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	<title>Comentarios en: SAINT-JEAN-PIED-DE-PORT (El inicio del Camino francés)</title>
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	<description>(la aventura del espíritu)</description>
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		<title>Por: María Camino</title>
		<link>http://elespiritudelchemin.wordpress.com/2009/06/23/saint-jean-pied-de-port-el-inicio-del-camino-frances/#comment-3462</link>
		<dc:creator>María Camino</dc:creator>
		<pubDate>Sat, 05 Dec 2009 19:22:14 +0000</pubDate>
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		<description>ESTA MUJER PARECE UNA GOZADA DE SER HUMANO.

Recomiendo al llegar a Saint Jean Pied de Port, dirigirse en primer lugar a la Oficina de atención al Peregrino (Rue de la Citadelle, 39). Está en lo alto del pueblo, así que ya vas calentando para los días que te esperan. Son muy majos, y hablan todo tipo de idiomas. Alli te sellan la credencial, te facilitan el acceso a un próximo albergue municipal y te dan información muy completa de los desniveles hasta llegar a Santiago, y cómo llegar a Roncesvalles.

El albergue se llama &quot;L´Espirit du Chemin&quot;. Está ubicado en la misma calle de la oficina, tiene varias habitaciones pequeñas mixtas y baños con y sin ducha. Bastante limpio. Tiene cocina, y cuerdas para tender la ropa. Lo mejor de este albergue para mi el patio interior que tenía con unas vistas estupendas. En este albergue conocí a un señor italiano, que iba a empezar el Camino en bicicleta, había llegado desde Milan en coche y me aposté con él una cena a que acertaba el resultado del día siguiente entre España e Italia.

Ese día, Fiesta de la Música, había algunas bandas tocando por las calles, que me recordaban a los sonidos de los chistus, tamboriles y platillos de las fiestas del País Vasco.

Una vez que ya tienes albergue y te has refrescado, aprovecha a darte un paseo por esta localidad.
Según cuenta la leyenda, Saint Jean Pied de Port, fue creada en el 716 por García Ximenez, rey de Pamplona, como enclave estratégico destinado a proteger su reino, aunque no fue hasta el siglo XII que apareció oficialmente este nombre. El nombre, se debe a su situación geográfica, a los pies de los puertos pirenaicos y a sus protectores sucesivos, San Juan el Evangelista y San Juan el Bautista.

La ciudad está rodeada por una muralla, a la cual se accede por cuatro puertas, cada una con su historia: la Puerta Notre Dame (por la que se accedía al &quot;barrio de España&quot; que se desarrollaba fuera de las murallas, por la que los peregrinos más pobres esperaban a que se les facilitara algún alimento); La Puerta de Navarra o Puerta del Mercado (en la que las personas tenían que abonar un derecho de entrada), la Puerta de Francia y la Puerta de Santiago.

http://caminofrancesporlavialactea.blogspot.com/2008/07/saint-jean-pied-de-port.html</description>
		<content:encoded><![CDATA[<p>ESTA MUJER PARECE UNA GOZADA DE SER HUMANO.</p>
<p>Recomiendo al llegar a Saint Jean Pied de Port, dirigirse en primer lugar a la Oficina de atención al Peregrino (Rue de la Citadelle, 39). Está en lo alto del pueblo, así que ya vas calentando para los días que te esperan. Son muy majos, y hablan todo tipo de idiomas. Alli te sellan la credencial, te facilitan el acceso a un próximo albergue municipal y te dan información muy completa de los desniveles hasta llegar a Santiago, y cómo llegar a Roncesvalles.</p>
<p>El albergue se llama &#8220;L´Espirit du Chemin&#8221;. Está ubicado en la misma calle de la oficina, tiene varias habitaciones pequeñas mixtas y baños con y sin ducha. Bastante limpio. Tiene cocina, y cuerdas para tender la ropa. Lo mejor de este albergue para mi el patio interior que tenía con unas vistas estupendas. En este albergue conocí a un señor italiano, que iba a empezar el Camino en bicicleta, había llegado desde Milan en coche y me aposté con él una cena a que acertaba el resultado del día siguiente entre España e Italia.</p>
<p>Ese día, Fiesta de la Música, había algunas bandas tocando por las calles, que me recordaban a los sonidos de los chistus, tamboriles y platillos de las fiestas del País Vasco.</p>
<p>Una vez que ya tienes albergue y te has refrescado, aprovecha a darte un paseo por esta localidad.<br />
Según cuenta la leyenda, Saint Jean Pied de Port, fue creada en el 716 por García Ximenez, rey de Pamplona, como enclave estratégico destinado a proteger su reino, aunque no fue hasta el siglo XII que apareció oficialmente este nombre. El nombre, se debe a su situación geográfica, a los pies de los puertos pirenaicos y a sus protectores sucesivos, San Juan el Evangelista y San Juan el Bautista.</p>
<p>La ciudad está rodeada por una muralla, a la cual se accede por cuatro puertas, cada una con su historia: la Puerta Notre Dame (por la que se accedía al &#8220;barrio de España&#8221; que se desarrollaba fuera de las murallas, por la que los peregrinos más pobres esperaban a que se les facilitara algún alimento); La Puerta de Navarra o Puerta del Mercado (en la que las personas tenían que abonar un derecho de entrada), la Puerta de Francia y la Puerta de Santiago.</p>
<p><a href="http://caminofrancesporlavialactea.blogspot.com/2008/07/saint-jean-pied-de-port.html" rel="nofollow">http://caminofrancesporlavialactea.blogspot.com/2008/07/saint-jean-pied-de-port.html</a></p>
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		<title>Por: La hospitalaria</title>
		<link>http://elespiritudelchemin.wordpress.com/2009/06/23/saint-jean-pied-de-port-el-inicio-del-camino-frances/#comment-1926</link>
		<dc:creator>La hospitalaria</dc:creator>
		<pubDate>Thu, 15 Oct 2009 22:11:57 +0000</pubDate>
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		<description>3 votos. yo también lo puntúo con 3 estrellas. Mediocre. Cierto.</description>
		<content:encoded><![CDATA[<p>3 votos. yo también lo puntúo con 3 estrellas. Mediocre. Cierto.</p>
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		<title>Por: La hospitalaria</title>
		<link>http://elespiritudelchemin.wordpress.com/2009/06/23/saint-jean-pied-de-port-el-inicio-del-camino-frances/#comment-1925</link>
		<dc:creator>La hospitalaria</dc:creator>
		<pubDate>Thu, 15 Oct 2009 22:11:07 +0000</pubDate>
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		<description>A Fecha actual en Le Mat Chemin (que ya ha tenido muchas más en otras bitácoras) 507 visualizaciones.</description>
		<content:encoded><![CDATA[<p>A Fecha actual en Le Mat Chemin (que ya ha tenido muchas más en otras bitácoras) 507 visualizaciones.</p>
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		<title>Por: La hospitalaria</title>
		<link>http://elespiritudelchemin.wordpress.com/2009/06/23/saint-jean-pied-de-port-el-inicio-del-camino-frances/#comment-1449</link>
		<dc:creator>La hospitalaria</dc:creator>
		<pubDate>Sun, 06 Sep 2009 13:09:26 +0000</pubDate>
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		<description>&lt;strong&gt;DE LA EXPERIENCIA DE ZANJAS PROFUNDAS&lt;/strong&gt;

&lt;blockquote&gt;&lt;a href=&quot;http://rossanova.blogspot.com/2007/09/camino-de-santiago-iv-estancia-en-saint.html&quot; rel=&quot;nofollow&quot;&gt;El novio de mi prima me acompañó en el topo hasta Hendaya, allí cogí otro tren hasta Bayona y después otro hasta Saint Jean. La broma salió casi por 40 euros, habiendo una distancia de 50 km entre Irún y Saint Jean por carretera (pero no había buses). Salí a las 8 de la mañana, más o menos, y llegué a las 12.

Mi intención inicial era llegar y salir andando, total ya conocía el pueblo, pues estuve con mi madre hace 3 años, cuando mi padre se hizo el Camino en bici. Sin embargo, eran 27 km y la guía decía que se tardaban 8 horas. Y no era plan de llegar a las ocho de la tarde a Roncesvalles, ya que no te da tiempo a ver nada, aunque allí haya poco que ver y ya lo conozcas. Decidí, entonces, esperar al día siguiente.

Como era novato y no sabía de qué iba la vaina, aunque me lo imaginaba (me refiero al tema de conocer gente, gente peregrina), uno llega cargado de las actitudes, miedos y complejos que constriñen su vida en la ciudad, su vida &quot;real&quot;, su pseudo-vida. De modo que me comporté como siempre me comporto, con cierto recelo a entablar conversaciones con gente desconocida, aunque por su atuendo sabía que iban al Camino, es decir, que vínculo temático existía. El recelo es máximo cuando se trata de gente extranjera, pues mi inglés es malísimo (no obstante, en este mes también se me ha quitado ese complejo, acabas hablando aunque sea mal, en realidad acabas hablando una mezcla de italoespanglis) y el tren estaba lleno de franceses (recordad que estábamos en Francia) e italianos, salvo alguno que, de nuevo por su atuendo, podías adivinar que era español: se trataba de Ángel, que llevaba una camiseta de Skizo (grupo para solo iniciados en los secretos del metal ibérico), aunque le conocí más tarde. En fin, que por gilipollas, me encontré en Saint Jean más solo que la una.

Lo primero que hice fue presentarme a los amigos de Saint Jacques, que es como se conoce a Santiago por esos lares... Por esos y por otros. Y es que en realidad el nombre de Santiago procede de Santo y de Iago, que es lo mismo que Jacob, Iacobus, Jacques, Jacobo, etc. De ahí lo de la ruta jacobea y todo lo demás. Ahora bien, lo que jamás ha de hacerse, jamás, es ser tan snob, tan pijo, o más bien pseudo-pijo, de llamar Iago a tu hijo (toma pareado), sobre todo de llamarlo a gritos por la calle, como pude oír en Muxía: &quot;¡Iago, ven aquí! ¡Iago, no hagas eso! Iago...&quot;. Petarda!!! Llámale Jacobo, y si no quieres que sus futuros compañeros hagan rimas, llámale Santiago, por muy atea que seas.

Lo segundo dejar las cosas en el albergue y buscar algo para comer. Allí todo es carísimo, de modo que seguí los consejos de la hospitalera y busqué el carreful de estambul. La hospitalera en cuestión es otro de los personajes del camino: una vieja medio loca que se pasa el día farfullando en francés (la única lengua que sabe) riñendo a los peregrinos y echándose a reír cada dos por tres; su mosqueo de ese día al parecer consistía en que no había ningún peregrino francés, solo italianos, españoles y polacos.

Compré pan, queso y salami o salchichón, mezcla que Arzak o Arguiñano jamás sacarían por televisión... Aunque vete a saber, cualquier día te aparecen con el típico plato cuadrado de los restaurantes de diseño, de enormes bordes (para tirar las copas mejor), y el bocata envuelto en papel aluminio, pero eso sí, con nombre exhuberante, nada de &quot;bocata de queso y salami&quot;, sino algo como &quot;eyaculación de dioses sobre carne mortal entre nubes&quot; o pamplinas de ese tipo. Me subí a la atalaya del pueblo y devoré el bocadillo a la sombra de algún árbol y sin camiseta mientras hambrientos turistas pasaban a mi lado con ojos ávidos (no sé si de bocata o de mi carne mortal, que tampoco estoy tan mal).

Y luego empecé a dar vueltas y vueltas por el pueblo y sus alrededores. La parte vieja del mismo consiste en una larga calle con un par de aledañas; no podría decir cuántas veces la recorrí, cuántas veces me encontré a los peregrinos que venían en el tren y más tarde conocería, especialmente a las polacas, que parecían estar en todas partes salvo en las empinadas cuestas que subían a la fortaleza. A las seis de la tarde ya estaba mareado de dar vueltas, ya no sabía qué hacer, así que como cuando se aburre el diablo mata moscas con el rabo, yo decidí matarme un poco y volver a fumar, aunque solo durante el mes que durase el Camino. Recorrí nuevamente la calle principal buscando un estanco, que por esos lares se denomina &quot;tabacs&quot;... Vale, ya iba a hacer la típica gracia sobre la diferencia y propiedad del nombre del establecimiento, menos mal que la prudencia me ha hecho consultar el diccionario; observad: &quot;Estanco: ... 3. m. Embargo o prohibición del curso y venta libre de algunas cosas, o asiento que se hace para reservar exclusivamente las ventas de mercancías o géneros, fijando los precios a que se hayan de vender&quot;. Por eso en los estancos se venden más cosas aparte del tabaco. De todos modos el Estado francés se pasa con los precios del mismo, se ve que no quiere que la gente fume, así que pillé el tabaco de liar más barato que vi: &quot;Evergreen&quot;. &quot;Mentolado&quot;, decía en letras más pequeñas cuando me paré a leerlo más tarde. &quot;Ya la he cagao, pensé&quot;. Pues no, oye, fue una nueva experiencia para mis sentidos. Le dabas una calada y tus pulmones se abrían cual flor de primavera a los vientos, es más, no te dejaba la garganta ni la nariz reseca; lo único extraño, incongruente, era el calor que pasaba a tus entrañas. Me fumé, pues, el primer cigarrillo en las murallas que quedaban justo encima del albergue, mientras espiaba los movimientos de las polacas, con una de las cuales pude cruzar algunos rudimentos de inglés al intentar mediar entre ella y la hospitalera.

Gente curiosa las polacas. Grandes mochilas cargadas de cremitas y de modelos de noche; muy guapas se ponían tras la ducha para asistir a la misa del pueblo en que estuvieran. Al cabo de tres días las pobres estaban reventadas, llenas de vendas, tobilleras, rodilleras... Pero era imposible no enamorarte de ellas, especialmente de Paulina, con sus ojos azules, su cabello rubio, su imborrable sonrisa y su indumentaria paramilitar-mamachicho (sin mangas ni perneras). Lamentablemente no nos intercambiamos los emilios, de modo que no sé si podré meter alguna foto suya. Lamentablemente, también, resultaron unas tramposas, salvo una, y saltaron de Burgos a no-se-dónde en autobús.

Ahora no solo era yo el que daba vueltas por el pueblo, como no estoy acostumbrado a fumar, también era el pueblo el que daba vueltas sobre mí. Una vez repuesto y cansado de estar sentado, salí de mi escondrijo a buscar la cena, pensando más en las polacas que en otra cosa. Vueltas y más vueltas buscando algo barato que comer. Nada. Serían cerca de las nueve de la noche, los turistas habían desaparecido y la mayor parte de las tiendas (souvenirs) habían cerrado. Decidí, entonces, repetir el menú de la mañana, &quot;eyaculación de dioses sobre carne mortal entre nubes&quot;, y me encaminé hacia el albergue. Al llegar a su puerta había un numeroso grupo de gente cargada de mochilas. Evidentemente acababan de llegar y preguntaban si había sitio.

&quot;Entonces, abajo del todo a la derecha, ¿no, señora?&quot; La voz alta, ronca y algo macarra me resultaba familiar: la imagen de Javier, con su pañuelo en la cabeza, su bastón de madera, su tripa cervecera y su inseparable cigarro, me vino a la memoria; cuando se despejó la gente, me llegó a los ojos. Un efusivo abrazo siguió a la exclamación más utilizada para estos encuentros inusuales: ¡COÑO! La conversación fue corta pues tenían que alojarse, pero nos veríamos al día siguiente. Javier es un habitual del senderismo por la sierra de Madrid y, aunque solo hayas estado con él una vez, su imagen se te queda grabada para siempre, te acuerdas de él... Y de toda su familia si te toca caminar a su lado respirando el humo de su tabaco; cabrón (sin acritud).

Entré en el albergue y estaban cenando los italianos. Sobre los mismos he de decir que no los volví a ver hasta León (día 21), en la plaza del Parador, y posteriormente en Muxía (6 de septiembre), en el albergue; a Muxía llegaron en autobús desde Santiago, el hospitalero se percató y les estaba echando; prefería el albergue vacío a que se ocupara con turistas; de nada valieron los ruegos y lloros, el hombre era inflexible. Estaban cenando paella, me dijeron que se la pidiera a la hospitalera y, con miedo, así lo hice, miedo no infundado, pues fui objeto de sus gritos en francés, tras los cuales llegaron sus consabidas risas y el plato con paella, previo paso por el microondas. La paella estaba de muerte, abuela, así que reviví en mis carnes el clásico de la fabada Litoral, solo que esta vez con paella Carreful. ¿A qué tendría yo que felicitar a esa vieja loca?

Tras la cena salimos fuera y fue entonces, en la calle vacía de turistas y paisanos, ya de noche, cuando los peregrinos, únicos pobladores, empezamos a conocernos, aunque durante poquito tiempo, pues a las diez cerraban las puertas del albergue para descansar, que el día siguiente sería duro. Lo de descansar es, por supuesto, mera palabrería; en primer lugar porque tampoco estábamos tan cansados (la palabra cansancio adquiere nuevas connotaciones después de haber recorrido varias etapas del Camino); en segundo lugar porque, sabido es de todo el mundo, que el primer día de viaje nunca se duerme bien.&lt;/a&gt;
&lt;/blockquote&gt;



http://rossanova.blogspot.com/2007/09/camino-de-santiago-iv-estancia-en-saint.html</description>
		<content:encoded><![CDATA[<p><strong>DE LA EXPERIENCIA DE ZANJAS PROFUNDAS</strong></p>
<blockquote><p><a href="http://rossanova.blogspot.com/2007/09/camino-de-santiago-iv-estancia-en-saint.html" rel="nofollow">El novio de mi prima me acompañó en el topo hasta Hendaya, allí cogí otro tren hasta Bayona y después otro hasta Saint Jean. La broma salió casi por 40 euros, habiendo una distancia de 50 km entre Irún y Saint Jean por carretera (pero no había buses). Salí a las 8 de la mañana, más o menos, y llegué a las 12.</p>
<p>Mi intención inicial era llegar y salir andando, total ya conocía el pueblo, pues estuve con mi madre hace 3 años, cuando mi padre se hizo el Camino en bici. Sin embargo, eran 27 km y la guía decía que se tardaban 8 horas. Y no era plan de llegar a las ocho de la tarde a Roncesvalles, ya que no te da tiempo a ver nada, aunque allí haya poco que ver y ya lo conozcas. Decidí, entonces, esperar al día siguiente.</p>
<p>Como era novato y no sabía de qué iba la vaina, aunque me lo imaginaba (me refiero al tema de conocer gente, gente peregrina), uno llega cargado de las actitudes, miedos y complejos que constriñen su vida en la ciudad, su vida &#8220;real&#8221;, su pseudo-vida. De modo que me comporté como siempre me comporto, con cierto recelo a entablar conversaciones con gente desconocida, aunque por su atuendo sabía que iban al Camino, es decir, que vínculo temático existía. El recelo es máximo cuando se trata de gente extranjera, pues mi inglés es malísimo (no obstante, en este mes también se me ha quitado ese complejo, acabas hablando aunque sea mal, en realidad acabas hablando una mezcla de italoespanglis) y el tren estaba lleno de franceses (recordad que estábamos en Francia) e italianos, salvo alguno que, de nuevo por su atuendo, podías adivinar que era español: se trataba de Ángel, que llevaba una camiseta de Skizo (grupo para solo iniciados en los secretos del metal ibérico), aunque le conocí más tarde. En fin, que por gilipollas, me encontré en Saint Jean más solo que la una.</p>
<p>Lo primero que hice fue presentarme a los amigos de Saint Jacques, que es como se conoce a Santiago por esos lares&#8230; Por esos y por otros. Y es que en realidad el nombre de Santiago procede de Santo y de Iago, que es lo mismo que Jacob, Iacobus, Jacques, Jacobo, etc. De ahí lo de la ruta jacobea y todo lo demás. Ahora bien, lo que jamás ha de hacerse, jamás, es ser tan snob, tan pijo, o más bien pseudo-pijo, de llamar Iago a tu hijo (toma pareado), sobre todo de llamarlo a gritos por la calle, como pude oír en Muxía: &#8220;¡Iago, ven aquí! ¡Iago, no hagas eso! Iago&#8230;&#8221;. Petarda!!! Llámale Jacobo, y si no quieres que sus futuros compañeros hagan rimas, llámale Santiago, por muy atea que seas.</p>
<p>Lo segundo dejar las cosas en el albergue y buscar algo para comer. Allí todo es carísimo, de modo que seguí los consejos de la hospitalera y busqué el carreful de estambul. La hospitalera en cuestión es otro de los personajes del camino: una vieja medio loca que se pasa el día farfullando en francés (la única lengua que sabe) riñendo a los peregrinos y echándose a reír cada dos por tres; su mosqueo de ese día al parecer consistía en que no había ningún peregrino francés, solo italianos, españoles y polacos.</p>
<p>Compré pan, queso y salami o salchichón, mezcla que Arzak o Arguiñano jamás sacarían por televisión&#8230; Aunque vete a saber, cualquier día te aparecen con el típico plato cuadrado de los restaurantes de diseño, de enormes bordes (para tirar las copas mejor), y el bocata envuelto en papel aluminio, pero eso sí, con nombre exhuberante, nada de &#8220;bocata de queso y salami&#8221;, sino algo como &#8220;eyaculación de dioses sobre carne mortal entre nubes&#8221; o pamplinas de ese tipo. Me subí a la atalaya del pueblo y devoré el bocadillo a la sombra de algún árbol y sin camiseta mientras hambrientos turistas pasaban a mi lado con ojos ávidos (no sé si de bocata o de mi carne mortal, que tampoco estoy tan mal).</p>
<p>Y luego empecé a dar vueltas y vueltas por el pueblo y sus alrededores. La parte vieja del mismo consiste en una larga calle con un par de aledañas; no podría decir cuántas veces la recorrí, cuántas veces me encontré a los peregrinos que venían en el tren y más tarde conocería, especialmente a las polacas, que parecían estar en todas partes salvo en las empinadas cuestas que subían a la fortaleza. A las seis de la tarde ya estaba mareado de dar vueltas, ya no sabía qué hacer, así que como cuando se aburre el diablo mata moscas con el rabo, yo decidí matarme un poco y volver a fumar, aunque solo durante el mes que durase el Camino. Recorrí nuevamente la calle principal buscando un estanco, que por esos lares se denomina &#8220;tabacs&#8221;&#8230; Vale, ya iba a hacer la típica gracia sobre la diferencia y propiedad del nombre del establecimiento, menos mal que la prudencia me ha hecho consultar el diccionario; observad: &#8220;Estanco: &#8230; 3. m. Embargo o prohibición del curso y venta libre de algunas cosas, o asiento que se hace para reservar exclusivamente las ventas de mercancías o géneros, fijando los precios a que se hayan de vender&#8221;. Por eso en los estancos se venden más cosas aparte del tabaco. De todos modos el Estado francés se pasa con los precios del mismo, se ve que no quiere que la gente fume, así que pillé el tabaco de liar más barato que vi: &#8220;Evergreen&#8221;. &#8220;Mentolado&#8221;, decía en letras más pequeñas cuando me paré a leerlo más tarde. &#8220;Ya la he cagao, pensé&#8221;. Pues no, oye, fue una nueva experiencia para mis sentidos. Le dabas una calada y tus pulmones se abrían cual flor de primavera a los vientos, es más, no te dejaba la garganta ni la nariz reseca; lo único extraño, incongruente, era el calor que pasaba a tus entrañas. Me fumé, pues, el primer cigarrillo en las murallas que quedaban justo encima del albergue, mientras espiaba los movimientos de las polacas, con una de las cuales pude cruzar algunos rudimentos de inglés al intentar mediar entre ella y la hospitalera.</p>
<p>Gente curiosa las polacas. Grandes mochilas cargadas de cremitas y de modelos de noche; muy guapas se ponían tras la ducha para asistir a la misa del pueblo en que estuvieran. Al cabo de tres días las pobres estaban reventadas, llenas de vendas, tobilleras, rodilleras&#8230; Pero era imposible no enamorarte de ellas, especialmente de Paulina, con sus ojos azules, su cabello rubio, su imborrable sonrisa y su indumentaria paramilitar-mamachicho (sin mangas ni perneras). Lamentablemente no nos intercambiamos los emilios, de modo que no sé si podré meter alguna foto suya. Lamentablemente, también, resultaron unas tramposas, salvo una, y saltaron de Burgos a no-se-dónde en autobús.</p>
<p>Ahora no solo era yo el que daba vueltas por el pueblo, como no estoy acostumbrado a fumar, también era el pueblo el que daba vueltas sobre mí. Una vez repuesto y cansado de estar sentado, salí de mi escondrijo a buscar la cena, pensando más en las polacas que en otra cosa. Vueltas y más vueltas buscando algo barato que comer. Nada. Serían cerca de las nueve de la noche, los turistas habían desaparecido y la mayor parte de las tiendas (souvenirs) habían cerrado. Decidí, entonces, repetir el menú de la mañana, &#8220;eyaculación de dioses sobre carne mortal entre nubes&#8221;, y me encaminé hacia el albergue. Al llegar a su puerta había un numeroso grupo de gente cargada de mochilas. Evidentemente acababan de llegar y preguntaban si había sitio.</p>
<p>&#8220;Entonces, abajo del todo a la derecha, ¿no, señora?&#8221; La voz alta, ronca y algo macarra me resultaba familiar: la imagen de Javier, con su pañuelo en la cabeza, su bastón de madera, su tripa cervecera y su inseparable cigarro, me vino a la memoria; cuando se despejó la gente, me llegó a los ojos. Un efusivo abrazo siguió a la exclamación más utilizada para estos encuentros inusuales: ¡COÑO! La conversación fue corta pues tenían que alojarse, pero nos veríamos al día siguiente. Javier es un habitual del senderismo por la sierra de Madrid y, aunque solo hayas estado con él una vez, su imagen se te queda grabada para siempre, te acuerdas de él&#8230; Y de toda su familia si te toca caminar a su lado respirando el humo de su tabaco; cabrón (sin acritud).</p>
<p>Entré en el albergue y estaban cenando los italianos. Sobre los mismos he de decir que no los volví a ver hasta León (día 21), en la plaza del Parador, y posteriormente en Muxía (6 de septiembre), en el albergue; a Muxía llegaron en autobús desde Santiago, el hospitalero se percató y les estaba echando; prefería el albergue vacío a que se ocupara con turistas; de nada valieron los ruegos y lloros, el hombre era inflexible. Estaban cenando paella, me dijeron que se la pidiera a la hospitalera y, con miedo, así lo hice, miedo no infundado, pues fui objeto de sus gritos en francés, tras los cuales llegaron sus consabidas risas y el plato con paella, previo paso por el microondas. La paella estaba de muerte, abuela, así que reviví en mis carnes el clásico de la fabada Litoral, solo que esta vez con paella Carreful. ¿A qué tendría yo que felicitar a esa vieja loca?</p>
<p>Tras la cena salimos fuera y fue entonces, en la calle vacía de turistas y paisanos, ya de noche, cuando los peregrinos, únicos pobladores, empezamos a conocernos, aunque durante poquito tiempo, pues a las diez cerraban las puertas del albergue para descansar, que el día siguiente sería duro. Lo de descansar es, por supuesto, mera palabrería; en primer lugar porque tampoco estábamos tan cansados (la palabra cansancio adquiere nuevas connotaciones después de haber recorrido varias etapas del Camino); en segundo lugar porque, sabido es de todo el mundo, que el primer día de viaje nunca se duerme bien.</a>
</p></blockquote>
<p><a href="http://rossanova.blogspot.com/2007/09/camino-de-santiago-iv-estancia-en-saint.html" rel="nofollow">http://rossanova.blogspot.com/2007/09/camino-de-santiago-iv-estancia-en-saint.html</a></p>
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		<title>Por: María Camino</title>
		<link>http://elespiritudelchemin.wordpress.com/2009/06/23/saint-jean-pied-de-port-el-inicio-del-camino-frances/#comment-924</link>
		<dc:creator>María Camino</dc:creator>
		<pubDate>Mon, 10 Aug 2009 21:28:56 +0000</pubDate>
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		<description>&lt;strong&gt;DEL DIARIO CON EL DIARIO CON EL QUE HE DADO HOY Y QUE ME PARECE QUE ME VA A FASCINAR...&lt;/strong&gt;

&lt;blockquote&gt;&lt;a href=&quot;http://ultreiafinisterre.blogspot.com/&quot; rel=&quot;nofollow&quot;&gt;01 - De Barajas a Saint Jean

Notas de viaje, domingo 23 de julio de 2000.

Aeropuerto de Barajas.
Es enorme, bastante más que el de Ezeisa en Buenos Aires. De una terminal a otra hay que tomar un autobús. Se ve todo tipo de gente, occidentales de todas partes de Europa (muchos alemanes), americanos, orientales (japoneses en mayoría), y muchos árabes con sus mujeres de cabeza cubierta y mirada discreta. Es un aeropuerto moderno y nuestro primer contacto con españoles en la madre patria, simpáticos, bulliciosos, y de hablar muy cómico (me fascina el acento). Estuvimos deambulando de acá para allá, cambiamos dólares a pesetas, compramos un par de coca-colas y unos &quot;bocadillos&quot; (sándwichs en mini-baguettes) de jamón y queso, recorrimos los freeshops, compré un par de lentes de sol que me faltaban y dos postales.

Desde un teléfono público llamamos al taxista de la guía, Pedro Telechea. Nos dijo que el precio por llevarnos de Roncesvalles a Saint Jean de Pied de Port era de 3500 &quot;pelas&quot;, que lo llamáramos al llegar a Pamplona, que podía irnos a buscar y que nos conseguiría alojamiento en Roncesvalles para ir al otro día a Saint Jean. Quedamos en llamarlo al llegar a Pamplona. Escribimos las postales, y esperamos el avión que nos llevaría a Pamplona.
El viaje hasta Pamplona duró poco más de media hora y la vista de una campiña madrileña bajo el sol de la mañana lo hizo muy agradable.

El aeropuerto de Pamplona (Iruña en euskera) es muy pequeño - diminuto- y por primera vez nos vimos sobre suelo español con nuestras mochilas, bordones, sombreros y chalecos de peregrinos. La gente se sonreía al vernos pasar. En la cafetería del lugar comimos unos snacks y despachamos un par de Cardhu servidos en proporciones acordes a la generosidad del mozo - que no era poca -. Llamamos a Pedro varias veces durante la siguiente hora, hasta que finalmente conseguimos comunicarnos con él en su móvil, nos dijo que había tenido algún problema en la mañana (&quot;... es que he tenido unos disgustos tremendos...&quot;, que nunca supimos cuales fueron) y nos dio el teléfono de un colega que nos recogería en Pamplona para llevarnos hasta Roncesvalles. El nuevo taxista, un tal Baltazar, a quien Martín apodaría Gibraltar - o simplemente Gibra - , se convertiría en uno de los pillos más simpáticos de esta aventura que recién comenzaba a ponerse en marcha.

Llamamos a Gibra, quien contestó al toque, y sin esperar que le preguntáramos el precio siquiera nos dijo &quot;... salgo para ahí enseguida, ya estoy allí... &quot; Llegó en un mercedito 230 CI reluciente, nos presentamos, cargamos mochilas y bordones, y salimos para Roncesvalles. En principio nos llevaría por unas 7800 &quot;pelas&quot;, “… precio de feriado, pero con descuento para peregrino...”, unos 46 dólares. Durante el viaje conversamos de todo un poco, del trabajo, del Camino, de los turistas, de Uruguay y de España, mientras la sinuosa ruta trepaba la montaña en medio del fantástico paisaje Navarro. Una ruta que discurría entre valles de arroyos cristalinos e interminables bosques de robles, hayas, almendros, castaños, avellanos, y helechos enormes, donde según Gibra abundan los jabalíes y los cotos de caza públicos y privados. El corazón se me aceleró cuando vi por primera vez un cartel en la ruta indicando &quot;Camino de Santiago&quot;, letras amarillas y vieira del mismo color sobre fondo azul. El Camino, el sueño tantas veces tan lejano empezaba a hacerse realidad en un día de sol radiante sobre los bosques celtas del Pirineo Navarro.

Gibraltar volvió a ofrecernos (por tercera vez) llevarnos hasta “San Juan de Piepor …” por apenas (!!) 12000 pesetas, un par de miradas con Martín y nuestra ansiedad terminaron por decidir que esa noche la pasaríamos en Saint Jean. Sentí la emoción crecer otro poco dentro de mío.
Finalmente, luego de una hora más o menos, entramos en Saint Jean de Pied de Port. Este se mostró como un pueblo bastante más grande de lo esperado (unos 10000 hab.), bastante más llano de lo esperado (apenas 150 metros sobre el nivel del mar), y con mucha más gente de lo esperado. Hoy es domingo (23 de julio) y aparentemente es un lugar de veraneo o algo así. De pronto, casi sin aviso comenzó a llover. Saint Jean nos daba la bienvenida de una forma muy pirenaica, como comprobaríamos un par de días más tarde.
Gibra se estacionó encima de la vereda – pese a las airadas protestas de un par de turistas que debieron correrse rápidamente para evitar el coche - y descendimos a buscar hotel. Martín se quedó en el coche, haciendo sus primeras grabaciones y divirtiéndose a costillas mías - según me enteraría esa noche-.
Recorrimos varios hoteles y no encontramos lugar en ninguno. Finalmente encontramos uno – el Ramuntcho – que nos ofrecía una habitación por unos 360 francos (aproximadamente 60 dólares), pero me pareció demasiado para el primer día y seguimos buscando.
Entramos por una estrecha callejuela medieval al casco viejo de la ciudad y luego de un par de vueltas dimos con la casa de una señora que alquilaba habitaciones para peregrinos, la señora no estaba pero nos atendió su hija, una simpática francesita que preocupada por nuestro destino, ya que no tenía ninguna habitación libre, hizo varias llamadas y nos consiguió una en una casa en la entrada a Saint Jean, la casa de Mme. Etchegoine.

Mme. Etchegoine resultó ser una agradable señora canosa, delgada y de una edad indefinida (setenta y algo probablemente) que alquilaba habitaciones para peregrinos a 75 francos la cama. Nos quedamos.
Es una casa antigua - como la mayoría en esta parte del pueblo – y antigua en los Pirineos significa centenares de años. La &quot;chambre&quot; está muy de acuerdo con el estilo de la casa, un armario de viejísimo roble labrado, una cama de madera de avellano maciza y una especie de lavatorio con lavabo y bidet en una de las paredes de la habitación discretamente disimulado detrás de un espeso cortinaje de terciopelo rojo. Las paredes, empapeladas con un diseño de flores típicas del lugar completaban el decorado de nuestra “chambre”. El primer piso, de gruesas tablas de abeto asentado encima de cuatro robustas vigas de pino, se sostenía sobre un enorme y añoso tronco de roble de más de medio metro de lado.

Una vez dejadas las mochilas y pagado a &quot;Gibra&quot; sus 2400 duros (un duro son cinco pelas), salimos a recorrer St. Jean, y descubrimos un pueblito precioso y encantador.
Un río de aguas transparentes y cantos rodados, repleto de grandes truchas de montaña, cruza el pueblo de este a oeste, se trata de La Nive, orgullo de la ciudad. El pueblo tiene su ciudadela y casco antiguo, las murallas datan del 1600 y dentro de la fortificación se descubre el St. Jean medieval, con angostas callejuelas adoquinadas, casas de piedra, madera, y tejas de barro cocido, de los siglos XIII al XVII, con blasones familiares labrados sobre sus pórticos. Allí en el casco antiguo se encuentra la iglesia de Saint Jacques (1300 y algo), la calle de Saint Jacques, la puerta de Saint Jacques, la asociación&quot;Les Amis du Chemin de Saint Jacques - Pyrénées Atlantiques&quot;, el museo de la Baja Navarra en la antigua &quot;Prison des Eveques&quot; y la casa de Mme. Lawrence del libro de Coehlo. 

Los productos de la región llaman la atención: telas, mantas, artesanías, y por supuesto quesos y jamones de todo tipo, aunque todo es carísimo - y solo aceptan francos franceses o pesetas (dólares ni ahí) -.
Llovió varias veces en la tarde, lluvias fuertes y de gotas gruesas, pero de poca duración, en quince o veinte minutos volvía a salir el sol. Después de dar algunas vueltas, volvimos a lo de Mme. Etchegoine, nos bañamos, nos cambiamos y salimos nuevamente. Todos los servicios básicos (banco, correo, cambios, etc.) están cerrados por ser domingo. Sacamos fotos (yo terminé mi primer rollo), nos regalamos una disfrutable cena en un restaurant a orillas de La Nive, paté al champagne, cerdo con salsa basquoise y helado (que curiosamente lo preparan entre dos capas de biscochuelo), todo por un menú económico (!!) de 95 francos que no incluía bebida -, aprovechamos la ocasión para probar nuestras tarjetas de crédito y todo OK -. Luego buscamos un lugar para hablar por teléfono, eran las 11:00 de la noche aprox. y finalmente conseguimos comunicación en la recepción del Hotel de Pyrénées Atlantiques de la cadena Relais et Chateaux, hablé con Ana 3 minutos por unos 35 francos y me encantó escuchar su voz. Después de la llamada nos fuimos a acostar. Esta será nuestra primer noche en lo de Mme. Etchegoine y en St. Jean, nuestra primer noche al comienzo del Camino de la Estrella. 

Notas de viaje, lunes 24 de julio de 2000.

Nos despertamos tarde, a las 11:30, realmente estábamos rendidos por el cruce en avión. Hacía algo de calor - 25ºC - y de jeans y remerita salimos a recorrer Saint Jean. Todo el pueblo estaba lleno de turistas y tiendas de ropa, artesanías y demás. Parece que me equivoqué cuando anoche dije que por ser lunes íbamos a ver un Saint Jean más tranquilo. Es 24/07, estamos en la semana del apóstol, o sea que como en casi todos los pueblos de campaña, cuando es fiesta local hay joda toda la semana. Debe de haber al menos el doble de gente que ayer. Recorrimos la ciudadela con sus murallas de granito negro, el casco viejo con sus adoquinadas callejuelas medievales y sus casas de casi mil años habitadas por uno de los pueblos más antiguos y enigmáticos de Europa. Sacamos algunas fotos, la &quot;Porte du Roy&quot;, la &quot;Porte de Saint Jacques&quot;, el valle y demás.

Fuimos a sacar nuestras credenciales de peregrinos y a registrarnos como tales, en el numero 39 de la rue de la Citadelle. La persona que nos recibió, una agradable francesa de unos cuarenta años, luego de darnos algunos consejos, un par de pines, y sorprenderse de que viniéramos de tan lejos, nos despidió entre sonrisas y palabras de aliento.

Luego paramos a comer alguna cosa en un bar sobre la plaza del pueblo, dos sándwichs de jamón serrano y queso de oveja, que eran casi media &quot;baguette&quot; cada uno y dos Pepsi (82 F y sumando).
Satisfechos nuestros estómagos, seguimos recorriendo el casco viejo, visitamos la iglesia de Saint Jacques en donde recé por primera vez en mucho tiempo. Antes de retirarnos, encendímos un par de cirios blancos y dejamos un óbolo de 1000 ptas. Luego buscamos el correo, compramos fruta en la feria del pueblo, buscamos el correo, compramos agua, buscamos el correo, compramos algunas postales, buscamos el correo, compramos una tarjeta de teléfono y tabaco, buscamos el correo y nos encontramos con una encantadora señora vecina de Saint Jean, quien se ofreció a indicarnos donde estaba &quot;La Poste&quot;, y que resultó conocer no solo Uruguay, sino también Montevideo, donde su abuela había decidido vivir sus últimos días junto al amor de su vida en un lugar que había definido como &quot;una maravilla&quot;. Fue la primer casualidad del camino. No sería la última sin embargo, ni la más sorprendente. Luego de separarnos en la parada del autobús, seguimos sus indicaciones y encontramos el correo. La placa de bronce en la puerta indicaba que el horario finalizaba a las 17:00 hs, mi reloj indicaba las 17:05, ergo esta cerrado. No pudimos enviar ni las postales ni mi carta. Trataremos de hacerlo desde Pamplona dentro de un par de días.

De vuelta en lo de Mme. Etchegoine nos cruzamos un carrito de churros - tal cual los del Parque Rodó - y nos topamos con los famosos vascones. Parecen sacados de una caricatura de Quino, de baja estatura, piernas fuertes y algo arqueadas, torso grueso y manos robustas, rostro rubicundo y bronceado , nariz de boxeador, orejas desmedidas, y un espeso par de cejas que cruzan horizontal e ininterrumpidamente de una sien a otra, cuya finalidad, más allá de darles un aire extraordinariamente obcecado, parecería ser la de sostener la legendaria boina vasca. Achaparrados físicamente, no lo son en sus relaciones, que desbordan de gritos, risotadas, y demás exclamaciones por el estilo.
Una vez en la pensión le pedimos a Mme. Echegoine que nos levantara a las 05:30 y nos contestó que no había problema, que estaba acostumbrada a despertar peregrinos y que nos prepararía el desayuno por 20 F cada uno.
Dejamos las cosas en la habitación, nos duchamos y salimos a cenar. Comimos un par de sabrosas aunque ridículamente delgadas pizzas, con jamón, champiñones, aceitunas y muzzarella, todo regado con un aceptable tinto de la casa. Volvimos a la habitación, preparamos las cosas para mañana en la mañana. Se siente la excitación en el cuerpo, esta tarde le comentaba a Martín que habíamos planificados meses, cruzado un océano, conocido un nuevo continente, visitado Saint Jean, y aún no habíamos puesto un sólo pie en el polvo del camino...
Salimos de la habitación a las 00:30 para hablar por teléfono. Llamé a Ana pero no tuve suerte. Llamé a casa y hablé con papá - todo ok por el barrio -. Me quedé con ganas de escuchar la voz de la “chamita ”. Volvimos a la habitación y Martín se acostó a dormir y yo a escribir unas líneas en este improvisado diario de viaje. Mi reloj marca la 01:45, tengo que levantarme a las 05:30, pero no puedo dormirme… Mañana vamos a dar el primer verdadero paso en el Camino. Mañana es el día del apóstol Santiago. Mañana uno de mis sueños comenzará a hacerse realidad en uno de los días más importantes de mi vida. Mañana empezaré a hacerme preguntas viejas y a buscar respuestas nuevas. Mañana comienza un Camino que nos llevará hasta Santiago de Compostela, (y, aunque apenas lo intuía en ese momento, también hasta muy dentro de nosotos mismos). Mañana pisaremos por vez primera el &quot;Camino de la Estrella&quot;.
Mañana…, Dios dirá. 

Nota1:
Costó un poco que entendieran mi francés, hasta que me di cuenta de que era porque hablaba bajo, todo el mundo grita (y te repiten las frases dos o tres veces) como para ver si eres tonto o qué.

Nota2:
He visto por todas partes diversos símbolos celtas que desconozco, en particular uno parecido a una cruz gamada que no sé que significa.&lt;/a&gt;
&lt;/blockquote&gt;


http://ultreiafinisterre.blogspot.com/</description>
		<content:encoded><![CDATA[<p><strong>DEL DIARIO CON EL DIARIO CON EL QUE HE DADO HOY Y QUE ME PARECE QUE ME VA A FASCINAR&#8230;</strong></p>
<blockquote><p><a href="http://ultreiafinisterre.blogspot.com/" rel="nofollow">01 &#8211; De Barajas a Saint Jean</p>
<p>Notas de viaje, domingo 23 de julio de 2000.</p>
<p>Aeropuerto de Barajas.<br />
Es enorme, bastante más que el de Ezeisa en Buenos Aires. De una terminal a otra hay que tomar un autobús. Se ve todo tipo de gente, occidentales de todas partes de Europa (muchos alemanes), americanos, orientales (japoneses en mayoría), y muchos árabes con sus mujeres de cabeza cubierta y mirada discreta. Es un aeropuerto moderno y nuestro primer contacto con españoles en la madre patria, simpáticos, bulliciosos, y de hablar muy cómico (me fascina el acento). Estuvimos deambulando de acá para allá, cambiamos dólares a pesetas, compramos un par de coca-colas y unos &#8220;bocadillos&#8221; (sándwichs en mini-baguettes) de jamón y queso, recorrimos los freeshops, compré un par de lentes de sol que me faltaban y dos postales.</p>
<p>Desde un teléfono público llamamos al taxista de la guía, Pedro Telechea. Nos dijo que el precio por llevarnos de Roncesvalles a Saint Jean de Pied de Port era de 3500 &#8220;pelas&#8221;, que lo llamáramos al llegar a Pamplona, que podía irnos a buscar y que nos conseguiría alojamiento en Roncesvalles para ir al otro día a Saint Jean. Quedamos en llamarlo al llegar a Pamplona. Escribimos las postales, y esperamos el avión que nos llevaría a Pamplona.<br />
El viaje hasta Pamplona duró poco más de media hora y la vista de una campiña madrileña bajo el sol de la mañana lo hizo muy agradable.</p>
<p>El aeropuerto de Pamplona (Iruña en euskera) es muy pequeño &#8211; diminuto- y por primera vez nos vimos sobre suelo español con nuestras mochilas, bordones, sombreros y chalecos de peregrinos. La gente se sonreía al vernos pasar. En la cafetería del lugar comimos unos snacks y despachamos un par de Cardhu servidos en proporciones acordes a la generosidad del mozo &#8211; que no era poca -. Llamamos a Pedro varias veces durante la siguiente hora, hasta que finalmente conseguimos comunicarnos con él en su móvil, nos dijo que había tenido algún problema en la mañana (&#8220;&#8230; es que he tenido unos disgustos tremendos&#8230;&#8221;, que nunca supimos cuales fueron) y nos dio el teléfono de un colega que nos recogería en Pamplona para llevarnos hasta Roncesvalles. El nuevo taxista, un tal Baltazar, a quien Martín apodaría Gibraltar &#8211; o simplemente Gibra &#8211; , se convertiría en uno de los pillos más simpáticos de esta aventura que recién comenzaba a ponerse en marcha.</p>
<p>Llamamos a Gibra, quien contestó al toque, y sin esperar que le preguntáramos el precio siquiera nos dijo &#8220;&#8230; salgo para ahí enseguida, ya estoy allí&#8230; &#8221; Llegó en un mercedito 230 CI reluciente, nos presentamos, cargamos mochilas y bordones, y salimos para Roncesvalles. En principio nos llevaría por unas 7800 &#8220;pelas&#8221;, “… precio de feriado, pero con descuento para peregrino&#8230;”, unos 46 dólares. Durante el viaje conversamos de todo un poco, del trabajo, del Camino, de los turistas, de Uruguay y de España, mientras la sinuosa ruta trepaba la montaña en medio del fantástico paisaje Navarro. Una ruta que discurría entre valles de arroyos cristalinos e interminables bosques de robles, hayas, almendros, castaños, avellanos, y helechos enormes, donde según Gibra abundan los jabalíes y los cotos de caza públicos y privados. El corazón se me aceleró cuando vi por primera vez un cartel en la ruta indicando &#8220;Camino de Santiago&#8221;, letras amarillas y vieira del mismo color sobre fondo azul. El Camino, el sueño tantas veces tan lejano empezaba a hacerse realidad en un día de sol radiante sobre los bosques celtas del Pirineo Navarro.</p>
<p>Gibraltar volvió a ofrecernos (por tercera vez) llevarnos hasta “San Juan de Piepor …” por apenas (!!) 12000 pesetas, un par de miradas con Martín y nuestra ansiedad terminaron por decidir que esa noche la pasaríamos en Saint Jean. Sentí la emoción crecer otro poco dentro de mío.<br />
Finalmente, luego de una hora más o menos, entramos en Saint Jean de Pied de Port. Este se mostró como un pueblo bastante más grande de lo esperado (unos 10000 hab.), bastante más llano de lo esperado (apenas 150 metros sobre el nivel del mar), y con mucha más gente de lo esperado. Hoy es domingo (23 de julio) y aparentemente es un lugar de veraneo o algo así. De pronto, casi sin aviso comenzó a llover. Saint Jean nos daba la bienvenida de una forma muy pirenaica, como comprobaríamos un par de días más tarde.<br />
Gibra se estacionó encima de la vereda – pese a las airadas protestas de un par de turistas que debieron correrse rápidamente para evitar el coche &#8211; y descendimos a buscar hotel. Martín se quedó en el coche, haciendo sus primeras grabaciones y divirtiéndose a costillas mías &#8211; según me enteraría esa noche-.<br />
Recorrimos varios hoteles y no encontramos lugar en ninguno. Finalmente encontramos uno – el Ramuntcho – que nos ofrecía una habitación por unos 360 francos (aproximadamente 60 dólares), pero me pareció demasiado para el primer día y seguimos buscando.<br />
Entramos por una estrecha callejuela medieval al casco viejo de la ciudad y luego de un par de vueltas dimos con la casa de una señora que alquilaba habitaciones para peregrinos, la señora no estaba pero nos atendió su hija, una simpática francesita que preocupada por nuestro destino, ya que no tenía ninguna habitación libre, hizo varias llamadas y nos consiguió una en una casa en la entrada a Saint Jean, la casa de Mme. Etchegoine.</p>
<p>Mme. Etchegoine resultó ser una agradable señora canosa, delgada y de una edad indefinida (setenta y algo probablemente) que alquilaba habitaciones para peregrinos a 75 francos la cama. Nos quedamos.<br />
Es una casa antigua &#8211; como la mayoría en esta parte del pueblo – y antigua en los Pirineos significa centenares de años. La &#8220;chambre&#8221; está muy de acuerdo con el estilo de la casa, un armario de viejísimo roble labrado, una cama de madera de avellano maciza y una especie de lavatorio con lavabo y bidet en una de las paredes de la habitación discretamente disimulado detrás de un espeso cortinaje de terciopelo rojo. Las paredes, empapeladas con un diseño de flores típicas del lugar completaban el decorado de nuestra “chambre”. El primer piso, de gruesas tablas de abeto asentado encima de cuatro robustas vigas de pino, se sostenía sobre un enorme y añoso tronco de roble de más de medio metro de lado.</p>
<p>Una vez dejadas las mochilas y pagado a &#8220;Gibra&#8221; sus 2400 duros (un duro son cinco pelas), salimos a recorrer St. Jean, y descubrimos un pueblito precioso y encantador.<br />
Un río de aguas transparentes y cantos rodados, repleto de grandes truchas de montaña, cruza el pueblo de este a oeste, se trata de La Nive, orgullo de la ciudad. El pueblo tiene su ciudadela y casco antiguo, las murallas datan del 1600 y dentro de la fortificación se descubre el St. Jean medieval, con angostas callejuelas adoquinadas, casas de piedra, madera, y tejas de barro cocido, de los siglos XIII al XVII, con blasones familiares labrados sobre sus pórticos. Allí en el casco antiguo se encuentra la iglesia de Saint Jacques (1300 y algo), la calle de Saint Jacques, la puerta de Saint Jacques, la asociación&#8221;Les Amis du Chemin de Saint Jacques &#8211; Pyrénées Atlantiques&#8221;, el museo de la Baja Navarra en la antigua &#8220;Prison des Eveques&#8221; y la casa de Mme. Lawrence del libro de Coehlo. </p>
<p>Los productos de la región llaman la atención: telas, mantas, artesanías, y por supuesto quesos y jamones de todo tipo, aunque todo es carísimo &#8211; y solo aceptan francos franceses o pesetas (dólares ni ahí) -.<br />
Llovió varias veces en la tarde, lluvias fuertes y de gotas gruesas, pero de poca duración, en quince o veinte minutos volvía a salir el sol. Después de dar algunas vueltas, volvimos a lo de Mme. Etchegoine, nos bañamos, nos cambiamos y salimos nuevamente. Todos los servicios básicos (banco, correo, cambios, etc.) están cerrados por ser domingo. Sacamos fotos (yo terminé mi primer rollo), nos regalamos una disfrutable cena en un restaurant a orillas de La Nive, paté al champagne, cerdo con salsa basquoise y helado (que curiosamente lo preparan entre dos capas de biscochuelo), todo por un menú económico (!!) de 95 francos que no incluía bebida -, aprovechamos la ocasión para probar nuestras tarjetas de crédito y todo OK -. Luego buscamos un lugar para hablar por teléfono, eran las 11:00 de la noche aprox. y finalmente conseguimos comunicación en la recepción del Hotel de Pyrénées Atlantiques de la cadena Relais et Chateaux, hablé con Ana 3 minutos por unos 35 francos y me encantó escuchar su voz. Después de la llamada nos fuimos a acostar. Esta será nuestra primer noche en lo de Mme. Etchegoine y en St. Jean, nuestra primer noche al comienzo del Camino de la Estrella. </p>
<p>Notas de viaje, lunes 24 de julio de 2000.</p>
<p>Nos despertamos tarde, a las 11:30, realmente estábamos rendidos por el cruce en avión. Hacía algo de calor &#8211; 25ºC &#8211; y de jeans y remerita salimos a recorrer Saint Jean. Todo el pueblo estaba lleno de turistas y tiendas de ropa, artesanías y demás. Parece que me equivoqué cuando anoche dije que por ser lunes íbamos a ver un Saint Jean más tranquilo. Es 24/07, estamos en la semana del apóstol, o sea que como en casi todos los pueblos de campaña, cuando es fiesta local hay joda toda la semana. Debe de haber al menos el doble de gente que ayer. Recorrimos la ciudadela con sus murallas de granito negro, el casco viejo con sus adoquinadas callejuelas medievales y sus casas de casi mil años habitadas por uno de los pueblos más antiguos y enigmáticos de Europa. Sacamos algunas fotos, la &#8220;Porte du Roy&#8221;, la &#8220;Porte de Saint Jacques&#8221;, el valle y demás.</p>
<p>Fuimos a sacar nuestras credenciales de peregrinos y a registrarnos como tales, en el numero 39 de la rue de la Citadelle. La persona que nos recibió, una agradable francesa de unos cuarenta años, luego de darnos algunos consejos, un par de pines, y sorprenderse de que viniéramos de tan lejos, nos despidió entre sonrisas y palabras de aliento.</p>
<p>Luego paramos a comer alguna cosa en un bar sobre la plaza del pueblo, dos sándwichs de jamón serrano y queso de oveja, que eran casi media &#8220;baguette&#8221; cada uno y dos Pepsi (82 F y sumando).<br />
Satisfechos nuestros estómagos, seguimos recorriendo el casco viejo, visitamos la iglesia de Saint Jacques en donde recé por primera vez en mucho tiempo. Antes de retirarnos, encendímos un par de cirios blancos y dejamos un óbolo de 1000 ptas. Luego buscamos el correo, compramos fruta en la feria del pueblo, buscamos el correo, compramos agua, buscamos el correo, compramos algunas postales, buscamos el correo, compramos una tarjeta de teléfono y tabaco, buscamos el correo y nos encontramos con una encantadora señora vecina de Saint Jean, quien se ofreció a indicarnos donde estaba &#8220;La Poste&#8221;, y que resultó conocer no solo Uruguay, sino también Montevideo, donde su abuela había decidido vivir sus últimos días junto al amor de su vida en un lugar que había definido como &#8220;una maravilla&#8221;. Fue la primer casualidad del camino. No sería la última sin embargo, ni la más sorprendente. Luego de separarnos en la parada del autobús, seguimos sus indicaciones y encontramos el correo. La placa de bronce en la puerta indicaba que el horario finalizaba a las 17:00 hs, mi reloj indicaba las 17:05, ergo esta cerrado. No pudimos enviar ni las postales ni mi carta. Trataremos de hacerlo desde Pamplona dentro de un par de días.</p>
<p>De vuelta en lo de Mme. Etchegoine nos cruzamos un carrito de churros &#8211; tal cual los del Parque Rodó &#8211; y nos topamos con los famosos vascones. Parecen sacados de una caricatura de Quino, de baja estatura, piernas fuertes y algo arqueadas, torso grueso y manos robustas, rostro rubicundo y bronceado , nariz de boxeador, orejas desmedidas, y un espeso par de cejas que cruzan horizontal e ininterrumpidamente de una sien a otra, cuya finalidad, más allá de darles un aire extraordinariamente obcecado, parecería ser la de sostener la legendaria boina vasca. Achaparrados físicamente, no lo son en sus relaciones, que desbordan de gritos, risotadas, y demás exclamaciones por el estilo.<br />
Una vez en la pensión le pedimos a Mme. Echegoine que nos levantara a las 05:30 y nos contestó que no había problema, que estaba acostumbrada a despertar peregrinos y que nos prepararía el desayuno por 20 F cada uno.<br />
Dejamos las cosas en la habitación, nos duchamos y salimos a cenar. Comimos un par de sabrosas aunque ridículamente delgadas pizzas, con jamón, champiñones, aceitunas y muzzarella, todo regado con un aceptable tinto de la casa. Volvimos a la habitación, preparamos las cosas para mañana en la mañana. Se siente la excitación en el cuerpo, esta tarde le comentaba a Martín que habíamos planificados meses, cruzado un océano, conocido un nuevo continente, visitado Saint Jean, y aún no habíamos puesto un sólo pie en el polvo del camino&#8230;<br />
Salimos de la habitación a las 00:30 para hablar por teléfono. Llamé a Ana pero no tuve suerte. Llamé a casa y hablé con papá &#8211; todo ok por el barrio -. Me quedé con ganas de escuchar la voz de la “chamita ”. Volvimos a la habitación y Martín se acostó a dormir y yo a escribir unas líneas en este improvisado diario de viaje. Mi reloj marca la 01:45, tengo que levantarme a las 05:30, pero no puedo dormirme… Mañana vamos a dar el primer verdadero paso en el Camino. Mañana es el día del apóstol Santiago. Mañana uno de mis sueños comenzará a hacerse realidad en uno de los días más importantes de mi vida. Mañana empezaré a hacerme preguntas viejas y a buscar respuestas nuevas. Mañana comienza un Camino que nos llevará hasta Santiago de Compostela, (y, aunque apenas lo intuía en ese momento, también hasta muy dentro de nosotos mismos). Mañana pisaremos por vez primera el &#8220;Camino de la Estrella&#8221;.<br />
Mañana…, Dios dirá. </p>
<p>Nota1:<br />
Costó un poco que entendieran mi francés, hasta que me di cuenta de que era porque hablaba bajo, todo el mundo grita (y te repiten las frases dos o tres veces) como para ver si eres tonto o qué.</p>
<p>Nota2:<br />
He visto por todas partes diversos símbolos celtas que desconozco, en particular uno parecido a una cruz gamada que no sé que significa.</a>
</p></blockquote>
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