Jornada decimonovena: LEÓN – SAN MARTÍN DEL CAMINO

2009 Julio 27
by mx7652o

.

cARTEL EN LEÓN

.

- 4000 – Peregrino y de fondo el Hostal Parador San Marcos (LEÓN)

- 4081 – ¿Los peregrinos van de putas?

- 4404 – Del significado de esperar por un hada

- 4704 – Del significado de esperar por un hada (2)

- 4890 – Del significado de esperar por un hada (3)

- Anotaciones en el cuaderno de la jornada decimonovena (EL SECRETO)

.

.


12 comentarios dejar un →
  1. 2009 Agosto 7
    María Camino Enlace permanente

    DEL DIARIO PEREGRINO QUE HE COMENZADO A LEER HOY…

    Me dirigí a San Isidoro y posteriormente a San Marcos, ya sin pararme en visitarlos. Si la entrada es mala, la salida no es mejor, para mi mucho peor. Se llega a Trobajos del camino por aceras. Me llamó la atención el cruce del río Bernesga y después una iglesia pequeñita con un Santiago Matamoros policromado. Se atraviesa por un puente horrible la vía de ferrocarril. Como eran las dos y cuarto y las piernas las tenía un poco cargadas, decidí parar a comer. Encontré un restaurante lleno de obreros de la construcción y estuve seguro de que era un buen lugar. Cuando entré volví a sentir las miradas de extrañeza por ver un mochilero con unas pintas que se salían de lo normal. Me dieron una mesa en un rincón. El menú del día era contundente, ensaladilla de primero, callos con garbanzos y arroz con leche de postre. Como no había cenado la noche anterior y tampoco almorzado, y del desayuno casi ya no me acordaba, tomé con apetito todo lo que me pusieron. La verdad es que los callos estaban buenísimos. Un café solo completó esta opípara comida. Después de una hora larga volví a cargar la mochila. Los primeros pasos se me hicieron muy pesados por la comida, por la fealdad del polígono industrial y por el calor. A las cuatro y media estaba frente al santuario mariano de la Virgen del Camino. La fachada con las figuras de los apóstoles y la Virgen me parecieron fantásticos, es increíble que un hombre pueda tener la sensibilidad de Joseph María Subirachs para fundir en bronce semejantes esculturas. Intenté entrar al interior pero estaba cerrado, así que con resignación seguí la marcha. En este punto se puede ir por la autopista o por el campo. Por la primera se pasa por Villadangos y por la segunda por Villar de Mazarife.

    http://aig02.blogia.com/

  2. 2009 Agosto 8
    La hospitalaria Enlace permanente

    DEL DIARIO DE MONTSE, PEREGRINA QUE LITERATURIZA ESTE DIARIO SUYO AL CATALÁN…

    7-10-01
    León-Villadangos del Páramo
    (21 km)

    Etapa de mucha reflexión, de “viaje hacia adentro”, de filosofía barata y de retorno al pasado.
    Nada más levantarme me digo: el paisaje desde El Burgo Ranero hasta Reliegos me conmovió, como casi todo lo que llevo caminado hasta ahora. El paisaje que recorrimos ayer desde Mansilla de las Mulas hasta León no me llegó al alma ni a ningún sitio… me voy haciendo esta reflexión mientras me visto, me lavo la cara -siempre con agua fría, o no me despierto- y después del desayuno quedo conmigo misma en que tampoco estuvo tan mal.

    Es evidente que el camino no es todo él una preciosidad, como la vida misma no es toda ella una maravilla. Entre maravilla y maravilla hay mucho pedregal y el camino a veces no sólo es duro, sino también feo. Pero la verdad es que con el estómago lleno de café con leche y galletas, es mucho menos duro y mucho menos feo!!!

    Salimos de León y pillamos al sol levantándose de la cama. Estamos caminando por un barrio que empieza a despuntar, con muchas casas de nueva construción y mi pensamiento vuela y vuela, recorriendo los años de mi infancia, cuando mi ciudad crecía y crecía, cuando aquellos campos por los que yo corría se iban llenando de casas – algunas de ellas llamadas “casas baratas”- para aquellos inmigrantes que llegaban del sur, porque se necesitaba mano de obra.

    Mi pensamiento ya se confunde con la actualidad y pasa de aquellos inmigrantes de los años 60 a los actuales inmigrantes de los países del Este, o los negros que trabajan en los campos, haciendo aquellos trabajos que la gente de aquí desprecia… mi cabeza bulle y de pronto JSalvador me saca de mi ensimismamiento pidiéndome que “pose”. Quiere atrapar mi cara de ensoñación junto a la alegría primeriza de ese sol que ya se ha lavado la cara…

    Muy pronto llegamos a la Virgen del Camino. Yo esperaba una especie de Santuari de Ntra. Sra. del Vilar y me llevo la tremenda sorpresa de una iglesia de un dudoso estilo que me recuerda mucho más a la Parroquia de San Sebastián – otra vez vuelvo a mi infancia, esta vez a mi adolescencia- parroquia adonde había ido a cantar el “No serem moguts” o “Vull ser lliure”, vestida con trapos de colores, melena al viento y la cabeza llena de flores… al mismo tiempo que repartía octavillas que anunciaban reuniones clandestinas, donde el párroco era el más comunista de todos…

    Debo reconocer que esta etapa me va llevando a mi mundo interior casi sin darme cuenta. Nos paramos a desayunar por segunda vez, pues no se pueden aguantar tantos km con sólo 4 galletas y un café con leche. En el bar me siento “la reina del mambo”, mis pies parece que vuelan… Pero aún quedan horas de caminar entre páramos cargados de gramíneas por todas partes menos por una llamada cielo, ay!

    Empezamos a caminar de nuevo y cuando nos quedan sólo 8 km para llegar a Villadangos los pies ya no vuelan, más bien los voy arrastrando detrás de mí. Vuelven los pensamientos negativos, vuelvo a intentar apartarlos de mi mente sin acabar de conseguirlo del todo. Vuelvo a sentirme vulnerable, vuelvo a temer al ridículo ante mí misma (no soy ya la reina del mambo) ante JSalvador (¿le estropearé por tercera vez el camino?)… casi en el último km alcanzamos a una pareja a la que habíamos conocido en el refugio de León: José Antonio y Gaby.

    José Antonio lleva un paso mucho más rápido, así que se nos adelanta. Quedamos caminando JSalvador, Gaby y yo. Esta mujer es una dulzura y me cuenta un montón de cosas. Hay feeling. Estupendo. Me transmite algo de energía y sé que llegaré al refugio de Villadangos un poco más animada.

    Caigo en la cuenta de que JSalvador tiene los pies hinchados, lleva, como dije, mucho más peso que yo y no se queja. Sigue y sigue caminando, con los ojos llenos de paisaje y el alma llena de recuerdos. Entre Gaby y JSalvador me siento pequeñita, pequeñita, muy poca cosa. Me entra la llorera pero afortunadamente, aguanto hasta el final.

    El refugio, como siempre, será “nuestra casa” por unas horas. No es nada acogedor, pero hay agua caliente, estamos solos en una habitación de 6 literas, nos hemos “apropiado” de un par de mantas… en fin, que después de una buena ducha, unos masajes en los pies (que nos hacemos el uno al otro) y bien abrigados, me siento ya mucho más reconfortada. Ahora hay que pensar en ir a comer.
    El refugio, como dije, es poco acogedor, aunque es relativamente nuevo. No hay hospitalera. Hoy es la Virgen del Rosario (la Mare de Déu del Roser), la hospitalera se llama Rosario, celebra su santo, además es domingo, deja el refugio abierto y se larga… es normal. Pero a veces la normalidad hace que los peregrinos se sientan solos.

    Una de las mejores cosas que suceden en el camino es llegar a un albergue y que el hospitalero o la hospitalera te acoja con una sonrisa. De verdad. Aunque solo sea una sonrisa. Que te pida la credencial, que te apunte en esas libretas escolares tan guays donde quedan registrados todos los que van pasando, que te pregunte de donde eres y que tenga unas palabras amables contigo. Esa es una de las cosas que “quedan” en el recuerdo.

    Así, por ejemplo, después de haber pasado por tantos pueblos y tan distintos, en mi memoria quedan nombres como Santiago Zubiri, alcalde de Larrasoaña, Pablo, hospitalero de Nájera, Margarita, hospitalera de Carrión de los Condes, las niñas de Belorado, cuyos nombres no recuerdo pero sí sus caras, María, la brasileña hospitalera de Burgos, la misma Raquél, de León… etc.

    Pero en fin, se le puede perdonar a la buena señora Rosario – a la que no vimos nunca- que la pobre pasara el día de su santo en su casa, en compañía de los suyos.

    Hoy es – sería- también el santo de Roser. Una espinita clavada, un recuerdo, una lágrima que se escapa, un pensamiento que me sobrecoge “ya no tengo que volver a pensar en qué le regalo”… ya no oiré más su voz agradeciendo -a veces exageradamente- cualquier cosita que le regaláramos, desde una orquídea, a un libro, pasando por un CD de ópera o una buena colonia… “nunca más, nunca más”… “nunca más” y “siempre” no son palabras, son conceptos que anidan en el corazón…

    En el refugio nos encontramos con una pareja francesa a la que habíamos visto en León. Concretamente, yo los vi en la iglesia, en la bendición de peregrinos. Él estaba buenísimo- las cosas como son y al César lo que es del César- ella tenía una cara de francesa que no se podía aguantar, pero no era guapa. Ya, ya sé que ser francesa no es sinónimo de ser guapa. Pues eso, exactamente eso. Pre-jubilados. ¡Qué suerte!

    Ella se pega una siesta de horas, con lo cual, Jorge (Él) se queda con Gaby y conmigo. Jorge escribe postales, Gaby lee lo que dejan escrito algunos peregrinos en un cuaderno que hay para ello en cada albergue, yo escribo mis pensamientos y mientras, José Antonio le explica a JSalvador su experiencia del pasado verano.

    Acabamos, como era de esperar, hablando todos juntos y, como siempre, arreglando los distintos mundos… e interiorizando . Siempre se acaba interiorizando y ahí está la riqueza…

    José Antonio, el pasado verano, peregrinó desde Vitoria hasta Roma. Y lo hizo por una causa. Suya. Que nadie más conocía. Que interiorizó. Le preguntamos por la causa: por la paz en Euskadi, nos dice. Por la paz en el mundo, lo haría de nuevo.
    Se me escapa otra lágrima – una furtiva lágrima- canta Pavarotti. Es lo que pienso en el momento en que lo cuenta. Y paso de Pavarotti a la famosa aria que interpreta la Callas en “Filadelfia”… “la mamma morta”. Y tengo que volver a aguantar mis sentimientos porque los sentimientos, según mandan los cánones sociales, deben guardarse en el interior de uno. No está bien visto que exterioricemos pasiones ni sentimientos. No queda bien.

    Gaby-Gabriela se abre conmigo, cuando ya por fin, conseguimos hablar solas las dos. Hemos decidido ir a cenar todos juntos, aunque los franceses se quedan algo apartados. En la tele se ven las primeras imágenes de la guerra. Demasiado para mí, hoy. Llueve. Gabriela y yo nos miramos, JSalvador y José Antonio siguen hablando, esta vez, de navegación.

    Gabriela tiene ganas de hablarme. La escucho. Siente curiosidad por nosotros y yo por ellos. Es una mujer de 55 años que aparenta diez menos. Pequeñita, poquita cosa, pero un encanto. Vive con su hijo. José Antonio es su pareja, pero cada cual vive en su casa. Estilo Woody Allen, me río yo. Alucina ella cuando le cuento nuestra historia. -Interesante, muy interesante- me dice. Yo me río. El camino está lleno de personas interesantes. El mundo está lleno de personas interesantes… el mundo está lleno de vida… y lleno de muerte.

    Salimos del bar cogidas por la cintura y riéndonos como locas. Hemos conectado. Mañana será otro día, hoy toca volver al refugio sin hospitalera e intentar dormirse aun sabiendo que en alguna parte de nuestro mundo alguien no podrá dormir porque las bombas estallarán muy cerca de su cama…

    http://laltreblogdelarare.blogspot.com/

  3. 2009 Agosto 9
    María Camino Enlace permanente

    DE LAS VIVENCIAS DEL WILLIAM RAMOS…

    Decidi irme solo y parar cuando sea necesario… Asi fue, sali de Leon a eso de las 4 y me detuve en las iglesias a tirar fotos y confrontar un poco la ciudad… Sali de Leon a esa de las 5:30 y segui caminando en direccion al primer albergue… Llegue a un pueblo que estaba a unos 5 kms de ahi y aun eran como las 7 y tenia ganas de seguir caminando… decidi que pararia en proximo pueblo que estaba a unos 4.5 kms mas… es decir, en 1 hora y media mas estaria alla.. Cuando llegue al pueblo, resulto que no habia albergue y el pueblo que le seguia estaba a 7 kilometros de ahi, osea, casi dos horas… eran como las 8:15 cuando arranque al otro pueblo… Aun recuerdo todo viviente… me dieron las 9:15 PM y aun estaba caminando y no veia el pueblo… vi un senor y le pregunte cuantos kilometros faltaban y me dijo que aun me quedaban unos 3 kilometros, encontre una estacion de gasolina en la pista y decidi parar a ver si hacia auto stop hasta el pueblo, ya que no queria que estuviera cerrado cuando yo llegara y estaba dificil la dormidera fuera ya que el camino iba paralelo a la auto pista, nisiquiera era bosque… Nadie me cojia en la estacion de gasolina, solo espere como 30 min y al ver que nadie me llevaba entonces segui caminando… eran las 10:30 y aun no llegaba al sitio, se hacia muy tarde y estaba algo aterrado… decidi parar en el primer motelito que encontrase y asi fue… encontre uno que otro mala muerte y decidi pasar la noche en ese lugar… de haber sido un sitio mas accesible me hubiera gustado dormir bajo el cobijo de las estrellas… pero, era algo arriesgado ya que habia mucho transito cerca y pasaba mucha gente… Dormi ese dia en el motel, habitaciones bien comodas, su tv, aire acondicionado, bien limpio, no era la impresion que daba, pero estuvo muy bien… me duche por una larga hora…y disfrute de una buena tranquilidad… Mi pie nuevamente se me habia hinchado, ya que ese dia me excedi en la caminadera… consegui un poco de hielo y lo frote mientras pude… Luego a la cama… descanse como un bebe…

    http://porsiempreperegrino.blogspot.com/

  4. 2009 Agosto 17
    María Camino Enlace permanente

    DEL DIARIO DE JUAN MIGUEL GRAU, UN PEREGRINO DE MIAMI…

    San Marcos.

    La historia de este edificio se remonta al siglo XII, en que sirvió como hospital de peregrinos y casa madre de los Caballeros de Santiago. La fachada que hoy conocemos, de estilo plateresco, data sin embargo del siglo XVI, aunque conserva en su decoración memoria de aquellos usos, simbolizados en las numerosas conchas que adornan la portada de la iglesia. La última incorporación arquitectónica al conjunto se produce en el siglo XVIII, cuando se añade un cuerpo barroco a la fachada. Desde sus orígenes, este monumento ha tenido usos tan diversos como Hospedería de Peregrinos, Escuela de Veterinaria, Cuartel de Caballería o prisión, siendo su más renombrado recluso Don Francisco de Quevedo, en el siglo XVII. Hoy en día es Parador Nacional de Turismo.

    Puente de Orbigo.

    El puente de origen romano es uno de los más antiguos y famosos de la ruta jacobea. Ha soportado diversas modificaciones y ampliaciones a lo largo de los siglos, terminando con los 19 ojos que en la actualidad tiene.

    Llegué a Hospital de Orbigo bastante tarde y bajo la amenaza de fuertes lluvias en la tarde. Entrando al pueblo me di cuenta de la cantidad de motocicletas que habían por todo el pueblo. Me detuve en varios hostales y hoteles, y todos estaban a capacidad debido a que se celebraba ese fin de semana “Bike Week”. Varios peregrinos que me encontré, me comentaron que todos los albergues estaban llenos desde las primeras horas de la tarde. Después de estudiar el mapa del pueblo, decidí atravesar hasta la salida del pueblo, por la Carretera Nacional-120 donde se encuentra el “Hotel Paso Honroso”. Llegando me encontré el hotel repleto de motocicletas. El empleado de turno en la recepción me explicó que estaban a capacidad pero que el me ayudaría a buscar refugio para esa noche. Después de llamar a varios hoteles, hostales, pensiones y albergues, el hospitalero del Albergue Parroquial de Peregrinos me ofreció refugio, pero tendría que dormir en el piso pues ya no le quedaban plazas. Le acepté la oferta y me fui de regreso al pueblo buscando el albergue. Al llegar y presentarme al hospitalero en la entrada, me ocurrió algo muy gracioso. En la entrada del albergue hacia la izquierda se encuentra el escritorio del hospitalero y detrás del escritorio hay unas ventanas. Hablando con el hospitalero, un señor español de edad, muy chistoso y gracioso, oía que unas voces muy misteriosa me llamaban por mi nombre desde las ventanas, pero yo no conseguía ver quienes eran. Presentando mi credencial de peregrino y llenando el formulario, aún podía escuchar voces llamandome pero ésta vez era una voz femenina con un acento cubano muy fuerte, ya llegando a lo exagerado. Me sorprendí pues desde que había empezado a caminar en Francia, hacía varias semanas, no me había topado con ningúna cubana. El hospitalero me dirigió al area donde pasaría la noche y al llegar me llevé la sorpresa de encontarme con Besnd y una chica muy graciosa de San Sebastián llamada Mercedes, la cual era la que imitaba el acento cubano. Desde ese día tuve la suerte de caminar varias etapas con Mercedes, las cuales fueron muy interesantes y divertidas, por su energía contagiosa y los interesantes debates políticos que tuvimos en muchas etapas

    http://www.juanmiguelgrau.com/camino_de_santiago

  5. 2009 Agosto 18
    María Camino Enlace permanente

    DEL DIARIO DEL PEREGRINO ZODIACO EN PLENO INVIERNO….

    El tiempo siempre avanza hacia delante, por lo que si alguna cosa ha de suceder, sólo es necesario esperar lo suficiente. Mis enormes ganas de comenzar a caminar me empujan a salir a las ocho, hora temprana para ser invierno. Movido por la impaciencia de que lleguen nuevos paisajes y situaciones de deleite para el caminante me hacen salir a la calle. Atrás dejo la repetitiva y nada sugerente vida cotidiana para hacer frente a la incertidumbre, al no saber donde estaré dentro de un rato, que me pasará durante el día o que nuevos paisajes y gentes conoceré. Aseméjese a cuando el famoso hidalgo de Cervantes decide abandonar su hacienda, hacerse nombrar Don Quijote de la Mancha y ejercer el antiguo oficio de la andante caballería, en busca de innumerables aventuras. A medio leer tengo el célebre libro, por lo que sus quinientos gramos viajan conmigo en la mochila por si es menester sacarlo y seguir disfrutando del “loco tirando a cuerdo” y su infatigable escudero, quien siempre sueña con el gobierno de una ínsula.

    Caminando por la capital observo que mi termómetro marca -3,5º C. Voy abrigado con guantes, gorro y braga como haré cada mañana. Junto al León Arena se encuentra un monumento taurino bastante llamativo que tiene por nombre Torio Ancestral. Voy paralelo al río Bernesga hasta llegar a la altura del grandioso Hostal de San Marcos, donde hay una gran plaza. Entonces cruzo el río por el puente de San Marcos, como han hecho tantos peregrinos desde que en el siglo XVI fue construido para sustituir a uno anterior. Anexo a la capital se encuentra Trobajo del Camino, donde fotografío una pequeña iglesia o ermita. Me llaman la atención unas viviendas cueva antes de entrar en el municipio de Virgen del Camino. En él se halla un santuario dedicado a la patrona de León. En la fachada cuenta con un apostolado de bronce formado por trece estatuas de seis metros y setecientos kilogramos cada una (los doce apóstoles más la Virgen). El retablo barroco (1730) está presidido por la Virgen del Camino.

    Una vez dejada atrás la localidad, ante un túnel se me plantea un dilema a causa de una señalización incongruente. En un primer momento en vez de pasar por él tiro a la derecha y camino un cuarto de hora paralelo a una gran autopista. Al no haber visto desde entonces ninguna flecha amarilla decido retroceder, con la carga psicológica que comporta eso en el Camino. Ahora, en casa, creo que sí que era el camino correcto hacia Hospital de Órbigo pasando por Valverde de la Virgen, San Miguel del Camino y Villadangos del Páramo. La cuestión es que pasado el túnel vuelven a haber incongruencias por lo que sospecho que alguien del pueblo ha boicoteado la señalización quizá para que no pasemos peregrinos por delante de su casa. Lo único cierto es que para llegar a Hospital de Órbigo voy a dar un gran rodeo, pasando de los treinta y dos kilómetros a no menos de treinta y cinco según me contarán. Eso sí, se dice que la variante que tomo es mejor que la anterior pues su trazado está alejado de la carretera a diferencia de la más directa. Entrando en detalle, mi variante pasa por los pueblos siguientes antes de llegar a Puente de Órbigo: Fresno del Camino, Oncina de la Valdoncina, Chozas de Abajo, Villar de Matarife (el más importante) y Villavante.

    La verdad es que el hecho de haber malgastado energías durante media hora, el no saber a ciencia cierta donde me hallo ni a donde voy (en mi guía no sale esta variante), y el encontrarme tantas señales amarillas tachadas y unas nuevas sospechosas e incongruentes me bajan la moral e ímpetu inicial. Lo único que sé es que camino por paisajes solitarios hacia unas montañas nevadas que se ven en el horizonte, una de ellas bastante prominente que asemejo al Puigmal. Un señor cazador de avanzada edad me dice que se llama Teleno, y que por allí se encuentra Astorga. Me cuenta que caza perdices y liebres para comérselas. También veo a dos cazadores sentados en el suelo comiéndose unos buenos bocadillos. Quizá les digan a las mujeres que se van a una dura jornada de caza, y luego la pasan disfrutando de una buena comida, del vino, el silencio y la tranquilidad del páramo leonés, donde por lo que he visto deduzco que la afición a la caza es considerable. Estos paisajes del páramo leonés difieren en algo a las interminables llanuras palentinas y burgalesas, como Tierra de Campos. Aquí muchas veces son hierbas en vez de cultivos, y prácticamente la totalidad del terreno parecen ser cotos privados de caza. Hay multitud y variadas aves. Unas son negras, bastante grandes y hacen unos sonidos peculiares. El hecho de hallarme a más de ochocientos metros de altitud en esta meseta y en invierno hace que no pase calor en las horas centrales del día. Tampoco paso frío gracias a que estoy en continuo movimiento.

    En esta época del año te puedes pasar todo el día caminando sin cruzarte con ningún peregrino, ya que prácticamente no hay nadie. De hecho, en los más de trescientos kilómetros no me voy a encontrar a más de cinco. Donde sí suelo encontrarles es en los albergues, pero en número muy reducido, rondando el cero. Así, hoy no me voy a encontrar con ninguno ni durante el camino ni en el albergue. Dicen que peregrinar en invierno es reencontrarse con el verdadero Camino, ya que en otras épocas del año se encuentra masificado y pierde gran parte del encanto. Es la diferencia que hay entre subir al Bastiments, Puigmal, Pica d´ Estats, Monte Perdido o Aneto en verano o en invierno. Sé de oídas que en verano hay auténticas carreras por llegar los primeros al final de la etapa y así coger cama en el albergue, ya que muchísima gente se queda sin plaza y ha de dormir en el suelo. Por suerte o por desgracia, he podido evitar el verano durante estos años: en 2005 disfruté de los bosques de Irati en otoño mientras que en 2007 anduve por tierras riojanas y castellanas en primavera. Ambas épocas fueron diferentes a la actual, así como supongo que lo serán del verano pero por motivos completamente opuestos. Como conclusión, se podría decir que el pago del frío, la soledad y la poca presencia de albergues abiertos tiene la contrapartida de disfrutar de la soledad de estos lugares, siendo así una buena oportunidad para que el caminante o peregrino reflexione, piense y disfrute al máximo su propio Camino.

    Un cartel sobre el trazado de esta variante en Chozas de Abajo me alivia, como punto final indica Hospital de Órbigo que es hasta donde hoy pretendo llegar. La etapa teórica finaliza antes, en Villadangos del Páramo, pero ni voy a pasar por allí ni puedo permitirme no hacer más kilómetros ya que de aquí a Reyes tengo menos días disponibles que etapas por hacer, de manera que he de procurar hacer el número máximo de kilómetros diarios que me permitan las pocas horas de luz de diciembre. Caminando por los campos no deja de llamarme la atención aquel particular Puigmal leonés, elevándose nevado en el horizonte cada vez más cercano. La tentación se me presenta en forma de bancos ubicados a la sombra de unos árboles en pleno páramo. Nunca va mal un pequeño descanso, sobre todo si uno va cansado, en parte debido a que voy excesivamente cargado ¡cuánta comida me ha puesto mi madre!. Me tumbo un par de minutos en uno de los fríos bancos sin ganas de leer algo del Quijote. Me encuentro excesivamente cansado, quizá porque ya al salir de casa estaba algo enfermo y el frío de esta mañana no me habrá sentado nada bien.

    Cerca de un pequeño pueblo, como suelen ser todos, observo a un pastor que lleva a multitud de ovejas y a una mula con carga. ¡Vete a saber que diría el célebre caballero andante sobre tal ejército enemigo! En todo caso, una buena aventura seguro, donde desfacer agravios, enderezar tuertos y mandar a algún derrotado a comparecer ante la sin par Dulcinea del Toboso. Junto a la iglesia de Villar de Mazarife me encuentra con el “albergue Tío Pepe”, nombre bastante llamativo. Sobre ésta hay unos nidos de cigüeña, alguno aún ocupado por su huésped. Parece ser cierto eso de que las cigüeñas están dejando de migrar a África para pasar allí los inviernos debido a que los inviernos en España se están volviendo menos fríos. De todas formas, habría que hacer un buen estudio para demostrar tanto el aumento de las temperaturas invernales como la influencia en las costumbres migratorias de estas aves. Pasado el pueblo el paisaje cambia repentinamente ante la aparición de unos interminables campos de caña. Un tractor tiene puestas las noticias deportivas en la radio, creía que sólo los vehículos de ciudad tenían radio. En Galicia comprobaré como una pareja joven que trabaja el campo tienen puesto en el tractor una música dance como podría ser la cadena “MáximaFM”.

    Entre pitos y flautas cada vez llevo recorridos más kilómetros, pero creo que no tantos como para encontrarme tan extenuado y cansado. Además me duele la espalda y los hombros de llevar puesta la pesada mochila durante tantas horas. Sólo deseo llegar a Puente de Órbigo, localidad unida a Hospital de Órbigo por un largísimo puente llamado “Passo Honroso”. Son las cinco y media cuando llego a dicho punto…

    http://zodiaco.madteam.net/relatos/2008-01/dia-17:-27-12-07:-leon-%E2%80%93-hospital-de-orbigo/

  6. 2009 Agosto 19
    María Camino Enlace permanente

    DEL DIARIO DE UNA PEREGRINA QUE COMIENZA SU CAMINO EN LEÓN

    20 de agosto de 2008.

    6.30 AM.

    Suena ‘Nessun Norma’ en mi móvil y rápidamente le digo a Pavarotti que se calle, más que nada porque no me pase lo que a un tío en la peli ‘Peregrinos’ que casi lo echan a patadas de un albergue…

    Me incorporo y comienzo a cambiarme en lo alto de la litera, y es entonces cuando empiezo a pensar si no hubiera sido mejor elegir la parte de abajo… Con la poca luz de las linternas de otras chicas me voy cambiando y poniendo un mejunge de crema en los pies para ver si hay suerte y no me salen ampollas… Esto es más pringoso que la miel (para que os imaginéis, uno de los componentes es aceite de hígado de bacalao) pero si mi amigo Bernardo me dice que con esa crema a él no le salen ampollas, pues yo confío en que así sea… me unto y me requeteunto con la dichosa crema. Menudo olorcillo que tiene la cremita, pero bueno, en lo que menos he pensado al venir al camino es en ligar, no me he traído ni colonia, bueno no voy a mentiros, una muestra sí, y pensando en el último día del camino, que me gustaría acicalarme un poquito más y celebrar que he llegado a destino. Que en mi mente es llegar a Fisterra o Finisterre para que me entendáis.

    Me encantaría llegar al fin de la tierra y para ello sólo tengo que caminar unos 375 kilómetros nada más y nada menos.

    Muy optimista yo, me acabo de arreglar, lavar los dientes, plegar el saco y guardar todos los trastos en mi mochila para salir y desayunar en la cocina del albergue, donde Tadeo, un señor brasileño muy amable me ofrece chocolate caliente, café con leche, té o infusión. Le pregunto que si está bueno el chocolate y me comenta que la cocinera se había levantado de muy buen humor y le había salido muy bueno. Así me decido a comprobarlo y me tomo 2 tostadas con mermelada buenísimas con el chocolate… Hay que cargarse de energía y más cuando una va a caminar la tira de kilómetros, ¿no? Así que le digo a Tadeo si me pone otra taza de chocolate… ummmm qué bueno!!! No está nada mal este desayuno peregrino!!!! Así que decido dejar un poco más de dinerillo en la hucha del albergue.

    Me dirijo hacia la puerta dispuesta a emprender camino, pero claro, apenas había amanecido y no estaba muy segura de no perderme yo sola por las calles de León, así que le pregunto a una pareja si les importa que vaya con ellos para salir de la ciudad. Me dicen que por supuesto. Se presentan, ella es Berta y él Ángel (de Madrid), y consultamos mi mapa para ver por dónde salimos. Andamos unos 20 metros y un chico nos pregunta en inglés si también puede venir con nosotros, es Alan, holandés, y le decimos que se una.

    Una vez más me alegro de no haber traído conmigo la guía del camino :-)

    Ya fuera de la ciudad comenzamos a charlar un poquito sobre nosotros ya que las afueras de León no son muy bonitas precisamente. Ellos tenían pensado hacer noche en Villar de Mazarife, que se encuentra a 20 kilómetros de León y para el primer día no estaba nada mal. Además sólo tenían pensado caminar durante 5 días, así que iban sin ninguna prisa.

    A las 9 y media paramos en un pueblito a almorzar, Berta, Alan y Ángel quieren descansar un buen rato, pero yo no estoy cansada y no tengo mucha hambre después del desayuno que me había preparado Tadeo y la cocinera con tanto amor.

    Entro en el bar y pido un zumo de naranja, y me encuentro ‘casualmente’ con la pandilla que conocí el día anterior, así que me uno a ellos a reaunar la marcha…

    Me siento un poco fuera del grupo, pues ellos están juntos desde Roncesvalles y tienen una complicidad especial… ‘Qué raro’, pienso… ‘parecen amigos de toda la vida’. Así que yo empiezo a quedarme rezagada, porque me apetece ir a mi aire, pero un chico muy majo y simpático del grupo, Ángel, de Madrid, que esta en su quinto camino desde Roncesvalles, se queda atrás conmigo y comenzamos a charlar… algo me dice que además de simpático y divertido es muy pícaro… pues se ofrece a darme un masajito en los pies cuando lleguemos al albergue. Claro está yo le tendría que dar uno en compensación en la espalda… y yo le digo que ya veremos… a ver si en lugar de Ángel va a ser un Demonio… pero bueno, parece buen chaval…

    Angel me dice que el albergue me va a encantar. Es el albergue de Jesús de Villar de Mazarife, tiene guitarra y dice que es muy especial. Os voy a dejar unas fotitos para que juzguéis vosotros mismos (en las fotos aparecen Joan y Ana en la puerta del albergue; Mary y Federica en las camas que habían en el patio interior del albergue).

    En el próximo capítulo os contaré la segunda parte de mi primer día en mi camino… con bañito en la piscina, música, reunión social, cenita y masajes incluidos
    Tal y como os comentaba en mi último post, mi primera parada en el camino es en Villar de Mazarife, concretamente en el albergue de Jesús, que recomiendo a todo aquel que le guste estar en un sitio acogedor y confortable además de muy particular en cuanto a su decoración.

    Lo primero que me sorprende al entrar es que todas las paredes están decoradas con las frases, dibujos y firmas que los peregrinos han ido dejando a su paso, algo que no he vuelto a ver en ningún otro albergue y que daba al lugar un toque un poco infantil y muy acogedor.

    Una vez registrados en el albergue, pagado el módico precio de 4 euros y con nuestro cuño correspondiente, salimos a la gran terraza trasera, donde un barco pirata, un pozo, una seta y un magnífico césped nos esperaban, era como un cuadro de Dalí, surrealismo y color en estado puro.

    Ni corta ni perezosa me quito las zapatillas para caminar descalza por el césped, qué gustito, de verdad, andar por la hierba fresca después de andar 20 kilómetros…

    Pero lo mejor estaba por llegar.

    La hospitalera nos dice que podemos subir a elegir habitación y cama, y como el albergue está prácticamente vacío tenemos habitaciones de sobra y podemos elegir… qué bien! esto es un lujo! Además hay colchones en el patio interior donde podría dormir a la interperie pero cobijada. Mary, Federica y yo decidimos dormir allí.

    Inmediatamente nos ponemos el bikini y nos vamos directas a la piscina. El agua está un poquito fría, pero se puede aguantar, hace calorcito fuera, así que al salir me quedo tomando el sol al borde de la piscina, de verdad, qué gustito!, qué tranquilidad! ojalá todos los albergues sean como este!

    Ducha caliente, bocata de jamón serrano, cervecita y café en el único bar del pueblo. Vuelta al albergue donde Ángel me da el masaje prometido. Que bueno…

    Por la tarde, congregación social en la terraza del albergue, donde parte de los habitantes del pueblo vienen habitualmente para conversar, tomarse una cerveza, tocar la guitarra y cantar. La amable hospitalera, cura y confecciona ‘compeeds caseros’ para Mary, que tiene los pies llenos de ampollas.

    Para cenar Joan prepara un arroz con verduras y pollo buenísimo y cenamos todos juntos. A mi me toca fregar, qué menos, después de lo que me han cuidado todos, y empiezo a dudar si meterme en Internet para escribir el resumen del día… Uf! las once de la noche, el cansancio empieza a apoderarse de mi, así que decido dejarlo para más adelante ;-), o sea, hoy.

    Lo más bonito sin lugar a dudas, el momento en que me meto en mi saco y miro hacia ese espacio en el cielo donde miles de estrellas me cobijan… y para mi sorpresa, una luna llena que me dice lo afortunada que soy por estar aquí.

    5.30 AM y diana. A desayunar!!! me dice Joan… Pero si aún es de noche!!! le respondo. Siempre me ha costado madrugar… así que me hago la remolona un rato. Con legañas aún en los ojos me está esperando abajo el desayuno: leche, cola-cao y galletas para coger fuerzas para el camino.

    Hoy toca llegar a Astorga y son 32 kilómetros. Nos ponemos en marcha y apenas hay luz, el gallo aún no ha hecho kikirikí… y por dentro pienso en lo bien que estaría yo en mi camita… que de pequeña no tiene nada… pero sin embargo, a medida que salimos del pueblo me gusta el paisaje que veo, empieza a clarear y voy a ver salir el sol en breve. Campos de trigo a ambos lados del camino y un silencio abrumador. Los demás comienzan a andar rápido y yo me quedo rezagada. Me apetece caminar sola y disfrutar del silencio absoluto. Sin conversar con nadie, disfrutando de algo muy simple: mirar el cielo, escuchar el viento, el olor a tierra, el sol mientras sale a mis espaldas… dejando fluir mis pensamientos… y disfrutando de este paisaje y este amanecer, de esta compañía que me ofrece el cielo, la tierra… el universo me siento plena y feliz.

    Una alegría me inunda el corazón, no es satisfacción ni orgullo, es una alegría mucho más profunda, algo que no se puede explicar, supongo que alguno de vosotr@s la habrá experimentado. El hecho es que ahora la echo muchísimo de menos desde que he vuelto del camino, y ya no puedo estar mucho tiempo sin rodearme de naturaleza. Siempre que puedo me escapo a la playa o al campo y cuando estoy en la ciudad doy rodeos si hace falta para pasear por el río o los parques.

    Lo que puede dar de si eso de hacer un pis. Al cabo de 3 horas caminando me aprietan las ganas y ni rastro de pueblo a la vista, así que como estoy en el campo, decido apartarme unos metros del camino y sin descargar si quiera la mochila me pongo manos a la obra detrás de un pequeño arbusto.

    Cuando estoy en la faena, escucho a alguien silbando… qué casualidad, en toda la mañana no me he cruzado con nadie, y justo ahora va y me van a pillar con el culo al aire… así que me doy prisa y me subo los pantalones. Vuelvo con cara de circunstancias al camino y veo que hay un chico parado sacando una foto y que sigue caminando. Noto que mis mejillas se ponen coloradas y no sé si saludarle o seguir hacia adelante, así que la vergüenza me hace ser antipática y sigo como si no pasara nada.

    El chico me alcanza y me saluda cordialmente.

    Hola, ¿Estás bien?

    Sí, le respondo yo.

    Creí que te pasaba algo porque estabas ahí agachada…

    Bueno, algo algo… sí me pasaba, que estaba haciendo un pis y has llegado tú.

    El chico se presenta. Soy Paco, de Málaga y tú?

    Peregrina de Compostela, de Valencia.

    Cuántos años tienes? 32

    Ah! Igual que yo! qué casualidad!

    Haces el camino sola? Sí

    Yo también!

    Ahora le pregunto yo, y por qué motivo lo estás haciendo?

    Porque he hecho una promesa… y tú?

    Para disfrutar del camino… y enfrentarme a un nuevo reto…

    Y la charla siguió y siguió y desde ese momento comienza lo que luego será una gran amistad…

    Una de las muchas cosas buenas que tuvo el camino

    http://blogs.lasprovincias.es/diariodeunaperegrina/archive

  7. 2009 Agosto 19
    La hospitalaria Enlace permanente

    Año Santo Compostelano.
    A UNOS 600.000 PASOS (1)
    Por Juan José Alonso Escalona

    La Hospitalera nos había preparado leche caliente, café, cacao, galletas, pan y fruta de la huerta de las monjas. Comenté todo cuanto tuvimos que soportar a lo que ella añadió que siempre suceden problemas relacionados con el comportamiento de los peregrinos, pero que nunca había padecido tanto como en esta noche. A pesar de ello, no mostró ningún gesto áspero, al contrario trató a todos con dulzura y caridad.
    Tras un frugal desayuno me despedí y calzándome la mochila salí de nuevo al Camino. Este me condujo primero a la Catedral; allí hice mis primeras oraciones, encomendándome con gran fervor a la Santísima Virgen.
    Siguiendo las huellas de las conchas de bronce, incrustadas en la calzada, llegué a San Isidoro. Hice un rato de oración ante el Santísimo expuesto, pedí la ayuda del Santo, de Santiago y de todos los ángeles y santos de Dios. Me encomendé a mi ángel de la Guarda y… a devorar kilómetros.
    A mi paso por el Hospital de Peregrinos de San Marcos paré para recrearme con toda la belleza de su fachada. Sus proporciones arquitectónicas y sobria ornamentación detienen el paso de cuantos cruzan la plaza en la que se asienta. Tuve que arrancarme de aquel lugar para poder continuar camino.
    Antes de entrar en el Puente de San Marcos, me paré y volví la mirada hacia atrás. Dura fue la entrada en León; la salida no ha sido más suave. El peregrino, acostumbrado a los trazados rurales, se siente incómodo con los urbanos. León ha sido una dura prueba en todos los sentidos.
    Cruzado el río Bernesga, que llevaba un crecido caudal, busqué escapar de todo lo que estaba relacionado con la vida ciudadana. A esta altura del Camino resulta un fuerte choque confrontar los hábitos y costumbres de la actual civilización con la natural sencillez del peregrino. A pesar de ello y de tener mi mirada pendiente de las flechas amarillas no acerté a cruzar Trobajo del Camino.
    Volviendo sobre mis pasos para situarme en el punto desde donde equivoqué el camino, descubrí, al fin, una flecha que señalaba la pasarela a través de la cual se pasa al otro lado del ferrocarril.
    El Camino ha sido devorado por la actividad industrial y la competitividad empresarial. Por todas partes barriadas, corredores industriales, carreteras, circulación masiva, semáforos, pasos cebra, gente adusta y seria…; se puede asegurar que la travesía del páramo leonés ha perdido su traza histórica. Al peregrino no le queda otra alternativa que compartir y superar estas vías de comunicación con espíritu de extranjero que busca más allá, ¡Ultreya!
    Como a unos 4 km. más arriba y a la derecha de la ruta, se alza el Santuario de la Virgen del Camino. Es obra de Subirachs y justo, en el momento en que me acercaba, daban el último toque para la celebración de la Santa Misa en la festividad de santo Domingo de Guzmán.
    El Santuario esta asistido por los dominicos, por lo que fue una Misa Solemne y concelebrada por varios sacerdotes. Así me premió el Señor la dureza e incomodidad de este tramo del Camino.
    Al salir del Santuario me encontré con las que terminarían siendo mis nietas. Me miraban con ternura. En sus miradas advertía cierta mezcla de curiosidad y cariño; como si me analizaran, deseando descubrir algo que se les escapaba sobre mi persona. Algo que se les ocultaba y que las mantenía cercanas y distantes. Les deseé buen camino y continué subiendo por detrás de la tapia del Cementerio.
    En el cruce de la A-66, Madrid/Asturias, Valverde de la Virgen queda cortado en dos. En San Miguel del Camino, me detuve en una pequeña plazuela. Allí me dieron alcance dos peregrinos.
    Curioseando el pueblo descubrí un diminuto bar en el que ofrecían menú y desayunos para el peregrino. Les invité, pero no aceptaron. Cuando salí del bar vi que aún seguían sentados en un banco de la plazuela. Al decirme que ellos iban a descansar todavía un rato, decidí continuar solo la marcha.
    Desde que salí de León venía observando que mis piernas se me habían hinchado por las picaduras de mosquitos y de otros insectos; los hombros me picaban y escocían, lo que atribuía a las sujeciones de la mochila, pero me di cuenta de que, también, mis brazos tenían infinidad de erupciones causadas por picaduras de diversos insectos.
    El sol apretaba y se hacía muy dura la marcha por el páramo leonés. Aún faltaban ocho kilómetros para Villadangos.
    A corta distancia, por delante de mí, veía una pareja de peregrinos que caminaban con mucha dificultad. Según me fui acercando pude comprobar que eran muy jóvenes. Al darles alcance me detuve y les pregunté cómo les iba.
    Eran franceses; el chico se llamaba Michel y la joven Anne Marie. Ella tenía los pies destrozados, apenas podía apoyarlos. Les dije que yo tenía un buen botiquín y que podíamos remediar algo su mal.
    Nos sentamos y Anne Marie se quedó asombrada cuando miró mis piernas. Michel me examinó las picaduras y ambos dijeron que tenían muy mal aspecto y podían ser malignas. Les tranquilicé diciendo que sólo me picaban y escocían, pero que en Villadangos iría al médico.
    Anne Marie se descalzó; toda la planta de su pie derecho estaba en carne viva y en el izquierdo la anteplanta era un montón de ampollas. Con el agua oxigenada hice primero un lavado, que sufrió valientemente; a continuación le apliqué un buen tintado con Betadine; con una gasa estéril para quemaduras cubrí toda la planta del pie y se la vendé con un vendaje suave. Anne me miraba con ternura y apretaba fuertemente la mano de Michel. Este me dio las gracias en español, pero le dije que todavía quedaba por curar el pie izquierdo. Dijeron que no me entretuviera, que ellos seguirían despacito hasta el pueblo. Yo insistí y le pinché las ampollas tintando bien de Betadine el pie entero, por encima de los dedos y por debajo. Hice la misma operación de vendaje y se calzó.
    Sonriente comentó que era un milagro; que ya ni le escocía ni le dolía. Les di un abrazo y quedamos en vernos en el Albergue. Anne Marie, además, me dio un beso. Se lo agradecí y continué andando.
    En el horizonte se advertían las fachadas de unos Hoteles. Esto hizo que recuperara el optimismo y la alegría. Antes de llegar leí con claridad Hostal Avenida. Llamé y un señor muy amable, al darse cuenta de que era un peregrino y que no debía disponer de mucho dinero, me recomendó que fuera al Avenida III, que era de la misma cadena, pero mucho más económico.
    Llegado a este, pedí una habitación individual. Me dijeron que sólo disponían de dobles, pero que ya les habían avisado desde el Hostal para que me dieran una doble al precio de single.
    Subí y sentí como si me hubiera tocado la lotería; disponía de todo, hasta de mini-bar y TV. Lo primero que hice fue ducharme y cambiarme y, a continuación, bajar a la cafetería para pedir agua y ver si tenían menú.
    En el porche me encontré con mis amigos franceses. Estaban descansando. Se alegraron mucho al verme y me interesé por si habían pedido algo para comer o beber. Me dijeron que no; que ahora seguirían hasta el Albergue, que aún distaba algo más de un Km. Insistí en invitarles y, al final, aceptaron. Repuestos, se levantaron para encaminarse al Albergue.
    Al preguntarle a Anne Marie cómo se encontraba, sonriente y señalándome los brazos y las piernas, me dijo: ¿y tu?
    Me quedé un largo rato viendo cómo se alejaban; en dos ocasiones se volvieron para decirme adiós con la mano. No sé cómo expresarlo, pero cada vez que atendía a alguien en el Camino sentía que mi alma quedaba inundada de paz y alegría.
    Comí en el restaurante del Avenida III el menú, muy rico y abundante por cierto; subí a la habitación y después de lavar mis camisas, calcetines y demás ropa, dormí hasta las cinco de la tarde. Me dispuse a ver un poco la TV que, como siempre, no me sedujo y, a pesar del calor, decidí ir al Albergue a conversar con los peregrinos.
    La Hospitalera me selló la credencial y preguntó si iba a quedarme. Le dije que no y, a continuación, pregunté por la parejita de franceses. Estos se habían hospedado en una Pensión, que esta muy cerca del Albergue. Por lo visto habían llegado muy fatigados y no se encontraban muy bien.
    La hospitalera me recomendó ir al médico para que me viera las picaduras; podía ser grave.
    Me dirigí al centro del pueblo y pregunté por una Farmacia. La farmacéutica me examinó y dijo que, si mañana continuase la hinchazón, sería conveniente que me viera un médico. De momento, me recomendó Alergical Crema para darme un suave masaje tres o cuatro veces al día y, por la mañana y la noche, rociarme todo el cuerpo con un spray ahuyenta insectos. Compré las medicinas y me di una primera untada en brazos y piernas; sentí alivio de la picazón. De camino hacia la Iglesia conversé largo y tendido con unos paisanos.
    Villadangos del Páramo es una población bimilenaria. Visité la Parroquia de Santiago, cuyas puertas narran la batalla de Clavijo. En el altar mayor preside la estatua de Santiago Matamoros.
    Esperé a que llegara D. Antonio, el Párroco. Le saludé y me informó un poco sobre la historia de Villadangos y de su Iglesia. Se lo agradecí y volví hacia el Avenida III. Deseaba llegar para repetir la cura por todo el cuerpo.
    Al quitarme la camisa vi que el pecho, espalda y hombros eran un sembrado de picaduras; a centenares y de todos los tipos. Agrupaciones de diminutos puntos rojizos; abones esparcidos entre estas agrupaciones; granos enormes, hinchazones amoratadas, ¡qué sé yo! Me apliqué un suave masaje con la pomada por todas las zonas afectadas. Casi terminé el tubo, pero mejoré notablemente. Después de cenar, repetí la operación.

    La Hospitalera nos había preparado leche caliente, café, cacao, galletas, pan y fruta de la huerta de las monjas. Comenté todo cuanto tuvimos que soportar a lo que ella añadió que siempre suceden problemas relacionados con el comportamiento de los peregrinos, pero que nunca había padecido tanto como en esta noche. A pesar de ello, no mostró ningún gesto áspero, al contrario trató a todos con dulzura y caridad.
    Tras un frugal desayuno me despedí y &laqno;calzándome la mochila» salí de nuevo al Camino. Este me condujo primero a la Catedral; allí hice mis primeras oraciones, encomendándome con gran fervor a la Santísima Virgen.
    Siguiendo las huellas de las conchas de bronce, incrustadas en la calzada, llegué a San Isidoro. Hice un rato de oración ante el Santísimo expuesto, pedí la ayuda del Santo, de Santiago y de todos los ángeles y santos de Dios. Me encomendé a mi ángel de la Guarda y… a devorar kilómetros.
    A mi paso por el Hospital de Peregrinos de San Marcos paré para recrearme con toda la belleza de su fachada. Sus proporciones arquitectónicas y sobria ornamentación detienen el paso de cuantos cruzan la plaza en la que se asienta. Tuve que arrancarme de aquel lugar para poder continuar camino.
    Antes de entrar en el Puente de San Marcos, me paré y volví la mirada hacia atrás. Dura fue la entrada en León; la salida no ha sido más suave. El peregrino, acostumbrado a los trazados rurales, se siente incómodo con los urbanos. León ha sido una dura prueba en todos los sentidos.
    Cruzado el río Bernesga, que llevaba un crecido caudal, busqué escapar de todo lo que estaba relacionado con la vida ciudadana. A esta altura del Camino resulta un fuerte choque confrontar los hábitos y costumbres de la actual civilización con la natural sencillez del peregrino. A pesar de ello y de tener mi mirada pendiente de las flechas amarillas no acerté a cruzar Trobajo del Camino.
    Volviendo sobre mis pasos para situarme en el punto desde donde equivoqué el camino, descubrí, al fin, una flecha que señalaba la pasarela a través de la cual se pasa al otro lado del ferrocarril.
    El Camino ha sido devorado por la actividad industrial y la competitividad empresarial. Por todas partes barriadas, corredores industriales, carreteras, circulación masiva, semáforos, pasos cebra, gente adusta y seria…; se puede asegurar que la travesía del páramo leonés ha perdido su traza histórica. Al peregrino no le queda otra alternativa que compartir y superar estas vías de comunicación con espíritu de extranjero que busca el &laqno;más allá», ¡Ultreya!
    Como a unos 4 km. más arriba y a la derecha de la ruta, se alza el Santuario de la Virgen del Camino. Es obra de Subirachs y justo, en el momento en que me acercaba, daban el último toque para la celebración de la Santa Misa en la festividad de santo Domingo de Guzmán.
    El Santuario esta asistido por los dominicos, por lo que fue una Misa Solemne y concelebrada por varios sacerdotes. Así me premió el Señor la dureza e incomodidad de este tramo del Camino.
    Al salir del Santuario me encontré con las que terminarían siendo &laqno;mis nietas». Me miraban con ternura. En sus miradas advertía cierta mezcla de curiosidad y cariño; como si me analizaran, deseando descubrir algo que se les escapaba sobre mi persona. Algo que se les ocultaba y que las mantenía cercanas y distantes. Les deseé buen camino y continué subiendo por detrás de la tapia del Cementerio.
    En el cruce de la A-66, Madrid/Asturias, Valverde de la Virgen queda cortado en dos. En San Miguel del Camino, me detuve en una pequeña plazuela. Allí me dieron alcance dos peregrinos.
    Curioseando el pueblo descubrí un diminuto bar en el que ofrecían menú y desayunos para el peregrino. Les invité, pero no aceptaron. Cuando salí del bar vi que aún seguían sentados en un banco de la plazuela. Al decirme que ellos iban a descansar todavía un rato, decidí continuar solo la marcha.
    Desde que salí de León venía observando que mis piernas se me habían hinchado por las picaduras de mosquitos y de otros insectos; los hombros me picaban y escocían, lo que atribuía a las sujeciones de la mochila, pero me di cuenta de que, también, mis brazos tenían infinidad de erupciones causadas por picaduras de diversos insectos.
    El sol apretaba y se hacía muy dura la marcha por el páramo leonés. Aún faltaban ocho kilómetros para Villadangos.
    A corta distancia, por delante de mí, veía una pareja de peregrinos que caminaban con mucha dificultad. Según me fui acercando pude comprobar que eran muy jóvenes. Al darles alcance me detuve y les pregunté cómo les iba.
    Eran franceses; el chico se llamaba Michel y la joven Anne Marie. Ella tenía los pies destrozados, apenas podía apoyarlos. Les dije que yo tenía un buen botiquín y que podíamos remediar algo su mal.
    Nos sentamos y Anne Marie se quedó asombrada cuando miró mis piernas. Michel me examinó las picaduras y ambos dijeron que tenían muy mal aspecto y podían ser malignas. Les tranquilicé diciendo que sólo me picaban y escocían, pero que en Villadangos iría al médico.
    Anne Marie se descalzó; toda la planta de su pie derecho estaba en carne viva y en el izquierdo la anteplanta era un montón de ampollas. Con el agua oxigenada hice primero un lavado, que sufrió valientemente; a continuación le apliqué un buen tintado con Betadine; con una gasa estéril para quemaduras cubrí toda la planta del pie y se la vendé con un vendaje suave. Anne me miraba con ternura y apretaba fuertemente la mano de Michel. Este me dio las gracias en español, pero le dije que todavía quedaba por curar el pie izquierdo. Dijeron que no me entretuviera, que ellos seguirían despacito hasta el pueblo. Yo insistí y le pinché las ampollas tintando bien de Betadine el pie entero, por encima de los dedos y por debajo. Hice la misma operación de vendaje y se calzó.
    Sonriente comentó que era un milagro; que ya ni le escocía ni le dolía. Les di un abrazo y quedamos en vernos en el Albergue. Anne Marie, además, me dio un beso. Se lo agradecí y continué andando.
    En el horizonte se advertían las fachadas de unos Hoteles. Esto hizo que recuperara el optimismo y la alegría. Antes de llegar leí con claridad &laqno;Hostal Avenida». Llamé y un señor muy amable, al darse cuenta de que era un peregrino y que no debía disponer de mucho dinero, me recomendó que fuera al Avenida III, que era de la misma cadena, pero mucho más económico.
    Llegado a este, pedí una habitación individual. Me dijeron que sólo disponían de dobles, pero que ya les habían avisado desde el Hostal para que me dieran una doble al precio de single.
    Subí y sentí como si me hubiera tocado la lotería; disponía de todo, hasta de mini-bar y TV. Lo primero que hice fue ducharme y cambiarme y, a continuación, bajar a la cafetería para pedir agua y ver si tenían menú.
    En el porche me encontré con mis amigos franceses. Estaban descansando. Se alegraron mucho al verme y me interesé por si habían pedido algo para comer o beber. Me dijeron que no; que ahora seguirían hasta el Albergue, que aún distaba algo más de un Km. Insistí en invitarles y, al final, aceptaron. Repuestos, se levantaron para encaminarse al Albergue.
    Al preguntarle a Anne Marie cómo se encontraba, sonriente y señalándome los brazos y las piernas, me dijo: ¿y tu?
    Me quedé un largo rato viendo cómo se alejaban; en dos ocasiones se volvieron para decirme adiós con la mano. No sé cómo expresarlo, pero cada vez que atendía a alguien en el Camino sentía que mi alma quedaba inundada de paz y alegría.
    Comí en el restaurante del Avenida III el menú, muy rico y abundante por cierto; subí a la habitación y después de lavar mis camisas, calcetines y demás ropa, dormí hasta las cinco de la tarde. Me dispuse a ver un poco la TV que, como siempre, no me sedujo y, a pesar del calor, decidí ir al Albergue a conversar con los peregrinos.
    La Hospitalera me selló la credencial y preguntó si iba a quedarme. Le dije que no y, a continuación, pregunté por la parejita de franceses. Estos se habían hospedado en una Pensión, que esta muy cerca del Albergue. Por lo visto habían llegado muy fatigados y no se encontraban muy bien.
    La hospitalera me recomendó ir al médico para que me viera las picaduras; podía ser grave.
    Me dirigí al centro del pueblo y pregunté por una Farmacia. La farmacéutica me examinó y dijo que, si mañana continuase la hinchazón, sería conveniente que me viera un médico. De momento, me recomendó Alergical Crema para darme un suave masaje tres o cuatro veces al día y, por la mañana y la noche, rociarme todo el cuerpo con un spray ahuyenta insectos. Compré las medicinas y me di una primera untada en brazos y piernas; sentí alivio de la picazón. De camino hacia la Iglesia conversé largo y tendido con unos paisanos.
    Villadangos del Páramo es una población bimilenaria. Visité la Parroquia de Santiago, cuyas puertas narran la batalla de Clavijo. En el altar mayor preside la estatua de Santiago Matamoros.
    Esperé a que llegara D. Antonio, el Párroco. Le saludé y me informó un poco sobre la historia de Villadangos y de su Iglesia. Se lo agradecí y volví hacia el Avenida III. Deseaba llegar para repetir la cura por todo el cuerpo.
    Al quitarme la camisa vi que el pecho, espalda y hombros eran un sembrado de picaduras; a centenares y de todos los tipos. Agrupaciones de diminutos puntos rojizos; abones esparcidos entre estas agrupaciones; granos enormes, hinchazones amoratadas, ¡qué sé yo! Me apliqué un suave masaje con la pomada por todas las zonas afectadas. Casi terminé el tubo, pero mejoré notablemente. Después de cenar, repetí la operación.

    Sábado 9 de agosto: Villadangos del Páramo-San Justo de la Vega
    A las 5,40 me levanté, duché y vi con alegría que habían mejorado las hinchazones y que las agrupaciones de picaduras tenían mejor aspecto. Me rocié con el spray y bajé a desayunar. Aún no eran las 7 de la mañana.
    El Camino sigue por la derecha del Albergue, así que me dirigí hacia él. Está como a unos dos Km. del Avenida III.
    La carretera, que atraviesa Villadangos, queda a la izquierda. La crucé y saludé a otros peregrinos que salían del Albergue en ese momento.
    Ellos iban al pueblo a comprar comida. No les dije nada, pero pensé que lo tenían bastante difícil, ya que en todo lo que llevo recorrido no he encontrado ningún establecimiento abierto antes del mediodía, a excepción del de Villalcázar de Sirga.
    La mañana prometía ser calurosa, como todas las que me habían acompañado por Castilla; pero yo diría que el calor se hace más insoportable por todo el Páramo Leonés. Quizás se deba a que se encuentra más rodeado de montañas que, aunque lejanas, forman una gran &laqno;olla» en la que se cuecen todos los seres vivos: yo, entre ellos.
    Cruzado un canal, que sirve de lavadero, y a unos doscientos metros más allá, existe una fuente a la izquierda del sendero. No muy lejos, el Camino vuelve a encontrarse con la carretera N-120, P.K. 325.
    Procuré alternar este tramo cogiendo, siempre que podía, las pistas que se encuentran a los lados. Esto hacía más llevadera la ruta y se ajustaba más al estilo y espíritu peregrino.
    Al llegar a San Martín del Camino, de evidentes resonancias jacobeas, busqué un sitio donde adquirir algo de comida. Vi el letrero de una Panadería y me dirigí hacia él. Una vez más comprobé que es inútil buscar apoyo logístico antes de las 12.
    Me acerqué al Refugio Alonso, con la esperanza de encontrar a alguien que me facilitase algo de comida y también estaba cerrado. En ese momento se oyó el reiterado sonido de un claxon y vi que varias mujeres salían de las casas con bolsas y se detenían ante una furgoneta-tienda.
    Haciendo caso del refrán, que dice: a donde fueres, haz lo que vieres, me puse a la cola. Una mujer dijo al &laqno;tendero» que me sirviera a mí antes que a ellas. Yo iba sudoroso y cargado con mi mochila, lo que, sin duda, la movió a compasión.
    Compré una barra de pan, uvas y tres plátanos. El que me atendió quería que llevara más, que sólo iba a cobrarme 200 pts. por todo. Yo se lo agradecí, pero le hice ver que no debía añadir demasiado peso a mi mochila.
    Pregunté si había alguna fuente cercana. Me dijeron que al otro lado de donde estábamos había una fuente abundante y muy fresca.
    Con mi nueva carga me encaminé por detrás de unos huertos. Efectivamente, un hermoso chorro vertía su riqueza en el lavadero público.
    Una señora se encontraba haciendo su colada. La saludé y le pregunté si el agua era potable. Me dijo que bebiera con toda confianza, que era muy buena y muy fresca.
    Sentado en el brocal, lavé un racimo de uvas y me puse a comerlas. No eran muy dulces, pero estaban en su punto y muy sanas. Cogí un plátano y, cuando me disponía a comerlo, una pareja de jóvenes se acercó al lavadero e hizo la misma pregunta sobre la potabilidad. Comenté que el agua era excelente.
    Les invité a que se sentaran conmigo para comer y conversar un rato, pero se les veía muy comedidos y con temor a importunar.
    Les ofrecí un plátano logrando, tras un largo forcejeo, que me lo aceptara la chica, muy joven, supongo que tendría unos dieciocho años. Lo probó y alabó su buen sabor y lozanía.
    Cuando se fijaron en mis brazos y piernas, se sorprendieron de que fuera capaz de continuar mi andadura.
    Yo les sonreí y pregunté sobre cuántos días llevaban de camino. Me respondieron, con cierto rubor, que &laqno;era su primer día y que habían salido de Santa María del Camino. Estaban muy cansados y dudaban de poder hacer todo el recorrido hasta Santiago».
    Les animé, llenamos nuestras botellas de agua y, tras cargar con nuestras mochilas, reemprendimos el Camino.

    http://www.biescasvignau.com/03Espanol/07.Trekking/10.CaminoFrances/Diarios/JJ.Alonso.97.03/%2010A.DiariosJuanjo.htm

  8. 2009 Agosto 21
    La hospitalaria Enlace permanente

    DIARIO DE ÁNGEL SILVENTE

    Si bien la llegada a León marca el fin de los campos de cereales, la etapa de hoy marca el principio del fin de la llanura.

    A las ocho de la mañana comenzamos a caminar los cinco. Abandonando la ciudad pasamos junto al Hospital de San Marcos, foto hoy parador nacional en el que tuve la suerte de alojarme hace ya algunos años con mis padres.

    La salida de León es aún más fea que la entrada. Se atraviesan varios pueblos contiguos pegados a la carretera. Es como caminar por la carretera de Murcia a Alcantarilla. Al fin se deja la carretera para salir al páramo. No hay cultivos de ningún tipo y si algunos robles pequeños y dispersos.

    El caminar se hace muy llevadero por ir todo el grupo junto platicando y de cachondeo. A demás la etapa es corta y antes de la una estamos en Villar, pueblo sin ningún interés especial. La única atracción turística es Monseñor, un curioso artista románico que tiene un museo propio y vende artesanía a los peregrinos.

    El albergue no es más que una casa vieja y con el suelo lleno de colchones sucios en los que debemos dormir. Pero no hay nada mejor. El peregrino no exige, solo agradece. Y el que no entienda esto mejor que no se le ocurra nunca recorrer la ruta Jacobea. Por lo menos tiene cocina y agua caliente. Lo malo es que nos toca dormir en un porche.

    La verdad es que desde que han llegado estos siempre hay cachondeo y los ratos ociosos son mucho más divertidos. Lo malo será cuando lleguen los problemas, que llegarán.

    http://www.euskalnet.net/diariosdeperegrinos/angel.silvente.htm

  9. 2009 Agosto 24

    DE LA PEREGRINACIÓN DEL GENERAL LEON DEGRELLE

    ¡Otra vez la mala noche habitual! Cena nunca pronta, que se sirve a las once; personas que vociferan hasta las dos de la madrugada. Y después, siguen los “brutos” que llegan de tres a cuatro de la madrugada, conversando, como si tal cosa, a voces desenfrenadas, en el pasadizo y en el portal de sus casas. Verdaderamente, este pueblo no tiene ni educación ni, sobre todo, espíritu social. A cada cual les importa un rayo el perjuicio causado a los demás y la hora que sea.
    Larga etapa la de hoy: 35 kilómetros. Parto temprano. Nuevamente he pasado por delante del bello palacio (es más palacio que hospital) de San Marcos y luego he vuelto a tomar el camino hacia el campo. El paisaje bastante trivial; mientras no se llegue a las montañas pienso que será así; pero, desde pasado mañana, calculo que ya llegaré a las altas montañas.
    Me encuentro con una bonita iglesia dedicada a la Virgen en el camino, que guarda también una ingenua leyenda.
    Después, he llegado a un pueblo, Villadangos, donde la vieja iglesia (¡me ha costado poner en movimiento al cura con su llave!) contiene tres graciosas esculturas populares de Santiago y sobre el tributo de las cien “doncellas”(¿te acuerdas de los cuatro toros de Carrión?)
    Y finalmente, Puente de Orbigo. Digo, por fin. Pues fue penoso llegar hasta ahí. Mis dolores sobre la rodilla derecha no han cesado, a pesar del día de semi reposo que he pasado. Al cabo de quince kilómetros de caminata, han vuelto, muy punzantes, impidiéndome, desde entonces, hacer más de tres o cuatro por hora. Está muy hinchada la zona. Una vez quieto, durante una hora, después del almuerzo, pasan, pero son tres veces ya, consecutivamente, que han vuelto. He debido pisar algo. Si no se arregla antes de llegar a la montaña, no será nada placentero subir así, por picos de dos mil metros. A veces siento como un pinchazo tan doloroso que me tira casi al suelo. Pero, en fin, me consuelo pensando que estos pequeños contratiempos forman parte de la peregrinación y que mis predecesores también los tuvieron. ¡Esto da ambiente!

    http://compostela2004.free.fr/mi_camino_de_santiago.htm

  10. 2009 Agosto 27
    La hospitalaria Enlace permanente

    EX ORIENTE LUX

    Es una verdadera lástima que la etapa que comienza en una de las ciudades más hermosas y llena de atractivo del Camino, se encuentre en tan pésimas condiciones: mal señalada, entre arcenes de alto riesgo para el caminante, por avenidas o entre escombros y restos de obra. Es con diferencia la peor etapa que nos hemos encontrado a lo largo del camino y prueba de ello es que incluso aquella que discurría por las inmediaciones de Burgos, y que es conocida por los peregrinos como “la peor”, resulte sin lugar a dudas mejor que ésta.

    El enojo y las continuas incomodidades que sufre el peregrino a lo largo de todo éste camino, hacen que no se vea en él nada de especial atractivo, sino más bien todo lo contrario, y que a la hora de describir nuestro paso hacia San Martín del Camino me muestre breve y conciso.

    Al poco de partir pasamos junto al Hospital de San Marcos, una de las más impresionantes joyas de la arquitectura Leonesa. Frente a él se encuentra el crucero que antes estaba en el alto del Portillo, y que ya mencioné en la etapa del día anterior.

    Entramos al ahora parador para sellar nuestra credencial en la recepción y continuamos nuestro camino por un un puente peatonal. De allí llegamos a una larga avenida que, a través de otro puente sobre unas vías, nos condujo a Trobajo, antes pueblo y hoy en día barrio periférico de León.

    Aquí nos perdimos, pues no vimos ninguna señalización, pero las amables indicaciones de una vecina del lugar –no me cansaré de subrayar la excepcional amabilidad con la que se nos trató en el tramo leonés del Camino-, nos condujeron hacía una cuesta que discurría entre bodegas.

    A la puerta de una de ellas, nos detuvo una señora de muy avanzada edad que barría la entrada:

    - ¿Son ustedes peregrinos?.

    - Sí señora.

    - Pues van hacia la Virgen del Camino, aquí la tenemos nosotros mucha devoción y todos los años hacemos una romería allá.

    - Si todo va bien llegaremos en una hora.

    - Si, eso es lo que hay más menos hasta allá. Que tengan Ustedes buen camino.

    En lo alto de la cuesta hay un pedestal en el que en su día debió haber un crucero. Recordando al de El Portillo echamos la vista atrás y vimos una completa panorámica de la ciudad de León.

    Pronto entramos en un polígono industrial y, tras un largo periplo entre naves, dimos con el arcén de la carretera que nos introducía en la localidad de Virgen del Camino. Marchamos, como lo indicaban las señales, por el borde de la carretera con los vehículos que venían por nuestra espalda casi rozándonos.

    A continuación se sigue una amplia avenida que termina en el Santuario de la Virgen del Camino, de estilo modernista y con unas enormes estatuas de bronce.

    Frente a ella cruzamos la carretera y comenzamos a descender una cuesta para llegar a una zona de descampado desde donde el camino se dispone a sortear el nudo de carreteras y autovías que tiene ante sí.

    Allí nos encontramos con una peregrina extranjera que intentaba dar con el desvío del Camino que pasa por Mazarife y que, según dicen, a pesar de ser más largo es más agradable. Cuando nos preguntó por él, creíamos que se refería a Madrid, pues pronunciaba el nombre con su acento como “Mazrif”, lo cual produjo en nosotros no poca extrañeza hasta que dimos en entenderla, pues veíamos extraño que quisiera desviarse andando hasta la capital de España.

    El caso es que consultando nuestro mapa y siguiendo una señal que vimos al poco pudimos avisarla para indicarle que era ahí, al poco de bajar la cuesta que sigue al santuario de la Virgen del Camino, donde se encuentra el desvío. Se despidió de nosotros dándonos las gracias, y continuó por aquél camino que, la verdad, tampoco tenía muy buen aspecto.

    Después de sortear el nudo viario, continuamos nuestra marcha entre pabellones, hoteles de carretera y gasolineras, hasta llegar a Valverde de la Virgen: más arcén y después una larga calle que atraviesa el pueblo.

    En San Miguel del Camino, que es el siguiente pueblo, paramos a tomar un café en el “Yantar del Peregrino”, donde la amable dependienta nos explicó cómo hacen la famosa limonada del lugar y nos dio a probar una estupenda cecina.

    El resto del Camino va paralelo a la carretera hasta alcanzar Villadangos. Cuando creíamos haber llegado a este lugar, descubrimos que aquél amasijo de gasolineras, naves industriales y hoteles de carretera estaban aún a dos kilómetros del pueblo, que en principio era nuestro final de etapa, y que gran parte de lo que nos restaba –como guinda final- transcurría entre caminos de piedra que se inca en las plantas de los doloridos pies por mucha zapatilla que se lleve, escombros de restos de obra, pedregales, tierra batida, basura, montes de gravilla y cruces de carretera. Queda el consuelo de que todo esto está aquí porque, es un suponer, están acondicionando el Camino.

    A la entrada de Villadangos, a un lado de la carretera, se encuentra el albergue. Allá fuimos y aunque no estaba el hospitalero, se podía acceder a él y en su jardín equipado con unas mesas paramos a descansar y descalzarnos un rato –éste es uno de los mayores placeres que experimenta el caminante al terminar su jornada- mientras charlábamos con otros peregrinos.

    Allá nos encontramos con la peregrina que nos había preguntado por el desvío a Matarife. Según parece, no le gusto demasiado el aspecto de aquél, y volviéndose por donde había marchado, retomó la misma ruta que nosotros hasta Villadangos. Allá se quedó meditando a un lado del jardín del albergue, separada del resto de los peregrinos.

    Unos catalanes, que como nosotros tenían que regresar a León, nos dijeron que pasaba por aquél pueblo un autobús en cosa de hora y media. Fuimos a enterarnos al bar que hacía las veces de parada y al decirnos que también pasaba por el pueblo siguiente, a unos cinco kilómetros, emprendimos la marcha, un tanto apretada, hasta San Martín del Camino.

    Afortunadamente, este último tramo se volvía más agradable, el camino, como lo hacía al comienzo de nuestra etapa anterior corría tranquilo junto a la carretera, por una cómoda y recta senda hasta nuestro mismo destino. El aire era fresco y agradable y, a lo lejos se distinguían ya las nevadas montañas del Bierzo y, más allá, Galicia…

    http://www.exorientelux.org/

  11. 2009 Noviembre 14

    8-NOV-09, DOMINGO.-ETAPA: LEON – SAN MARTIN DEL CAMINO

    25 KMS. 7 HORAS (7.00-14.00). FRIO 5º. VIENTO. RECORRIDO LLANO. DIFICULTAD : FACIL. ALBERGUE LEON : BUENO. PEREGRINOS 7.
    GASTOS : 11.30 ( albergue donativo 3.00, desayuno gratis, pan 0.80, cafe con leche 1.00, cena 6.50 )

    A las seis el sonido de unas campanadas me despiertan. Es la llamada para el rezo de “Maitines”, a éste no nos han invitado.

    A las siete en punto abandono el albergue y me dirijo por callejuelas solitarias hasta la preciosa catedral gótica, construida en el siglo XIII. Destacan sus 1.800 m. de vidrieras. Cuando el sol las atraviesa proyecta en su interior un espectáculo de luz y color inigualable.

    Saco unas fotos de la Catedral y continuo hasta el Puente San Marcos, sobre el rio Bernesga, salida natural de los peregrinos hacia Santiago.

    De vez en cuando me encuentro con grupos de jóvenes que ponen el broche a una noche de copas (es sábado) con ojos rojizos y chispones. Cuadrillas de empleados municipales, manguera en mano,limpian la ciudad de los restos y desperdicios que las hordas juveniles han dejado en plazas y parques.

    Tras pasar por el Hospital de San Marcos, hoy convertido en lujoso Parador Nacional, atravieso el milenario puente y me dispongo a recorrer los 25 kms. de la etapa de hoy.

    Recorrido feo, casi todo el camino discurre junto a la carretera N-120, contaminado por los gases y el ruido procedente del cercano asfalto.

    Paisaje llano y seco, atravesando innumerables polígonos y naves industriales. Etapa para olvidar y no repetir.

    TROTAMUNDOS

    http://elespiritudelchemin.wordpress.com/2009/11/14/8-nov-09-domingo-etapa-leon-san-martin-del-camino/

Referencias & Pingbacks

  1. 4404 – Del significado de esperar por un hada « El Espíritu del Chemin

Escribe un comentario

Nota: Puede usar XHTML básico en sus comentarios. Su dirección de correo electrónico nunca será publicada.

Subscripción al comentario vía RSS