Jornada veinte: SAN MARTÍN DEL CAMINO – MURIAS DE RECHIVALDO (LEÓN)

2009 Julio 30
by María Camino

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CON JUBERTO EN HOSPITAL DE ORBIGO

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- 3687 – Del hombre de las cerezas y el paraguas de Navarra

- Notas en el albergue ‘Las Águedas’ de Murias de Rechivaldo (ASTORGA – LEÓN)

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13 comentarios dejar un →
  1. 2009 Agosto 7
    María Camino Enlace permanente

    DEL DIARIO PEREGRINO QUE HE COMENZADO A LEER HOY…

    Mi mente se entretuvo en el vuelo de unas cigüeñas sobre los campos de cereal. Es curiosa la recuperación de estas aves que hace unos años escaseaban. Parecía que no hacían ningún esfuerzo durante su vuelo, se deslizaban entre los aires puros de estas tierras. Eran las once y cuarto cuando llegue a Hospital de Órbigo, donde pase por su famoso puente, donde se desarrollaron las conocidas fustas. Este puente romano está rodeado de arbolado y praderas la mar de apetecibles después de pasar por el páramo en un día de calor. Durante todo este tramo no me encontré con ningún otro peregrino. Ahora os contaré la historia de este puente espectacular. “El puente de 19 arcos sobre el río Órbigo, de origen romano aunque remodelado en el siglo XVIII, es famoso por un suceso histórico que le dio fama. En 1434 el caballero leonés don Suero de Quiñones organizó un torneo de armas, retando a todo caballero que quisiera transitar por el puente, a romper tres lanzas contra él y sus nueve acompañantes. Todo para conquistar a su dama Leonor Tovar. Se corrieron 727 carreras y se rompieron 166 lanzas durante un mes, con la excepción del día de Santiago. Cumplido el torneo -sólo murió un caballero- peregrinaron a Santiago donde entregó al apóstol una cinta azul que pertenecía a su dama. Don Suero, 24 años después, moriría en otro torneo contra uno de los caballeros que había vencido en el Paso Honroso de Órbigo.” Pasado el puente paré en un bar a tomar el desayuno. Tras un descanso de media hora recorrí las calles de este pueblo donde las mujeres con sus bolsas hacían la compra diaria. Volví a salir al camino y el paisaje volvió a cambiar para convertirse en pequeños montes que amenizaban el recorrido. En una hora más llegue a Villares de Órbigo donde paré a tomar una coca cola en el bar del pueblo. Media hora después llegue a Santibáñez de Valdeiglesias un pueblo pequeño con un albergue en la antigua casa del cura. Entre en él y reposé un rato hablando con unos peregrinos. Había uno de Almería que presumía de sus etapas largas, me pareció que era uno de esos que fanfarronean cuando la realidad puede ser otra. El frescor del lugar y el cansancio del día anterior me tentaron a quedarme, pero eran solamente la una de la tarde y no me apetecía encerarme entre aquellos muros sin hacer nada. El pueblo es muy solidario pero no ofrece ningún atractivo excepto la tranquilidad. Salí del pueblo por una finca de ganado vacuno donde podía ver a unas cuantas terneras en el establo. Con paso lento y sosegado emprendí un bello recorrido por unos arbolados que me llevaron hasta el alto de San Antón donde un cruceiro y unos bancos de piedra animan a la parada. Cosa que hice. El pie me empezaba a molestar bastante. Tras este descanso de media hora emprendí la marcha hacia Astorga. A las 5 de la tarde con un calor importante llegué al centro de esta población digna de una parada turística Son impresionantes el palacio episcopal de Gaudí, su Catedral y las murallas. Visité el palacio y la sensación que tuve fue la de entrar en un castillo de hadas y cuento. La genialidad de Gaudí se hace patente pues con toques modernos integra perfectamente el edificio en un entorno eminentemente gótico. Pude visitar sus salas con la mochila al hombre. Dentro, disfruté del frescor y de la soledad, a esas horas apenas tenía visitantes. Eso si, me cobraron 3 euros por el recorrido, ninguna consideración por ser peregrino. La catedral la visite por el exterior, estaba cerrada y hasta las 19 horas no la abrían. Estaba cansado y me apetecía un lugar tranquilo donde descansar, así que decidí marchar a Murias de Rechivaldo que sabía tenía un pequeño albergue. La solanera era importante pero poquito a poco llegue al cruce de la carretera a Murias y encontré un bar donde tomarme una cerveza con limón. Estuve parado un rato y con mucho calor reemprendí la marcha hasta la pequeña ermita del Ecce Homo donde pude ver su interior y su famosa imagen. Pasé por encima de la AP-6 y en tres cuartos de hora llegué al albergue. Tuve que conseguir la llave en una casa próxima. Este era una antigua escuela hoy convertida en albergue. Se compone de un gran salón con colchones y dos habitaciones con dos literas, y por último dos baños pequeños pero ambos con duchas. Me acoplé en una de las habitaciones y después de una ducha estuve casi dos horas reposando. Estaba agotado y el pie me molestaba. Era claro que tenía un principio de tendinitis. Cuando salí a cenar no había llegado nadie al albergue. Cené en uno de los restaurantes y a las 10 estaba en este albergue, por esta noche privado. Hay días con compañía y días solitarios, depende de cómo te encuentres. Disfruté de mis pensamientos y de una ciudad preciosa como es Astorga. – Kilómetros.- 35,2.

    http://aig02.blogia.com/

  2. 2009 Agosto 8
    La hospitalaria Enlace permanente

    DEL DIARIO DE MONTSE, UNA TRAVESÍA A TRAVÉS DEL TIEMPO Y DEL CAMINO DE SANTIAGO… LITERATURIZADO EN CATALÁN…

    8-10-01
    Villadangos-Hospital de Órbigo- Astorga
    (32 km.)

    Después de un buen desayuno en el bar de la noche anterior, donde coincidimos ya por última vez con Gaby y José Antonio y de los que nos despedimos pues llevamos diferentes ritmos, empieza una etapa en la cual mis pies ya se van resistiendo a caminar. Estamos pensando en hacer sólo los primeros 10 km, hasta Hospital de Órbigo y quedarnos allí para descansar y reanudar el camino mañana. Esto es lo que tienen pensado hacer los franceses, a quienes aun hemos dejado durmiendo. Pero claro, cuando llegamos al pueblo sólo son las 10 de la mañana y como no me duele nada… decidimos continuar.

    Hospital de Órbigo es un pueblo precioso. A la entrada, un puente de origen romano, muy mejorado en siglos posteriores, salva el río Órbigo en una zona de praderas y árboles que vuelve a cambiar el paisaje ante unos ojos ya acostumbrados a los páramos. Allí la parada es obligada, para tomar un café, comprar unas postales, escribirlas mientras tomamos el café y para -santa inocencia la mía, que creía que continuaríamos un par de días más por lo menos- comprarme un libro “que no pese”.

    Me explico con lo del libro: en cada etapa me he llevado un libro. Lo malo es que un libro pesa. Lo bueno es que cuando estás en el refugio, si te sobran unos minutos después de hablar con la gente y después de escribir, puedes leer. Yo soy de las personas que “necesitan” tener un libro. Entre nosotros – y que no se me mire raro, puesto que me consta que a mucha gente le ocurre lo mismo- si voy al lavabo y no tengo nada que leer, me leo incluso lo que pone en las botellas de champú!… ya sé que soy rara, ya. Bueno. la cuestión es que en Villadangos no había absolutamente nada que leer y llevaba yo ya demasiados días sin lectura, por culpa del peso. Había que comprar un libro, pues, y eso fue lo que hice en H. de Órbigo: 515 ptas de libro “que no pesaba nada”. “Espectros”. De Manuel Vicent. No está nada mal, lo recomiendo; es un libro de artículos, libres y heterodoxos como el propio autor, reza la leyenda de la portada.

    Una hora estamos descansando, tomando café, comprando postales y adquiriendo el libro. Después de revisar minuciosamente mis pies y ver que aunque no están muy católicos, los puntitos sólo sobrepasan un dedito por encima de los calcetines, decidimos continuar. Sólo nos quedan dos posibilidades: o nos quedamos en San Justo de la Vega, a 12,9 km. de H. de Órbigo, o , en el caso de que el mencionado pueblo sea muy desaborío, continuamos un poco más, hasta Astorga. Ya veremos.

    Emprendemos la marcha de nuevo. Hace un día espléndido. Estamos absolutamente solos. Algunos parajes invitan a la meditación, otros, a la conversación. Hablamos poco. En algunos momentos siento que he retrocedido en el tiempo y recuerdo trozos de lecturas de mi niñez. De lecturas de los “libros de lectura” del colegio, que solían reproducir episodios ocurridos en pueblecitos y paisajes precisamente como los que estoy pisando. Otra vez, pues, los recuerdos. Esta vez son recuerdos literarios. Soy especialista en recordar cosas que jamás me han ocurrido, sensaciones vividas y sentidas en el momento de la lectura, por muchos años que hayan transcurrido.

    En un momento dado pasamos por un pueblecito del que no recuerdo el nombre y que ni siquiera sale en la guía: cuatro casas. Un lavadero enorme, donde tres o cuatro mujeres “fan bugada”… lavan montones de ropa con unas pastillas de jabón enormes que me recuerdan el famoso jabón “lagarto” de toda la vida… Les pido permiso para fotografiarlas y les hace mucha gracia. Se colocan. Posan con cara de foto, pero no dejan de hacer su trabajo. Estoy convencida de que en sus casas tienen lavadoras pero también estoy convencida de que no cambiarían por nada del mundo este rato de compañía que se hacen unas a otras mientras hablan, ríen y comentan. “Fan safareig”. Siento no poder traducir esta expresión.

    En otro momento, a ambos lados del camino tenemos unos manzanos repletos que nos llaman a gritos y que se parecen a los arbolitos que dibujan los niños en el parvulario… no podemos resistir la tentación de robar un par de manzanas y diría que comerlas resulta la viva expresión del pecado original: pura delicia, puro pecado (y más porque son robadas). Su sabor es brillante. Su color es el de las manzanas de Blancanieves y contemplarlos me devuelve de nuevo a mi niñez.

    El sol nos acompaña y el cielo es el vivo retrato de un cromo. Un cromo vivo, pues las nubes en forma de dibujo se mueven al compás de nuestros pasos. Un éxtasis, un privilegio, un sueño hecho realidad. El camino… la luz, la vida!…

    El sol, el camino, la luz, todo perfecto, pero mis pies protestan. Empiezo a notar que esta va a ser la última etapa por esta vez. Empiezo a saber que no tendré tiempo de leer el libro, ni tendré más días para caminar, que… empieza la neura de nuevo.

    Aparte de las manzanas, también robamos un pequeño racimito de uva. Tenemos hambre, no hay pueblos hasta dentro de una hora por lo menos. Me siento para saborear la uva, JSalvador coge también un par de peras de magnífico aspecto pero totalmente verdes, que saben a corcho.

    Continuamos la marcha deteniéndonos de vez en cuando para mirar hacia atrás o hacia los lados y contemplar la inmensidad que nos rodea. Ya no estamos rodeados de “nada”. Ahora estamos rodeados de robles, matojos, flores silvestres, estamos rodeados de color, ese color que aún tiene reminiscencias verdes, pero que ya va degenerando hacia el naranja, el amarillo y en algún momento, a ese color pajizo que adquieren las hojas antes de caer. Algunas ya están caídas, pero la mayoría siguen en su sitio, esperando a que una racha de viento las deposite suavemente en el suelo.

    Particularmente, me dan ganas de emborracharme con los colores, al mismo tiempo que quiero llegar de una vez al final de la etapa, porque el martirio de pies ya es considerable. Así que incluso aligeramos el paso.

    Llegamos a Santibáñez de Valdeiglesias. No hay nada. Ni un mísero bar abierto. Cuatro casas. El refugio está cerrado a cal y canto y en todo caso hay que ir a pedir las llaves a la casa del cura. No lo hacemos, ya que sólo quedan 8 km hasta San Justo de la vega y 3 más hasta Astorga. De pronto vemos un cartel que indica: seguir por carretera… o seguir por los caminos. Haremos dos km más,o sea 13, pero preferimos seguir por los caminos. Aun a costa de los pies.

    Todo sigue igual, sin que pueda hablar de monotonía (al contrario). El sol juega al escondite y nos hace quitarnos el anorak y volvernos a poner el anorak. Juega. Ahora hace frío, ahora hace calor. Los cambios de ritmo son fatales para los pies, pero no se puede caminar con tanto calor. Por otra parte, no se puede caminar con tanto frío! ya estamos como siempre: Las contradicciones de la vida se suceden también en el camino.

    Hay algo que nos sigue quedando muy claro a ambos: estamos caminando juntos y es lo que más deseamos en este momento. Estar juntos. Vivir los buenos momentos, los malos momentos, los sabores y los sinsabores… qué sencillo es todo, en realidad. Una vida está hecha de contradicciones en todo momento. Lucha del corazón contra la mente, lucha del bien contra el mal, lucha contra el frío y el calor, lucha de la vida contra la muerte… en fin…

    Contradicción tras contradicción, paso tras paso, acabamos llegando a San Justo de la Vega. Ahora ya solo faltan 3,2 km para Astorga. Sería una mariconada no continuar, pero me quito las botas y veo dos desastres en mis pies,con lo que acabo metiendo las botas en una bolsa y poniéndome las zapatillas de la ducha. ¡Seguiré andando así!

    Entramos en un bar, son las 5 de la tarde – la hora de los toreros- y desde allí, mientras nos tomamos unas cañas y unos bocadillos deliciosos, será por el hambre que llevamos… llamamos a Juan (jibov) para decirle que vamos hacia Astorga y el estado lamentable en que se encuentran mis pies. Las miradas “raras” a mis pies por parte de la gente que hay en el bar ya no me extrañan…

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  3. 2009 Agosto 8
    La hospitalaria Enlace permanente

    DEL DIARIO DE MONTSE QUE ME TIENE ATRAPADA…

    Llegados por fin a Astorga, a media tarde, empezamos a hacernos de nuevo a la idea de que esto es de nuevo el camino. Mañana nos tocará levantarnos a las 7 y quién sabe si habrá un bar abierto para tomar un café con leche…. empezar a caminar y no parar hasta 21 km. más adelante (se me aparece como una gesta mucho más difícil que otras veces, quizá por la experiencia negativa de mis frustres anteriores con los pies, pero no por ello menos atractiva, así que descarto pensamientos negativos y vuelvo a la realidad del albergue)

    … un albergue no demasiado acogedor, la verdad, pero como siempre, como en todas partes… lo importante son las personas, más que la ubicación de éstas. Así pues, saludamos al hospitalero y a un grupo de catalanes que andan haciendo lo mismo que nosotros.Mañana los veremos, caminaremos más o menos juntos.

    Dejamos todo en el albergue y nos lanzamos a la exploración de Astorga. Bonita ciudad. Hacemos turismo por donde podemos, nos tomamos un chocolate, compramos algunas provisiones para la caminata de mañana y cenamos opíparamente.

    Y ahora, lo más interesante: aquello de las ceremonias. La Procesión del Jueves Santo. Me pongo en primera fila, máquina en ristre porque ya sabeis que este tipo de celebraciones me emocionan muchísimo. También sabeis que me tengo por agnóstica (quizá lo de atea sea demasiado fuerte, así que lo dejaremos en agnóstica, que queda más propio). Pero no puedo evitar unas lágrimas de emoción en el momento en que los … ¿costaleros? ¿encapuchados? ¿cofrades? un enorme grupo de personas, hombres y mujeres, llevan a sus espaldas los dos pasos con los que cuenta Astorga para esta procesión.

    Hay un momento, un instante, en que la luna llena asoma su cabeza por encima de la torre de la iglesia. Es un momento mágico. Hay un silencio perfecto, en el que el grupo tiene que concentrarse para equilibrar el peso, pero que a mi se me antoja mágico, con la luna presidiendo el acto. Me trago mi emoción. Después alguien me pregunta de qué revista o periódico soy, por la cantidad de fotos que hago.

    No: no soy periodista. Intento ser peregrina por los caminos de España, como decía la canción, pero por el momento ésta es una tarea algo difícil. ¿Lo conseguiré alguna vez?

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  4. 2009 Agosto 9
    María Camino Enlace permanente

    DE LAS VIVENCIAS DE WILLIAM RAMOS….


    Al otro dia me levante a eso de las 11:00 Am y emprendi el camino nuevamente, resulto que el motel estaba bien cerca del albergue, unos 25 min mas caminando, pero es que la noche anterior no tenia ni idea y el pie tambien algo inflamado… en Villadangos del Paramo, decidi hacer una consulta a un medico… Tuve mucha suerte…pues el medico cuando supo que era peregrino, me atendio de primero y tampoco pregunto por dinero ni papeles… Me reviso el pie y me dijo que era bueno darme un descanso… Que tomara muchos anti-inflamatorios, que tomara mucho liquido y que no forzaras las caminatas a mas de 20 kilometros… Ese dia no camine mucho… tome un pequeno autobus unos 15 kilometros y avanze hasta Astorga y me quede ahi el dia entero… Astorga es una ciudad muy bonita, tiene unas iglesias preciosas y un palacio episcopal… una plaza grande y bonita, donde habian unos cuantos bohemios con su guitarra y unos restaurantes bien buenos… Me encontre con una amiga Japonesa que conoci gracias al Aleman con el que caminaba con Ismael, el Espanol… Nos vimos, nos saludamos y me invito a comer, eran alrededor de las 2:00Pm… Me brindo un tremendo pollo frito, lo compartimos acompanado de una botella de vino… Comi muchisimo, era muy poco comun ver pollo en Espana, mas el hambre que traia… deboramos ese pollo en segundos… Conocimos otra pareja, un Checo con una Taiwanesa y se nos unieon a la mesa… El checo hacia el camino y andaba con su guitarra,viajaba con poco dinero, para comer empezaba a tocar y con lo que la gente le daba de propina, con eso comia… Como un gitano… increible persona, habia viajado a todas partes y tenia mucho que darte… Luego nos fuimos al albergue, era un albergue cuidado por unas monjas, bien limpio, comodo, con internet gratis… Lave mi ropa, me conecte un rato y luego me fui a cenar… La cena tambien fue brindada, unos Alemanes hicieron una comida tipica de alla y nos invitaron a mi y a la Japonesa.. Ese dia conoci otro senor de Alemania y fue algo curioso ya que a los 10 minutos de conversacion me tomo mucho confianza y empezo a contarm cosas personales, de su familia… de su vida… Al momento de contarme esto, se le salieron las lagrimas… me contaba que desde que el empezo el camino, cada ves que llegaba a los albergues de haber terminado la etapa, el llamaba a su esposa y a sus hijos y les decia como habia sido la etapa, las personas que habia conocido, como era la naturaleza, la paz que le daba el camino etc… Entonces, me decia el Aleman, que ese dia cuando llamo a su esposa para contarle, ya que de costumbre lo hacia diario… Ella le dijo estas palabras… Wow mi amor, desde que te fuiste al camino hace 15 dias y estas fuera de casa… hemos tenido mas comunicacion que en los ultimos 15 anos de nuestra relacion… En ese momento a el se le salen las lagrimas.. y empieza a decirme que ya su vida despues del camino no sera la misma.. me cuenta que el en Alemania, solo se preocupe por llevar su negocio bien, por tener mucho dinero… pero que las cosas que realmente tienen valor, el las ha dejado a un lado… Me dice que cuando vuelva a su casa ahora, pasara mas tiempo con sus hijos, hablara mas con su esposa, le dara mas carino… Saldra mas con su familia, no trabajara tanto… Y realmente a mi me dio mucho que aprender… todos los que conoci en el camino me dejaban algun legado, ya sea contandome sus mismos problemas o simplemente dialogando… Esto da mucho que pensar… quien realmente es el rico? es el que mas dinero tiene? sin duda alguna, la unica verdad es que el mas rico es quien menos necesita…

    http://porsiempreperegrino.blogspot.com/

  5. 2009 Agosto 17
    María Camino Enlace permanente

    JUAN MIGUEL GRAU, PEREGRINO DE MIAMI…

    Llegué a Hospital de Orbigo bastante tarde y bajo la amenaza de fuertes lluvias en la tarde. Entrando al pueblo me di cuenta de la cantidad de motocicletas que habían por todo el pueblo. Me detuve en varios hostales y hoteles, y todos estaban a capacidad debido a que se celebraba ese fin de semana “Bike Week”. Varios peregrinos que me encontré, me comentaron que todos los albergues estaban llenos desde las primeras horas de la tarde. Después de estudiar el mapa del pueblo, decidí atravesar hasta la salida del pueblo, por la Carretera Nacional-120 donde se encuentra el “Hotel Paso Honroso”. Llegando me encontré el hotel repleto de motocicletas. El empleado de turno en la recepción me explicó que estaban a capacidad pero que el me ayudaría a buscar refugio para esa noche. Después de llamar a varios hoteles, hostales, pensiones y albergues, el hospitalero del Albergue Parroquial de Peregrinos me ofreció refugio, pero tendría que dormir en el piso pues ya no le quedaban plazas. Le acepté la oferta y me fui de regreso al pueblo buscando el albergue. Al llegar y presentarme al hospitalero en la entrada, me ocurrió algo muy gracioso. En la entrada del albergue hacia la izquierda se encuentra el escritorio del hospitalero y detrás del escritorio hay unas ventanas. Hablando con el hospitalero, un señor español de edad, muy chistoso y gracioso, oía que unas voces muy misteriosa me llamaban por mi nombre desde las ventanas, pero yo no conseguía ver quienes eran. Presentando mi credencial de peregrino y llenando el formulario, aún podía escuchar voces llamandome pero ésta vez era una voz femenina con un acento cubano muy fuerte, ya llegando a lo exagerado. Me sorprendí pues desde que había empezado a caminar en Francia, hacía varias semanas, no me había topado con ningúna cubana. El hospitalero me dirigió al area donde pasaría la noche y al llegar me llevé la sorpresa de encontarme con Besnd y una chica muy graciosa de San Sebastián llamada Mercedes, la cual era la que imitaba el acento cubano. Desde ese día tuve la suerte de caminar varias etapas con Mercedes, las cuales fueron muy interesantes y divertidas, por su energía contagiosa y los interesantes debates políticos que tuvimos en muchas etapas

    Hoy caminé hasta Astorga en la grata compañía de Mercedes. Nos despedimos de Besnd en el albergue pues el iba a esperar por Sandra, quien ayer se atrasó caminando por dolores en las piernas.

    Santibañez de Valdeiglesias. Iglesia de la Trinidad.

    Es evidente el carácter defensivo que tuvo este templo en el pasado. Maciza construcción que daba prioridad a la necesidad de protección a sus feligreses, antes que a la luminosidad o concesiones estéticas. Su alta torre, que servía para dar la señal de alarma en situaciones de peligro, concede verticalidad al conjunto a través de su cuerpo de campanas y su espadaña.

    Entre Santibáñez de Valdeiglesias y San Justo de la Vega, conocimos caminando a la valenciana Carmen Galdón. Desde ese día tuve la dicha gracias a Dios de compartir con Carmen en muchas etapas del Camino hasta la llegada a Santiago de Compostela. Siempre me daba mucho gusto encontrarme con ella, pues es una chica que inspira paz y tranquilidad. Pudimos compartir en Astorga, La Faba, Sarria, Palas de Rei y Santiago de Compostela.

    El crucero de Santo Toribio, obispo de Astorga, nos anuncia que estamos cerca de San Justo de la Vega. Se cuenta que en este lugar el Santo se sacudió las sandalias cuando escapaba de Astorga camino a Liébana.

    Astorga, capital de La Maragatería, es, sin duda, uno de los enclaves más importantes de la ruta. En ella confluyen dos grandes caminos: El Francés y la Vía de la Plata. En la época medieval llegó a tener nada menos que 22 hospitales para sus peregrinos, lo cual da idea de su importancia. Tiene fama de ser la “ciudad perfecta” a raiz de un irónico comentario del novelista Don Miguel de Unamuno, quien decía que es perfecta porque teniendo obispado no cuenta con un poder civil.

    Me hospedé en Hotel Gaudí, situado en la Plaza Ingeniero Eduardo de Castro #6. Al frente del hotel se encuentra el Palacio Episcopal de Gaudí y saliendo del hotel hacia la izquierda, se encuentra la capilla de San Esteban, del siglo XIV, de estilo románico tardio. Próxima a la misma, la Catedral de Santa María, dedicada a la patrona de la ciudad

    Fue iniciada su construcción siendo Obispo D. Alvaro Osorio y Guzmán (1440-1463), quien expidió una bula en 1444 por la que se pone de manifiesto el acuerdo del Cabildo para empezar las obras de remodelación de la antigua catedral románica. De esta antigua catedral se pueden encontrar restos como la Capilla románica que alberga una pequeña imagen de la Virgen, situada en el tramo contiguo a la entrada renacentista, o la capilla de Santa Marina en el actual Museo Catedralicio.

    La cabecera, englobada en lo que muchos autores consideran como gótico florido español, recuerda las catedrales de Sevilla o Salamanca. Se muestra verticalizante, con pináculos y finos contrafuertes de gran sencillez, y con una ornamentación hoy desaparecida o nunca terminada que no sobrecarga la visión del conjunto. Sobre este cuerpo, la imagen de Pedro Mato, un acaudalado maragato de significado desconocido, el cual se ha convertido en una de las insignias de la bimilenaria ciudad.

    En el atrio, bajo la dirección de Rodrigo Gil de Hontañón fue construida la fachada lateral. Ese conocido arquitecto permaneció en Astorga hasta 1559, aportando su estilo a la fábrica de la Catedral no sólo en el exterior, sino también en dos capillas del interior. El estilo contrasta fuertemente con el gótico anterior, y deja clara la influencia del romanismo que recibió el edificio durante esta etapa constructiva.

    Cuanto más se acerca uno a la fachada principal, queda más patente la presencia de nuevos estilos arquitectónicos que llevan la obra hasta la fachada barroca realizada por Pablo Antonio Ruiz a partir de 1708 sobre la anterior románica. La exuberante decoración recoge cinco escenas de la vida de Cristo.

    Las dos torres están unidas a la fachada de tal forma que son en el interior sendas capillas abiertas a la nave lateral. La torre vieja tiene fecha de 1678, y fu afectada por el terremoto de Lisboa (1775), por lo que su finalización no se produjo hasta 1965. La torre nueva, de color rosáceo está fechada en 1692, y no se concluyó hasta 1704. Una y otra presentan en las esquinas decoración de animales que constituyen un programa de emblemas alusivos a la vida cristiana, muy propios de la doctrina tridentina. En los cuerpos intermedios vemos los monumentales escudos del cabildo y la monarquía.

    En el interior, lo que primero nos llama la atención es el retablo mayor obra de Gaspar Becerra. El escultor colaboró en la mitad del siglo XVI con los italianos Vasari y Valterra, además de moverse en la órbita de Miguel Angel. Al contratar el 8 de Agosto de 1558 la obra astorgana, no puede por menos que convertirla en la puesta en práctica del nuevo estilo importado por él desde Italia.

    Al otro lado de la vía sacra, se encuentra el coro. Comenzó a construirse en el año 1515, conociéndose únicamente el nombre del entallador: Juan de Colonia. Estilísticamente ha sido comparada por numerosos autores con la de la catedral de Zamora, aunque la de Astorga se muestra más tendente al retrato realizado con mayor desenvoltura.

    A la izquierda del Altar Mayor se encuentra la Capilla de la Majestad, un retablo del siglo XVII que alberga la imagen de la Virgen de la Majestad, cuya espalda es un relicario de la Cruz del Calvario. La talla está considerada como uno de los más claros ejemplos de tipología bizantina dentro de las vírgenes españolas del siglo XII.

    A los pies de la Catedral, el retablo hispanoflamenco de San Miguel, dedicado a este santo según una inscripción de 1530. El programa de las tablas realizadas con la minuciosidad propia de los artistas flamencos, resume el ciclo de la Pasión, enmarcado por una arquitectura ricamente decorada con candelieri.

    El primitivo Palacio fue construido en tiempos de Doña Urraca, quien donó al Obispo Don Pelayo en 1120, un solar dentro del recinto de las murallas. Años más tarde, don Nuño, el prelado don Alvaro Osorio y don Mariano Breznes Arredondo readaptaron sucesivas veces el edificio hasta que se incendia dos meses después de la toma de posesión del obispo don Juan Bautista Grau y Vallespinós. Con él se comenzaron las gestiones para reedificar la residencia episcopal, y finalmente contrata en 1887 a su paisano Antonio Gaudí para realizar el actual palacio.

    Durante el mandato del obispo Grau, se construyeron las dos primeras plantas hasta el piso noble. A su muerte sólo quedaba por rematar el último piso y cerrar los tejados. Sin embargo, su desaparición provocó el desencanto de Gaudí y, sobre todo, el inicio de fuertes disensiones con la nueva Junta Diocesana. En consecuencia, en ese año de 1893 se paralizan las obras.

    Hasta la llegada del obispo asturiano don Julián de Diego y Alcolea no se van a reemprender de forma continuada. Para poder proseguir, contrató a Ricardo García de Guereta quien, de forma más sencilla pero muy ajustada a los planos iniciales, termina el Palacio. A su vez, se contratan decoradores para los interiores, siendo de destacar el fresquista Fernando Villodas; el vidriero francés José Maumejean; y el escultor Enrique Marín.

    En 1913 fue consagrada la capilla, y al año siguiente Guereta abandona la dirección. Sería en 1956 con el nombramiento del obispo Castelltort, cuando se reemprendan de forma definitiva las obras de culminación. El Palacio fue terminado ya en 1961, con el obispo González Martín.

    Está orientado de Sureste a Noroeste, y apoya el lateral Nordeste sobre la antigua muralla. Su volumetría es cúbica, con cuatro torres cilíndricas y dos salientes fundamentales: el pórtico de acceso de arcos paraboloides abocinados, y el ábside de la Capilla, de marcado estilo gótico. Tres de los torreones son de idénticas dimensiones, excepto el orientado hacia el Norte, cuyo diámetro es mayor por albergar la escalera principal del edificio.

    Los vanos abiertos son trilobulados, de una tipología ciertamente particular, pero muy influida por Violet-le-Duc. El arquitecto Ricardo García de Guereta se hizo cargo de los remates, siguiendo con gran fidelidad el proyecto inicial de Antonio Gaudí.

    Su cromatismo grisáceo, de piedra granítica de Montearenas le hace destacar sobre la rosácea catedral. Tres ángeles de zinc permanecen en el jardín que rodea al palacio sin haber podido ser colocados en lo alto de la cubrición. Cuando Gaudí abandonó Astorga, no dejó explicaciones sobre su disposición. Portan los atributos episcopales, en clara alusión al obispo Grau y complementan el templete que fue colocado en su memoria en el interior de la capilla.

    El interior sigue las pausas volumétricas del exterior. Destaca la habilidad que tuvo para dotar a los diferentes pisos de gran luminosidad. El foso se torna en un elemento de iluminación de los sótanos, y en los pisos principal, noble y ático, las vidrieras cumplen a la perfección. Cada planta está ambientada según su función: los sótanos no tienen mayor decoración que la bicromía entre la piedra y el ladrillo de las bóvedas. Los pisos superiores emplean tanto el enfoscado blanco como el sillar granítico. El toque decorativo lo pone la cerámica de Jiménez de Jamuz, vidriada en los principales salones, y hábilmente colocada en las aristas de los arcos y en los nervios de las bóvedas de las dos principales plantas.

    Carmen, Mercedes y yo, quedamos en reunirnos por la noche para cenar y degustar uno de los platos típicos más importantes de la provincia, el “Cocido Maragato”, en el ambiente y magnífico marco de la auténtica “Casa Maragata”.

    El cocido maragato es el cocido de todas las regiones españolas adaptado a la forma de ser maragata. Y cual es? Nada más ni nada menos que comiendolo al revés que los demás cocidos. Y por que este orden contrario al de los demás cocidos españoles? Unos dicen que es para entonar el cuerpo y otros que la razón es que si sobra algo, lo mejor es que sea la sopa. Desde la antigüedad corre una tradición: Y es la de que los mariscales de Napoleón, cuando tenian su Cuartel General del sitio de Astorga, un día de ataque que iban a comer un cocido y como la batalla había comenzado, pero querían comerse lo mejor de aquel plato por lo menos, por si tenían que salir de estampida para el campo de batalla y no podían terminar, comenzaron a comerlo por lo más sabroso, las carnes; pero como la batalla se prolongó les dio tiempo de llegar hasta el final. A los mariscales napoleónicos les resultó suculento el comer el cocido así y rápidamente se propagó la noticia en la comarca.

    Ingredientes del Cocido Maragato

    El Cocido Maragato se compone de las carnes, los garbanzos con la verdura, la sopa y por último el postre. Lo típico es comer primero la cosas sólidas, después los caldos. Así:

    Primero:

    Las carnes que son diez: Chorizo, tocino, morcillo de vaca, gallina, oreja, pata, lacón, panceta, morro de cerdo, cecina de vaca y el relleno.

    Segundo:

    Garbanzos, patatas y verduras.

    Tercero:

    Sopa de fideos que puede ser tan espesa que se mantiene derecho el tenedor que en ella se clave.

    Final:

    De postre el roscón maragato y las natillas, seguido de una “queimada” para entonar.

    Deleitable cena con peregrinos españoles. Me acompañan de izquierda a derecha; Mercedes, Ignacio, Fidel y Carmen.

    El cocido es el plato fundamental de la gastronomía maragata, siguiéndole en segundo término el “Congrio al Ajo del Carriero”. Ese plato será para la próxima si Dios me lo permite.

    Caminando de regreso al Hotel Guadí.

    Vista desde el balcón del Hotel Gaudí.

    Conclusión de un día de peregrinación maravilloso, con una noche de lluvia ideal para descansar y reponer energías para una fuerte caminata que me espera mañana.

    http://www.juanmiguelgrau.com/camino_de_santiago

  6. 2009 Agosto 18
    María Camino Enlace permanente

    DEL RELATO DEL PEREGRINO ZODIACO EN EL INVIERNO DEL CAMINO…

    Entre pitos y flautas cada vez llevo recorridos más kilómetros, pero creo que no tantos como para encontrarme tan extenuado y cansado. Además me duele la espalda y los hombros de llevar puesta la pesada mochila durante tantas horas. Sólo deseo llegar a Puente de Órbigo, localidad unida a Hospital de Órbigo por un largísimo puente llamado “Passo Honroso”. Son las cinco y media cuando llego a dicho punto y no puedo resistir a la tentación de pararme y sentarme en él. Donde ahora estoy sentado se han librado célebres batallas. Por otro lado, se cuenta que en 1434 un caballero leonés llamado Suero de Quiñones, declarándose en prisión de amor de cierta señora, se enfrentó contra todos los “caballeros aventureros” que osaron pasar por el puente hasta romper trescientas lanzas. No cabe duda que la historia, constatada por un notario de la época, podría haber salido del mismísimo Quijote.

    Dejando atrás el puente, numerosas horas de caminata y otros tantos kilómetros, me dirijo al único de los tres albergues que está abierto en esta época. A una señora que viene en bicicleta le pregunto si queda mucho para llegar a él (está en una larga recta dejando el pueblo a un lado). Resulta ser la hospitalera, que ya se iba para su casa, por lo que retrocede para abrirme el albergue, donde no hay ningún peregrino. De aquí a mañana se podrían contar muchas cosas, pero baste decir que no me encuentro nada bien. Vomito a la hora de la cena. No ceno. No me puedo dormir y a media noche vuelvo a vomitar. Siento calor (debo de tener fiebre), pero a la vez frío porque el albergue no tiene calefacción. Por otro lado, no duermo sólo, pero tampoco con peregrinos. Se podría decir que mis tres acompañantes son “peculiares”, y que no tienen donde dormir. Uno de ellos no se separa en ningún momento del envase de vino de un litro ni de su perra, a quien rescató de la muerte hace ocho años y que tiene por nombre “cara bruta” que significa “cara sucia” en catalán. Tiene la radio a todo volumen durante toda la noche, siempre sintonizando las noticias. Habla de que han matado a alguien por Pakistán. Los otros dos, que les va la cerveza y el tabaco, dicen que se veía venir. Estuvimos conversando junto a la chimenea, donde estuve con ellos hasta acostarme por ser una fuente de calor con la cual hacer frente al frío. En la habitación hay un pequeño radiador (funciona uno de los dos tubos de que consta) y mantas. De esta enferma, fría, calurosa y peculiar forma acaba mi primera jornada en la tercera vez que vengo al Camino.

    Los dos “sin techo” gallegos ya se han ido cuando me levanto; son las nueve y cuarto. El de Hospitalet me avisa de que se va, por lo que me quedo solo. No almuerzo ni pretendo comer nada pues ni tengo hambre ni quiero volver a vomitar, de lo que ya tengo ganas. Me encuentro mal, me siento cansado, falto de energía y de empuje. No sé que va a ser de mi Camino, lo de llegar hasta Santiago si no me recupero pronto quizá no sea posible pues, además de que he partido con menos tiempo del necesario, hay que añadir el imprevisto de mi falta de buena salud. Impulsado por la gran capacidad de sacrificio, aumentada y reforzada en montañas catalanas, me pongo en marcha hacia Astorga, situada a unos dieciséis lejanos kilómetros. En tan pequeño recorrido sólo figuran dos pueblos: Villares de Órbigo y Santibáñez de Valdeiglesias. Estoy cansado y tengo ganas de vomitar. No me apetece caminar pero lo hago por la obligación moral de seguir adelante. A la salida de uno de los pueblos me encuentro con una especie de espantapájaros peregrino junto a algunas cosillas. En ese lugar llamo a Alba para contarle mis penurias y frágil estado de salud. Le explico el frío que hace, con quién he dormido, que no he visto aún peregrinos en el Camino, que no hay nadie y que me planteo la posibilidad de regresar a casa sumamente derrotado.

    Desde el crucero de Santo Toribio, de gran tamaño, veo por primera vez Astorga. Descanso en unas mesas que hay junto a él a modo de merendero rupestre. Tras una fuerte subida a la entrada de la ciudad observo un albergue junto a una iglesia, aún no sé que dormiré ahí. Son las dos menos cuarto. Observo unos yacimientos romanos cercanos, la plaza Mayor, el Palacio Episcopal de Gaudí y la Catedral. Me hallo en la necesidad de que me visite un médico por lo que voy al ambulatorio, donde me indican que vaya a urgencias que está enfrente. En la sala de espera nos encontramos un abuelo y yo. Esperamos a que sean las tres, cuando comienzan a visitar después del cambio de guardia. Primero va él y luego me llega a mí el turno. Le comento al médico que tengo ganas de vomitar, que vomité varias veces y que no me apetece comer ni hacer nada. Me comenta que debo de estar mal del estómago, que puede ser por muchas cosas entre ellas haber bebido agua no potable. Varias personas me informarán de que en esta región hay muchas aguas no tratadas y que son fuertes si no se está acostumbrado. Acabo en la farmacia comprando el “Primperan” que me ha recetado el facultativo para que pueda comer sin vomitar. En el albergue descanso y llamo a mis padres para informarles de que estoy enfermo. Según como pinte el asunto mañana, si no lo veo claro me voy para casa. En la estación de autobuses me han dicho que sí hay billetes para Barcelona. Sobre las seis de la tarde me voy a dormir tras tomar el jarabe y sin haber comido nada en el día de hoy. Espero que dormir más de doce horas me siente bien y mañana pueda volver a la acción, pues el haber recorrido hoy tan sólo dieciséis kilómetros me complica el poder llegar a Santiago, aún a más de doscientos cincuenta kilómetros, dentro de ocho días. Como siempre, el tiempo dirá…

    http://zodiaco.madteam.net/relatos/2008-01/dia-17:-27-12-07:-leon-%E2%80%93-hospital-de-orbigo/

  7. 2009 Agosto 19
    La hospitalaria Enlace permanente

    Año Santo Compostelano.
    A UNOS 600.000 PASOS (1)
    Por Juan José Alonso Escalona

    Anduvimos juntos unos dos kilómetros, pero me pidieron que yo siguiera a mi ritmo, ya que para ellos resultaba todavía demasiado rápido.
    A pesar de que aún distaban unos seis kilómetros, al fondo de la interminable recta de carretera se divisaba el Hospital de Órbigo. Esta visión de una meta tan rica en la historia del Camino resultaba motivadora, pero conforme más me acercaba a ella, más distante me parecía tenerla.
    En este sentir cerca y lejos la meta, como a unos 600 m. del P.K. 333, al final de una hermosa chopera, tomé el camino de la derecha. Un cartel indicaba:Puente de Órbigo – Santa María del Páramo».
    Desde siempre soñé con atravesar el Puente de Órbigo, puente en que tuvo lugar el célebre Paso Honroso».

    El puente, propiamente dicho, construido en función del Camino, es del siglo XIII, si bien en la actualidad tan sólo se conservan cuatro bóvedas apuntadas de la construcción original.

    Despacio, admirando y saboreando su historia, embelesado en las columnas anteriores a la entrada de Hospital de Órbigo, en las que se describe la hazaña caballeresca del leonés Suero de Quiñónez, y leyendo con gran interés las inscripciones, no pude por menos de sacar mi cuaderno y resumir la historia en ellas narrada.

    Deseo justo e razonable es, los que prisiones, o fuera de su libre poder son, desear libertad; e como yo vasallo e natural vuestro, sea en prisión de una señora de gran tiempo acá, en señal de la cual todos los jueves traygo a mi cuello este fierro [...] yo he concertado mi rescate, el qual es trescientas lanzas rompidas por el asta con fierros de Milan, de mí e destos Caballeros, que aquí son en estos arneses…» (me cautiva esta caballeresca narración).

    Después de derrotar a enemigos tan señeros como el catalán Per Davío y el leonés Gutierre de Quijada, marcharon todos en peregrinación a Compostela y ofrecieron al Apóstol una cinta dorada con una rimbombante leyenda que todavía lleva colgada el conocido busto de Santiago. Todo esto acaeció en el Año Santo Jacobeo del 1434.

    Cumplido mi romántico deseo, me entretuve aún admirando la belleza de este histórico paraje. Por debajo del puente corría solemne el río Órbigo.

    En una calle de la localidad, a mano izquierda, vi un rústico bar con unas mesas en la acera. Dejando mi mochila en la puerta entré y pedí una ensalada de tomate con cebolla y aceite y pan. Como bebida, una botella de litro y medio de agua bien fría. Me lo sirvieron en el exterior y me sentó de maravilla.
    Una vez en la población, lo primero que hice fue entrar en el Albergue para sellar la Credencial. Dio la coincidencia de que los Hospitaleros eran un matrimonio catalán, muy atento y muy español.
    Charlamos un buen rato, mostrándose muy interesados por cuanto había hecho yo durante mi estancia en Barcelona.

    En la plazuela, situada enfrente del Albergue, sentados en un banco, estaban unos peregrinos reponiendo sus fuerzas. Me invitaron a coger de lo que estaban comiendo. Les pedí disculpas por no aceptar, debido a que había hecho mi colación y, dándoles las gracias, me dirigí a la Iglesia de San Juan.

    La visité con calma e, inclusive, me dejaron visitar la sacristía. Más que el valor artístico de lo que queda era su valor histórico el que me interesaba.

    Ya en el Camino, como a kilómetro y medio, se vuelve a la carretera en el P.K. 337. Ha cambiado el paisaje; ahora las ondulaciones del terreno, que muestra la vegetación propia del monte bajo (matorrales, tomillo y carrascosas), contribuyen a evitar la monotonía y a alegrar la marcha, a pesar de que las pequeñas subidas y el creciente calor terminan agotando las energías recobradas en la anterior parada.

    Pasado el cruce a Santibáñez de la Calzada, que se encuentra a una hora y media de marcha desde Hospital de Órbigo, se llega al desvío para alcanzar la meseta. Es una subida suave, pero continuada de más de un kilómetro. Arriba se encuentra el crucero de Santo Toribio. Desde allí se puede ver al fondo Astorga.

    Si la subida me supuso un gran esfuerzo, la bajada a San Justo no fue menor. Es un descenso descarnado, entre piedras y tierra. Tuve que parar varias veces para sacar las chinas de mis botas.
    En San Justo de la Vega, lo primero que hice fue preguntar por el Hostal Ideal. Estaba a unos quinientos metros, pero me parecieron kilómetros.

    Disponían de habitación, que inmediatamente reservé. Me atendió una señora mayor, muy amable, que me facilitó toallas, me indicó el baño y se ofreció para lavarme la ropa o cuanto pudiera precisar. Me duché, cambié de camisa y bajé al bar a tomar una botella de agua de litro y medio. Subí de nuevo a mi habitación y me acosté. Dormí por espacio de dos horas.

    Sobre las siete de la tarde bajé a la Iglesia, que estaba cerrada. Pregunté por el horario de Misas y me dijeron que a las 20,30, después del Rosario.
    Paseé por el pueblo y a las 8 entré en la Parroquia de San Justo. Allí saludé al párroco, quien me dijo que, después de la Misa, si quería, me atendería con gusto.
    Es una Iglesia moderna, pero aún conserva la espadaña del siglo XIII. Es acogedora e invita a la oración. El mural del Presbiterio no me llegó a convencer; no obstante, reconozco que es muy digno y no distrae.
    Al terminar la Eucaristía, el Párroco me invitó a pasar a su casa. Allí me selló la Credencial y hablamos largo rato sobre el Camino de Santiago y cómo se estaba perdiendo su carácter penitencial y religioso, debido a la explotación comercial que del mismo se estaba haciendo. Quedé en tenerle presente en mi abrazo al Apóstol y subí al Hostal. Según subía, se levantó un vendaval tremendo, que desencadenó en una fuerte tormenta. Yo me alegré, porque eso suponía que refrescaría la atmósfera.
    Me sirvieron una abundante y sabrosísima cena, que degusté junto a la ventana abierta, por la que entraban gruesas gotas de lluvia y granizo. Me encontré muy a gusto y le di muchas gracias a Dios.

    Domingo 10 de agosto: San Justo de la Vega-Astorga-Rabanal del Camino
    Eran las siete de la mañana y yo totalmente dispuesto para acometer la nueva andadura.
    La noche anterior, antes de irme a la cama, la dueña del Hostal me preguntó sobre la hora en que me marcharía. Al saber que mi intención era la de madrugar, me dijo que para ellos suponía un gran esfuerzo, ya que se acostaban muy tarde. Yo le dije que no sufriera y que, si dejaban la puerta cerrada, me indicara donde encontrar la llave para abrir y marchar. Se sintió muy aliviada con mis palabras y me pidió que la acompañara para indicarme el sitio.
    Cuando salí a la calle noté el ambiente más fresco lo que me animó y puso optimista. Al pasar por la Iglesia, me detuve. Estaba cerrada. Me quité el sombrero y, junto a un crucero, hice mis oraciones de la mañana. Continué la marcha y, enseguida, encontré el río Tuerto. Cruzado el puente, al fondo se veía Astorga.
    A unos dos kilómetros encontré las vías del tren y unos doscientos metros más allá, en el escalón de una casa, me senté para sacarme unas piedrecitas de las botas.
    Atravesé el segundo paso a nivel. Una empinada cuesta a mi derecha dibujaba una calle, que parecía principal. A mi izquierda seguía el Camino por el que me introduje en la población. Por el arrabal de San Andrés, siguiendo las murallas romanas, Puerta Sol, llegué al Albergue de Santa María Madre de la Iglesia. La subida, muy fuerte y sin desayunar me agotó.
    Cerca del Albergue está el Convento de San Francisco. Llamé y al fraile, que me abrió, le pedí que me sellara la Credencial y le pregunté si, ahora o un poco más tarde, iban a celebrar alguna Misa. Me miró un tanto desconfiado y dijo que me esperara. Al poco salió con la Credencial sellada y me indicó que quizás en la Catedral habría Misa.
    Se lo agradecí y fui por la Plaza Mayor, calle Pío Gullón, San Crespo y Santiago hasta la Catedral de Santa María. Aún estaba cerrada, pero al lado, en la Iglesia de Santa Clara iban a celebrar la Santa Misa.
    Es una Capilla pequeña, pero preciosa; en sus altares luce una imaginería de gran belleza. Creo que todo esto me ayudó para asistir al Santo Sacrificio del Altar con grandísima devoción y afecto.
    Al terminar pasé a la Sacristía para pedir que me sellaran la Credencial. El sacerdote había hecho el Camino a pie y me estuvo comentando un poco la dureza y las compensaciones espirituales del esfuerzo. Me dio la bendición y me animó a que pasara a la Catedral, porque la abrían en ese momento. Es más, me acompañó para que me facilitaran la entrada y sellaran la Credencial.
    El sacristán puso el sello y me pidió que hiciera la visita rápido, porque se iba a celebrar la Misa y no dejaban pasear por la Iglesia.
    Me asombró el soberbio Retablo del Altar Mayor, obra maestra de Gaspar Becerra (siglo XVI); la Inmaculada de Gregorio Fernández, la Sillería de Juan de Colonia, la Virgen de la Majestad del siglo XI.
    Los acordes del órgano y la indicación del Sacristán me obligaron a dejar el Templo, pero hice la promesa de volver para recrearme a gusto y visitar todo con detenimiento.
    Busqué dónde poder desayunar, pero todo estaba cerrado. En vista de eso decidí continuar hasta encontrar algún punto donde reponer las fuerzas.
    En menos de un cuarto de hora me encontré en la carretera comarcal de Santa Colomba de Somoza. La carretera desciende hacia el valle del río Jerga. A la derecha queda Valdeviejas. Un poco más allá, a la izquierda esta la Ermita del Ecce Homo. Aquí me detuve para ver y rezar.
    Mientras rezaba se acercó un señor, que me saludó con afecto y preguntó sobre mi destino y si iba a pie a Santiago. Se encontraba un tanto fatigado, porque venía de hacer &laqno;footing». Me explicó que lo hacía todos los días.
    Yo, para que se recuperara, le conté un poco desde dónde había empezado el Camino y sobre mi interés por todo lo que era historia y arte. Me dijo que la Ermita sólo la abrían una vez al año.
    Cerca de allí hay un mojón sobre el que aparece una leyenda para los peregrinos: &laqno;cuidado con los ladrones». Me sonreí al leerlo, pero él me cortó diciendo que era la pura verdad.
    No hacía un par de meses que, todavía, había bandas de ladrones. Estos atacaban a los peregrinos y les robaban todo lo de valor. La vigilancia de la Guardia Civil y de la Policía habían logrado parar los atracos, pero aún se daba alguno que otro.
    Le dije que no era muy consolador pensar que alguien podía atacarte impunemente y robarte lo poco que llevaras. Asintió y coincidimos en que la civilización del bienestar y de la calidad de vida estaba muy por debajo de las promesas políticas.
    De todas formas, añadí, en la edad media también había salteadores de caminos, lo que nos identifica a los peregrinos de hoy con los más auténticos peregrinos de entonces.
    Cogiéndome por el hombro y mirándome con afecto me dijo que yo no necesitaba compararme con aquellos, porque se veía que era realmente peregrino. Lo que él sí tenía muy claro era que la civilización actual estaba dando marcha atrás, para identificarse con la barbarie de las civilizaciones primitivas.
    Nos dimos un abrazo, prometí tenerle presente ante el Apóstol y se despidió deseándome un buen Camino.
    Desviándome a la izquierda, entré en Murias de Rechivaldo.

    http://www.biescasvignau.com/03Espanol/07.Trekking/10.CaminoFrances/Diarios/JJ.Alonso.97.03/%2010A.DiariosJuanjo.htm

  8. 2009 Agosto 21
    La hospitalaria Enlace permanente

    DIARIO DE ÁNGEL SILVENTE

    Villar de Mazarife – Astorga

    Día 19
    4 de Agosto
    30,5 km.

    Por la noche ha estado lloviendo. Nos levantamos a las seis de la mañana pero retrasamos la salida esperando una tregua de la lluvia. Pronto llega esta e iniciamos la marcha, pero enseguida tenemos que hacer uso de los chubasqueros y las capas de agua. Aquí comprendí que fue un error no traer una capa de agua. Una capa de agua no solo te cubre a ti y a la mochila, sino que también permite una mejor transpiración evitando que te mojes con tu propio sudor.
    Pero es una lluvia suave y muy agradable. El ambiente da la sensación de que estamos en otro tiempo y en otro lugar. El paisaje ha cambiado mucho en las últimas etapas. Ahora estamos en terrenos de regadío en los que crecen pastos y maíz. Hay muchos canales de agua abundante y limpia. Los chopos crecen potentes junto a ellos.

    Caminando, caminando nos hemos quedado solos Gonzalo, Ana y yo. Y juntos llegamos a Puente Órbigo. El más largo y majestuoso de toda la ruta, sin menospreciar el Puente de la Reina, claro está. En este puente un caballero medieval, muy chulo él, retaba al que pretendía cruzarlo para salvar su honor ultrajado.

    Sigue lloviendo, así que optamos por la variante que discurre por un andadero junto a la carretera que estará menos embarrada. No hay ni rastro de Juanen ni Armando. Al poco sale el sol. Queda un día genial, con mucha visibilidad. Empieza a aparecer algo de bosque frondoso y al fin se divisan en el horizonte los montes de León, fin de ciento sesenta kilómetros de pura llanura y presagio de la ya no tan lejana Galicia, la tierra del Santo.

    Desde Hospital de Órbigo el Camino se bifurca. Antes de San Justo de la vega hay una panorámica genial de Astorga. Allí se unen de nuevo las dos variantes en una sola. Parece que ya hemos llegado pero no hay que dar la batalla por ganada. Aún quedan casi cinco kilómetros que se hacen bastante largos.

    Ya no hay lugar para el cachondeo. Gonzalo se derrumba y anda muy despacio, a Ana también le cuesta. A mi me resulta cada vez más difícil mantener ese ritmo cansino y me afecta más de lo normal el cansancio. Pero debemos llegar todos juntos al refugio.

    Todos los albergues de Astorga están completos. Así que vamos a la base de acampada de la junta. Está abarrotada, pero encontramos sitio. Armando y Juanen vienen lejos y no tendrán sitio aquí pero los acogerán en un pabellón de deportes cercano. Los que estamos vamos a comer al bar de la piscina municipal que es barato. Los ánimos se recuperan al llenar el estómago y, a media comida, aparecen los dos perdidos.

    Por la tarde, la siesta es indiscutible. En las tiendas no se puede estar por el calor. Así que cogemos los aislantes para dormir en un parque. Vaya una siesta rara. Ni me di cuenta cuando me dormí ni cuando me desperté pero descansé realmente bien.

    Cargadas las pilas ya podemos ir a ver Astorga. Lo mejor es la catedral, el ayuntamiento (quizá herreriano), las murallas y el palacio episcopal de Gaudí. Este palacio fue construido por una curiosa circunstancia. El obispo de Astorga era Catalán y amigo personal de Gaudí. Cuando a este obispo le encargaron la misión de construir una nueva sede episcopal simplemente pensó que podía hacerlo su amigo.

    Por la noche, compartimos la tienda con dos franceses. Uno era aquel que conocí de camino a León y que vendió sus negocios y ahora era un hombre libre. El otro era alguien a quien llevaba cruzándome desde el principio, pero nunca habíamos hablado. Yo no sabía que más adelante resultaría ser mi único compañero de Camino.

    http://www.euskalnet.net/diariosdeperegrinos/angel.silvente.htm

  9. 2009 Agosto 22
    María Camino Enlace permanente

    “O las “Justas Caballerescas” ó “Paso Honroso”, en Puente de Orbigo, donde Don Suero de Quiñones desafió a cuantos caballeros quisieron aceptar su reto, todo ello para, “librarse del juramento hecho a Doña Leonor de Tovar, de llevar al cuello todos los jueves del año, una argolla de hierro, que simbolizaba el inquebrantable amor por su amada”.

    “O el Museo de los Caminos de Astorga, que recoge interesantes recuerdos de las cuatro vías que cruzan esta ciudad milenaria: EL CAMINO DE SANTIAGO, LA RUTA DE LA PLATA, LA CALZADA ROMANA Y LA ARRIERIA MARAGATA”.

    http://luisyanezabelaira.blogspot.com/2009/05/ponferrada-16-04-2009-presentacion-un.html

  10. 2009 Agosto 24

    DE LA PEREGRINACIÓN DE LEON DEGRELLE

    Algunas palabras sobre Puente Orbigo. Me alojo en la “taberna”, que es, al mismo tiempo, la tahona, y donde mi habitación está limpia (estoy solo). Pero la gloria de Orbigo no es ésto, es el extraordinario duelo que mantuvo un caballero de León, muy afrancesado, en 1434. Me lo imagino al provocar el torneo, con la ruptura de hasta trescientas lanzas, con todos los caballeros peregrinos que atravesaran el puente. A todo lo largo de la peregrinación había visto magnificar el torneo, tanto en las esculturas del claustro de Pamplona como en las de León, sobre una encantadora talla esculpida en madera dorada en San Marcos e, incluso, en los cuentos de la catedral de Santo Domingo de la Calzada. ¡A los canónigos les pagaban mucho dinero por la organización de estas justas!
    Aquí, pues, a la entrada del puente, bajo la mirada sorprendida de las damas, el susodicho caballero luchó, durante treinta días, contra sesenta y ocho caballeros alemanes, italianos, franceses, portugueses y españoles. Un caballero aragonés murió ahí.
    A continuación, terminadas las festividades, y. . . con las trescientas lanzas partidas, el caballero tan guerrero partió, también él, hacia Compostela, y ofrendó al Apostol , el brazalete de oro con que lo había galardonado, por sus victorias, la dama de su corazón y que llevaba grabado el siguiente texto en francés:
    “Si a vous ne plaît de avoyr mesure,
    Certes je dis
    Que je suis
    Sans venture. ”
    Esta peregrinación a Santiago colma verdaderamente todo:
    La sed mística, con toda su proliferación de milagros, de iglesias, de obras de arte, transformando en real lo espiritual.
    La epopeya, con la leyenda inmensa de Carlomagno conectando con el maravilloso Divino, fundando en El, a lo largo de todo el camino, su gesta.
    Y el espíritu caballeresco, no sólo por este hecho, sino también por otros diez. Pues estas narraciones son sobre hechos relevantes, llevados a cabo por caballeros europeos en camino hacia Compostela, que, precedidos de un heraldo, iban celebrando torneos a lo largo de toda su ruta.

    Escribo. Lo que veo. Pero, independientemente, ésto va mal. Mal completamente. Toda la maquinaria resopla. Desde el sábado último estoy constipado, toso, tengo fiebre. En pocas palabras, creo que mañana no podré reanudar mi camino. Además, tengo las piernas duras, como de madera, y un talón muy dolorido. Ahora bien, precisamente, la de mañana, es la etapa más dura de toda la peregrinación, es preciso subir, durante dieciséis kilómetros, de un tirón, es la ascención completa a las grandes montañas. Teóricamente, quiero detenerme luego de trascurridos treinta o treinta y cinco kilómetros. Pero hay una distancia de sesenta y cinco hasta Ponferrada. Debo caminar atravesando bosques, montañas, landas y se dice por aquí que en su trayecto es completamente imposible encontrar alojamiento. Es preciso hacerlos en una etapa. Por otra parte, nadie los ha hecho jamás, y en las viejas crónicas se decía que no valía la pena arriesgarse y recorrerlos por lo que hoy es la actual carretera.
    Este viaje es terriblemente duro, incluso aún más duro que en aquellos tiempos, cuando los peregrinos eran atendidos por todas partes, alojados, cuidados, se les lavaban los pies con hierbas medicinales y se les mimaba. Y después, todos iban en columna, con caballos y mulas sobre los que montaban por turno. Las grandes etapas se hacían, con frecuencia, en su totalidad cabalgando sobre caballos, alquilados para este propósito.
    Troto sin descanso, no recupero fuerzas en ninguna parte, dado el estado lamentable de las fondas de hoy. Se añade, además, que hacen un frío y un viento insoportables, alucinantes. He realizado toda la etapa de hoy contra una verdadero vendaval. El viento soplaba, me clavaba sobre el sitio, no me dejaba avanzar; un viento del noroeste, áspero, siberiano. Ya desde esta mañana estoy en las montañas. Acabó la gran llanura de trigales. Ya veo pomaradas, repletas de manzanas verdes. Asciendo durante kilómetros. Pero éstos no son todavía más que los preliminares, todo era aún bastante suave.
    El espectáculo lo tuve bruscamente y me ha consolado de todo, cuando en una curva de la carretera montañosa, se me apareció, tan sólo a cinco kilómetros, debajo de la cadena de los montes nevados, azules o rosados, la ciudad de Astorga, espléndidamente levantada en la ladera, con su gran catedral rojiza y verde, sus murallas y sus torreones, al menos lo que de ellos queda después de los asedios de Napoleón.
    Debajo, mucho verde, álamos, manzanos. . .
    Bello espectáculo. Lo he absorbido lentamente, como un gastrónomo mudo.
    ++++++
    Tuve la suerte de ir a parar a un hotel que no estaba mal: hay una bañera y, por fin, he podido darme un baño. Uno de los hijos del dueño del hotel es un tipo colosal, de 35 años, apasionado por el arte y por la historia, que, sin que yo le haya pedido nada, me ha acompañado, cuando me iba cojeando, hacia la catedral.
    Hemos visto, en primer lugar, una cosa que yo conocía por la Historia del Arte, que no creí que fuese a llamarme la atención y que me ha interesado mucho: el palacio construido hace cuarenta años (así, pues, en el peor período) por el Obispo. Pues bien, es muy destacado, construido con magnificos materiales, lleno de aciertos y de adaptaciones originales del gótico a la arquitectura moderna.
    Está deshabitado, pero hay un conserje a quien mi hotelero conocía muy bien. En las criptas se han reunido muchas bellas piedras viejas, romanas y románicas. Imagínate que, aún allí, he vuelto a encontrar la misma escultura que bajo la cruz de Frómista, pero esta vez con un “atributo” mucho más gigantesco. Parece un tipo con tres piernas, para terminar. . . E incluso la escultura, que está en esta vieja cornisa descolgada de alguna antigua iglesia románica, a sólo veinte centímetros de la nariz de los visitantes, en el palacio del Obispo, resulta bastante chocante.
    Catedral gótica, con añadidos del Renacimiento muy importantes. Bien conservada, a pesar de los cañonazos franceses. Un gigantesco retablo de madera preside el altar del siglo XVIII, un período que a mí ya me gusta menos. Después, en el centro de la catedral, cortando la perspectiva, el “coro” de los canónigos frioleros: pieza gótica enorme en un perfecto estado, con centenares de esculturas. Muchas pequeñas escenas adorables de frescura: jugadores de cartas, transporte de pan, un fraile que se echa una copita al coleto directamente del tonel. . . Después, una vez más, y ello comienza verdaderamente a intrigarme, una escena erótica absolutamente increíble en un coro y. . . bajo el trasero de un canónigo. Dos cuerpos desnudos, acoplados el uno en el otro, con la boca donde tú. . . ni te imaginas. En una sala de fiestas especial de Montmartre es posible que se pudiera presentar una obra de arte semejante. Pero aquí, aportada por no se sabe qué mano piadosa, bajo la mirada de no se sabe qué bigote, tan crudamente expuesta, no lo comprendo. ¿Cuál es la razón de tales esculturas? ¿Aquí?.
    Por el contrario, pocos recuerdos de Santiago: una estatua moderna, bastante fea. He descubierto también un bellísimo retablo flamenco.
    Después, he callejeado (¡pero qué lástima con el talón tan dolorido!) por las viejas calles pintorescas, con soportales de pilares de madera; en lo alto, el Ayuntamiento, que es un bonito conjunto plateresco, con una pareja local, muy folclórica, a tamaño natural, que sale a anunciar las horas, como en Flandes.
    Cerca de mi hotel se ha erigido un enorme león estrangulando al águila napoleónica, levantado a la gloria de los muertos habidos en estos dos famosos siglos durante un período de ocho meses. Pues bien (esta batalla está inscrita en el arco de triunfo), en total, ¿sabes cuántos muertos españoles están en la lista? Nueve. En aquel tiempo, las guerras y la gloria aún se realizaban a veces a buen precio.

    http://compostela2004.free.fr/mi_camino_de_santiago.htm

  11. 2009 Agosto 27
    La hospitalaria Enlace permanente

    EX ORIENTE LUX

    Piensa el caminante, cuando lleva ya a sus espaldas una larga porción de jornadas de marcha, que son pocas las cosas que le pueden sorprender, que esperándole a la vuelta del camino detengan con la sorpresa su paso lento y agotado. Sin embargo, es la esperanza de ver más allá de donde alcanza el horizonte lo que le anima a continuar esa interminable senda que alarga cada vez más el tiempo transcurrido desde que se inició la marcha.

    Dos son los caminos a los que se enfrenta el que esto escribe: el que por su paso le lleva hasta la ciudad santa; y aquél que por sus manos desgrana en palabras todo aquello que va quedando a su espalda. Son igual de agotadores, pero el segundo de ellos requiere el esfuerzo del recuerdo, construido a partes iguales por el dolor de evocar aquello que no volverá a ser, y el engaño que enmascara la memoria.

    San Martín del Camino tiene una iglesia, como no podía ser de otra manera llamándose así, dedicada al obispo de Tours, santo fuertemente vinculado a los peregrinos. Es un pueblo silencioso, caminero, y en el que apenas quedaron a hacer noche unos pocos peregrinos.

    Cuando salimos habían pasado ya las nueve de la mañana, acababa de caer una suave llovizna y el cielo iba aclarando; sólo alguna grande y pesada nube ensombrecía el paisaje dando lugar a espectaculares contraluces que llenaba de volúmenes aquellas extensas planicies.

    El camino era muy parecido al del día anterior: un sendero cómodo a un lado de la carretera, a su derecha en este caso. En ocasiones cruzaba sobre un canal de regadío que daba servicio a los campos de labranza que había junto a nosotros.

    El fresco de la mañana y aquél silencio, adornado por el fragante susurro del aire que llegaba desde las montañas nevadas que veíamos a lo lejos, en la misma dirección en que marchábamos, nos transmitía una sensación de plenitud que sólo se veía interrumpida por el ocasional paso de algún coche que tocaba la bocina saludándonos y dándonos ánimos en nuestro peregrinaje.

    Sabe el que a estos menesteres se ha dedicado en algún momento de su vida, que es afición del caminante entretener sus aburrimientos, o retrasar el empleo de aquellos pensamientos que tiene reservados para momentos como éste, en todo aquello que rompe de alguna manera con la rutina de lo que pasa ante sus ojos o suena en sus oídos.

    Así, al poco de salir, el camino pasa por una pequeña arboleda en la que abundaban los cuervos, que a esa hora de la mañana parecían despertarse y desperezar de su sueño con el paso de los primeros peregrinos.

    Detuvimos la marcha para verlos con más tranquilidad, a algunos los veíamos entrar y salir de entre las ramas, a otros pasar fugazmente ante nosotros como dibujando en nuestra mirada la sombra rápida del espíritu de Lug, señor de aquellas tierras a las que nos dirigíamos.

    Continuamos nuestro camino, siempre en paralelo a la carretera, y sacamos unos barquillos que habíamos comprado en Leon dos días antes, para comerlos mientras marchábamos.

    Cuando llevábamos ya andado algo más de una hora el camino gira a la derecha, separándose de la carretera y llegando al poco a Puente de Orbigo. Mientras íbamos entrando al pueblo nos dimos cuenta de que el cielo se estaba llenando de voluminosas nubes, más grandes y pesadas a cada momento. Se acercaba de nuevo la lluvia.

    Parece ya obligado para todo el que pasa por Puente y Hospital de Orbigo –pues así se llamaban las dos localidades que se encuentran a uno y otro lado del rio-, recordar la famosa y tan contada historia del “paso honrosso de Don Suero de Quiñónez” ocurrido allá por el 1434, que fue año Compostelano. Cuenta esta historia que el caballero leonés de dicho nombre provocó justas durante un mes, del 10 de julio al 10 de agosto, venciendo en todos los combates que tuvo, dejando 166 lanzas rotas, muchos heridos y hasta un muerto. Al terminar, Don Suero soltó “su empresa de oro que llevaba en el brazo derecho cerca de los morcillos, ricamente obrada, tan ancha como dos dedos, con letras azules alrededor, que decían

    Si a vous ne plait de avoyr mesure,

    Certes ie dis

    Que ie suis

    Sans venture”

    Después peregrinó a Santiago, donde dejó como ofrenda un grillete de plata sobredorada que se conserva aún entre las reliquias de la catedral compostelana.

    Lo que no es tan sabido es que en algún lugar de estas interminables llanuras –“a doce millas de Asturica, sobre el río Urbicus (Órbigo)”-, el rey visigodo Teoderico con el apoyo de un amplio contingente de tropas de burgundios y francos al mando de sus reyes Goudioc e Hilperico, se enfrentó a los suevos encabezados por su rey Rechiario. Aquél 5 de octubre de 456, los suevos fueron masacrados y su propio rey moriría poco después en su capital Bracara a manos de los godos. Debió ser tan sonada la derrota que el cronista Hydacio, contemporáneo de aquellos hechos, llego a decir que “de este modo el reino de los suevos fue aniquilado y definitivamente suprimido”.

    Cruzamos pues la localidad de Puente de Orbigo hasta llegarnos a la gran obra de ingeniería que le dio nombre: aquél era sin duda el mayor puente que habíamos cruzado hasta entonces desde Roncesvalles. Nos paramos en medio de él para leer en un panel y recordar la hazaña antes dicha. Abajo, en el río, un hombre pescaba plácidamente con su caña en medio de las aguas que brillaban doradas.

    En el otro extremo del puente está Hospital de Orbigo, localidad algo posterior a Puente. Su origen está en la Orden de San Juan de Jerusalén, que junto a la Iglesia de San Juan Bautista levantó un hospital de peregrinos que es el que dio nombre al pueblo.

    A la derecha del puente había un hostal llamado, como no, Don Suero de Quiñones. Entramos a descansar un poco y a tomarnos un café. Dentro la mujer que nos atendió hablaba animadamente con un cliente.

    Continuamos por la calle principal sellando en el albergue que tenía un aspecto muy agradable, y al que se entra llegando a una especie de patio, alrededor del cual se distribuye el edificio. Poco más adelante casi al final de la calle, a la izquierda, la dueña de un albergue privado de San Miguel nos regaló una hoja en la que se representaba un corte sección de lo que quedaba de camino.

    Según salimos de Hospital de Orbigo y como si estuviera esperando a sorprendernos marchando a despoblado, comenzó a llover, por lo que nos pusimos los chubasqueros y continuamos la marcha.

    En la misma salida del pueblo se propone al peregrino dos opciones. La primera marca Astorga a 15 kilómetros y la segunda a 17. Si se opta por el más corto, se va por una camino paralelo a la nacional 120. En la segunda opción se pasa por Villares Órbigo y Santibáñez de Valdeiglesias, es un tramo por caminos y pistas, de paramera entre charcos y algo de barro, pero que promete al caminante más de esa soledad y recogimiento interior que anda buscando.

    A poco más de media hora de camino llegamos a Villares de Orbigo, de la que pudimos ver poco más que su iglesia parroquial dedicada a Santiago, y tras callejear por el interior del pueblo siguiendo las flechas que indicaban el camino, pasamos junto a un lavadero desde el que poco a poco fuimos internándonos por un camino pedregoso y desdibujado por medio de un bosque bajo.

    Estábamos en este camino, cuando vimos algo más adelante a un individuo que miraba como al infinito y que al vernos se alejó un tanto del camino, comenzando a seguirnos en cuanto le rebasamos. Cuando nos parábamos para mirar hacia atrás, detenía su paso, paseándose de un lado a otro con mal disimulo.

    Al poco, el camino desembocaba en una carretera, donde nos detuvimos para volver una vez más la vista atrás y viendo que continuaba siguiéndonos, decidimos llamar a la policía y dar parte de lo que nos ocurría. Así lo hicimos y en el ínterin aparecieron por el camino un grupo de peregrinos a quienes les contamos lo que ocurría y les preguntamos si podíamos marchar con ellos, por lo menos hasta el siguiente pueblo. Ellos aceptaron amablemente.

    A estos peregrinos los habíamos visto ya varias veces a lo largo de aquella jornada. Eran dos matrimonios que, a lo que parecía, estaban unidos por una estrecha amistad. Procedían de una localidad de Badajoz, que ahora no recuerdo como se llamaba, y según nos contaron hacían el camino al igual que nosotros en sus periodos vacacionales y esperaban hacer los últimos cien kilómetros en compañía de sus hijos.

    Hablando con ellos descendimos por la carretera del alto en el que nos habíamos encontrado hasta llegar a Santibáñez de Valdeiglesias. A la entrada del pueblo, un coche de la Guardia Civil, se llegó hasta nosotros y nos preguntó si éramos quienes les habíamos llamado. Contestamos que sí y les señalamos el individuo que a lo lejos continuaba siguiéndonos. Los agentes se despidieron y marcharon en dirección al lugar que les habíamos indicado.

    Continuamos camino con nuestros amables acompañantes pasando por el albergue parroquial donde sellamos nuestras credenciales y continuamos rumbo a la salida del pueblo. Fue allá donde volvieron a alcanzarnos los Guardias Civiles para decirnos que ya habían alcanzado a aquél individuo, que era un disminuido psíquico y que lo llevaron de vuelta a casa. Según nos dijeron no había nada de que preocuparse.

    Durante un rato más seguimos con los peregrinos; nos alejamos de Santibáñez y en una especie de merendero nos hicimos unas fotos. A medida que continuamos el camino, ya en medio de un monte de bosque bajo fuimos separándonos debido a que llevaban una marcha más rápida que nosotros. En algún momento de aquél tramo que corre entre Santibáñez y San Justo, aparecieron frente a nosotros un padre en moto seguido por sus dos hijos en quaks que casi nos arrollan. Empleaban aquél camino como si fuera exclusivamente suyo y ni siquiera hicieron un gesto pidiendo disculpas. No era ni la primera ni la última vez que nos encontrábamos con alguien que casi nos atropella con esos vehículos tan de moda hoy en día entre determinadas personas y que tan agresivas son con el medioambiente.

    Para entonces habíamos perdido ya de vista a aquellos extremeños que tan amablemente nos habían acogido. La última vez les vimos detenerse en un repecho del camino, bajo un árbol sentados y en disposición de almorzar algo.

    Al fondo de una meseta, dimos con la Cruz de Santo Toribio desde donde se ve San Justo de la Vega y Astorga, una maravillosa panorámica, con la Maragatería y las montañas del Bierzo de fondo. En aquél lugar se unían los dos caminos que salían de Hospital de Orbigo. Deslucía mucho el lugar la ingente cantidad de basura que hay en su entorno, donde se ha habilitado una especie de merendero.

    Cuenta la tradición que en este lugar donde se encuentra el crucero Santo Toribio, obispo de Astorga, que había huido de la ciudad, sacudió sus zapatillas mientras miraba a lo que dejaba detrás y dijo: “de esta tierra no quiero guardar ni el polvo”.

    Llegamos tan hambrientos a San Justo de la Vega que lo primero que hicimos fue buscar un lugar donde reponer fuerzas. A la entrada del pueblo vimos dos carteles que nos las prometían muy felices: el Bar Julia donde anunciaban bocadillos, raciones, tapas, etc… y el Bar El Paraíso, donde el agotado peregrino podía descansar saboreando bocadillos y raciones frente a una playa fluvial. Pero al llegar al Bar Julia, nos encontramos con una mujer con aspecto descuidado que charlaba distraídamente con dos hombre en la barra. Le preguntamos si podíamos tomar algún bocadillo y después de mirarnos un buen rato, preguntó a uno de los de la barra si había pan y al decir éste que no, con esa desgana que deja pocas dudas sobre la veracidad de la respuesta nos miró sin decir nada pero dejando poco lugar a las dudas sobre lo que nos quería decir.

    De ahí marchamos a El Paraíso, pensando en que no sería mala nuestra suerte si en aquél lugar podíamos comer algo disfrutando de la vista de la playa fluvial. Pero lo encontramos cerrado, por lo que decidimos sentarnos a la sombra del edificio y comernos unas galletas que llevábamos frente al río, reponiendo fuerzas antes de entrar en Astorga, ya a poco más de cuatro kilómetros.

    A la salida de San Justo de la Vega pasamos el río Tuerto por una pasarela peatonal ancha, siguiendo después la carretera N-120.

    El último tramo del camino es un tanto descuidado: está lleno de barro y piedras redondas que resienten los pies, a la izquierda hay unas naves industriales un tanto siniestras, que parecen abandonadas.

    Después se pasa un puente de piedra rústica, una especie de antiguo molino, y al poco se toma la pendiente que asciende accediendo a Astorga.

    Cuando llegamos era ya casi la media tarde, el lugar estaba lleno de paseantes a la espera de la procesión que se iba a celebrar al poco. Nos acercamos a un bar a tomarnos un bocadillo y después pasamos a acomodarnos en nuestro alojamiento.

    La llegada a Astorga tiene para el peregrino un significado especial: termina uno de los tramos más largos del camino, aquél que ha seguido desde más allá de las tierras de Burgos, y que durante muchísimas jornadas le ha hecho caminar por amplias extensiones mesetarias, por llanuras y páramos en los que la tierra y el cielo parecían confundirse a la vista del peregrino. Todo quedaba atrás; frente al caminante comenzaba otra etapa, la última, que llevaría nuestros pasos por sendas cada vez más elevadas, por montañas y bosques espesos que desembocarían, al final ya de nuestro camino, en la Ciudad de Santiago.

    Pero para aquello quedaban todavía muchas jornadas de marcha…

    Aquella mañana nos dieron las 8.30 frente al palacio episcopal de Astorga. Disfrutábamos sin casi haber abandonado el sueño, de una fresca amanecida iluminada por las primeras luces del día, en un silencio sólo interrumpido por el canto de las aves madrugadoras, y acompañados por esa soledad en la que se encuentran las calles una mañana en la que nadie parecía tener prisa.

    - Si tienen pensado andar hoy, van a tener ustedes agua –nos devolvió a la realidad un hombre que pasaba por ahí.

    - ¿Ah, sí?

    - ¿Son ustedes de ciudad verdad?

    - Pues sí señor

    - Se ve…, si no, se hubieran dado cuenta de que cuando estos vencejos bajan tanto, es porque tienen que hacerlo para atrapar a los insectos que no pueden subir más por pesarles la humedad que envuelve sus alas. Eso es que viene la lluvia…

    - ¡Vaya, pues no teníamos ni idea!

    - ¿Y hasta dónde tienen pensado llegar ustedes?

    - Hasta Rabanal del Camino si todo va bien.

    - Pues tienen un buen camino. Verán poco antes de llegar el árbol más antiguo del camino. Es un roble del que cuentan que ya daba sombra a los peregrinos mucho antes de que nacieran nuestros abuelos ¡ahí es nada!…

    Siguiendo las indicaciones de nuestra incondicional flecha amarilla, iniciamos el camino descendiendo por una serie de calles, hasta cruzar la N-VI Madrid -La Coruña. Después tomamos la carretera que se dirige a Castrillo de los Polvazares, por una senda que transcurre paralela a la carretera durante su primer tramo. Poco antes, y para continuar con el ritual que era ya obligado en todos nuestros comienzos de etapa, nos hicimos una fotografía, mejor dicho: nos la hicieron dos peregrinos americanos de cierta edad, que marchaban con energía un poco detrás de nosotros.

    Al poco de salir de Astorga se llega a la Ermita de “Ecce Homo”, perteneciente al pueblo de Valdeviejas, que queda a la derecha del camino, y que no es otro que la antigua “Villa Sancti Verissimi” del Códice Calixtino. Según se cuenta, tuvo un hospital de peregrinos llamado de Sancha Pérez, seguramente en honor a su fundadora, aunque luego fue rebautizado con el nombre de la cofradía que se hizo cargo de él, la de los “Mártires”.

    Mas o menos a esa altura se cruza por un paso elevado la Autovía y poco después el Rio Jerga. Ahí se abandona la carretera de Castrillo para enfilarse hacia Murias de Rechivaldo, el primero de los pueblos por los que pasa esta etapa del camino.

    Tomado ya el ritmo del paso, marchábamos entretenidos hablando de la Maragatería, comarca de la que era capital Astorga y en la que nos adentrábamos ahora totalmente.

    En ello estábamos cuando nos alcanzó un peregrino que empezaba ese mismo día su camino. Según nos dijo, salía de su casa de Astorga y esperaba llegar a Santiago en menos de diez días. Se unió a nosotros en medio de la conversación sobre los maragatos, y en ella nos invitó a continuar después de las presentaciones de rigor.

    Nos contó que aquella comarca se llamaba originalmente “La Somoza”, apelativo procedente del término “submontia”, en referencia a que se trata de una zona ubicada al abrigo de los Montes de León.

    Lejos de lo que se cuentan en las interminables bibliografías que se han escrito sobre los maragatos, esta denominación no aparece hasta el siglo XVIII. Según nos explicó, es muy probable que fuera su modo de vida y su ocupación como arrieros y mercaderes la que originó el apelativo de “maragato”, relacionado, a decir de algunos autores, con el termino latino “mercator”.

    Íbamos recorriendo los dos kilómetros que separan Valdeviejas de Murias de Rechivaldo inmersos en nuestra animada charla, poniendo en común lo que sabíamos de los maragatos que, en el caso de nuestro nuevo compañero, dado que era de aquellos contornos, era más de lo que nosotros podíamos saber. Señaló que desde la época de los Reyes Católicos y hasta bien avanzado en siglo XIX, algunas de las familias de arrieros de esta zona fueron enriqueciéndose con el monopolio del transporte de mercancías entre el noroeste de la península y el centro.

    - Habéis oído hablar de las conservas Calvo, por ejemplo

    - Si, claro

    - Pues tienen su origen en una familia de estos contornos, que comenzó dedicándose al transporte de pescados desde Galicia hasta Madrid. Eso hizo que, desde un principio, se familiarizaran con las técnicas de conservación de su mercancía, y que recibieran con los brazos abiertos un invento tan útil para ellos como las conservas.

    Al llegar a Murias de Rechivaldo nos detuvimos en el centro del pueblo para apreciar el modo en que su estructura obedece a lo que es un pueblo típicamente maragato, dispuesto a ambos lados del camino que lo atraviesa, de manera muy semejante a aquellos que jalonan la ruta jacobea.

    Vimos que una de aquellas antiguas viviendas de piedra estaba abierta, y nuestro acompañante nos invitó a asomarnos para ver su interior, mientras nos explicaba el por qué de su disposición: desde el portón de acceso, con su característico arco, se accede a un patio interior cerrado por un muro a su izquierda y por el resto de sus lados por un edificio de dos alturas.

    Según nos contó, los propietarios llevaban hasta dicho patio sus recuas, descargándolas así al abrigo de la vista y curiosidad de sus convecinos, y a pocos pasos de los establos y almacenes de la vivienda que ocupaban exclusivamente, junto con la cocina, toda la planta baja. El piso superior estaba adornado con una preciosa balconada pintada en color verde, desde la que se accede a las diferentes estancias en las que habitan sus propietarios.

    Volvimos a detenernos frente a la iglesia parroquial de San Esteban, del siglo XVIII, para apreciar el relieve de la Virgen del Pilar que hay cobijado en una hornacina sobre el dintel de la puerta. Allá, nuestro acompañante nos contó que Murias no había estado siempre ahí, pues a principios del mismo siglo en que se construyó aquella parroquia, una riada destruyó el pueblo completamente en su antiguo emplazamiento a la orilla del rio Jerga, decidiendo sus vecinos reconstruirlo donde ahora está, en un lugar menos dado a las inundaciones.

    Por desgracia, nuestro acompañante se despidió de nosotros tras contarnos esta última historia, pues pensaba visitar a un familiar que vivía allá. Amablemente nos invitó a acompañarle, pero preferimos continuar algo más de camino.

    Seguimos hasta el albergue que hay a la salida del pueblo, y allá sellamos nuestra credencial.

    http://www.exorientelux.org/

  12. 2009 Noviembre 17

    24 KMS. 7 HORAS (8.00 – 15.00). MENOS FRIO (8º-10º). VIENTO SUAVE.
    RECORRIDO LLANO CON PEQUEÑAS SUBIDAS Y BAJADAS. DIFICULTAD : FACIL. ALBERGUE SAN MARTIN : MALO . PEREGRINOS 18.
    GASTOS : 15.40 (albergue 4.00, compra tomate y aceite 1.20, pan 0.60, bar 1.60, cena 8.00)

    A las 8.00 h. empiezo a caminar y enseguida percibo la misma rutina de ayer : la interminable, monótona, fria y aburrida llanura Leonesa, caminando junto a la ruidosa N-120.

    La excepción salta a los 8 kms. con la aparición de unos de los puentes mas famosos del Camino. Un milenario y hermoso puente románico de piedra sobre el río Orbigo, por el que cruzaron entre otros la legiones romanas y situado en una zona de verdes praderas y arbolado que se agradece después de tanto páramo seco.

    El rio Orbigo marcará un sustancial cambio en la etapa, se recupera el antiguo sendero, se aleja definitivamente del asfalto, las naves industriales dan paso a las granjas agrícolas y ganaderas, se empiezan a ver cultivos de remolachas y maiz y a lo lejos aparecen los montes de León con sus cumbres recien blanqueadas al recibir las primeras nieves del año, detrás está el Bierzo y después Galicia.

    A continuación ando unos 6 kms. a través de un espeso encinar completamente solo sin mas compañía que el graznido de los grajos. “cuando el grajo vuela bajo, hace un frío del carajo”.

    El viento susurra al atravesar las numerosas alamedas despojándolas de sus hojas arrebatándome varias veces el sombrero. No me he encontrado con nadie en toda la etapa.

    Por fin aparece Astorga semi hundida en un valle. Ciudad fundada por los romanos “Asturica Augusta”. Una de las más importantes del Camino, llegó a tener hasta 25 hospitales para atender a los peregrinos. Tal era la cantidad que la visitaban que se llegó a crear la figura del “veedor” encargado de visitar al anochecer los hospitales para que pobres y pícaros peregrinos no repitiesen noche en uno diferente y evitar que permanecieran meses gratis en la ciudad.
    El albergue, una vez más, es un convento de monjas. Está bastante bien, hasta tiene internet gratis !!!

    TROTAMUNDOS

    from → Camino de Santiago, Peregrinos
    http://elespiritudelchemin.wordpress.com/2009/11/17/9-nov-09-lunes-etapa-19-san-martin-del-camino-astorga/

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