Jornada decimoctava: MANSILLA DE LAS MULAS – LEÓN

2009 Julio 28
by La hospitalaria

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Noche Estrellada Vicent Van Gogh

La Noche EstrelladaDe sterrennacht – (1889) - VICENT VAN GOGH -

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¡Cómo titilan las estrellas en este alba!

Son las cinco. Desayuno. Esta fresco. Ayer sucedió lo de encontrarme el teléfono móvil de Noelia en el interior de mi mochila. Noelia estaba en una cama alejada de la mía por tres o cuatro metros. María, la barcelonesa, en frente. Rafael arriba. Pero cuando a la tarde-noche regreso al albergue y subo a por la chaqueta, me da por preparar la mochila para tenerla lista esta mañana y al fondo, bajo la funda del saco, me lo encuentro. María dijo que me quedé lívida, y que inmediatamente se le vino a la cabeza lo de la acusación de robo que terminó dando origen a la gallina o gallo de la leyenda de Santo Domingo de la Calzada, la que canta después de asada.

Lo cierto es que me sentí muy mal en ese momento. Los teléfonos móviles no vuelan pero admití la posibilidad, incluso, de que estuviera ahí desde el albergue anterior; mi compañero de El Burgo Ranero se había movido y había dado muchas vueltas. Fue lo primero que pensé y me fui con el teléfono, como si quemara, directa a entregárselo al hospitalario.

En su despacho me encontré un grupo reunido. El lobo le daba energía a Jelén en ese momento. Le interrumpí visiblemente alterada y le conté lo que había sucedido. Escuché unas risas. Levanté los ojos. Y las risas procedían de las dos amigas, las chicas que había visto en El Burgo Ranero. Dije lo que tenía que decir y me fui.

Luego se acercó a mí Noelia. <<Nos reímos -me dijo- porque el móvil era mío, me había desaparecido a mí. Subí a hablar aquí por la tarde y lo dejé sobre la cama>>. Entonces, no me quedó ninguna duda. Si yo lo había encontrado dentro de la mochila fue porque alguien, quien fuera, lo metió ahí.

Traté de no elucubrar, ni raíces cúbicas ni motivaciones. Pero el instinto me decía que, en cuanto primero me separara del ambiente que no era benéfico conmigo, mejor para mí y menos problemas.

Falo le quitó importancia. Para él los teléfonos si que deben volar. Me dolió, de nuevo, su actitud. Tendía a lo mismo: a no escuchar a las homo sapiens que sólo necesitan un desahogo.

De todas formas él no es terapeuta. De todas formas a él sólo le interesa su ombligo.

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Soñé con tu profe, ya sabes quién. Puede que Rafael me lo recuerde… En mi sueño tu profe jugueteaba con una rubia y su mochila. A tratar de meterse los dos dentro o por lo menos él. Yo los miraba. No estaba sola. Tu profe decía que no podía caminar porque desde trece meses hacía que no daba un paso. El trece es significativo. Me sugiere el arcano xiii… y por eso he pensado en aquella mesa de Villava y en el hombre que me acompañaba en ella. Suciedad en el gallinero, muerte atroz de un pollito y yo no quería limpiar aquello.

Es aún de noche y sigo en el patio de este albergue.

He sentido a Rafaelo desesperado. ¿Pero por qué lo llamo así? Rafaelo es el niño, el niño de Estella.

Rafael es el humano y Falo, el hombre, el miembro. El dios que adora mi espíritu uterino.

- Date la vuelta, que roncas como un oso.

Seca su voz me despierta en la madrugada. No sé a quién se lo dice pero nos ha hecho abrir los ojos a muchos. Me levanto al baño y lo acaricio. Trato de tranquilizarle. Y ahora, por favor, por favor, no cierres la puerta. En mi sueño creo que figuraba el albergue también.
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<<Aprendamos a ser los segundos, los terceros, los últimos. Tal vez, la más profunda enseñanza que da el roce con las cosas reales conforme vamos de los veinte a los treinta es que la vida merece la pena vivirse, aunque no seamos grandes hombres>>

- ORTEGA Y GASSET -

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Ya me he puesto las botas y escribo esta frase de Ortega y Gasset en otra hoja que arranco.

A continuación le pido que reflexione sobre el esquema de sentimientos, cogniciones y conductas, al que le dimos vueltas ayer, hasta que todo le quedó claro y a mí me hizo tenerlo bastante claro con él. Sé que es un hombre profundamente inteligente, que se aprovecha de todos los conocimientos que se le brindan, que no los acepta y asume sin más, que le gusta darle a eso, un nuevo orden dentro de él. No le extraña cuando le explico que yo soy alma de sentimientos profundos o espíritu de a-sentimientos; a como partícula privativa, cierto.

Le señalo algunos puntos sobre los que debe trabajar. Hablan de la relación entre él y su padre. De la necesidad de que el padre reconozca y valore la inteligencia del hijo. De que esto no tiene por qué ser así de cartesiano. Puede que sean seres que pertenecen a mundos que no están en sintonía.

Quiero tratar de enseñarle a encajar los hechos. Y el hecho principal de que el amor paterno-filial nunca fue una condición sine que non, para su propio reconocimiento. Que todo puede cuestionarse, que es necesario que sea así.

Todavía no ha sacado la cabeza de su saco cuando le pongo la nota en las manos y me despido de él. Lo hago con mucha ternura pero le hablo de tareas… De él depende trabajar en si mismo durante su camino o no.

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7h53min. Ya he andado unos 7 kilómetros. He venido caminando desde la salida de Mansilla de las Mulas (pasado el puente) con uno de Cuenca, Vitorino, y con José de Santiago. Con éste coincidió que nos pusimos a hablar y de repente él que dice: <<Ya decía yo que me sonaba tu pelo>>. Nos habíamos conocido en los campamentos de Fadenga. En aquellas pésimas vacaciones.

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No me importó que me reconociera. Por aquel entonces yo sólo sabía viajar con un baúl. El baúl provocaba la hilaridad y los comentarios de todos. Es cierto, una vez hice un”camino de Santiago” con un baúl. A mí eso me importaba mucho, poco o nada. La que cargaba con el baúl era yo y la que estaba aprendiendo de la experiencia era yo. Pero, desde luego, no era de las que encestaba miguitas de pan en la boca abierta de algún paralítico cerebral. Yo podía evidenciar un problema con mis apegos. Pero problemas allí los teníamos todos.

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Mientras caminábamos hablamos de motivaciones y de sus experiencias con los hospitalarios del Camino. Me dejaron dos notas. En Sahagún el Viatoris. En Rabe de las Calzadas, me hablaron de una francesa de la que añadieron que estaba como un cencerro. Ahora bien, no sé si porque les cobró 20 € por lo que fuera que les cobrase (y que es la nota que aparece aquí) o bien porque les hizo meter las mochilas en bolsas de basura. Ellos dos puedo jurar que eran de lo más normal del mundo. Sólo que a mí la normalidad me hace bostezar ya a media mañana. A Vitorino los suyos le habían tomado por  loco, por quererse ir a hacer el Camino. Sin embargo, su jefe le había concedido encantado el permiso, porque era católico apostólico y la visión que la gran mayoría de la gente tiene del Camino es esa: como de algo muy religioso. Lo cual no digo que no sea así. Sólo que somos muy diversos los que nos unimos al flujo del Camino y que cada uno incorporamos a él eso que somos y que sólo somos nosotros.

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En Villamoros de Mansilla, con la excusa de tomarme un café, les dejé irse hacia adelante. Pero puede que eso fuera en Villarente. Era un bar a mano derecha. Tenía notas musicales en la puerta, un pentagrama. Esos son tus signos.
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<<Considera y distingue, / considera y reflexiona en cada caso, / y como auriga del carro del alma / toma sólo la espléndida razón.>>

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Pero pasado seguro Villarente, en un crucero. De los versos áureos de Pitágoras, una nota para el Indio triste. Firmado: Muchos besos.

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- Escrito en el patio del albergue de Mansilla de las Mulas (LEÓN)

- Los versos áureos de Pitágoras

2456 - 2466 - 2475 -

(no integrados aún) – 24832495 - 2496 - 254922522257 -

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16 comentarios dejar un →
  1. 2009 Agosto 7
    María Camino Enlace permanente

    DEL DIARIO PEREGRINO QUE HE COMENZADO A LEER HOY…

    Desperté en lo alto de la litera y sentí un cierto agobio. El ambiente en aquella habitación con veinte personas con una sólo ventana era de un calor asfixiante. Algunos peregrinos estaban colocando sus cosas en las mochilas, intentando hacer el mínimo ruido pero para nuestra desgracia utilizaban bolsas de plástico que crujían. Eran las seis y cuarto de la mañana y amenazaba un día muy caluroso. Ante la imposibilidad de dormir me levanté y me asee rápidamente. En apenas 10 minutos estaba en la calle. Eran las seis y media de la mañana, no había amanecido todavía. El puente estaba solitario y no encontré ningún bar donde meter algo al cuerpo. Concentrado en mis pensamientos y viendo como iba amaneciendo llegue en menos de una hora por un camino de concentración hasta Villamoros. Vi un bar que estaba abriendo y no lo dude entre a tomar el obligatoria comida que anima el cuerpo por la mañana. Fue apenas un café con leche y un bollo pero suficiente para terminar de templar el cuerpo. Al salir continué con mi ritmo y en solitario. Algunos peregrinos madrugan mucho, nos despiertan a todos y luego les cuesta ponerse en marcha. Al poco de partir llegue a Puente de Villarente donde hay que resaltar la peligrosidad del puente que da nombre sobre el río Porma. En tantos sitios se hacen andaderos o se buscan caminos que alargan recorridos con la excusa de la seguridad y aquí justo lo contrario, meten al peregrino en un atolladero donde los coches pasan a escasos metros de distancia. Este pueblo es una larguísima área de servicios, con bares, restaurante, hostales y gasolineras a lo largo de la carretera nacional. De aquí hasta León los pueblos se van sucediendo por los extrarradios de la ciudad, donde los polígonos industriales devoran los pensamientos y la moral del caminante. Hasta Puente Castro se va en ascenso pero desde aquí se inicia una bajada hasta León. Este pueblo y la bajada siguiente se hacen por el arcén de una carretera con muchísimo tráfico, convirtiendo este tramo en uno de los más feos del camino. Ya se sabe que las entradas a ciudades son de forma inevitable trámites que no siempre se pueden hacer por sitios hermosos. Eran las once y media cuando atravesé el Puente sobre el río Torío y me absorbió esta ciudad. Al poco llegue al albergue de las Carvajalas. Estaban limiando el suelo y ya había cinco o seis peregrinos esperando para hospedarse allí. La gente aprovecha para llegar pronto a estas ciudades monumentales y poder visitarlas tranquilamente. La verdad es que León merece la pena. A mi particularmente me agobian en el camino y prefiero el campo y los pequeños pueblos, me encuentro más integrado. En las grandes poblaciones tengo la sensación de estar desubicado. Como era tan pronto decidí continuar y ver hasta donde llegaba. Después de sellar me dirigí a la Catedral por las calles estrechas y llenas de encanto. La explanada de catedral muestra la majestuosidad de este fantástico monumento gótico, sólo comparable con las mejores del mundo. Pasé al interior y me maraville de las prodigiosas vidrieras. Estuve durante diez minutos sentado en un banco respirando la espiritualidad que este edificio tiene. Pensé en la Edad Media y en la cantidad de peregrinos que pasarían por este lugar. En ese momento la Iglesia daba acogida en su interior a los pobres peregrinos. Coincidí con el inicio de una visita guiada (2 €) y no lo dude. Con la mochila a cuestas, no pude dejarla en las taquillas, seguí a la guía por las dependencias catedralicias. El resto de visitantes, en su mayoría españoles, me miraban con extrañeza por mi indumentaria. Ellos iban con ropas informales pero impolutos, en cambio yo iba con mi pantalón corto de deporte, una camiseta sin mangas, unas sandalias con calcetines no demasiado limpios, ya habían hecho hoy 20 kilómetros, y una mochila con una gorra enganchada. No me importó demasiado, y es más me sentí orgulloso de poder haber ido desde la Catedral de Burgos hasta esta otra maravilla andando y como peregrino. Se visitan los claustros y la exposición y es increíble el patrimonio de la iglesia. Especial atención preste a una fantástica exposición de imágenes de Vírgenes románicas, recopiladas de todas las parroquias de León. Dentro de su sencillez de rasgos marcan una espiritualidad sublime. Bien vale un viaje por sólo ver esta sala llena de esculturas en madera policromada. Este recorrido duró una hora y a la una del mediodía estaba de nuevo en la calle. Me dirigí a San Isidoro y posteriormente a San Marcos, ya sin pararme en visitarlos. Si la entrada es mala, la salida no es mejor, para mi mucho peor.

    http://aig02.blogia.com/

  2. 2009 Agosto 8
    La hospitalaria Enlace permanente

    DEL DIARIO DE MONTSE, PEREGRINA CON FAMILIA… LITERATURIZADO EN CATALÁN…

    15-04-01
    El Burgo Ranero-León
    (casi 40 km, ¡en coche!)

    Javi (A4) había merendado-cenado con nosotros el día 14, sin decir ni pío. El hombre venía a vernos y pretendía tomarse un café con nosotros. Le sugerí aue cenáramos juntos y se apuntó. No tenía hambre, pobrecito mío, y es que no me extraña. Él suele cenar, según me enteré después, a las mil (léase sobre la 1 de la madrugada) así que se le agradeció el sacrificio de esa doble cena que se tragó en atención a los pobres peregrinos ;)…

    Al día siguiente nos fue a buscar en el Audi4 que se salta los semáforos (oh! no, perdón: es que en León, los semáforos adquieren un tono rojo-verdoso que vuelve daltónico a cualquier conductor) pffffffffff :)))
    Nos fue a buscar, digo, con su eterna sonrisa de niño malo y nos dejó casi al lado de la catedral. Quedamos en que por la tarde, en cuanto él acabara el trabajo, nos llamaría para tomar un café y para devolvernos al Burgo ranero.

    La catedral de León, estilizada, repleta de público en esa mañana de Pascua de Resurrección, nos recibió con sus bellas vidrieras que invitan a la contemplación – sin gente- y a que algún Óscar cualquiera se instale en el órgano para deleitar a las almas viajeras, a golpe de Bach, por ejemplo. Pero no estaba Óscar. Y la gente hablaba y la gente que oía la Misa lo hacía sin esa devoción que parece que debería desprenderse de la gente creyente, que va a misa para recogerse y pensar en ese Dios que les mantiene en pie en sus vidas cotidianas. Pero no. La gente, endomingados unos, con pinta de progres sacados de los años 70 los otros, algunos con sus bermudas y sus cámaras fotográficas al hombro ellos y con sus pantaloncitos cortos, piernas blanquísimo-inmaculadas y rebequita de punto para disimular ellas, practicaban turismo verbenero dentro de la sagrada nave. Ahí me apetecía ver aparecer a ese Jesús de mis ensueños, látigo en mano, para echarlos a todos, incluida yo misma, que me embobaba en la contemplación – una vez más- de lo que de artístico tiene el recinto, importándome un bledo lo que se cocía desde un altar lleno de curas con sus impecables vestiduras pretendidamente sagradas, que parecían sacados de una revista “sacred-fashion”, así les lucían los bodys. Con todos mis respetos.

    Entre toda la fauna, había un hombre con una túnica blanca y lila que llamó mi atención. Como que fui sorprendida y atrapada por su mirada, con la mejor de mis sonrisas disimuladoras del pitorreo que llevaba dentro, le pregunté amablemente: – Por favor, puede informarme si la Procesión es después de la Misa o si ya la han hecho antes?- El hombre pareció complacido ante mi interés y me dijo que no, que empezaría después de la misa y que él iba a salir en ella. -Muchísimas gracias, es usted muy amable- dije. Y le vi tan convencido que mi pitorreo se tornó en un profundo respeto.

    Subida en un banco, ya fuera de la catedral, me dispuse a ver como salía la procesión de Resurrección y con un pasmo absoluto, veo un grupo de lo que en mi pueblo se laman “Manolas” (mujeres vestidas con sus mejores galas pantojeras y con peinteas y mantillas blancas, con unos libros en la mano, parecidos a los “Misalitos Regina” de mi infancia, algunas con rosarios preciosos, con unos tacones de aguja que impresionaban y que me hicieron acordarme de mis pies, metidos en las zapatillas de deporte, con sus puntitos erótico-morados). No hice comentarios, pero por dentro me regocijaba de ver el espectáculo. Los que llevaban los pasos (bonitos por su decadencia) iban más contentos que unas Pascuas – ya les vale, es Domingo de Pascua- y entendí que las Manolas probablemente estaban orgullosísimas de pertenecer a una élite que las “dejaba” asistir con esas galas. Más tarde, Javi me confirmaría que así es. Que sólo pueden salir en la procesión hijas de buena familia, hijas de personajes importantes.

    Una vez más me resultó curiosa la combinación “religión-poder-economía-cutrez”. Pero siempre, lo juro, con el mayor de los respetos. En realidad, me quedé extasiada – a mi pesar- ante lo que tenía de ceremonia, ante lo que había de devoción popular, turismo aparte. Como que no teníamos nada más que hacer, seguimos el cortejo dando vueltas por las calles cercanas a la catedral. No voy a ocultar que varias veces me quedé mirando a los engalanados soldaditos con sus gorros (que no sé como se llaman) que me recordaron unos gorritos de papel que les puse a mis parvulitos una vez en un disfraz de Carnaval, adornados con plumas (en mis parvulitos las plumas no eran nada más que papel pinocho blanco, recortado a golpe de tijera por deditos inexpertos e infantiles). Mis soldaditos, además, obsequiaban a los boquiabiertos papás, abuelitos y demás parentela con una versión parvulítica del “Soldado de Nápoles”, es decir, desfilaron al son de esa cancioncilla zarzuelera. No así los soldados procesionales (no creo que esa palabra exista, pero voy a actuar como Juan Ramón cuando inventaba palabras… o no era él?). Esos estaban buenos, nada más, pero no bailaban (qué pena).Sólo marcaban el paso a ritmo de un Himno a la Alegría interpretado por bandas-de-colegio, algunos incluso con gaita. Lo pasé genial e incluso hablé con Dios: “cómo te lo montas, tío, me encanta!… ¿por qué no me quieres a mí, eh?”

    Lo pasé bien. Hacía un calor de demonios y cada vez que miraba a un soldadito me daba mucha penita, por lo que tenía que aguantar (nosotros íbamos tan ricamente con la ropa de abrigo en la mano y luciendo brazos a través de camisetas semi-veraniegas. Ellos, sudaban la gota gorda). Pero estaban tan satisfechos que la pena se transformaba en una admiración de “Mi querida España, esa españa nuestra,esa España…” Lo pasé bien, lo juro.

    Y mis pensamientos negativos acerca de si mi pretendida alergia era psicosomática se trocaron en pensamientos festivos, en una ciudad preciosa que había olvidado por completo.

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  3. 2009 Agosto 8
    La hospitalaria Enlace permanente

    DIARIO DE MONSTE, PEREGRINA ÉPICA, POR LO QUE VOY LEYENDO… LITERATURIZADO AL CATALÁN…

    6-10-01
    Reliegos-Mansilla de las Mulas-León
    (24 km)

    Salimos a las 7 h. de la mañana y en una hora y media aprox. nos encontramos en Mansilla de las Mulas. Desayunamos en una pastelería y continuamos el camino. El paisaje empieza siendo precioso, pero a medida que nos vamos acercando a León se va volviendo “urbano”, lleno de fábricas, descampados feos y llenos de materia urbana de aquella que ninguna ciudad desea tener “dentro” y que se va acumulando en las afueras.

    Mis pies empiezan a resentirse del peso de la mochila y eso que esta vez es JSalvador quien lleva el peso más grande. Su mochila pesa 11 kg, mientras que la mía no llega a los 6 kg. Aun a pesar de ello, como digo, los pies empiezan a resentirse.

    Llegamos bastante bien al refugio de León. Aquí hay más gente, seguramente peregrinos que la noche pasada han dormido en Mansilla. Nos duchamos y JSalvador masajea mis “puntitos” con alcohol de romero (craso error)… descubrimos con horror que los puntitos “hierven”. Nos da por leernos las instrucciones que hay en la misma botella y vemos que el alcohol de romero (supongo que cualquier tipo de alcohol) está absolutamente contraindicado para las afecciones cutáneas, ayssss… Me ducho de nuevo y me aplico una hidratante cualquiera, pero los puntos están ahí, amenazadores, lamadrequelosparió.

    Paso de todo, me calzo las zapatillas y nos vamos a ver a Javi, con el que ya habíamos quedado para comer. El muy “impresentable” no se deja invitar, al contrario, nos invita y comemos opíparamente, mientras comentamos cosas de la gente del canal ( creo que no nos dejamos a nadie por “repasar”, jisjisjis), nos reímos, arreglamos el mundo de Bush y de Bin Laden e incluso el nuestro propio y confirmamos una vez más la riqueza que representa – si, también en euros ;) – tener amigos como él…

    Nos separamos de Javi y paseamos por León. Están celebrando un mercadillo presuntamente medieval: cuatro “payasos” haciendo el ídem y vestidos probablemente en “Menkes” , hacen las delicias de los pequeñajos, caminando en zancos, mientras los mayores se ven inducidos al consumo más vil de cuatro chorradas que no necesitan para nada… ¡menuda excusa el mercadillo medieval – finalmente, la sociedad de consumo está ahí y mira… la tomas o la dejas, a elegir!

    Cuando nos cansamos de dar vueltas volvemos al refugio. Lavamos (lavo) los calcetines y aprovecho para escribir un ratillo. Salimos a cenar algo y a la vuelta, la hospitalera, Raquél, nos invita al acto de bendición de peregrinos, que va a tener lugar en la capilla. Yo me apunto, pero JSalvador se queda porque está prácticamente dormido ya.

    Bajo sin entusiasmo, pues estoy muy cansada, pero luego me alegro de haber estado allí. Las monjas carbajalas (o carvajalas) se esfuerzan en cantar pero las pobrecillas no dan ni una nota … jamás había oído la Salve regina tan desentonada, pero no importa. Lo que importa es la intención e incluso yo misma uno mis trinos de pájaro disfónico a los de las esforzadas monjas. Descubro con satisfacción que a medida que voy “cantando” voy recordando la letra. No me falla, pues, la memoria, después de tantos años.

    Cuando acaba la bendición, Raquél y Joaquín se acercan al altar y empiezan a hablarnos. Raquél es una mujer muy joven, habla poco, pero lo que dice llega. Joaquín es un hombre más o menos de mi edad, o sea JOVEN (risitas, abstenerse)… padre de familia y que decició hacerse hospitalero voluntario. En este momento está haciendo el camino por cuarta vez (mandan narices, y a él no le salen puntitos en ningún sitio)…

    Las reflexiones que nos hacen van encaminadas, naturalmente, a la fe cristiana, pero, como siempre, una descubre en su interior algo latente que la razón invita a desechar, pero que el corazón acaba imponiendo como algo aprendido, cultural, pero que en cualquier caso, puede que no sea desechable del todo y más teniendo en cuenta cómo está nuestro mundo… algo que empuja desde dentro y que te hace apreciar todo lo que tienes en tu entorno y ver la vida como un magnífico regalo que no hay que despreciar…

    Estaba yo tan ricamente con mis pensamientos mezclados con las palabras de Raquél y Joaquín, pensando que en 10 minutitos nos íbamos a dormir, pero quiá! en éstas, se oye el timbre de la puerta. ¡El resto de la comunidad! Las monjitas (la mayoría de ellas) habían estado de “juerga” ese día, pues andaban de picos pardos por Sto. Domingo de Silos . Esto es lo que nos comentó la Superiora, mujer joven, puesto que no creo que llegara a los 70 ;)

    Total, resumiendo: ocho comunidades femeninas habían pasado el día en Silos, con una comunidad masculina (ejem) y llegaban dando gracias a Dios (ellas sabrían por qué)

    Bromas aparte, parece ser que se estaba celebrando el milenario del santo (de Sto. Domingo). Y ahí empezó “el sermón”, diosbio, con el sueñecito que yo acarreaba!

    Habló la Hermana Portera, habló la hermana Superiora, habló … hablaron 4 o 5 y el discursito de cada una de ellas duró como 10 minutos, así que me salió la bendición de peregrinos por un par de horas largas, minuto arriba, minuto abajo. Ahí yo ya estaba por irme, pero como que la puerta me pillaba muy lejos, señores, tuve que quedarme hasta el final, so pena de ser considerada una infiel, aparte de grosera. Así que aguanté como una jabata. (Vuelvo a repetir que, bromas aparte, estuvo muy bien).

    ¡Por fin podía pillar la cama! ¡Por fin podría dormir!…. ¡y una leche!, mi gozo en un pozo, porque las motosierras estaban ya funcionando. Aysss! Claro! Cuando me duermo antes que los roncadores, no hay problema. Pero a ver: ¿alguien ha podido dormirse si los roncadores han empezado ya su trabajo? ¿alguien puede tirar la primera piedra? Ahh, amigos, pues esa fue mi noche, santo sielo! Y encima, el chico murciano – ese con el que no había feeling- se pasó toda la noche chasqueando la lengua a ver si podía parar a las motosierras. Pero no. Todo intento fue vano e inútil.
    En fin, de todo tiene que haber en la viña del Señor. Y en aquella viña llamada Refugio de las Carbajalas o Carvajalas (al final tendré que acudir al diccionario o a la guía, pero es que me da pereza) ese día había concierto y estaba escrito que no se podía dormir…. ¡aaaarrrgggg!

    Supongo que al final me dormí, porque sólo recuerdo el despertar.

    http://laltreblogdelarare.blogspot.com/

  4. 2009 Agosto 9
    María Camino Enlace permanente

    DE LAS VIVENCIAS DE WILLIAM RAMOS….

    Etapa muy larga y muy fea… 38 kilometros decidimos fragmentarla en dos, desde el Burgo hasta Mansilla de las mulas y al otro dia en direccion a Leon, en Mansilla seguiamos igual, conociendo mucha gente, la etapa tambien dura, mucho sol, poca sombra… Al otro dia temprano emprendimos el camino nuevamente hasta llegar a Leon… una ciudad impresionante, muy grande.. con mucha historia… Fue triste para mi, ya que el gringo se quedaba en Leon, no iba a continuar el camino, ya que tenia otros planes, se iba a ir a San Sebastian, a la costa para acampar en la playa y quedarse unos dias… la etapas hasta Leon fueron muy duras,no tanto por lo larga sino por las planicies, habia poco bosque y la entrada desde el pueblo anterior hasta Leon es muy mala, ya que tienes que cruzar toda la ciudad,vas caminando en plena calle, todos los vehiculos te pasan a mil por horas y solo estas viendo centros comerciales… En lo unico que pensaba entre los 9 kms que dividian el ultimo pueblo hasta llegar a Leon era en encontrarme un restauransito Turco donde vendan Kebabs… y asi fue… el gringo y yo ibamos con la boca babeando del hambre y locos por encontrar los kebabs… Me encontre con unos amigos Mexicanos que habia conocido etapas anteriores ya entrando a Leon y les pregunte si sabian de algun sitio de kebabs, efectivamente, ellos venian de comerse unos…me explicaron donde estaba y fuimos corriendo al sitio… tremenda jartura… luego de saciarnos y de quedarnos un rato hablando, decidimos explorar un poco la ciudad… y ya luego nos despedimos… se puede decir que aprendi mucho de el, es una persona muy abierta, un gran mitico…me apene por que me quedaba solo de nuevo, pero, tambien me alegraba pues, siempre que me quedaba solo, estaba mas abierto y siempre venian cosas nuevas… Ahora solo esperaba a ver que sucedia…el momento de nuestra despedida y a la ves otra bienvenida…. el mismo dia decidia seguir caminando, no queria quedarme en Leon, ya que preferia estar quedarme en pueblos mas tranquilos y con menos gente… En Leon hay mucho ruido y es un ambiente muy diferente a la tranquilidad y la paz que el camino te brinda en todas sus etapas…

    http://porsiempreperegrino.blogspot.com/

  5. 2009 Agosto 10
    María Camino Enlace permanente

    DEL DIARIO DE DOS AMIGOS QUE CRUZARON UN OCÉANO Y HEROICAMENTE ANDARON LOS PIRINEOS…

    Notas de viaje, sábado 05 de agosto de 2000.

    Nos levantamos a las ocho, desayunamos un opulento buffet, vamos hasta el correo a dejar unas postales y la caja, y volvemos hasta la estación a tomar el autobús hasta León. Llegamos a León pasado el mediodía, tenemos pasaje para Ponferrada a las 14:30, lo que no nos deja mucho tiempo para recorrer la ciudad. Decidimos visitar la Catedral, tomamos un taxi que nos dejó a un par de cuadras, y cuando llegamos a la plaza descubrimos un cartel que informa que la entrada a la Catedral está “cerrada por reformas”, a uno le gustaría pensar que en todo caso estará cerrada por restauraciones y no por reformas, aunque con esta gente nunca se sabe… El hecho es que nos quedamos afuera (… y van). Recorremos la plaza, tomamos algunas fotos de la catedral, un imponente edificio gótico del siglo XIII en granito regrenido por los siglos (luego alguien me explicaría que los siglos no oscurece la piedra y sí lo hace el hollín de los automóviles) que destaca por la delicadeza del entramado de arcos y arbotantes. La catedral orienta su pórtico hacia Jerusalén y es famosa por sus 1800 metros de vitrales que desparraman un mosaico de luces y colores en el interior de sus naves.

    Nos lo perdemos y la escasez de tiempo también nos obliga a perdernos la basílica románica de San Isidoro, famosa por el Panteón Real que arropa las reliquias del santo.
    Volvemos a la estación de autobuses y partimos para Ponferrada.

    http://ultreiafinisterre.blogspot.com/

  6. 2009 Agosto 17
    María Camino Enlace permanente

    Calle Ancha

    Me acomodé en el “Hotel Paris”, situado en la Calle Ancha #18. Las mesas y sombrillas a la izquierda de la foto, están a la entrada del hotel, situado en el centro de la ciudad, enclavado en una zona histórica y peatonal, a tan sólo cien metros de la Catedral y de la Basílica de San Isidoro.

    Fue muy alegre el reencuentro con muchos peregrinos que hacían días que no veía. Nos pusimos al día sobre los eventos ocurridos en días anteriores. Quienes siguen, quienes tuvieron que abandonar el Camino, anécdotas y comparaciones de quienes tienen las ampollas y pies más lastimados.

    Acompañandome de izquierda a derecha, Maura y Laura de Irlanda, Aaron de Canada, Judy de U.S.A. y Besnd de Austria.

    Casa de Botines

    Obra de Antonio Gaudí, y con las particulares y muy características formas de este genial arquitecto catalán, este edificio alberga hoy día la sede de “Caja España”. Su construcción data de finales del siglo XIX, y de uno de sus promotores, Botinás, y por deformación popular, le viene el nombre de “Casa Botines”. Sentado frente a ella, en un banco de la plazoleta, una figura de Gaudí parece tomar apuntes de su propia obra, bajo la atenta mirada del público.

    Catedral

    Situada en la Plaza de Regla, en la que desemboca la Calle Ancha, la Pulchra Leonina, cuya construcción se inció en el siglo XIII, trae a León las líneas del gótico francés, en el que se inspira, recortando contra el azul del cielo sus estilizadas formas, coronadas de pináculos y apoyadas en arbotantes. Ningún detalle, desde el reloj de la torre sur hasta la última de las gárgolas, es superfluo, y sin embargo, todos quedan difuminados ante la mágica luz que inunda en el interior las tres naves y el crucero que la atraviesa. 1,800 metros cuadrados de vidrieras en 182 ventanales que filtran y tamizan la maravillosa luminosidad del exterior, creando un juego de colores difícilmente comparable.

    Al frente de la catedral me encontré con Magdalena de Hungría, la cual hacía varios días que no veía. Después me encontré con ella en varias ocasiones hasta la llegada a Santiago de Compostela donde compartimos y celebramos la culminación de nuestro Camino.

    Colegiata de San Isidoro. En la plaza del mismo nombre, esta joya del románico, construida en el siglo X, está flanqueada por restos de la muralla romana. Destacan en la fachada la “Puerta del Cordero” y la “Puerta del Perdón”, y en su interior, de manera fundamental, la sala del “Panteón de los Reyes”, donde se encuentran las sepulturas de reyes y nobles leoneses, y en la que se puede admirar la colección de pinturas murales que le han valido a este monumento el sobrenombre de “Capilla Sixtina” del románico. Por su parte, el Museo guarda alguna de las piezas más emblemáticas del arte histórico leonés, como el cáliz de “Doña Urraca”, o el arca de las reliquias de “San Isidoro”, joya de la orfebrería románica.

    Plaza de San Isidoro.

    En la Plaza de San Isidoro se encuentra un gran restaurante italiano llamado “Boccalino” . Cené con Maura, Laura y Ginger mientras disfrutábamos de una preciosa puesta del sol.

    Después de la cena nos reunimos con Aaron y Besnd, y nos fuimos de tapeo por varios bares de la zona histórica de León

    Esperando el show de luces en la Catedral a las 12 de la noche. Apagan todas las luces de la Plaza de Regla y prenden las luces interiores de la Catedral y desde fuera se puede observar la preciosidad de los cientos de vitrales de la Catedral.

    Concluyó un día muy interesante y alegre en mi peregrinación. Me volví a encontrar con mis amigos peregrinos a los cuales extrañé mucho en los últimos días. Lo único que me entristeció fue que en el “Café Europa” localizado a mis espaldas en esta foto y al costado de la Catedral, me encontré con Alexandra Khan, la peregrina alemana que hacía muchos días que no veía. Alexandra me comentó que al día siguiente tenía una cita con un doctor local para ver si podía continuar el Camino, pues había sufrido mucho de las rodillas y además le estaba afectando una infección de la piel. Esa noche nos despedimos y jamás nos volvímos a encontrar. Buen Camino Alexandra!

    Debido al cansancio que arrastro de los últimos días, hoy me quedé dormido hasta tarde. Gracias a Dios que el bullicio peatonal de la Calle Ancha me despertó a las 10:00 A.M. y rápidamente me preparé para empezar mi Camino. Algo inusual para un peregrino comenzar a caminar a éstas horas. Desayuné un pan con tortilla de chorizo y café con leche en la Cafetería Paris y me despedí de esta bella ciudad de León.

    http://www.juanmiguelgrau.com/camino_de_santiago

  7. 2009 Agosto 18
    María Camino Enlace permanente

    DEL DIARIO DE ZODIACO CON QUIEN ME REENCUENTRO DESPUÉS DE HABERLO LEÍDO EN LA PRIMERA ETAPA DE SU RECORRIDO, HACE UNOS DOS AÑOS…

    Más de dos años han pasado desde que comencé mi Camino de Santiago en Roncesvalles, a finales de octubre de 2005. En aquella ocasión recorrí los primeros ciento cincuenta kilómetros del recorrido, entre la población pirenaica mencionada anteriormente y Logroño. Fue una experiencia inolvidable; el comienzo de un sueño que surgió en mi mente el año anterior, en 2004. Pasaron unos dieciocho meses hasta que retomé el Camino de Santiago en la capital riojana. En aquel entonces, Semana Santa de 2007, anduve unos trescientos kilómetros atravesando pueblos riojanos, palentinos, burgaleses y leoneses hasta alcanzar la mágica ciudad de León. Regresé a casa sumando entre mis dos escapadas unos cuatrocientos cincuenta kilómetros de amaneceres, calores, fríos, prados, villas, gentes, experiencias, apuros, miedos, alegrías, tristezas…

    Hoy, día de San Esteban, me decido a hacer un trueque: renuncio a unas descansadas vacaciones navideñas, a una Nochevieja en familia, a la comida de Año Nuevo y al Roscón de Reyes. A cambio, opto por ir a pasar frío, caminar por las solitarias sendas invernales, exponerme a posibles nevadas, todo ello por cumplir un viejo sueño surgido unos años atrás: realizar la ruta francesa del Camino de Santiago, entre Roncesvalles y Santiago de Compostela. Movido por esa ilusión que producen los sueños y locuras, irracionalmente abandono el cálido hogar para realizar una sufrida peregrinación, más aún en esta estación del año debido a la soledad, las pocas horas de luz y las rigurosas condiciones meteorológicas.

    Me levanto a las siete de la mañana impaciente por coger el autobús. Éste emprende la marcha a las nueve menos cuarto. A las cuatro y media llego a Burgos, donde cojo otro autobús que me deja en León unas horas más tarde. Desde la estación, cruzando al otro lado del río, me dirijo al centro de la ciudad. Junto al Ayuntamiento hay un belén, mucha gente y algunos animales vivos: burros y ovejas. En un escenario aparecen diferentes personas con vestimenta leonesa y cantan algo relacionado con el Ramo de Navidad. En el interior de un edificio de Gaudí llamado Casa de los Botines visito una exposición que cuenta con animales vivos de todos los continentes, como por ejemplo serpientes o insectos palo. Hay unas paradas donde venden artesanía sudamericana, juegos de ingenio, cuadros y cosas por el estilo. Me llama la atención un jersey de Alejandría que tiene un precio de 24 euros. Por un euro adquiero cuatro minerales: Turquesa del Nepal, Siderita de Almería, Auricalcita de León y Magnesita de Lugo, los cuales harán el Camino de Santiago en el interior de mi mochila (espero que no se destrocen durante el viaje). Contemplo la cercana Catedral de León, ya ha anochecido y resplandece en la oscuridad. En el aparador de una tienda cercana quedo cautivado ante un conjunto de automatismos que representan una pista de hielo, una montaña rusa, un tren, una estación de esquí, unos carruseles y otras situaciones diversas a escala reducida.

    Preguntando logro llegar al albergue donde me sellaron la credencial el pasado abril, situado junto a una iglesia, pero me indican sobre el mapa que me debo de dirigir al albergue municipal pues ellos están fuera de temporada. Allí, la joven de recepción me anota los datos, me cobra tres euros, me sella la credencial y me da la llave de la habitación número seis, donde hay alojado un vitoriano que está fuera en estos momentos. Se trata de un largo pasillo con numerosas puertas a habitaciones de ocho plazas. Al comienzo del mismo tenemos los aseos (con numerosas duchas), mientras que al final se encuentran dos salas: el comedor (con nevera y microondas) y la sala de lectura y televisión (con sofás, libros, vídeos). Me informo de que con el DNI (sin carné de alberguista) se pueden pasar en él todas las noches que se quiera, al precio de seis euros para menores de 25 años y diez euros el resto de personas.

    Antes de dormir me encuentro en la habitación con Jose Antonio de Vitoria, quien comenzó ayer su Camino desde el Burgo Ranero, lugar en el que tuvo que dormir en el hostal (10 euros) ya que el albergue está cerrado en esta época. En la habitación estamos sólo los dos. Hay otros cuatro peregrinos durmiendo en otras habitaciones. Con las luces apagadas, cómodos en el interior de los sacos, nos congratulamos de dormir en tan cálido y cómodo albergue. Deseamos que todos los días tengamos un lugar así para pasar la noche, ya que en esta época del año va a haber muchos albergues de peregrinos cerrados. Nuestra imaginación vuela con lo que está por venir. También nuestros pensamientos están enfocados en el Camí dels Amics de Núria, el Camí dels Bons Homes y en si tendremos tiempo suficiente para recorrer los algo más de trescientos kilómetros que nos separan de Santiago de Compostela antes del día de Reyes, ya que las obligaciones laborales sólo las hemos abandonado temporalmente hasta esa fecha. Duermo plácidamente en tan buen lugar a la espera de que llegue un nuevo día para reanudar mi caminar: la tercera y última acometida hacia la tumba del apóstol…

    http://zodiaco.madteam.net/relatos/2008-01/dia-16:-26-12-07:-badalona-%E2%80%93-leon/

  8. 2009 Agosto 19
    María Camino Enlace permanente

    DEL DIARIO DE UNA PEREGRINA…

    Perdiéndome en León (19-08-08)

    Buenooooo, no os lo vais a creer… después de haber viajado sola unas tropecientas veces en tren, avión, autobús, metro etc, etc… va y mi primer día de aventura continúa sorprendiéndome… jejeje.

    Resulta que tenía billete para coger el Alvia a León salida 18.30, llegada aprox. 21.30… a las 18.25 Miro el tablón de información de trenes y veo: LEÓN 18.30 VÍA 7… Allá que me voy… cuando bajo y veo el tren… me quedo extrañada… y pienso: ” Este tren no se parece mucho al Alaris”, pero digo, bueno… y qué más da… subo y busco mi vagón, que es el octavo, y resulta que el tren sólo tiene 3… y pregunto a un viajero y me dice que da igual dónde me siente. Entonces, me siento, hacía un poco de calor… me fijo en que el tren no tiene tv, pero la verdad es que me da bastante igual… viene el revisor y nos dice que cambiemos de vagón porque no funciona el aire acondicionado. Me cambio y me voy al último que no hay casi nadie… para estirar las piernas ;-) ya me entendéis no? Y el tren sale… ya estoy camino de León, yo contentísima de que no hubiera apenas gente en el tren, pues el viaje iba a ser muy tranquilo… y viene de nuevo el revisor, me pide el billete y cuando se lo enseño me dice que me he equivocado de tren, que estoy en un regional y no en el Alvia de alta velocidad… así que me quedo con la boca abierta aaaaahhhhhh!!!! pero en el fondo digo, pues mira, así veré más paisaje, porque va más despacito… sí sí… más despacito… y tanto… como que paraba en cada pueblito… y la hora de llegada a León… vamos ni idea pero que ni idea… me decían algunos viajeros que como una hora y media más tarde… y la verdad que en ese momento no me preocupo. Otro chico me enseña su billete y me dice que a él también le ha pasado lo mismo, así que me siento un poco mejor de no ser la única pardilla que se ha equivocado.

    Vamos, es que poner 2 trenes a León a la misma hora… a quién se le ocurre! yo estuve buscando un tren más modernete pero ni rastro sólo vi ese al cual me subi, y que me recordaba al tren con el que iba a Gandía… y así era…

    Pero la verdad que el paisaje mereció la pena, vi Ávila y también el castillo medieval más grande de toda España, el castillo de la Mota en Medina del Campo, donde murió Isabel la Católica, eso desde el Alvia, ni soñarlo! jajaja, así que eso, con tranquilidad me lo tomé y a disfrutar del viaje…

    Un poco de lectura… unas risas con Arturo, un niño de 9 años, que va a 5º de primaria, le gusta el fútbol, está loco por el tenis y Nadal y encima toca el violín! Arturo viajaba por primera vez en tren, y su madre lo llevaba en el regional para que viera más cosas, el pobre después de 2 horas de viaje y de jugar al solitario, ya estaba aburrido, se ponía las gafas de sol de su madre y empezaba a hacer caras, así que me reía con él, me ofreció un chicle, le dije que sí, y le dije si quería jugar, así que nos pusimos a ello. Al tute, al ‘culo’ sí, es un juego de cartas sí, y además está difícil eh? Luego a la escoba, y jolines, el niño, un experto, claro, tiene un hermano de 15 años que le enseña, eso y muchas otras cosas más. Su madre también es un encanto, y me dice: ‘Qué envidia!’ poder viajar tú sola… me ofrece un trozo de chocolate grande y un brioche de leche, pues sabe que llegaré tarde a León, ellos se bajan en Palencia, y lo acepto encantada, pues en el tren ni asomo de cafetería ni nada que se le parezca.

    Ha sido un viaje divertido pero a medida que pasaba el tiempo y de que iban pasando las horas, empiezo a preocuparme por el hospedaje…

    ¿Y dónde diablos voy a dormir? Tenía pensado ir al albergue del convento de las Carvajalas que está en el casco Antiguo de León… pero a las horas que iba a llegar… Entonces llamo por teléfono y me dicen que me dejan entrar máximo a las 22.15 de la noche, así que me dicen que reserve una habitación en el hostal. Uf! Menos mal… me dan las instrucciones para llegar, más o menos a 20 minutos de la estación y le digo que llegaré sobre las 23 horas (creo). Así que ya me quedo más tranquila.

    Fin del trayecto 23.40 horas en León. Llevo 12 horas de viaje… y estoy un poco cansada, me bajo del tren y charlando con Salva, de Murcia, el chico que también se ha equivocado de tren, me dice que su hostal está de camino al mío. Así que me dice que deja su maleta y que me acompaña al albergue. Me parece un detallazo, le digo que no son horas, pero me dice que se queda más tranquilo, así que me acompaña y nos despedimos hasta la vista. Una señora me abre y me da la llave de la habitación que me cuesta 26 euros, así que pienso que seguramente me quede en León un día a pasear y así de paso descansar del viaje y prepararme para comenzar el camino.

    Y así lo hice, me fui a tomar unas cañas con unas tapitas buenísimas de embutido y queso en un bar con musiquita rockera y todo, un lunes por la noche. 2 euros y medio! Al lado había un pub que se llama ‘Delicatessen’ en honor a la peli francesa de Marc Caro y Jean-Pierre Jeunet con la que me reí un montón, así que antes de volver al hostal entro en el pub a echar un vistazo, veo el cartel de la peli, la música no es especialmente buena, pero tiene una terraza en el tejado muy bonita, pero estoy muy cansada así que me voy ya hacia el hostal que esta a 2 calles.

    De camino, me encuentro con 3 peregrinos, una chica y 2 hombres, que van un poquito cocidos, y me preguntan por la plaza de toros, yo les digo que ni idea, pero sí sé que por allí está el albergue municipal. Se lo pregunto y efectivamente se dirigen allí. Me dicen que tienen reservada cama, qué suerte, me dicen que si me quiero ir con ellos, y que me lo pasaría muy bien con ellos en el camino, pero yo ya tengo la habitación pagada, así que les digo que no. Además querían levantarse a las 5.30 AM para caminar y eran ya la 1.30 de la madrugada! Ni loca! Ya que pago una pasta por la habitación, pues si duermo 8 horas mejor que mejor….

    Y así ha sido, me vais a llamar dormilona, pero me he levantado a las 11… Realmente lo necesitaba, el sábado dormí 4 horas, y el domingo otras 4… Eso es una de las ventajas de viajar sola, que haces lo que quieres, jejeje!!!

    Bueno, y hoy pues de turista accidental por León, en plan tranqui, me he dado una buena ducha y me he ido al albergue para reservar cama, dejar los trastos, y oficialmente empezar el camino con mi primer cuño en mi acreditación de peregrina.

    Paseo por el casco antiguo, Catedral, Palacio de los Guzmanes, la casa de los Botín de Gaudí, etc…. y mucho más que voy a ver…. y disfrutar….

    19 de agosto de 2008.

    Después de visitar los principales monumentos, incluida la catedral, cuya entrada era gratuita, me siento a tomar un helado para admirar las vistas de ésta y sin poder evitarlo, escucho la conversación de unos chicos que se sentaban en la terraza del bar de al lado, que charlaban sobre los peregrinos y sus circunstancias, de dónde dormían, de que la credencial la adquirían en la ciudad en la que iniciaban el camino, etc. y como ya sabéis que a mi me gusta entablar conversación siempre que puedo… pues aprovecho la ocasión para explicarles sobre el tema en cuestión, del que en esos momentos tampoco se puede decir que fuera una experta.

    El caso es que hablamos sobre sitios donde comer en León y les comento que en el barrio húmedo es el sitio ideal, y tal y tal…

    Me despido pues quiero seguir inspeccionando la ciudad, y me voy a dar un paseo. Me quedo maravillada con una tienda medio pija medio hippie que me atrae por unos pantalones y faldas orientales que me llaman a gritos… como si la fuerza de gravedad hubiera cambiado de dirección hallá que me adentro yo… unos bolsos de todos los colores y estampados me decían ‘cómprame!!!!’ y no pude resistirme…

    De verdad que la riñonera que me dejaste Jesús me ha sido muy útil durante el camino, pero cuando descargas mochila y te vas a pasear… pues como que me apetece perderla de vista. Y no pensé en llevarme un bolsito de tela que no pesa ‘na’… así que hice mi primer y último shopping del camino. Un bolso de tela mega-chulo, perdonar por el lenguaje, pero es que me encanta! por sólo 10 euros, y bien útil que me ha sido, si no iba a parecer una gorrillas en todas las fotos del camino, y eso para una chica como yo… uf… es difícil de asimilar… ya sé que me vais a poner verde, pero me da igual…

    Nada más salir de la tienda, meto la riñonera dentro del bolso, y ya me siento más mujer ;-) y mucho más cómoda caminando por León.

    Me dirijo hacia el casco antiguo de nuevo, en dirección al albergue, cuando por una ventana de una taberna me llama Víctor, un chico del grupo que había conocido en la heladería. Me adentro en el bar y me invitan a una copita de vino de El Bierzo, con unas croquetas buenísimas de jamón y bechamel… y como es de imaginar ellos ya se han bebido unas cuantas antes, así que empiezan a contarme su viaje a lo largo y ancho de la península en su 2 caballos y su 600.

    La verdad pensé que tenía mucho mérito cuidar un coche que tiene tantos años y hacer tantos kilómetros, sin aire acondicionado, elevalunas, dirección asistida… y lo bien que se lo pasaban, lo orgullosos que se sentían, es para estarlo (cómo echo de menos mi karman, snif snif!).

    Yo todavía no me había hecho una idea de lo que me esperaba en el camino :-)

    Gracias chicos por hacerme pasar una tarde tan divertida.

    Después de compartir conversación con los chicos de Almoradí por fin me voy al albergue a echar una siestecita, por eso de estar más fresca para empezar el camino. Y media horita más tarde me despierto y una chica me dice si me apetece ir a cenar con ella y un grupo de amigos que ha hecho durante el camino. Le digo que sí, y nos vamos en busca de un lugar con menú del peregrino, vamos al restaurante ‘El abanico’ que no recomiendo mucho la verdad, no es de los mejores sitios donde he cenado. Pero cuando hay hambre ya se sabe…

    El grupo es bastante majo: Logroño, Girona, Madrid, NYC, Italia y una peregrina novata valenciana que se une para iniciar su camino a la madrugada del dia siguiente.

    A las 21.30 salimos pitando del restaurante pues el albergue tiene toque de queda, si hubiera elegido el municipal no habría problema… pero por otro lado tengo la ventaja de dormir en una habitación con sólo mujeres, y no hay ronquidos significativos.

    La vista desde mi litera es divertida, me recuerda cuando era una niña y me iba de campamento con los juniors, y me alegro de haber elegido la parte de arriba de la litera, donde me llega el aire que entra por las ventanas…

    Me siento tranquila y a la vez inquieta, con ganas de empezar la primera etapa del camino.

    Mañana primera etapa León-Villar de Mazarife

    http://blogs.lasprovincias.es/diariodeunaperegrina/archive

  9. 2009 Agosto 19
    La hospitalaria Enlace permanente

    Año Santo Compostelano.
    A UNOS 600.000 PASOS (1)
    Por Juan José Alonso Escalona

    Jueves 7 de agosto: Mansilla de las Mulas-León
    Bajé muy temprano a los servicios del patio; aún no había nadie. Me aseé y subí a recoger mi equipaje. Lo puse fuera del cuarto para no despertar a los menos madrugadores y pasé a desayunar a la cocina. Café con leche y bollos. Me eché la mochila a los hombros y con optimismo acometí la nueva jornada.
    Es realmente hermoso el puente de ocho arcos u ojos de diferentes siglos. Desde él se divisa una magnífica panorámica del recinto amurallado. Por debajo corre el Esla, caudaloso y bastante limpio. Sus orillas son auténticas riberas rematadas por prados y árboles. A esas horas de la mañana, con la niebla aún pegada a su cauce, más parecía un cuadro romántico que una auténtica realidad.
    El resto de la andadura hasta Villamoros se hace por el arcén de la carretera, pero después de haber tenido la anterior experiencia, preferí seguir por la izquierda de la carretera, entre huertos y matorrales. Hubo un momento en que creí que tenía que dar la vuelta, ya que entré en un terreno pantanoso, muy resbaladizo y encharcado. Al final encontré una estrecha repisa menos húmeda por la que pude superar el obstáculo.
    En Villamoros salí de nuevo a la N-601. El tráfico era muy intenso y la cuneta muy estrecha; este tramo desde luego no invita a rezar.
    Al llegar al Puente de Villarente, sobre el caudaloso río Porma, la dificultad crece por la longitud del mismo -consta de 17 ojos o bóvedas-, y por lo angosto de su trazado. Hubo momentos en los que tuve que refugiarme contra el pretil para que pasaran los camiones. Es una lástima, pues el río Porma ofrece un espectáculo muy parecido al del río Esla.
    Abajo, en sus orillas, existe una gran pradera bajo un espeso arbolado, digno de ser visto y gozado.
    La densidad del tráfico y lo peligroso de circular por él no permitía el detenerse ni recrearse con su vista. El Codex Calixtinus, al nombrar este Puente, lo califica de enorme.
    La población de Puente Villarente se tarda en atravesar un cuarto de hora.
    César, al que ya le viene tirando su tierra -desde Burgo Ranero- me ha dado alcance en el Puente. Ahora, juntos, empezamos a subir hacia el alto del Portillo. Pasamos por detrás de Arcahueja y, al llegar a una fuente, descargamos las mochilas y sentados en un banco sacamos las piedrecillas que se han metido en nuestras botas.
    Yo siento hambre y me acerco a un bar donde me sirven un pincho de tortilla y un vaso de vino. Vuelvo con César y reemprendemos la marcha.
    En el alto de El Portillo admiramos la panorámica de León. El descenso es rápido y en menos de diez minutos cruzamos la circunvalación para entrar por Puente Castro a León.
    César decidió encaminarse al nuevo Albergue, pero yo preferí continuar hacia el de las Benedictinas.
    Tras un largo recorrido por la parte antigua de León llegué a mi destino. Aún no estaba abierto el Albergue y tuve que esperar.
    En la Plaza de Santa María del Camino hay una fuente; allí descansé y bebí hasta saciarme. El agua es muy fresca y fina.
    Abierto el Albergue entramos y fuimos entregando nuestras credenciales. La Hospitalera daba la impresión de seria y un tanto distante. Me indicó dónde estaban las duchas y el lugar para dormir.
    En el gimnasio del Colegio, regido por las Benedictinas, había unas cuantas colchonetas. Elegí una y deposité encima mi saco de dormir para reservar mi espacio. Me duché y lavé toda mi ropa, tendiéndola al sol. A continuación salí para comer.
    Por la calle de la Rúa, llegué hasta la Catedral. Una vez más, me detuve para rezar ante la Virgen y Santiago y admirar sus arquivoltas, perfecta catequesis del dogma cristiano. Como se hacía tarde, seguí caminando en busca de un lugar donde saciar mi apetito y que estuviera de acuerdo con mi bolsillo. Al fin, junto a la Catedral, en la calle Cardenal Landázuri, encontré el Restaurante Marian que me pareció de buen nivel. Así fue en efecto.
    De regreso hacia el Albergue tuve ocasión de gozar de esa maravillosa calle de la Rúa, calle obligada de todos los peregrinos (los Francos), cuya denominación, en su día, fue la de Rúa de los Francos, quedando abreviada con el paso de los años.
    En el patio continuaba la Hospitalera dando cobijo a los peregrinos, que seguían llegando. Me senté junto a ella para ayudarle en su tarea.
    Me encontraba cansado y somnoliento por lo que decidí descansar un rato. No habría transcurrido un cuarto de hora cuando entraron cuatro chicos y dos chicas, que habían venido en bicicleta. También una señora italiana con su hija, que se acomodaron cerca de mí. Todos buscamos la oscuridad de nuestros sacos, pero los gritos de socorro y ayuda de uno de los ciclistas nos sacaron de la penumbra.
    El local era un gimnasio, Salón de Actos y cancha de Baloncesto. Del suelo a las ventanas podría haber una distancia de cinco o seis metros. Uno de los ciclistas, tratando de abrir una de las ventanas, había trepado hasta el alféizar y, una vez arriba, el vértigo le atenazó y se quedó agarrotado. El pánico le hacía gritar pidiendo ayuda.
    Salí precipitadamente de mi saco y corrí hacia él sin saber bien qué era lo que se debía hacer. Aún quedaban colchonetas por ocupar, así que cogí seis de ellas y las amontoné debajo de donde se encontraba subido.
    Me dirigí a él sonriente y tranquilo, tratando de infundirle confianza e invitándole a saltar. Las piernas le temblaban y comenzó a llorar. Le tranquilicé diciendo que yo era de Protección Civil (?) y que no le iba a pasar nada; que confiara en mí y que siguiera mis indicaciones. Este argumento le tranquilizó un poco. A continuación le pedí que observara cómo yo me tiraba desde el escenario a las colchonetas y no me pasaba nada. Él podía hacer lo mismo, porque yo estaría junto a él en su caída e impediría que cayera fuera; es más le frenaría en su caída.
    Entre risas forzadas y atención de todos, ya que al final todos le animaban para que me hiciera caso, se decidió, no sin antes insistir en que me acercara a las colchonetas y que no le dejara caer fuera. Se lo prometí y… saltó. Yo hice lo que pude, si bien lo único que pude hacer fue sujetarle para que, tras el golpe amortiguado por las colchonetas, no cayera de bruces al duro suelo. Un estruendoso ¡Bien! y sonoro aplauso remataron la operación rescate.
    Cuando volvía a mi jergón me quedé atónito al ver que la italiana y su hija seguían durmiendo como si nada hubiera pasado.
    Totalmente despabilado, me vestí para dar una vuelta por León. Realicé la Ruta turística, incluido un paseo por los Monumentos y calles principales de la ciudad en un típico vehículo arrastrado por un tractor, simulando un trencito a vapor. Resultó muy agradable e interesante.
    Compré jabón y útiles de afeitar. Llamé desde una cabina telefónica a mis hijos sin poder conectar con ninguno. Al final encontré en casa a Cuqui con quien mantuve una larga conversación. Se interesó mucho por mi salud y me pidió que llamara todos los días, si me fuera posible, porque se inquietaban por la andadura que estaba realizando.
    Me preguntó si había perdido muchos kilos de peso; esto me hizo reír y la tranquilicé y prometí llamar por lo menos cada dos días.
    Me dirigí a Santa María del Camino para oír Misa; me dijeron que se celebraba a las 20,30 horas. Aún faltaba media hora y me entretuve charlando en la calle con las personas que me hacían preguntas sobre mi caminar: desde dónde, cuántos días llevaba de peregrinación, por qué había decidido hacer el Camino a pie, etc.
    Entré en la Iglesia. Es un templo románico del siglo XII. Se edificó sobre el solar de otro del X. Es de planta basilical de tres naves con otros tantos ábsides semicirculares. Lo más destacable son varias rejas románicas de espirales y los absidiolos. La portada meridional, conocida como Puerta del Perdón, es por la que entraban los peregrinos.
    A eso de las 20,20 horas empezaron a entrar feligreses, que se afanaron en retirar los primeros bancos, situar una alfombra en el centro así como un atril. A continuación el Sacerdote saludó a unos y a otros pasando a la Sacristía.
    Revestido con casulla blanca salió, y tras dedicar unas palabras de afecto a todos los que nos encontrábamos allí, se sentó en el Presbiterio frente al público.
    Uno de los asistentes avanzó hacia el centro de la Iglesia, se acomodó una guitarra sobre el pecho y con una magnífica voz cantó no sé qué poemas. A continuación, salió otro, que hizo lo mismo, pero con menos gusto y menos voz. Tampoco supe lo que cantó.
    Llegó otro Sacerdote, que se situó en los bancos laterales de la nave derecha. Fueron saliendo al estrado varias personas, que leyeron epístolas de San Pablo y de otros Libros del Antiguo Testamento.
    El celebrante se levantó y bajó al ambón para leer el Evangelio. A todo esto yo no tenía ni idea de lo que se estaba celebrando. En la Homilía dijo que el tema a desarrollar ese jueves era el de Iglesia y que por supuesto no se trataba del aspecto físico del templo sino del Cuerpo Místico de Cristo. Pidió que participaran todos sobre este misterio. Yo seguía sin salir de mi asombro y esperando a que por fin se celebrara el Rito de la Eucaristía. Pero no fue así.
    Los feligreses insistieron una y otra vez en que cuando entraban en una Iglesia se sentían con paz y alegría; que el único sitio donde se encontraban a gusto era en el templo. El celebrante repitió, una vez más, que no estábamos tratando sobre el edificio de ladrillo, sino sobre que todos éramos iglesia.
    El otro sacerdote, que se integró más tarde, dijo que él no quería quitar la oportunidad de que otros participaran y que procuraría decir sólo dos palabras. Habló por espacio de más de 15 minutos.
    Ya eran las 21,30 cuando el celebrante, levantándose, dio las gracias a todos por su presencia y les invitó a que el próximo jueves asistieran, para seguir tratando temas relacionados con la Doctrina y Dogma cristianos. Los asistentes se levantaron y se fueron charlando sobre asuntos personales.
    Yo, un tanto aturdido, pregunté si a continuación habría Misa y me dijeron que los jueves sólo se celebraba la Palabra. En fin, un tanto triste me fui al Albergue para asistir a las Vísperas de las monjas.
    La Hospitalera seguía recibiendo a los más rezagados. Me saludó muy contenta de verme y me pidió que le ayudara, porque estaba viniendo gente un tanto rara. Le pregunté sobre si habría Vísperas a las diez y me dijo que las monjitas habían salido a hacer unos ejercicios… ¡Qué se le va a hacer!
    Un nutrido grupo de ciclistas, con muy malos modos, pidieron albergarse. Les pedimos las Acreditaciones y ninguno las llevaba. Entre tacos y blasfemias dijeron que ya estaba bien de bromas, que ellos tenían tanto derecho como el que más para alojarse. Les hice ver lo absurdo de su postura y que nadie les había impedido entrar ni tratado con malos modos como para sentirse discriminados. Las normas de Albergue piden la identificación de los peregrinos, ya que la gratuidad va unida al esfuerzo y a la precariedad económica del peregrino, pero con un mínimo de exigencia en cuanto a la conducta, para que la convivencia se haga con respeto y agradecimiento.
    La Hospitalera les dijo que se sentaran y rellenaran los impresos de Acreditación y con gran paciencia se las fue sellando y entregando.
    Las protestas continuaron, porque los ciclistas que habían entrado en el gimnasio ya no encontraron colchonetas. En fin, que se pronosticaba una noche verdaderamente toledana. El comportamiento, tanto de los últimos incorporados como el del ciclista que subió a abrir la ventana, fue insoportable. Creo que tan sólo lograron dormir la madre y la hija italiana.
    Yo, por mi parte, no paré toda la noche de espantar mosquitos y de sentir picotazos como de pulgas.
    A eso de las 6 de la mañana me levanté para asearme y salir de aquella incomodidad cuanto antes. Nunca olvidaré aquella desagradable convivencia con el grupo de ciclistas, que más parecían posesos que deportistas y peregrinos. Este episodio me situó en los relatos del Codex Calixtinus sobre los salteadores del Camino y endemoniados al acecho.

    http://www.biescasvignau.com/03Espanol/07.Trekking/10.CaminoFrances/Diarios/JJ.Alonso.97.03/%2010A.DiariosJuanjo.htm

  10. 2009 Agosto 21
    La hospitalaria Enlace permanente

    DIARIO DE ÁNGEL SILVENTE

    Finalmente dejo atrás al francés y sigo sólo hasta poco antes de León, donde encuentro de nuevo a Gustavo. Hacemos la entrada en la ciudad juntos, pero en seguida nos desviamos. Él va a alojarse con las monjas y yo en la base de acampada, donde había quedado con mis compañeros de clase.

    La entrada a León es bastante mala. Todo por carretera nacional. Nada acogedor. Sería un mal presagio de lo que sería el Camino de aquí en adelante. Al llegar a la base de acampada comprendí que esto ya no sería igual. Era la base de acampada más sucia de cuantas había visitado. A demás estaba llena de gente muy poco respetuosa que hablaba en voz muy alta y diciendo tacos. Nada que ver con el ambiente amistoso y familiar de las anteriores.

    Una vez acomodado me voy a ver León. Tras callejear un poco se hace la hora en que había quedado con mi compañero. Pero, después de casi una hora esperando, no aparece, así que me voy a comer porque son ya más de las dos y media de la tarde. Una de las mejores y más económicas comidas de todo mi peregrinaje, sin duda. Así que después vuelvo a la catedral y entonces sí que encuentro a Armando, en ayunas, y lo llevo al mismo restaurante.

    Tras la comida no hay tiempo para la siesta. León espera. Primero es la Catedral con sus impresionantes vidrieras, luego el palacio de Gaudí, la Casa de los Guzmanes, la colegiata de San Isidoro… En nuestro periplo particular nos encontramos a un grupo de peregrinos que van con un guía gratuito así que les seguimos y volvemos a la casa de los Guzmanes, esta vez para entrar en su interior. Pero pronto nos sepamos del grupo para encargarnos de nuestras cosas. Hay que comprar comida y luego hay que ir a misa. Aunque sea lunes el domingo no fuimos y Luigi nos dio una buena lección.

    El día lo terminamos reventados. Estos no llegan. Armando se acuesta. Yo voy por el camino, pero retardo un poco las tareas para darles tiempo. Al final sobre las diez de la noche aparecen los tres. Me alegro mucho de verlos. Les sorprende bastante la barba que llevo. Y la pinta de peregrino salvaje.

    Aunque me alegrara de verles, las cosas desde este momento no serían igual. A demás de que ahora el Camino va hasta los topes de gente la convivencia en grupo será muy distinta a la que llevábamos Armando y yo.

    http://www.euskalnet.net/diariosdeperegrinos/angel.silvente.htm

  11. 2009 Agosto 22
    María Camino Enlace permanente

    “O el Puente de Villarente, donde un canónigo de la Catedral de León ordenó que hubiese siempre una borrica dispuesta para trasladar a los peregrinos enfermos; y de ahí el dicho popular que hoy todavía está en vigor: “Aquella burra fué la primera ambulancia oficial del Camino”.

    “O la espiritualidad de la Catedral de León, basada en una armonía pitagórica, cuyo número base es el tres, y la superficie el “triángulo equilátero”: “Tres partes en su planta, tres fachadas, cada fachada tres puertas, la longitud tres veces la altura, la elevación de la nave central tres veces su ancho”.
    “O la famosa fiesta anual de “Las Cabezadas”, que se celebra el segundo domingo después de Pascua en la plaza de la Basilica de San Isidoro de León, presidida por el “Milagroso Pendón de Baeza” que tiene honores de Capitán General, y cuyo argumento es: “La entrega por parte del Ayuntamiento de la ciudad al Cabildo Isidoriano, de un cirio de arroba bien cumplida y dos haces de cera”; y la discusión secular trata de si esa entrega es voluntaria, con lo que sería una “oferta”, u obligatoria con lo cual sería un “voto ó foro”. El nombre de la fiesta deriva de las profundas inclinaciones de cabeza con que se despiden los canónigos y los munícipes”.

    http://luisyanezabelaira.blogspot.com/2009/05/ponferrada-16-04-2009-presentacion-un.html

  12. 2009 Agosto 24

    DE LA PEREGRINACIÓN DE LEON DEGRELLE/ 1951

    Al amanecer, parto, como los demás días. A mi espalda, las formidables murallas de Mansilla de las Mulas tienden al sol naciente sus gruesas almenas brillantes y rojas. Muchos álamos bordean las riberas del Esla. ancho, aterciopelado: por doquier, endebles neblinas, últimos chales románticos de la “tormenta” de la noche.
    Ya el sol cubría, un sol de tormenta aún, a pesar del diluvio de la tarde anterior. Oteaba la aparición de la ciudad de León. Pero la carretera subía siempre monótona. Un sacerdote grueso pedaleaba duro, remangado simplemente hasta el ombligo, no confuso del todo de su bañador a trozos y a cuadros para una farsa de guiñol. Desde lo alto del último monte (trotaba desde hacía veinte kilómetros) la carretera se introduce en una profunda zanja. Barbulla aún en la bajada. Después, la ciudad aparece tal como yo me la había imaginado, aún a 40 kilómetros de distancia y antes de llegar a Mansilla de las Mulas, completamente roja de su vieja muralla, su maravillosa catedral gótica, rubia, edificada por encima de los hombres, en el azul y el sol.
    Pero el acceso a la ciudad (llegaba por la “Nacional” de Madrid), es lastimoso: calzada llena de baches, después demasiado ancha y macadamizada, chabolas sórdidas o grandes edificaciones grises, feamente modernas. ¡Esta ciudad se ha cuadruplicado en diez años! Se expande rápidamente. De hecho, he empleado varias horas hasta encontrar la antigua ciudad, que se divisaba desde lejos. Me debato en las avenidas anónimas (las mismas que en todas las ciudades un poco importantes), pero donde el verdor no ha sido amenazado: por todas partes donde se ha podido, se han plantado árboles, hay flores, se ha sembrado césped. Pero, en concreto, las viejas murallas, los bastiones, los santuarios ¿dónde se encuentran?
    Estaba rendido al máximo (125 kms recorridos en los tres últimos días). Pero, en fin, quería encontrar, al menos, la catedral. ¿Un mapa? Imposible comprarlo en esta ciudad, donde no existe ni siquiera un libraco sobre esta antigua capital de España y que posee la más bella catedral gótica.
    Hoteles tan atrasados como la orientación turística. El “Continental” no era más que una fonda, donde tuve como vecina de mesa durante dos días a una pobre vieja loca, y en la que las habitaciones continúan teniendo los lavabos de jofaina que desaguan en un cubo cuando se quita el tapón. Imposible tomar un baño, porque no hay cuarto de baño: ¡tan sólo un hotel los tiene en todo León! Desde Logroño, busco en vano una bañera. Nada que hacer. ¿Nadie se lava nunca el cuerpo? Ni siquiera los dientes: ni una sola vez, con excepción de Logroño y Burgos, me he encontrado un vaso en la habitación. Es desconocido. Si hubiese, algunas veces, alguien que se lavase los dientes en los hoteles, los pediría, y los hospederos pondrían los vasos. Los antiguos españoles, escribe Estrabon, se lavaban los dientes con la orina rancia. Pero incluso este dentífrico aquí ha desaparecido, al menos visiblemente.
    ¿Y la catedral?
    Por fin, llego. Muy bonita e imponente, del estilo de la de Reims, con dos torres desiguales, una del gótico primitivo y la otra del gótico flamígero.
    Pero la cuestión no estaba aquí: fue el deslumbramiento de los colores desde que traspasé el umbral de la pequeña puerta acolchada.
    Esta catedral es una vidriera fantástica: por todas partes prodigiosos vitrales antiguos, con los azules casi negros, con los rojos casi granates, pero cálidos, armoniosos: con los amarillos que parecen arrancados al sol, los verdes graves, sin nada de lo deslucido y de los oropeles de las vidrieras modernas. Lo que me ha dejado estupefacto es el carácter, aún más escultural que pictórico, de las vidrieras de la Edad Media, diseñados con gruesos trazos como todos los tapices antiguos, los verdaderos, también en esta ocasión: se ofrecen a la vista como tallados en bloques de colores relucientes: en cada uno de estos santos góticos me parecía estar viendo mucho más que una pintura, más bien eran una estatua transparente, de una sutileza completamente penetrada, exaltada por el fuego de sus azules, de sus verdes, de sus oros, de sus rojos. Estaba atónito, deslumbrado.
    ¡Y la pureza de las ojivas! Las inmensas ojivas de la época más bella, sin florituras, lanzadas como chorros de agua, finas y ligeras como tales. ¡Y el color de la piedra de la catedral de León!Rosa, sí, verdaderamente rosa, un rosa grave (el rosa es a menudo tan pálido, tan difuso. . . ), un rosa donde encuadraban, como dos alamedas de flores milagrosas, las dos grandes hileras de vitrales. Detrás, y por delante, cuatro margaritas inmensas, de las que brotan, en rojos vibrantes, los cuatro rosales con pétalos indescriptibles, en el extremo de los dos brazos, del negro de la piedra, vista a contra luz de un negro aterciopelado.
    No sabía cuándo irme. He vuelto diez veces. La mitad del tiempo que permanecí en León lo pasé en la catedral, atraído y fascinado por tanta belleza.

    A las ocho de la mañana me encontraba en una curiosa situación. Había llegado con la vestimenta en un estado lamentable, horroroso. Mi ropa estaba inmunda, con la espalda completamente verde; la mochila, empapada de sudor, desteñía cada día un poco sobre el dril; el pantalón, manchado de barro hasta las rodillas, todo infectado. Y no tenía ropa para cambiarme. Tuve que dársela, una vez acostado, con la puerta entreabierta, castamente, al patrono, pues tampoco tenía pijama. Pero a las ocho de la mañana quería partir. ¿Dónde habían quedado el lavado y el secado? Timbres, llamadores. Nada. A las nueve, fue preciso ceder a mi estruendo y venir a anunciarme que se ocuparían para que estuviera seca. . . ¡a mediodía! Les quité de las manos mi ropa y me la volví a poner así.
    Era cómico. Estaba obligado a caminar a pleno sol para que se fuese secando sobre el cuerpo; había renunciado, evidentemente, a la chaqueta. Mis estornudos llegaban hasta el final del campo (como los de una cabra). Según me diera el sol, de cara o. . . en las p. . . . , el pantalón cambiaba del oscuro al claro. Añado que llevaba los brazos al descubierto, con el cuello abierto (¡aquí todo el mundo lleva chaqueta y corbata!), y que me comí en la calle medio kilo de “melocotones” y ¡te darás cuenta que no podía pasar verdaderamente desapercibido!
    Imposible entrar así en una iglesia. Antes de llegar he dado un circuito de una quincena de kilómetros, por toda la ciudad, para recalar en el antiguo hospital de San Marcos, antaño periférico, hoy al extremo de un maravilloso jardín con miles de rosas, estrelladas por el césped verde o colgadas en pendientes.
    San Marcos, por donde decenas de miles de peregrinos pasaron, llegó a ser, en el siglo XVI, el más fastuoso de los lugares de descanso de la peregrinación, demasiado fastuoso, demasiado pagano en la ornamentación grandiosa de sus esculturas del Renacimiento, de sus innumerables medallones de emperadores, de reyes, de personajes famosos. La decoración mató al espíritu, hasta tal punto que no se terminó jamás la torre de la iglesia, que está como cortada a ras sobre su pórtico munífico. “Conchas” y “conchas”, a miles. Las hay por todos lados, la fachada está absolutamente constelada, lo mismo que el patio, igual que las escaleras. Aquellas están dominadas por águilas bicéfalas que, esta vez, me han desilusionado, porque su formato grandioso (aunque son bonitas) aplasta el carácter espiritual de la obra en provecho de la propaganda política y temporal.
    El patio está recargado (yo prefiero los sencillos y pequeños claustros románicos, con sus capiteles naturales, graciosos, simpáticos, donde la punzada se rellena del simbolismo de los claustros góticos)con escombros de piedras romanas, en desorden todavía desde la Guerra Civil, durante la cual estuvo convertido -hizo aquí durante ocho meses un frío siberiano- en dormitorios al aire libre, para millares de pobres diablos, ¡a los que, ciertamente, no les importaba para nada el arte del renacimiento ni el arte plateresco!
    Ahora los chiquillos juegan con los patines alrededor de los viejos pozos, vigilados de cuando en cuando por un sargento gordo, ¡más redondo que un canónigo de los tiempos pasados! En el piso del patio, un único elemento decorativo: fotos de. . . ¡jumentos! Pues el famoso hospital ha terminado siendo un. . . “semental”, es decir, que los mejores caballos del ejército aquí reciben los homenajes ocupados con caballos de raza, ¡que no tienen nada que ver con aquel de nuestro querido Apóstol Matamoros!
    La sacristía es, incluso, un museo, pequeño, pero con un bello Cristo de marfil del siglo XI, con muy nobles estatuas, una gran Virgen flamenca, posiblemente del siglo XV, y una “tabla, “también flamenca, del siglo XV, donde están pintados Santiago y. . . San Juan. ¡Los hubiera abrazado con emoción!
    Entre tanto, mi pantalón se había secado. . . a la “brauyette” (como se decía en Buillon), pues el forro aquí es doble. Tenía el aspecto de haber hecho pipí demasiado alto. Era molesto.
    Regresé al hotel para coger mi ropa (por la tarde aún continuaba húmeda) y me dirigí, una vez más, a la catedral, más medieval que nunca, pues, bajo el brillo de las vidrieras, un joven sacerdote, con los ojos encendidos, defendía en latín, desde el púlpito, una tesis frente al obispo, los canónigos, hornadas de curas, agrupados a lo largo de los grandes cuadros recubiertos de terciopelo rojo.
    Pero fue por la tarde, sobre todo, cuando llegó el momento de los hallazgos. En primer lugar, a cincuenta metros de mi pensión, e incrustada en los enormes torreones rojos de la muralla, la tan célebre iglesia de San Isidoro, a donde acudían los peregrinos en busca, siempre, de nuevos milagros. Aquí fueron particularmente sensacionales. San Isidoro iba, incluso, al frente de los peregrinos durante tres días, el tiempo para arrepentirse, hasta devolver la vida a un cura de. . . mala vida. Milagro para recordar. Lo he registrado.
    Lo esencial de la iglesia es del románico mas antiguo, simple, fuerte, conservando todavía algunas esculturas de mujeres desnudas, con los pechos desnudos, en la puerta que separa la sacristía. . . del altar.
    Pero la obra maestra de San Isidoro es el Panteón. No por sus tumbas, pues los franceses de Napoleón las han violado (en todos sitios donde las han encontrado han hecho lo mismo, buscando anillos, diamantes, collares), arrojando todos los huesos en un montón, destruyendo casi todos los sarcófagos, no conservando más que unos pocos como pesebres para sus caballos, ¡guarecidos aquí! Lo esencial, felizmente, está en el aire. Es la serie prodigiosa de frescos del siglo XI (a finales), claramente de técnica bizantina. Jamás, en ninguna parte, los había visto en un estado tal de frescor, y compuestos y pintados con una originalidad y un natural semejantes. De milagro existen de ellos fotos perfectas (pues me hubiera dado rabia, no encontrar fotografías, ni tener una máquina para retratarlos). Hay, por ejemplo, una anunciación con los pastores de una gentileza inaudita, que sirve de pretexto a una prevención de toda clase de animales, divertidos, como todo. Uno de los dos pastores (el otro toca una melodía silbándola con la boca) da de beber a su perro una gran jarra de leche; de los adornos en forma de perillas brotan los árboles, igual que surgen las cabras de la sierra. Otros salen del cráneo. Es exquisito.
    Hay -de una audacia enorme- un Cristo a tamaño natural, resplandeciente en sus viejos colores, en medio de los Cuatro Evangelistas, a los que el artista ha dado. . . a cada uno la cabeza de su símbolo; es asombroso, casi tremendo, pero poderoso, magnifico, impresionante verlos cimentados sobre los cuerpos humanos. Después están, haciendo un arco, los doce meses, destacando las labores de cada período, la vendimia, la “matanza”, terminando con diciembre y el viejo que se calienta los pies en el hogar.
    He permanecido aquí durante una hora y media, con la nariz y el alma hacia el cielo.
    ¡Después he vuelto a la catedral otra vez! Encaminándome por las viejas callejuelas, donde he ido a dar con un viejo hospital santiaguista, con estatuas conmovedoras, especialmente un lavatorio de pies para peregrinos.
    En la catedral hay también una espléndida escultura que representa una distribución de pan a los peregrinos, entre los cuales se arrastran lisiados, madres, adornadas con bonitos collares, amamantando a su bebé o llevando en brazos a un niño. Entonces iban a Santiago por familias enteras.
    Después, he vuelto a hacer otra visita, pero guiada por un canónigo, y pasé, con un grupo de turistas, a recorrer el claustro y el museo catedralicio.
    También allí hay estatuas por doquier en gran cantidad, gratas a la vista, realistas y graciosas, muy emocionante por ello. El pórtico más bello de la catedral es el del ala Norte, que comunica con el Museo, en el que hay, destacándose especialmente, aún espléndida y discretamente policromada, una estatua de Santiago peregrino que es inolvidable, alta, de porte majestuoso y digno y. . . descollando, dominando el recinto por delante de San Pedro, que está en segundo plano.
    Ví los famosos manuscritos miniados y todos los habituales tesoros de estas viejas catedrales; después, he pasado a estudiar las estatuas de otros pórticos, exteriores, tan bonitas y amenas, pero bastante disparatadas; algunos santos tienen treinta o cuarenta centímetros menos que otros(y es natural), lo que añade pintoresquismo a la belleza.
    Aún tuve, antes de ponerse el sol, tiempo de recorrer todos los viejos barrios de la ciudad. Todavía, por aquí y por allá, se ven una vieja puerta o un bello escudo. En la plaza antigua hay un delicioso balcón que reproduce completamente la torre del cuadrilátero: se puede retozar a gusto entre todos los habitantes, de mirador en mirador. ¡Muy español! Muy españolas también son las antiguas gárgolas en las que han flanqueado, contra la boca, un embudo ¡seguido de un canalillo para que ellos viertan al interior en lugar de hacerlo sobre la cabeza de la gente! Resultan como la extracción de un molar por un dentista.
    He terminado mi segunda jornada igual que la primera: en una terraza frente a la catedral, detrás de la última torre del edificio, que, por las llamas del sol en su ocaso reflejándose a través de las vidrieras rutilantes, se veía en el interior como incendiándose. Y en el exterior también, ¡qué belleza y qué gloria! ¡Todo rubio! No quería irme. ¡Hubiera querido atrapar el sol al ras de los tejados para que continuase haciendo vivir todo, estas piedras, estos colores, mi corazón! Regresé por las queridas callejuelas, deambulando y soñando.

    http://compostela2004.free.fr/mi_camino_de_santiago.htm

  13. 2009 Agosto 27
    La hospitalaria Enlace permanente

    EX ORIENTE LUX

    Salimos de Mansilla cruzando el puente sobre el Esla. Desde aquí y durante un buen tiempo fuimos atacados y perseguidos por una una nube de mosquitos que se cebó con nuestros cansados y ya acalorados cuerpos. De hecho, ya para entonces, la temperatura había subido extremadamente dejando un día muy caluroso y soleado que ralentizó e hizo más pesada nuestra marcha a partir de entonces.

    Algo achacados por todo esto seguimos nuestro camino en paralelo a la carretera, como llevábamos haciéndolo casi todo el día, en dirección a Villamoros.

    Pero lo peor, lo que iba a hacer de parte de lo que nos quedaba de etapa ese día un infierno, y de la del día siguiente la peor de todo lo que llevamos andado desde Roncesvalles, estaba por llegar.

    En algún punto que no recuerdo entre Mansilla y Villamoros, el peregrino tiene que enfrentarse no sólo con la carencia de señalizaciones que se ha ido dando a lo largo de casi toda ésta etapa sino que, peor aún, tiene que caminar por el arcén de una carretera que es cada vez más concurrida, arriesgándose a ser atropellado por un vehículo –como a nosotros nos pasó casi con una moto-. Esto es el principio del vergonzoso recorrido que le espera al peregrino durante esta etapa y la siguiente.

    Así pasamos Villamoros y llegamos hasta la entrada de Puente de Villarente, lugar al que da nombre su magnífico puente de veinte ojos y de factura irregular, al cual el peregrino no tiene tiempo, ni después ganas, de apreciarlo, pues ha tenido que preocuparse de pasarlo con vida por el arcén en medio de un tráfico intenso.

    Dicen que este puente medieval fue un hito importante en el Camino de Santiago, siendo calificado como “ingente” por Aymeric Picaud en el Codex Calistinus. De él versa una leyenda que narra una historia de amor en la que un peregrino y la hija de unos ricos labradores grabaron el contorno de sus manos en la base del estribo de uno de los primeros ojos del puente en signo de amor eterno. Los mismos que la cuentan dicen que quién quiera puede aún ver en ese lugar las marcas de aquellas dos manos.

    En el “Horno de Eladia” paramos a tomar un refresco y un poco de agua, y la simpática camarera nos regalo un par de pedazos de empanada de atún que, no sé si por propios méritos o por los del hambre que ya empezábamos a tener a esas alturas, nos pareció excepcional.

    La salida de Puente de Villarente es bastante incómoda, seguimos pegados a la carretera y orientándonos a duras penas con la poca señalización que hay. Pasamos junto a una gasolinera y cruzamos a la derecha de la carretera, internándonos por un camino que se aleja un tanto de ella. Allí nos encontramos con una peregrina extranjera acompañada de dos perritos que volvía de Santiago. Paramos a charlar con ella preguntándonos por el estado del camino por el que habíamos pasado cada uno de nosotros; quiso saber cuánto había hasta Mansilla, lugar donde quería terminar la etapa, y le dijimos que como dos horas y con mal camino; ella nos contó que en León íbamos a encontrar mucha gente por eso de las procesiones de Semana Santa.

    Continuamos hasta Arcahueja, lugar al que se llega tras subir una corta pero pronunciada cuesta. Para entonces estábamos ya tan agotados, con los pies doloridos y asfixiados por el calor que volvimos a parar en el bar del pueblo –llamado La Torre-, donde nos sentamos a descansar a la sombra de su terraza. La amable dueña nos dio unos calendarios de propaganda de su establecimiento, diciéndonos que pronto abrirían un albergue en ese lugar.

    De Arcahueja se sale por una pista de tierra que pronto nos condujo a un camino de piedra. Bordeamos un pueblo y terminamos en unos pabellones industriales, a la sombra de los cuales volvimos a detenernos a descansar del calor y el cansancio y beber un poco de agua.

    De aquí se va hacia el alto del Portillo atravesando de muy mala manera, y con mucho riesgo, una transitada autovía que lleva a León. Tuvimos que caminar después durante un rato por el arcén pegados casi a la carretera por la que no dejaban de pasar toda suerte de vehículos.

    Desde el alto se divisa por fin la ciudad de León, en este lugar debió de haber hasta hace algunos años, un precioso crucero medieval que ha sido trasladado frente al hospital de San Marcos.

    Afortunadamente se ha construido para el descenso un camino por el que el caminante puede bajar a la ciudad con toda tranquilidad. Allí nos alcanzó un peregrino Belga que acompasó su marcha a la nuestra y nos acompañó en agradable conversación hasta casi el final de esta etapa.

    Por lo que nos contó, y eso lo pudimos comprobar, era una persona muy aficionada y acostumbrada a andar, hacía diariamente etapas de alrededor de 40 kilómetros por lo que aquello que estábamos haciendo nosotros aquél día de manera excepcional, era para él lo normal. Nos contó que aquella era la tercera vez que hacía el camino, y que lo había hecho desde su ciudad natal, Bruselas. Su intención era hacerlo por lo menos una vez más pero, en ese caso, por la costa.

    Charlando sobre nuestra tierra –que él decía conocer-, y la suya –que nosotros conocemos algo-, cruzamos el puente sobre el río Torio, en el antiguo Puente Castro que ahora no es sino un barrio periférico de León. De allí continuamos charlando mientras nos internábamos en la ciudad.

    Cerca ya del centro de León, a nuestro improvisado amigo le llamó la atención la cantidad de gente que marchaba por las calles en la misma dirección que nosotros. Le explicamos que al ser Jueves Santo, aquél día se celebraba una importante procesión. Le llamó mucho la atención el aspecto cuidado y elegante con el que iban estas gentes.

    - Van, como se suele decir aquí, endomingados, porque la procesión es una celebración religiosa muy importante, y esa es la costumbre.

    - ¿engominglós?

    - Endomingados, quiere decir elegantes, “de domingo”.

    - Ahh endimanches.

    Nos separamos a las puertas del albergue, él iba a continuar hasta el que había a las afueras de la ciudad. Nos despedimos seguros de que no íbamos a volver a vernos.

    En la misma puerta, nos encontramos con un grupo de peregrinos de alrededor de cincuenta años, que a la vista saltaba que era poco lo que habían andado, aunque en un principio nos quisieron hacer creer lo contrario.

    Al ir a sellar nuestra credencial, la hospitalera al vernos hablar con estos últimos debió de pensar que veníamos con ellos pues nos trató de muy mala manera y con bastante brusquedad.

    Parece ser que habían querido alojarse en el albergue, reservado como es lógico a quienes hacen las etapas completas andando, y éstos llegaron al lugar queriendo hacernos creer a todos que venían andando ese día desde Sahagún: más de 50 kilómetros y ni rastro de sudor, ni una muestra de cansancio, ni una mancha en su vestidos. A medida que nos vamos acercando a Santiago, son más los individuos de esta especie que nos encontramos, pero de ello hablaré más extenso en otra ocasión.

    Y es que hay cosas que no soy capaz de creerme de ninguna manera; ni aunque quisiera. Hay otras, en cambio, que por parecerme inocuas, y considerar que no me empujan a ningún compromiso y sí me aportan a cambio una visión poética con capacidad de conmoverme o emocionarme, me las creo como cree sus invenciones el mentiroso: con casi total firmeza.

    Ese día de Jueves Santo llegamos a León –como queda dicho- con los pies muy doloridos, tras unos 40 kilómetros de marcha. Descansaban en aquél albergue un grupo de peregrinos de las más diversas nacionalidades, desparramados por el patio, guarecidos a la sombra de la balconada que rodeaba al lugar en toda su extensión.

    Recuerdo sentir mucho calor, una fuerte molestia en el cuello producida por las quemaduras del sol, y un agudo dolor en los pies que daba la sensación de que iban a quebrarse en cualquier momento. Al sentarnos miré al cielo enmarcado por aquél patio: apenas había nubes, sólo alguna hebra desperdigada por aquí o allá. Ni una brizna de aire.

    No sé si fue el cansancio, las ganas de caer rendido en ese espacio de sombra del que nos habíamos apropiado, o algún tipo de inspiración divina; el caso es que nos sentamos en el suelo, apoyamos nuestras espaldas contra la pared, y cerrando los ojos recité peor que mejor esos versos goliárdicos de Hugo de Orleáns que dicen

    Domus mea totus mundus

    quem pererro vagabundus…

    - ¿Para qué hago esto? – se pregunta uno cuando se encuentra en esa situación; y pronto se acallan sus pensamientos, pues es a ellos a quienes realmente dedica este peregrinaje.

    Habíamos recuperado algo el aliento, lo suficiente por lo menos para fijarnos con más detenimiento en las personas que con nosotros compartían ese reparador descanso a la sombra de los muros de aquél albergue.

    Los había de todos los sexos, edades, nacionalidad e incluso, estoy seguro, credos. A uno esto le produce una sensación bastante agradable y, a pesar de ser un tanto torpe con el manejo de los idiomas, se lanza con la ayuda de su compañera a intercambiar algunas palabras con quién este dispuesto a ello en una curiosísima mezcla de inglés, francés y español.

    Había un inglés que venía desde su país y llevaba dos meses en el camino; una chica de Alemania que había salido Roncesvalles, y que hacía muy pocos kilómetros al día pues le gustaba detenerse en albergues solitarios a meditar y encontrarse a sí misma. Aquél día había hecho una excepción para conocer León. Una pareja de cuarenta y tantos años de Teruel lo hacía como nosotros “a cachos”, cuando sus vacaciones se lo permitían…

    A muchos los conocíamos de haberlos visto aquél mismo día en el camino, a otros no hasta entonces, y a casi todos los volveríamos a ver a lo largo de las jornadas siguientes andando, descansando en albergues, mesones o bajo un árbol tomando la sombra y sintiendo el contacto maternal de la tierra.

    Vimos a uno de ellos, creo recordar que era de la provincia de Badajoz, sacar de su mochila un rotulador negro grueso y dibujar en un lugar casi imperceptible de la pared una especie de “U” invertida que más parecía una herradura. Al vernos que seguíamos con la mirada lo que hacía, nos preguntó

    - ¿sabéis que es esto?

    - Pues no, ¿qué es?

    - El testimonio de que he pasado por aquí

    - ¿Y por qué una herradura?

    - Porque lo que también hago es invocar a la buena suerte para mi viaje, para que se desarrolle sin ningún percance. Si llego a mi destino, al volver por aquí de regreso a mi casa, dibujaré una cruz dentro de ella en agradecimiento.

    Asentimos con la cabeza, dando a entender que comprendíamos lo que decía.

    - Si os fijáis en el templo de Puente la Reina, en San Juan de Ortega y otros muchos veréis que están llenas de símbolos de estos realizados por peregrinos medievales, algunas con la cruz y otras sin ellas.

    - Pero podrían ser marcas de cantería…

    - A diferencia de ellas, éstas siempre están al alcance del cuerpo humano y pueden verse varias en un mismo bloque.

    Dejamos al peregrino entretenido en sus pensamientos, mientras nosotros salíamos a la calle a buscar un lugar donde comer un bocadillo.

    - Victum quero verecundus

    - ¿Qué?

    - “Busco con rubor el alimento”, esto también es de Hugo de Orleans, del libro que estoy leyendo.

    - Ya te vale…

    Mientras caminábamos entre las multitudes de personas que abarrotaban las calles en espera del inicio de las procesiones, di en pensar que, al fin y al cabo, creer en aquello que nos había relatado aquél peregrino, era cosa parecida a la de aceptar o rechazar el placer de degustar una buena vianda o un licor perfectamente envejecido en una barrica de roble: no se trataba siquiera de creer, sino de evocar, de extraer la esencia poética que contiene esa historia, para disfrutar de ella cuando se presentara la ocasión.

    - ¡Mira, ahí hay una herradura de esas, y sin cruz!

    No era ningún tipo de casualidad, habíamos ido bocadillo en mano hasta la catedral, con el objeto de rastrear su fachada y ver si éramos capaces de dar con una de esas marcas.

    Sin pensarlo dos veces nos acercamos a ella y recorrimos al tacto y en silencio durante un buen rato aquella “U” invertida. Había llegado el momento de disfrutar de la irracionalidad, de lo intuitivo, dejándose llevar por una idea: ¿y si todo aquello fuera verdad?.

    Alguien, quizá hace novecientos años, detuvo su paso en ese mismo punto donde nosotros lo hacíamos ahora; sacó de su zurrón un punzón, y ayudándose de una piedra marcó golpe a golpe esa forma de herradura que ahora recorrían con suavidad en todo sus transcurso mis dedos. Al considerarla terminada, seguramente, sopló sobre ella como insuflándole vida, apartando el polvo y las astillas que pudieran quedar. Guardó todo, se quedó un rato mirándola con fijeza, y mientras se despedía de ella recorriéndola con sus dedos, se deseó a sí mismo la fortuna suficiente para volver a completarla. Después se marchó para no volver nunca más…

    http://www.exorientelux.org/

  14. 2009 Agosto 29
    María Camino Enlace permanente

    DEL DIARIO DE UN MISIONERO JAVIERANO

    Amanece otra jornada nubosa, muy buena para caminar. El recorrido va por pista bastante rato aunque el paisaje se va volviendo cada vez más urbano. En un momento hay que atravesar la carretera, que es el punto más desagradable de esta etapa. Por lo demás, preferimos la entrada a León que la de Burgos. Alguien nos comenta que a la salida de León sí se pasa por polígonos industriales, pero nosotros no haremos por ahora ese tramo.

    Una vez en León vamos directamente a la estación de trenes porque Óscar se vuelve a su casa en Cataluña esa misma mañana. Llegamos a la estación a las 11 y su tren sale a las 13 horas. Cojea ostensiblemente, seguro que ha tomado la mejor decisión. Desde Azofra hemos caminado juntos y se ha vuelto uno más de nuestro grupo. Ha hecho muchas fotos del camino y promete enviarnos una selección de ellas. Vamos a un parque a comer una empanada de atún que traemos, hacer tiempo hasta la hora de su tren y celebrar el objetivo cumplido. El paseo Papalaguinda es testigo de nuestra despedida. Mientras Óscar vuelve a la estación de tren, nosotros nos encaminamos al albergue de las benedictinas, que es grande (150 plazas) y ante el que hay cola para entrar.

    Tras descansar un poco visitamos la ciudad. El centro de León es peatonal y nos gusta lo que allí vemos: la casa Botines, de Gaudí, que en todas sus construcciones nos hace soñar; la colegiata con sus magníficas pinturas románicas; la catedral, que nos recibe con sol para que podamos contemplar el intenso colorido de sus vidrieras y de los rosetones. No sé dónde leí que con los rosetones querían representar la mirada de Dios. Tanto colorido con el interior de la catedral en penumbra impresiona. Y entonces siento que he llegado, que el camino termina aquí, que merece la pena ponerle broche final con tanta belleza. Alguien comenta una frase de Zola: “La belleza es un estado de ánimo”. Sin duda ese estado de ánimo también es fruto de un camino en el que se mezclan la búsqueda y el esfuerzo por lograr unos objetivos con la gratuidad y la acogida de lo que recibimos como don. Así vivo yo estar en la catedral de León, siendo contemplado por el ojo de Dios.

    http://www.euskalnet.net/diariosdeperegrinos/antonio.serrano.insausti.htm

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