SAINT-JEAN-PIED-DE-PORT (El inicio del Camino francés)

2009 Junio 23
by mx7652o

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‘…Y ahora estoy sentado aquí, desesperando / no pienso en nada más: este destino roe mi mente…’

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Actualización 15. octubre. 09. Sin duda yo me pasaría por este otro enlace.

Es un relato pero es algo más.  El algo más del conocimiento. Y no dudes de que estamos abiertas a cualquier pregunta que desees formular. Si la información es asequible se comparte. Si no se intenta localizar. Gracias.

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Actualización 29. marzo. 08: Algunas personas llegáis aquí tratando de averiguar cómo poner pie en saint Jean. Pues bien para llegar a este punto desde España hay dos posibilidades según mi guía práctica del peregrino: de Pamplona salen autobuses (Compañía La Montañesa 948 221 584) hasta Roncesvalles donde hay un servicio de taxis y en el albergue de peregrinos de la Colegiata podemos encontrar la información sobre este servicio.

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Tren Bayona

* imagen tomada por Sebastian

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Desde Irún-Hendaya a diario hay trenes hacia Bayona y de allí, a diferentes horas, a Saint-Jean-Pied-de-Port.

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Refugio en Saint Jean

*enlace: imágenes del Camino

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Interior del albergue

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REFUGIO MUNICIPAL: Rue de la Citadelle 55. Situado junto a la <<Porte de Saint-Jacques>>. Cuenta con 55 plazas, cocina, lavadora y secadora. La acogida, en el nº39 de las misma calle, junto a la prisión <<des evéques>>, por la asociación <<Amis du Chemin de Saint-Jacques. Pyrénees Atlantiques>>.

*enlace: - visualizar etapa -

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OTROS LUGARES DE ALBERGUE ACOGIDA Y HOSPEDAJE (ABRIR LA INFORMACIÓN)

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Saint Jean

- Daniel Abril -

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San Juan Pie de Puerta (o Donibane Garazi en euskera). Localidad del País vasco-francés y capital de la Baja Navarra; situada a unos 200 metros sobre el nivel del mar, en el departamento de los Pirineos Atlánticos en la región de Aquitania. Número de habitantes aproximado: 1650
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mapa de localización

*imágenes satélite

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A orillas del río Nive, es probable que yo no llegue a conocer esta ciudad en la que lo medieval se entreteje, o eso he leído, con el cosmopolitismo turístico; como Guada (mirada de agua) no logró partir, en su peregrinación, de ella. Eso a fecha de hoy (10 / marzo / 08) aún no lo sé … ni tal vez querré siquiera que tú lo sepas…

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San Juan Pie de Puerta vista del Nive

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…mi intención era realizar el camino de Santiago desde Saint Jean Pied de Port, unos 840 kilómetros…

… La estación de autobuses de Pamplona es muy pequeña y no tiene un servicio de información, era domingo, preguntando me indicaron que en el bar de la estación me darían información. El camarero, muy simpático y muy amable, me comentó que si quería ir a Saint Jean que buscase otros tres o cuatro que quisieran ir, que preguntase entre la gente que llevase mochila, que tuvieran “pinta” de peregrinos y si los conseguía me decía de un taxi monovolumen para llevarnos por 80 euros… No encontré a nadie que quisiera salir de Saint Jean, en cambio encontré en la estación a una pareja, dos chicos de Ourense, que…

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San Juan Pie de Puerta vista panorámica

Enlace imágenes del Camino*

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Bien, supongamos que parto con una amiga que me acompaña en las tres o cuatro primeras jornadas; en cuanto descubra a qué vamos a enfrentarnos, no querrá ni por activa ni por pasiva hacer frente a los casi 23 (25) kilómetros de ascensión (menos 4 de bajada que nos separan de Roncesvalles). ¿Será suficiente asaz el encanto del río Nive y su puente románico, la Ciudadela, con su calle y su prisión de los obispos (un museo sobre el Camino), el castillo medieval al que no es posible acceder pero que otorga las vistas de un valle rodeado por las montañas , y el Portal de Santiago, declarado por la UNESCO herencia mundial, para llevarnos hasta allí? ¿Y si fuera así dónde nos alojaríamos?

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San Juan Pie de Puerta calle

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L’Esprit du Chemin
albergue de peregrinos Camino de Santiago

40 rue de la Citadelle; 64220 San-Jean-Pied-de-Port; Francia
tel. +33 (0)5 59 37 24 68; abierto:
6 abril – 28 septiembre (2008)
e-mail: hubertarno@espritduchemin.org

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mapa de la ciudad

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A cargo en este momento de Huberta y Arno que parecen muy simpáticos, y ambos grandes andadores del Camino, como ellos mismos nos cuentan: los hospitaleros.

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Huberta y Arno

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‘… llegando allí, pasas por el “Porte de Saint-Jacques”, entra la calle “rue de la Citadelle”. Nuestro albergue (no. 40) está a la izquierda, en frente de la oficina informativa de peregrinos de los “Amis de Saint-Jacques des Pyrénées-Atlantiques”. ‘

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De precios, ¿cómo está la cosa?

Alojamiento 8

Desayuno 3

Cena 9 € (incluido el vino)

Bocadillo 3

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San Juan Pie de Puerta calle de la ciudad

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Aquí se puede reservar plaza con antelación, es lo bueno que tiene. Y el horario de acostarse y ponerse en pie… más o menos como en todos los albergues. Diez y media de la noche para empezar a bostezar y recogerse. Y seis y media de la mañana, para meterse un buen desayuno por el estomago, digo yo que será, y comenzar a ”escalar” los Pirineos.

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Oficina de atención turística: Place Marché 64220 Saint Jean Pied de Port. Teléfono 05 59 37 03 57 Fax : 05 59 37 34 91

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De: hendayepaysbasque

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”’La importancia de Saint-Jean como cabeza de la Baja Navarra y, posteriormente, de la Merindad de Ultrapuertos, es posterior a las fechas en que fue escrito el Liber Peregrinationis. El urbanismo de la ciudad, aún rodeada de murallas, conserva todas las trazas de la época en la que fue creada, dentro del estilo racionalista que caracteriza los trazados de los pueblos del Camino de Santiago y del Reino de Aragón nacidos o transformados en la baja Edad Media. Su calle principal es una auténtica sirga peregrinal, que atraviesa la ciudad de Norte (puerta de Santiago) a Sur (Puerta de España), dividiéndola en cuadrángulos simétricos. En este eje rectilíneo se encuentran los principales monumentos de Saint-Jean: la llamada prisión de los Obispos, edificio gótico del s. XIII, la iglesia de Nuestra Señora del Puente (Ama zubi buruko), y el arco de Saint-Jean, que da al Pont-de-Espagne, sobre el río Nive.”’

- Jose María Anguita Jaén -

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EXPERIENCIAS PEREGRINAS QUE PARTEN DE SAINT-JEAN-PIED-DE-PORT

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1.

Diario de un peregrino descalzo

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Salí temprano por la mañana con el tren de alta velocidad a París. Como no había sitio en el tren a Bayona antes de las 16:00, tengo suficiente tiempo para andar de la Gare Nord a la Gare Montparnasse. En un puente sobre la Sena, me encuentro a Armand, un tío vivaz con bigote Chaplinesco, frac, tenis, y la cara pintada de blanco. Sin decir una palabra, me muestra como obtiene 10 Francos Franceses y 10 Marcos Alemanes de las primeras dos parejas que ve con unas payasadas. No me importaría poseer ese talento…

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Estación de Sant Jean Pied de Port

*enlace: El Camino en imágenes

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Llego a
San Juan-Pie-de-Puerta al caer el sol. Con pocas ganas de entrar en un restaurante o un hotel sólo, termino frente al camping municipal. Como la recepción ya esta cerrada, simplemente entro y acomodo mi bolsa dormir bajo un porche al lado de los aseos. La ducha es una maravilla.

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Despierto al amanecer. Le explico al joven de la recepción que llegue aller y le pregunto cuanto le debo. Esta un poco perdido cuando le contesto que no tengo ni vehiculo, ni tienda, y me cobra 14 Francos por una persona, probablemente con la idea de que estoy loco. Vuelvo al pueblo para encontrar a Madamme Debrill para obtener el primer sello en mi credencial de peregrino, y para comprar algo de pan y fruta.
El sendero ascendente tiene una pendiente pronunciada…

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2.

Protagonista de este Camino

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Saint Jean Pied de Port esta muy cerca de la frontera de España y un sitio muy popular para empezar el Camino. Desde aquí el camino esta marcado con flechas amarillas hasta Santiago. Todavía 774 kilómetros andando… El primer día salimos tarde, nos perdimos y acabamos durmiendo en las montañas. Encontramos agua en tenemos suficiente comida: es perfecto! El día siguiente fuimos despertados por ovejas. El valle todavía esta cubierto de nubes. Un comienzo perfecto para nuestro segundo día de peregrinaje.

Σ

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3.

Alfonso Biescas

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… Y así, en un momento, entre risas y agradable conversación, llegamos. Nos deja junto a las murallas y nos vamos a desayunar, porque yo en ayunas no me cruzo los Pirineos por muchísima ilusión que lleve. Chapurreando francés y euskera lo conseguimos y nos vamos a buscar a Madam Debril para que nos ponga su sello, un clásico del Camino. Como la sacamos de la cama, nos echa una bronca memorable. Todo muy francés. Finalmente nos perdona, nos pone el sello inaugurando la Credencial y nos dice que ni se nos ocurra ir por la ruta de Napoleón, porque hay nieve y no vamos a poder pasar

Σ

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4.

Javier Serrano

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Decidí empezar en St. Jean Pied de Port a pesar de que un amigo (que lleva varios años haciendo el Camino desde Vitoria en verano) me dijo que le habían contado que esa etapa “es un engaño”. No me aclaró si se lo dijeron en referencia al recorrido que pasa por Valcarlos o al que va por la montaña.

Para ir allí utilicé el tren. Primero hasta Irún desde mi pueblo y después desde Hendaya hasta St. Jean.

(…)

Tal y como dice la guía, Madame Debril parece un tanto harta de la cantidad de gente que, sin ser peregrinos, pasa por su albergue (lo que es el albergue propiamente dicho está cerrado en invierno) echándole cara para dormir gratis. Dice que los canónigos de Roncesvalles controlan incluso más que ella si la gente que pasa por allí son realmente peregrinos o no. Resulta bastante seria, pero correcta.

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Vista General de San Jean y Pirineos

*enlace: El Camino en imágenes

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Me enseña fotografías de las montañas por las que pasaré mañana para que me sirvan de orientación si hace mal tiempo. Las fotos, en blanco y negro, son más o menos de cuando se hicieron los Pirineos. Le digo que hay carretera hasta cerca del collado de Bentartea. No se lo cree. Se lo repito, al tiempo que le muestro las notas tomadas de la guía, pero sigue sin convencerse.

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Me insiste en que mañana vaya por Valcarlos porque en invierno es fácil que haya niebla en la montaña. Incluso me acompaña hasta la puerta y, señalando al cielo cubierto, me dice que me acordaré de ella y de su recomendación en caso de ir finalmente por la montaña.

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Albergue de San Jean Pied de Port

*enlace: El albergue de San Jean en el Camino en imágenes… incluye interior del refugio

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Siguiendo las indicaciones de Mme. Debril, me dirijo al albergue (gite d’etape) de Mme. Etchegoin, cerca de la carretera que va a Valcarlos

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5. JAUME LOSCOS

CREDENCIAL DE JAUME LOSCOS

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SAIN JEAN PIED DE PORT RONCESVALLES 25 Km.

Esta etapa ha sido muy dura pero ha valido la pena que pasada el cruzar los Pirineos, he tenido por el camino mucho frió viento lluvia y niebla, pero que etapa mas bonita. Después de poner el primer sello en la credencial del peregrino, en st.Jean salgo sobre las 11 horas, cosa que extraña a los hospitaleros creyendo que saldría al día siguiente, cojo el camino de Napoleón , según lo que he leído es mas duro pero el mas bonito

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6. MOCHILA Y BORDÓN DE TERESA SIMAL

Mochila y bordón

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Inicié la ruta jacobea con otra persona. Caminamos nueve días desde Saint Jean Pied de Port a Logroño. Dicen que en el Camino haces amistades duraderas o rompes con ellas. He comprobado que esto es verdad. Hacer juntos el viaje a Compostela implica respeto, aceptar el ritmo y las necesidades del otro, sin imponerse. La amistad, hija del respeto, perdura y se hace fuerte cuando los peregrinos coinciden en su caminar, comparten y aceptan que cada uno dirija su propia ruta.

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Justo antes de Untto

*enlace: Justo antes de Untto, el Camino en imágenes

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El primer día realizamos el trayecto que une Saint Jean Pied de Port con Untto. Eran pocos kilómetros los que teníamos que recorrer, pero habíamos iniciado la marcha muy tarde, a mediodía, y eso impedía planear un recorrido más extenso. Cruzamos el puente sobre el río Nive y nos encaminamos por la rue d’Espagne, repleta de comercios y transeúntes, dirigiéndonos hacia las afueras de la ciudad buscando la route de Napoleon. El paraje era bucólico: inmensas laderas de prados, con vacas pastando plácidamente

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* Todos los fragmentos han sido enlazados a sus diarios originales. Visítalos y podrás recrearte con su ambiente, en amplitud y con sus imágenes

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7. SAINT-JEAN-PIED-DE-PORT (El diario de un mago de Paulo Coelho)

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el peregrino

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Un desfile de personajes enmascarados y una banda de músicos vestidos de rojo, verde y blanco, los colores del País Vasco francés, ocupaban la principal calle de Saint-Jean-Pied-de-Port. Era domingo. Yo había pasado dos días conduciendo y no podía detenerme ni un minuto para participar de aquella fiesta. Me abrí camino entre las personas, escuché improperios en francés, pero terminé dentro de las fortificaciones que constituían la parte más antigua de la ciudad, donde debería encontrar a Mme. Lawrence. Aun en aquella parte de los Pirineos, hacía calor durante el día y salí del coche empapado e sudor. Llamé a la puerta. Llamé de nuevo. Nada. Una tercera vez y nadie respondió a mis llamadas. Era posible que Mme. Lawrence hubiese salido para ver el desfile, pero también existía la posibilidad que yo hubiese llegado demasiado tarde y ella hubiera decidido no recibirme. Así pues, el Camino de Santiago acabaría antes de haber comenzado.

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De repente, la puerta se abrió y una niña salió corriendo a la calle. Me levanté de un salto y, en francés rudimentario, pregunté por Mme. Lawrence. La niña sonrió y señaló hacia adentro. Sólo entonces me di cuenta de mi error: la puerta daba a un enorme patio, alrededor del cual se extendían antiguas casas medievales con balcones. La puerta estaba abierta y no me había atrevido ni siquiera a tocar la manija. Entré corriendo y me dirigí a la casa que la niña me había indicado. Allí dentro una mujer gorda y ya mayor vociferaba algo en vasco a un muchacho delgado de ojos castaños y tristes. Aguardé algún tiempo para que la discusión terminara, y ésta finalizó con una ola de insultos de la anciana. Sólo entonces se dirigió a mí y, sin preguntarme siquiera lo que quería, me condujo, entre gestos delicados y empujones, al segundo piso de la pequeña casa. Allí arriba había un escritorio atestado de libros, diversos objetos, imágenes de Santiago y recuerdos del Camino. Ella retiró un libro del estante y se sentó detrás de la única mesa del lugar, dejándome de pie.

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- Debes ser otro de los peregrinos para Santiago -dijo sin rodeos-. Debo anotar tu nombre en el cuaderno de los que hacen el Camino.

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Le di mi nombre y quiso saber si yo había traído las <<vieiras>> Vieiras es el nombre dado a las grandes conchas llevadas como símbolo de la peregrinación hasta la sepultura del Apóstol y que servían a los peregrinos para que se identificaran entre sí.

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Antes de viajar a España yo había ido a un lugar de peregrinación en Brasil: Aparecida do Norte. Había comprado una imagen de Nuestra Señora de Aparecida montada sobre tres <<vieiras>>. La saqué de la mochila y se la enseñé Mme. Lawrence.

- Bonito pero poco práctico -dijo ella, devolviéndome las <<vieiras>>. Puede romperse por el camino.

- No se romperá. Voy a dejarla sobre la tumba del Apóstol. Parecía que Mme. Lawrence no disponía de mucho tiempo para atenderme. Me dio un pequeño carnet que facilitaría mi hospedaje en los monasterios del Camino, colocó un sello de Saint-Jean-Pied-de-Port para indicar que allí había comenzado la caminata, y dijo que podía partir con la bendición de Dios.

- Pero, ¿dónde está el guía? -pregunté.

- ¿Qué guía? -respondió ella un poco sorprendida, aunque con un brillo diferente en sus ojos.

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Me di cuenta de que había olvidado algo muy importante: en mi afán de llegar y ser atendido inmediatamente, no había pronunciado la Palabra Antigua -una especie de seña que identifica a aquellos que pertenecen o pertenecieron a las órdenes de la Tradición-. Inmediatamente corregí mi error y dije la Palabra. Mme. Lawrence, con gesto rápido, arrancó de mis manos el carnet que minutos antes me había dado.

- No vas a necesitar esto -dijo, mientras sacaba un montón de periódicos viejos de encima de una caja de cartón-. Tu camino y tu descanso dependen de las decisiones de tu guía.

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Jesús Sotomayor

- Jesus M. Sotomayor -

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Mme. Lawrence extrajo de la caja un sombrero y un manto. Parecían ropas muy antiguas pero bien conservadas. Me pidió que me quedara de pie en el centro de la sala y comenzó a rezar en silencio. Después colocó el manto sobre mis hombros y el sombrero sobre mi cabeza. Pude notar que tanto en el sombrero como en cada hombrera del manto había <<vieiras>> cosidas. Sin parar de rezar, la señora tomó un báculo de un rincón del escritorio y me hizo tomarlo con la mano derecha. En el bordón prendió una pequeña cantimplora de agua. Allí estaba yo: debajo, bermudas y camiseta I LOVE NY, y encima el traje medieval de los peregrinos de Compostela.

La anciana se aproximo hasta quedar a dos palmos de distancia frente a mí, en una especie de trance y, colocando las palmas de las manos sobre mi cabeza, dijo:

- Que el Apóstol Santiago te acompañe y te muestre lo único que necesitas descubrir, que no andes ni muy rápido ni muy lento, sino siempre de acuerdo con las Leyes y las Necesidades del Camino; que obedezcas a aquel que te guiará, aun cuando te dé una orden homicida, blasfema o insensata. Tienes que jurar obediencia total a tu guía.

Juré

- El espíritu de los antiguos peregrinos de la Tradición te acompañará en la jornada. El sombrero te protegerá de los enemigos y de las malas acciones. Que la bendición de Dios, de Santiago y de la Virgen María te acompañen todos los días y todas las noches. Amén.

Dicho esto, volvió a su talante habitual: con prisa y con cierto mal humor recogió las ropas, las guardó de nuevo en la caja, volvió a colocar el bordón con la cantimplora en el rincón de la sala y, después de enseñarme las palabras seña, me pidió que partiera, pues mi guía estaba esperándome a unos dos kilómetros de Saint-Jean-Pied-de-Port.

- A él no le gustan las bandas de músicos -dijo ella-. Pero aun a dos kilómetros de distancia las podrá escuchar, ya que los pirineos son una excelente caja de resonancia.

Y sin más comentarios, bajó la escalera y se dirigió a la cocina para atormentar un poco más al muchacho de ojos tristes. A la salida pregunté qué debía hacer con el coche y ella dijo que dejara las llaves, pues alguien vendría a buscarlo. Fui al maletero, saqué la pequeña mochila azul con un saco de dormir enrollado, guardé bien protegida la imagen de Nuestra Señora de Aparecida con las conchas y, cargando todo sobre los hombros, fui a devolver las llaves a Mme. Lawrence.

- Sal de la ciudad siguiendo esta calle hasta aquella puerta allá al final de las murallas -me dijo-. Cuando llegues a Santiago de Compostela, reza un avemaría por mí. Yo hice ya muchas veces este camino, pero ahora no puedo más, debido a mi edad. Hoy me contento con leer la emoción en los ojos de los peregrinos, emoción que todavía siento. Cuéntale esto a Santiago. Y cuéntale también que en cualquier momento me encontraré con él, pero por otro camino, más directo y menos fatigoso.

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Puerta de España

- imagen: Ray’s World -

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Salí del poblado atravesando las murallas por la Porte d’Espagne. En el pasado, ésta había sido la ruta preferida de los invasores romanos, y por allí pasaron también los ejércitos de Carlomagno y Napoleón. Seguí en silencio, escuchando a lo lejos la banda de músicos y, súbitamente, en las ruinas de un pueblecito cerca de Saint-Jean, sentí una inmensa emoción y mis ojos se llenaron de lágrimas: allí en aquellas ruinas y por primera vez, me di cuenta de que estaba pisando el Extraño Camino de Santiago…

*40 minutos más tarde, de caminata, el protagonista va a encontrarse con un gitano ,que en realidad, nos cuenta el autor, era un ¡Demonio!

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Saint-Jean-Pied-de-Port (El Camino de Shirley McLaine)

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El camino de Sherley MacLein

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Al día siguiente salimos hacia Pamplona. Cogimos un
taxi para que nos llevase a Saint-Jean-Pied-de-Port, atravesando los Pirineos y entrando en Francia para el inicio del viaje. La carretera llena de curvas que luego recorreríamos a pie serpenteaba por las montañas y me mareé en el taxi. Empezamos bien, pensé. Andar era lo único que me faltaba.

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Cuando llegamos a Saint-Jean-Pied-de-Port teníamos que ir a ver a una tal madame de Brill para recoger nuestros carnets, una especie de folletos doblados que servirían como certificados de viaje. Los carnets, que eran sellados en cada pueblo, probarían que habíamos hecho la peregrinación.

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Saint-Jean-Pied-de-Port era antiguo y estaba lleno de pintorescas casitas de tejado rojizo pintadas de blanco. Todo estaba cerrado, y el pueblo era frío y oscuro. El taxista nos dejó en la iglesia de Notre Dame, en el barrio viejo del pueblo. Cruzamos el río Nive, fuimos a la rue d’Espagne y atravesamos la haute ville amurallada por la Porte d’Espagne. Las calles estaban desiertas, y Anna no conseguía acordarse de donde vivía madame de Brill. Así empezaron treinta días de un continuo buscar algo que no podía encontrar. Después de llamar a muchas puertas, algunas de las cuales se cerraban delante de nosotras sin hacer ningún ruido, me encontré subiendo unos peldaños de piedra y yendo por un oscuro pasillo pegado a un refugio de aspecto ominoso donde dormían los peregrinos de París que ya habían iniciado el Camino.

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En la sala nos encontramos con unos cuantos peregrinos de aspecto bastante malhumorado que, habiendo tratado ya con madame de Brill, torcieron el gesto. Al parecer aquella mujer era famosa por lo desagradable que podía llegar a ser, y nosotras éramos las siguientes en su lista.

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Llamamos a su puerta. Nos abrió. <<Mon Dieu!>>, chilló y luego, siempre en francés, dijo que tenía la gripe y estaba muy cansada. Su pequeño televisor estaba encendido, y un coro militar americano cantaba <<Mis ojos han visto la gloria de la venida del Señor>>. Un perrito ladraba junto a un cuenco para perros en el que no había comida. Madame de Brill media metro cincuenta y cinco, no se había peinado las canas, y realmente era una persona vengativa y terrible, capaz de poner a prueba la paciencia espiritual de cualquiera.

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Procedió a burlarse de las zapatillas deportivas de Anna, que eran de lo más normales. Dijo sarcásticamente que nunca terminaríamos el Camino. Dijo que ella nunca había hecho la peregrinación y que no tenía ninguna intención de hacerla y, después de unos comentarios sombríos y deprimentes más, finalmente nos entregó nuestros carnets sellados y literalmente nos echó a empujones de su habitación.

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Anna y yo no tardamos en encontrar un restaurante de cinco estrellas, donde disfrutamos de una cena deliciosa regada con un buen vino mientras pensábamos en la contradicción entre el viaje de pobreza que nos proponíamos hacer y nuestra situación en la vida. ¿Y por qué no? La reina Isabel, el rey Fernando y otros muchos reyes y reinas menos conocidos habían andado por aquella contradicción. Sí, incluso las testas coronadas tenían necesidad de la riqueza espiritual.

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Después de cenar fuimos en busca de las flechas amarillas que Anna dijo nos indicarían el camino a seguir. Eran invisibles en la oscuridad. Yo no podía leer ninguno de los letreros escritos en español o en francés, y me sentía más dependiente de Anna de lo que quería ser. ¿Podría andar con otras personas y seguir siendo independiente? Llevaba muchos años haciéndome esa pregunta y todavía no estaba segura de la respuesta.

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mochila de Shirley

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Empecé el viaje a la mañana siguiente, el 4 de junio, equipada con mis tres kilos de mochila a la espalda. Hacía un día precioso y muy soleado, y ahora podía ver las flechas amarillas que nos guiaban hacia la salida del pueblo. Divisé a otros peregrinos por delante de nosotras. Algunos andaban en parejas… (leer más)
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OTROS ENLACES:

- La rueda rueda rueda que rueda

- ARGIA.COM

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San Jean en Dani Abril

imagen con magia donde las haya, en el blog de Daniel Abril, de su Camino….

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‘… Se cobran muchos peajes a los peregrinos; tanto por estos pagos como en San Juan de Pie del Puerto, se nos ha cobrado de manera indignante. Acuerda la ley que ninguno de los jacobistas que vamos a Compostela tengamos que pagar portazgos. Solamente los mercaderes; pero lo que he visto hoy es abochornante. A uno de mis compañeros le han registrado los calzones, porque dijo que no tenía dinero con que pagarles. Por otra parte nos han soplado el triple más de los que debieran…’

- Geofrei de Buletotaño 1381


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San Jean Pied de PortSan Jean Pied de Port (visto por Patricia de un mar en calma) San Jean visto por Patricia de un mar en calmaSan Jean visto por Patricia de un mar en calma (r�o Nive)
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Donibane-Garazi, lugar en el que concurren, para entrar en España, las principales rutas jacobeas europeas y lugar de inicio del camino para los, cada vez más habituales, peregrinos españoles.

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Está al pie del puerto de Ibañeta, y es uno de los lugares más entrañables del País Vasco. El casco medieval de St Jean Pied de Port es de una belleza particular, de calles alineadas, limpias y bien cuidadas que descienden hacia el río Nive. Las casas están construidas en piedras de sillería de arenisca de distintos colores, predominando el rosa que envuelve todo el conjunto y en el que destaca la pulcritud y colorido de sus aleros, puertas y ventanas. Los dinteles de las puertas están grabados la fecha de construcción, casi todas de los siglos XVII y XVIII y los nombres de sus constructores. Un lugar en el que disfrutar del paseo, de su comercio o de su buena restauración antes de iniciar el duro camino que tenemos por delante.

Estuve a gusto. Información en la Rue de la Citadelle 39, el albergue en el 55.

ANTONIO HURTADO, Peregrino y pintor

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¿Dónde encontrar más historias e información? Diarios de Peregrinos

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Esta entrada ha sido cedida por:

LA GRUTA DE YLADAH

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4 comentarios dejar un →
  1. 2009 Agosto 10
    María Camino Enlace permanente

    DEL DIARIO CON EL DIARIO CON EL QUE HE DADO HOY Y QUE ME PARECE QUE ME VA A FASCINAR…

    01 – De Barajas a Saint Jean

    Notas de viaje, domingo 23 de julio de 2000.

    Aeropuerto de Barajas.
    Es enorme, bastante más que el de Ezeisa en Buenos Aires. De una terminal a otra hay que tomar un autobús. Se ve todo tipo de gente, occidentales de todas partes de Europa (muchos alemanes), americanos, orientales (japoneses en mayoría), y muchos árabes con sus mujeres de cabeza cubierta y mirada discreta. Es un aeropuerto moderno y nuestro primer contacto con españoles en la madre patria, simpáticos, bulliciosos, y de hablar muy cómico (me fascina el acento). Estuvimos deambulando de acá para allá, cambiamos dólares a pesetas, compramos un par de coca-colas y unos “bocadillos” (sándwichs en mini-baguettes) de jamón y queso, recorrimos los freeshops, compré un par de lentes de sol que me faltaban y dos postales.

    Desde un teléfono público llamamos al taxista de la guía, Pedro Telechea. Nos dijo que el precio por llevarnos de Roncesvalles a Saint Jean de Pied de Port era de 3500 “pelas”, que lo llamáramos al llegar a Pamplona, que podía irnos a buscar y que nos conseguiría alojamiento en Roncesvalles para ir al otro día a Saint Jean. Quedamos en llamarlo al llegar a Pamplona. Escribimos las postales, y esperamos el avión que nos llevaría a Pamplona.
    El viaje hasta Pamplona duró poco más de media hora y la vista de una campiña madrileña bajo el sol de la mañana lo hizo muy agradable.

    El aeropuerto de Pamplona (Iruña en euskera) es muy pequeño – diminuto- y por primera vez nos vimos sobre suelo español con nuestras mochilas, bordones, sombreros y chalecos de peregrinos. La gente se sonreía al vernos pasar. En la cafetería del lugar comimos unos snacks y despachamos un par de Cardhu servidos en proporciones acordes a la generosidad del mozo – que no era poca -. Llamamos a Pedro varias veces durante la siguiente hora, hasta que finalmente conseguimos comunicarnos con él en su móvil, nos dijo que había tenido algún problema en la mañana (“… es que he tenido unos disgustos tremendos…”, que nunca supimos cuales fueron) y nos dio el teléfono de un colega que nos recogería en Pamplona para llevarnos hasta Roncesvalles. El nuevo taxista, un tal Baltazar, a quien Martín apodaría Gibraltar – o simplemente Gibra – , se convertiría en uno de los pillos más simpáticos de esta aventura que recién comenzaba a ponerse en marcha.

    Llamamos a Gibra, quien contestó al toque, y sin esperar que le preguntáramos el precio siquiera nos dijo “… salgo para ahí enseguida, ya estoy allí… ” Llegó en un mercedito 230 CI reluciente, nos presentamos, cargamos mochilas y bordones, y salimos para Roncesvalles. En principio nos llevaría por unas 7800 “pelas”, “… precio de feriado, pero con descuento para peregrino…”, unos 46 dólares. Durante el viaje conversamos de todo un poco, del trabajo, del Camino, de los turistas, de Uruguay y de España, mientras la sinuosa ruta trepaba la montaña en medio del fantástico paisaje Navarro. Una ruta que discurría entre valles de arroyos cristalinos e interminables bosques de robles, hayas, almendros, castaños, avellanos, y helechos enormes, donde según Gibra abundan los jabalíes y los cotos de caza públicos y privados. El corazón se me aceleró cuando vi por primera vez un cartel en la ruta indicando “Camino de Santiago”, letras amarillas y vieira del mismo color sobre fondo azul. El Camino, el sueño tantas veces tan lejano empezaba a hacerse realidad en un día de sol radiante sobre los bosques celtas del Pirineo Navarro.

    Gibraltar volvió a ofrecernos (por tercera vez) llevarnos hasta “San Juan de Piepor …” por apenas (!!) 12000 pesetas, un par de miradas con Martín y nuestra ansiedad terminaron por decidir que esa noche la pasaríamos en Saint Jean. Sentí la emoción crecer otro poco dentro de mío.
    Finalmente, luego de una hora más o menos, entramos en Saint Jean de Pied de Port. Este se mostró como un pueblo bastante más grande de lo esperado (unos 10000 hab.), bastante más llano de lo esperado (apenas 150 metros sobre el nivel del mar), y con mucha más gente de lo esperado. Hoy es domingo (23 de julio) y aparentemente es un lugar de veraneo o algo así. De pronto, casi sin aviso comenzó a llover. Saint Jean nos daba la bienvenida de una forma muy pirenaica, como comprobaríamos un par de días más tarde.
    Gibra se estacionó encima de la vereda – pese a las airadas protestas de un par de turistas que debieron correrse rápidamente para evitar el coche – y descendimos a buscar hotel. Martín se quedó en el coche, haciendo sus primeras grabaciones y divirtiéndose a costillas mías – según me enteraría esa noche-.
    Recorrimos varios hoteles y no encontramos lugar en ninguno. Finalmente encontramos uno – el Ramuntcho – que nos ofrecía una habitación por unos 360 francos (aproximadamente 60 dólares), pero me pareció demasiado para el primer día y seguimos buscando.
    Entramos por una estrecha callejuela medieval al casco viejo de la ciudad y luego de un par de vueltas dimos con la casa de una señora que alquilaba habitaciones para peregrinos, la señora no estaba pero nos atendió su hija, una simpática francesita que preocupada por nuestro destino, ya que no tenía ninguna habitación libre, hizo varias llamadas y nos consiguió una en una casa en la entrada a Saint Jean, la casa de Mme. Etchegoine.

    Mme. Etchegoine resultó ser una agradable señora canosa, delgada y de una edad indefinida (setenta y algo probablemente) que alquilaba habitaciones para peregrinos a 75 francos la cama. Nos quedamos.
    Es una casa antigua – como la mayoría en esta parte del pueblo – y antigua en los Pirineos significa centenares de años. La “chambre” está muy de acuerdo con el estilo de la casa, un armario de viejísimo roble labrado, una cama de madera de avellano maciza y una especie de lavatorio con lavabo y bidet en una de las paredes de la habitación discretamente disimulado detrás de un espeso cortinaje de terciopelo rojo. Las paredes, empapeladas con un diseño de flores típicas del lugar completaban el decorado de nuestra “chambre”. El primer piso, de gruesas tablas de abeto asentado encima de cuatro robustas vigas de pino, se sostenía sobre un enorme y añoso tronco de roble de más de medio metro de lado.

    Una vez dejadas las mochilas y pagado a “Gibra” sus 2400 duros (un duro son cinco pelas), salimos a recorrer St. Jean, y descubrimos un pueblito precioso y encantador.
    Un río de aguas transparentes y cantos rodados, repleto de grandes truchas de montaña, cruza el pueblo de este a oeste, se trata de La Nive, orgullo de la ciudad. El pueblo tiene su ciudadela y casco antiguo, las murallas datan del 1600 y dentro de la fortificación se descubre el St. Jean medieval, con angostas callejuelas adoquinadas, casas de piedra, madera, y tejas de barro cocido, de los siglos XIII al XVII, con blasones familiares labrados sobre sus pórticos. Allí en el casco antiguo se encuentra la iglesia de Saint Jacques (1300 y algo), la calle de Saint Jacques, la puerta de Saint Jacques, la asociación”Les Amis du Chemin de Saint Jacques – Pyrénées Atlantiques”, el museo de la Baja Navarra en la antigua “Prison des Eveques” y la casa de Mme. Lawrence del libro de Coehlo.

    Los productos de la región llaman la atención: telas, mantas, artesanías, y por supuesto quesos y jamones de todo tipo, aunque todo es carísimo – y solo aceptan francos franceses o pesetas (dólares ni ahí) -.
    Llovió varias veces en la tarde, lluvias fuertes y de gotas gruesas, pero de poca duración, en quince o veinte minutos volvía a salir el sol. Después de dar algunas vueltas, volvimos a lo de Mme. Etchegoine, nos bañamos, nos cambiamos y salimos nuevamente. Todos los servicios básicos (banco, correo, cambios, etc.) están cerrados por ser domingo. Sacamos fotos (yo terminé mi primer rollo), nos regalamos una disfrutable cena en un restaurant a orillas de La Nive, paté al champagne, cerdo con salsa basquoise y helado (que curiosamente lo preparan entre dos capas de biscochuelo), todo por un menú económico (!!) de 95 francos que no incluía bebida -, aprovechamos la ocasión para probar nuestras tarjetas de crédito y todo OK -. Luego buscamos un lugar para hablar por teléfono, eran las 11:00 de la noche aprox. y finalmente conseguimos comunicación en la recepción del Hotel de Pyrénées Atlantiques de la cadena Relais et Chateaux, hablé con Ana 3 minutos por unos 35 francos y me encantó escuchar su voz. Después de la llamada nos fuimos a acostar. Esta será nuestra primer noche en lo de Mme. Etchegoine y en St. Jean, nuestra primer noche al comienzo del Camino de la Estrella.

    Notas de viaje, lunes 24 de julio de 2000.

    Nos despertamos tarde, a las 11:30, realmente estábamos rendidos por el cruce en avión. Hacía algo de calor – 25ºC – y de jeans y remerita salimos a recorrer Saint Jean. Todo el pueblo estaba lleno de turistas y tiendas de ropa, artesanías y demás. Parece que me equivoqué cuando anoche dije que por ser lunes íbamos a ver un Saint Jean más tranquilo. Es 24/07, estamos en la semana del apóstol, o sea que como en casi todos los pueblos de campaña, cuando es fiesta local hay joda toda la semana. Debe de haber al menos el doble de gente que ayer. Recorrimos la ciudadela con sus murallas de granito negro, el casco viejo con sus adoquinadas callejuelas medievales y sus casas de casi mil años habitadas por uno de los pueblos más antiguos y enigmáticos de Europa. Sacamos algunas fotos, la “Porte du Roy”, la “Porte de Saint Jacques”, el valle y demás.

    Fuimos a sacar nuestras credenciales de peregrinos y a registrarnos como tales, en el numero 39 de la rue de la Citadelle. La persona que nos recibió, una agradable francesa de unos cuarenta años, luego de darnos algunos consejos, un par de pines, y sorprenderse de que viniéramos de tan lejos, nos despidió entre sonrisas y palabras de aliento.

    Luego paramos a comer alguna cosa en un bar sobre la plaza del pueblo, dos sándwichs de jamón serrano y queso de oveja, que eran casi media “baguette” cada uno y dos Pepsi (82 F y sumando).
    Satisfechos nuestros estómagos, seguimos recorriendo el casco viejo, visitamos la iglesia de Saint Jacques en donde recé por primera vez en mucho tiempo. Antes de retirarnos, encendímos un par de cirios blancos y dejamos un óbolo de 1000 ptas. Luego buscamos el correo, compramos fruta en la feria del pueblo, buscamos el correo, compramos agua, buscamos el correo, compramos algunas postales, buscamos el correo, compramos una tarjeta de teléfono y tabaco, buscamos el correo y nos encontramos con una encantadora señora vecina de Saint Jean, quien se ofreció a indicarnos donde estaba “La Poste”, y que resultó conocer no solo Uruguay, sino también Montevideo, donde su abuela había decidido vivir sus últimos días junto al amor de su vida en un lugar que había definido como “una maravilla”. Fue la primer casualidad del camino. No sería la última sin embargo, ni la más sorprendente. Luego de separarnos en la parada del autobús, seguimos sus indicaciones y encontramos el correo. La placa de bronce en la puerta indicaba que el horario finalizaba a las 17:00 hs, mi reloj indicaba las 17:05, ergo esta cerrado. No pudimos enviar ni las postales ni mi carta. Trataremos de hacerlo desde Pamplona dentro de un par de días.

    De vuelta en lo de Mme. Etchegoine nos cruzamos un carrito de churros – tal cual los del Parque Rodó – y nos topamos con los famosos vascones. Parecen sacados de una caricatura de Quino, de baja estatura, piernas fuertes y algo arqueadas, torso grueso y manos robustas, rostro rubicundo y bronceado , nariz de boxeador, orejas desmedidas, y un espeso par de cejas que cruzan horizontal e ininterrumpidamente de una sien a otra, cuya finalidad, más allá de darles un aire extraordinariamente obcecado, parecería ser la de sostener la legendaria boina vasca. Achaparrados físicamente, no lo son en sus relaciones, que desbordan de gritos, risotadas, y demás exclamaciones por el estilo.
    Una vez en la pensión le pedimos a Mme. Echegoine que nos levantara a las 05:30 y nos contestó que no había problema, que estaba acostumbrada a despertar peregrinos y que nos prepararía el desayuno por 20 F cada uno.
    Dejamos las cosas en la habitación, nos duchamos y salimos a cenar. Comimos un par de sabrosas aunque ridículamente delgadas pizzas, con jamón, champiñones, aceitunas y muzzarella, todo regado con un aceptable tinto de la casa. Volvimos a la habitación, preparamos las cosas para mañana en la mañana. Se siente la excitación en el cuerpo, esta tarde le comentaba a Martín que habíamos planificados meses, cruzado un océano, conocido un nuevo continente, visitado Saint Jean, y aún no habíamos puesto un sólo pie en el polvo del camino…
    Salimos de la habitación a las 00:30 para hablar por teléfono. Llamé a Ana pero no tuve suerte. Llamé a casa y hablé con papá – todo ok por el barrio -. Me quedé con ganas de escuchar la voz de la “chamita ”. Volvimos a la habitación y Martín se acostó a dormir y yo a escribir unas líneas en este improvisado diario de viaje. Mi reloj marca la 01:45, tengo que levantarme a las 05:30, pero no puedo dormirme… Mañana vamos a dar el primer verdadero paso en el Camino. Mañana es el día del apóstol Santiago. Mañana uno de mis sueños comenzará a hacerse realidad en uno de los días más importantes de mi vida. Mañana empezaré a hacerme preguntas viejas y a buscar respuestas nuevas. Mañana comienza un Camino que nos llevará hasta Santiago de Compostela, (y, aunque apenas lo intuía en ese momento, también hasta muy dentro de nosotos mismos). Mañana pisaremos por vez primera el “Camino de la Estrella”.
    Mañana…, Dios dirá.

    Nota1:
    Costó un poco que entendieran mi francés, hasta que me di cuenta de que era porque hablaba bajo, todo el mundo grita (y te repiten las frases dos o tres veces) como para ver si eres tonto o qué.

    Nota2:
    He visto por todas partes diversos símbolos celtas que desconozco, en particular uno parecido a una cruz gamada que no sé que significa.

    http://ultreiafinisterre.blogspot.com/

  2. 2009 Septiembre 6
    La hospitalaria Enlace permanente

    DE LA EXPERIENCIA DE ZANJAS PROFUNDAS

    El novio de mi prima me acompañó en el topo hasta Hendaya, allí cogí otro tren hasta Bayona y después otro hasta Saint Jean. La broma salió casi por 40 euros, habiendo una distancia de 50 km entre Irún y Saint Jean por carretera (pero no había buses). Salí a las 8 de la mañana, más o menos, y llegué a las 12.

    Mi intención inicial era llegar y salir andando, total ya conocía el pueblo, pues estuve con mi madre hace 3 años, cuando mi padre se hizo el Camino en bici. Sin embargo, eran 27 km y la guía decía que se tardaban 8 horas. Y no era plan de llegar a las ocho de la tarde a Roncesvalles, ya que no te da tiempo a ver nada, aunque allí haya poco que ver y ya lo conozcas. Decidí, entonces, esperar al día siguiente.

    Como era novato y no sabía de qué iba la vaina, aunque me lo imaginaba (me refiero al tema de conocer gente, gente peregrina), uno llega cargado de las actitudes, miedos y complejos que constriñen su vida en la ciudad, su vida “real”, su pseudo-vida. De modo que me comporté como siempre me comporto, con cierto recelo a entablar conversaciones con gente desconocida, aunque por su atuendo sabía que iban al Camino, es decir, que vínculo temático existía. El recelo es máximo cuando se trata de gente extranjera, pues mi inglés es malísimo (no obstante, en este mes también se me ha quitado ese complejo, acabas hablando aunque sea mal, en realidad acabas hablando una mezcla de italoespanglis) y el tren estaba lleno de franceses (recordad que estábamos en Francia) e italianos, salvo alguno que, de nuevo por su atuendo, podías adivinar que era español: se trataba de Ángel, que llevaba una camiseta de Skizo (grupo para solo iniciados en los secretos del metal ibérico), aunque le conocí más tarde. En fin, que por gilipollas, me encontré en Saint Jean más solo que la una.

    Lo primero que hice fue presentarme a los amigos de Saint Jacques, que es como se conoce a Santiago por esos lares… Por esos y por otros. Y es que en realidad el nombre de Santiago procede de Santo y de Iago, que es lo mismo que Jacob, Iacobus, Jacques, Jacobo, etc. De ahí lo de la ruta jacobea y todo lo demás. Ahora bien, lo que jamás ha de hacerse, jamás, es ser tan snob, tan pijo, o más bien pseudo-pijo, de llamar Iago a tu hijo (toma pareado), sobre todo de llamarlo a gritos por la calle, como pude oír en Muxía: “¡Iago, ven aquí! ¡Iago, no hagas eso! Iago…”. Petarda!!! Llámale Jacobo, y si no quieres que sus futuros compañeros hagan rimas, llámale Santiago, por muy atea que seas.

    Lo segundo dejar las cosas en el albergue y buscar algo para comer. Allí todo es carísimo, de modo que seguí los consejos de la hospitalera y busqué el carreful de estambul. La hospitalera en cuestión es otro de los personajes del camino: una vieja medio loca que se pasa el día farfullando en francés (la única lengua que sabe) riñendo a los peregrinos y echándose a reír cada dos por tres; su mosqueo de ese día al parecer consistía en que no había ningún peregrino francés, solo italianos, españoles y polacos.

    Compré pan, queso y salami o salchichón, mezcla que Arzak o Arguiñano jamás sacarían por televisión… Aunque vete a saber, cualquier día te aparecen con el típico plato cuadrado de los restaurantes de diseño, de enormes bordes (para tirar las copas mejor), y el bocata envuelto en papel aluminio, pero eso sí, con nombre exhuberante, nada de “bocata de queso y salami”, sino algo como “eyaculación de dioses sobre carne mortal entre nubes” o pamplinas de ese tipo. Me subí a la atalaya del pueblo y devoré el bocadillo a la sombra de algún árbol y sin camiseta mientras hambrientos turistas pasaban a mi lado con ojos ávidos (no sé si de bocata o de mi carne mortal, que tampoco estoy tan mal).

    Y luego empecé a dar vueltas y vueltas por el pueblo y sus alrededores. La parte vieja del mismo consiste en una larga calle con un par de aledañas; no podría decir cuántas veces la recorrí, cuántas veces me encontré a los peregrinos que venían en el tren y más tarde conocería, especialmente a las polacas, que parecían estar en todas partes salvo en las empinadas cuestas que subían a la fortaleza. A las seis de la tarde ya estaba mareado de dar vueltas, ya no sabía qué hacer, así que como cuando se aburre el diablo mata moscas con el rabo, yo decidí matarme un poco y volver a fumar, aunque solo durante el mes que durase el Camino. Recorrí nuevamente la calle principal buscando un estanco, que por esos lares se denomina “tabacs”… Vale, ya iba a hacer la típica gracia sobre la diferencia y propiedad del nombre del establecimiento, menos mal que la prudencia me ha hecho consultar el diccionario; observad: “Estanco: … 3. m. Embargo o prohibición del curso y venta libre de algunas cosas, o asiento que se hace para reservar exclusivamente las ventas de mercancías o géneros, fijando los precios a que se hayan de vender”. Por eso en los estancos se venden más cosas aparte del tabaco. De todos modos el Estado francés se pasa con los precios del mismo, se ve que no quiere que la gente fume, así que pillé el tabaco de liar más barato que vi: “Evergreen”. “Mentolado”, decía en letras más pequeñas cuando me paré a leerlo más tarde. “Ya la he cagao, pensé”. Pues no, oye, fue una nueva experiencia para mis sentidos. Le dabas una calada y tus pulmones se abrían cual flor de primavera a los vientos, es más, no te dejaba la garganta ni la nariz reseca; lo único extraño, incongruente, era el calor que pasaba a tus entrañas. Me fumé, pues, el primer cigarrillo en las murallas que quedaban justo encima del albergue, mientras espiaba los movimientos de las polacas, con una de las cuales pude cruzar algunos rudimentos de inglés al intentar mediar entre ella y la hospitalera.

    Gente curiosa las polacas. Grandes mochilas cargadas de cremitas y de modelos de noche; muy guapas se ponían tras la ducha para asistir a la misa del pueblo en que estuvieran. Al cabo de tres días las pobres estaban reventadas, llenas de vendas, tobilleras, rodilleras… Pero era imposible no enamorarte de ellas, especialmente de Paulina, con sus ojos azules, su cabello rubio, su imborrable sonrisa y su indumentaria paramilitar-mamachicho (sin mangas ni perneras). Lamentablemente no nos intercambiamos los emilios, de modo que no sé si podré meter alguna foto suya. Lamentablemente, también, resultaron unas tramposas, salvo una, y saltaron de Burgos a no-se-dónde en autobús.

    Ahora no solo era yo el que daba vueltas por el pueblo, como no estoy acostumbrado a fumar, también era el pueblo el que daba vueltas sobre mí. Una vez repuesto y cansado de estar sentado, salí de mi escondrijo a buscar la cena, pensando más en las polacas que en otra cosa. Vueltas y más vueltas buscando algo barato que comer. Nada. Serían cerca de las nueve de la noche, los turistas habían desaparecido y la mayor parte de las tiendas (souvenirs) habían cerrado. Decidí, entonces, repetir el menú de la mañana, “eyaculación de dioses sobre carne mortal entre nubes”, y me encaminé hacia el albergue. Al llegar a su puerta había un numeroso grupo de gente cargada de mochilas. Evidentemente acababan de llegar y preguntaban si había sitio.

    “Entonces, abajo del todo a la derecha, ¿no, señora?” La voz alta, ronca y algo macarra me resultaba familiar: la imagen de Javier, con su pañuelo en la cabeza, su bastón de madera, su tripa cervecera y su inseparable cigarro, me vino a la memoria; cuando se despejó la gente, me llegó a los ojos. Un efusivo abrazo siguió a la exclamación más utilizada para estos encuentros inusuales: ¡COÑO! La conversación fue corta pues tenían que alojarse, pero nos veríamos al día siguiente. Javier es un habitual del senderismo por la sierra de Madrid y, aunque solo hayas estado con él una vez, su imagen se te queda grabada para siempre, te acuerdas de él… Y de toda su familia si te toca caminar a su lado respirando el humo de su tabaco; cabrón (sin acritud).

    Entré en el albergue y estaban cenando los italianos. Sobre los mismos he de decir que no los volví a ver hasta León (día 21), en la plaza del Parador, y posteriormente en Muxía (6 de septiembre), en el albergue; a Muxía llegaron en autobús desde Santiago, el hospitalero se percató y les estaba echando; prefería el albergue vacío a que se ocupara con turistas; de nada valieron los ruegos y lloros, el hombre era inflexible. Estaban cenando paella, me dijeron que se la pidiera a la hospitalera y, con miedo, así lo hice, miedo no infundado, pues fui objeto de sus gritos en francés, tras los cuales llegaron sus consabidas risas y el plato con paella, previo paso por el microondas. La paella estaba de muerte, abuela, así que reviví en mis carnes el clásico de la fabada Litoral, solo que esta vez con paella Carreful. ¿A qué tendría yo que felicitar a esa vieja loca?

    Tras la cena salimos fuera y fue entonces, en la calle vacía de turistas y paisanos, ya de noche, cuando los peregrinos, únicos pobladores, empezamos a conocernos, aunque durante poquito tiempo, pues a las diez cerraban las puertas del albergue para descansar, que el día siguiente sería duro. Lo de descansar es, por supuesto, mera palabrería; en primer lugar porque tampoco estábamos tan cansados (la palabra cansancio adquiere nuevas connotaciones después de haber recorrido varias etapas del Camino); en segundo lugar porque, sabido es de todo el mundo, que el primer día de viaje nunca se duerme bien.

    http://rossanova.blogspot.com/2007/09/camino-de-santiago-iv-estancia-en-saint.html

  3. 2009 Octubre 15

    A Fecha actual en Le Mat Chemin (que ya ha tenido muchas más en otras bitácoras) 507 visualizaciones.

  4. 2009 Octubre 15

    3 votos. yo también lo puntúo con 3 estrellas. Mediocre. Cierto.

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