Segunda jornada: ZUBIRI – TRINIDAD DE ARRE – VILLAVA

2009 Julio 18
by mx7652o

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Y duermo y despierto.
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El día de hoy comenzó conmigo despertando a las 5h00. Dormí genial porque ayer llegué a Zubiri estupenda de tiempo y pude conseguir una litera baja en una esquina. Mi compañera de la litera superior se llama Françoise, y aquí en Trinidad de Arre volvemos a encontrarnos y a dormir juntas; y más o menos nos entendemos entre mi escaso inglés (no me estoy esforzando) y su ”comprenderse” con el ‘espagnolo’.
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Comencé desayunando bajo la llovizna del albergue de Zubiri a las 5h15min. Un poco de pan con queso y un kiwi con cocacola en la mesa de piedra del exterior. Sin embargo, aquí, mañana, podré tomarme un café. Y no tengo ninguna necesidad de pegarme otra paliza, porque hace un rato llamé a Cizur Menor y Maribel, la dueña del albergue privado, dice que sin problema, que hay plazas de sobra, que llegaré… Son sólo 10 km los que me separan de esa población y tengo que darle este tiempo a la lesión (en la rodilla, de un patinazo sobre el barro, barro que no deja de acompañarnos) para que no se acentúe por sobrecarga. Además la lesión antigua, la que sufrí en noviembre y me tuvo dos meses inmovilizada, me envía avisos dolorosos. Imagino que ellos me habrían motivado a seguir hasta su destino pero el precio era demasiado caro…

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En seguida el movimiento entre los peregrinos. Françoise se refugia en su saco mientras ya las luces han sido dadas, y ha correspondido a mi saludo de buenos días con una preciosa sonrisa, como de niña, y a continuación con el gesto, también como de niña, de negarse a abandonar tan pronto su saco. La conozco así.
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Yo estoy lista y espero fuera mientras estiro. La capa será obligatoria. El calabobos no cesará y nos acompañó durante los 15 kilómetros (o prácticamente) hasta Villava. Arancha y Mari Carmen buscan refugio en la sala de Internet-comedor para tomarse un yogur. De Zubiri salimos los cuatro, ellas, Txomi y yo sobre las 6h30min. Y el parlamento con mi dolor comienza justo ahí.

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Todos tiran. Sobre todo a primera hora Mari Carmen. Yo tampoco lo hago mal. No es tanto el barro, como el recuerdo del barro en la jornada anterior, hasta llegar a Larrasoaña.

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Hemos vuelto a cruzar el Puente de la Rabia sobre el Arga. Y qué sorpresa nos tendrá reservado el río para este día…

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Enredadera en Eskirotz

*imagenes: Padre Rodrigo Valdez

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8. Camino - Entre Eskirotz y Larrasoaña_1

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<<El Camino sube por una calle, y luego entre robles y arbustos junto a los prados. Hay que tomar una pista en dirección a la fábrica de magnesitas, que desemboca en la carretera de Osteriz. De ella parte una pista paralela que se abandona para descender por unas escaleras y salvar una vaguada. El ascenso se lleva a cabo por un sendero de losas bajo las copas de los robles, nogales, avellanos y arces hasta Illaraz. Por carretera se desciende a Esquiroz, donde se toma una vereda entre el arbolado. Después de dejar atrás una fábrica de piensos y de atravesar la carretera, una pista entra en Larrasoaña por el puente sobre el río Arga>>

- JOSE MARÍA ANGUITA JAÉN -

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Escaleras.

*imagen: Rayuela fotoblog

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Unos centenares de metros antes de llegar a Larrasoaña, dos peregrinos detenidos en el Camino… Uno se llama Ángel y es de Madrid, el otro es suizo, no recordaré su nombre…

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larrasoaña e iglesia

*imagen: Kai

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Cruzamos el puente, entramos en el pueblo, nos detenemos cerca de la iglesia con otro peregrino más que nos explica que, como ayer el albergue estaba cerrado, en el hostal han abusado de los precios.

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Puente de Larrasoaña

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El puente de Larrasoaña (S.XIV) recibe el nombre de <<Puente de los bandidos>>, porque aquí, o en las inmediaciones, se apostaban los tales para asaltar a los peregrinos.

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*imagen: Alfonso Biescas

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Sé de Larrasoaña que tuvo o tiene un alcalde, Santiago Zubiri, cuarenta años de alcalde; más, como cuenta Alfonso, de enamorado del Camino. Dirige el albergue municipal, enseña su credencial, según Javier, es hablador, reparte cinta amarilla decorada con vieiras para las mochilas, o eso dijo Helena; y ha conseguido reunir una cantidad importante de recuerdos del Camino y del peregrino, que está encantado de mostrar en el museo que hay frente al albergue.

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Y sé lo que la guía del peregrino dice acerca de esta población:

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<<La antigüedad de la importancia de Larrasoaña, en contraste con la de Zubiri, si está atestiguada por su mención en el Liber Peregrinationis como estación jacobea (Ressogna). Más antiguas son, no obstante, las referencias documentales a su monasterio de San Agustín, dependiente de Leire en época altomedieval. No sabemos si el hospital de aquel monasterio de San Agustín, vigente en la época del Liber peregrinationis (1130), tiene que ver con el edificio conocido como cillería de Roncesvalles, hospital dependiente de la colegiata desde el s. XIII, y en funcionamiento aún en época moderna. La continuidad en Larrasoaña de la hospitalidad jacobea en época contemporánea se refrenda por la existencia de cofradías, documentadas en el siglo XVIII y consagradas al cuidado de los peregrinos, bajo las advocaciones de San Blas y de Santiago. Sendas ermitas con idéntica advocación son el resto vivo de ese pasado histórico…>>

- JOSÉ MARÍA ANGUITA JAÉN -

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En el s. XII, Sancho VI el Sabio, otorga a esta localidad, que ya cuenta con un hospital de peregrinos, un fuero. El trazado urbano crece en torno a una calle principal, donde se asientan extranjeros, artesanos, mayormente franceses… Pero de agotes, pueblo maldito, también tienen resonancia estas tierras. Y con ganas de una de esas tortillas malditas, receta de agotes, debe ir alguno de mis compañeros.

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En la tortilla maldita las patatas se cuajan en manteca y se les añade una seta picada menuda de suave sabor. Ser agote significaba ser un marginado, un apestado social, ir marcado con el sambenito de un trapo rojo…

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Balcón de Larrasoaña

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Hemos girado a la izquierda y Arancha y yo vamos como desbordadas mirando los balcones de algunas casas; casas blasonadas…

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2. Larrasoaña

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Al final de esa calle, a la izquierda, logramos dar con un lugar abierto, donde ellos pueden desayunar y yo optar por un café.

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.Sello casa Sangalo.

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Como sigue lloviendo nos desprendemos de las capas y de las mochilas que bajo techo nos esperan fuera. Ese lugar lo conozco por los diarios de Alfonso, y, según entro, un frenazo en seco. El dueño que me para los pies. Bueno, a mí y a cualquiera. Nos pone a todos firmes, no quiere prisas; a mí, en concreto, me insiste para que vaya más despacio, dice que voy demasiado acelerada. Y lo tendré en cuenta.

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Sangalo es seco, supongo que navarro, pero muy guasón, como decimos en mi tierra. Aquí, Asturias abre puertas… me gusta eso. El terreno de Sangalo es el terreno de Sangalo. Ha logrado que me sonroje, y a Mari Carmen dejarla blanca. Hay algo allí, algo con los aperos de labranza, algo artesanal, de la decoración, que sé que le gustará a uno de <<Los Compañeros>>. Les tengo presentes. Hay un cuadro que un japonés pintó, un peregrino… Pero es una maravilla de cuadro, para las emociones. Hay un comentarle a Sangalo que he leído acerca de él, por esos diarios de Alfonso Biescas que menciono… Hay un interés por parte de Sangalo en dar con esos diarios, no recuerda o no reconoce por mi descripción a Alfonso, aunque yo le explico… Ahora Alfonso es un peregrino al que le han publicado un libro sobre su camino: ‘Una idea peregrina’.

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Hay, por supuesto, mucho calor en aquella mesa. De los de Zumalacarregui que hablan de Zumalacarregui con Sangalo (Zumalacarregui está a 50 km de todas partes -escucho), de Sangalo, que se muestra generoso y, después de la primera impresión, es un tipo acogedor, de Ángel de Madrid, que me pide que no cambie nunca y que no pierda nunca mi encanto… Hay algo que le cuenta ese mismo Ángel a Mari Carmen y que yo no escucho pero que debe ser triste por la respuesta que ella le da… Hay un despedirse de Ángel y el Suizo a los que ya no volveré a ver… Hay algo que tiene magia, sí, en el Camino, que el Camino desprende pero que en realidad pertenece a las gentes que te suceden en él…

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Sangalo me invita al café, aunque creo que Txomi, que se ha comido su buen bocadillo de chistorra o jamón y tomado su buen vino con él, lo ha pagado. Y Sangalo me proporciona una de sus tarjetas.

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Larrasoaña Esteribar

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Arancha va contándome que deja el Camino en Burgos. Tiene que asistir a una comunión y entonces lo siento por ella y por sus amigos… y ahora todos admiramos las balconadas. Volvemos a cruzar el <<Puente de los bandidos>>, dejamos Larrasoaña atrás, y subimos por una pista hasta Aquerreta. Arancha me parece una mujer maravillosa pero ella es capaz de andar y hablar animadamente, está más dotada que yo. Entre la capa, el pañuelo que llevo en la frente y por encima de los oídos, la lluvia que a ratos es bastante más que un calabobos, la mitad de sus palabras se me pierden entre la fronda, y con ellas no sé ni qué respuesta darle.

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1. Camino - A la altura de Zuriain

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<<Tras la carretera comarcal, se atraviesa un pinar y un hayedo, en la base del monte Maliturri, para dirigirse en bajada hacia el río Arga>>.

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La sorpresa del río es la belleza. Mi alma es lo que surge ante su caudal. Mi alma que desea detenerse. Fluir como el río, como las aguas, con el mismo sonido. Estoy escuchando la pierna, voy con ella y no me deja de hablar, todo me habla, ellos me hablan, los árboles me hablan, el río me habla, me pide que me detenga, me pide que me detenga y yo no puedo porque voy con ellos, y todos vamos rápido y llueve y llevamos capas. Trato de olvidar que borré tu correo. Trato de olvidar que ahora sólo son posibles las palabras comunicadas así, de oreja a oreja, de oído a oído, de sentimiento a intelecto… Trato de olvidar que mi madre biológica se llama como esa mujer. Y que el nombre se repite y se repite y me hace tensar la cabeza hacia el lado de los sentimientos y la contractura se agrava.
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Esa contractura es uno de los motivos de mi camino. Después de casi veinte años, ¿el Camino puede hacer que me desprenda de ella?
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Nos cruzamos con caballos. Son preciosos. Otra vez portillos que hay que abrir y cerrar detrás de uno, del grupo. El paraje por el que atravesamos es tan bello que ahí mismo me prometo volver a recorrerlo en otras condiciones. No importa tanto la lluvia como la soledad. La balanza se está inclinando y no lo hace del lado de la relación. Todo me parece una respuesta. Hay una fronda, hay un discurrir paralelos al curso de las aguas. Hay una necesidad de purificación, de no tener que escuchar de continuo el nombre que se repite. No sé ellos pero yo estoy aquí con un pasado que dejar atrás. Es una decisión. La decisión a la que poco a poco me fue llevando el Camino mismo.
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Es curioso que no nos fijemos en como nos atormentan los dolores de nuestro cuerpo en un momento dado. El cuerpo es más sabio, el cuerpo reconoce la necesidad del alma de sentirse liberada para perdurar… Y eso comienza a ser el parlamento del dolor, un darme cuenta de que la conversación que sostengo, hablando de la familia de otros, que nunca es como la mía, no beneficia a mi alma, que el alma busca o anhela el éxtasis y que el éxtasis sucede en la Contemplación.
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11. Zuriain Rio ARga

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<<Por el bosque de ribera se llega a Zuriáin, donde se cruza la corriente, y se sale con la N-135. A 500 m aparece el desvío de Iluzdoz. Siguiéndolo se pasa a la margen izquierda del curso fluvial, y tras dejar atrás unas casas (se ve al fondo una antigua cantera), al pasar por un pinar, vemos discurrir el Arga junto a tierras de labranza >>.

- José María Anguita Jaén -

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Encuentro con Los Compañeros, en un recodo ascendente del Camino. Van sin desayunar, sus caras muestran esa desazón. Yo alegría al verlos, aunque todas mis alegrías son transitorias en este punto.

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Alcanzamos Iroz. Los Compañeros no pueden reponer sus energías ahí. Tampoco comprendo por qué no aceptan las barritas energéticas que se les ofrecen. Ya hay ganas en todos de hacer otra parada, para hacerse entrar algo caliente en el estómago, también de orinar. Los pies comienzan a doler, con un dolor abrupto en las plantas. Pienso si me habrán salido ampollas pero sólo es el dolor de pisar y pisar. La rodilla aguanta… pero aguanta porque le voy prometiendo reposo. Por la rodilla podría seguir adelante, por los pies, por como empiezan a quejarse, no. El barro se hace con el protagonismo, otra vez, el de la mañana y los andaderos. Voy fijándome que muta su aspecto y también que en depende qué matices se resbala más o menos.
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Me preguntan por qué voy tan encantada con el paisaje si es del mismo verde de mi tierra, y tiene que ser hasta semejante. No lo sé. Porque yo soy así, de encantarme. Es el viaje y la naturaleza del viaje.
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Hemos dejado una fuente atrás. Arancha me explica la receta de una tortilla muy sabrosa. Se la ha dado Txomi. Se necesitan cinco o seis brotes de dientes de león. Tienen que estar cerrados, aún sin florecer. Txomi arranca uno y yo retengo esa imagen del cómo. Querré probarla. Txomi, como el Compañero, es conocedor de la flora. Abro mucho los ojos cuando me cuenta que Lizarra (Estella) significa fresno. Hay un sueño con Estella, en el Camino. Espero poder descifrarlo. Lo tuve en el Noviembre pasado, como camuflado por otras cosas pero me intrigó. Hacía entonces las prácticas de la ensoñación. Un fresno era Yggdrasil, un fresno perenne, el árbol de la vida o del Universo en la mitología nórdica.
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En Zuriáin, una pequeña iglesia medieval pero situada en la parte alta del pueblo. Salimos a la carretera y a unos 500 metros el desvío a Ilurdoz. En Iroz la iglesia parroquial de San pedro, de época moderna. En el parque fluvial, que han construido a lo largo de la margen del río, algunos pescadores preparaban sus cañas.
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13. Zabaldica
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12. Zabaldica

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Pero ahora, en Zabaldica una románica consagrada a San Esteban. Es igual, el arte ni me mueve ni me conmueve cuando tengo el estómago vacío. Un compañero busca un remedio para el estómago de todos. Ha subido una calle y la ha bajado al poco rato con cara de mortificación. Yo al menos he comido algo pero ellos…
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2. Camino - A la altura de Arleta
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Comenzamos a ascender por la ladera del monte Narval. Siento miedo, el barro se convierte en un enemigo. Agradezco tener un bordón en el que apoyarme. Vegetación, boj y pinos, Arancha detecta unas flores preciosas, son orquídeas, muy pequeñas y delicadas, el Compañero lo confirma. Arleta, un caserío, la ermita de Santa Marina, hemos descendido. Arces y robles, y si las driadas nos bailan el hambre no me permite más que pensar en ellas. Ando desesperada, siento ganas de abandonar, ¿siempre será tan duro? Podemos quitarnos las capas. La llovizna remite. ¡Cuánto te hace sudar el plástico de una capa! Atravesamos un túnel. Hemos divisado una población cercana pero parece ser que el Camino la deja a desmano. Pamplona se vislumbra al fondo.
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3. Trinidad de Arre
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Y cuando menos te lo esperas… estás cruzando el río Ulzama sobre su puente románico de seis ojos y te das de bruces con la basílica de Trinidad de Arre. Ahí mismo me enamoro. De esos clamorosos saltos del agua, del entorno. La tarde promete ser, para mí, maravillosa. El albergue aún no está abierto. En sólo quince kilómetros el Mundo ha acabado conmigo. Me siento así.
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Villava Calle Mayor
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Caminamos por Villava, por la calle Mayor. Villava es la cuna del monstruo Miguel Indurain. Monstruo, como bonito, es una expresión ambivalente. Con Indurain disfruté de tardes emocionantes en el pasado. Eso era cuando veía más la televisión. Luego dejé de verla. Hasta quedar el asunto restringido a algunos documentales, a la hora de las comidas o de las cenas. Indurain es pentacampeón del Tour de Francia, durante cinco años consecutivos se hace con el maillot amarillo. Pocos han sido los elegidos para esa gloria. Hasta Indurain tres habían sido los que lo habían conseguido: Anquetil, Mercks e Hinoult. Después Lance Armstrong los superará con siete. De todas formas Indurain me resultaba querido, así que me alegro de estar pisando su pueblo. Indurain también logró la maglia rosa en dos ocasiones.
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Mis piernas
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Mari Carmen, Arancha y Txomi se deciden por un pincho. Son poco más de las doce del mediodía y eligen entrar en un bar, de nombre Paradiso. Nos decimos que les daré alcance, que hago bien siendo prudente, y de hecho pienso que sí que les daré alcance. Cuando el cuerpo se acostumbre, creo que, ya no seré la misma que ellos han conocido, y que seré la de siempre… Me pesan algo los ojos de Txomi. Expresan tristeza o algo semejante. Me pesan y me tranquilizan. Txomi es un ser humano maravilloso. No deja de dar muestras. Sus amigas ídem y siento que ha sido hermoso conocerlos y disfrutar hasta allí de su compañía. De todas formas yo muy sentimental no soy. Y menos que pretendo serlo…
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Con <<Los Compañeros>> en la calle, detengo a un ertzaina… Ellos me toman una fotografía mientras le pregunto al policía por un lugar en el que poder disfrutar de un menú peregrino (sobre todo a esas horas). Saben que esa sí me va a gustar. Y lo del menú es posible en el hogar del jubilado: 7 euros con 85 céntimos. Una ganga, después de Zubiri.
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Ya dentro del local voy al baño. El local es grande, hay una plaza a mano izquierda de la calle Mayor, según te orientas en dirección a Pamplona, y está al fondo.

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Un Compañero más encantador que otro, el otro más interesante que éste… El hogar del jubilado limpio y correcto. Ensaladilla, lomo, postre y vino. El Compañero más encantador tiene sus dudas acerca del Camino. Hablamos de eso durante los platos y yo postulo algo que no sé si yo misma me creo, aunque pienso que sí. Lo que ocurre es lo siguiente… El Compañero más encantador dibuja <<un esquema>> en mi cuaderno, el Compañero más interesante siente por el enclave en el que nos encontramos la misma atractiva nostalgia que siento yo… Pero el esquema dibujado delante de mí me resulta pueril. Se trata de que el Compañero más encantador se adelante hasta Cizur Menor y el más interesante se quede conmigo, o dónde yo me quedo. Hablamos entonces de la conveniencia que yo le encuentro al viajar solo; esos esquemas pueriles nunca pueden realizarse, entonces, delante de otro, las decisiones son de uno, le pertenecen sólo a uno y sólo ese uno decide dónde se queda o hasta dónde sigue y qué explicaciones da. Lo siento por los ojos del Compañero más interesante, por lo que expresan; sé que le duelen los pies, que le duelen tanto como a mí misma, o quizá fuera la rodilla, las articulaciones en general o lo que fuese… pero el esquema… Son cosas suyas, esas, que yo hubiera dado algo por no tener que presenciar. Me hacen sentirme a la defensiva pero una defiende su soledad hasta donde haya que defenderla. Porque el estado de soledad tiene mucho que ver con el estado de libertad, y la libertad puede que sea a lo que más valor le doy. Aunque yo no decido por nadie, cada uno decide por si mismo y es libre de quedarse o separarse dónde quiera y cómo quiera… Lo que sí aseguro es que pienso pasarme la tarde escribiendo, a ti, hablando contigo. Compartiendo contigo todos mis momentos. El carácter, cuando surge, parece ser que aleja la dulzura de las mesas. No es que una no esté dispuesta a ser amable; a lo que no está dispuesta una es a serlo bajo cualquier circunstancia. ¿Recuerdos que conservo? <<María, eres una niña pero pareces tan vieja como nosotros>>. o <<Nos faltan horas contigo>>. O lo que se escribe en mi cuaderno al lado del esquema: <<A María una chica que deja huella. Una chica mágica>>. Me gusta esa letra pero, ¿y María? ¿cuándo podrá desconectarse María de su conciencia? Porque eso es lo que a María no deja de ocurrirle, que a diario siente que alguien se conecta a su conciencia… ¿Y qué lugar deja para el alma pura eso?

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Ya en la calle. El Compañero dolorido sigue hacia adelante. El Compañero más encantador y yo nos dirigimos hacia el Bar Paradiso, los de Zumalacarregui, por supuesto, ya no se encuentran en él. ¿Y allí qué sucede? Un eclipse. Lo que se habla en una mesa de la parte trasera del local pero la Muerte (el arcano XIII) sale del saquito color sangre y se va con él. Como todo lo que se dijo forma parte del secreto terapéutico la interpretación de la carta también queda velada.
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Aunque de algo debemos hablar… Un hombre pide un orujo, la mujer que va con él pide un café y pide que le añadan unas gotas de orujo… Llega el servicio a la mesa. A la mujer le ponen delante justo lo que ha pedido, al hombre sólo un café y sin gotas de orujo siquiera. El hombre acepta eso, no protesta. La mujer opina distinto. ¿Por qué tiene uno que aceptar lo que otro le da si no es lo que ha pedido ni lo que deseaba? ¿Por qué hay que callarse ante eso? Y por esa postura te puedes imaginar muchas partes de esa vida, que tienen que haber sido así y esto sólo es algo trivial pero un ejemplo.

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Él se fue antes que yo. Él tenía que dar alcance a un compañero. Yo sólo tenía que darme alcance a mi misma.
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Y en esa misma calle lo hago. Te escribo unas palabras: <<Estoy adorando mi experiencia peregrina. Besos desde Trinidad de Arre. ¡Qué flipe de lugar!>>

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Es difícil de transferirle a otro la sensación de plena libertad pero ahí es, ya, lo único que estoy experimentando. No existe el miedo que me ha acosado durante estos últimos meses, y sobre todo durante el último, por las calles de mi ciudad. Al que fue mi padre se lo debo. Me alegro de todo lo que sucede y de cómo sucede. Respiro a pleno pulmón y me siento feliz. Sólo soy una peregrina más de la sirga. Una peregrina entre el flujo continuo de peregrinos, el trasiego de peregrinos, que ven pasar un día y otro todas estas localidades, aldeas, parajes y pueblos…

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Pero una peregrina que de repente ve a un hombre, otro peregrino, muy desmoralizado, sentado en un banco, frente a los saltos de agua del río Ulzama. Vincenzo es siciliano. Se ha perdido y se ha perdido de su amigo y se le ve muy cansado. Me lo llevo conmigo. Y él encantado. Parece un amor.
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Sello Trinidad de Arre

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El albergue ya está abierto. Unas ocho mochilas esperan. Dentro de la sala los peregrinos, también Alesandro, el amigo de Vincenzo. Ninguna cama ha sido repartida, a nadie le han puesto el sello. Y es cuando llega Moisés. Siete euros y otra estampa para la credencial. Como conmigo Moisés se entiende, a mí me da las explicaciones. Él va a irse por la iglesia, va a abrirnos el portón que da acceso al patio del albergue y allí nos espera. Y Moisés me parece otro amor.

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La entrada por el patio es deslumbrante. Un huerto fantástico nos recibe, un vergel de paz -piensas. Aumenta la alegría. Hay árboles, hay flores, hay verde, hay sillas donde sentarse, y Moisés dice que el ambiente siempre es sano, que a veces los peregrinos se aposientan allí con sus botellas de vino o cerveza, y celebran su fiesta particular… que a nadie molestan. El extranjero bebe, es verdad que lo voy viendo.

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Hay donde tender la ropa y que quede a cubierto; aunque el sol luce en ese momento. Moisés asegura que el clima va a experimentar una notable mejoría, en los próximos días. Y existe la posibilidad de declararse roncador y que te dejen estar con los otros roncadores. Aunque Moisés nos divide a las mujeres hacia el fondo y a los hombres los coloca antes.

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Hay que quitarse las botas y dejarlas a la entrada, en una estantería, para no ponerlo todo perdido de barro. Hay los baños y las duchas que no son mixtos. Y hay un salón estupendo con máquina de café, no me fijo si refrescos, creo que sí aperitivos, y libros y libro de peregrinos. Y sobre todo cariño, que siento que le pone este hombre a la hospitalidad. Hospitalario sin duda.
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Hay una ducha reparadora. Llega Françoise. Compartimos baño y luego un cigarrillo juntas. Me gusta cómo grita mi nombre. Ella es de constitución delicada, pequeña, fina de rasgos, rubia con el pelo corto, no demasiado corto, gracioso. Alegre pero cualquiera entra en honduras de motivaciones peregrinales con el cómo nos apañamos para comunicarnos entre las dos.

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Salgo al patio. Encuentro con Alesandro y Vincenzo. Les enseño a mi novio, una foto tuya en la que el que deslumbras eres tú e insisto en tu edad. Increíble, ¿cierto?, sí. Pero si tú no aparentas de ningún modo la edad que tienes… los que me dejan boquiabierta son ellos a mí. Aseguran estar cerca de los 70 años, cuando una creía que rondaban los 55. Menudas genéticas que produce la vida. Y nos hacemos fotos. Vincenzo que insiste y yo, que a pesar de que no me gusta, acepto por no hacerles el feo.

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Se animan a escribirme algo en el cuaderno… Si todo va bien y yo me defiendo lo bastante en el Camino… pienso quedarme pronto en silencio.

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17h07. Caminé por las calles de la Villava de Indurain hasta llegar a este local: <<El Indio>>, que tiene el sabor que a mí me gusta. Y en busca de un poco de la solitudine de la Pausini. Predominio de verde manzana en la decoración y plumas. Pero el camarero me ha llamado <<nena>> y he tenido que levantarme a buscar el te a la barra. No importa. Me he calzado las zapatillas y lo hice. Todo el tiempo trato de ser amable y me gusta, porque hacia tiempo que no tomaba azúcar moreno y aquí te ponen. Por cierto, Vincenzo es un entusiasta. Y los entusiastas, a pesar de serlo, me agotan. Aunque puede decirse que Vincenzo y yo nos hemos hecho amigos.
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Llevo la melena suelta. Aquí en el Camino no tengo que mantener ninguna apariencia. Sí, y estoy empezando a disfrutar de la experiencia como no imaginé. Porque procuré no suponerme nada. Lo que si me constaba era que sería duro a nivel físico y lo es y mucho. No tengo aún ampollas en los pies pero ando con los pies muy doloridos. De hecho me ha costado un triunfo arrastrarme hasta aquí. Y es que llevo unos once kilos constantemente encima.
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Ni te imaginas que belleza y sensaciones. Kilómetros vadea el río Arga que en verano deben de hacer de la senda un prodigio. Se atraviesan los terrrenos de una fábrica después de Larrasoaña. Hay un esquema y una dedicatoria. Te hablo de este cuaderno. Y el teléfono del albergue de Maribel Roncal. Ahora la llamo… Dijo que sin problemas, que no hace falta que haga ninguna reserva.
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Vuelvo a estar sola. Esa gente maravillosa de Zumalacarregui me había adoptado como una más del grupo. Pero aunque los grupos arropan, terminan por dejar poco espacio para que sucedan cosas. Tenía previsto esto, mi forma invariable de ser, ya sabes… Y ya que no me puedo adelantar caminando más que los demás… lo mejor es ir retrasándose y dejar que los demás sigan su programación. Aquí la gente es muy cumplidora con los kilometrajes y mi intención es disfrutar y conocer todo lo que pueda. Recuerda lo que dice la mujer que alarga la mano, la mano cálida buena y hermosa, que rompe la turbia campana de cristal del lobo estepario y que Haller conoce aquella noche en el bar: <<Para ser devota se necesita tiempo, mejor dicho, se necesita algo más: independencia del tiempo>>. En el Camino soy devota.

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Río Ulzama

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Río Ulzama. La cena. Un bocadillo de tortilla con una lata de cerveza. Ni acabo lo uno ni lo otro. Me apetece más relajar la vista que masticar. Baño de iones negativos. Perfume de agua en la brisa. Un padre, dos padres, tres padres. Todos con una hija. Por la otra orilla gente con bastones recorre la senda. La tarde es muy agradable, de temperatura y serenidad.

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Jorge de Roncesvalles se pone en contacto conmigo. En la segunda noche también elige una pensión. Se quedó en Pamplona.

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Recuerdo a Francisco, el peregrino malagueño que conocí en Asturias. Él recorría el camino del Norte. Yo aquel día entrenaba. Acabamos compartiendo muchas cosas nuestras en un albergue solitario. Logré salir de aquel pueblo tarde, ya la medianoche encima. Hay lugares a los que no puedes acercarte en domingo si no es para amanecer en lunes allí.

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Francisco responde: se alegra y está en Mansilla de las Mulas; es decir, de nuevo, en el Camino.

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Del batán

*Galería fotográfica del batán

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19h30min. En el batán de Villava. Con ésta mujer tan agradable, tan cerca del templo trinitario de Arre y del salto del agua. Uno de los padres con niña regresó con su esposa y la madre de ésta. La madre está de visita. Viene de Álava. Se han acercado a conocer la construcción. Primero el batán fue molino harinero, después batán (de oficio de tejedores y fábrica de papel), ahora reformado centro de sensibilización del parque fluvial. La rueda es impresionante. Me dicen que todavía está en funcionamiento. Vienen de visita pero se encuentran, como yo, el edificio fuera de horario.

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Templo de Trinidad de Arre

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<<A todo aquel que me confesare delante de los hombres yo también confesaré delante de mi padre que está en los cielos>>

(Math – 7- 32)

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20h00. En el convento regido por los maristas, son seglares, no han sido ordenados sacerdotes, no ofician mismas. Amable charla con Moisés, el hospitalario. Me ha enternecido mucho. Se ha pasado la vida enseñando. Hablamos de la juventud y de la problemática de hoy en día. Pero ha sido un hombre feliz. Humanidad a raudales es lo que se puede beber en sus ojos. El reuma le acucia y el vivir en las dependencias del convento no lo mejora. Es mucha la humedad para sus huesos, pero sigue siendo un hombre feliz. Se siente reconciliado consigo mismo, con su misión, triple misión. Atender a los peregrinos le resulta gratificante. A mí me ha atendido estupendamente. He visitado con él la iglesia (s. XII), la he respirado, Paz, olor sagrado, he recibido todo tipo de explicaciones a mis preguntas. Y Moisés lo ha hecho posible. Aunque hay conceptos que todavía, ahora, se me escapan… Padre, Hijo y Espíritu Santo, por eso es un templo trinitario…
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3. Trinidad de Arre 6
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Luego hemos andado por el patio y hasta alguna historia del algún árbol, entre seco y lozano, me ha contado. Le he dejado o él me ha dejado a mí y me he venido al interior…
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He escrito una anotación para Lily (la Emperatriz) en el libro de peregrinos Nº13 de este albergue. Trece como el arcano XIII que se alejó con el Compañero… Cuando he mirado el naipe no he visto, en realidad, otra cosa que la muerte templaria, la rosa que renace…Todo se supedita a las imágenes… Y aquí, en la página final de este libro, coincide así, he dejado escrito para Lily el primer día que conocí a su padre y el cómo fue… Pero Moisés ha llegado con otro marista, quería presentarle a la asturiana; éste también encantador. Hemos estado hablando los tres. Me han contado algunas anécdotas, alegrías de gentes que recuerdan, que los recuerdan… Se nos ha unido primero Cristina, una interesante joven alemana de 25 años, que habla un perfecto español, porque ha estado estudiando en Sevilla. El Camino será su tesis de fin de carrera. Turismo, la reactivación de algunos puntos del Camino, como Foncebadón, que fueron pueblos muertos, y hoy ha resucitado y hasta cuenta con más de un albergue. Mañana dice que tiene citas en Pamplona con alguna autoridad, que hasta allí andará. Además sus pies… qué alivio no padecer sus ampollas. Y luego Vincenzo, que es el hombre que he conocido que más veces ha estado casado. Dedicó al mar toda su vida y existe una hija mayor, de un primer matrimonio, de la única mujer que estuvo enamorado, y existe un niño de ocho años, de su último compromiso. Cristina y yo seguimos hablando aquí, todavía durante un rato. Hasta que Françoise ha llegado y pronto se apagará la luz.
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Es difícil estarse sola en el Camino. De momento sí, así que no logro sacar tiempo suficiente para esto de escribirte. Y la verdad es que lo que importa, ahora, es la relación. Es el momento de entablarlas. Buenas noches, amor .~)
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la Roja

http://amonseuldesir.wordpress.com/
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- Casa Sangalo reposo y descanso del peregrino (LARRASOAÑA)

- COMUNIDAD MARISTA DE TRINIDAD DE ARRE: (misión triple)

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  1. 2009 Julio 18
    La hospitalaria Enlace permanente

    Si quieres ponerte en contacto con esta página puedes hacerlo en:
    elespiritudelchemin@gmail.com

    O bien dirigiéndote a mí:
    lahospitalaria67@gmail.com

  2. 2009 Agosto 7
    María Camino Enlace permanente

    DEL DIARIO QUE HE COMENZADO A LEER HOY…

    El recorrido de Zubiri a Larrasoaña se hace bastante pesado aunque apenas llega a los 6 Km., quizás el calor, la subida, llevar la barriga llena, por los 22 Km. ya realizados, y también por que volví a tener la compañía del malabarista y del alemán. Llegue a Larrasoaña bastante exhausto, fueron 28 Km. agotadores para un primer día.

    El albergue está compuesto por dos plantas. En la baja tienen una habitación llena de literas, un poco agobiante por el poco espacio. Tiene un servicio mixto, y un poco pequeño. A mí me tocó ducharme con agua fría, cosa que me revitalizó. En la parte superior tiene más habitaciones. El hospitalero nos recibió en un saloncito lleno de toques peregrinos y nos invitó a escribir en el libro del peregrino.
    Después de recomponer y ordenar la mochila descansé durante media hora en la litera. Fue imposible dormir, el ir y venir de la gente era constante. Ante esta situación decidí dar una vuelta por el pueblo. Este es un agradable pueblo de montaña con casas muy arregladas y que la gente de Pamplona utiliza para pasar los fines de semana. Hay algunos edificios sorprendentes por el trabajo de marquetería y ebanistería que contienen sus fachadas. Tomé una cerveza con limón en una terraza con vistas al paisaje magnífico de los Pirineos

    La cena la realice con Enrique, David y dos franceses mayores que me acompañarían hasta Logroño. Fue divertida por el personaje que dirige el restaurante que entretiene y divierte a los comensales. Es un espectáculo que no se debe pasar por alto.

    A las 10 estábamos en la cama. Las habitaciones eran tremendamente pequeñas y el número de peregrinos por metro cuadrado excesivo. Estaba cansado, doloridos los pies, escocido en la entrepierna, por no ponerme el pantalón corto desde el primer día, y deprimido por la claustrofóbica habitación. Estuve un rato pensando si no me había equivocado y aquel no era mi mundo. Dormí como un lirón hasta las 4: 30 que me levante al servicio y cuando volví caí roque hasta las 6:30.

    Día 3 Larrosoaña – Cizur (7/10/2002)

    Este día para evitar gente incómoda decidí emprender la marcha rápidamente. Cuando los extranjeros empezaron a moverse me levanté, a las siete y cuarto inicie el Camino. Los demás estaban esperando que abrieran el bar para desayunar.

    La oscuridad lo inundaba todo pero el camino no tenía pérdida. Me costó arrancar y acostumbrar a las piernas a dar los primeros pasos. Me concentré en mis pensamientos y soledades y cuando quise darme cuenta llevaba 2 horas andando. Durante este recorrido se pasa por unos magníficos paisajes al lado del río. El aire fresco y húmedo inundaba mis pulmones. A la media hora empezó a amanecer y disfrute de la soledad y el silencio de los bosques. Después de algún tramo por carretera y de una fuerte subida se llega a Arre. La entrada se hace por un puente que da paso al refugio. Hubo gente que realizó la primera etapa hasta este puente, lo que representan 10 kilómetros más a los 28 iniciales, para mi excesivo y erróneo, los esfuerzos excesivos en el camino se pagan. Es mejor mantener un ritmo constante con paradas cada dos horas o dos horas y media, y en los primeros días no forzar excesivo quilometraje.
    Arre y Villava están juntos y cuando llegué empecé a buscar un bar donde almorzar, eran las 9:45 y era necesario recuperarse. Estaban de fiesta y en el único bar que encontré abierto tomé un pincho de tortilla, coca cola y café. Un lugareño con alguna copa de más, una noche de parranda tiene sus efectos, me increpo pero me lo tomé con buen humor y no le di mayor importancia.

    Llegue a Villava cansado por la voluminosa mochila y por el paseo del día anterior. La entrepierna la tenía escocida, lo que me producía molestias que me amargaban el camino. Estaba haciendo la etapa con el pantalón de chándal y el calor era considerable ya a esas horas.

    http://aig02.blogia.com/

  3. 2009 Agosto 18
    María Camino Enlace permanente

    ZODIACO, ES UN PEREGRINO AL QUE LE GUSTA EXPLORAR EL CAMINO POR DENTRO Y FUERA DE SUS MÁRGENES…

    Un nuevo día ha llegado. Anoche me quedé dormido al momento, ya que llegué cansado tras más de doce horas de caminar. He dormido en la colchón superior de una litera. Esta noche, no he pasado frío. Por la noche entra la luz de las farolas a través de los cristales de las ventanas, por lo que no hay oscuridad. El refugio se queda abierto toda la noche, ya que no viene nadie a cerrarlo. Salgo del interior del saco de dormir, y preparo el equipaje.

    Tras almorzar, a las nueve de la mañana , pese a ser las ocho la hora de cierre, salgo el último del albergue, junto al chico de Bilbao, llamado Pedro. No ha venido nadie a cerrar, se queda abierto. Por delante tengo un nuevo día de caminata, ésta vez para llegar a la primera gran ciudad del Camino, Pamplona. Por detrás, tengo mis chanclas y mi toalla debajo de la litera secándose, me he olvidado de ellas y aun no lo sé…

    Llevo puestos el gorro de lana, los guantes y la chaqueta. Por la calle principal voy hacia la iglesia, dedicada a San Esteban, la cual sólo conserva de la época medieval los muros. Es de fachada blanca, como la mayoría de las casas, y en la torre del campanario tiene un reloj de agujas, además de una campanita en el tejado. Al llegar a ella giro a la izquierda. Suena una campanada, el pueblo se despide así de mí. La calle que acabo de coger va a parar al Puente de la Rabia.

    El puente da nombre al pueblo, ya que Zubiri significa pueblo del puente. Es un puente gótico de dos ojos de medio punto, por debajo del cual transcurre el río Arga. Su nombre se debe a que es un rito tradicional de la región hacer dar tres vueltas al ganado en torno a su pilar central para resguardarlo de la rabia. Se supone que bajo ese pilar está enterrada Santa Quiteria, la cual produce la protección del animal. Pienso que no van a coger la rabia, pero porque se van a morir del resfriado que van a coger de meterse en el río para ponerse a dar vueltas sobre su pilar central…

    En este punto me quedo contemplando el puente desde distintos puntos de vista : desde un lado, desde el centro … buscando buenas fotos. Pedro continúa su camino, y me quedo sólo. Pasan dos peregrinos que acababan de salir antes que nosotros y que se habían parado a comprar pan, uno es suizo y una es canadiense ( Quebec ). Así, me he quedado el más atrasado del día, para variar…

    En el centro hay un balconcito, me asomo en él y observo el puente desde una perspectiva más. Me recuerda al puente romano de Mérida, de casi un kilómetro de longitud sobre el río Guadiana, que conocí el pasado julio, ya que tenía también el balconcito. Éste es su hermano menor, muy menor…Mientras estoy en el balcón, un coche atraviesa el puente, nunca me hubiera imaginado que está abierto a la circulación…

    Continúo con mi caminar , un rato a pie y otro andando, tras haber escuchado las campanas de la iglesia que sonaban a modo de despedida al pasar junto a ella y dirigirme al puente. Al otro lado del puente retomo el Camino, que no pasa por el interior del pueblo. Un gorro y unos guantes de lana me protegen del fresco de una mañana de finales de octubre. Bueno, es más frío que fresco, la chaqueta la llevo atada hasta arriba…

    El Camino de Santiago continúa hacia Larrasoaña sin cruzar el puente y por tanto sin entrar en la población, lo mismo que ocurre en Larrasoaña, el otro posible final de etapa. El puente se cruza si se quiere visitar Zubiri o pernoctar en el albergue, ya que el Camino transcurre por el otro lado del río.

    Del puente se va a una zona de casas, donde debe de estar el cementerio, que no veo. Seguidamente me alejo del pueblo por un descenso pedregoso, hasta que un riachuelo cruza la senda. Lo paso por una losa colocada a modo de puente. El Camino transcurre por un modesto bosque y entre vegetación de baja altura. Observo a mi derecha cuatro burros comiendo hierba , uno es marrón, uno es blanco con manchas negras, otro blanco con manchas marrones y el último es todo blanco excepto la cabeza que es marrón… que variedad, hay para elegir, con lo iguales que parecen las ovejas…

    El Sol no aparece y el fresco continúa. Abajo, a lo lejos, observo a vista de pájaro un pueblo, formado por casas blancas de tejado rojo, una iglesia antigua ( de coloración típica de piedra, diferente a la de las casas modernas ) y la carretera general que pasa rozando al pueblo. Supongo que debe de ser el siguiente pueblo de Camino, Larrasoaña, pero en verdad se trata de uno de esos pueblos por los que el Camino no pasa, pero yo sí. Larrasoaña está más lejos…

    Llego a un cruce y voy hacia la derecha. Está por venir un tramo de Camino muy feo, famoso por la fábrica de magnetitas. Voy por la pista, pasando junto a unas instalaciones eléctricas, hasta llegar a su fin, una carretera, es la carretera de Osteritz. La tomo hacia la izquierda, y se trata de caminar por la carretera, sin arcén, y sin coches, escuchando el ruido de la fábrica de magnesitas. La carretera hace una ligera y constante subida. Me pongo a correr, ya que estar aquí caminando es perder el tiempo…

    Corriendo adelanto a algún peregrino. Llega el momento en que una concha me dice que deje la carretera y me meta hacia la derecha, es como ir de Guatemala a Guatepeor. Se trata de atravesar los terrenos privados de la empresa de magnetitas, concretamente, la zona de acumulación de residuos de dicha empresa. A la entrada de la pista, justo cuando se deja la carretera, un gran cartel metálico dice : ” Atención, va a atravesar terreno industrial de MAGNA S.A. ( MAGnetitas NAvarras S.A. ) , no salga del recorrido “. Salir, no salgo, pero correr…

    El ruido es fuerte, el panorama desolador. Tierra, camiones de obra, tuberías… En una tubería alguien ha escrito en pintura ” Santiago 715 km “, vaya ánimos … Al salir del tramo industrial un cartel avisa de ello. Dentro está todo señalizado, es una gran pista con una bajada final con tablones de madera a modo de escalones.

    Alcanzo al peregrino de Bilbao, Pedro, que está parado cambiándose de calzado, ya que tiene ampollas en los dos pies, y le duelen. Yo lo único que tengo son ganas de volver a caminar disfrutando de ello y del paisaje, y estoy a un paso de ello. Me acerco a ver una pequeña catarata cercana, a la izquierda del Camino. La peregrina canadiense, que es la última del día ya que la adelanté al correr, nos alcanza y nos hace una foto juntos, es mi único recuerdo material del chico de Bilbao…

    Dejo al chico con sus tareas de cambio de calzado y continúo mi caminar, por una calzada bonita de piedras colocadas. Llego a una zona de casas en la montaña, es una pequeña población llamada Ilarratz. Hay una fuente de piedra construida el año 1917. Es un rincón del mundo bonito para beber y descansar. Me saco la mochila, fotografío la fuente, y la observo. Tiene dos abrevaderos. Lleno la botella de agua, me quito los guantes y el gorro de lana, y retomo el Camino. En ese punto me han adelantado el chico de Bilbao y la canadiense. Tengo de nuevo el placer de ser el último de la etapa…

    Tomo una carretera a la derecha, y por ella paso junto a dos caballos. Uno es la madre y el otro el bebé, que está lactando de la madre mientras ella come hierba. Me acerco, y me quedo observándolos mientras ellos también me observan de cerca. Los tres estamos pensativos, yo más que ellos. Somos tres animales, cara a cara. Son de color marrón, y la madre tiene una campana en el cuello. Tras acercame bastante, les dejo tranquilos y me voy alejando, a lo que dejan de mirarme y la madre vuelve a comer hierba…

    Sigo caminando, y a la derecha hay una especie de masía antigua con un pequeño cementerio, debe de ser la ermita de Santa Lucía. Está modernizada, ya que su fachada de siglos de antigüedad contrasta con la antena parabólica que hay instalada en la misma fachada. En una curva de la carretera cerrada a la derecha, se debe dejar y tomar otra a la izquierda, para llegar hasta Esquirotz o Esquíroz. Yo continúo por donde no se debe, es decir, carretera abajo, y tras pasar por un puente sobre el río Arga y caminar unos 200m de carretera recta, delimitada a la derecha por un prado de hierba grandioso, llego al pueblo que vi hace rato a vista de pájaro arriba, descubro que se llama Urdaniz/Esteribar…

    Urdaniz es un pueblo que está formado por unas treinta casas y una iglesia, más una pista de frontón. Subo por el pueblo hasta llegar a la iglesia, y la rodeo. Junto a la entrada hay unos arcos bajo los cuales está la puerta, y delante hay césped. Bonito rincón solitario para refugiarse de una posible lluvia. Para variar, la iglesia está cerrada, como todas las de los pueblos que voy recorriendo. Atravieso el pueblo en sentido contrario, vuelvo a la carretera, y tras pasar el río y subir por ella, tomo el desvío de la curva cerrada, que es por donde continúa el Camino…

    Se llega a Esquirotz, que son siete casas si no cuento mal, por una carretera estrecha. Es de doble sentido de circulación pese a que es imposible que dos coches quepan por lo estrecha que es, pero bueno, estadísticamente es prácticamente imposible que dos coches se encuentren en esta carretera olvidada y solitaria?

    Pasado el pueblo ya camino por sendero, la carretera ha quedado atrás. Paso un riachuelo gracias a un puentecito y camino por un paisaje verde de campos. He cruzado la carretera de Setoain. Llego junto al Puente de los Bandidos, puerta de acceso al pueblo llamado Larrasoaña, en el cual está el segundo albergue del Camino. De aquí habrán partido esta mañana los veinte peregrinos que hay de diferencia entre los 30 que dormimos en Roncesvalles y los 10 que dormimos en Zubiri, es de suponer. Un cartel informa:

    ” Larrasoaña era considerado el centro comercial y económico del Valle de Esteribar. A principios del siglo XI había aquí un Monasterio de San Agustín, regido en esta época por el abad Azuar, a quien el Rey Sancho el de Reñalém le encomendó su hija, Urraca. En el siglo XVIII en esta villa habrán cofradías en dos ermitas, una en dirección norte dedicada a Santiago, y la otra al sur bajo la advocación de San Blas. De Larrasoaña a Pamplona el Camino y la carretera van por el fondo del valle, siguiendo la orilla derecha del río Arga. Pasaba el Camino viejo por Antxoriz y luego cruzaba a la orilla izquierda del río Arga; seguía por Irotz y volvía a cruzar el río por un puente medieval ” .

    La Orden de San Agustín, era una orden muy activa en la atención a los peregrinos de Santiago. La población, era un referente en la ruta jacobea. Su configuración urbana, consiste en una calle principal, donde pasaba el Camino, y las casas a ambos lados, como sucede con muchos pueblos nacidos gracias al Camino de Santiago. El puente es llamado Puente de los Bandidos, porque aquí eran frecuentes los atracos a peregrinos, por ser un lugar de paso obligado en aquella época. Cruzo el puente, gótico del siglo XIV, mientras cuatro paletas lo están arreglando. Éste tiene dos balconcitos.

    Al otro lado del puente, hay una iglesia consagrada a San Nicolás de Bari. Es un santo muy presente en el Camino, ya que es uno de los principales protectores de los peregrinos. La iglesia tiene dos campanas en la torre, y rejas en la parte inferior. A la izquierda se toma la calle principal, que me lleva hasta el Concejo de Larrasoaña, donde está ubicado el albergue…

    Llego con la intención de sellar mi credencial, ya que en Zubiri no lo he hecho y no quiero llegar a Pamplona a los dos días de haber partido y sin ningún sello del recorrido para evitarme posibles problemas. El Concejo está situado en una plaza, y en un banco de ésta me encuentro a Pedro. Entro a la edificación, y sorpresa!!! Hay un sellador en la entrada !!! Lo cojo y me pongo el sello en la credencial. Subo las escaleras, con la intención de ver como es el albergue, situado en la primera planta, pero está ya cerrado. En la primera planta hay dos puertas, una es el albergue y la otra el Ayuntamiento

    Una mujer llega a la plaza en coche y nos dice ” buen Camino “. Los peregrinos somos inconfundibles con nuestras grandes mochilas. Me voy del lugar por donde he venido hasta salir del pueblo. Pedro se queda allí trasteando cosas en la mochila, para variar. De camino veo una casa con detalles artísticos de madera a mano derecha en la calle principal, por ejemplo en su balcón. No he visto no la ermita de San Blas ( al sur del pueblo ), ni la de Santiago ( al norte del pueblo ), que son lo que quedan de recuerdo de las dos cofradías dedicadas a la atención del peregrino que habían en el pueblo con su correspondiente hospital cada una?

    Son las 11:40, los peregrinos que han dormido aquí deben llevarme unas tres horas de ventaja, aunque Larrasoaña sólo está situada a unos cinco kilómetros de Zubiri. Camino comiendo una bolsa de cacahuetes con miel cuando se me presenta delante un lugar ideal para pararse, y ponerse a pintar un cuadro, eso sí, el que sepa dibujar, yo no… La estampa está formada por unos árboles de hojas amarillas, altos y delgados, junto a baja vegetación, que forman una primera barrera, tras la cual hay césped y un conjunto de construcciones antiguas, seguramente una masía. El cielo está azul claro y completamente despejado, y todo presenta gran iluminación gracias al Sol…

    Atravieso un conjunto de construcciones, formado por la masía del imaginario cuadro, un hotel y poco más. El pueblo se llama Aquerreta. Salgo por un portillo, hay enormes pastos con ovejas de cabeza y patas blancas, y vacas. El Camino queda barrado por un conjunto de caballos. ¿ Tendré que abrirme paso entre ellos ? . Me dirijo con cierta duda hacia el obstáculo, hay unos seis caballos que no me dejan avanzar por la pista, junto a una valla y portillo por el que he de pasar. A ambos lados el camino está vallado y hay pastos con muchos caballos. Me acerco, y los caballos echan a correr a ambos lados hacia los pastos por un trozo sin valla, y me queda el camino libre, al final ha acabado el asunto en que los caballos son asustadizos y no he tenido que pasar entre ellos…

    Tras caminar entre campos, y cruzar una carretera, camino por un bosque de pinos silvestres. Se escuchan coches, ya que la carretera va apartada pero paralela y cercana al Camino, por el fondo del valle en dirección a Pamplona. Hay un tramo con escalones de madera, de los que se utilizan en las vías férreas. El Camino transcurre ahora por la orilla izquierda del río Arga, que está a unos cinco metros del Camino, pero escondido tras los árboles…

    Bajo hasta la orilla en una especie de desvío, y el paisaje en fantástico, nada que envidiar a la selva amazónica. Observo un río ancho, de unos ocho metros, junto a un tramo de pequeñas cascadas que emiten sonido, y no ruido. Hay árboles a ambos lados, de manera que el río está tapado por sus copas, creando un ambiente húmedo, de poca luz y de mucha vegetación, parecido a una selva. El suelo está cubierto de hojas marrones y amarillas mojadas. Un tronco caído va de lado a lado del río, y me provoca, como también el atravesar el río de orilla a orilla como ya hice con uno pequeñito y menos profundo en Burguete…

    Busco las chanclas en la mochila, para meter los pies y ver si me atrevo con lo de atravesar el río, y no las encuentro, me doy cuenta de que me las he olvidado en Zubiri. Estoy demasiado lejos para retroceder, si retrocediera debería dormir en Zubiri o como mucho volver a comenzar y dormir en Larrasoaña. Me dirijo por la orilla hacia el tronco caído que atraviesa el río, y me subo en él. Camino sobre el tronco despacito agarrado de una rama, hasta que debo tomar la decisión de seguir adelante sin agarre o no. Mientras estoy meditando el asunto, me cae una hoja en la cabeza, puede ser una señal divina, diciéndome que no lo haga. Desisto y me vuelvo a la orilla. Veo a Pedro pasar por el Camino desde la orilla y le saludo desde mi escondite. Ya vuelvo a ser el último peregrino del día. Más adelante, atravieso el río hasta el otro lado, en una zona de amplias rocas y con una cascada artificial, hace unos 20m de ancho…

    La senda que va por el margen izquierdo del río por un bosque, va a parar a un puente que cruza el río. Al otro lado del puente está el pueblo llamado Zuriain. Una máquina de refrescos ubicada bajo un tejado de tejas rojas construido para protegerla de la lluvia me da la bienvenida. En el pueblo está la iglesia de San Millán, medieval y reformada en los siglos XVI y XVII, pero no la veo. Es un pueblo que va a lo largo de la carretera general. El Camino llega a ella, y en ella se va hacia la izquierda. No me hace ninguna gracias caminar por el arcén pasando los coches a más de 100 kilómetros por hora junto a mí, pero no hay alternativa?

    Un ciclista circula por el arcén en el que estoy caminando, hacia mí, y antes de llegar a mi altura, se aparta hacia el carril de los coches y me saluda al pasar. Al otro lado de la carretera, es decir, a la derecha, hay unas trescientas ovejas y un pastor, en una zona de césped. Comienzo a contarlas, pero es imposible, y hago un cálculo aproximado sabiendo las que llevo contadas y el espacio que ocupan respecto del espacio total que ocupa el rebaño. Estaría bien preguntarle al pastor cuantas lleva, pero igual ni él lo sabe, además de que me tomaría por loco?

    Cuando a mano izquierda aparece una carretera hacia Ilurdotz , por fin dejo de caminar por el arcén de la carretera general, y camino por otra más pequeña hacia Ilurdotz. La carretera cruza un río a través de un puente llamado Anchoriz. Abajo en el río hay un pescador metido en el río pescando, lo veo al mismo tiempo que el cartel ” coto de pesca intensivo, prohibido meterse en el cauce “. Pasado el puente giro a la derecha, un mojón con concha sitúa a Iroz/Irotz a 1km de distancia…

    Voy por una pista , que pasa cerca de las ruinas de una cantera, y después por un sendero a media ladera, hasta que llego a Iroz. A su entrada, hay una fuente. En el sendero he adelantado a Pedro, que no va a gusto por sus ampollas. Cruzo por la carretera el río Arga a través del puente románico de Iturgáiz, de tres ojos, y aparezco en la carretera general. Cojo un sendero a la izquierda, que va paralelo a la carretera general, por su parte izquierda. Es mucho más seguro que caminar por el arcén.

    Un mojón de piedra con concha dice que Cizur está a 14kilómetros. A la izquierda y abajo, se ve una zona de picnic con seis mesas con dos bancos cada una, y cuatro barbacoas. En ese punto estoy parado en el sendero mirando el mapa y me doy cuenta de que en el suelo, delante mío , hay una serpiente de unos 60 centímetros de longitud parada. Me asusto, y ella también, se va al margen izquierdo del sendero y paso rápido por si acaso, ya que no me gustan y es la primera que me encuentro una tan bien visible. Comienzo a atravesar un pueblo, llamado Zabaldica ( Esteribar ), que está al borde de la carretera general…

    En el pueblo, hay una iglesia románica del siglo XII consagrada a San Esteba protomártir. Al otro lado, sobre una colina, se ve una iglesia antigua. Abandono el Camino, cruzo la carretera, y por una cuesta cementada ancha de gran pendiente llego a arriba, se trata de un pueblo. Los perros ladran, están sueltos y se me acercan. No hay nadie y las puertas de las casas están abiertas. Debo irme si no quiero ser mordido y dejar el tema de la iglesia…

    Sobre una puerta está el cráneo de un animal muerto, que pueblo más extraño y fantasmal. Bajo de la colina, para retomar el Camino, y me vuelvo a encontrar a Pedro, que busca agua y no encuentra. Desde aquí abajo no se ve el pueblo, solo la iglesia. Al decirle que vengo de allí arriba me dice que cuanto me he entrenado, que él está que no se aguanta y yo siempre para arriba y para abajo. Me gusta investigar y descubrir rincones y lugares por los que no pasa el Camino y que seguramente jamás vería…

    Dejo a Pedro atrás con su búsqueda del valioso líquido para un excursionista. Ya hace muchos años que mi primo me dijo en el transcurso de una larga excursión por la baja montaña de la comarca de La Selva, que el agua es oro en una excursión, y ahora siendo ya un excursionista enamorado de la montaña y no un chaval de 14 años extasiado con su primo que le lleva un día entero de excursión alrededor de su torre en Vidreres, puedo corroborar que tenía toda la razón…

    El sendero en el cual he visto la serpiente va a parar al arcén izquierdo de la carretera general, y avanzo por ésta, hasta que en unos cien metros la cruzo para llegar a una zona de descanso ajardinada, con lavabos , dos barbacoas y mesas y bancos de picnic de piedra. En la zona que acabo de pasar, donde la serpiente, eran de madera.. Se debe de coger un sendero a mano derecha antes de llegar al lavabo, pero yo voy al lavabo, y me siento a la sombra que hace para esperar a que aparezca por el horizonte Pedro, y decirle que aquí hay un lavabo donde proveerse de agua. Aparece a los diez o quince minutos…

    Le digo que esa construcción son dos lavabos con pica para poder coger agua, y va a proveerse del oro incoloro, inodoro e insípido, al menos en teoría, ya que el agua potable de muchas zonas deja mucho que desear. El oro negro y el oro metálico quedan muy lejos de la vida de peregrino, y los coches son aparatos extraños que parecen que nunca los hayamos utilizado…

    Retomo la marcha, y paso junto a una ermita y varias masías. En la fachada de una de ellas pone ” Partido judicial de Aoiz, lugar Arleta “. Se trata del caserío de Arleta, y consta sólo de dos edificios: el antiguo Palacio del Señorío , el cual tiene una ventana geminada en su torre, y la Iglesia de Santa Marina, la cual tiene una talla gótica de ésta. Más adelante paso junto a los restos del despoblado de Santiagozar,

    El Camino pasa a tener contaminación acústica, hay mucho ruido. Cruzo un túnel que salva la Ronda Este ( carretera de circunvalación de Pamplona ), y camino por una pista ancha paralela a dicha carretera, bordeando la montaña llamada Miravalles, y saliendo del valle de Esteribar. Al otro lado del monte, y situado en el valle de Ezcabarte, llego al puente medieval sobre el río Ulzama, de seis arcos. Al otro lado del puente se encuentra la Iglesia de la Trinidad, del siglo XII, junto al albergue de peregrinos llamado Trinidad de Arre, en el término municipal de Villava. La iglesia también es llamada ermita de la Trinidad de Arre. El albergue está en una magnífica ubicación, junto al río y el puente medieval. Me gustaría haber dormido en él. Es el tercer albergue del Camino, y está en una parte del Camino que hace que dormir en él no sea lo habitual, no es final de etapa.

    http://zodiaco.madteam.net/relatos/2006-03/2006-03-09-camino-de-santiago-:-zubiri—pamplona–etapa-2-/

  4. 2009 Agosto 20
    La hospitalaria Enlace permanente

    DIARIO DE ÁNGEL SILVENTE

    Zubiri – Pamplona/Iruña

    Día 2
    18 de julio
    20,8 km.

    El día amanece nublado, aunque a mitad de jornada saldría el sol y no volvería a llover hasta estar en Pamplona. Para abandonar Zubiri se cruza el puente de la Rabia. Se toma entonces una senda muy maja por los bosques que rodean al Arga. Hay una subida hasta por encima de la fábrica de magnesitas, la cual afea bastante el paisaje. En lo alto de la subida nos encontramos con Javi de Barcelona y con él recorremos toda la etapa. Es un tío muy al tanto de todos los detalles del Camino y que nos será de ayuda en ciertas ocasiones durante el resto del viaje.

    La senda por la que nos movemos está muy llena de barro y charcos, así que me pillo un palo a la primera de cambio. Está un poco torcido y es pesado, pero me saca de bastantes apuros en esa primera parte de la etapa. Armando también se pilla uno más recto , largo y robusto, pero un poco pesado.

    Paramos en Larrasoaina para sellar. Es un pueblo hermoso, con casas y calles de piedra. Santiago Zubiri, el alcalde , es un hombre entrañable que conversa con nosotros y nos enseña unos libros de peregrinos de lo más curioso, lleno de dibujos hechos con mucho esmero. Su despacho está decorado con toda clase de motivos Jacobeos.

    Siguiendo un poco más por el sendero, y siempre a la izquierda del río llegamos a una pequeña aldea donde almorzamos. Sale el sol. A partir de aquí el valle se abre mucho augurando la salida del Pirineo. Los bosques y prados ceden su lugar al monte bajo y los cultivos. Al parar en una fuente ocurre un acontecimiento al que no doy más importancia, pero que sería fundamental durante el resto del Camino: allí apoyado me esperaba mi bordón, ese que sería mi compañero de fatigas durante tanto tiempo y que de tantos apuros me sacaría.

    Tras cruzar la carretera se pasa por un lugar donde hay un chiringuito infestado de moscas donde sellan credenciales. Allí paramos a hacer otro descanso. Tanta parada y un ritmo muy lento me iban rompiendo las piernas y harían de esta una de las etapas más cansadas para mí. El trayecto hasta Pamplona se me hace muy largo desde que entramos en Villaba. Alcanzando ya las murallas de Iruña estamos destrozados y caemos rendidos a la hierba. Me duele mucho la espalda y estoy muy muy cansado. Nos levantamos buscando exprimir las últimas fuerzas y continuamos, ya queda muy poco. La entrada a la ciudad es por la Estafeta. Para llegar al albergue hay que cruzar todo el casco urbano. Está situado en el seminario y pocos saben respondernos con certeza cómo llegar hasta él. Sobre las 16:00 conseguimos cama (500 pts.).

    Encontramos una bar cercano para comer, donde aún quedan menús de peregrino por unas 1000 pts. Tomamos macarrones y bacalao, que sin ser ninguna maravilla nos supieron a gloria después de tanta fatiga. Acto seguido comenzamos nuestra visita turística a Pamplona. Lo primero con lo que nos encontramos fue con la plaza del castillo. No es un lugar especialmente interesante, pero me agradó estar allí después de haberlo visto por la TV unos días antes. Bajando por una calle nos encontramos con la plaza del ayuntamiento. En las fachadas de los edificios circundantes aún podían verse manchurrones de huevo y otras porquerías arrojadas allí en el Chupinazo.

    Preguntando conseguimos averiguar adonde queda la iglesia que sirve de custodia a San Fermín. Mientras nos dirigíamos allí recorrimos calles, que sin tener mala pinta hacían a uno sentirse incómodo por la propaganda fascista y pro-ETA que soportaban sus paredes.

    La iglesia donde se encuentra la imagen de San Fermín no está dedicada a este santo. Él únicamente tiene una capilla en dicha iglesia. Hechos unos rezos al santo pidiendo su protección para el Camino nos dirigimos al parque de la ciudadela, muy cercano. Todo fue cruzar las murallas y comenzó a tronar. Un cielo oscuro amenazaba tormenta. Un par de vueltas inciertas, las primeras gotas y se acabó nuestra visita a Pamplona. De vuelta al albergue presenciamos el triste acontecimiento del atropello de un ciclista. Un equipo médico se encarga rápidamente del herido aunque nunca supimos de su suerte. De vuelta en el albergue encuentro a mis padres . Sería la última vez que nos viéramos hasta el final de la aventura.

    La cena en el albergue está bien, aunque me clavan 1000 pelas. Me siento con unos ciclistas de Cartagena muy cachondos que me amenizan la comida.

    http://www.euskalnet.net/diariosdeperegrinos/angel.silvente.htm

  5. 2009 Agosto 25
    La hospitalaria Enlace permanente

    DEL DIARIO DE JORGE LUIS

    17.12.01

    De nuevo partir, luego de una noche gelida (5 grados adentro!), todas las frazadas fueron pocas. ¿Soñé? Con Diego Santodomingo=Diego=Yago=Santiago, lo que sufrió en Trafalgar, su sentimiento de muerte inminente, su herida, rodeado de sangre que se mezclaba con la suya, su convalecencia. ¿Porqué ese recuerdo marcó la familia?, ¿Por qué los hijos que se lloran, Francisco Javier? Tal vez yo tambien quise dejar mi tierra. ¿Qué viaja en nuestra sangre?. El poder mirar desde el Finisterrae el sol desde la playa y ver el sol desde el mar, ¿quién viaja?, ¿quién vuelve?. Como decía un viejo judio: “a Jerusalén no se vá; se regresa!”. De nuevo en camino, lidiando con las “trampas” de los comerciantes. Pasamos por un pequeño mercado donde compramos fiambres, agua mineral y queso, Luisito y sus 18 años llevaban las provisiones, o “vituallas” como se me ocurrió decir en un momento frase que quedo acuñada para todo el Camino y que me significo sus “pullas” de allí en adelante.

    Es curioso uno como argentino piensa que hablando en difícil y con palabras antiguas voy a ser mejor entendido, por el contrario ni los españoles ni mis coterráneos tampoco. De nuevo en el bosque, y el dolor lancinante de Alicia en las piernas. El dolor. La paciencia de esperar para que te esperen, en el fondo tal vez sea eso la vida. Los peregrinos pobres que son ricos. A las once de la mañana debimos quitarnos la ropa interior termica ya que el sol habia comenzado a hacerse sentir. Por fuera de la mochila llevábamos colgando con alfileres de gancho nuestras toallas, ya que en el albergue de Zubiri era mas fácil que se congelaran a que se secasen. Los senderos más difíciles son los más bellos, en los transitados se va más rápido, pero se va a ningún lado. En cambio por estos senderos viaja la memoria de la gente, la tradición.

    Pasamos por Larrasaoña, con su puente de los bandidos, -pobres viejos-nuevos peregrinos-. El dolor lancinante en mis talones que se repetiría durante casi todo el Camino, la mochila y mi espalda que aún no se aceptaban mutuamente. Llegar a Trinidad del Arre, por un corredor umbroso de un bosque, caminando por una antigua carretera, en los últimos 300 metros un anciano hermano marista abraza y conforta a Alicia que estaba demudada por el dolor, se me ocurre que la Virgen nos viniera a recibir, en un anciano que la abraza efusivamente: “¿y con esta crisis os habeís atrevido a salir?. Ssma. Trinidad del Arre; me he sentido bien acogido. Atravesamos su bello puente medieval de seis arcos sobre el rio Ulzama. Encontramos a Ariel, la peregrina francesa y nos percatamos que sin recursos. Alicia me dice: “Cuando se te aparece varias veces en el Camino una persona necesitada Dios quiere decirte algo!”. El Albergue de Arre bien puesto, pero el Hermano Hospitalero no era lo acogedor que uno esperaria, a la noche me vino a plantear que la francesa (Areil) no tenia las 700 pesetas para pagar el albergue, a lo que le respondí: “no se haga problemas nosotros nos haremos cargo en su lugar”. Debo reconocer que me choco profundamente. Las duchas tibias, pero habia calefacción ya que al día siguiente había una reunión de “Los amigos del Camino”, debo decir que hasta allí, de la dicha amistad habia visto poca, y del Evangelio menos aún. Esa noche cocinamos y compartimos la cena. Nos metimos en nuestra bolsa de dormir, Alicia a mi lado ya que las literas estaban juntas, y muy cerca nuestro Luisito. A la mañana desayunamos con cereales que compramos la noche anterior. Es curioso al ir a hacer las compras y caminar sin las mochilas y las botas me sentía como un astronauta, marchando ligero de peso, pero tetanizado por la fatiga.

    “Queridos amigos, escúchenme, escuchen todos!, ¿Creen Ustedes que son eternos sus caminos cotidianos?. Lo que poseen, al mismo tiempo los posee. Despréndanse de todas las cosas, pero antes que nada despréndanse de Ustedes mismos. Descubran los rudos caminos del amor sin medida. Sean libres para amar a todo y contra todo!, ¡el amor es todo!, Dios es amor”

    San Benito-Jose Labré

    http://www.euskalnet.net/diariosdeperegrinos/jorge.luis.santodomingo.htm

  6. 2009 Agosto 26
    La hospitalaria Enlace permanente

    SU CAMINO A SANTIAGO

    No nos entretuvimos más. Abandonamos el pueblo cruzando de nuevo el puente camino de Larrasoaña.

    Esta parte es la peor de todo el recorrido. La fabrica de Magnesitas de Navarra ocupa lo que debió ser parte del antiguo camino, obligando al peregrino a bordear sus instalaciones caminando con riesgo e incomodidad por el arcén de una carretera, y continuar después por un descenso mal escalonado que resiente los cansados y doloridos pies del caminante.

    Al llegar a la altura del deposito de escorias, el peregrino descubre con disgusto como la brisa que hasta entonces le había proporcionado refresco, lanza sobre él una nube blanquecina procedente del depósito que se le pega en el cuerpo, molesta a la vista y reseca la garganta.

    Afortunadamente, poco a poco nos alejamos de ello y volvemos a la placidez del camino, atravesando las aldeas de Ilarratz y Eskirotz. A estas alturas, los caminantes ya están cansados, pesa el camino, y poco a poco comienza a buscarse con la mirada algún edificio que nos indique la proximidad de nuestro destino, al que ya presentimos.

    Hacia las 15.10 cruzábamos el puente de los bandidos de Larrasoaña y nos acercamos empujados por el cansancio, hasta el albergue del pueblo, donde Don Santiago Zubiri, toda una institución en el universo Jacobeo, nos recibió con esa amabilidad que le ha hecho conocido. Tuvo un tiempo para contarnos cómo Isabel de Valois pasó una noche en la casa renacentista que hay frente al albergue, cuando marchaba hacia Madrid para casarse. En ella misma, nos contó, se celebraron en tiempos del Reino de Navarra unas cortes.

    Como faltaba cosa de una hora para que llegara el autobús que nos llevaría a Roncesvalles de vuelta, nos acercamos a un bar que hay a la salida del pueblo, para tomarnos un café.

    Tras desearnos recíprocamente las buenas tardes de rigor, pedir unos cafés y entrar en calor hablando del tiempo, nuestro amable mesonero pasó directo al tema.

    - Con esas mochilicas veo que son de aquí cerca, no llevan apenas nada…

    -De aquí cerca – respondí con pocas ganas y una amplia sonrisa-.

    - ¿Van ustedes hasta Villaba? –para cuando terminó de decirlo, el hombre se había servido un café y acodado en la barra frente a nosotros. A mi me vino a la memoria el ritual del vaso de té en los bazares orientales. Este nos quiere vender algo.

    - Sí hasta Villaba –me apresuré a mentir – hoy hacemos etapa hasta allá.

    - Ya…, imagino que no harán noche en el camino.

    - No, en cuanto lleguemos al final de la etapa, nos volveremos a casa. Vamos a hacer el camino por etapas en días festivos sueltos hasta llegar a Burgos; de allá hasta Santiago lo haremos más seguido.

    Como parece ser que le quedó claro que no había nada que hacer, pasó a contarnos que alquilaba habitaciones a los peregrinos que allí hacían noche. Nos contó que el pasado mes de mayo habían bajado muchos más que otros años, pero que esta primera semana de junio había sido bastante floja.

    Por lo que dijo y por cómo lo hizo, quedaba claro que era una persona que vivía, por lo menos parte del año, del camino y, por eso mismo, conocía muy bien a todos los tipos de gentes que por él pasaban.

    A las 16.30 llegaron dos autobuses a Larrasoaña. El primero iba lleno pero su conductor nos indicó que él nos vendería el billete y que luego subiéramos en el de atrás.

    Así lo hicimos. En el autobús había dos personas y otras dos que subieron detrás de nosotros. Se acomodaron algunos asientos delante y al poco quedaron adormecidos por el sonido monótono del motor.

    En la primera fila estaba sentada una mujer de casi 40 años, algo endomingada, y que todo el viaje, hasta que se apeó en Biscarret, parecía no dejar de observarnos, con una agradable sonrisa, a través del reflejo de la mampara del conductor.

    Al otro lado del pasillo, también en primera fila, viajaba un hombre de más de 50 años con boina y barba perfectamente recortada. Intercambiaba monótonamente algunas palabras con el conductor pero apenas se oía nada más que un murmullo.

    El sonido del motor y el silencio se volvían cada vez más profundos, parecían estar aliados con el cansancio del camino. No hablamos. Por la ventana desfila nuestra mirada…

    Por ahí hemos subido.

    Aquellas nubes nos dieron sombra.

    Y ese camino que se abre en silencio,

    oculta entre sus pasos

    recuerdos que pronto habremos olvidado.

    Decía Michel de Montaigne que prefería mil veces más morir sobre su montura que en su propia cama. Cuando alguien le preguntaba por que tal obsesión por viajar, qué es lo que buscaba con ello, gustaba de responder: “sé muy bien de lo que huyo, mas no sé lo que busco”.

    Philosophe, physicien,
    Rimeur, bretteur, musicien,
    Et voyageur aerien,
    Grand riposteur du tac au tac,
    Amant aussi–pas pour son bien!–
    Ci-git Hercule-Savinien
    De Cyrano de Bergerac,
    Qui fut tout, et qui ne fut rien,

    (E. Rostand, Cyrano de Bergerac, Escena 5.VI)

    - En mayo baja mucho peregrino, en junio y julio son domingueros y en agosto lo que bajan son chorizos.

    - ¿Si?

    - Pues claro, ¿es que ustedes creen que no hay ladrones en el camino?; los hay como en todas partes.

    La misma conversación, el mismo lugar y la misma persona; al fin y al cabo regresamos al camino y como si siguiéramos el rastro de un ouroboros, las bestia que engulle su propia cola, comenzamos nuestro peregrinar allá donde lo finalizamos la vez pasada, en el mismo bar y con parecida conversación a la que tuvimos hace algunas semanas.

    - ¿Tú eres de donde yo me imagino? – me espetó en una maravillosa variación conversacional.

    - Pues no lo sé, ¿de dónde te imaginas que soy?- pregunto algo sorprendido. Quizá, pensé, recuerda que estuvimos aquí hace poco tiempo, aunque con el trasiego de gente que hay, lo veo difícil.

    - Del Goiherri… – eso sí que no me lo esperaba, ¿del Goiherri?, algo hay de eso, pero ¿como lo sabe?

    - Pues yo no, pero sí algunos de mis abuelos, ¿cómo lo sabes?

    - Por la forma de hablar, por la cara, viví algunos años con gente de allá y tú te pareces…

    Alrededor nuestro, en las dos o tres mesas que había en el interior, desayunaban otras tantas parejas que como nosotros tenían la intención de hacer aquél día camino, algunos hasta Pamplona y otros hasta Zizur Menor.

    Comenzamos la marcha a las 7.30 de la mañana. Cruzamos el puente de los bandidos, y entre cantos de grillos y pájaros, y los cencerros de las pottokas que pastaban en los campos de los alrededores, subimos por una pequeña cuesta que, poco a poco, se iba haciendo más pronunciada hasta llevarnos a Akerreta, una preciosa aldea de sabor antiguo.

    Desde allá cruzamos varios portillos y sorteamos cantidad de boñigas de caballo hasta llegar a una pequeña campa, donde disfrutamos de la vista de un grupo de équidos pastando apaciblemente y en total confianza con el peregrino que por ahí pasa.

    Continuamos caminando entre las sombras del bosque, acompañados por el cantar de los pájaros y el rumor del Arga, al que nos ibamos acercando según descendíamos por una cuesta escalonada con traviesas de ferrocarril.

    En Esteribar se cruza un puente moderno que conserva sus pilares medievales, y después el camino se incorpora a la carretera: otra vez incomodidad y riesgo para el peregrino.

    Afortunadamente no dura mucho, y en el desvío a Ilurdotz se abandona la carretera para cruzar un puente. Se pasa ante un grupo de tres o cuatro casas y volvemos a caminar por una tranquila senda ascendente. Desde allá, el peregrino puede disfrutar de unas hermosas vistas.

    Tras pasar junto a una antigua cantera y el pueblo de Irotz, el camino nos lleva hasta Zabaldika, otro de los hermosos pueblos que jalonan la primera parte de esta etapa. Como ocurría en la anterior, en esta encontramos muchas casas blasonadas o señaladas con el nombre de su constructor y la fecha en la que la hizo.

    Hubo una a la izquierda del camino que llamó especialmente nuestra atención ¿por qué? No lo sé: quizá por su espléndida fachada, restaurada pero en la que se adivinan lo que pudieron ser antiguas saeteras, quizá fue lo imponente de su planta, o puede que fuera el entorno. No lo sé, pero en mi memoria permanece el agradable sabor calmoso del pueblo aquella fresca mañana de junio…

    Leíamos en voz alta lo que en el frontis de esa casa se decía

    “Esta casa la hizo Domingo de Ripalda hijo Año de 1728”

    cuando advertimos que una persona nos observaba desde la huerta aneja:

    - Raro es que unos jóvenes como ustedes lean sin dificultad lo que ahí pone. Generalmente terminan por preguntar que letras son esas.

    Agradecidos por el doble cumplido que nos había lanzado, -esto de que a uno le llamen joven empieza a ser cada vez más raro-, le dirigimos una amable sonrisa y nos detuvimos a charlar con él.

    - Sí, nos suelen gustar estas cosas. Veníamos preguntándonos si en estas casas siguen viviendo descendientes de quienes las construyeron. Para ellos debe ser un orgullo tenerlos presente de esta manera…

    - Desde luego… -nos contestó- pero no es el caso de muchas de las que están aquí. Generalmente sus antiguos dueños terminaron por venderlas. Nosotros compramos ésta hace más de 20 años.

    - Así que ustedes no son de la familia Ripalda que pone ahí.

    - No, y ya sabrán ustedes que la familia del marido de la infanta tiene ese apellido, pero no es de esta casa. Por lo que dicen, viene de una que está allá detrás de esos montes –dijo señalando a su espalda-.

    - ¡Vaya!, yo tenía entendido que procede de la zona del Baztán, aunque vaya usted a saber…

    - Así es………..

    El peregrino continúa marchando. Pronto cruza una carretera y llega a un merendero, de allí asciende a un camino que, a través de un maravilloso paisaje, conduce al despoblado de Arleta.

    En las fachadas de sus hermosos y enormes caserones todavía se conserva el recuerdo de momentos mejores, en los que el pueblo estaba habitado, y puede leerse aún el nombre de algunas calles: “Calle de Santa María”, “Calle de San Martín”…

    Hasta llegar a Arre, el camino discurre en su mayor parte por zonas casi siempre boscosas, tranquilas y dadas a las evocaciones más saludables para un espíritu peregrino. A lo lejos se adivina lo que pueden ser las afueras de Pamplona, quizá Villaba.

    El puente y el hospital de peregrinos de Trinidad de Arre son el colofón final a esta parte del camino. A partir de aquí, el viajero entra casi sin pausa en un mundo totalmente distinto, dominado por el asfalto, los semáforos, vehículos y el gentío.

    Como no pudimos sellar la credencial en el albergue de Arre porque estaba cerrado, decidimos por lo menos gratificar nuestro esfuerzo parando unos minutos para tomarnos un café en el bar “Paraíso” –nombre muy apropiado, por cierto, para servir de descanso a unos peregrinos-, frente al ayuntamiento de Villaba.

    http://www.exorientelux.org/

  7. 2009 Septiembre 6
    La hospitalaria Enlace permanente

    DEL DIARIO DE ZANJAS PROFUNDAS…

    El trayecto desde Zubiri hasta Larrasoaña fue uno de los más duros que tuvimos en todo el Camino, y no por la orografía, sino por el calor que hizo a partir de mediodía. Lo peor fue pasar por una especie de cantera donde no había ni un árbol y las rocas reflejaban el sol y desprendían mucho calor. De modo que tras llegar a Larrasoaña y ver el río, el mismo que pasaba por Zubiri, el mismo que atravesaba la cantera, mi cabeza quedó prendada de él y sólo pensaba en el modo de bañarme a las vistas de las gentes, pues no llevaba bañador.

    Tras realizar los trámites pertinentes (sellado de credencial, toma de posesión de litera, etc, etc.), convencí a una catalana para que se viniera conmigo al río… ¡Y yo me la llevé al riiiiiiiiiíííooo! Pero nada. La chica, en cuestión había llegado al Camino huyendo de las gentes de su pueblo, en Gerona, que la atosigaban. Ya se sabe: una madre soltera, un pueblo pseudo-cafre. Necesitaba “respirar, descubrir el aire fresco y decirle a la mañana patatín… patatán”. Ah! Qué gran invento internete, con Google y la Wikipedia: le permiten a uno sentirse un poco menos ignorante; a mis años no sabía, o no recordaba, ya que puede ser que lo hubiera aprendido, que Medina Azahara existía como ruinas arqueológicas, que no era sólo una leyenda. Una medina le hubiera levantado yo a la catalana, pero como ya os he dicho estaba allí para oxigenarse. También he dicho que no tenía bañador (yo, la catalana sí), pero como mis gallumbos (por cierto, esta palabra no está en el diccionario) son de pata larga, o sea hasta medio fémur, podían pasar por bañador… Si no hubieran llevado la abertura vertical para sacarla a paseo (ya sabéis), según me hicieron notar después… Después de haberme paseado por todo el pueblo en gallumbos coloraos.

    El río estaba lleno de cangrejos americanos, lo cual no inspiraba mucha confianza, ya que un mordisco en un dedo podía hacer pupa, y los pies había que cuidarlos al máximo. Peor fue descubrir que muchos de los cangrejos estaban muertos… Menos confianza todavía… La verdad es que debajo del puente olía un poco a podrido. Pero todo fuera por refrescarnos. Al lado del puente había una especie de playita bastante cutre y allí nos arremolinamos peregrinos, gente del pueblo y gitanos que estaban de paso. Comí junto a la catalana y me contó su vida.

    El resto de la tarde lo pasamos en calzoncillos en el callejón que unía el barracón (albergue) con la calle principal. Las gentes del pueblo pasaban por dicha calle y miraban hacia nosotros/as quedándose con caras de indignación unos, de estupefacción otros: “todos los años el mismo espectáculo”, “peregrino mangurrino”… Lo cierto es que fue el pueblo más hostil en el que caímos de todo el Camino. Ya empezamos a notar maneras en la hospitalera, pero los regentes del bar-restaurante se llevaron la palma. Tuvieron varias broncas con los peregrinos. Una de ellas fue con David, Javier y Sonia. Los chicos llegaron al bar a pedir unos bocadillos, pero se ve que solo querían vender menús (¿o menúes?), de manera que les dijeron que no tenían, que se fueran a peregrinar a la Meca, a ver si allí les daban bocadillos. Hubo que sujetar a David para impedir que saltara la barra y le agarrara del cuello, le metiera la butifarra (una que había por allí, no penséis mal) por la garganta hasta que se pusiera morao y luego le pasara por el cortafiambres para hacerse el bocadillo. ¡Joputa! De manera que salieron del bar con el mismo hambre con el que entraron, al que se añadía ahora la angustia de la impotencia, eso que produce las úlceras. Cuando le contaron esto a Javier, el que se fue a comprar tabaco, éste se deshizo de su cena para que los chavales pudieran comer algo.

    El pueblo en cuestión, Larrasoaña, no disponía de comercios salvo el bar, gozaba del monopolio, el muy cabrón, de modo que no había posibilidad de comprar nada. Pero héte aquí que la madre y la hermana de David y Javier (que, como he dicho en otra ocasión, son hermanos) andaban visitando la zona y llevaban vehículo, por supuesto. De modo que les pedimos si nos podían comparar alguna cosilla para cenar y desayunar. Y eso hicieron, con el agravante de no dejarnos pagárselo. Cenamos con vino, tan ricamente.

    Una de las conversaciones que tuvimos varias veces a lo largo del día fue el socorrido y recurrente tema de los ronquidos in the night, sobre todo los de Javier (fumador) –no confundir con Javier (novio-Sonia o hermano-David)–, especialmente hirientes en este sentido eran las mujeres, en nuestro caso la catalana. Pues bien, los últimos en acostarnos fuimos Javier (fumador) y yo. Cuando subíamos por las escaleras temíamos que se hubiera colado un león dentro, de los rugidos que emitía. Según me encaminaba hacia mi litera percibía que los sonidos procedían de mi zona, hasta que estuve al lado. ¿Y quién pensáis que era el león? ¡Premio! La catalana. Roncaba de una forma espeluznante; de hecho Sonia se despertó y no daba crédito a sus ojos y oídos. A los rugidos se añadieron los cuchicheos y las risas, de modo que se despertaron varias personas y esas despertaron a otras, hasta que, al final, se despertó la culpable y se acabó el festival. Por supuesto, ella lo negó todo.

    http://rossanova.blogspot.com/2007/10/camino-santiago-viii-4-agosto.html

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