La noche pasó tranquila aunque me desperté tres o cuatro veces. A las cinco de la mañana me desperté definitivamente y estuve repasando el camino desde Roncesvalles que había realizado en octubre. Volvieron a mi cabeza momentos, personas y paisajes tan añorados por mi. También recordé lo que decía la guía del día de hoy, esta anuncia un recorrido llano en los primeros kilómetros y luego subidas y bajadas a tres mesetas, en principio un autentico sube y baja.
Con estos pensamientos y poco a poco las manecillas del reloj fueron avanzando. Cuando anhelamos que pase el tiempo ¡que despacio va!, pero cuando queremos lo contrario, ¡VUELA!.
A las seis y media empezaron los ruidos de los más madrugadores. Sin pensarlo, me levanté y tras un rápido aseo metí en la mochila el saco y salí al exterior.
Yo habitualmente en el camino, dejo la noche anterior todas las cosas ya recogidas y sólo queda fuera el saco y la ropa que voy a utilizar al día siguiente. De este modo en muy poco tiempo, y con muy poco ruido, estoy dispuesto. La ropa con la que ando es un pantalón corto de deporte, una camiseta de algodón, la gorra, unos calcetines sin costuras y las botas o sandalias, según la etapa. Cuando hace fresco me pongo un polar con cremallera.
Esa mañana salí con el polar, la noche había estado lloviendo y hacía fresco, el cielo estaba despejado y el día sería claro y soleado.
Fui el primero en salir. Por el parque hacia la puerta del Rey fui dando mis primeros pasos de peregrino que me llevarían a los pies del ansiado destino, Santiago.
La salida de Burgos se hace mucho más deprisa que la entrada. Se coge un camino agrícola que en algún momento se mete en medio de una hermosa chopera, que a esas horas y entre dos luces parece fantasmal. En una hora por camino llano se llega a Villalbilla. Este pueblo se pasa por la zona periférica donde un sábado a las 8 de la mañana no hay ningún servicio para el peregrino.
Ya empezaba a necesitar un desayuno adecuado. Esta mañana no había tomado nada por los nervios de la partida.
De este pueblo a Tardajos se atraviesa un entramado de carreteras en construcción bastante desagradable y peligroso. Pero con resignación y sin pensar demasiado en el entorno y mucho en mis propios pensamientos fui avanzando por este recorrido no demasiado bello. A las 9 llegue a Tardajos después de atravesar el puente del Arzobispo sobre el río Ubierna.
En Tardajos pude desayunar en un bar al lado de la Iglesia de la Asunción. El bar estaba recién abierto y me ofrecieron croisanes calientes, que sin dudarlo acepté.
A los 20 minutos reemprendí la marcha por la carretera que en poco tiempo atraviesa el río Urbel por un puente. Rabé se encuentra a menos de dos kilómetros. En este pueblo hay un albergue que ofrece café al peregrino a esta primera hora. Yo no paré pues acababa de desayunar.
A la salida del pueblo hay una ermita con dos caminos que se vuelven a reunir más adelante, concretamente 5 kilómetros después. Las flechas marcan él de la izquierda y ese cogí. Pero cuando llevaba medio kilómetro, un agricultor se me acercó y me dijo que por el otro había visto una peregrina con un niño en un carro, y que si cambiaba de recorrido la podría ayudar, pues el barro la entorpecía muchísimo el recorrido. Me pareció absurda la situación, pero ante la insistencia retrocedí y tomé el otro camino agrícola. Este estaba mucho más definido y seguro que más utilizado por los tractores pues su firme era mejor.
A los 10 minutos encontré un ciclista quitando el barro de las ruedas en una acequia. Le pregunté por la peregrina y no la había visto. Así que continué. Al poco rato en la distancia la vi y la di alcance. Estaba tirando, o mejor empujando, de un carro plegable de niño, con el correspondiente chaval de 3 o 4 años encima, en la bandeja del carro las cosas del niño y ella con una mochila abultada. Le costaba mucho avanzar, las ruedas del carro se llenaban de barro y se bloqueaban, haciendo difícil moverlo y adelantar camino.
Eran franceses y el niño se llamaba Mateo, habían empezado el Camino el día anterior en Burgos llegando hasta el albergue de Tardajos. Hoy pensaba llegar a Hornillos, pero la lluvia de la noche había creado un pequeño suplicio para ella.
La ayudé a tirar del carro hasta el alto. Era agotador, pues además de la mochila era necesario empujar de la silla con el niño encima y con un barro que clavaba. Fueron tres kilómetros no demasiados empinados pero sudé de forma inolvidable.
En el punto donde se juntan los dos caminos me despedí de ella y del niño, ellos querían descansar un rato en la meseta, tomando el sol y respirando el aire límpido de la mañana.
Bañado de sudor recorrí tranquilamente el alto, sufriendo un aire fresco bastante desagradable. El día estaba muy limpio y trasparente, sólo algunas nubes algodonosas atravesaban el cielo.
En la bajada, y ya casi en el cruce de la carretera de Estepara a Villanueva, me junté con una pareja que hacían etapas cortas. Habían empezado en Roncesvalles y hoy desde Tardajos. No pensaban llegar más allá de Hornillos. Hablando y comentando nuestros caminos llegamos a la famosa plaza del Gallo. Visité el albergue e intenté hacer lo mismo con la iglesia pero fue imposible al estar cerrada, cosa muy habitual en todo el camino.
Mis acompañantes se quedaron en la puerta del albergue esperando a terminaran de limpiarlo. Busque un bar donde me ventilé un bocata de los que levanta un muerto.
Con las fuerzas renovadas, al salir del bar me encontré a Miguel, el peregrino de Madrid. En un suave ascenso y por un camino carretero perfectamente señalizado se llega hasta el arrollo Sambol. Aquí la guía marca que hay un albergue a la izquierda. Decidí visitarlo mientras Miguel continuó adelante.
A cosa de medio kilómetro, hay una casa rodeada por una pequeña valla. Todo ello pintado con dibujos de colores llamativos, que rememoran las épocas medievales y un hermoso juego de la oca, en medio de la nada este albergue parece un oasis de tranquilidad. Con el ejercicio realizado las tentaciones de quedarse fueron muy altas. Estaba cerrado y un cartel anunciaba que el hospitalero tardaría un par de horas. Disfrutando de la alameda toda verde y por un banco de madera, descargue la mochila y me lavé en la fuente de aguas heladas, sentándome a continuación a descansar un rato.
Cuando estaba reposando vi a una peregrina de unos sesenta años que estaba sentada junto a un árbol. No hablaba casi español, era alemana y con mi pobre inglés Tuvimos una agradable conversación. Decidimos reemprender el recorrido aunque su paso era lento y pausado, pero no me importó, hay momentos que valoro una conversación inteligente y tranquila.
Sin darnos cuenta desandamos el recorrido hasta el puente y luego por una suave cuesta ascendimos la tercera y última meseta del día. Al poco encontramos que el camino se hacía casi impracticable por el mucho barro. Las botas se llenaban de barro, haciendo muy engorroso el caminar. Terminamos haciéndolo por el sembrado, que con la hierbas permitía un paso más cómodo.
Esta alemana se llama Marie y todos los años hace largos recorridos por todo el mundo. Fue fascinante su descripción de su estancia en los parques naturales del Canadá.
Con una conversación fascinante y, mucho más deprisa de lo que yo deseaba, en poco más de una hora y cuarto nos encontramos el pueblo de Hontanas. Este se encuentra en el fondo de una hondonada. Es curioso que no se ve hasta que se está encima del mismo. Se llega con una bajada pronunciada que nos lleva a la bella Iglesia de la Inmaculada del siglo XV. Casi enfrente, se encuentra un reformado albergue que tiene todas las comodidades.
Aquí nos encontramos con Miguel que estaba descansando en un poyo a la puerta del albergue. Eran sobre las tres de la tarde y el hambre arreciaba, la hospitalera nos ofreció un magnífico bocata de salchichón y una coca cola. Más que comer devoré mientras que mis pies descansaban después de 29 kilómetros.
Siendo todavía temprano, decidí con Miguel continuar hasta Castrojeriz. Después de despedirme de Marie reemprendimos el paseo.
Al poco de iniciarlo encontramos un señor mayor que nos ofreció un trago de la bota de vino y nos invitó a entrar en el patio de su casa. Este estaba bellamente decorado con raíces de árboles. Fueron sólo 10 minutos pero valió la pena que nos explicara como recogía las raíces y como las mimaba hasta formar auténticas esculturas con formas un poco fantasmales.
En seguida se atraviesa la carretera y por un puente un pequeño río. Ya por camino y siguiendo la margen derecha del río se continua durante unos cuatro kilómetros. El sol empezaba a apretar y en esta hondonada se notaba más. Al poco se llega a la carretera que antes atravesamos. Esta tiene muy poco tráfico pero es conveniente recorrerla por su margen izquierda pues algún que otro coche pasó.
A los 20 minutos aparece el simbólico arco del Convento de San Antón. Estaba cerrado y no nos quedó más remedio que continuar.
Este convento en ruinas fue construido sobre el palacio y la huerta del rey Pedro I de Castilla. Este convento fue erigido por los antonianos, que se dedicaban a cuidar de los enfermos que llegaban haciendo el Camino, sobre todo de los que presentaban la enfermedad llamada del fuego de San Antón. Este monasterio estuvo bajo la protección real, por eso hay escudos reales en la portada de la iglesia y en las claves de las bóvedas. Lo fundó Alfonso VII en el siglo XII y las ruinas actuales son del siglo XIV. El hospital tuvo mucha importancia. También es destacable que la cruz llamada Tau o Thau, fue usada por el fundador de la orden en memoria de la liberación de los primogénitos de los hebreos, los cuales tenían sus puertas marcadas con este símbolo.
En un prado a la derecha Miguel me dijo que se paraba a descansar, yo aunque cansado estaba deseando llegar a destino así que seguí la marcha por la carretera en un terreno totalmente llano. Los dos kilómetros de recta se me hicieron especialmente largos. El cansancio empezaba a hacer mella. Los prados estaban verdes y los cereales altos. Me entretuve en las olas que formaban con el poco viento que corría. Al fondo se podía ver la Colegiata en lo alto. El paisaje era tremendamente bello en estos días de primavera.
Cuando llegue a la Colegiata me dejó impresionado la belleza de su fachada. Intenté visitarla pero tuve la mala suerte de que el sábado por la tarde no se aceptaban visitas, así que entre en el bar que hay enfrente a tomar un refresco, que bien me hacía falta. Según me contó el propietario del bar, este pueblo fue la antigua Castrum Sigerici, y tiene forma de pueblo del Camino. Esta configuración es una calle, por la que pasan los peregrinos, que recorré toda la población teniendo a su vera los edificios más representativos.
También hay un castillo en lo alto fundado por el conde Nuño , que defendió la fortaleza a finales del siglo IX contra los árabes. Antes había sido fortaleza celtíbera, romana y visigoda.
Al poco de estar allí volvió a aparecer Miguel y con él nos dirigimos por hermosas calles hasta el albergue, este está situado en la calle del Cordón. Tiene dos plantas, cocina y un patio donde reposar. Nos tocaron las dos últimas camas en el piso de arriba.
Después de una reconstituyente ducha y de reparar la primera ampolla del camino, marché a recorrer sus calles tranquilamente. Aproveché para comprar algo de fruta para el día siguiente y después visité la Iglesia de San Juan. Está en la calle-camino. De aspecto castrense con una esbelta torre y restos románicos en la base de la iglesia. Inmenso templo de 3 naves, bóvedas con nervios que se abren como si fueran palmeras. Perteneció a los templarios y más tarde a la orden de los hospitalarios. En lo alto se ve el rosetón, soberbio ejemplar de estrella de cinco puntas, pentágono invertido que tradicionalmente sirvió para representar el carnero diabólico en contraste con el pentáculo recto que representaba el Hombre Cósmico.
A las ocho y media entré a cenar en un mesón donde coincidí con dos peregrinos que tenían una agradable charla frente a una jarra de vino. Uno de ellos era francés y tendría unos 70 años. Se llamaba André y era agricultor. Había empezado el camino en el centro de Francia junto con dos compañeras de una asociación religiosa del camino, los afiliados a la misma para no hacerlo solos se agrupan, aunque ni siquiera se conozcan de antes. Sus compañeras se habían quedado en Hontanas y el había marchado delante. El otro se llamaba Javier y era un marino mercante jubilado que había iniciado el camino en Burgos el pasado viernes. Hoy venía desde Boadilla.
Hablando de las cosechas y de bouquet de los vinos se paso una agradable cena. A las 9 y media ya estábamos de vuelta en el albergue y deseando dormir para reponer las fuerzas perdidas durante el día.
Esa noche no saque el saco, no era necesario. La manta que tenía en la cama fue suficiente para no pasar frío. A las 10 en punto se apagaron las luces y no me dio tiempo a rememorar mentalmente la etapa, me dormí inmediatamente.
Retrocedamos… En Burgos se me ocurrió mirarme los pies (como a veces duelen, normalmente no les hago ni caso, o de lo contrario, no sé yo si podría correr y hacer las barbaridades que hago). Total: había unos puntitos rojos muy monos que ya me habían salido la otra vez y que pican un poco. JS me ponía betadine, con lo cual mis pies adquirían un tono amarillo-chino de lo más guay, con puntitos rojo-anaranjados, algo más abultados que de costumbre (los pies, no los puntitos) y desde luego, nada, pero nada eróticos. Eran unos pies de mirar con carita de pena y luego mirarme la cara a ver si se correspondía con los pies. pero mi cara reflejaba una sonrisa profidén total, así que no era preocupante.O eso creía yo.
En Burgos, aparte de postales y sellos, aprovechando la gran ciudad, compré calcetines con componente de algodón al 80% por si acaso… puesto que yo estaba convencida de que tenía una alergia a los calcetines.
Total: llegando a Hontanas, después de 30 km., creíamos que ya habíamos hecho la etapa… inocentes! llegamos a Hontanas sobre las 4 de la tarde y sin comer… teníamos un hambre de caballo y nos metimos en el bar de Victorino (un personaje que sale incluso en la guía) para comer algo. Descubrimos a una pareja que nos saludó con un “Bona tarda” que se nos antojó más catalán que otra cosa… total: nos comimos una super-mega-ensalada que nos dio vigor (como las espinacas a Popeye). Después de la ensalada con un embutido “de la tierra” requetebuenísimo, y de una conversación perfecta con los catalanes más los franceses y Oscar (que nos hicieron saber que el refugio estaba a 30 mts. del bar)yo no me sentía las piennas (ni los pies) por lo tanto, decidí que menda lerenda caminaba otros 10 km. más porque estaba “en forma” total y absoluta y porque bueno, si hemos venido a este mundo a sufrí, pues vamos a demostrarlo, no? Ni corta ni perezosa, levanté los 8,5 kgs. de mochila, seguía sin sentirme las piennas, pero no importaba…
JS me dijo: -Estás segura? mira que ya llevamos hoy 30 km. podríamos quedarnos en este pueblo, que parece bonito…- a lo que yo le respondí:
- Este pueblo lo que parece es aburrido.
-¿Qué vamos a hacer TODA LA TARDE aquí?
- Descansar, chica, descansar- decía él
- Además, hace un solecito que enamora y encima, la chica nueva que acabamos de conocer (Judith) es psicopedagoga como yo y… hemos estado hablando y… y Agustín tiene un oficio precioso (es contador de cuentos *) y…
* En escuelas, bibliotecas, centros de niños, hospitales, etc…
Total: Caminamos esos 10 km. más al lado de Judith y Agustín, que son encantadores, mientras perdíamos la compañía de Christianne, Roger y Oscar, a los que volveríamos a encontrar dos días más tarde (o uno?) . Ah! El artista también nos acompañó.
Ya, ya os contaré quien es el artista, pero es que se me acumula el trabajo….
Además, acabo aquí por hoy.
Esos 10 km. de más acabarían teniendo consecuencias!!
Ya en Tardajos (a 8′6km) y con vistas de quedarme en Hornillos del camino, si el tiempo sigue así. Dependerá de la lluvia, de como esté el albergue y como sea el pueblo. Sino, 10′7 km. más hasta Hontanás.
Ahora una infusión, escribir…Y encaminarme hasta Rabé de las calzadas (1′6 km.). Ya veremos.
De Tardajos a Hornillos del camino, sorprendido de nuevo. Rabé de las calzadas estaba a 1′6km y eso se notaba al haber llegado tan pronto. Este, un pueblo pueblo. Muy bien acondicionado. Me ha gustado y si no hubiese sido porque el albergue abría a las 15h, me hubiese quedado…
Al final, los 8′1km desde Rabé hasta Hornillos han sido muy fáciles. Dejó de lloviznar. El pavimento mejor, gravilla y piedras, por lo que apenas barro. Un poco de subida, pero no mucho…Y de repente aparece ante mi Hornillos.
Decido quedarme, pues el albergue no está mal. Bastante concurrido de los peregrinos de mayor edad, creo que muchos han tenido la idea de que con este tiempo no continuar…Muchos franceses. Y como siempre, la gente acaparando espacio. Las cuatro sillas de la habitación (con 12 camas, o sea, 6 literas) ocupadas con las mochilas, cuando mejor dejar las sillas libres para sentarse y poner las mochilas en el suelo. No entiendo como en estos sitios las personas no cambiamos…
Después de la ducha de rigor (lo mejor del día, creo), cambiado de ropa y dispuesto a comer.
8′9 euros el menú: lentejas con chorizo, albóndigas y cuajada con miel…Todo ello en el bar del pueblo. Servido todo por una “camarera” muy, pero que muy borde. Creo que no he visto antes a alguien así trabajando cara al público.
Comentarios como:
- Aquí el pollo borracho (por el pollo a la cerveza).
Me puso el ticket sin yo pedirlo sobre la mesa.
- ¿No te ibas a poner aquí?…(porque cambié de sitio para evitar la corriente que notaba)…y soeces de este tipo. Una tal Hortensia trabajando en un bar-”restaurante” que no recomendaría si no fuese porque no había otro lugar.
Al salir, ojo al dato, dejo la prensa del día en donde la encontré, y estando la cocinera en la barra, ve que me llevo mi periódico El País del sábado pasado:
-Oiga, disculpe, la prensa no se puede llevar…
Le enseño mi país…y en cuanto lo ve se da cuenta de que no es ninguno de sus periódicos…(creo que desde que salí de Barcelona, no he visto en un establecimiento público de las localidades por las que ya he pasado ningún País):
- ¡Ah!, disculpe (con una cara de sorpresa y vergüenza…).
Tarde tranquila. Merienda, relax, paseo por este pequeño pueblo con 1 única calle: la carretera principal que atraviesa el pueblo…cena y a la cama.
Bueno, otra noche despertándome, durmiendo, soñando…El camino del medio sueño…lo voy a titular…
6′30h. Luces encendidas…Todos en pie. Si ya lo digo yo: ¡No hace falta despertador!.
Desayuno, hacer la mochila y a las 8h en la carretera…Aún recuerdo el fuego de la chimenea de ayer…tan calentito…Fuera hace algo más de frío…
No sé porqué pero me sentía con pocas ganas de andar. La verdad es que terminar en un albergue, instalarse, etc…me quita fuerzas. Se está tan cómodo…Es el precio del camino, de la “no comodidad”, del “cambio constante día a día…”
Por 1ª vez hoy me ha venido el pensamiento de abandonar…Pero me he dicho: ¡Raúl, adelante!. Y he seguido.
3º ó 4º día con lluvia…
Los primeros 5′7km hasta el albergue de Arroyo san Bol (cerrado) me han resultado pesados…Uno nunca sabe cuando llega, cuanto anda.
A partir de allí un camino de barro…pero ¡con mucho barro!. Y no lo entendía: el camino parecía igual que el anterior, más seco…Pero yo hacia delante.
Por fin la torre de la iglesia de Hontanás al empezar a bajar…
Pueblo pequeño…No entiendo como tiene varios albergues y bares.
Bocadillo + 1 té= 3′10 euros. Muy bueno y agradable…
A las 11h. de nuevo al camino. Estos 9′7 km. muy fáciles. Camino entre montículos. Con la carretera muy a la izquierda.
Árboles, lo que hace la vista más entretenida. Y la carretera (porque los últimos 5′7 km. se hacen por el asfalto) atraviesa el antiguo convento de San Antón (S.XV). Muy bonito…pero apenas algunas paredes en pie.
Y un poco más adelante la vista de Castrojeriz, con una vista que alegra los ojos: por fin viendo la meta, todo parece más corto, más fácil. En definitiva, estos últimos km. muy bien. Fáciles…Incluso el andar por un camino en la tierra y no por la carretera…
Me alojo cerca de la plaza mayor: Casa Nostra. Donativo/aportación= 6 euros. Casa de pueblo. Restaurándose. Se nota que su dueño (Juanjo) está sacando partido al haber comprado una casa aquí y hacer negocio con los peregrinos…Un poco fría (temperatura), pero agradable…
Menos mal que en nuestra habitación por la tarde puso una estufa…
Compras en el super y a comer: tomate con aceite+alubias de bote…No entiendo como están tan buenas…¡De bote!…Supongo hay hambre.
Y ahora a ver el pueblo…Con lluvia incluida.
Como siempre las iglesias cerradas.
Lectura, merienda, lectura…Hoy hace un día para estar recogido. Gracias de estos albergues…
A las 20h toca cocinar la cena: sopa (de sobre)+revuelto de alcachofas+1 manzana.
Se ponen en mi misma mesa los cuatro chicos de Mallorca…
A las 21′30h. ya en la cama…
NO TE PIERDAS: Tardajos:
Tardajos es una localidad histórica -antigua Augustobriga- del Camino construida sobre asentamientos romanos y junto a la calzada romana de Clunia (Coruña del Conde). Su actual iglesia está dedicada a Santa María, la otra iglesia, la de la Magdalena, es más antigua. El puente del Arzobispo sobre el río Ubierna da paso al núcleo urbano. En Tardajos hubo un palacio donado por el conde de Monatamar sobre cuyos muros se levantó el actual convento de los Padres Paúles. También existió un antiguo hospital. Hay tiendas, panaderías y restaurantes.
Rabé de las Calzadas:
Pequeño pueblo burgalés donde destacan la iglesia parroquial dedicada a Santa Marina y la ermita. Este pequeño templo tiene mucha veneración en Rabé, en ella está la imagen de Nuestra Señora del Monasterio.
Hornillos del Camino:
Hornillos es uno de los ejemplos más singulares de pueblo-camino, con una única calle, la Calle Real que es la estela del Camino. La iglesia parroquial es un templo gótico dedicado a Santa María. Antes de entrar en el pueblo, aún pueden verse los restos de la “malatería” u hospital leprosería de San Lázaro. Dependió del monasterio francés de Rocamadour de Tulle.
Arroyo San Bol:
Arroyo San Bol es un lugar enigmático en pleno páramo donde se encuentran las ruinas del antiguo convento de San Baudilio y del pueblo, una aldea que fue abandonada misteriosamente por sus habitantes en 1503. Unos dicen que por una epidemia, otros que por estar relacionados con la expulsión de los judíos, abundantes en esta zona. Antaño existía una leprosería que funcionó hasta el siglo XV. El único edificio es el refugio, hay también un merendero.
Hontanas:
Villa de numerosas fuentes, Hontanas, aún conserva como vestigio jacobeo un edificio llamado “Mesón de los franceses”, antiguo hospital de peregrinos. Hontanas está apiñada en torno a su enorme Iglesia de la Inmaculada (s. XIV). Antes de llegar a Castrojeriz se encuentran los restos del Convento de San Antón, una impresionante ruina gótica.
Castrojeriz:
De origen romano (dicen que fue fundada por Julio César) o visigodo Castrojeriz es una antigua fortaleza emplazada en lo alto de un cerro que tuvo un importante papel en la historia de Castilla. El casco viejo rodea una de las calles peatonales más llamativas del Camino (un kilómetro de longitud) en torno a la cual se levantaban iglesias, hospitales, mesones y comercios. La Colegiata de Santa María del Manzano se construyó en el siglo IX y es un monumento de estructura románica ojival. En su interior se encuentra la talla policromada de la Virgen del Manzano (s. XIII). En la Iglesia de Santo Domingo, actualmente sede del Museo Parroquial, se pueden encontrar tapices del siglo XIV. Hay varias tiendas y panaderías, y son típicas las vieiras de Castrojeriz: tortas de anís con forma de concha.
Es uno de los ejemplos más singulares de “pueblo camino”, con una única calle, la Calle Real. Su iglesia parroquial que es un templo gótico dedicado a Santa María recibió en 1360, de varios prelados de Aviñón y del Obispo de Burgos, el privilegio de conceder a los peregrinos hasta 40 días de indulgencias en determinadas fechas.
San Bol… Hontanas… Parroquia de la Inmaculada Concepción, del siglo XIV.
Hoy empezé desde muy temprano a caminar, con excelente tiempo y una temperatura muy agradable. La mayor parte del dia caminé solo y vi a pocos peregrinos conocidos.
Ruinas del Antiguo Convento de San Antón, templo gótico del siglo XIV.
Colegiata de Nuestra Señora del Manzano.
En el exterior de las murallas de Castrojeriz, ésta Colegiata comenzó a edificarse en el año 1214 por disposición de Berenguela la Grande, reina de Castilla y León, según los cánones del estilo románico-ojival, gótico de transición. Se trata de un templo con un estilo que está en transición entre el románico y el gótico. En el siglo XV sufrió una reforma que afectó a todas sus bóvedas, cambiadas al estilo gótico. En el siglo XVIII, se construyeron la capilla de la Virgen del Manzano, la cripta del enterramiento de los condes, un nuevo ábside y la elevación de la torre, de estilo neoclásico. En su interior alberga interesantes pinturas y retablos. El retablo mayor barroco del siglo XVIII tiene lienzos del artista Antón Raphael Mengs. Y cuenta también con interesantes sepulcros del siglo XIV e imágenes, entre las que se destaca la de Nuestra Señora del Manzano.
Desayunando y paseando por Castrojeriz.
Iglesia de San Juan.
Construida entre los siglos XIII y XVI, en el que se destaca su doble sistema de contrafuerte que parece más propio de un castillo que de un templo. Del exterior del edificio, carente de portada, destaca la torre de carácter militar con cinco cuerpos y ventanales apuntados. Románica en su base, está coronada por cinco pináculos. Del interior, el artesonado mudéjar, el claustro con alfarje de madera, el retablo mayor de estilo barroco con la escultura de San Juan, y el sepulcro de Juan de García Gallo.
Iglesia de Santo Domingo.
De estilo originalmente gótico sufrió importantes reformas en el siglo XVIII. En su austero y elegante interior se conservan seis extraordinarios tapices realizados a mediados del siglo XVII, sobre los cantones diseñados por Cornelius Schutz, discípulo del genial pintor Pedro Pablo Rubens.
* En esta larga etapa se discurre por las llanuras esteparias burgalesas, ceralísticas, surcadas por pequeños arroyos y separadas por páramos. La presencia de arbolado es escasa: especies de ribera, grupos de encinas que recuerdan la pasada existencia de bosques en estas tierras y jóvenes conníferas en las laderas.
RECORRIDO VISUAL DE LA ETAPA
Se abandona la ciudad de Burgos cruzando el río Alarzón por el puente de Malatos y pasando junto al parque el Parral.
El Hospital del Rey, la Facultad de Letras quedan a la izquierda, mientras el Camino avanza con la carretera N-620. Se salva vía férrea y se cruza a la derecha de la calzada, tomando la calle Pérez Galdós. Allí surge una pista que pasa junto al vivero forestal de la Junta de Castilla y León y lleva al apeadero de la Alameda, desde donde se accede a Villalbilla de Burgos. Si no se quiere entrar en la localidad hay que continuar entre álamos y frutales. Se salva el obstáculo de la autovía y ya por la carretera (N-120) se cruza el puente Tardajos. De allí se parte en dirección a Rabé de las Calzadas por una pista asfaltada, discurriendo por el valle surcado por numerosos cauces. Tras el cementerio, surge una bifurcación: las flechas indican a la izquierda, pero ambos caminos son paralelos y acaban fundiéndose en uno tras cerca de 3km por solitario paisaje de cereal protegido por pequeñas lomas. Se sube al páramo, por el que se avanza durante más de 1,5Km, para descender de forma abrupta hacia el Valle del río Hormazuelas, donde se atraviesa la carretera de Estepar y el río…
… para entrar en Hornillos del Camino. Tras pasar junto al albergue y la iglesia, se toma la salida por el camino de la derecha, entre chopos. Hay una nueva subida a una meseta y, tras el descenso, aparece el valle del arroyo San Bol, donde una construcción con la cruz de Jerusalén, indica un refugio (fuente). De nuevo se asciende a otro páramo, en cuya cima de vez en cuando surgen grupos de encinas entre los pastizales y el cereal.
Y en su ladera occidental, inesperadamente aparece Hontanas, cuya calle Real da paso a la carretera, en dirección a Castrojeriz. Por una pista paralela se recorre el valle, siguiendo el curso del arroyo Garbanzuelo, entre lomas con laderas reforestadas. Después de cerca de 4 kilómetros, se retorna a la carretera y se pasa bajo el arco del convento de San Antón. A partir de allí se comienza a ver Castrojeriz, a cuya entrada aguarda la Colegiata de Santa María del Manzano.>>
.
.
* NOTA PARA LOS CICLISTAS:
La mayor dificultad se puede encontrar en el descenso por la CUESTA DE MATAMULOS; y en la posibilidad de que los caminos y pistas estén embarrados. La alternativa que pueden tomar los ciclistas es seguir por la N-120 hasta Olmillos de Sasamón y allí tomar la carretera local en dirección aIglesias, de la que sale por la derecha la que conduce directamente a Castrojeriz.
Una comida exquisita, de buen paladar y gran gusto. Por la tarde llegamos a Castrojeriz. Me dejaron en el Albergue de Peregrinos y nos despedimos.
Como un intruso
Allí quedé solo con mi mochila y un grupo de gente desconocida. Traté de dialogar con los de la entrada. Me recibió el Hospitalero, Restituto Rodríguez, Resti para los amigos. Me asignaron la cama 10, donde deposité mi mochila. Resti me ayudó a buscar un Bordón; el elegido por mí fue todo un acierto. Después subí a la calle principal, donde compré un sombrero de paja, tipo flexible, que me dio un servicio inestimable.
Me acerqué a las Clarisas, cuyo Convento dista de la población algo más de un kilómetro. Por el torno pedí que me abrieran la Iglesia para encomendarme a la Virgen, ya que iba a empezar desde allí el Camino de Santiago a pie. La monjita me dijo que fuera por el jardín hasta el final; que podía pasar porque estaba abierta. Aún no había empezado mis jaculatorias cuando los acordes del órgano, en un tutti solemne, inundaron la nave con el Himno a Santiago, Patrón de las Españas… La emoción se agolpó en mi pecho y sienes, y aún no me había repuesto, cuando a continuación interpretó con idéntica solemnidad el Himno a Nuestra Señora del Pilar: Virgen Santa…». Creí encontrarme en el Cielo. Caí de rodillas con la cara llena de lágrimas dando gracias al buen Dios que, de forma tan patente, me mostraba su plácet a mi proyecto. En ese momento tuve la seguridad de que era Dios quien me había invitado a realizar la Peregrinación.
Mi primera noche de Albergue en Castrojeriz
Era mi primer contacto con el Camino. Ahora podía ver, experimentar, valorar todo cuanto me habían comentado sobre el mismo. Lo primero, los protagonistas: quiénes eran y cómo se comportaban los peregrinos; lo segundo, cuál era la forma de vida a la que obligaba el Camino: las comidas, los Albergues y Refugios, las dificultades de cada etapa, los peligros que tendría que afrontar, etc.
En este primer contacto quedé confundido en cuanto al primer punto ya que Resti, al comprobar mi Credencial del Peregrino y ver que estaba avalada por el Arzobispado de Madrid, soltó unos cuantos vocablos despectivos para todo lo que sonaba a curas, iglesia y obispos. En ese Albergue no se quería saber nada relacionado con la Iglesia.
Me selló la Credencial y me asignó la cama 10. Esta era una de las 4 literas ubicadas en un espacio de no más de 2′40 de ancho por 1′90 de largo, es decir un espacio de unos 4 m2. La estructura de las literas era de obra incluida la superficie de descanso; sobre ella había un jergón sin apoyo para la cabeza. Para ser mi primer contacto con el Camino no suponía un pronóstico alentador y sí, por el contrario, hacía prever la aspereza e incomodidad de todo el recorrido. A pesar de ello, me tranquilicé pensando que no todos serían iguales y que el espíritu del Peregrino debía ser el de aceptar con alegría y agradecimiento cuanto pudiera ofrecérsele en cada lugar. Por primera vez saqué de la mochila la esterilla, saco de dormir y el neceser de aseo. No se me ocurrió coger la linterna, lo que fue un error, puesto que la luz se apaga a las 11 de la noche y todo queda a oscuras.
Mi cama era la de abajo, entrando a la izquierda de la camarilla; en la de encima un peregrino se curaba pacientemente los pies llagados. Además el pobre tuvo que levantarse cuatro o cinco veces durante la noche, por lo que me fue imposible dormir.
En la litera de mi derecha otro peregrino, más adaptado, dormía plácidamente según se deducía por lo profundo de sus ronquidos. Dejé que el tiempo transcurriera; por lo menos estar tumbado me ayudaría a descansar. Sin saber la hora que era, pero no encontrando una postura en la que me sintiera cómodo y relajado, me levanté y me dirigí a tientas, guiándome por los huecos de las camarillas, hasta llegar donde supuse haber visto por la tarde el único aseo disponible. Después de tropezar con la escalera pude atinar, al final, con lo que buscaba. Tampoco me fue fácil encontrar el interruptor de la luz. La encendí y allí me quedé, esperando que fueran las 6 de la mañana para asearme y vestirme convenientemente. No llevaba ni diez minutos, cuando entró una peregrina en paños menores, que tenía una necesidad ineludible. Le dije que yo ya me iba, a lo que replicó que por ella no me preocupara, que estaba acostumbrada a compartir las comodidades de los Albergues con todo género de peregrinos. A pesar de ello, salí y esperé a que dejara libre el lavabo. En el mismo cuarto había un lavabo, una ducha y un retrete.
Ya empezaba a clarear y noté cierto movimiento en las camarillas, así que me afeité y aseé lo más rápido que pude. Al momento empezaron a entrar peregrinos para todo servicio. De regreso a mi cama observé, con envidia, la agilidad con que todo el mundo recogía sus útiles y preparaban sus mochilas para la marcha. Con el fondo musical de un canto gregoriano bastante primitivo apareció Resti, diciendo que para desayunar había manzanas, café con leche o colacao y magdalenas. Nos recordó que el Albergue se mantiene gracias a los donativos de los que hacen uso de él. Mi donativo le impresionó y dio ocasión a confidencias. Al enterarse de que yo trabajaba en Publicidad, me abrazó explicándome que él era publicitario y que había dejado todo por unirse al Camino. Le hice la observación de que sus comentarios de la tarde no me habían parecido ni justos ni oportunos, ya que, a mi juicio, hacer el Camino a pie suponía una cierta espiritualidad y búsqueda religiosa. Se disculpó alegando que no todos los que se albergan son creyentes y que muchos ni siquiera creen en Dios. De esa forma él trataba de ganarse la amistad de todos. Yo le hice ver que, si el Apóstol Santiago hubiera seguido la misma estrategia, aún continuaríamos adorando al Sol o al buey Apis. Añadí que Cristo envió a sus discípulos a predicar la Buena Nueva y no el engaño ni lo Viejo Conocido. Me dio la razón y me pidió disculpas. Sentado a mi derecha había un peregrino plagado de tatuajes y tostado por el sol, quien me felicitó por mis argumentos en una mezcla de español e italiano. Se lo agradecí en su idioma y me dijo llamarse Luigi.
Amanece nublado en Burgos y la mañana es fresca, lo que la convierte en ideal para caminar. En algunos momentos caen unas gotas. La salida de Burgos es más corta que la entrada y enseguida tomamos contacto con la campiña. En estas condiciones pronto ponemos nuestros pies en Tardajos, donde compramos provisiones. Entonces comienza nuestro transcurrir por los páramos.
Siempre subes y bajas pequeñas lomas sembradas de cereales. A pesar de ser un paisaje de secano no está nada mal. No sé de ningún lugar que se le parezca. A demás el tiempo gris embellece todo. Aquí también se tiene la sensación de que podríamos ser peregrinos de cualquier época. Y los pueblos de estos parajes no desentonan. Hornillos del Camino es otro más de esos pueblos alargados en dirección a poniente de casas blasonadas y calles de piedra. Hay allí un albergue. Aunque es temprano se me ocurre preguntar por los asturianos. Quizá hayan pasado por allí a sellar o algo de eso. Pero allí no saben nada. Un poco más adelante, en el único bar nos encontramos con Natalia y Borja. Los asturianos están dentro comiendo y al fin les devuelvo sus sandalias, acto que agradecen de corazón.
Fuera, en una mesa están los donostiarras. Borja me invita a una cerveza. La única del Camino, que yo recuerde. A esas horas entra fenomenalmente. ¡Cada vez me cae mejor esta pareja!
Pero no debemos demorar la marcha. Las nubes parecen debilitarse y el sol en estas tierras es amenazador. Así que nos ponemos en marcha y dejamos atrás Hornillos caminando como siempre hacia el oeste. En seguida, el páramo. Como sospechábamos el sol aparece y se deja entrever a través de las nubes. El efecto, junto con la humedad, hace que las subidas sean especialmente acaloradas. No queda mucho hasta San Bol y una vez en lo alto de la meseta, el resto del trayecto es descendente. En lo alto, hay un hito, que si nadie a perturbado, ahí seguirá.
En un par de botas viejas se cuenta la historia del peregrino que las llevó y que llegó con ellas a Santiago. Si alguna vez volviera, me gustaría comprobar si continúan allí.
Y pocos pasos después del alto, comienza la bajada a San Bol. No es difícil observar entre los trigales ya segados el correteo de mamá perdiz seguida de cerca por sus polluelos. Entre el amarillo dorado de los trigos resalta al fin la mancha verde de unos chopos. Hay un cruce de caminos y una señal que indica la presencia del albergue. No es nuestra intención quedarnos allí, pero ya va siendo hora de comer, es la única sombra de aquellos parajes y a demás hay un manantial de agua fresquísima. El refugio es pequeño (solo tiene capacidad para diez personas) y no tiene agua ni luz. El exterior nos parece un poco misterioso e incluso da mala espina. Todo está muy quieto y no se ve a nadie por allí. En los muros de fuera hay pinturas macabras y piedras pintadas con rostros monstruosos. De nuevo otra referencia al juego de la oca. En este caso la casilla de la muerte está en Santiago y tres casillas después, el final del juego. Curioso ¿no?
Pero ya hay hambre y cansancio. Así que empezamos a dar cuenta de las viandas a la sombra de los chopos. En tanto, empieza a verse gente por allí con lo que se va el mal rollo inicial. Están los asturianos; Gustavo, el argentino; Luigi, el italiano y luego aparecen Natalia y Borja, pero ellos no se van a quedar. Con la nueva situación nos planteamos pasar allí esa noche.
San Bol no es más que el pequeño albergue , la chopera y el manantial. Dice la leyenda que quien lavase sus pies en el agua fría del manantial, no tendría ya ningún problema el andar: ni ampollas, ni rozaduras, ni cualquier otro tipo de molestia semejante. Debo decir que el “milagroso” remedio dio resultado casi total.
Por fin pasamos las cosas al interior del albergue y nos presentamos. El refugio es regentado y mantenido por un extraño gallego ayudado de un alemán todavía más raro. El gallego es un judío converso. Solo gallego de nacimiento, pero no de descendencia, fue piloto y estaba casado hasta que dejó a su mujer e hijo para hacerse monje del Císter. Después abandonó la orden y empezó a hacer el Camino sistemáticamente durante varios años hasta que por fin se instaló aquí y se ha liado con una húngara. El alemán no era menos curioso. Era heredero de varias viviendas en el centro de Berlín Este que con la caída del muro se habían revalorizado. Con las rentas proporcionadas del alquiler de los pisos el tipo vivía sin dar un palo al agua. En verano permanecía en el albergue sin gastarse ni un chavo y en invierno viajaba por el resto del mundo gastando todo lo ahorrado en el verano.
Y en medio de este panorama aparecimos nosotros. No se, había algo en el ambiente que no me gustaba. Ese tío (el gallego o lo que fuera) me daba mala espina. No paraba de hablar y de contar cosas de él, pero con un cierto toque vacilón. En la cena estábamos a la mesa Luigi, Gustavo, el alemán y yo. A mí me picaba la curiosidad por saber de qué vivía aquel hombre, todo el año allí, en el albergue. Así que saqué el tema. Y se me puso chulo. Que si él no necesita mucho para vivir, que si somos los demás los que tenemos necesidades superfluas, que el es muy “güays” porque les da las cosas gratis a los peregrinos…ya! y un mojón. El albergue cuesta 500 pts (sin ningún tipo de gasto, porque no tiene agua corriente ni luz) y la cena 700. En fin, mal rollo. Y en esto el argentino y el italiano se ponen a hablar con él de los frailes monjes y otras cosas de curas, con lo que ya me quedo totalmente fuera de juego. !Pos tira¡
Menos mal que la tarde fue agradable con los asturianos. Él toca la flauta travesera y ella lleva un “tin whisttle” como el que yo traje de Irlanda. Me enseñaron algunas canciones, de la que solo conservo la de Luar Na Lubre.
Día 13
29 de julio
33,6 km.
Dejar atrás San Bol me produce una cierta sensación de relajación. Aquella noche dormí algo tenso.
Pero pronto recorremos los 5 kilómetros que separan el arroyo de Hontanas. Al atravesar el pueblo me doy cuenta de que hubiera sido preferible hacer noche en este lugar acogedor. Hontanas es pequeño y se pasa rápido. Es una mañana soleada, pero a pesar de ello no hace calor y se camina muy bien. Esta situación sería imposible allí en Murcia en estas fechas.
Según avanzamos hacia Castrojeriz, vamos descendiendo muy poco a poco. En un momento dado la rodilla empieza a molestarme y me asusto. Soy consciente de que mi rodilla no está perfecta, y a pesar de que el médico me dijo que todo esta bien siempre queda la duda. ¿Y si la molestia va a más y tengo que abandonar? Gracias a Dios, no sería así.
La senda por la que caminábamos se acaba y por continuamos nuestro camino por una estrecha carretera sin ningún tránsito motorizado. Y en esto es cuando encontramos una de esas cosas que hacen que el Camino sea algo más que un sendero de gran recorrido: el Arco de San Antón (siglo XIII), perteneciente al convento del mismo nombre. Los Antonianos eran una orden que practicaba la caridad con los enfermos del fuego de San Antón, una enfermedad parecida a la lepra y motivada por el cornezuelo del centeno. Los peregrinos que por aquí pasaban podían dormir bajo el arco y los monjes dejaban allí comida para ellos. Los Antonianos desaparecieron por presión de la Iglesia, ya que practicaban la amputación, considerada herejía en aquel tiempo. A demás según dejaba de consumirse el centeno el número de enfermos disminuía.
Al fin aparece Castrojeriz. Es una de esas ciudades, hoy pueblo, que fueron importantes en la Edad Media cuando el Camino estaba en su máximo esplendor. En Castrojeriz llegaron haber siete iglesias, cinco hospitales y un castillo. Hoy solo quedan tres iglesias y las ruinas del castillo. Como vamos bien de tiempo, y la situación lo merece, entramos a visitar la iglesia de San Juan. Allí hay una chica que nos da un tiquet. Primero echamos un vistazo rápido, pero luego Armando le pregunta algo a la chica. Se llama Eva. Es muy maja: morena, muy guapa y simpática. Estudia arquitectura en Burgos, pero es de este pueblo. Nos lo explica todo y mucho más sobre la iglesia. También es ella la que nos cuenta todo lo aquí relato sobre San Antón y sobre Castrojeriz.
En la iglesia hay algo que me llama especialmente la atención. El rosetón es un pentáculo invertido. Resulta que sobre la actual iglesia existía un enclave templario del que se conserva muy bien la torre del campanario, de aspecto defensivo. El pentáculo es la estrella de Salomón, símbolo que fue asumido por los templarios. Cuando estos desaparecieron y se remodeló la iglesia la estrella fue colocada en esa posición sin saber porqué.
Después de un buen rato embelesados escuchando a Eva nos despedimos de ella. Al salir de aquella iglesia y emprender el camino no podíamos evitar hablar de ella. Armando quedó bastante prendado y serían muchas las ocasiones en que la sacara a relucir en alguna de nuestras largas y solitarias conversaciones por los senderos de Santiago.
O las ruinas del Convento de San Antón, a 3 kilometros de Castrojeriz, sede la Orden de los Antonianos, que curaban el “fuego de San Antón” con su báculo en forma de tau “T”:
Bordeamos el río en dirección al puente de Malatos donde sabíamos que se podría retomar la ruta. Hasta llegar a él atravesamos el Parque de La Isla, de aspecto un tanto lúgubre y abandonado, que parecía más el escenario de cualquier obra romántico-decimonónica, que un lugar de paseo y esparcimiento.
Pasamos el Puente de Malatos, llamado así por encontrarse junto a una leprosería, y continuamos por el parque del Parral, donde nos detuvimos a sellar nuestras credenciales en el albergue.
Al salir del parque nos encontramos frente a nosotros la ermita de San Amaro –otro santo francés y peregrino- y, a nuestra izquierda, lo que fue el Hospital del Rey, conocido por ser, allá en la Edad Media, el que mejores prestaciones asistenciales ofrecía al conchero en todo el Camino.
Muy cerca de aquí se encuentra el Monasterio de Las Huelgas Reales, otra de las joyas que ofrece esta ciudad al visitante, donde se conserva una estatua de madera del apóstol Santiago al que llaman del Espaldarazo porque lo empleaban para armar caballero a los reyes. Era tal la consideración en la que se debían de tener los monarcas de aquél entonces, que consideraban que ni un obispo, ni el mismísimo Papa eran suficiente para ellos: tenía que ser el Apóstol como mínimo.
Seguimos paralelos a una carretera pasando junto a la universidad. Al poco rebasamos un barrio residencial, y, después, el camino abandona el asfalto y continua por una chopera, donde sin saber exactamente por qué nos inundó un olor nauseabundo parecido al de una alcantarilla.
Entre edificios semiabandonados, naves en construcción y la imagen de un centro penitenciario al fondo, llegamos a las proximidades de Villalvilla, que bordeamos por un lado de la vía del tren.
Seguimos nuestro camino dando un enorme giro, que a todas luces parecía ser un desvío sobre el trazado original del camino. No nos confundíamos: a medida que íbamos avanzando nos aproximábamos a las obras de la “Autovía del Camino de Santiago” –ironías de la vida-, que tuvimos que bordear, hasta pasar bajo un puente de dicha vía, en uno de cuyos pilares rezaba un cartel:
“Peregrino: perdónanos este pequeño rodeo.
Que tus querencias de andares infinitos se hagan realidad.
El río Arlanzón y nosotros te decimos ¡Ultreia!”
Omito aquí los comentarios que inspiró a los peregrinos tan solidario y simpático mensaje, que en román paladino podía venir a decir:
“Peregrino: ¿no querías andar?
¡Pues toma kilómetros de más!”
Desde ahí ascendimos al arcén de la N-120, y al poco pasamos el puente que llaman del Arzobispo. Lejos de perpetuar su memoria, como le ocurre a su casi homónimo francés, por haber dado nombre a un delicioso queso –el “Pont l’eveque” (Puente del Obispo)-, éste paso es conocido y llamado así en la comarca por que el susodicho, que era buen pescador de caña, se había reservado para sí el privilegio de la captura acuática en la zona.
Y es que los mitrados burgaleses de aquellos tiempos debían de ser de armas tomar. Un claro y muy conocido ejemplo de ello es el caso de Pablo de Cartagena, aquél Obispo de Burgos que por su ascendencia conversa afirmaba ser de la tribu de San Joaquín, padre de la Virgen, y concedía indulgencias a todos los feligreses que contestaran al Ave María con las siguientes palabras:
“Santa María, Madre de Dios y prima de nuestro excelentísimo señor obispo, ruega por nosotros pecadores, ahora y en la hora de nuestra…”.
En poco tiempo más llegamos a Tardajos, antiguo enclave romano por el que pasaba la Vía Aquitana, primer gran camino de peregrinos, que unía Burdeos y Astorga; la Vía 34 del Itinerario Antonino de la que hablo en la crónica de la primera etapa.
El cansancio nos hizo necesitar de un bar según llegamos al pueblo. Así que, sin buscar más, cruzamos la carretera que bordeaba el camino y entramos en uno que, de no ser por causa de la urgencia que lo motivaba, hubiéramos abandonado al poco de haber entrado en él.
Al llegar encontramos el baño ocupado, pero el estar acodados en la zona de la barra próxima a la puerta del mismo, nos permitió comprender que tan prolongada ocupación, era debida a que su ocupante devolvía por la boca a la naturaleza aquello que había tomado para comer y beber. Espectáculo sonoro agradable donde los haya para disfrutarlo a media mañana…
Habiendo terminado con nuestras urgencias, abandonamos el bar y nos adentramos en el pueblo.
Algo se cocía en Tardajos aquél día: nos cruzamos en la calle principal con un nutrido grupo de jóvenes majorettes que marchaban charlando en grupo; al llegar a una plaza nos encontramos con la mirada vigilante de varios guardias civiles, la presencia ruidosa, y ávida de darse a conocer, de unos endomingados político-ejecutivos, y algún que otro lugareño que no parecían tener mucho que ver con todo eso.
Después nos enteramos que aquello había sido una reunión de los representantes de los ayuntamientos de la comarca que tienen a bien celebrar con cierta periodicidad.
Sin darle demasiada importancia, continuamos nuestro camino. Cuando llegamos a las casas que se encuentran ya a la salida del pueblo, nos detuvimos ante la fachada de una que nos llamó la atención por representar claramente en uno de sus cuarteles símbolos jacobeos.
- Pues si éste les gusta, fíjense en aquél de la casa de enfrente que también es muy bonito.
Una señora ya de edad avanzada, delgada y de pequeña estatura, que barría la entrada de la casa ante la que nos habíamos detenido, dejó su faena para darse a la charla con nosotros.
- Esa que ustedes ven es la casa de mi cuñada y ésta de aquí –dijo señalando la primera ante la que nos habíamos detenido-, era la de mi padre.
- Pues las dos tienen unos bonitos escudos.
- Si, y deben llevar muchísimos años, porque yo los conozco desde siempre, de toda la vida…
- Sabrá que ese de ahí tiene símbolos relacionados con el Camino.
- Claro, lo han fotografiado muchas veces y alguna vez han venido también de alguna revista… o de algún periódico ¡no lo se!, pero vinieron diciendo que iban publicar algo sobre esto…
- ¿Y ha vivido usted siempre aquí?.
- Si así es. Aunque esto no era como lo es ahora hasta hace bien poco…
- ¿Ah no?
- Van Ustedes hacía Rabé… ¿no es así?
- Si, claro
- Pues antes solía desbordarse con mucha frecuencia el Urbel y todo el camino que tienen hasta allá solía estar inundado, lleno de barrizales, mosquitos y alimañas. Todavía aún cuando la crecida es fuerte, suele llegar el agua hasta esta parte del pueblo…
Todo lo que nos contaba esta simpática y habladora señora, nos trajo a la memoria una coplilla que leímos al preparar esta ruta y que dice:
De Rabé a Tardajos
No te faltarán trabajos.
De Tardajos a Rabé
Libéranos Dómine.
Afortunadamente para nosotros, el tránsito entre ambos pueblos fue cómodo y sencillo. Recorrimos los 2 o 3 km. que hay hasta Rabé de las calzadas por el arcén de una carretera en la que no había apenas tráfico.
A un lado del camino en un campo de trigo, vimos cómo un grupo de cazadores se retiraba hacia Tardajos, un labrador seguía también esa dirección cruzándose con nosotros al volante de su tractor.
- Buenos días –saludó sonriente con la mano-.
- Buenos días.
La sensación en este tramo era de calma y quietud. Después de todo lo que llevábamos recorrido aquél día, por fin podíamos marchar con cierta tranquilidad.
Sin embargo, esto duró poco: se acercaba el mediodía, y con él llegaban aquellos calores que tanto teme el peregrino. Para cuando entrábamos en Rabé de las Calzadas, empezábamos a notar cierto sofoco.
Dicen que el nombre de este pueblo está en plural por referirse a dos vías de gran importancia que se cruzaban antiguamente en aquél lugar: la calzada romana Clunia-Julióbriga y el Camino francés.
Rabé es una población que nos pareció muy bonita. Recorrer sus calles, siguiendo el trazado del camino, se convirtió en un agradable paseo a lo largo del cual pudimos disfrutar del perfecto cuidado con el que han sido restauradas sus casa de piedra y su iglesia parroquial.
Entre los coleccionistas de sellos de albergue, este pueblo es conocido porque en el de Santa Marina y Santiago, en pleno centro del pueblo, tienen uno de los más preciados y bonitos del camino. También es de los más difíciles de conseguir, pues únicamente pueden tenerlo quienes pasan la noche en él y no vale, como ocurre en casi el resto del camino, con pasar por ahí para obtenerlo.
Esto ha procurado a los responsables del albergue algún que otro disgusto pues, según cuentan ellos mismos en una carta enviada a una publicación periódica dedicada al camino, se ha dado el caso de un grupo de ciclistas que al detenerse para sellar su credencial y no obtenerla, les amenazaron e insultaron. El camino, aún en el siglo XXI, sigue lleno de galloferos.
Resulta curioso que la Parroquia del pueblo esté dedicada al culto a Santa Marina, de origen gallego. Cabe pensar que del mismo modo que hubo cultos que se difundieron en el sentido de ida, traídos por los peregrinos que venían de más allá de los Pirineos; también pudo haberlos de vuelta, difundidos por aquellos que regresaban de Santiago, o por los propios gallegos que emigraban a instalarse en localidades del camino.
En Rabé volvimos a encontrarnos de nuevo con aquella mujer de extraño aspecto, que el día anterior encontramos arrastrando un carro como los de la compra, a la salida de Atapuerca. En esta ocasión, iba cantando y bailando sola por la calle, como si estuviera ida…
Al salir del pueblo, nos cruzamos a la izquierda con la ermita de Nuestra Señora, también restaurada con cierto gusto; junto a ella está el cementerio.
Después se continúa durante más de 7 kilómetros por un camino carretero que sube a un cerro y surca unos extensos y áridos campos, que en otras épocas son trigales.
Tras casi dos horas de marcha por aquél solitario páramo, el camino, y con él también el paisaje, se corta en un tajo que lo convierte en un alto desde el que se divisa abajo, a lo lejos, el alargado caserío de Hornillos del Camino.
Para llegar al pueblo, no queda más que bajar la cuesta de Matamulos. El nombre le da al peregrino motivos más que suficientes para compadecer a los antiguos arrieros que intentaban descender por él con sus recuas. Imagina que si le dieron tal nombre, es porque más de uno se las vio y se las deseó para bajar por ahí.
El mismo peregrino, experimenta que en más de una ocasión ha de frenar su paso, pegando el pie con firmeza al pedregoso suelo de la de Matamulos, si no quiere acabar su descenso rodando como un ovillo.
Una vez superado el descenso, el caminante rebasa los restos de lo que fue el albergue y malatería de San Lázaro, con destino a peregrinos gravemente enfermos.
Se entra al pueblo por su Calle Mayor, y pronto nos llaman la atención las fachadas de algunas de sus casas: interesantes obras de cantería adornadas con antiguos escudos y característicos portales de medio punto.
Pero lo que realmente caracteriza a este pueblo es, sin lugar a dudas, el gallo que está presente tanto en su escudo, como en el monolito de su plaza principal que, además, se llama Plaza del Gallo.
- Pues no lo sé…, será porque está en el escudo del pueblo.
A la completa y detallada respuesta que nos dio el dueño del bar Manolo al interpelarle por el origen del gallo, pueden añadirse otras, más o menos razonadas, que pretenden explicar el porqué.
De entrada podría relacionarse con el pasado de la localidad, en el que consta que Alfonso VII donó la villa al monasterio parisino de San Dionisio y que además hubo un monasterio benedictino que dependía de Rocamador y era gobernado por un prior francés. Tanta vinculación con Francia podría hacer pensar a más de uno que es de aquí de donde procede el origen del gallo, ya que es el símbolo de la nación francesa. Sin embargo este argumento se viene abajo, si se tiene en cuenta que tal simbología tuvo su origen en el renacimiento.
Es más posible que, aún a pesar de no dar una respuesta completa y satisfactoria, esto tuviera que ver con otras varias localidades del camino en las que el gallo tiene cierta presencia, bien física o bien legendaria, que con el tiempo ha ido escapando a nuestro entendimiento.
De hecho, el gallo ya ha sido relacionado con el camino por otros motivos que tienen que ver con el juego de la Oca, tan vinculado a todo ésto para algunos, y con la Alectriomancia, un método adivinatorio que se practicaba en la Grecia clásica y, que se extendió posteriormente por todo mediterráneo.
Consistía en trazar en el suelo una figura con veinticuatro casillas, correspondientes a las veinticuatro letras del alfabeto griego. En cada casilla, se depositaba un grano de trigo o cebada, soltándose a continuación un gallo, el cual recorría el encasillado a fin de comerse los granos. El orden de las casillas recorridas, era anotado cuidadosamente para componer hipotéticas frases que sirviesen posteriormente como respuesta a unas preguntas previas.
La evolución de estas prácticas fue variando hasta convertirse en mero pasatiempo conocido como el “Juego de la Oca”, tras la sustitución que la cultura latina hizo del gallo por la oca.
El gallo simboliza la renovación, como heraldo que es del nuevo día; es por ello mismo mensajero y símbolo solar, tanto para la tradición judeo-cristiana como la pagana. Este motivo hace difícil ubicar su origen, aunque podría tratarse en todos estos casos, de la pervivencia de un animal totémico, que ha sobrevivido gracias a su asimilación a las tradiciones cristianas. Esto fue algo habitual en tiempos pretéritos.
De cualquier manera, existe una “versión oficial” que explica el por qué, y viene a decir lo siguiente: tras la Guerra de la Independencia, apareció en Hornillos un grupo de franceses hambrientos, que aprovechando que los vecinos se encontraban en Misa, mataron todas las gallinas y para no delatarse las escondieron en sus tambores
Cuando los vecinos se dieron cuenta, los franceses, que seguían en el pueblo, negaron cualquier implicación en el caso. Las mujeres del pueblo rogaron a San Antón, y entonces uno de los gallos muertos comenzó a cantar desde el interior de un tambor.
Desde entonces el gallo fue el símbolo del pueblo de Hornillos y la fuente junto a la que ocurrieron estos hechos pasó a llamarse la Fuente del Gallo.
A mi, no se por qué, me cuesta creer que la presencia del gallo en Hornillos tenga alguna relación con esta historia que, por cierto recuerda mucho a la leyenda del ahorcado de Santo Domingo. Tanto como para no creer que hubiera ocurrido.
En lo de la proximidad temporal del hecho, no veo sino una trampa más para revestir de veracidad a la historia. No sería la primera vez…
No recuerdo en cuál de sus obras, el erudito Mircea Eliade da un claro ejemplo en el que demuestra que bastan sólo cuarenta años para llevar a cabo un proceso de mitificación.
Cuenta que llegó a conocer una balada recogida en Rumania en la que se narraba que un novio, unos pocos días antes de su boda, fue empujado de un peñasco a su muerte por un hada montañesa celosamente enamorada de él. Al averiguar que esto había ocurrido unos cuarenta años antes, y que la novia vivía todavía, el investigador fue a entrevistarse con ella.
Según le contó, se había tratado de una caída accidental en las montañas que ella misma había presenciado; no hubo intervención sobrenatural de ningún tipo.
Confrontada la gente del pueblo –muchos no habían siquiera nacido cuando ocurrió-, con la versión dada por ésta, ellos la negaron por completo:
- Está muy vieja y no sabe lo que dice — afirmaron los vecinos del pueblo—, la verdad es la que siempre se ha contado: lo mató un hada celosa.
Serían cosa de las 8.15 cuando salimos, apretando un poco el paso, de Hornillos del Camino. Aquél día teníamos una larga etapa por delante y debíamos llegar a nuestro destino, Itero de la Vega, con el tiempo suficiente para poder coger el único autobús que, según leímos en una web de la Junta de Castilla y León, nos llevaría de vuelta a Castrojeriz que es donde teníamos previsto hacer noche.
Junto al camino todavía se pueden ver cavas semi-abandonadas penetrando en la montaña baja. A poco se sube un repecho traicionero por parecer menos de lo que es, y de ahí se llega ya a lo alto de una meseta, un lugar de apariencia triste que en otras épocas del año adivinamos son campos de trigo.
Mientras continuamos nuestra marcha, vamos viendo a los lados del camino algún que otro montón de piedras sueltas, majanos les llaman por estas tierras, algún tractor removiendo los campos y al fondo unas pesadas nubes sobre las que se refleja la luz del sol creando unas impresionantes mezclas de color y volumen. Nos acompaña el crujir de nuestros pies pisando las piedras del camino, el viento esparciéndose con fuerza a nuestro alrededor, y un amplio y gris horizonte ante nosotros.
Llevábamos caminando cerca de 6 kilómetros cuando llegamos a San Bol; el lugar está en una especie de hendidura marcada sobre el llano, como si se tratara de una falla. Nos desviamos unos pasos del camino para llegar al albergue del mismo nombre, construido seguramente sobre las ruinas de lo que fueron los últimos vestigios del Antiguo Convento de San Baudilio, dependiente de la orden de los Antonianos de Castrojeriz.
Perdido en aquellas profundas soledades, allá en medio de aquella fría y ventosa meseta, el lugar resulta un tanto extraño y los que conocen su historia, lo acentuan recordando que allá había una población que sufrió un inesperado abandono por parte de sus habitantes en el año 1503. Aunque se dice que fue cosa de una epidemia, no faltará quien piense en razones de tipo más sobrenatural. Como no puede ser de otra manera, los amantes del esoterismo, enigmas y todas esas devociones pret-a-porter que tanto gustan terminaron por sentar sus reales en este lugar.
De hecho, el actual albergue para peregrinos de San Bol es una buena muestra de ello: es una construcción de piedra bastante curiosa, -de lejos parece algo así como un antiguo horno de cal o panadero-, está rodeado de símbolos pseudocélticos, deseos de paz y armonía y formas profusamente coloridas. Su interior, también está lleno de testimonios dejados por algunos de los hospitaleros, por lo general de nacionalidad extranjera, que coincide en que suelen ser gentes, y esto es fama entre quienes frecuentan el camino, desenfadada y pintoresca.
Al llegar nos encontramos con una joven, que luego dedujimos era la hospitalera, colgando ropa en el porche del edificio. Por él mismo se accede al interior del albergue, al que nos invitó a pasar cuando, tras saludarle, le preguntamos si podíamos sellar nuestra credencial. Dentro encontramos lo que parecía un pequeño comedor en el que se encontraban cerca de ocho personas de las más variadas nacionalidades extranjeras.
Uno de ellos, el único que parecía dominar un poco nuestro idioma, se levantó y tras saludarnos, contó que era ruso y que hacía el camino por segunda vez; había estado también en Galicia recogiendo el chapapote y tenía pensado hacer la ruta de la costa una vez que finalizara esta. El resto de los presentes, excepto la hospitalera, permanecía en silencio, eran todos ellos jóvenes, y se limitaban a mirarse entre ellos.
Tras sellar la credencial, y no queriendo demorarnos más tiempo en aquél lugar, continuamos nuestra marcha en dirección a Hontanas, nuestra siguiente etapa. El camino continua igual que antes, por una gran llanura de camino pedregoso, y peinado de continuo y con fuerza por el viento.
Por estos mismos lugares Domenico Laffi, el clérigo boloñés del Siglo XVII se topó con una nube de langostas “de tal guisa que apenas se podía ver el cielo”. Según cuenta en su relato, el y sus compañeros “encontramos a un pobre peregrino francés que, en el camino, todo cubierto de langostas, se moría. Dios nos envió en ayuda de aquella pobre alma, porque apenas le confesamos murió. Ya habían empezado a devorarle aquellas crueles bestezuelas, y pasamos gran fatiga mientras permanecimos allí para liberarnos de su rabiosa hambre. Una vez que murió, le cubrimos la cara y las manos de tierra y arena para que las langostas no se lo comieran y seguimos a Castel Soriz(Castrojeriz)”.
Pero aquél dia sólo pudieron llegar hasta Hontanas, de la que vale la pena transcribir la descripción que hizo en su relato del viaje “es pequeña, desafortunada y pobre. Sólo tiene diez o doce casas, quiero decir cabañas cubiertas de paja, para protegerlas de la nieve, en donde no habitan más que pastores. Tiene una gran empalizada alrededor de las cabañas, para resguardarse de los lobos cuando vienen en la noche a asaltarlos, tan hambrientos que se devoran unos a otros, y llegan en tal cantidad, que si no ven fuego comen las ovejas, sea día o noche”.
Allí pasaron la noche, acostados en el suelo, pues no había lecho alguno. Antes fueron advertidos de que no salieran de viaje hasta que no se marcharan los pastores con sus perros; de otra manera podrían ser devorados por los lobos. Es fácil de imaginar, y así parece traducirse del texto, el miedo que pasaron los pobres peregrinos que, seguramente, recibieron estas explicaciones con el adorno de alguna que otra historia que ilustrara la voracidad y peligro de dichos animales.
Lógicamente, y no esta de más decir que por fortuna, nuestra llegada a Hontanas fue mucho más tranquila que la del clérigo boloñés. Aparte del ya mencionado viento y la soledad del camino, no tuvimos otra novedad hasta llegar a aquél pueblo. Uno se lo encuentra de repente, asomando el campanario de su parroquial por el fondo de un descenso de la meseta, cuando ya casi se está entrando en él.
El nombre de Hontanas proviene de fuente –fontana-, y a fe mía que hace honor a él, pues según entramos en el pueblo, y descendimos por el camino hacia su parroquia de la Inmaculada Concepción, dimos con una generosa fuente que sació la sed de estos caminantes.
No contentos con ello, y viendo cerca un albergue que hacía las veces de bar, nos acercamos a él. A su alrededor pululaban algunos peregrinos, y al entrar a su interior nos llamó la atención la limpieza y el buen orden con el que se parecía llevar todo; de hecho, y de hacernos saber esto se ocupaban los propios dueños del establecimiento: son varias las publicaciones dedicadas al camino en las que se cantan las excelencias higiénicas y de trato que ofrece este lugar al peregrino.
No somos nosotros quienes desmentirán eso, pues en todo lo que vimos y fuimos tratados parecía darse muestra de ello. El albergue recibe el nombre de “El Puntido”, que según supe después es como se llama al descansillo o meseta de las escaleras, y en él nos desayunamos un café con un buen pincho de tortilla, ¡que más puede pedirse!.
Saliendo del pueblo, tomamos un camino que discurre a media ladera, paralelo a la carretera que conduce a Castrojeriz y a un arroyo que por aquí le dicen el Garbanzuelo. Vimos a la derecha un derruido lienzo pétreo que evoca las pasadas construcciones defensivas de la zona.
Después abandonar el camino y marchar durante un rato por un lado de la carretera, nos encontramos con uno de los más fascinantes lugares de la ruta jacobea: las ruinas del convento de San Antón.
Este convento fue fundado por Alfonso VIII en 1146 con la encomienda de curar a los enfermos del “fuego de San Antón”, causado por comer pan de centeno con cornezuelo. Llamado también “ignis sacer”, “fuego sagrado” y “Fuego de San Antonio”, el cornezuelo provocó terribles epidemias en épocas pasadas, especialmente los años con inviernos fríos seguidos de veranos húmedos. Según nos contaron, sus efectos comenzaba con un escalofrío en brazos y piernas, seguido de una angustiosa sensación de quemazón. Parecía que las extremidades iban consumiéndose por un fuego interno, se tornaban negras, arrugadas y terminaban por desprenderse, “como si se hubiesen cortado con una hacha”. La inmensa mayoría de sus víctimas sobrevivía, quedando mutilados y deformados enormemente, por la pérdida incluso de los cuatro miembros.
Fueron tales los efectos de esta plaga en la Edad Media que en 1093 en Viena (Delfinado) un tal Gastón al ser curado su hijo por intercesión de San Antonio Abad, del ignis sacer o fuego de San Antonio, decidió fundar la orden de los Antoninos, adoptando la regla de San Agustín y una Tau como símbolo, por el que a partir de entonces serán reconocidos en todo el mundo cristiano y que dará pie a más una interpretación.
Entramos dentro del recinto del monasterio y vimos como, a pesar de estar prácticamente en ruinas, éste había sido acondicionado para recibir el paso de peregrinos, ofreciendo un poco de agua y pan y algún que otro recuerdo –sobre todo “taus” de todo tipo- si hay alguno que lo desea.
Es un lugar lleno de paz, en el que a uno le da la sensación de estar totalmente apartado del mundo. Así lo sentimos nosotros, y queriendo alargar esa placentera sensación, nos sentamos unos instantes a una mesa para beber un poco de agua y descansar en silencio.
Al levantarnos para seguir nuestro camino, vimos un libro de visitas para que, quien quisiera, dejara unas palabras. Si alguien revisa el libro, y todavía está el que contiene la fecha de 17 de septiembre de 2005, verá escrita en ese día una nota que dice:
“Que la fortuna nos lleve con gracia y honor a nuestro destino”
Son las palabras que escribimos en él antes de continuar en dirección a Castrojeriz, cuya silueta se ve ya a lo lejos, desde el camino, mientras uno va alejándose del monasterio de San Antón, dejando atrás ese espectacular rosetón plagado de “Taus”.
Después de una breve marcha, llegamos a las puertas de Castrojeriz, ante la colegiata de Nuestra Señora del Manzano, llamada así por albergar en una de sus capillas laterales una imagen de dicha Virgen, escoltada por San José con el Niño y Santiago peregrino, que es la patrona del lugar. Tan popular debió de ser ya en aquellos tiempos pretéritos que a sus “miraclos” se refiere Alfonso X de Castilla en cinco de sus Cantigas.
En esta colegiata se inicia la calle-camino que según dicen los del lugar, es la más larga desde Roncesvalles a Santiago. Pasamos junto a la iglesia y museo de Santo Domingo, los restos de lo que fue iglesia de San Esteban y el albergue de peregrinos, donde aprovechamos para sellar nuestra credencial. Vale la pena recordar que para cuando entramos en Castrojeriz, lo hicimos rodeados de cada vez más peregrinos, de manera que cuando llegamos al albergue quienes pensaban alojarse en él tuvieron que pensar en otra alternativa pues ya estaba completo.
Como recuerdo de nuestro paso por Castrojeriz, decidimos entrar en una quincallería que vimos en la plaza mayor a comprar una chapita de esas que ahora llaman pin. Nos atendió un hombre muy amable, ya de cierta edad, delgado, de estatura media y con unas gafas que, aparentemente, le servían más bien de poco pues miraba siempre por encima de ellas.
En lo que tardamos en pedirle lo que buscábamos, el quincallero había entablado ya una amena conversación con nosotros en torno a lo que habíamos visto aquél día en el camino, y especialmente en el Monasterio de San Antón. Nos preguntó si sabíamos algo sobre la famosa Tau, y al manifestarle que más bien poco, sonrió levemente y nos preguntó:
- ¿Tienen ustedes unos minutos?.
- Por supuesto que sí –respondimos entendiendo que íbamos a disfrutar de una charla que, por el momento, parecía iba a ser interesante.
Nos contó que la la Tau es la letra “T”, pero es también la decimonovena letra del alfabeto griego y la última del hebreo. Que es un símbolo que podemos encontrar en multitud de construcciones góticas, y en la mayoría de las capillas templarias: es la cruz primitiva, la cruz fenicia, la del antiguo testamento, e incluso la egipcia.
Parece ser, nos dijo, que la cruz de los romanos tenía esa forma y así la representaban, a veces, los primeros cristianos en las catacumbas. Los Valdenses, -añadió ya en medio de nuestra sorpresa por la erudición de nuestro contertulio-, contemporáneos de San Francisco, llegaron a declarar como dogma de fe que la cruz de Cristo tenía forma de T.
Viendo que le escuchábamos con bastante interés, nos dio una pequeña hoja referida al monasterio de San Antón encabezada por el siguiente texto:
“Y Pude oír lo que dijo a los otros: – Recorred la ciudad detrás de él, matando sin compasión y sin piedad. Matad a viejos, jóvenes, doncellas, niños y mujeres, hasta exterminarlos. Pero no os acerquéis a los que tenga la señal -TAU- en la frente.”
(Ezequiel 9, 5-6)
En la hoja que hace un breve recorrido por la historia de San Antón, hay alguna que otra referencia a la Tau. Nuestro anfitrión nos señaló una en la que se mencionaba la “señal de Caín”:
“El Señor le dijo: – El que mate a Caín será castigado siete veces. Y el Señor puso una marca a Caín, para que no lo matara quien lo encontrase.” (Gen 4,15).
- Hay quien se manifiesta no creyente por considerar la religión algo parecido a una superstición, pero sin embargo lleva con gran devoción la Tau – concluyó mirándonos por encima de las gafas con una sonrisa un tanto burlona.
De ahí pasó a hablarnos de la excelencia del lugar, del hermoso patrimonio que alberga Castrojeriz y del desgraciado saqueo que llevó a cabo, hace ya más de 20 años, el famoso Erick el Belga:
- Por aquél entonces -nos dijo-, yo era el alcalde de Castrojeriz y no olvidaré nunca el disgusto que nos llevamos todos en el pueblo al descubrir que había robado en la Iglesia de Santo Domingo, llevándose algunos tapices flamencos de incalculable valor, casullas y otras obras de arte…
Le contamos que no era el primer caso que nos encontrábamos relativo a robo del patrimonio eclesiástico. Lamentablemente, era esta una situación que íbamos viéndose repetir con muchísima frecuencia a lo largo del camino. Nuestro anfitrión nos mostró en un libro, las fotografías de los objetos robados:
- La mayor parte de ellos los recuperamos en el 82, pero todavía hay algunos que no han vuelto a aparecer y seguramente nunca más los volveremos a ver –nos dijo a la vez que nos mostraba la fotografía de un hermoso tapiz al que le faltaban un fragmento-, estos son algunos de ellos…
Hontanas surge del suelo casi de repente. Bajamos del páramo al pueblo y nos metemos en el primer local que encontramos abierto. Es la taberna del Vitoriano, uno de los lugares mas “cutres” que hasta ahora hemos encontrado en el Camino.
Sin embargo, Vitoriano es comunicativo y atento con el peregrino, además, sabe beber vino de un porrón echándoselo por la frente. Habilidad ésta muy notoria y de la que no todo el mundo puede presumir.
No es Vitoriano muy amigo de los hospitaleros que regentan los refugios de Hornillos y Hontanas, pues dice que, el primero, no debería cobrar las 500 ptas. pues ya recibe dinero de la Junta de Castilla-Leon y que, el segundo, está conchabado con el del bar de la piscina donde manda a comer a la gente, quedando así menguado su humilde establecimiento.
Nosotros le decimos que lo que recauda el de Hornillos es para el Ayuntamiento, según nos dijo su mujer, y que, además, da un vaso de leche por la mañana .
Vitoriano nos contesta que “eso de que es para el Ayuntamiento nos lo atemos a un dedo” y que si está recibiendo 20.000 ptas. diarias de los peregrinos, amén de lo de la Comunidad, “!Ya puede dar leche, ya!”.
Doy un paseo por el pueblo y encuentro a un ciclista (con mochila, a Santiago seguro) ante una casa en evidente estado de abandono. Me pide que le saque una foto ante la fachada. Se la hago, intentando que no salga mucha fachada, y me pide que la repita porque en esa casa nació su abuela, así que me esmero en esa segunda foto ¡Cómo la fachada ruinosa de un edificio puede adquirir de repente otro significado, una enorme carga afectiva!
Me entretengo mucho viendo pasar los trenes, me divierte en la tranquilidad de la tarde.
Hay misa en el pueblo, que es además de funeral. El cura llega algún minuto antes del inicio de la celebración y es él quien abre la puerta de la iglesia. La persona del pueblo más cercana al altar se sienta en el séptimo banco. El cura lee las lecturas y hace todo solo, una celebración penosa de las que yo pensaba que ya no quedaban. Al salir, Óscar comenta que parecía un monólogo, y añade un comentario más duro: “¿De verdad el cura se cree lo que está haciendo?”.
La peregrina alemana no nos abre la puerta del albergue cuando volvemos, pero sabemos que está dentro. Menos mal que la encargada nos vuelve a abrir. La alemana no nos ha abierto porque está ya acostada, a las 20 horas.
Nos levantamos con calma y gozamos de estar solos en la casa (la alemana se ha ido, nos ha pedido disculpas por no abrirnos ayer, o sea que nos oyó). Desayunamos, rezamos con calma y nos ponemos en camino. Al reiniciar la marcha descubrimos por qué Villalbilla ha quedado fuera del camino: han hecho un nuevo trazado del tren y quizá también nuevas carreteras. La riada de peregrinos que ya está llegando desde Burgos nos ayuda a recuperar el camino y las flechas amarillas. De hecho los peregrinos que llegan nos dicen que los albergues de Burgos se llenaron y tuvieron que habilitar el polideportivo para 22 peregrinos más. Aún nos alegramos más de nuestra buena suerte y de haber seguido hasta Villabilla, donde hemos estado más que tranquilos.
Si ya el número de peregrinos es considerable, en Tardajos encontramos dos autobuses alemanes. Algunos de sus ocupantes, unos 30, preparan bicicletas porque van a hacer parte del camino en ese medio. De hecho a los pocos metros nos adelantan, en grupo compacto. Y los otros, unos 50, se ponen en camino a pie. Son fácilmente distinguibles por la ausencia de mochila (como mucho llevan una ligera bolsa). También estos “excursionistas” nos adelantan sin contemplaciones. No nos parece la forma de hacer el camino, entre otras cosas porque a veces corren (al inicio, después ellos también se moderan porque su paseo es de unos 20 km), o van parloteando cuando lo que queremos es silencio y escuchar a la naturaleza.
Hoy ni llueve ni encontramos barro y nos maravillamos de la anchura de los campos castellanos, que en este tiempo de primavera están preciosos.
En Hornillos del Camino un monolito frente a la iglesia recuerda a Servando Mayor García, misionero marista natural de esta localidad, asesinado en el Zaire de entonces (hoy, República Democrática del Congo) en 1996 junto a sus otros tres compañeros de comunidad, todos españoles. Conocemos este hecho porque en una comunidad cercana vivían los misioneros javerianos, que fueron los primeros en llegar y descubrir los cadáveres.
Servando Mayor García, Fernando De La Fuente De La Fuente, Julio Rodríguez Jorge y Miguel Ángel Isla Lucio formaban la comunidad marista en el campo de refugiados ruandeses de Nyamirangwe. El día 30 de octubre de 1996, Servando, en nombre de su comunidad, hizo una llamada internacional de socorro a través de una emisora de radio en la que solicitaba una intervención internacional urgente para evitar la masacre de los refugiados, que ellos percibían en aquel momento como algo inminente. Esta intervención se puede encontrar en Internet. En la mañana del día 31, Servando telefoneó por la mañana a la Casa General de los Hermanos en Roma y dio este mensaje: ” Se han marchado del campo de Nyamirangwe todas las personas. Estamos solos. Esperamos un ataque de un momento a otros. Si esta tarde no volvemos a telefonear será una mala señal. Lo más probable es que nos quiten la radio y el teléfono. La zona está muy agitada. Los refugiados huyen sin saber a dónde y es muy notaria la presencia de infiltrados y de personas violentas”. Posteriormente, a las 13:50 horas añadió: “De nuevo nos hemos quedado solos, tal vez vuelvan otra vez los refugiados porque no saben a dónde ir. Nos quedamos porque no queremos mezclarnos con los militares ni con los grupos armados”. Esa misma tarde, a las 20 horas, los cuatro hermanos maristas fueron torturados y asesinados. Muy probablemente por haberse convertido en observadores incómodos; y también a causa de la mencionada petición de socorro.
Los últimos kilómetros antes de Hontanas se nos hacen duros por las rodadas de los tractores en el camino, que nos dejan los pies molidos.
Hontanas se ve sólo cuando ya estamos encima. Nos alegra. Nos alojamos en el albergue municipal y vamos a comer al hostal, un lugar muy relajante y ambientado con gusto. También cenamos allí. A la mañana me daré cuenta de haber perdido mi gorra precisamente en el hostal, pero está cerrado cuando salimos y la doy por perdida esperando que no salga mucho el sol en los próximos días.
Nada más salir de Hontanas preferimos seguir la carretera y no las flechas amarillas porque el camino atraviesa zonas embarradas y parece alargar un poco el trayecto. Acertamos, porque carretera y caminos se juntan unos kilómetros más tarde.
Mientras que las ruinas del convento de San Antón nos impresionan, Castrojeriz nos defrauda porque hay muchas casas abandonadas. Afortunadamente hay una tienda abierta a pesar de lo temprano de la hora y nos avituallamos.
Me desperté a las 7 hs. en el departamento de una prima de Nelly, en donde tan atentamente pasé las dos noches de Madrid, y el olorcito a café con leche, que había preparado, me hizo saltar de la cama.
El tren salía a las 10, desde Chamartin hasta Burgos, y en el andén ya había visto a varios peregrinos dispuestos a viajar. Nos mirábamos con cara de cómplices y nos hacíamos señas nerviosas con la cabeza. Fueron 3 horas de buen viaje, en un tren muy cómodo, y con poca gente. Sentado en mi ventanilla, imaginaba observando el paisaje, como sería mi camino. Comí unos bocadillos en el bar del tren, a precios de restaurante, y entablé una pequeña conversación con el empleado, que bastante parco, apenas me respondía, casi cuando llegaba a destino.
Al bajar, estaba perdido como perro en cancha de bochas, no sabía para donde ir, y nervioso y apurado buscaba mi primera flecha amarilla, que no podía encontrar.
Vi a dos mujeres con sus mochilas dirigirse hacía algún lado, y las seguí, y pensé que sabrían lo que hacían.
A las pocas calles divisé la cúpula de la Catedral de Burgos, y me tranquilicé, dirigiéndome hacia allí, ingresé y luego de obtener el sello, pregunté para donde tenía que partir, y me señalaron,!!! para allá¡¡¡¡
Antes de partir, me interné por unas callesitas y admiré un par de plazas hermosas, y luego de dar un par de vueltas, desemboqué a la orilla del río.
Lo crucé por un viejo puente que estaba en reparaciones y caminé cerca de 1 km. hacia el centro, cuando una amable señora mayor, en un semáforo me preguntó si estaba haciendo el camino, yo muy extrañado y a la vez contento por haberme reconocido como peregrino le contesté que si, y me dijo: PUES ESTÁS EQUIVOCANDO EL CAMINO HIJO, QUE ES EXACTAMENTE PARA EL OTRO LADO, TE LO DIGO YO, PORQUE FUI A SANTIAGO.
Por lo tanto, tragando mi vergüenza, volví sobre mis pies y tengo 1 km. de más en mi camino.
La salida de Burgos es por asfalto, y es bastante agradable, saqué mi primera foto en un mojón muy lindo que marca SANTIAGO 532 KM.
Luego entré en el albergue de El Parral, tomé un poco de agua, selle mi credencial, y como era muy temprano y además como no tenía buenas referencias de este lugar y como estaba con la adrenalina que se me salía de las orejas, decidí continuar. En lugar de tomar la carretera, salí por el mismo parque, rodeado de frondosos y añejos árboles.
Se deja el asfalto y se transita por una senda con bastante polvo, a lo lejos se divisa un cárcel, y hago mi primera parada bajo el puente de una autopista en la ribera del río Arlanzón.
Lo que había a mi alrededor, hablando de paisaje, no era muy alentador, paso por Villalbilla y luego de transitar nuevamente por asfalto llego a Tardajos, dos pequeños pueblos encantadores, y hago mi primer cambio de medias, sentado en una pequeña plaza, tomo algo de agua y descanso por unos minutos, y alcanzo Rabe de la Calzada, a la salida del pueblo dejo a un costado el cementerio, y me adentro de lleno en continuo ascenso, en la soledad de la llanura castellana.
Esta es de una hermosura indescriptible, con sus campos verdes sembrados de trigo y cebada y la senda por donde transitaba, que se perdía en el horizonte, estaba regada de grandes piedras que dificultaban mi caminar , mientras el sol me daba de frente, yo apoyaba mi mano sobre la frente y adivinaba entre sombras, unas grandes elevaciones, que seguramente tendría que sortear.
El sol apretaba bastante cuando un par de kms después hago una nueva parada, en un área de descanso, que parece un oasis en el medio de la llanura, sombra y agua son bien recibidos.
Comienzo a escalar la Cuesta de Matamulos, con su senda plagada de piedras y ensimismado en mis pensamientos, hago un giro de 360º me doy cuenta que estoy solo, completamente solo, pues a kilómetros a la redonda no encontraba nada ni veía a nadie, eso me hizo estremecer, volví en mi y en un segundo continué mi marcha.
De golpe escucho unos pasos a mis espaldas, y como venido de la nada, veo una figura muy alta, bajo un sombrero australiano y todo vestido de verde, parece un yanqui en Vietnam, se pone a mi lado, y me saluda
Good morning,… :hola le contesto,
Where are you from,: de Argentina
Wherefrom???: no entendía, de AYENTINA hablando tipo Tarzán, le contesto
Ohh yes, yes AYENTINA, tango, Maradona, yes yes
And you, pregunto: Demar, pronunciando bien cerrado
I don not , non capisco le digo
Denmark me escribe en un papel
A si, Dinamarca,
yes yes, D I- n a- m a r- c a me deletrea y contesta en raro español
Your name, tu nombre? Cual es?? Paúl contestó
Eduardo le respondo
You,..Years ?? años, cuantos?? Y con el bastón marcaba en el camino 55.
Yes, cinco cinco le contestaba, haciéndole gesto con los cinco dedos abiertos y se reía por la expresión.
Nos tomamos un par de fotos, hablábamos lo que podíamos y al lograr llegar al tope de la loma, divisamos con alborozo Hornillos del Camino. Ahora la cuesta es en pronunciada bajada y en más de una ocasión tenemos que hacer esfuerzos para no rodar en tan pedregoso suelo.
En contados minutos entramos al pueblo, en donde nos encontró la puesta del sol.
Andando no más de 300 metros, me doy cuenta que el pueblo esta construido a la vera del Camino de Santiago, y si este no existiera el pueblo hubiera muerto.
Llegamos a una pequeña plaza, en donde hay un bar, una iglesia con su típico monolito del gallo, un pequeño cementerio y el albergue.
Justamente la plaza se llama Plaza del Gallo, y su figura está presente también en su escudo. Luego me entero que hay una versión que dice que en la época de la guerra de la Independencia, un grupo de guerreros franceses, derrotados por Napoleón, entró al pueblo, y como venían pasados de hambre, y al ver que los vecinos estaban en misa, se robaron todas las gallinas y para que no los descubrieran, las metieron dentro de sus tambores. Cuando los vecinos se dieron cuenta de lo que pasaba, los franceses negaron toda participación en el hecho, entonces las mujeres rezaron plegarias a San Antón y un gallo muerto desde el interior del tambor comenzó a cantar.
Nos alojamos en un pequeño albergue con unas colchonetas en el piso, y en la habitación éramos unas 12 personas, el lugar era bastante modesto, limpio y con buenos baños.
Nos sentamos a descansar en unas mesas que hay en la pequeña plaza y pedimos unas cervezas al bar de Manolo, en donde un ovejero alemán con 3 patas nos hacía juegos, y lo único que había que hacer, era ver pasar las horas, tomar unos apuntes y charlar con otros peregrinos,.. en ese pueblo de 20 habitantes, no se puede hacer más.
Luego de esperar turno, nos sentamos a cenar, la carta ofrecía una suculenta entrada de fiambres, unas chuletas con tortilla, un vino rosado y un buen postre.
De vuelta al albergue nos dispusimos a dormir, y mi colchoneta estaba ubicada debajo de una ventana, y como éramos muchos en esa pequeña habitación, la dejé un poquito abierta, para que entrara aire. Dejé todo preparado al pie de mi bolsa y con el cansancio que llevaba, creo que me dormí inmediatamente.
Hornillos del Camino – Boadilla del Camino
Día 3 de mayo
Etapa muy larga de 39.2 kms
Cerca de las 6 de la mañana, escuché a los primeros peregrinos preparar sus mochilas, y aunque no estaba muy descansado por culpa de varios roncadores, pegué un salto y me dirigí al baño.
Antes de partir, saludé a mi amigo Paul, que se quedaría un rato más, pues no tenía ningún apuro, y con el pulgar levantado me saludo.
Tomé mi mochila y mi bastón y terminé de atarme las zapatillas en la calle.
Tomé por la única calle real que existe en ese pueblo y enfile hacía la próxima etapa.
El día se presentaba despejado y con buen tiempo.
Para llegar a San Bol hay que hacer un buen esfuerzo, pues las subidas y las bajadas son muy pronunciadas y cuesta mucho trabajo debido a la gran cantidad de piedras que hay en el camino.
El pueblo se encuentra a la izquierda cuando uno pasa, pero como me tenía que desviar unos 200 mts. de la senda, decidí desayunar en Hontanas a 10 kms.
El paisaje se presentaba como lo había vivido por las fotos que bajaba de internet, y parecía que ya hubiera pasado en otro momento.
Subidas y bajadas terribles y muy pronunciadas, mucha llanura con montañas sembradas de trigo, y muchos montículos de piedra, a causa de retirarlas de los campos tan agrestes, y los peregrinos aprovechan para formar pequeñas torres con piedras superpuestas.
Fueron 10 kms. completamente solo pero muy hermosos.
Hasta ese momento y luego de 2 días de caminar, si bien estaba disfrutando, no era lo que me esperaba en el sentido mismo del camino, no me pasaba nada, no sentía nada, y no sabía si tenía que sentir algo. No se si me explico bien.
Luego de un rato, diviso la torre y su campanario y hago mi entrada a Hontanas muy cansado y con calor, desayune un suculento café con leche con un sándwich de jamón, rociado con aceite de oliva, que era para un cuadro. Descansé, me cambié las medias, no sin antes pasarme vaselina por los pies.
Me tomé mi tiempo, me saqué algo de ropa y proseguí mi marcha muy comodamente hacia San Antón, que según el mapa, el camino proseguía un poco más suave.
El camino pasa por debajo de dos grandes arcos del Convento-Hospital de San Antón, y es un momento muy bello, pues estos restos todavía guardan hermosas decoraciones. Luego de sacar algunas fotos, me dirigí hacia Castrogeriz, cuya carretera, en este tramo está bordeada de chopos, brindando buena sombra, y luego de 20 km. de marcha paré unos momentos a descansar en La Taberna de Toño, una persona muy especial, que en cuanto me vio entrar me convido con un pedazo de tortilla recién hecha, y yo pedí un buen café con leche, hablamos de Argentina y luego de firmar su libro, sellé la Credencial y me convido con una rosquilla para que llevara en la mochila. Me llevo un gran recuerdo de Castrogeriz, que además es un pueblo muy simpático y pintoresco, con su Calle Real de 1 ½ km. de largo, que no es más que la prolongación del camino, que lo cruza de este a oeste y con un castillo imponente a su entrada, cuyas ruinas son visibles sobre el cerro que la domina.
Me levanto y echo a andar / Sin lavarme la cara / Tal vez complete un trecho / En la Gran Espiral / Con las cosas que he ganado / Y las que he perdido / Mi ceguera y mi bastón / En el camino... Si me ves dormido / Sabe el alba que si quiere yo / La espero en el camino / Y todos mis pecados / Viajarán conmigo / Hasta el más puro final / Del camino.//
De la canción la ‘Cruz de Santiago’
Lanza bien los dados
porque el juego del camino ha comenzado,
agudiza tu ingenio,
sírvete de mancias,
sírvete del tarot,
lee en el alma del bosque
adivina dónde la muerte se escondió
-MAGO DE OZ-
Pero qué es el alma, ¿un mito? ¿es inmortal? ¿pesa 21 gramos?
.
.
Nosotras hemos llegado a la conclusión de que el alma es la verdad de uno pero nos encantaría conocer cual es tu opinión al respecto (aquí)
El Espacio y el Tiempo son modos mediante los que pensamos, no condiciones bajo las que existimos. El Tiempo que percibimos a través de los relojes y los calendarios es una invención que sólo concierne al hombre y a su interpretación del mundo. – ALBERT EINSTEIN -
DEL DIARIO PEREGRINO QUE HE COMENZADO A LEER HOY…
http://aig02.blogia.com/
DEL DIARIO DE MONTSE, LITERATURIZADO AL CATALÁN…
http://laltreblogdelarare.blogspot.com/
DEL DIARIO PEREGRINO DE RAÚL, CAMINO DE SANTIAGO/08
http://micaminodesantiago2008.blogspot.com/
LAS VIVENCIAS DE WILLIAM RAMOS…
http://porsiempreperegrino.blogspot.com/
DEL DIARIO DE JUAN MIGUEL GRAU, PEREGRINO DE MIAMI…
http://www.juanmiguelgrau.com/camino_de_santiago
* En esta larga etapa se discurre por las llanuras esteparias burgalesas, ceralísticas, surcadas por pequeños arroyos y separadas por páramos. La presencia de arbolado es escasa: especies de ribera, grupos de encinas que recuerdan la pasada existencia de bosques en estas tierras y jóvenes conníferas en las laderas.
RECORRIDO VISUAL DE LA ETAPA
Se abandona la ciudad de Burgos cruzando el río Alarzón por el puente de Malatos y pasando junto al parque el Parral.
El Hospital del Rey, la Facultad de Letras quedan a la izquierda, mientras el Camino avanza con la carretera N-620. Se salva vía férrea y se cruza a la derecha de la calzada, tomando la calle Pérez Galdós. Allí surge una pista que pasa junto al vivero forestal de la Junta de Castilla y León y lleva al apeadero de la Alameda, desde donde se accede a Villalbilla de Burgos. Si no se quiere entrar en la localidad hay que continuar entre álamos y frutales. Se salva el obstáculo de la autovía y ya por la carretera (N-120) se cruza el puente Tardajos. De allí se parte en dirección a Rabé de las Calzadas por una pista asfaltada, discurriendo por el valle surcado por numerosos cauces. Tras el cementerio, surge una bifurcación: las flechas indican a la izquierda, pero ambos caminos son paralelos y acaban fundiéndose en uno tras cerca de 3km por solitario paisaje de cereal protegido por pequeñas lomas. Se sube al páramo, por el que se avanza durante más de 1,5Km, para descender de forma abrupta hacia el Valle del río Hormazuelas, donde se atraviesa la carretera de Estepar y el río…
… para entrar en Hornillos del Camino. Tras pasar junto al albergue y la iglesia, se toma la salida por el camino de la derecha, entre chopos. Hay una nueva subida a una meseta y, tras el descenso, aparece el valle del arroyo San Bol, donde una construcción con la cruz de Jerusalén, indica un refugio (fuente). De nuevo se asciende a otro páramo, en cuya cima de vez en cuando surgen grupos de encinas entre los pastizales y el cereal.
Y en su ladera occidental, inesperadamente aparece Hontanas, cuya calle Real da paso a la carretera, en dirección a Castrojeriz. Por una pista paralela se recorre el valle, siguiendo el curso del arroyo Garbanzuelo, entre lomas con laderas reforestadas. Después de cerca de 4 kilómetros, se retorna a la carretera y se pasa bajo el arco del convento de San Antón. A partir de allí se comienza a ver Castrojeriz, a cuya entrada aguarda la Colegiata de Santa María del Manzano.>>
.
.
* NOTA PARA LOS CICLISTAS:
La mayor dificultad se puede encontrar en el descenso por la CUESTA DE MATAMULOS; y en la posibilidad de que los caminos y pistas estén embarrados. La alternativa que pueden tomar los ciclistas es seguir por la N-120 hasta Olmillos de Sasamón y allí tomar la carretera local en dirección aIglesias, de la que sale por la derecha la que conduce directamente a Castrojeriz.
http://yladah.wordpress.com/2008/05/15/etapa-decimotercera-burgos-castrojeriz-camino-frances-a-santiago/
- Diario de JUANJO ALONSO ESCALONA, Agosto/ 1997 -
http://www.biescasvignau.com/03Espanol/07.Trekking/10.CaminoFrances/Diarios/JJ.Alonso.97.03/%2010A.DiariosJuanjo.htm
DIARIO DE ÁNGEL SILVENTE
http://www.euskalnet.net/diariosdeperegrinos/angel.silvente.htm
O las ruinas del Convento de San Antón, a 3 kilometros de Castrojeriz, sede la Orden de los Antonianos, que curaban el “fuego de San Antón” con su báculo en forma de tau “T”:
http://luisyanezabelaira.blogspot.com/2009/05/ponferrada-16-04-2009-presentacion-un.html
DEL DIARIO DE BARRET Y GURGAND, 1977
http://www.euskalnet.net/diariosdeperegrinos/barret.y.gurgand.htm
EX ORIENTE LUX
http://www.exorientelux.org/
Hontanas surge del suelo casi de repente. Bajamos del páramo al pueblo y nos metemos en el primer local que encontramos abierto. Es la taberna del Vitoriano, uno de los lugares mas “cutres” que hasta ahora hemos encontrado en el Camino.
Sin embargo, Vitoriano es comunicativo y atento con el peregrino, además, sabe beber vino de un porrón echándoselo por la frente. Habilidad ésta muy notoria y de la que no todo el mundo puede presumir.
No es Vitoriano muy amigo de los hospitaleros que regentan los refugios de Hornillos y Hontanas, pues dice que, el primero, no debería cobrar las 500 ptas. pues ya recibe dinero de la Junta de Castilla-Leon y que, el segundo, está conchabado con el del bar de la piscina donde manda a comer a la gente, quedando así menguado su humilde establecimiento.
Nosotros le decimos que lo que recauda el de Hornillos es para el Ayuntamiento, según nos dijo su mujer, y que, además, da un vaso de leche por la mañana .
Vitoriano nos contesta que “eso de que es para el Ayuntamiento nos lo atemos a un dedo” y que si está recibiendo 20.000 ptas. diarias de los peregrinos, amén de lo de la Comunidad, “!Ya puede dar leche, ya!”.
http://www.atienza.info/camino/textos/Etapas32.htm
DEL DIARIO DE UN MISIONERO JAVIERANO
http://www.euskalnet.net/diariosdeperegrinos/antonio.serrano.insausti.htm
DEL DIARIO DE EDUARDO EL TRANSOCEÁNICO
http://eltransoceanico.spaces.live.com/