7′7 km sin dolor, con ganas. Eso sí: Saliendo de Puente de la Reina y antes de llegar a Mañeru ¡Vaya subidita!…¡Eso si que es Alto del perdón!, y no lo de ayer.
    11′55h- Lorca: Este trayecto CIRAUQUI/LORCA, se me ha hecho largo y no entiendo el porqué. Sé que no miré la hora de salida, por lo que no pude calcular el tiempo/relación de kms.
    Pero bueno: 2 cosas bonitas: La calzada romana (aunque no en muy buen estado) impresionante: 2000 años después, y ahí sigue… Y luego los 3 puentes medievales: El último, restaurado y majestuoso. Trayecto también de alguna subida.
    15′20h- Ya duchado, cambiado de ropa y a buscar un restaurante por Estella. Etapa cumplida y sorprendido por lo bien que la he realizado.
    Hoy medio camino lloviendo, pero feliz por ello: por la posibilidad de darme cuenta de que la lluvia no me va a frenar. He disfrutado mucho. El paisaje, creo, me ha gustado menos, pero el llegar aquí (a Estella) con tan buen talante, humor y entusiasmo, me enorgullece.
    Estella no está mal, aunque al estar lloviendo y ser domingo, todo cerrado (iglesias incluidas).
    Mañana miraré lo de la cámara digital. He visto en una tienda varias…
    ¡Ah!, y el cine en domingo: 6 euros…En Estella ¡Alucino!

    NO PERDERSE:
    En Villanueva:
    En este pueblo próximo a Estella destaca la iglesia de la Asunción de Nuestra Señora que es una edificación tardorrománica del siglo XII, conserva su hermosa torre campanario, reformada a finales del XIV y añadida la sacristía a mediados del XVIII. Por su parte Villatuerta cuenta con bastantes casas de los siglos XVI, XVII y XVIII. En el cruce de caminos que iban a Grocin y Arandigoyen se alza una cruz inmaculista sobre fuste cilíndrico.

    En Estella:
    Estella surgió a la sombra del castillo de Lizarra en 1090 como poblado de francos que se apiñaban a lo largo de la actual rúa de Curtidores y que aprovecharon el impulso comercial del Camino. Estella tiene numerosos monumentos entre los que destacan: el claustro y la iglesia de San Pedro de la Rúa, con tres naves góticas y portada con reminiscencias árabes, el palacio de los Reyes de Navarra (románico civil), la iglesia de San Miguel, el convento de Santo Domingo y la iglesia de la Virgen del Puy (patrona de las simpáticas fiestas de Estella). Esta ciudad como cabecera de su comarca presenta todos los servicios que el peregrino puede precisar.

    http://micaminodesantiago2008.blogspot.com/

  3. 2009 Agosto 9
    María Camino Enlace permanente

    DE LAS ANOTACIONES PEREGRINAS DE WILLIAM RAMOS, ALGUIEN MUY FRESCO Y DIFERENTE…

    Desde mi despedida con Miguel, inmediatamente al otro dia me volvi a reencontrar con los Alemanes que conoci el primer dia que eran dos, uno mayor de unos 60 anos y otro de 30, el de 30 estaba casado con la hija del mayor… Comenzamos a hablar por que habian unas chicas caminando en frente y habian tomado el camino equivocado y estabamos voceandoles para que se devuelvan, ahi nos conocimos y estuvimos las 4 etapas siguientes juntos…Desde Pamplona hasta Los Arcos hay tres etapas… La cual la dividimos de la siguiente manera, la primera noche en un pueblo que se llama Puente la Reina, la segunda noche en Estela, la tercera en Los Arcos y la ultima en Viana… Nos compenetramos rapidamente, durante el camino ibamos contandonos historias, hablando de nuesto pasado, contando el por que de hacer el camino etc… El senor mayor, no hablaba nada de Ingles, solo hablaba Aleman y para entendernos tenia que ser el otro traduciendo o por senas, pero eso no fue ningun impedimento… Tuvimos una relacion muy buena, aunque ninguno de los dos nos entendiamos… El me tomo un carino tremendo desde el primer dia, me contaba el mas joven, que ellos hacian el camino por que el senor mayor habia tenido un accidente y no podia caminar, pero que mientras estaba en proceso de rehabilitacion, el senor mayor le dijo ( Su Suegro ) que si algun dia llegase a caminar nuevamente, haria el camino de Santiago como una manera de agradecimiento a Dios… Y por esa razon estaban ahi, por que milagrosamente con los tratamientos volvio a ponerse de pie, y ahi estaba… con mas fuerzas que nunca… La noche en Puente la reina fue agradable, un albergue sencillo, buenas duchas y algunas computadoras para el uso de internet… Al otro dia, nos levantamos temprano y empezamos la marcha a eso de las 9 AM camino hasta Estella, luego de tomar nuestros respectivos cafe con leche… la etapa fue muy facil, pues solo contaba con 21.8 kms, habia mucha historia dentro de la ruta, calzadas romanas una iglesia muy bonita al inicio de la etapa, muchos pueblitos viejos y como siempre disfrutando de esos increibles paisajes que el camino nos regalaba… Muchas montanas a lo lejos y mucha vegetacion… La etapa fue comoda pues todo el tiempo fue llano, no habia muchas subidas, llegamos al albergue a eso de las 4:00 PM, el resto fue una buena ducha, descansar, luego cenar algo y a dormir…

    http://porsiempreperegrino.blogspot.com/

  4. 2009 Agosto 10
    María Camino Enlace permanente

    DE DOS AMIGOS QUE COMENZARON CRUZANDO UN OCÉANO Y SUBIENDO PEREGRINAMENTE LOS PIRINEOS…

    Luego almorzamos unas hamburguesas, hacemos un poco de tiempo, caminamos hasta el albergue para sellar nuestras credenciales, y luego volvemos a la parada a esperar el autobús de las 17:00.
    Media hora más tarde, descendimos en Estella, recorrimos la calle principal, sacamos algunas fotos y caminamos hasta el albergue.
    No había lugar. Nos tocaba dormir en el suelo frente a las puertas de los baños, y además nos cobraban 1000 pelas.
    Nos fuimos a buscar un hostal.
    Conseguimos uno muy prolijito, Hostal San Andrés, sobre una plaza muy bonita y nos quedamos. Al entrar sólo vemos una escalera y un corredor hasta el fondo del edificio (la recepción está en el primero de los tres pisos) y la voz de una señora que nos dice:
    - Cojan el ascensor muchachos, los espero en el segundo. -
    Caminamos hasta el final de corredor donde la pared presenta una angosta puerta de madera al lado de la cual un cartel decía “ASCENSOR” y forma un pequeño recodo hacia la izquierda. Doy la vuelta al recodo y me detengo frente a las metálicas puertas del ascensor, presiono el botón de llamado y escucho la voz de J.M. diciendo, – No está, el ascensor no está… – desando un par de pasos y lo veo, parado, tieso, mirando fijamente la caja de fusibles del hostal mientras sostiene abierta la angosta puerta de madera con una mano, – No está, el ascensor no está…-
    Brillante. Este tipo es genial, o no?
    Dejamos las cosas en la habitación, nos damos un par de rápidas duchas y salimos a comprar tarjetas de teléfono y a recorrer un poco.

    Volvemos ya de noche y cenamos en un bar de pizzas (Martín está empezando a obsesionarse con la pizza) y paellas. Terminamos comiendo pasta.
    Y adivinen que…, el mozo es de maldonado!. No pudimos hablar mucho porque estaba a mil, pero de todas maneras fue un encuentro agradable. Después de cenar dimos un par de vueltas a la plaza, la noche estaba preciosa y nos fuimos a dormir.Mañana volvemos a pisar el Camino de la Estrella …

    http://ultreiafinisterre.blogspot.com/

  5. 2009 Agosto 17
    María Camino Enlace permanente

    DEL DIARIO DE JUAN MIGUEL GRAU, PEREGRINO DE MIAMI…

    En Lorca, un pueblo pequeño con una población de 135 habitantes encontré un albergue muy acogedor llamado “La Bodega del Camino”. El albergue cuenta con un excelente restaurante con comida casera y un ambiente propicio para descansar y recuperarse. Compartiendo con el resto de los peregrinos conocí a Besnd Rasinger y Alexandra Sixt, una pareja joven de Austria que empezaron el Camino en Pamplona. Desde ese día surgió una gran amistad entre nosotros y pudimos compartir muchas etapas hasta la llegada a Santiago de Compostela.

    Ermita de San Miguel. Parece estar vinculada en su origen a la creación del barrio de San Miguel, que empieza a organizarse en torno a 1187 alrededor de un antiguo mercado, de acuerdo con un documento firmado por el Rey Sancho el Sabio de Navarra, debido al crecimiento de la ciudad al ser un importante hito en el Camino de Santiago.

    Estella, ciudad de origen romano, pasó a ser independiente en 1090, gracias al Rey Sancho Ramírez. Está situada a orillas del río Ega, y fue durante algún tiempo residencia de los reyes de Navarra. A Estella también se le conoce como “Toledo del Norte”, gracias a su gran cantidad de iglesias y palacios.

    Iglesia San Pedro de la Rúa. Sabemos que ya existía en 1147, pero lo que hoy podemos ver es posterior. El templo tiene una curiosa cabecera con tres nichos absidiolos. La portada se abre en sentido norte, hacia la calle de los peregrinos, como también se puede ver en Cirauqui y Puente la Reina. Las dos aulas del claustro pertencecen a distintas épocas o a dos maestros diferentes. La parte más importante es el lado norte en el cual destacan las escenas figuradas de los capiteles, de las cuales la más notable es la que representa el Santo Entierro.

    http://www.juanmiguelgrau.com/camino_de_santiago

  6. 2009 Agosto 18
    María Camino Enlace permanente


    DEL DIARIO DE ZODIACO, PEREGRINO AL QUE LE GUSTA INVESTIGAR EN LOS MÁRGENES Y MÁS ALLÁS DEL CAMINO…

    Un nuevo día ha llegado. A las 6:30 me levanto, soy de los primeros, al contrario de lo habitual. Hoy no tengo tiempo que perder, voy a intentar hacer dos etapas en un día, en total más de cuarenta kilómetros. Almuerzo natillas y Cacaolat, y a las siete salgo el primero del albergue, es de noche. Atravieso el pueblo, y cruzo el famoso puente, a oscuras. Sigo las indicaciones, y fuera del pueblo camino por una pista. Al otro lado del puente está el barrio de Zubiurrutia, en el cual está el Convento de las Comendadoras del Espíritu Santo, fundado en el siglo XIII y con larga tradición hospitalaria. Se puede visitar su templo renacentista, que sustituyó a la iglesia medieval. No lo veo. A mano izquierda he visto una cruz. Es completamente oscuro, ya no hay luz de la ciudad, así que saco el frontal, y camino con él puesto. Veo la Luna escondida detrás de las nubes.

    Voy siguiendo las indicaciones. El Camino es alternativo debido a unas obras. La luz lunar hace que se vea algo blanco ( la pista ) entre la oscuridad ( los campos a ambos lados ). La pista más adelante pasa a ser un sendero, que al ser más estrecho, hace que ya no tenga que alumbrar con el frontal de lado a lado. Caminar sólo, a oscuras y por estos parajes alejados de la civilización, da algo de respeto. Hay pinos y matorrales.

    Tras una rotonda, entro al pueblo de Mañeru, donde encuentro una fuente de 2004 en una bonita plaza. Me siento en un banco de la plaza a beber Cacaolat. En la plaza del Fuero está la casa consistorial , es decir, el Ayuntamiento. Al lado está el colegio. En el pueblo hay una iglesia, la de San Pedro Apóstol, y una ermita, la de Santa Bárbara. La iglesia tiene una imagen de Santa Bárbara. A las 8:15, caminando entre campos, paso junto al cementerio , en las afueras del pueblo. Entro un momento, y les dejo descansar en paz. El cementerio está amurallado y abierto. El pueblo no era muy pequeño, y la iglesia sobresale en altura al resto de las casas.

    Camino por pista entre campos de viñas, cereales, almendros y olivos. Delante a lo lejos hay un pueblo con forma de colina, con una iglesia arriba del todo, se trata de Cirauqui. Me cruzo con dos pistas. En la segunda, veo a la derecha un conejo de culo blanco, que corre mucho al huir. A la entrada del pueblo, a la izquierda y a lo lejos se ve el cementerio, mientras que a la derecha hay unos arbustos y un bar a cincuenta metros según un cartel. Cirauqui significa nido de víboras, en alusión a la colina rocosa sobre la que se asienta. Tiene un núcleo medieval muy bonito, me gusta mucho el pueblo.

    Cirauqui tiene, entre otras cosas, la Iglesia de San Román ( s. XII ), la Iglesia de Santa Catalina de Alejandría( s. XIII ), puente y calzada romana. Es un pueblo grande, de casas antiguas y en forma de colina. Se atraviesa el pueblo por el interior. Ya hay luz, está amaneciendo, en Mañeru todavía era de noche. Como he madrugado, espero que Dios me ayude y logre llegar a Los Arcos. Pasando por debajo de unos pisos, hay para sellarse la credencial, y me hace ilusión, ya que el pueblo me ha gustado mucho y me llevo el sello de recuerdo en la credencial. Lástima que no dispongo de más tiempo para verlo mejor.

    La iglesia de San Román es la que hay en la cima de la colina. Conserva del primitivo edificio ( siglo XIII ) una portada ojival polilobulada, emparentada con la de Santiago de Puente la Reina y la de San Pedro de la Rúa en Estella. En 1692 sufrió una gran reforma que ha llegado hasta la actualidad. En el interior se conserva una ara votiva de época romana con inscripción.

    Abandono el pueblo descendiendo por una pista que tiene cipreses. En el pueblo sólo hay casas antiguas, no hay nuevas. El pueblo queda atrás, pero a la vez me lo estoy llevando conmigo, en el corazón. No he explorado ninguno de los dos pueblos que he pasado, ni he visitado sus iglesias, aunque al menos el Camino pasa por el interior de ellos y los he podido ver de cerca. Es una lástima que Cirauqui y Puente la Reina estén tan juntos, y se tenga que elegir entre dormir en uno o en otro. A las afueras de Cirauqui, llego al famoso tramo de calzada romana, con puente romano incluido, recientemente reformado, y de un sólo ojo. La calzada romana en algunos tramos conserva el empedrado. Sobre esta calzada han pasado muchísimos peregrinos, es el tramo más antiguo de todo el Camino. Son las 8:50, a estas horas suelo salir del albergue, pero hoy ya llevo 8 kilómetros caminados. Con 24 años, tengo toda la vida por delante para volver y explorar ambos pueblos.

    Tras un rato de caminar, cruzo una gran carretera de siete carriles, cinco centrales más 2 laterales, gracias a un puente que pasa sobre ella. Unas piedras y troncos en el suelo indican que no hay que coger una pista a la izquierda, sino ir al puente. Tras el puente voy hacia la izquierda, como indica un simpático montoncito de piedras. En unos cien metros dejo la pista y cojo a la derecha. El día está nublado, el cielo está gris, y hace bastante viento. Llego a un puente medieval, el cual tiene en el centro un pilar con piedras encima. El Camino cruza varias veces la pista que he cogido tras el puente de la carretera, y que va paralela al Camino, entre campos de arbustos. A lo lejos se ve la carretera…

    Me duele la rodilla izquierda, como ayer. Cuando llegue a casa me diagnosticará el médico una tendinitis en ella. Tengo que llegar a Los Arcos, aunque sea lo último que haga, se me ha metido entre ceja y ceja, si hay que ir a la pata coja, se va. Cruzo un puente de troncos, y camino paralelamente a la carretera, que está a unos cincuenta metros. Así, el paisaje no es bonito. Llego a un cruce y debo girar a la izquierda, indica que es un desvío provisional, y por un túnel atravieso la ancha carretera. Entonces, giro a la derecha y camino por el arcén, no porque esté indicado, sino porque me lo dicen unos obreros. El cachondeo con la carretera continúa, ahora se cruza a la carretera general por debajo de nuevo al otro lado. Veo en ella que pone ” Estella 9 km , Logroño 55km “. En el puente inicial sobre la carretera general, ponía ” Logroño 66 km “.

    Son las 9:35, cuando paso por debajo del Canal de Alloz. Más adelante cojo un camino a la izquierda, y llego a un puente medieval de piedra de dos ojos, en el cual me siento. Es el puente de Camino Real, y cruza el río Salado. Según la guía del peregrino medieval, de Aymeric Picaud, el agua de este río es mortal, y los peregrinos que bebían de ésta morían y eran desollados por dos navarros. Me quito el calzado para sacar las piedrecitas que han entrado, bebo agua, y meto el frontal en la mochila. Me acabo de quedar sin agua. Cruzo un túnel, y al comienzo de una carretera ancha cojo un camino a la izquierda, un mojón indica Estella a 9km.

    Son las 9:48 de la mañana. Un pájaro negro y de pico naranja, se me cruza volando. Me encuentro un corazón en el suelo hecho con piedras, y el interior de cerezas. El camino se cruza con una pista, y tras una subida, llego al pueblo llamado Lorca. Fotografío la iglesia, llamada de San Salvador y del siglo XII, aunque modificada posteriormente. El pueblo se atraviesa por la calle Mayor. Una puerta tiene unas conchas y a Santiago en la fachada, donde el número de la casa. Llego a una bonita plaza con fuente y parque infantil, es hora de beber hasta la saciedad!!!

    Saliendo del pueblo, unos perros ladran. En el suelo me encuentro a dos pajaritos muertos, primero a uno y después a otro. Al salir del pueblo llego a la carretera, y entonces continúo por el arcén izquierdo, hay un bar. Más adelante cojo un sendero a la izquierda, un mojón indica Villatuerta a 4km. Hay un rebaño de cientos de ovejas, con un perro y un pastor. Nos saludamos el pastor y yo, al perro lo dejo tranquilo. Continúo con mi caminar bajo un cielo gris. A la derecha va una carretera y a la izquierda unos campos marrones. Giro a la izquierda, momento en el cual dejo de ir paralelo a la carretera ,que me acompañaba en paralelo desde que he salido de Lorca. Saludo a un señor que está en un tractor. Dejo la pista para coger un sendero a la derecha. A lo lejos se ve un pueblo grande. Un cartel dice :

    “” aquí hubo un hospital de peregrinos. Está pasando por las inmediaciones del hospital de peregrinos de Arandigoyen , en la actualidad desaparecido, que fue regentado por la Orden de San Juan de Jerusalén, fundado en 1099, acogiéndose al principio benedictino de hospitalidad, expresado en el capítulo 53 de la regla de San Benito : todos los invitados que se presenten deben ser bienvenidos como Cristo, por él mismo dirá ” yo era un extraño y tú me has bienvenido “. Se debe mostrar adecuado respeto a todo, especialmente a los que comparten nuestra fe y a los peregrinos “” Amigos de Irache.

    Voy por una pista de tractor entre cultivos, directo al pueblo. Me como una pasta alargada de chocolate, es una especie de brazo de gitano, para coger energía, y porque me estoy muriendo de hambre. Continúo caminando siguiendo las indicaciones. Al otro lado de la carretera está el pueblo Arandigoyen, y le hago una fotografía. Por altura, destaca la iglesia. Llego al pueblo llamado Villatuerta, a través de una zona de casas nuevas, un polideportivo y un colegio, atrás han quedado los campos.

    Hay unos obreros con la radio a todo volumen. Paso junto a una farmacia. Atravieso un puente románico de dos ojos sobre el río Iranzu . Se pasa por el Ayuntamiento y por un bar restaurante con menú de peregrino. Estoy a 22,6km de Los Arcos. Veo una especie de payaso de colorines, muy llamativo, y me acerco a él. La nariz parece un botón, lo aprieto, !!! y es una fuente !!!. Que sorpresa!!! En la plaza de la iglesia, hay una estatua con un cartel ( Veremundo, n. 1020, patrón del camino jacobeo navarro. Villatuerta 1999. ), una fuente decorativa, una fuente para beber, y por supuesto, una iglesia, que es llamada Iglesia Parroquial de Nuestra Señora de la Asunción. La iglesia es del siglo XIV, excepto el campanario que es del siglo XIII. El altar mayor y las capillas son renacentistas y barrocos.

    Abandono el pueblo por un sendero entre cultivos. Es un pueblo casi todo de viviendas modernas. En lo que va de día, ni ha salido el sol, ni he visto a ningún peregrino. Varias decenas de pájaros echan a volar. A la izquierda del camino , hay un desvío que va a parar a la ermita de San Miguel. Es un antiguo monasterio, del siglo X, propiedad de Leyre, que en el siglo XVII fue transformado en ermita. Está junto a 8 mesas de picnic, cada una con dos bancos, y dos barbacoas, todo de piedra y entre olivos, a unos 50m del Camino. Al otro lado del merendero está la entrada, abierta, y entro. Hay un altar, y una especie de bancos pegados en las paredes, para sentarse. Pruebo una oliva y está mala, el sabor es amargo. Las hay verdes y negras. Cerca está la empresa Azko Nobel, junto a otras. Vuelvo al Camino, y continúo con el peregrinaje, a través de un suelo recubierto por hojas rojas, hasta llegar a una zona ajardinada acondicionada para hacer picnic, tiene dos mesas con bancos, barbacoa y fuente. Es una fuente con forma de montaña.

    Cruzo la carretera de Nobeleta, y llego a un puente de madera y metal, a través del cual paso sobre el río Ega. En un terreno vallado, veo a tres caballos, huele a estiércol. El pequeño se me queda mirando. Más adelante una señora quita malas hierbas a la entrada de su finca. Hay un olor insoportable y desagradable, debido a la industria que hay junto al Camino, estoy entrando en Estella. Voy por una carretera vacía, dejando atrás la industria. A la derecha hay bloques de pisos a lo lejos. Veo una cruz de piedra, y una fuente, en la cual pone ” buen pan, excelente agua y vino, carne y pescado, llena de toda felicidad “. A la derecha hay un río con patos y altos árboles que bañan al río con sus hojas amarillentas caídas. En la cima de una montaña hay una gran cruz. Aun no he entrado al denso núcleo medieval de Estella, estoy a punto de hacerlo. Hay un gran parque ajardinado con bancos, árboles y un caballo negro y blanco comiendo césped, mientras que detrás del parque está el río con ocas, y al fondo, casas antiguas.

    El albergue municipal tiene 114 plazas. Hay un puente peatonal moderno sobre el río. Delante de una imponente iglesia, hay una especie de balconcito en el río, desde el cual observo al río y a la iglesia. Mirando a la iglesia, sobre ella se ve otra, mientras que a la derecha se ve un puente antiguo de un ojo sobre el río, el casco antiguo, y sobre las casas, la torre de otra iglesia. Así, desde aquí puedo ver tres iglesias antiguas. En Estella, hay decenas de monumentos, como sucede en Pamplona.

    De momento, parece un pueblo de casas antiguas, muy grande. Cruzo el puente de un ojo, llamado puente de San Miguel o puente de la Cárcel. La primera calle a la izquierda es la Calle Mayor, voy por ella. Hay casas antiguas, y tiendas. A la derecha aparece una iglesia muy alta, que está cerrada. Es la iglesia que se veía por encima de las casas, desde el balconcito, cuando delante tenía dos iglesias más, una de ellas con estatuas en la fachada. Retrocedo, y vuelvo a pasar por el puente. Cojo la primera calle a la derecha, es una calle paralela a la calle Mayor, pero en el otro lado del río. Está el albergue privado. Veo el Palacio de los Reyes de Navarra ( siglo XII ), ejemplo de la arquitectura civil románica, y con un capitel en el que aparece Roldán luchando ). También veo el museo Gustavo de Maestú , la oficina de información, y más edificios, desde el exterior. Esta calle es el Camino, y no el cruzar el puente ni la calle Mayor. Llego a un arco, y tras pasar bajo él, acaba el casco antiguo, y las viviendas ya son modernas.

    A las 12:10 he llegado al pueblo. En la calle Mayor una persona mayor me ha preguntado si el pueblo era bonito, y le he dicho que mucho. Saliendo de la localidad, paso junto a un supermercado enorme, y empiezo a subir una cuesta en una zona de casas nuevas, para luego bajar a la carretera por la urbanización.

    http://zodiaco.madteam.net/relatos/2006-04/2006-04-05-camino-de-santiago-:-puente-la-reina–estella–los/

  7. 2009 Agosto 20
    La hospitalaria Enlace permanente

    DIARIO DE ÁNGEL SILVENTE

    Puente de la Reina/Gares – Estella/Lizarra

    Día 4
    20 de julio
    22,1 km.

    Nos levantamos tarde. En principio pretendemos comprar unos bambos para Armando a ver si anda mejor y tratar de sacar dinero del banco. Pero es demasiado temprano para que bancos y tiendas estén abiertos. Así que lo pensamos mejor y tiramos para adelante. Trato de que llevemos un ritmo un poco más alegre que en días anteriores. Armando anda despacio y eso a mi me cansa bastante. Antes de llegar a Mañeru damos alcance a un peregrino ya algo viejo que veníamos viendo días atrás. Es alemán, aunque habla muy bien español. Tiene 67 años y viene de Le Puy. Cuando llegue a Santiago habrá recorrido 1600 kilómetros. ¡y nosotros que creíamos estar haciendo una proeza¡ Después de esta lección de humildad, una subida corta pero empinada nos calienta las piernas y al poco, Mañeru. Allí preguntamos por una fuente y una mujer cruza todo el pueblo cuesta arriba para mostrarnos dónde está. La gente por aquí es bastante amable.

    Saliendo de Mañeru ya se ve Cirauqui al fondo. Es una villa medieval bien conservada. En el trayecto entre estas dos villas nos paramos a observar un camposanto. Son muy distintos a los del sur. No hay nichos. Las tumbas están en el suelo y las cruces son de hierro. Algunas me recuerdan a las cruces celtas. Sin más espera llega Cirauqui. Sus empinadas callejuelas de piedra nos trasladan a otra época. No se ven coches por aquí. Hacemos una parada en la fuente de la iglesia para ventilarnos unos sobaos. De la iglesia destaca un decorado pórtico románico. Las flechas amarillas continúan por la plaza del pueblo. Traspasamos una puerta que da lugar a una sala. Allí hay un sello para que cada cual se lo estampe si así lo quiere. La sala se abandona por un pasillo que da al exterior. De Cirauqui se sale por una vía romana muy bien conservada. No en tan buen estado está el puente romano.

    Muy atrás quedan ya aquellos bosques pirenaicos. Andamos ahora por tierras más secas. El bosque, donde lo hay, es puramente mediterráneo: pinos, encinas , coscojas y matorral. En algunos tramos creemos estar en Murcia. Donde no hay bosque hay sembrados de cereales o plantaciones de espárragos. Entre tanto cruzamos el río Salado, ya comentado en el Codex Calistinux. Unos kilómetros más y llegamos a Lorca. Nos sorprende el buen ritmo que estamos marcando y no queremos dar un parón muy grande, así que bebemos y compramos avituallamiento para seguir caminando sin más demora. Contemplamos la posibilidad de continuar hasta Los Arcos. El primer tramo entre Lorca y Villatuerta lo caminamos sin problemas. Un parón de Armando para ponerse un parche nos hará mucho daño. En Villatuerta la mala señalización nos hace perdernos. Aunque vamos ya un poco jodidos no podemos pasar de largo ante la iglesia gótico – románica.

    Al salir de Villatuerta hay una subida fuerte hasta un monte con un depósito de agua. Ya no son horas para andar y hace mucho calor. En el alto una fuente nos anima bastante. Estella aún no se ve. Estos últimos kilómetros se hacen especialmente largos. A demás a Armando le cuesta horrores la bajada por culpa de las ampollas y vamos muy despacio. Al final llegamos a la ciudad, aunque un poco tarde. (13:30 aproximadamente). Necesitamos una caja, una tienda de deportes y una tienda de comida en menos de 25 minutos si queremos continuar a Los Arcos. Nos ponemos a buscar, pero a este ya le da igual todo. Como no puedo sacar dinero en ningún cajero entro en un Banesto a ver que pasa. Un empleado muy amable que veranea en Mazarrón me indica que debo tratar de sacar con el DNI y la tarjeta en una caja y me diga donde hay una. Corriendo me meto en la caja y le cuento la papeleta al cajero. Me hace la jugada y no funciona. Me dice que debo tener un problema de saldo porque mi sucursal deniega el acceso. Eso me deja un poco fuera de juego. Ya son las 14: 00 y cierran todo. Armando ha comprado algo para comer. Buscamos el albergue. Solo quedan dos plazas. Después de todo lo ocurrido y del cansancio que acumulamos pienso que lo mejor es quedarse en Estella esa noche. Paradójicamente a Armando no le parece bien esta idea a pesar de estar en peores condiciones que yo. Después me lo agradecería.

    El albergue está bien: duchas muy buenas, cocina completa y literas de tablas. Sin embargo encontramos aquí al hospitalero más estúpido de todos . Fugazmente encontramos a Eva y Arancha. Están en el pabellón y nos piden los aislantes. Al final de una breve comida durante la cual vemos por primera vez a Gustavo, el argentino, un tío nos expuso sus axiomas sobre el cuidado de los pies en un monólogo de unos 45 minutos durante el cual me harté y aproveché para iniciar la colada. Seguidamente la siesta, pinchado de ampollas (mi primera ampolla) y a ver Estella.

    El núcleo urbano encierra interesantes edificios históricos entre los que se encuentran las iglesias de San Miguel y San Pedro y el convento de Santo Domingo, con su capilla barroca. Las callejuelas del casco antiguo y la plaza del ayuntamiento tienen también cierto encanto. No hay que olvidarse en Estella de mencionar su río, el Ega que divide en dos la ciudad.

    Después de la cena Armando decide que al día siguiente se va a comprar unos bambos. La idea en principio no me sienta nada bien, porque habíamos pasado toda la tarde en el centro y en aquel momento pensó que seguiría con las botas. Esta medida nos obligará a salir muy tarde la próxima jornada, la cual, sin ser larga, sí que tiene un tramo final que no es aconsejable caminar con mucho calor, pues son doce kilómetros con muy poca sombra y en completa soledad: ni pueblos ni fuentes.

    En este día se produce nuestro primer contacto con el grupo internacional: el belga, la brasileña las israelitas y tantos otros.

    http://www.euskalnet.net/diariosdeperegrinos/angel.silvente.htm

  8. 2009 Agosto 22
    María Camino Enlace permanente

    “O Estella la Bella, repetida mil veces por la Pícara Justina en el Libro de Entretenimientos de Francisco de übeda, como la ciudad más bella y monumental del mundo entero”

    http://luisyanezabelaira.blogspot.com/2009/05/ponferrada-16-04-2009-presentacion-un.html

  9. 2009 Agosto 23
    María Camino Enlace permanente

    DIARIO DE BARRET Y GURGAND, AÑO 1977


    Martes, 17 de mayo.- Dejamos Pamplona y llegamos a Estella, la estrella. Sin cercas ni caminos secundarios, el paisaje es rústico, natural. Ni aldeas, ni granjas aisladas. Pueblos apretados alrededor de las iglesias y de las cajas de ahorros; las dos colocaciones del español.
    Municipal, regional o católica, la caja de ahorros se anuncia a cada entrada de las ciudades o de los pueblos, obsesionante, proclamando su éxito entre su mercado: los pobres. Por todas partes, los bancos públicos o los toboganes para niños nos recuerdan su existencia. No es una ardilla, es un pulpo y se porta bien: cuando el alza de los precios sobrepasa el 25% anual y los intereses se pagan a menos del 8%, la operación se asemeja mucho a una extorsión. Pero, si el dinero robado llega a faltarle al ahorrador, pues bien, el pulpo le puede prestar, no mucho más caro, un poco del mismo que él ha depositado…
    Lo sagrado está bien por todas partes, cotidiano, familiar, en esas detentes prendidas en las puertas, en esas señales de la cruz complicadas que ejecutan con virtuosismo las mujeres vestidas de negro. Enladrilladas, caleadas, adornadas con flores, la mayoría de las viejas iglesias viven todavía su verdadera vida, mientras que en Francia, salvo en el Oeste, la mayor parte de las que fueron destruidas han sido desnaturalizadas.
    En Puente la Reina, en Estella, en Cerauqui, nos acaeció diez veces pararnos, sobrecogidos, delante de un porche, de una bóveda, de una escultura -como el crucifijo de madera pintada, dejado por un peregrino alemán del siglo XV. “Señor, dice el salmo, he amado a la hermosura de nuestra morada…”
    ¿Quiénes eran, entonces, esos rústicos, que supieron grabar de tal forma en la caliza el vertiginoso misterio de nuestra existencia? En Puente la Reina -vieja calle estrecha, viejo puente sobre el Arga, viejo perfume desde lo más recóndito de los siglos- nos parece que hemos empezado a comprenderlos.

    (En realidad, lo que empiezan a comprender -pero que les repugna formular- es que se trata para ellos, a mil años de distancia, de rechazar la misma noche, de organizar el mismo caos, de dar una respuesta a la misma pregunta. Después de todo, seguramente no es por azar si tomaron el mismo camino.)

    http://www.euskalnet.net/diariosdeperegrinos/barret.y.gurgand.htm

  10. 2009 Agosto 23

    DE LA PEREGRINACIÓN DEL GENERAL BELGA LEÓN DEGRELLE

    Estella, 24 de junio de 1951. 5ª etapa. 120 km Carta 6

    Me siento completamente estremecido. Me están pasando cosas verdaderamente extraordinarias, impresionantes. He llegado a este pequeño pueblo maravilloso y me he perdido, sobre un verdadero tesoro de antigüedades.
    En primer lugar, ¡tengo una placa de hierro forjado! Si, es la que ha generado la partida.
    Hoy, domingo, he llegado, muy rendido, a Estella, a las dos y media del mediodía. Todo estaba cerrado.
    Sin embargo, buscaba. Vi, a través de una de esas enormes puertas del lugar entreabierta, dos cruces de piedra. Esto me intrigó. Me introduje. Salió una anciana. Después, un hombre joven, de mirada noble. Tenían en salas inmensas un montón de cosas viejas. El joven -a su guapa mujer y a sus dos chiquillos los vi después- rastrea la región, apasionado por las antigüedades.
    Primeramente, una placa forjada (la primera que veo en España), muy original, bastante pequeña, la hubiera querido gigante, pero muy bonita. Me gusta. Mañana por la mañana para continuar el camino me la pondré.
    Con… otras tres tacas:¡sí, otras tres! Aún más pequeñas, pero encantadoras, que utilizaré seguramente con mucho agrado algún día.
    ¡Pero el resto! Cofres -los celebres “arcones”- adornados con esculturas maravillosas. ¡He comprado cinco! Después, mesas…A continuación un armario, carcomido, gracioso. Incluso un “calentador”, es decir, una espléndida caldera de cobre, cincelado enteramente con corazones… ¡Hecho! Luego, un mueble muy bonito, con cajones, con su mesa de època, perfecto tanto el uno como la otra. Y para rizar el rizo, un Cristo sublime. Salí de ahí trémulo como un tambor.
    ¿Cómo pagarlo? Me las arreglaría. Es consolador ver cómo mi cabeza hace todavía ingresos, mi cabeza sin nombre. En cualquier pueblo electrizo. Por todas partes, corren hacia mí, me visitan, me conducen y me brindan un afecto nacido misteriosamente, pero, por doquier, también espontáneo y fuerte.
    El hombre joven me acompaña, después, a visitar un montón de cosas apasionantes. Esto es muy bonito.
    La vida es belleza. ¡Encontrar lo bello, prenderse de la hermosura, es de una voluptuosidad tan elevada!

    http://compostela2004.free.fr/mi_camino_de_santiago.htm

  11. 2009 Agosto 24

    DE LA PEREGRINACIÓN DE LEON DEGRELLE

    El viento sopla, glacial. Pero mi corazón canta. Todo marcha bien.
    Retrocedo mi visión a dos días atrás. Estaba en Puente la Reina, donde… ¡se hospedó Carlomagno! ¡Ocupaba la única cama de la única fonda; era la suya, con toda seguridad! ¡Gran honor que yo aprecié menos cuando me sentí devorado por las pulgas! ¡El gran monarca tenía la piel dura y estos modestos, pero voraces, sujetos habían tenido tiempo de proliferar! ¡Me estoy siempre batiendo cuerpo a cuerpo con estos descendientes de las epopeyas antiguas!
    Me han acompañado a la vieja iglesia de Santiago; después, todos juntos, hemos reanudado el camino. Además de las pulgas, el Secretario del pueblo me acompañó durante todo el recorrido hasta la aldea próxima. Era un buen hombre, gracioso, pequeño, brincador, nervioso como mis ocupantes. Se opuso, con tesón, a que siguiera mas, durante estos primeros kilómetros, por la gran carretera asfaltada que se dirigía hacia los altos, sino que prefirió tomar la antigua calzada romana que seguía poéticamente el cauce del río Arga, ligero, transparente, sobre sus peñas blanquecinas, ante Pamplona; aquí, ancho, de un bello gris verdoso, bordeado de largas filas de álamos del Canadá. Era embriagador. En lontananza, por todas partes resplandecían los montes rosas violáceos, engalanados de penachos de plumas verdes, oscuras, de los pinares. Después, poco a poco, ésto llegó a ser menos exquisito. Nos encontramos ante un viejo puente cortado. Fue necesario sumergirse penosamente en el cauce (¡operación en otras ocasiones tan agradable!) y remontar. Mi buen secretario no podía volver a encontrar la pista, y se dirigía, sin cesar, hacia mi, locuaz, dando vueltas y revueltas a mis pies. No nos quedaba más opción que enfilar derecho hacia la cumbre de la enorme montaña por los restos de la calzada, pisando escombros, bordeando los romeros y mil plantas con espinas, clavado al suelo intransitable por mis enormes zapatos, tirado hacia atrás por mi macuto. Desde lo alto, el paisaje era admirable; felizmente, todo el Sur, ofrecido en mi “peregrinación”, se abría entre las rocas, en una gran corriente de viñas verdes, de cabras, de aldeas amarillas a lo lejos, de montes grises y violetas, de luz viva. Mi pequeño secretario caracolea en mis manos una última vez y luego prosigo mi camino, ya solo
    Era domingo. A medio camino, me dejo tentar de nuevo por la famosa calzada romana. En algunos tramos la “carretera” la absorbe. Otras veces, se desvía, se sale de su lado, estrecha, con sus grandes guijarros cortados entre sus dos cunetas de anchas baldosas, completamente rosáceas por el sol. Esta vez, las dos cintas claras suben hacia una vieja aldea comprimida, en lo alto de un monte, alrededor de la habitual iglesia fortaleza, llamada Ciranqui. Paso bajo un viejo portillo majestuoso, subo, por el callejón empedrado, entre casas con grandes escudos de piedra rubia y alcanzo la terraza de la iglesia; después, el pórtico, maravilla del gótico primitivo, con esculturas mezcladas de personajes, de frutos, de flores, de hojas de helechos.
    Todo el pueblo asistía a la misa mayor. Fuera, no había un alma. Imposible encontrarlas en estas callejuelas. Fui hacia las ruinas de la fortaleza; descubrí, desde allí, las dos serpientes de “mi calzada” romana, después de mi “carretera” de asfalto azul. La retomé por un viejo puente de peregrinos, a medio derribar, magnífico, enorme.
    Iba muy retrasado. Y me había fatigado mucho. Mi gran anhelo, en mi aventura, es ir siempre a un paso igual, sin pedir a los pies esfuerzos desordenados; dejarlos reposar, de cuando en cuando, jugando con los dedos de los pies poéticamente al viento, para que no se calienten (como un motor, en definitiva). Pero el sol, que iluminaba los viñedos, me vigorizaba, aunque de vez en cuando caían algunas gotas lanzadas por las grandes nubes, separadas de las montañas, como si su amarre se rompiera. Alcanzo un nuevo gran río, el Ega, también admirablemente verde y gris entre sus álamos. Es el tercero y último afluente del Ebro, por el que pasaré mañana:

    “Arga, Ega y Aragón
    Hacen al Ebro varón”

    me responde un viejo viñatero cuando le pregunto el nombre del río (el Aragón, está más al este, es también un río, y no tan sólo una región).
    El Ega verde me conduce finalmente (son las dos horas y media del mediodía) a Estella. Entrada desastrosa:profanando admirables iglesias góticas de la ribera derecha del agua, una enorme fábrica blanca, con su horrible cartelón “Fábrica de embutidos”, aniquila el paisaje. ¡Vergüenza para los “embutidos”!.
    He pasado esto a prisa y mis maravillosas sorpresas comenzaron. Largas calles estrechas, bellas armas, puertas enormes con los tachones estrellados, flores. Al fin, una fonda; “Fonda la Seta”, o sea, el champiñón. Pero no hay habitaciones. Se come ahí y se duerme en casa del dueño. Me llevan a la “Calleja de los Toros”, el callejón de los cornúpetas. De hecho, de toros nada había allí; sólo en lo más alto de una casa miserable, una anciana abrigada con una curiosa piel:¡un gran gato vivo que le rodeaba completamente el cuello! Pequeña habitación, limpia, que daba sobre la plaza con soportales sosteniendo las altas casas con balcones
    Comí y, después, me dispuse a recorrer la ciudad (6.000 habitantes), que ha conservado, además de los endiablados “embutidos”, todo el sabor de la Edad Media. Estella es enteramente creación de los peregrinos. Allí llegaban en grandes cabalgatas, atravesando las calles similares aún a las de hoy en día, sólo que aquellas eran otras. Numerosas iglesias, cuyas campanas, como entonces, se turnaban en la noche, marcando las horas en el aire negro, antes de la nueva partida.
    He llegado en primer lugar al viejo palacio real, en el que, sobre un capitel ducal, se halla esculpido el célebre combate de Roland con el gigante Saragut ¿Sabéis quién ocupa este magnífico palacio, entremezclado con las obras maestras en miniatura talladas en la piedra:escenas de caballería, frutas, pescados, personajes mitológicos? ¿Un príncipe? ¿Un poeta? Me apuesto lo que queráis que no:¡los desgraciados de la ciudad! ¡Es la prisión! Roland, merodeando en la piedra, en el umbral del palacio de los delincuentes condenados a galeras!
    En lo alto, sobre rocas (siempre la idea de la fortificación), se levanta la iglesia de San Pedro. Aún allí, su pórtico es románico, sublime; el templo es de bellos capiteles tallados; después, el claustro, bajo las grandes rocas blanquecinas de la montaña que soportan la ciudadela. No queda nada, del claustro antiguo, más que dos alas, pero de una poderosa belleza, con una columnata de esculturas religiosas y profanas todas diferentes. Una, particularmente, me ha divertido mucho. Un hombre y una mujer, con rostro y busto humano, pero con el vientre y las piernas de ave mitológica, como en los antiguos dibujos persas, están cara a cara. Rostro justo el uno delante del otro en la primera escena. Después, se acercan, se aproximan cada vez más. Seguidamente los labios se unen, bocas pegadas, apasionadas. Pero allí, ¡un sólido martillazo ha aplastado este beso, demasiado ardoroso y demasiado explícito!
    ¿Sabéis qué era este patio, donde los que se besaban en mármol tenían un sabor tan real? Era el cementerio de los peregrinos. Está completamente sombreado de admirables cipreses, graves, pero nunca tristes; aquí, donde se pulen al sol, son como elevaciones graves de las tumbas. Cruzado de pequeños senderos. Una bella fuente, fluyendo su agua rumorosa del surtidor, lo adorna siempre. Aquí reposan, con sus almas puras, los que agotaron sus cuerpos para ella…
    En la iglesia, está sepultado un obispo griego, quien, habiendo llegado como un modesto peregrino, aquí murió, pobre, humilde en su dignidad, que no se había dado a conocer como tal. Sólo los milagros, más tarde, revelaron su identidad.
    He permanecido más de una hora completamente solo en este claustro, bajo los coracanes blancos, con los verdes pinos, frente a los arcos tan nobles, a los cipreses y a los bojes lustrosos, mientras que, desde la villa invisible, subía el susurro del río verde. (Este río está completamente bordeado de álamos y de escaleras de piedra por las que las lavanderas bajan hasta el agua.)
    Desde allí me fuí a las enormes ruinas, impresionantes, del convento de Santo Domingo, cuyas grandes nervaduras góticas aún se ven, perfilándose en el cielo azul, completamente crudas; después, me he llegado a la iglesia del Santo Sepulcro, muy original, principio del gótico, toda con una gran escultura exterior, muy noble, con detalles graciosos de pequeños ladrones, pies bajo la mesa de la Sagrada Cena, etc.; he vuelto luego a atravesar el río por un puente monstruoso, de cemento armado (el que antes había fue dinamitado durante la guerra civil) para volver a tomar la subida hacia otra iglesia, la de San Miguel, colgada encima de las callejuelas como un “burgo” renano. A ella se accede por una enorme escalera de piedra. Todavía se pueden encontrar ahí un pórtico románico prodigioso y un maravilloso retablo policromado primitivo. Se puede imaginar uno la fe de estas migraciones místicas, pues estas inmensas iglesias (cada una es una obra maestra y un museo) debían costar ingentes fortunas. Ahora bien, existe aún toda una serie de otras iglesias y santuarios:San Juan; Nuestra Señora de Puy (francesa). Nuestra Señora de Rocamadour (francesa), etc.
    Es al final de este circuito grandioso cuando he coincidido con una anciana en el umbral de una enorme puerta, con tachones colocados sobre la placa, y después sobre el resto. Ya conocéis la historia. No llegué hasta las diez de la noche a la plaza. Y allí ¡qué espectáculo! Al menos mil jóvenes mozos y mozas danzaban. Pero un verdadero baile. Gentil como todo. Delante de la vieja iglesia. Alrededor de una tarima, completamente cubierta de ramajes, sobre los cuales hacían ruído a grandes golpes de tango, algunos músicos del terruño.
    Dormí poco aquella noche. Las múltiples campanas se relevaban entre mis pensamientos. A las siete de la mañana (aquí se levantan temprano), alegre y muy divertida, sonó una diana de trompetas:¡se despertaba la ciudad! Era tierra de partida de peregrinos detrás de sus alegres pífanos, como se podía sentir en muchos casos con bastante frecuencia.
    He efectuado durante dos horas -no podía partir- un nuevo recorrido por estas iglesias, tan bellas; después he tomado, bajo un cielo encapotado…

    http://compostela2004.free.fr/mi_camino_de_santiago.htm

  12. 2009 Agosto 26
    La hospitalaria Enlace permanente

    EL CAMINO DE EX ORIENTE LUX

    Comenzamos nuestro camino a eso de las 6.43 de la mañana, recorriendo las calles de Puente la Reina en el más absoluto de los silencios, acompañados únicamente por el sonido de las innumerables bandadas de golondrinas que revolotean por los cielos del pueblo en busca de su primer alimento del día.

    Cruzamos el Puente medieval y volviéndonos alguna que otra vez para disfrutar de su vista desde diferentes lejanías, fuimos acercándonos al Barrio de Zubiurrutia. Allí está el Convento de Santi Spiritu, que según parece tuvo una larga tradición hospitalaria. El lugar es agradable y tranquilo.

    Durante algo de más de media hora, y mientras la mañana terminaba de asentarse plácidamente sobre los trigales por los que discurría nuestro camino, disfrutamos despreocupadamente del aire fresco de la mañana, del susurro de esa cantidad de sonidos indeterminados que produce la naturaleza. Caminamos entre la suave caída de una ladera y los campos de trigo adornados de gavillas.

    Esta feliz comunión con el camino se rompió bruscamente, al poco de rebasar un colector, y enfrentarnos a lo que según un cartel era un “Desvío provisional”. Lo que nosotros vimos ante nuestros ojos era algo más que un simple desvío: una cuesta bastante pronunciada, de más de un kilómetro de longitud, que nos conducía a lo alto de la montaña que teníamos ante nosotros.

    A medida que ascendíamos, nos cruzamos con algún grupo de peregrinos que arrastraba penosamente sus mochilas, entre resoplidos prolongados, mientras intentaban encontrar con la vista la cumbre hacia la que nos dirigíamos.

    Como todo esfuerzo, diremos que este también tiene su premio, y es el espectacular paisaje del que se goza una vez llegado a la cima: ante sí, hacia el norte, la vista del peregrino abarca una amplia extensión de tierra, dominada en su mayor parte por trigales al fondo de los cuales, recortada en el horizonte, adivinamos la silueta de una vieja conocida, la sierra del Perdón, coronada de molinos cuyas aspas suponemos ver girar entre la neblina.

    Continuamos nuestro camino hacia Mañeru que ya vemos al fondo de nuestro camino. Un joven peregrino, de aspecto extranjero, nos adelantó en aquél momento saludándonos e intercambiando unas palabras antes de continuar su marcha.

    Llegamos a Mañeru. Como ocurrió al salir de Puente, el cielo estaba cubierto por una nube de golondrinas en busca de insectos con los que desayunarse.

    El pueblo es agradable y más grande de lo que parece desde la lejanía. Tiene bonitas casas blasonadas, y calles con nombres muy poéticos como es el de Calle de la Luna.

    Pero como llevábamos toda la mañana sin tomar un solo café, -ya lo habíamos intentado infructuosamente antes de salir de Puente-, y nos veíamos ya en ese límite que hay entre las ganas y la necesidad, decidimos apretar un poco el paso en busca de algún lugar donde poder tomarlo, sin entretenernos demasiado en otros detalles.

    Y así fue como salimos de Mañeru, sin conseguir nuestro objetivo, pero volviendo a encontrarnos en un agradable camino adornado de trigo recogido en gavillas con Cirauqui a lo lejos, erguido sobre una loma, como mostrándose orgulloso de su pasado medieval.

    En Cirauqui nos adentramos por una de sus empinadas calles, hasta llegar a la puerta de una panadería, frente a la que descansaban charlando algunos grupos de peregrinos. Había una máquina de bebidas calientes junto a ellos, en la que no dudamos en invertir unas monedas a cambió de un cálido y reconfortante café.

    Fue probarlo y venírsenos a la memoria aquello que cuenta Mateo Alemán que le ocurrió a Guzman de Alfarache en una venta, cuando al ponerle para comer una tortilla de huevos:

    “Comí, como el puerco la bellota, todo a hecho; aunque verdaderamente sentía crujir entre los dientes los tiernecitos huesos de los sin ventura pollos, que era como hacerme cosquillas en las encías.”

    Y es que, lejos de pecar de exagerados, queda claro que hay cosas que no cambian… Nos tomamos el bebedizo sin reparar en lo que realmente era y nos dispusimos a continuar nuestro camino.

    En ese momento se nos acercaron, de entre los peregrinos que allí descansaban, dos mujeres preguntándonos si habíamos visto a un joven canadiense, de quien nos hicieron una descripción y dijeron que se llamaba David. Nos mostraron la credencial del canadiense, contándonos que la habían encontrado caída en el suelo al poco tiempo de que les adelantara y que no habían vuelto a verle para devolvérsela.

    El peregrino del que nos hablaban coincidía en todo con el que habíamos intercambiado unas palabras antes de llegar a Mañeru, y así se lo dijimos añadiendo que, aunque no lo habíamos vuelto a ver, como continuábamos hasta Estella, podía darse el caso de verlo. Si así ocurría se lo comunicaríamos, y si no, dejaríamos recado en el albergue de Estella por si pasara por ahí.

    Para poder contactar con ellas en caso de encontrarlo, una de las dos señoras, de nombre Lola, nos apuntó su número de móvil para que le llamara el tal David si dábamos con el.

    Nos despedimos y continuamos nuestro camino paseándonos un poco por el pueblo. Vale la pena visitar sus dos Iglesias, la de San Román y Santa Catalina, ambas del siglo XIII, aunque queda poco de aquella época. Su ayuntamiento luce un curioso y elegante escudo que será de allá por el siglo XVIII.

    En el paseo por el pueblo se disfruta del sabor medieval que conservan sus calles, sus casas blasonadas, los restos de sus murallas y alguna de sus puertas. No en vano fue esta una de las plazas fuertes más meridionales del incipiente Reino de Pamplona allá por los siglos IX y X..

    Al salir de Cirauqui se desciende por un camino que no es otra cosa que el resto de una antigua vía romana, que conduce a un puente, también de aquella época, que a pesar de estar medio arruinado todavía es capaz de detener el paso del peregrino para admirarlo.

    Seguimos nuestra marcha entre caminos de tierra y los numerosos desvíos provisionales que nos han caído en gracia merced a las obras de la autopista Pamplona-Logroño. Si ya es incómodo andar por el asfalto, más lo es por caminos provisionales que zigzaguean alrededor de la senda original, doblando las distancias y afeando la ruta.

    A mitad del trayecto entre Cirauqui y Lorca, encontramos a un lado del camino, a un peregrino descansando tranquilamente a la sombra del único árbol, casi arbusto, que había por las inmediaciones. El hombre en cuestión era como de unos 50 años, enjuto, seco y quemado por el sol, escribía unas líneas sobre una hoja de papel que apoyaba sobre un mapa:

    - ¡Buen camino!

    - Lo mismo, -el hombre alzó la vista, nos miró y continuo diciendo- aunque a mi me queda menos que a ustedes, porque ya voy de vuelta.

    - ¿Ah si?, ¿Vuelve de Santiago?

    - Si, salí de Najera y fui hasta Finisterre. Ahora a la vuelta quiero hacer el camino entero y llegar a Roncesvalles.

    - Y fue usted hasta Finisterre…

    - Si. Allá se puede ir al faro a ver el mar para dar por terminado el camino, comprarse uno unas botas nuevas… y hay un albergue que está muy bien…

    - ¿Cuanto tardó usted en llegar a Santiago?

    - Desde Najera unos 15 días –nos respondió mientras con la mano hacía un gesto indicando que era una cantidad aproximada.

    - ¿Y qué nos puede decir del Camino?

    - Que en la próximas etapas van a pasar ustedes mucho calor, y más en las fechas en las que estamos… Pero caminen ustedes con ánimo, pues cuando lleguen a Galicia todo es agua y sombra…, aquello es muy bonito y muy agradable de andar…

    Nos despedimos volviéndonos a desear un buen camino y continuamos nuestra marcha. Desde hacía ya un tiempo veíamos a lo lejos un grupo de alrededor de una docena de peregrinos que nos precedían. De repente subieron una cuesta en cuyo último tramo había que ayudarse de las manos para hacerlo y se detuvieron, como esperando a algo.

    Al poco llegamos nosotros. Al ver que dudábamos de que el camino fuera por allá, uno de ellos se dirigió a nosotros:

    - Son ustedes españoles

    - Pues si

    - Tome mi mano que le ayudo subir.

    Le extendí la mano, y después hizo lo mismo mi compañera. Gracias a su ayuda no necesitamos escalar ese pequeño tramo para continuar el camino.

    Mientras agradecíamos al grupo de peregrinos, que descubrimos eran alemanes, el detalle de habernos ayudado, vimos como según llegamos allá todos ellos se disponían a continuar el camino.

    - Les hemos visto venir y estábamos esperándoles para ayudarles –nos explicó uno de ellos que hablaba bastante bien el castellano.

    De ahí se desciende al poco a una carretera que pasa bajo un viaducto. Entonces, el peregrino toma un camino que hay a su izquierda y, tras una breve caminata, llega al puente que cruza el Rio Salado, muy conocido por lo que cuenta de él en el siglo XII Aymeric Picaud:

    “Cuando íbamos a Santiago encontramos en su orilla a dos navarros afilando sus navajas según costumbre, para desollar las bestias de los peregrinos que beben de aquella agua y mueren, los cuales a nuestras preguntas dijeron mintiendo, que era sana para beber; dimos de beber de ella a nuestros caballos y al instante murieron dos, y en el mismo lugar los desollaron.”

    Para los que conocen la Guía del Peregrino, resulta curioso, cuando menos, que su presunto autor muestre tan repetidas veces su aversión hacia los Navarros. A lo largo de diferentes pasajes de la guía los presenta como gente salvaje e incivilizada, de costumbres más que deshonestas y extremadamente peligrosos para el peregrino.

    Esto choca aún más si tenemos en cuenta que, por lo poco que sabemos, Aymeric Picaud era un espíritu curioso y viajero. En sus escritos nos relata cómo recorrió los caminos que discurren por todo el mundo cristiano del siglo XII, entre Jerusalén y Santiago. Consta que presenció cómo los monjes del monasterio de San Salvador del monte Tabor fabricaban pequeñas cruces de piedra, que entregaban a los peregrinos para que las llevaran colgadas del cuello; fue testigo en Saint-Gilles de una feroz reyerta entre franceses y gascones por el asiento inmediato al arca del Santo, con heridos y muertos; y, por supuesto, recorrió los caminos que llevan al peregrino hasta Santiago…

    Es por este motivo por el que quizá resulten aún más llamativas sus apreciaciones sobre todo lo que en su guía se refiere a Navarra, ¿se trataba de cuestiones políticas?: hay que tener en cuenta que el texto está escrito por encargo del Papa Calixto II, de ahí que se le llame “Codex Calixtinus”, que era hermano de Raimundo de Borgoña, yerno y heredero, a través de su esposa, de Alfonso VI de Castilla; ¿era quizá una valoración personal?: parece ser también que el autor estuvo anteriormente en Navarra, según se puede deducir de alguno de sus escritos, aunque no se da ninguna referencia que pueda darnos alguna pista sobre el particular.

    Por lo tanto, queda abierto el interrogante sobre la cuestión, y el motivo por el que Picaud mostraba tal desprecio por los navarros seguirá dando pie durante mucho tiempo a estudios y elucubraciones de todo tipo. Nosotros, por nuestra parte, preferimos continuar nuestro camino.

    Bajo la canícula inmisericorde de aquel mediodía, y entre obras y cuestas que hacían cada vez más confuso el camino, llegamos casi perdidos y totalmente vencidos por el calor a Lorca. Su única calle nos condujo a la plaza del pueblo, un verdadero paraíso, donde descansaban a la sombra de árboles y edificios, un gran número de peregrinos que parecían estar tan agotados como nosotros.

    La fuente de varios caños que había en esa plaza, estaba continuamente ocupada; nos acercamos, esperamos nuestro turno y cuando llegó, sin pensarlo dos veces, colocamos nuestras cabezas bajo el chorro, luego empapamos nuestros sombreros y después saciamos nuestra sed. Nos sentamos un instante en un banco para disfrutar el momento.

    A los poco minutos seguimos nuestra marcha hasta encontrar en esa misma calle, un bar a nuestra derecha. Entramos en él para tomarnos, esta vez sí, dos cafés de verdad.

    Mientras charlábamos con el camarero, sobre las obras de la autovía que tanto habían afectado al camino convirtiéndolo en una sucesión de desvíos, entró en el bar como un torrente el grupo de alemanes que antes nos habían ayudado tan amablemente. Les saludamos y el mismo que nos extendió la mano y nos habló en tan buen castellano se acercó a nosotros.

    Nos contó que era de Hannover y pertenecía a una asociación cuyo nombre, aunque no soy capaz de reproducirlo como lo dijo, si que explicó que en alemán quería decir algo así como Asociación de Amigos del Camino de Santiago. Todos los años dedicaba, según nos dijo, dos semanas de sus vacaciones a hacer el Camino como guía de grupos de peregrinos alemanes en el tramo de Pamplona a Burgos. En esta última ciudad los deja en manos de otro guía que, como él, es alemán, habla perfectamente el castellano y les guiará durante otro tramo del Camino.

    También estuvimos charlando con un peregrino de Valencia, que se tomaba plácidamente una Coca-Cola sentado en una de las mesas, mientras se fumaba un cigarro y nos explicaba que estaba haciendo el camino tranquilamente, tomándose todo el tiempo del mundo, pues su objetivo no era tanto llegar a Santiago como hacer el Camino y disfrutar de él y de lo que encontrara en su recorrido hasta agotar los días que tenía previsto para ello. Si no terminaba, podía continuar en otra ocasión.

    Cada persona con la que vamos encontrándonos en el camino, y nosotros mismos, lo emprende de una manera distinta, y el ser testigo de ello es en cierto modo lo que enriquece sobremanera al peregrino al hacerlo conocedor de otras formas de afrontar un mismo reto.

    Sellamos la credencial en ese mismo bar y salimos de Lorca por un camino que corre paralelo a la carretera. Después, se desvía a la izquierda y, poco a poco, va separándose ella. A mitad de camino entre Lorca y Villatuerta, debió existir un hospital de peregrinos del que no queda rastro.

    El peregrino se adentra en Villatuerta por un barrio de elegantes villas, más adelante cruza un puente y puede visitar la parroquia con sus dos pórticos uno de los cuales, el interior, es románico. En la plaza hay una estatua de San Veremundo, de quién se dice que nació en este pueblo, aunque no debe estar del todo claro pues la vecina localidad de Arellano le disputa tal honor.

    El caso es que nuestro santo ingresó en la comunidad benedictina de Irache hacia el año 1032. Veinte años después fue elegido para sustituir al hasta entonces abad del monasterio, su tío Munio. Cuentan que durante su gobierno la abadía vivió una esplendorosa época, instituyéndose como parada imprescindible de los peregrinos jacobeos, y casi simultáneamente se le fueron atribuyendo todo tipo de milagros: profecías, curación de enfermos, exorcismos, etc.

    Al poco de salir de Villatuerta, el peregrino se cruza con la ermita de San Miguel, que fue un antiguo monasterio. Poco después desciende por una cuesta que le lleva hasta un puente sobre el Río Ega que conduce, después de un rato de camino hasta la entrada de Estella.

    Sobre la fundación de Estella existe la leyenda clásica de aparición a pastorcillos, en la que se cuenta que unos pastores vieron un día que sobre la cima del monte Puy caían muchas estrellas. Se dirigieron al lugar y encontraron una cueva y dentro de ella una imagen de la Virgen. Muy contentos avisaron a la parroquia del suceso. Cuando el sacerdote y toda la comitiva quisieron sacarla de allí vieron que no podían moverla ni un centímetro: alguna fuerza misteriosa lo impedía. Dedujeron que la Virgen quería quedarse allí, así que levantaron un santuario en el lugar de la aparición y al poco surgió alrededor la villa de Estella.

    La realidad, como siempre algo más prosaica que el mito, nos cuenta que allá por el siglo XI, Sancho Ramirez estableció un burgo a los pies de la fortaleza de Lizarra al que llamó, cosas de la traducción, Estella. Fueros mediante, se pobló rápidamente de Francos, Judíos, Vascones y todo tipo de foramontanos, hasta convertirla en muy poco tiempo en una de las principales villas del camino en Navarra.

    Entramos deteniéndonos a tomar un poco de refresco en una fuente que hay a sus puertas. Después continuamos hasta la Iglesia del Santo Sepulcro, uno de los monumentos más llamativos que hemos visto en lo que llevamos de camino. Sentados en sus escaleras nos tomamos un descanso mientras comíamos una galleta, bebíamos un poco de agua y disfrutábamos de su espectacularidad.

    De ahí marchamos hacia el albergue para sellar nuestra credencial, tras lo cual pensamos en retirarnos a buscar un lugar donde comer un bocadillo. Fue entonces cuando recordamos al peregrino canadiense, el que había perdido la credencial, y entramos de nuevo en el albergue para dejar el recado al hospitalero.

    Hacíamos cola tras varios peregrinos aguardando nuestro turno, cuando entre los que teníamos delante, justo el que acababa de ser atendido, nos pareció ver aquél al que buscábamos. ¡Qué casualidad!.

    Nos acercamos a él y le preguntamos si era David y si había perdido su credencial. Bastante sorprendido, nos dijo que sí, nos enseño la nueva que había solicitado en ese mismo albergue…

    Tras explicarle lo sucedido llamamos a la mujer que había encontrado la credencial, dándole noticia de que habíamos dado en Estella con su dueño. Nos dijo que ese mismo día pasaría por el albergue, y se la entregaría al hospitalero para que éste a su vez se la diera al canadiense.

    El peregrino, se deshizo en palabras de agradecimiento, quiso pagarnos la llamada, y ante su insistencia zanjé la cuestión diciéndole

    - No, just give me your hand –le extendí la mano.

    El canadiense, aparentemente emocionado, nos dio la mano

    - god bless you –dijo.

    http://www.exorientelux.org/

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