El hábito del albergue Itzandegia, despedida de Roncesvalles, la cruz de los peregrinos
2009 Julio 6
.
Libro de peregrinos, escribir en él, un primer mensaje para Lily (la Emperatriz). Vestirse y un poco desconcertada hacer la mochila. Me lío con el saco. Es la segunda vez que lo meto dentro de la funda. Ya se han encendido las luces del albergue, la mayoría de las cabezas están fuera de los suyos. El orden de la mochila es perfecto pero el tiro de las correas no, todavía no. Consigo un café de la máquina. Voy arriba con él. Hay música, cantos gregorianos, también olor a incienso. Alguien ha encendido una barrita, el hospitalero. Salgo al exterior. Enciendo un cigarrillo. Me mojo bajo el orballo. Es leve, no importa. Está oscuro y pienso en ti. Pienso que ya está acabado todo. Algunos se marchan. Descubro que hay un grifo donde puedo llenar la botella de agua, allí mismo. Descubro porque me lo descubren, porque de verdad que me siento perdida no, perdidísima y con todas las dudas del mundo, sabiendo lo que me queda por delante y con la sensación de que todo todo está perdido, insisto. Así es como me siento en aquel instante. Me pongo la capa, necesito un poco de ayuda. No he aprendido a colocarmela aún sobre la mochila. No descubro a nadie que hable español, lo más que distingo es francés, entre las voces.
.
.
.
.
Despedida íntima de Roncesvalles. Es como haber estado y no estar. Marcharse sin escudriñar cada uno de sus rincones. Salida detrás de algunos, unos se van y yo detrás de ellos. Pero de las primeras, voy sola. Unos toman la carretera y yo no, tomo el Camino y voy escribiéndote un mensaje de felicidades. Es tu cumpleaños. Antes de las seis y media.
.
En la Cruz de los peregrinos tengo la sensación repetida de que el Camino no te permite detenerte. Fue la sensación y es la sensación que hay que evitar para disfrutar del Camino desde el primer momento. Es importante vencerla.
.
No llevaba cámara de fotos y la del teléfono me había prometido no utilizarla. Pensé que no, que era una pérdida de tiempo lo de intentar capturar momentos.
.
.

.
.
Este crucero se conoce desde el siglo XVII como la Cruz de Roldán, aunque hay autores que lo sitúan en el XIV. Está a la entrada del bosque de Sorginaritzaga, el robledal de las brujas. Para exorcizar al ancestro el lugar se cristianiza y por eso la cruz de piedra blanca, coronada por una cruz bretona, que sirve como orientación al peregrino y para que nadie se olvide de la épica carolingia. Aunque el que ahora podemos ver es uno reconstruido porque los franceses destruyeron el antiguo en el siglo XVIII.
.
.
































RSS - Comments