Roncesvalles (Orreaga) en la vida del peregrino…
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Ver → Etapa primera: SAINT JEAN PIED DE PORT- RONCESVALLES (Camino Francés)
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*enlace recomendado: Roncesvalles en imágenes
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Dice ‘La guía práctica del peregrino’ escrita por José María Anguita Jaén y editada por Everest, en su sección turismo con calidad:
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‘La gigantesca sombra de Roncesvalles se extiende, como ya hemos tenido ocasión de ver a lo largo de esta etapa, sobre estos parajes fronterizos. El hospital, siempre bajo la tutela de una comunidad de canónigos regulares de San Agustín, fue fundado en 1127 por el obispo de Pamplona Sancho Larrosa y el rey de Aragón Alfonso I. Muy pronto, junto a la fama, adquirió gran cantidad de riquezas, llegadas en forma de donaciones de toda Europa, lo que hizo que se enseñoreara de estos lugares, mediante gran cantidad de posesiones, prioratos y hospitales dependientes. La fama del nombre de Roncesvalles, lugar dónde según la épica carolingia se produjo la derrota del ejército de *Carlomagno y *la muerte de Roldán, entre otros heroicos pares, es anterior a la colegiata-hospital. Sin embargo, desde ella -quizá se creara con este fin- se supo explotar de forma genial este <<nombre de marca>> y darle una nueva dimensión. Efectivamente, Roncesvalles es la síntesis perfecta entre lo peregrinal y lo épico, el lazo que une efectivamente el culto de Santiago con el culto de Carlomagno. Los peregrinos de Santiago se encontraban en Roncesvalles con un santuario en el que de forma más o menos subrepticia, se rendía culto a los <<superhéroes>> épicos francos y que estaba repleto de hitos y recuerdos del emperador Carlomagno y Roldán. El Pseud-Turpín (Cuarta parte del Liber Sancti Iacogi ) y el *Liber Peregrinationis describen morosamente y sitúan con precisión la ya vista Cruz de Carlomagno, la explanada donde se produjo la gran batalla entre cristianos y musulmanes, la gran piedra que Roldán rompió con su espada Durandarte, el castigo de Ganelón, Valcarlos – Luzaide (<<camino oscuro>>). Es decir, crean una guía turística en toda regla de Roncesvalles, lo que ha hecho pensar en una vinculación afectiva de estos libros con la colegiata. De hecho, la síntesis perfecta que se produce en Roncesvalles entre lo peregrinal y lo épico, lo jacobeo y lo carolingio, es justamente la aspiración programática del *Pseudo-Turpín.’
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Dentro del conjunto de la real colegiata, destaca la iglesia mandada construir en el S. XIII por Sancho VII el Fuerte, en cuyo interior reina una bellísima estatua sedente de la Virgen, estilo gótico. Anexo a la iglesia, un magnífico mausoleo custodia los restos del gigantesco Sancho VII y de su esposa Clemencia. En uno de los lados, pueden verse las cadenas de la tienda del Miramamolín musulmán, que el rey navarro, uno de los tres reyes hispanos vencedores del poder almohade en las Navas de Tolosa (1212) hizo traer hasta aquí, y que se convirtieron en el motivo heráldico del pequeño Reino de Navarra.
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Otros puntos de interés dentro del conjunto son el claustro del s. XIV; la pequeña capilla de Santiago, de las mismas fechas; y la capilla de Sancti Spiritus, que sirvió de osario de muchos peregrinos muertos en el hospital. En el museo de la colegiata se custodian piezas de gran valor, como el famoso ajedrez de Carlomagno.’ (J.M. Anguita)
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*enlace: Roncesvalles
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*enlace: abadía de Roncesvalles
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Un canónigo se encontraba en la carretera.
-¿Hospeda la Abadía aún a los peregrinos?
-¡Oh!, Se dice que así era; hoy existen “fondas”.
Tres gruesos canónigos charlaban.
-Es muy tarde. Mañana a las nueve.
-Mañana a las nueve estaré ya lejos.
Pero lo esencial son las dos antiguas capillas de fuera:
- León Degrelle 20 de junio, 1951-
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(Mirada de Agua, 20 de septiembre / 04)
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(Juanjo Gavilán, 2 de julio/ 05)
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La llegada a Roncesvalles es siempre agradable, gratificante. El silencio, el olor a monte y bosque, la magia, la historia. En la oficina nos sellan la credencial (con la fecha equivocada) y nos mandan para el refugio. Antes de eso, me coge el sacristán y me tiene allí contándome mil historias hasta las tantas. Le compro un libro que ha escrito. Es interesante. Cuando llego al refugio me encuentro con Ademir y Derren ya instalados y tratando de entenderse con una pareja de peregrinos de Alicante, muy jóvenes y agradables, Celia y Héctor. El refugio está un poco en ruinas y hace un frío pelón. Nos vamos para la Bendición, emocionante como siempre.
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De allí llevo a los cuatro al Hostal Sabina a cenar el menú del peregrino. Puré de verduras y trucha, otra vez. Riquísimas como siempre. Parezco un pastor con sus ovejas. Me falta el perro, que bastón ya llevo. Y la nube, que se ha quedado en el sur. No sufro por ella, que ya encontrará a alguien a quien dar todo su cariño. De vuelta en el refugio, cuando ya todos estamos en el saco, llega un peregrino. Es grande y fuerte y lleva una especie de machete en la mano, un cuchillo enorme. Da un poco de miedo. Se presenta y entre sueños nos enteramos de que se llama Noni, es brasileño, de Sao Paulo y Capitán de bomberos. Mañana sabremos más.
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- Alfonso Biescas, 9 de marzo/ 01-
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(Mario Calvo, 3 de septiembre/ 01)
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(Diario de bicigrino, 2006)
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BENDICIÓN DEL PEREGRINO
Oh, Dios, que sacaste a tu siervo Abraham
de la ciudad de Ur de los caldeos,
guardándolo en todas sus peregrinaciones,
que fuiste el guía del pueblo hebreo a través del desierto:
te pedimos que te dignes guardar a estos peregrinos
que, por amor a tu nombre, van a Compostela.
Sé para ellos compañero en la marcha,
guía en las encrucijadas, aliento en el cansancio,
defensa en los peligros, albergue en el camino,
sombra en el calor, luz en la oscuridad,
consuelo en el desaliento, firmeza en sus propósitos.
Que por tu guía lleguen salvos al término de su camino
y, enriquecidos de gracia y de virtudes,
vuelvan de regreso a su casa,
que ahora se duele con su ausencia, llenos de alegría.POR JESUCRISTO, NUESTRO SEÑOR. AMÉN
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(Teresa Simal, diario publicado por edit. Slovento)
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antiguo albergue de Roncesvalles
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…Desperté para encontrarme con que una pareja alemana estaba discutiendo en voz alta. El resto de los ocupantes del albergue se removía en sus literas, bruscamente arrancado del sueño. ¿Cómo podían tener tan poca consideración con los demás?
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Contemplé a la pareja alemana durante un rato sin quitarme los tapones, como si estuviera observando una escena subacuática. Los demás fueron levantándose poco a poco, se desperezaron, se vistieron y salieron mientras la pareja alemana seguía discutiendo. Robustos y con cara de ser bastante obtusos, no eran conscientes de las molestias que habían causado.
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Anna y yo nos dimos una ducha fría (no había agua caliente), meneando la cabeza ante la conducta de ciertas personas mientras nos duchábamos. Yo había leído en algún sitio que:
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>>un peregrino debía ser modesto, considerado, afable y agradecido, estar siempre dispuesto a sacrificarse a si mismo, no ser exigente o quisquilloso y abstenerse en todo momento de causar problemas.
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Decidimos que la pareja alemana debía ser considerada como una lección que nos invitaba a eliminar los juicios de valor. Claro que sí, pensé. Yo aún tenía mucho que aprender.
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Colegiata de Roncesvalles -joseluismartnez
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Después de haber comprado yogures y unas nueces en una tiendecita, Anna y yo fuimos al monasterio de la Colegiata Real, una obra maestra de la arquitectura del siglo XIII, en la que asistimos a una misa para bendecir a los peregrinos. Aunque el sacerdote dijo la misma en español y no pude entenderla, la encontré muy conmovedora. Se nos dijo que la energía de Carlomagno residía allí porque había construido una tumba en aquel lugar en memoria de los soldados de su ejercito que murieron en la batalla de Roncesvalles. Recé y me juré que llegaría al final del Camino sin permitir que nada me lo impidiera; una vieja modalidad, pensé para mis adentros. En el mismo comienzo ya estaba orientada hacia la meta del final. Pensé en el banco de las montañas Calabasas, pero no me sirvió de nada.
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Mientras me maravillaba ante la historia que me rodeaba, sentí una mirada clavada en mi espalda. Me volví y me encontré con la cara de un hombre asombrosamente apuesto. Parecía tener unos treinta y cinco años, tenía un abundante cabello oscuro, ojos como aceitunas negras y una estructura ósea que no habría desentonado en un sello. El hombre no desvió la mirada. Volví a mirar hacia adelante. Anna y yo acabábamos de rezar y fuimos a un restaurante en la ladera de una colina. El hombre de la iglesia fue hacia nuestra mesa mientras comíamos. Su cuerpo parecía estar vibrando cuando se sentó junto a mí. Habló tímidamente en un inglés entrecortado y dijo: <<Veo algo familiar en tus ojos>>. Oh, chico, pensé yo, apuesto a que sí. Después dijo que era uno de los voluntarios que ayudaban a los peregrinos y me preguntó si podía prestarme alguna clase de servicio. Le dije que no necesitaba ningún servicio. Él parpadeó y, captando la indirecta, se fue.
Anna me guiñó el ojo y no dijimos más.
Hicimos que nos sellaran los carnets, dimos un paseo por Roncesvalles y luego fuimos a cenar. El hombre de antes volvió a aparecer. Se disculpó por su descaro anterior y me preguntó si disponía de un caballero templario para que garantizara mi seguridad en el Camino. Le dije que no y que no creía que fuera necesario. Parecía estar hablándome desde otro tiempo y otro lugar. Entonces, como si volviera de repente a nuestra época, pasó a explicarme que se alegraba de ser el único que me había reconocido y que de pequeño yo era su actriz favorita. Me reí porque últimamente estaba oyendo eso más de lo que me hubiera gustado. Dijo que siempre era muy tímido, pero que se sentía tan atraído por mí que no había podido evitar hablar conmigo.
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Estaba empezando a caerme simpático. ¿Qué había sido exactamente aquel sueño de la noche anterior? ¿Una limpieza del pasado?
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Anna se fue discretamente, y seguimos hablando. Se llamaba Javier. Me preguntó por mi situación amorosa actual. Yo le dije que no había nadie en mi vida ahora. Y un instante después admití que me costaba sentirme atraída por los hombres de mi edad porque no sabían estar a la altura de las circunstancias. A Javier le brillaron los ojos. Su inglés mejoró, y acabamos una magnífica cena. Después se mostró muy preocupado, de forma casi paranoica, por lo que pudieran pensar las otras personas que había en el restaurante. Fue una reacción muy extraña.
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Le dije que iba siendo hora de que fuera a acostarme y le pregunté si le gustaría que le escribiera cuando hubiese terminado el Camino. Me dijo que no, que su familia se pondría muy nerviosa. Dijo que quería recorrer el Camino conmigo, pero que había acordado reunirse con ciertas personas dentro de unos días. Yo le dije que me parecía muy bien, y nos levantamos y salimos del restaurante.
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Entonces dijo algo realmente extraño. Quizás fuese su inglés, no lo sé, pero el caso es que me preguntó si quería que buscáramos un lugar donde poder satisfacer nuestras necesidades. No entendí a qué se refería. ¿Estaba siendo arcaico, o meramente vulgar? Nos habíamos detenido delante de un pequeño hostal. Un hombre salió de él.
- ¿Quieres que vayamos a una habitación? -me preguntó, y yo me pregunté si todo aquello no sería un montaje.
- No, gracias -respondí-. Necesito descansar.
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Me miró con ojos llenos de desilusión. Empezó a caer una suave llovizna, acompañada por una brisa que casi hablaba. Javier se volvió y echó a andar hacia la neblina.
- Eres mi ángel mágico -dijo mientras desaparecía entre ella.
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Fue un momento tan solitario y onírico que me sentí como si acabara de tropezarme con otro sueño.
Pensé en el latino del sendero de Calabasas. ¿Serían aquellos dos hombres sueños que yo había manifestado en la realidad para poder entender algo que aún tenía que aprender?
Volví a los confines comunales del refugio. Anna, que ya estaba a punto de acostarse, me miró.
- ¿No? – se limitó a preguntar.
- No -respondí yo, y subí a mi litera, interrogándome sobre el papel de la sexualidad en mi vida. Buscar el placer de un revolcón rápido con el primer hombre que se me pusiera por delante no era un comportamiento demasiado decente en una mujer de mi edad. Pero ¿por qué no?
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Anna me había dicho que el Camino me ofrecería muchas experiencias que yo escogería aceptar o rechazar.
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¿Sería quizás el paso de los años me había vuelto conservadora y preocupada por las apariencias que había perdido la espontaneidad? Antes nunca había sido así. Y de todas maneras, ¿qué significaba la edad? Aún tenía un cuerpo muy atractivo, y estaba interesada en el sexo como cualquier hija de vecino. ¿O no?
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Algo había cambiado en mí desde que mi espiritualidad se convirtió en una parte física de mi vida. Ahora, podía sentir la energía, y eso era algo más que hormonas activadas. Anhelaba fundirme con otra persona, no meramente realizar el acto sexual con ella. Pero el deseo propiamente dicho se había disipado.
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Nunca había incluido esa clase de preguntas en mis relaciones anteriores, pero ahora estaba dispuesta a hacerlo. ¿De qué otra manera podíamos saber quienes éramos realmente? ¿Y acaso no era es la razón por la que mantenías relaciones íntimas?
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interior del albergue de Roncesvalles
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Cuando por fin me quedé dormida, soñé que montaba un caballo y galopaba hacia el crepúsculo (…)
‘El Camino’ de Shirley McLaine
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Tomamos café negro y pan con aceite, y salimos. Una densa neblina se había apoderado del lugar. Advertí que Roncesvalles no era exactamente un pueblecito, como había pensado al principio; en la época de las grandes peregrinaciones por el camino fue el más poderoso monasterio de la región, tenía injerencia directa en territorios que llegaban hasta la frontera con Navarra, y aún conservaba estas características: sus pocos edificios integraban un colegiado de religiosos. La única construcción de características “laicas” era la taberna donde nos habíamos hospedado.
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Caminamos entre la neblina y entramos en la iglesia colegial. Dentro, vestidos con casullas blancas, varios sacerdotes daban, conjuntamente, la primera misa de la mañana. Noté que era incapaz de entender una sola palabra, pues estaban oficiando en vasco. Petrus se sentó en uno de los bancos más alejados y pidió que me quedara junto a él.
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La iglesia era inmensa, llena de obras de arte de valor incalculable. Petrus me explicó en voz baja que fue construida con donaciones de reyes y reinas de Portugal, España, Francia y Alemania, en un sitio previamente marcado por el emperador Carlomagno. En el altar mayor, la virgen de Roncesvalles —en plata maciza y con rostro de madera preciosa— tenía en sus manos un ramo de flores confeccionado en pedrería. El olor del incienso, la construcción gótica, los sacerdotes vestidos de blanco y sus cánticos comenzaron a llevarme a un estado muy semejante a los trances que experimentaba durante los rituales de la Tradición.
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—Y el brujo? —pregunté, acordándome de quien me había hablado la tarde anterior.
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Petrus señaló con la cabeza a un cura de mediana edad, delgado y con anteojos, sentado junto a otros monjes en los largos bancos que flanqueaban el altar mayor. ¡Un brujo que era al mismo tiempo sacerdote! Deseé que acabara pronto la misa, pero, como Petrus me había dicho el día anterior, somos nosotros los que determinamos el ritmo del tiempo: mi ansiedad hizo que la ceremonia religiosa demorara más de una hora.
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Cuando la misa acabó, Petrus me dejó solo en el banco y se retiró por la puerta por donde salieron los sacerdotes. Me quedé algún tiempo mirando la iglesia, sintiendo que debía hacer algún tipo de oración, pero no logré concentrarme en nada. Las imágenes parecían distantes, atrapadas en un pasado que no volvería más, como jamás volvería la época de oro del Camino de Santiago.
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Petrus apareció en la puerta y, sin mediar palabra, me indicó que lo siguiera. Llegamos a un jardín interior del convento, cercado por una baranda de piedra. En el centro del jardín había una fuente y, sentado en su borde, nos esperaba el cura de lentes.
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—Padre Jorge, éste es el peregrino —me presentó Petrus—.
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El sacerdote me tendió la mano y lo saludé. Ninguno dijo nada. Me quedé esperando que sucediera alguna cosa, pero sólo escuché a los gallos cantando a lo lejos y gavilanes saliendo en busca de la caza diaria. El sacerdote me miraba inexpresivamente, con una mirada muy parecida a la de Mme. Lawrence después de que dije la Palabra Antigua.
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Por fin, después de un largo y pesado silencio, el padre Jorge habló: —Al parecer subiste los escalones de la Tradición demasiado pronto, amigo.
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Respondí que ya tenía 38 años y que había realizado con éxito todas las ordalías
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(Las ordalías son pruebas rituales en las
que no sólo entra en juego la dedicación del discípulo, sino los presagios suscitados durante su ejecución..)
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—Menos una, la última y la más importante —dijo, mirándome aún inexpresivamente—. Sin la cual todo lo que aprendiste no significa nada.
—Por eso estoy recorriendo el Camino de Santiago.
—Que no es garantía de nada. Ven conmigo.
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Tumba Sancho el Fuerte y claustro Roncesvalles – joseluismartnez
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Petrus permaneció en el jardín y yo seguí al padre Jorge. Cruzamos los claustros, pasamos por el sitio en que estaba enterrado un rey —Sancho el Fuerte— y llegamos hasta una capillita, retirada del grupo de edificios principales que conformaban el monasterio de Roncesvalles.
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Adentro no había casi nada, apenas una mesa, un libro y una espada, pero no era la mía. El padre Jorge se sentó tras la mesa y me dejó de pie. Después cogió algunas hierbas, con las que atizó el fuego; el ambiente se llenó de perfume. La situación me recordaba cada vez más el encuentro con Mme. Lawrence.
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—Antes que nada voy a advertirte algo —dijo el padre Jorge—. La Ruta Jacobea es sólo uno de los cuatro caminos. Es el Camino de la Espada. Puede traerte poder, pero esto no es suficiente.
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—Cuáles son los otros tres? —Por lo menos conoces dos: el Camino de Jerusalén, que es el camino de Copas o del Grial, y te traerá la capacidad de hacer milagros; y el Camino de Roma, el camino de Bastos, que te permite la comunicación con los otros mundos.
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—Falta el camino de Oros para completar los cuatro naipes de la baraja —dije bromeando y el padre Jorge se rió. —Exactamente. Ése es el camino secreto, que si atraviesas algún día, no podrás contárselo a nadie. Por ahora vamos a dejar esto de lado. ¿Dónde están tus veneras?
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Abrí la mochila y saqué las conchas con la imagen de Nuestra Señora Aparecida. Las colocó sobre la mesa, extendió las manos sobre ellas y comenzó a concentrarse. Me pidió que hiciera lo mismo. El perfume en el aire era cada vez más intenso. Tanto el padre como yo teníamos los ojos abiertos y de repente pude percibir que estaba sucediendo el mismo fenómeno que había visto en Itatiaia: las conchas brillaban con la luz que no ilumina. El brillo fue cada vez más intenso y oí una voz misteriosa, que salía de la garganta del padre Jorge, diciendo:
—Donde estuviere tu tesoro, allí estará tu corazón.
Era una frase de la Biblia; pero la voz continuó:
—Y donde estuviere tu corazón, allí estará la cuna de la Segunda Venida de Cristo; como estas conchas, el peregrino en la Ruta Jacobea es sólo la cáscara. Al romperse la cáscara, que es vida, aparece la Vida, hecha de Ágape. Retiró las manos y las conchas dejaron de brillar. Después escribió mi nombre en el libro que estaba sobre la mesa. En todo el Camino de Santiago sólo vi tres libros donde fue escrito mi nombre: el de Mme. Lawrence, el del padre Jorge y el libro del Poder, donde más tarde yo mismo escribiría mi nombre.
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—Se acabó —dijo—. Puedes irte con la bendición de la virgen de Roncesvalles a Santiago de la Espada.
—La Ruta Jacobea está marcada con puntos amarillos, pintados por toda España —dijo el padre, cuando volvíamos al lugar donde se quedó Petrus. Si en algún momento te perdieras, busca esas marcas —en los árboles, en las piedras, en los señalamientos— y podrás encontrar un lugar seguro.
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—Tengo un buen guía.
—Pero procura contar principalmente contigo mismo, para no pasar seis días yendo y viniendo por los Pirineos.
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Quiere decir que el padre ya sabía la historia! Llegamos donde estaba Petrus y nos despedimos. Salimos de Roncesvalles en la mañana; la neblina ya había desaparecido por completo. Un camino recto y plano se abría ante nosotros, y comencé a distinguir las marcas amarillas de las que me había hablado el padre Jorge. La mochila estaba un poco más pesada porque compré una garrafa de vino en la taberna, a pesar de que Petrus me había dicho que no era necesario. A partir de Roncesvalles habría centenas de pueblecitos a lo largo del camino y muy pocas veces dormiría a la intemperie. El padre Jorge me habló de la Segunda Venida de Cristo como si fuese algo que estuviera ocurriendo ya.
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—Y siempre está ocurriendo. Ése es el secreto de tu espada.
—Además, dijiste que me encontraría con un brujo y me encontré con un cura. ¿Qué tiene que ver la magia con la Iglesia católica? Petrus dijo sólo una palabra: —Todo.
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‘El peregrino de Compostela‘ (Diario de un mago) – PAULO COELHO -
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Entrada cedida por la bitácora:
LA GRUTA DE YLADAH
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